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martes, 25 de agosto de 2026

Muerte de un viajero

Didier Fassin
Muerte de un viajero: Una contrainvestigación
Traducción de Francisco Manuel Carballo Rodríguez
Akal, 2024

"La verdad etnográfica es, a diferencia de la verdad judicial, independiente con respecto a las relaciones de saber y poder que vinculan al poder judicial con las fuerzas del orden y sitúan al fiscal bajo la autoridad del ministro de justicia. Por supuesto, tampoco influye en que los acusados sean declarados culpables o inocentes. Pero esta verdad es importante ara aquellos a quienes normalmente se les niega, ya que con ella se restaura parte de su dignidad e incluso les proporciona un atisbo de esperanza en la justicia. Aunque no tiene implicaciones penales, la necesidad de una verdad etnográfica surge de una preocupación ética".


Este ensayo parte de un hecho  trágico: la muerte en 2017 de Angelo Garand, un hombre perteneciente a la comunidad denominada en Francia gens du voyage ("personas viajeras", categoría jurídica con la que se nombra a la comunidad romaní), tiroteado por miembros del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional, "una unidad de élite creada para intervenir en caso de actos terroristas, de toma de rehenes y en la lucha contra la delincuencia organizada, es decir, en circunstancias muy distintas a las de una simple detención de un delincuente común". Frente a la versión oficial, que presentó la muerte como consecuencia de una reacción legítima ante una amenaza grave, Fassin emprende una minuciosa "contrainvestigación" para reconstruir lo sucedido y, sobre todo, para preguntarse por las condiciones sociales e institucionales que hicieron posible esa muerte y, sobre todo, su posterior justificación.

El interés del libro desborda pronto el caso particular. Fassin muestra cómo la verdad de un acontecimiento no se establece en condiciones de igualdad: la palabra policial posee de entrada una credibilidad de la que carecen las víctimas y sus familias, especialmente cuando pertenecen a grupos históricamente estigmatizados. La investigación judicial, los medios de comunicación y los discursos públicos reproducen en demasiadas ocasiones esa desigual distribución de la credibilidad. No se trata necesariamente de una conspiración ni de una falsificación deliberada, sino de algo más grave: de rutinas institucionales sesgadas y prejuicios sociales que determinan qué relatos parecen verosímiles y cuáles resultan sospechosos.

Esta cuestión conecta directamente con la reflexión de Amaia González Llama en “Un futuro feminista: la justicia testimonial como tarea institucional pendiente”, donde, a partir de la sociología feminista, analiza la desigual distribución social de la credibilidad: determinados prejuicios estructurales hacen que algunas personas sean consideradas de antemano menos fiables y que, por ello, encuentren mayores dificultades para que su experiencia sea reconocida por las instituciones. Amaia González Llama aborda específicamente la violencia contra las mujeres, pero su concepto de "justicia testimonial" permite iluminar también el caso reconstruido por Fassin: la desigualdad no consiste únicamente en recibir un trato diferente, sino también en que unas voces poseen de partida mayor autoridad que otras para establecer qué ha sucedido. La contrainvestigación etnográfica de Fassin puede entenderse, desde esta perspectiva, como un ejercicio de justicia testimonial: una forma de restituir credibilidad a quienes las relaciones sociales e institucionales de poder tienden a privar de ella.

Por eso, el libro de Fassin es un ensayo sobre la desigualdad ante el Estado. La condición de voyageur no constituye un simple dato biográfico, sino una posición social marcada por una larga historia de vigilancia, discriminación y desconfianza. Fassin reconstruye cuidadosamente ese contexto sin convertir a Angelo Garand en un personaje idealizado, ya que una vida no necesita ser ejemplar para merecer protección, justicia y verdad.

Esa combinación de investigación empírica y reflexión moral es lo más valioso del libro. Fassin no se limita a preguntar cómo murió un hombre, pregunta también por qué determinadas muertes resultan socialmente más fáciles de aceptar que otras y por qué algunas vidas encuentran mayores dificultades para ser reconocidas como vidas dignas de duelo y de justicia. Muerte de un viajero es una reflexión breve pero rigurosa sobre la violencia policial, la discriminación y, sobre todo, sobre la desigualdad con la que nuestras sociedades distribuyen algo tan elemental como el derecho a que nuestra versión de los hechos sea, al menos, escuchada.

sábado, 20 de diciembre de 2025

Comerse a los ricos

El Salto, 17 diciembre 2025


Los datos del último World Inequality Report confirman que la desigualdad económica global no solo sigue siendo extremadamente elevada, sino que se ha intensificado de manera significativa en las últimas décadas. A pesar del fuerte crecimiento de la producción y de la riqueza mundial desde finales del siglo XX, los beneficios de ese crecimiento se han concentrado de forma abrumadora en una minoría muy reducida de la población.

