domingo, 25 de julio de 2021

Las gratitudes

Delphine de Vigan
Las gratitudes
Traducción de Pablo Martín Sánchez
Anagrama, 2021 

"¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las gracias? Unas gracias sinceras. La expresión de vuestra gratitud, de vuestro agradecimiento, de vuestra deuda.
¿A quién?".


Michka Seld es una anciana que, de un día para otro, se ve ingresada en una residencia geriátrica cuando empieza a perder su autonomía. Siendo una niña, una familia la acogió, la ocultó entre 1942 y 1945, y así pudo evitar su deportación a Alemania. Encontrar a aquella familia se ha convertido en el último objetivo de su existencia.
 
La joven Marie Chapier es vecina y amiga de Michka. Esta cuidaba de ella cuando su madre se ausentaba y la dejaba sola en casa, a veces durante días. Fue Michka, que nunca quiso tener hijos ni formar una familia, quien actuó como una verdadera madre para Marie.

Jérôme Milloux trabaja como logopeda en la residencia de Michka. Dos veces por semana se reune con ella para intentar retrasar el avance de la afasia que hace que cada día le cueste más encontrar las palabras con las que comunicarse: 
"-Es que me cuesta adoptarme... acatarme.
- ¿Adaptarte?
- Eso es".
Sus conversaciones con la anciana le llevarán a reflexionar sobre su relación con sus propios padres y acabará implicándose en la búsqueda de la pareja que protegió a Michka.

Hay una rueda invisible que nos conecta en un ciclo de necesidades y favores, de ayudas y deudas. Esta breve novela es una conmovedora aproximación a la vejez ("Envejecer es aprender a perder"), pero también una gozosa celebración de la humanidad, el compromiso y el amor. La he leído dos veces. Maravillosa.

sábado, 24 de julio de 2021

La guerra de Vietnam contada por las mujeres y los hombres que lucharon en ella


Mark Baker
NAM: La guerra de Vietnam en palabras de los hombres y mujeres que lucharon en ella
Traducción de Elena Masip y Darío M. Pereda
Contraediciones, 2020 

"La guerra que habían anunciado como si se tratara de un western de John Wayne, una prueba de virilidad, resultó ser una versión retorcida del cuento de Peter Pan. Vietnam fue un País de Nunca Jamás gobernado por  la brutalidad, aislada del tiempo y del espacio, donde los niños no crecían. Simplemente se hacían viejos antes de tiempo".


Aunque publicado originalmente en 1981, apenas seis años después de finalizada la guerra, Mark Baker inició el proceso de entrevistas que conforman el libro en 1972, justo el año en el que se tomó una de las fotos más icónicas de aquel terrible conflicto: la de la pequeña Kim Phuc huyendo, gravemente herida, tras un ataque con napalm.

 
En ese año 1972 Baker, un joven de 22 años, seguro de que no iba a ser reclutado y contrario a la guerra pero sin ser un militante demasiado activo -"Tenía muy claras mis motivaciones y participaba en el movimiento contra la guerra pero no como si me fuera la vida en ello. Nunca perdí una clase o un examen por ir a las protestas y manifestaciones"- empezó a entrevistar a hombres (sobre todo) y mujeres (enfermeras) que regresaban a casa tras cumplir su servicio en Vietnam. Al final fueron 150 entrevistas anónimas, transcritas y mínimamente editadas, que mantienen el tono emocional del testimonio directo de quienes han conocido el infierno, lo han atravesado y han regresado... pero no indemnes. 
 
Organizadas en cuatro capítulos (Iniciación, Operaciones, Historias de guerra, El mundo), cada uno de ellos dividido en dos apartados, Baker se limita a redactar un breve texto introductorio a cada apartado; después son las voces de las personas entrevistadas las que nos empujan y nos sumergen en un universo atroz, brutal, de matanzas, violaciones, mutilaciones. No sabemos quién habla, solo por lo que nos cuentan podemos deducir si es una mujer o un hombre, negro o blanco, estudiante movilizado o voluntario... Pero el conjunto de sus testimonios tiene más fuerza que la mejor de las películas sobre Vietnam que podamos recordar (El cazador, Platoon, Apocalypse now, La chaqueta metálica, Corazones de hierro), componiendo un alegato inapelable contra esa guerra y contra todas las guerras:

"Teníamos sed de sangre; no hay una forma mejor de describirlo. Nos dejamos llevar por el momento. Recuerdo un pensamiento absolutamente demencial: sentía que yo era Dios y que aquel era el momento de impartir el castigo divino, mediante las ametralladoras y las Miniguns que manejaba y con los cohetes que disparábamos. Aquello fue una matanza. No fue mejor que ponerlos en fila al borde de una zanja y pegarles un tiro en la nuca. Fue una masacre que perpetré con entusiasmo.
Ahí es cuando empiezas a entender cómo puede llegar a producirse un genocidio. Me considero un hombre decente, pero aniquilé a toda aquella gente desde mi helicóptero. Muchas de las personas que matábamos por la mañana era las mismas que habían intentado matarnos por la noche, así que intenté convencerme de que nos estábamos cargando al enemigo. Sin embargo, comprendí, de la forma más macabra, que si las circunstancias son propicias cualquiera puede transformarse en un asesino que mata indiscriminadamente. Yo lo fuí. Yo lo hice. Fue extraño, pero así fue. Fue muy extraño".

Tras leer el libro he descubierto que en 1998 la editorial Planeta-Agostini inició una serie de publicaciones sobre Vietnam con una selección de los testimonios recogidos por Baker.
 