En la actualidad, el 10% más rico de la población mundial gana más que el 90% restante, mientras que la mitad más pobre de la población mundial capta menos del 10% del ingreso global total. La riqueza está aún más concentrada: el 10% más rico posee tres cuartas partes de la riqueza mundial, mientras que la mitad más pobre solo posee el 2%. Esta asimetría es aún más extrema en la cúspide de la distribución: el 0,001% más rico -unas decenas de miles de personas- acumula más riqueza que el 50% más pobre del mundo en su conjunto. En términos de ingresos, la brecha es igualmente pronunciada: el 10 % con mayores rentas capta más del 50% de los ingresos globales, mientras que el 50 % inferior recibe alrededor del 8%.

El informe subraya que este proceso no es coyuntural, sino estructural y de largo plazo. Desde la década de 1990, la participación del 1% más rico en la riqueza total ha aumentado de forma sostenida en la mayoría de regiones, mientras que la del 50% inferior se ha mantenido estancada o ha retrocedido. La riqueza de los multimillonarios ha crecido a tasas anuales cercanas al 7–8%, muy por encima del crecimiento medio de la renta mundial, lo que explica la aceleración de la concentración patrimonial. Este fenómeno está estrechamente vinculado a la menor progresividad de los sistemas fiscales, la reducción de los impuestos sobre el capital y la creciente importancia de las herencias en la reproducción de la desigualdad.

La desigualdad no se manifiesta únicamente en términos de ingresos y riqueza, sino que tiene un carácter claramente multidimensional. En el ámbito de la desigualdad de género, el informe muestra que, a escala global, las mujeres perciben el 30% de los ingresos laborales totales, a pesar de representar cerca de la mitad de la población y una proporción creciente de la fuerza de trabajo. Esta cifra apenas ha mejorado desde 1990, lo que indica una persistencia notable de las brechas salariales, de acceso al empleo y de segregación ocupacional.

Asimismo, el World Inequality Report pone de relieve una profunda desigualdad climática. La mitad más pobre de la población mundial es responsable de menos del 10% de las emisiones globales, mientras que el 10 % más rico genera 77%, y el 1% más rico por sí solo emite más que la mitad inferior (en términos económicos) de la humanidad. Estas diferencias no se explican solo por el consumo, sino también por la propiedad de activos intensivos en carbono, lo que vincula directamente la crisis climática con la concentración de la riqueza. Al mismo tiempo, las poblaciones con menores ingresos son las más expuestas a los efectos del calentamiento global y cuentan con menos recursos para adaptarse.

El informe advierte de que estos niveles extremos de desigualdad tienen consecuencias económicas, sociales y políticas de gran alcance. La concentración de la riqueza limita la igualdad de oportunidades, reduce la movilidad social y debilita la capacidad de los Estados para financiar bienes públicos esenciales. Además, una desigualdad tan elevada tiende a erosionar la confianza en las instituciones democráticas y a amplificar los desequilibrios territoriales y generacionales.

El futuro

Frente a esta tendencia, el World Inequality Report insiste en que la desigualdad no es un resultado inevitable del crecimiento económico, sino el producto de decisiones políticas. El informe señala que los países que mantienen sistemas fiscales más progresivos y un mayor nivel de gasto social logran reducir significativamente las brechas de ingresos. Por ello, propone reforzar la fiscalidad sobre las grandes fortunas y las herencias, combatir la evasión y la elusión fiscal y aumentar la inversión pública en educación, sanidad y transición ecológica como instrumentos clave para redistribuir de forma más equitativa los frutos del crecimiento y frenar la dinámica actual de concentración extrema de riqueza.

Sin embargo, el incremento extremo de la desigualdad no puede interpretarse como un accidente histórico ni como el simple resultado de malas decisiones políticas reversibles dentro del sistema. Por el contrario, los datos del World Inequality Report confirman que la concentración creciente de riqueza es una consecuencia estructural de la lógica del capitalismo, basada en la primacía del capital sobre el trabajo, la acumulación ilimitada y la mercantilización de ámbitos cada vez más amplios de la vida social. La relativa contención de la desigualdad durante los llamados Treinta Gloriosos —entre el final de la Segunda Guerra Mundial y mediados de los años setenta— fue una excepción histórica, sostenida por condiciones extraordinarias: altos niveles de crecimiento, Estados sociales fuertes, sindicatos poderosos y, sobre todo, la existencia de un bloque socialista que actuaba como límite externo y fuente de presión sistémica. Como señaló Eric Hobsbawm, con el hundimiento de la URSS el capitalismo dejó de tener miedo. Desde los años ochenta, la ofensiva neoliberal ha desmantelado progresivamente los mecanismos de regulación, redistribución y control democrático de la economía, permitiendo que la lógica de la acumulación opere sin apenas contrapesos. El resultado es el escenario actual, caracterizado por una desigualdad obscena y persistente, que Nancy Fraser ha definido como un capitalismo caníbal (y yo como necronomía), capaz de devorar no solo el trabajo, sino también la naturaleza, los cuidados y las propias bases sociales que hacen posible su reproducción.