 

domingo, 18 de julio de 2021

El fin del amor

Tamara Tenenbaum
El fin del amor. Amar y follar en el siglo XXI
Seix Barral, 2021
 
"De hecho, es probable que la parte más complicada (y a la vez la más interesante en términos de la emancipación de los sujetos) radique en tomarse en serio el deseo del otro, es decir, desprenderse de la convicción de que ese otro me pertenece y probar modos de amor que prescindan de esa noción sin dejar de lado eso que Baigorria llama con mucha dulzura querer bien".



Tamara Tenenbaum ha escrito un libro en el que indaga, con perspicacia asombrosa, en las transformaciones que experimenta el vínculo hererosexual en una época en la que el matrimonio o la relación de pareja monógama ha dejado de ser un horizonte vital indubitado. 
 
Es verdad que, así dicho, no parece gran cosa. Se trata de una temática que en los últimos años ha dado lugar casi a un campo disciplinar: el que analiza el normal caos del amor, como titularon su libro de 1990 Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim, con aproximaciones tan interesantes y conocidas como las de Eva Illouz o, muy destacadamente, como el quizá menos conocido libro de bell hooks All about love: new visions (Harper-Perennial, 2000), publicado recientemente en español por la editorial Paidós.

En todo caso, el de Tamara Tenenbaum no es un libro más y está a la altura de los de estas dos reconocidas autoras. Combinando referencias autobiográficas, análisis sociocultural y perspectiva de género, Tenenbaum deconstruye certeramente la ficción del amor romántico ("una ficción que oculta las relaciones de poder subyacentes") y la monogamia, analiza la colonización patriarcal de los deseos, reflexiona sobre las relaciones de pareja de nuevo paradigma (descentrada, enredada, inserta en una constelación de relaciones amistosas, afectivas, amorosas), sobre la vulnerabilidad constitutiva de las relaciones profundas...

Un libro que, por muchas razones, me ha removido, me ha cuestionado y me ha hecho reflexionar. Cuestionador, sencillo de leer pero en absoluto simplista, capaz de plantear cuestiones complejas sin perderse en la abstracción desarraigada.

"Conversar sobre el deseo femenino es clave para educar mujeres y hombres libres y con herramientas para identificar, denunciar y sobrevivir a la violencia sexual. Creemos que un mundo en el que una mujer es dueña de su places es un mundo mejor. [...] Peleamos por el derecho al deseo porque ya no podemos ni queremos vivir de otra manera, pero no porque pensemos que sea fácil o cómodo. [...] Cuando todo está prohibido no hay grises, no hay duda, no hay sutilezas; sólo hay lugar para lo que está bien y lo que está mal, la diferencia es clara y las autoridades que se expiden sobre de qué lado se ubica cada evento o comportamiento, también. El mundo que estamos construyendo es distinto. Va a ser mejor y va a ser más complejo. Pero le vamos a poner el cuerpo a esa complejidad propia de la libertad".

Muy recomendable.

martes, 13 de julio de 2021

Socialismo, anticapitalismo

Thomas Piketty
¡Viva el socialismo! Crónicas 2016-2020
Traducción de Daniel Fuentes 
Ediciones Deusto, 2021

"Si me hubieran dicho en 1990 que en 2020 iba a publicar una colección de crónicas titulada ¡Viva el socialismo! habría pensado que se trataba de un mal chiste. A mis dieciocho años acababa de pasarme el otoño de 1989 siguiendo por la radio el colapso de las dictaduras comunistas y del 'socialismo real' en la Europa del Este. [...]
Nacido en 1971, pertenezco a una generación que no tuvo tiempo de dejarse seducir por el comunismo y que se hizo adulta constatando el fracaso absoluto del sovietismo. Como muchos, en la década de 1990 fui más liberal que socialista, orgulloso como un pavo real de mis observaciones juiciosa, desconfiaba de mis mayores y de los nostálgicos, y no soportaba a los que se negaban decididamente a ver que la economía de mercado y la propiedad privada eran parte de la solución.
Hete aquí que, treinta años después, en 2020, el hipercapitalismo ha ido demasiado lejos. Ahora estoy convencido de que hay que pensar en la superación del capitalismo, en una nueva forma de socialismo, participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, mestizo y feminista.
La historia decidirá si la palabra 'socialismo' está definitivamente muerta y debe ser reemplazada. En mi opinión, puede salvarse, y de hecho sigue siendo el término más apropiado para designar la idea de un sistema económico alternativo al capitalismo".


Una excelente oportunidad para aproximarnos a las ideas de Piketty, tanto a algunos de los temas de su best seller de 2013 El capital en el siglo XXI (la deriva desigualitaria desde el segundo tercio del siglo XX, sus fundamentos esencialmente político-ideológicos, la creciente concentración de riqueza en manos privadas, la relevancia de la fiscalidad...) como en otros abordados en el más reciente Capital e ideología (la eclosión de los populismos, el riesgo del social-nativismo, la democratización de la Unión Europea, la emergencia climática...).

Un texto escrito con su característica claridad, acompañado de gráficos ilustrativos, un ejercicio perfecto de economía política o de sociología económica. Su propuesta de socialismo participativo, federal, democrático, feminista, mestizo y universalista dibuja un marco, un terreno de juego muy interesante para repensar las luchas sociales, políticas y económicas contra el capitalismo.

*-*-*-*-*

Erik Olin Wright
Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI
Traducción de Cristina Piña Aldao
Akal, 2020

"En el libro defiendo el socialismo democrático de mercado, entendido como una forma radical de democracia económica. El libro podría, por lo tanto, titularse Cómo ser socialista democrático en el siglo XXI. Decidí usar el término más amplio de 'anticapitalista' porque buena parte de los argumentos aquí recogidos son pertinentes para quienes se oponen al capitalismo pero mantienen una actitud escéptica respeto al socialismo. Espero que mis razones convenzan, al menos a algunos, de que una radical democracia económica socialista es la mejor forma de pensar en un destino realizable y factible más allá del capitalismo [...]".


Erik Olin Wright falleció el 23 de enero de 2019, pocos meses después de ser diagnosticado de leucemia mieloide aguda (diagnóstico del que EOW habla con serenidad en el prólogo, fechado en agosto de 2018: "La única estrategia es someterse a un trasplante de células madre de médula ósea. Si funciona, me curaré; si no, moriré"). Su pérdida nos priva de uno de los pensadores críticos más importantes de los últimos años, referencia indudable en los análisis de clase, defensor insobornable de un "marxismo sin disparates" (como lo denomina en el epílogo Michael Burawoy), sin saltos lógicos ni trampas en el solitario. 

Pero junto al rigor científico, EOW se ha caracterizado por su énfasis en el fundamento moral de la lucha contra el capitalismo (en un hermoso obituario, que cierra el libro, Vivek Chibber lo califica de "brújula moral de la izquierda"), tanto en lo que se refiere a las motivaciones de esta lucha ("la realidad es que las personas están motivadas en su mayoría, al menos parcialmente, por preocupaciones morales, no sólo por intereses económicos prácticos") como en relación a las alternativas a ese capitalismo contra el que se lucha, que deben ser deseables por sí mismas, no en comparación con el sistema que se pretende superar:

"[...] la claridad respecto de los valores es esencial para pensar cuán deseables son las posibles alternativas al capitalismo. Necesitamos una forma de evaluar no sólo qué está mal en el capitalismo, sino qué hay de deseable en las alternativas. Y, si llegara a pasar que construyamos de hecho una alternativa, necesitamos criterios sólidos para evaluar en qué medida la alternativa está haciendo realidad esos valores".

De ahí nace su propuesta estratégica de erosionar el capitalismo, que EOW presenta como una combinación de "la visión socialdemócrata progresista y socialista democrática de cambiar, desde arriba, las reglas del juego dentro de las que opera el capitalismo en aras de neutralizar sus peores daños y crear alternativas basadas en el Estado, con visiones más anarquistas de crear, desde abajo, nuevas relaciones económicas que encarnan aspiraciones emancipadoras"

Tristemente desaparecido EOW, habrá que seguir trabajando, intelectual y políticamente, desde el punto y en la dirección que él señaló: en la construcción de utopías reales"trozos del destino emancipador que supera el capitalismo, pero dentro de una sociedad todavía dominada por el capitalismo".

lunes, 12 de julio de 2021

Poder y resistencia

Ilija Trojanow
Poder y resistencia
Traducción de Roberto Bravo de la Varga
Acantilado, 2020

"Debo recordarlo. No tengo derecho a olvidar lo  que ocurrió, da igual cuánto duela. Lo prometimos. Uno, porque le confiscaron sus cuadernos de notas. Otro, porque sólo le mantuvo con vida la voluntad de ser testigo de lo que presenció. Aprendimos de memoria nuestros propios recuerdos, cada frase, cada palabra, cada letra".


Los protagonistas / antagonistas de esta novela, Konstantín Milev Sheitanov y Metodi Popov, son la cara (alzada) y la cruz (torturante) de una misma historia.
 
De inspiración anarquista, mordazmente crítico con el "Poder Popular", sometido a vigilancia constante desde el bachillerato, Konstantín ha pasado veinte años de cárcel por poner una bomba en una estatua de Stalin ("...esperé hasta que la cabeza de Stalin cayó rodando por el suelo. Dios se había hundido en el barro. El TNT nos había echo iguales") en un parque de Sofía. Es uno de los pocos que se niega dejar en paz el pasado o, lo que es lo mismo, a aceptar la derrota: "Luchamos por algo en lo que creíamos. Estábamos dispuestos a sacrificarnos por un ideal que valía más que nuestra propia vida. Esto fue un regalo del destino. No me habría gustado vivir en ninguna otra época"

Su antagonista es Metodi, un alto cargo de la seguridad del Estado, que desde las juventudes comunistas fue escalando en la jerarquía del poder totalitario búlgaro combatiendo implacablemente  cualquier oposición al régimen. Secretario del comité de alumnos, desde muy pronto fue alimentando el dossier de Konstantín con sus delaciones.

Ahora estamos en 1999. El Muro ha caído, la Europa del Este ha dicho "good bye, Lenin!" y Bulgaria se ha convertido en una democracia parlamentaria. Pero los mismos que, como Metodi, ostentaban el poder y gozaban de todos los privilegios durante el régimen comunista, continuan gobernando, enriqueciéndose, lo que provoca la amargura de Konstantin: 

"Los responsables no han sido llevados ante los tribunales. Siguen ocupando cargos en las instituciones, son ciudadanos respetables, hombres de negocios que han alcanzado el éxito, gozan de una tranquila jubilación o han sido enterrados con todos los honores. Lo más sangrante del caso es que no han tenido que rendir cuentas ante nadie. Ni uno solo se ha enfrentado a los hechos, los han ocultado bajo el manto de la autojustificación. En los últimos diez años, he tenido que enterrar muchas de mis esperanzas y gran parte de mis expectativas se han visto frustradas".

Por su parte, Metodi se ve obligado a recordar y justificar su historia como consecuencia de la inesperada irrupción del pasado encarnado en la joven Nezabravka:

"-Así que todo estaba justificado. ¿Es eso lo que quiere usted decir?
-Sí, muchacha, así es. Has dado en el clavo: tuvimos que hacer lo que hicimos. Así de sencillo: quien no se siente parte del pueblo no puede extrañarse de que se le sacrifique por el bien del pueblo".

La resistencia de Konstantín contra el poder de Metodi. Un pulso prolongado durante décadas que nos ofrece joyas como las tres leyes de la "inmunología socialista" (Orwell no las hubiera descrito mejor) o la discusión de Konstantín, en su séptimo año de prisión, con el profesor Velikov, catedrático de Materialismo Dialéctico DIAMAT y Materialismo Histórico HISTOMAT de la Facultad de Medicina, supuestamente interesado en comprender su empecinado anticomunismo: "Profesor Velikov, no puedo ser enemigo del comunismo porque no se puede ser enemigo de algo que no existe".
 
El autor advierte de que "esta novela se basa en los testimonios orales y escritos de antiguos presos políticos, así como de algunos oficiales retirados que sirvieron en la Seguridad del Estado de la República Popular de Bulgaria". Lo que convierte a esta historia en un testimonio conmovedor, en homenaje a las personas capaces de mantener con firmeza la capacidad de decir NO a los poderes totalitarios de ayer y de hoy.
 
"Mi hermano piensa que los hechos le dan la razón. Insiste una y otra vez, como si estuviera en su mano convencerme de lo bien que se vive cuando todo teresulta indiferente. Si le digo que no estoy dispuesto a participar de la amnesia general, me reprocha mi orgullo, mi soberbia: 'Estás ávido de venganza', 'Tú y tu cabezonería. ¿No te das cuenta de que sólo te ha traído problemas?', 'Después de todo, ¿qué has conseguido?', '¿Has logrado cambiar algo?'. Sólo tengo una respuesta para todos sus reproches, objeciones y excusas: la rectitud y la coherencia no se miden por sus resultados".

Amén.

domingo, 11 de julio de 2021

14 buzones

Haciendo la media de sus alturas ni siquiera alcanzan los 800 metros (se quedan en 715,85) pero son 14, y esa en montañismo es una cifra mágica.
Llevaba tiempo con ganas de recorrerlas. Hoy ha sido el día. He salido de casa a las 8:00 h. y he vuelto a las 14:15 h., con dos brevísimas paradas para beber agua y comer un plátano.
Una travesía circular razonablemente exigente, con salida y llegada en Alonsotegi, que nos permite recorrer unos paisajes diversos y hermosos.
 
 
1. Zamaia (9:16 h.)
 
2. Gongeda  (9:24 h.)
3. Gallarraga (10:43 h.)
4. Pagero (11:19 h.)
5. Arrabatxo (11:31 h.)

6. Ganekogorta (11:37 h.)
7. Biderdi (11:59 h.)
8. Ganekondo (12:21 h.)
9. Lapurzulogana (12:42 h.)
10. Pagasarri (12:50 h.)
11. Ganeta (13:01 h.).
12. Erreztaleku (13:21 h.)
13. Aranzuri (13:27 h.)
14. Parada (13:47 h.)
... y fonda (14:15).

sábado, 10 de julio de 2021

Nuestros inesperados hermanos

Amin Maalouf
Nuestros inesperados hermanos
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
Alianza Esitorial, 2020

"¡Qué poco se nos parecen nuestros inesperados hermanos! Se nos parecen como nos parecemos nosotros a los hombres del Paleolítico. ¿Qué habría sido de esos pobres antepasados si hubiéramos irrumpido en la cueva de Lascaux con nuestras excavadoras, nuestros gases lacrimógenos y nuestros proyectores mientras ellos dibujaban animales de tonos sabguinos en las paredes? Nos habrían arrojado unas cuantas piedras e imprecaciones antes de morir asfixiados. Y nosotros habríamos decretado que tenían bien merecida su suerte porque su cueva era insalubre y se portaban de forma cruel tanto con los animales como con sus semejantes. Mutatis mutandis, lo que nos está pasando hoy a nosotros...
¡Malditos sean nuestros salvadores!".


El protagonista y narrador de esta novela, Alec, es un cotizado dibujante creador de un personaje popular -"Groom, el trotamundos inmóvil"- cuyas viñetas diarias se publican en numerosos periódicos. En la cincuentena vive en Antioquia, la más pequeña de las islas del archipiélago de los Quirones, en el Atlántico Norte, con la sola vecindad de una novelista, Ève. 
 
Un día, inesperadamente, colapsan en todo el mundo las redes eléctricas y digítales. A los pocos días vuelven las comunicaciones y con ellas la gran noticia: la perturbación global ha sido provocada por un misterioso grupo de seres ¿humanos? -aparentemente lo son, pero poseen poderes sobrehumanos, además de avanzadísimos conocimientos tecnológicos- denominados "los amigos de Empédocles". Su objetivo declarado es el de salvar a la humanidad de sí misma, de su deriva autodestructiva. Al modo de benévolos pero nada democráticos "tutores" (despotismo ilustrado + solucionismo tecnológico) ponen en marcha un programa de "saneamiento" que no deja de presentar ominosos paralelismos con el colonialismo.
 
“Esta ficción nace del temor, de una angustia. La historia avanza hacia una dirección que no me gusta. Por eso la novela trata de un mundo donde pasa algo espectacular que cambia esa historia”, declaraba Maalouf el presentar la novela. Pero la aparente solución a esos temores no es nada alentadora. Desasosiega recordar que Empédocles es conocido por su defensa de la "democracia esclavista".

Leyéndola me venían ecos del poderoso Saramago narrador-moral, pero Maalouf se queda a medio camino y a ratos la historia resulta inverosimil incluso tratándose de una ficción distópica. Muy lejos de sus obras mayores, como León el Africano, Las cruzadas vistas por los árabes, El viaje de Baldassare o Identidades asesinas, en todo caso tiene el toque-Maalouf: calidad formal, aliento ético voluntad pedagógica. 
 
Al reseñarla ahora, me quedo con esta idea: llevamos con nosotras tanto las ascuas de la barbarie como las semillas de la salvación. Para activar estas últimas no es preciso que nadie nos tutorice desde fuera, tampoco debemos poner nuestra esperanza en ninguna disrupción tecnológica; el camino es recuperar la memoria de nuestros ideales y abandonar las promesas envenenadas de nuestra civilización:

"En el momento en que comenzaba a vacilar la llama del milagro, unos cuantos, más audaces que el resto, al parecer decidieron reaccionar. ¿Cuántos eran? Un puñado. Habían caído en la cuenta de que su civilización iba a naufragar y que, a costa de lo que fuera, había que salvar los ideales de que era portadora. Entonces se marcharon. Dejaron el Ática, Beocia, Tesalia o el Peloponeso, y no se llevaron consigo, dice la leyenda, sino 'el contenido de sus almas'. Y así fue como empezó la aventura de los míos".

Por cierto, que esto ya nos lo explicó mucho antes, en 1973, Ursula K. Le Guin, invitándonos a alejarnos de Omelas.

jueves, 8 de julio de 2021

La automatización de la desigualdad

Virginia Eubanks
La automatización de la desigualdad: Herramientas de tecnología avanzada para supervisar y castigar a los pobres
Traducción de Gemma Deza
Capitán Swing, 2021
 
"Aunque los edificios de los asilos para menesterosos se han demolido, su legado pervive en los sistemas de toma automatizada de decisiones que enjaulan y atrapan a los pobres actuales. Bajo su lustre de alta tecnología, los sistemas de gestión de la pobreza -tanto la toma automatizada de decisiones como la minería de datos y los análisis predictivos- guardan un parecido asombroso con las casas de la caridad del pasado. Las herramientas digitales actuales se sustentan en opiniones punitivas y moralistas de la pobreza y configuran un sistema de contención e investigación con tecnologías avanzadas. El asilo digital disuade a los pobres de acceder a los recursos públicos; supervisa su trabajo, su gasto, su sexualidad y la crianza de sus hijos; intenta predecir su comportamiento futuro, y castiga y criminaliza a quienes no acatan sus dictados. Y, en el proceso, crea distinciones morales cada vez más afiladas entre los pobres que merecen recibir ayudas y los que no, con categorizaciones que demuestran nuestro fracaso como país a la hora de cuidarnos los unos a los otros".

La politóloga Virginia Eubanks firma una profunda investigación sobre la forma en que la asentada cultura de la desconfianza y el castigo hacia las personas pobres se expresa en la actualidad en el lenguaje aparentemente aséptico de las tecnologías de análisis de datos.
 
Porque la aporofobia no es de hoy, aunque el concepto sea muy reciente: no hay más que leer la obra clásica de Bronislaw Geremek La piedad y la horca o recordar la tradición inglesa de las leyes sobre los pobres (en realidad, contra las personas pobres), como el Statut of Laborers (1349), las Poor Relief Acts de 1601 y de 1722, que supone el establecimiento de las workhouses o “casas del trabajo”, ominoso antecedente de la ideología de la activación laboral, o las propuestas del panopticófilo Jeremy Bentham en 1798.

 

Con la excepción de algunos breves momentos de relativa consideración del problema de la pobreza económica como una cuestión social (estructural) y, por ende, como un problema de responsabilidad no solo individual sino también colectiva -la época del denominado sistema Speenhamland (1795), estudiado por Karl Polanyi en La gran transformación, del estado beveridgiano de bienestar o de las políticas de garantía de rentas en sus versiones menos condicionalitarias- las personas pobres han sido siempre una molesta presencia en nuestras sociedades, un recordatorio de todo lo que no funciona (plena, universalmente) en nuestros estados sociales y de derecho: ni el derecho al empleo, ni a la vivienda, ni a la salud... De ahí la permanente tentación de culpabilizarlas de su situación, sacudiéndonos al tiempo nuestra propia responsabilidad colectiva.

Y, claro, los algoritmos desarrollados por una sociedad patriarcal, capitalista, racista y aporofóbica solo pueden reproducir esas mismas bases sociales. Como advierte Eubanks: "Solo la fantasía puede llevar a creer que un modelo estadístico o un algoritmo de clasificación cambiará drásticamente, como por arte de magia, una cultura, unas políticas y unas instituciones construidas a lo largo de los siglos". Y concluye: "Como el asilo para menesterosos de ladrillo y mortero, el asilo digital desvía a los pobres de los recursos públicos. Como la caridad científica, investiga, clasifica y criminaliza. Y como las herramientas acuñadas durante la reacción en contra de los derechos sociales, utiliza bases de datos integradas para marcar objetivos, rastrearlos y castigarlos".

Virginia Eubanks escribe desde y sobre Estados Unidos. Pero lo que dice debería ser leído y reflexionado también por estos lares.

sábado, 3 de julio de 2021

Lecturas de la violencia vasca: algunas reflexiones abusando de una metáfora

 Lecturas de la violencia vasca:

algunas reflexiones abusando de una metáfora

Imanol Zubero

 

 “Violencia política, nacionalización y Estado: teoría social e historia”

XXVII Simposio del Instituto Universitario de Historia Social Valentín de Foronda

Curso de Verano de la UPV/EHU

Vitoria-Gasteiz, 1-2 julio 2021

https://www.uik.eus/es/violencia-politica-nacionalizacion-y-estado-teoria-social-e-historia

 

 

“La violencia nos ha robado la energía para decir que lo que no es justo no es justo. La sociedad vasca, sin embargo, no ha aceptado que el mal es de naturaleza moral, porque tiene miedo a mirarse en el espejo y decir: estoy enferma. No hemos aprendido a poner la política bajo la lámpara de la moral por eso, nuestro conflicto actual es moral, no político” (Anjel Lertxundi en Hasier Etxeberria, Cinco escritores vascos, Alberdania, 2002).

 

[1] Si, como escribe Franco Ferrarotti, “leer quiere decir salir de sí solo para volver; volver enriquecido, sacudido, tal vez arrancado para siempre al torpor inmóvil y estancado, despierto del sonambulismo de lo cotidiano”[1], cabe dudar de que haya existido, siquiera, algo parecido a una lectura de la violencia vasca. Al menos desde luego, no una lectura compartida, mayoritaria, generalizada.

Si leer es salir del ensimismamiento cotidiano, si leer es provocar un pensamiento atento que nos despierte del sonambulismo, cabría proponer, como hipótesis, que en Euskadi hemos padecido una suerte de analfabetismo funcional colectivo en referencia a la violencia ejercida por ETA. El mismo que ha padecido, por cierto, el conjunto de la sociedad española.

 

[2] Padecido o disfrutado… Porque el sonambulismo (me limito a continuar con la metáfora de Ferrarotti, soy consciente de los problemas que acarrea a muchas personas este trastorno del sueño) tiene algo de bendición. Es lo que nos ha permitido a la inmensa mayoría de la sociedad pasear o ir de compras por las calles de una ciudad donde unas ciudadanas y ciudadanos se concentraban en silencio reclamando “la paz” sin dedicarles más que una breve mirada. Reivindicar la paz, aquí… ¿a quién se le ocurre?

 

https://www.deia.eus/actualidad/politica/2017/04/16/genuinos-artesanos-paz/569435.html

 

[3] También nos ha permitido transitar durante años por los lugares “allí donde ETA asesinó” -como recuerda el valioso pero demasiado poco valorado proyecto memorialístico de Willy Uribe[2]- sin recordar lo que ocurrió, haciendo del sonambulismo condición necesaria para la práctica del funambulismo. La mayoría de la sociedad vasca y española hemos caminando sobre el alambre de la indiferencia moral, evitando el vértigo que produce mirar a las víctimas de la violencia y el terrorismo.

Por cierto, como ocurre con el sonambulismo, tampoco cabe abusar de la metáfora en el caso del funambulismo.

Resulta que el 16 de septiembre de 1991 ETA asesinó en Mutxamel (Alicante) a Francisco Cebrián, propietario de la grúa municipal, y a los policías locales José Luis Jiménez Vargas y Víctor Puerta, al estallar un coche bomba que trasladaban a un depósito de vehículos y con el que ETA había querido atentar contra el cuartel de la Guardia Civil. Para hacer memoria del hecho, en 2017 el Ayuntamiento de la localidad convocó un concurso de murales urbanos, resultando premiado el titulado “La paz funambulista”, inspirado en Banksy, con el mensaje de que “la paz hace equilibrios y todos tenemos que hacer que no caiga”[3].

 

https://www.informacion.es/alacanti/2017/01/05/pintura-paz-mercado-mutxamel-6005731.html

 

Valoro la intención de las y los promotores del homenaje. Pero mi experiencia y mi reflexión me advierten de que en contextos de violencia el compromiso con la paz exige pasar de las musas al teatro, bajar a tierra, pisar suelo y, por ello, arriesgarse a tropezar, a caer, a darse de bruces con la realidad. Nuestro equilibrismo ha tenido como objetivo no la paz, sino la tranquilidad

Así que mantengo mi primera impresión: la sociedad vasca, como cuerpo colectivo, ha sido sonámbula y funámbula.

 

[4] Hablando de lecturas, la literatura universal ha recurrido muchas veces a la figura del sonambulismo. Está, por supuesto, el conocidísimo poema de Federico García Lorca titulado “Romance del sonámbulo”, aunque es probable que todas lo conozcamos por su primer verso: “Verde que te quiero verde”. Pero, más que sonámbulo, humildemente creo que debería titularse “Romance noctámbulo”. Su contenido no encaja en la reflexión que propongo.

Sí lo hace la denominada Trilogía de los sonámbulos, de Hermann Broch (conformada por las novelas Pasenow o el romanticismo, Esch o la anarquía y Huguenau o el realismo), un recorrido por treinta años de la historia de Europa, desde 1888 hasta 1918, los años en los que Alemania fue gobernada por el káiser Guillermo II; la misma época analizada por el historiador Christopher Clark en su obra Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914.[4]

Leemos en Pasenow: “Mientras ruedan los trenes y trabajan las máquinas, dos personas se enfrentan y se disparan”. Sonambulismo de lo cotidiano. Mientras los trenes rodaban, las máquinas trabajaban, los comercios anunciaban rebajas, los restaurantes se llenaban, en las aulas se enseñaba… una persona asesinaba a otra.

 

[5] Cierto es que no hay sonambulismo más difícil de combatir que el “sonambulismo de lo cotidiano”. Es mucho más fácil reaccionar ante acontecimientos extraordinarios que ante hechos repetidos, ordinarios. También cuando hablamos de violencia. Por cada acontecimiento relacionado con la violencia vasca que podemos recordar hay decenas de hechos que han pasado desapercibidos. Por cada asesinato que recordamos hay muchos que hemos olvidado.

El politólogo Norbert Lechner escribe: “[..] el poder se instala y se desarrolla de manera subcutánea. Trabaja sobre el comportamiento cotidiano (en caso extremo sobre el cuerpo). La fuerza normativa de lo fáctico radica en eso: un ordenamiento de la realidad sin interpelación de la conciencia”[5].

La violencia repetida, rutinizada, tiene el efecto de convertirse en un hecho fáctico ante el que nos adaptamos. ¡Qué remedio!

 

https://www.msn.com/es-mx/noticias/photos/siria-la-vida-cotidiana-en-un-pa%c3%ads-azotado-por-la-guerra/ss-BBDTUPS?li=AAggxAT&ocid=UP97DHP#image=9

 

[6] Es cierto: hay una diferencia importante. Cuando las víctimas continúan con la cotidianidad es un acto que podemos calificar hasta como de resistencia: no vas a conseguir que me vaya de aquí, no me vas a callar, no me voy a ocultar… Seguir haciendo “vida normal” tras la amenaza ha sido el objetivo de muchas víctimas de ETA. Para muchas de ellas, esta ha sido, precisamente, la causa última de su muerte. Fue el caso del concejal socialista de Orio Juan Priede, asesinado mientras tomaba café en la barra de un bar próximo a su casa. “El concejal había bajado al bar sin esperar a los dos escoltas que tenía asignado desde que la Ertzaintza tuvo constancia de que era un objetivo inminente del comando Buruntza, el grupo más sanguinario del llamado complejo Donosti, cuando lo desarticuló en agosto pasado”[6].

Pero, ¿qué decir de la normalidad con la que el conjunto de la sociedad vuelve a la cotidianidad pocas horas después de un asesinato, o cuando ni siquiera se ve afectada?

Cuando el 11 de febrero de 1997 ETA asesinó a Patxi Arratibel en plenos carnavales de Tolosa, José Luis Barbería y Aurora Intxausti narraban así la reacción de la sociedad tolosarra:

Al conocer la noticia del asesinato, las compañías festeras enmudecieron inicialmente, pero luego decidieron seguir, pese a que la corporación municipal llegó a proponerles la suspensión de los carnavales, algo sin precedentes en la historia de la ciudad. Tolosa tiene a gala no haber interrumpido estas fiestas ni siquiera durante los años de la prohibición franquista, una etapa en que la ciudad se inventó las Fiestas de Primavera para continuar celebrando los festejos. "Estos cobardes de ETA quieren cargarse nuestro carnaval, pero no van a conseguir lo que tampoco logró el franquismo", explicó un veterano representante de las compañías.

En protesta por el atentado, sin dejar de tocar varias compañías se concentraron a mediodía de ayer ante la sede de Herri Batasuna. Por la tarde, la práctica totalidad de ellas homenajeó a la víctima en el lugar del atentado y a continuación con un acto en la plaza de toros en el que guardaron un minuto de silencio. Concluido el homenaje, el grupo de Patxi Arratibel abandonó definitivamente la fiesta.[7]

¿Es esta una reacción resiliente (que la vida siga su curso, que no nos quiten la alegría de vivir) o es un ejemplo de esa fuerza normativa de lo fáctico que ordena la realidad sin interpelación de la conciencia?

 

[7] La UNESCO considera analfabeto funcional a la “persona que no puede emprender aquellas actividades en que la alfabetización es necesaria para la actuación eficaz en su grupo o comunidad y que le permitan, asimismo, seguir valiéndose de la lectura, la escritura y la aritmética al servicio de su propio desarrollo y del desarrollo de la comunidad”.[8]

En general no hemos sabido leer la violencia vasca de manera que ayudara a construir la comunidad (me da lo mismo hablar de sociedad) vasca necesaria y posible. En este sentido, hemos sido una sociedad funcionalmente analfabeta. No hemos sabido, querido o podido valernos de la lectura de la realidad de la violencia para ponerla al servicio del desarrollo de nuestra comunidad.

Hemos confundido los géneros literarios. Hemos hecho lecturas exclusivamente políticas de una obra esencialmente moral.

En junio de 1998 escribí:

En menos de un año han sido asesinados seis concejales. Calificar sus muertes de asesinatos políticos produce el efecto de desviar nuestra atención del asesinato a la política, del sustantivo al adjetivo, de lo sustancial a lo accidental. Bueno, podemos pensar, hay muertos por medio, es verdad, pero en realidad se trata de política. Si los asesinados hubiesen sido seis libreros, seis prostitutas, seis fruteros, seis profesoras, seis sacerdotes, seis torneros, hablaríamos de asesinatos en serie. Si hubiesen sido seis magrebíes hablaríamos de crímenes racistas. Si seis vecinos de un pequeño núcleo rural hablaríamos de la horrorosa acción de un desequilibrado[9]. 

La consecuencia de esta lectura exclusivamente política es que hemos hecho lecturas de parte: no solo parciales sino partidarias (y, por ello, necesariamente adversarias). Perspectivas que no dejaban espacio para intentar hacer lecturas compartidas. Cada lectura particular se convirtió en una especie de “religión del libro”,[10] exigiendo disciplina(s) monoteísta(s) a una sociedad estructuralmente plural, aunque no siempre pluralista.[11] Una sociedad de afiliaciones múltiples, de identidades compuestas, con muy escasas barreras del precepto, que mayoritariamente vivía en común, hablaba en común, pero a la que la lectura exclusivamente política de la realidad le impedía leer la violencia en común.

 

[8] Características del analfabetismo funcional según la Wikipedia: “Una persona analfabeta no sabe leer ni escribir. Un analfabeto funcional, en cambio, lo puede hacer hasta un cierto punto (leer y escribir textos en su lenguaje nativo), con un grado variable de corrección y estilo”. La cursiva es mía.

La mayoría de las lecturas de la violencia realizadas en Euskadi han sido propias de analfabetas y analfabetos funcionales. Lecturas nativas, tribales. Lecturas de parte. Lecturas imposibles de compartir

La más evidente es la que ha hecho (y continúa haciendo) la izquierda abertzale. No insistiré en ello.[12]

Pero junto al analfabetismo funcional nativo-abertzale ha existido también (no los comparo ni, mucho menos, los igualo) un analfabetismo funcional nativo-constitucionalista que ha querido imponer una lectura de parte a una sociedad compleja y plural. El storytelling[13] y el poder concebido en forma discursiva[14] como objetivo, en lugar de procurar lecturas compartidas que faciliten la construcción de realidades conversacionales[15], fundamento de las transacciones humanas.

Lo digo en minúsculas y me someto a cuanta crítica fundada pueda recibir por decirlo (puede que me ciegue mi pasado), pero yo diría que la única lectura vocacionalmente no nativa, no tribal, de la violencia vasca que se propuso en aquellos años en Euskadi fue la que hizo Gesto por la Paz. Aquí lo dejo.[16]

 

[9] Apenas hemos hojeado el libro de la violencia porque, en general, hemos ojeado (hemos mirado rápida y superficialmente) la violencia y sus consecuencias.

Pero bueno, afortunadamente ha habido lecturas que encajarían en la definición de Ferrarotti, como la que hizo Batzarre en mayo 2006: “Las gentes de la izquierda vasquista no podemos pasar página sin someter a revisión crítica nuestras posiciones del pasado sobre ETA”, ya que, en primer lugar, esa actitud “ha descansado de forma unilateral en la razón política y ha sido pobre en criterios morales o en valores como los derechos humanos fundamentales”[17]. O la que se recoge en el libro editado por Antonio Duplá y Javier Villanueva Con las víctimas del terrorismo (Donostia, Gakoa, 2009)[18].

Cito estas dos porque me resultan particularmente cercanas, pero sin duda ha habido otras.

Siempre estamos a tiempo de volver a las lecturas que no hicimos en su momento. Todas tenemos nuestros Quijotes, nuestras Ilíadas, libros que no leímos cuando, tal vez, nos tocaba hacerlo, a los que hemos vuelto al cabo de los años, descubriendo su valor. Estamos a tiempo de aprender a leer nuestra violencia vasca.

Pero no es fácil recuperar lecturas en estos tiempos de continua explosión editorial, donde se suceden los best sellers. La lectura ferrarottiana de la violencia vasca no es una actividad agradable, no es una lectura de verano. Al contrario, es una lectura desgarradora que nos despertará del sonambulismo.

“He tratado de prestar atención –escribe Clark en Sonámbulos- al hecho de que las personas, los acontecimientos y las fuerzas descritas en este libro llevaran en ellos las semillas de otros futuros tal vez menos terribles”. Yo también creo que la realidad levemente descrita en estas páginas contiene las semillas de un futuro menos terrible, más luminoso, que nuestro pasado reciente.



[1] Franco Ferrarotti, Leer, leerse, Península, Barcelona, 2002, p. 8.

[2] Willy Uribe, “Allí donde ETA asesinó”, 2010. https://allidonde.wordpress.com/

[4] Christopher Clark, Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2014.

[5] Norbert Lechner, La conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado, CIS/Siglo XXI, Madrid, 1986.

[6] Genoveva Gastaminza, “ETA mata al edil socialista de Orio en vísperas del congreso del PSE”, El País, 22/03/2002. https://elpais.com/diario/2002/03/22/espana/1016751601_850215.html

[7] José Luis Barbería y Aurora Intxausti, “ETA asesina a un mediador en el rescate de Revilla”, El País, 12/02/1997. https://elpais.com/diario/1997/02/12/espana/855702001_850215.html

[8] Juan Jiménez del Castillo, “Redefinición del analfabetismo: el alfabetismo funcional”, Revista de educación, n. 338, 2005, p. 273-294.

[9] Imanol Zubero, “Hablamos de asesinato”, El País, 30/06/1998. https://elpais.com/diario/1998/06/30/paisvasco/899235602_850215.html

[10] Jan Assman, La distinción mosaica o el precio del monoteísmo, Akal, Madrid, 2006.

[11] Imanol Zubero, “Pluralismo en Euskadi”, El País, 10/05/2001. https://elpais.com/diario/2001/05/10/paisvasco/989523616_850215.html

[12] Imanol Zubero, “Infección moral”, 20/06/2009. https://imanol-zubero.blogspot.com/2009/06/infeccion-moral.html

[13] Christian Salmon, Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, Península, Barcelona, 2008.

[14] Stewart R. Clegg, “Narrativa, poder y teoría social”, en D. Mumby (comp.), Narrativa y control social. Perspectivas críticas, Amorrortu, Buenos Aires, 1997, pp. 29-67.

[15] John Shotter, Realidades conversacionales. La construcción de la vida a través del lenguaje, Amorrortu, Buenos Aires, 2001.

[16] Imanol Zubero, “Transformaciones en la movilización social en Euskadi. De los movimientos por la paz a los movimientos por la libertad”, Bake Hitzak, n. 45, 2002, pp. 33-49. http://www.gesto.org/archivos/201401/BH45.pdf?1

[17] Batzarre hace un documento de autocrítica de sus actitudes políticas con relación a ETA.  https://www.diariovasco.com/pg060526/prensa/noticias/Politica/200605/26/DVA-POL-310.html

[18] Antonio Duplá, “El descubrimiento de las víctimas. Razones de un cambio personal y político”. http://www.pensamientocritico.org/antdup0311.htm