Eat the rich

Al leer el World Inequality Report, la sensación que se impone es la de una ironía trágica muy cercana a la de Jonathan Swift en Una modesta proposición. En ese breve y célebre panfleto satírico publicado en 1729, Swift finge proponer, con absoluta seriedad y lenguaje economicista, que los niños pobres de Irlanda sean vendidos como alimento para los ricos, presentando esta barbaridad como una solución racional al hambre, la pobreza y la “carga” que los pobres suponen para la sociedad. Al llevar hasta el absurdo extremo la lógica utilitarista y mercantil de su tiempo, Swift buscaba denunciar la deshumanización implícita en un orden social que trataba a los pobres como excedentes económicos.

Algo similar ocurre hoy, aunque sin necesidad de recurrir a la sátira. Los datos del World Inequality Report describen un mundo en el que la mitad más pobre de la humanidad apenas posee nada, mientras una minoría ínfima concentra una riqueza difícil incluso de representar. La diferencia con Swift es perturbadora: lo que en el siglo XVIII necesitaba del recurso literario de la hipérbole, hoy se presenta como un resultado “normal” del funcionamiento de la economía global, legitimado por gráficos, modelos y discursos tecnocráticos.

En este contexto, el lema “Eat the rich” deja de ser una provocación o un simple eslogan radical para adquirir un significado simbólico preciso. Su origen es difuso, pero hunde sus raíces en una tradición larga: la advertencia ilustrada atribuida a Rousseau —cuando los pobres no tengan nada que comer, se comerán a los ricos—, la retórica socialista y anarquista de los siglos XIX y XX, y su posterior resignificación en la contracultura y los movimientos anticapitalistas contemporáneos. Si el capitalismo contemporáneo —en su fase financiarizada y neoliberal— se comporta de forma caníbal, devorando trabajo, naturaleza y cuidados, el lema invierte irónicamente la metáfora: señala a quienes, en sentido estructural, ya están “comiéndose” al mundo.

En ese sentido, tanto Una modesta proposición como el lema “Eat the rich” funcionan como dispositivos de desvelamiento que obligan a mirar de frente una realidad que el lenguaje económico tiende a neutralizar. Frente a los gráficos asépticos y las medias estadísticas, recuerdan que la desigualdad no es un fenómeno abstracto, sino una relación social atravesada por poder, violencia estructural y decisiones históricas. Y que, cuando esas relaciones alcanzan proporciones obscenas, la ironía mordaz puede ser una de las pocas formas eficaces de decir la verdad.

En el siglo XVIII, la brutalidad del orden social aún necesitaba ser denunciada mediante la sátira para resultar visible; en el siglo XXI, la obscenidad de la desigualdad convive sin escándalo con la normalidad institucional. El problema ya no es solo que existan propuestas “modestas” para gestionar la pobreza o la exclusión, sino que el propio sistema haya naturalizado niveles de desigualdad que hacen que esas ironías resulten cada vez menos exageradas.

miércoles, 24 de julio de 2024

¿Cuánto vale una vida?

Didier Fassin
¿Cuánto vale una vida? O cómo pensar la dignidad humana en un mundo desigual
Traducción de Margarita Polo
Siglo Veintiuno, 2022 

"Las desigualdades ante la vida son, simplemente, el precio que pagar por las desigualdades estructurales de la sociedad generadas por las leyes del mercado y la ausencia de corrección, siquiera parcial, por parte de los servicios 
públicos sanitarios y sociales".


¿Cuánto vale una vida?, se pregunta y nos pregunta Didier Fassin. No es la pregunta aparentemente desapasionada y pragmática de un actuario de seguros que, armado con su arsenal de herramientas financieras y estadísticas calcula el coste de un seguro de vida en función de determinados riesgos. La pregunta la hace un reputado científico (médico, antropólogo y sociólogo) que se ha especializado en el análisis y la intervención en aquellos lugares donde la precariedad radical es la norma y con aquellos sujetos que, objetivamente, forman parte de la "población sobrante" en nuestro mundo actual: personas migradas y refugiadas, afectadas por el SIDA en Sudáfrica o en el Congo, poblaciones en emergencia humanitaria... Un mundo de "vidas descartables" en el que, es evidente, todas las vidas humanas no valen lo mismo y hay vidas que, literalmente, no valen (para) nada. 

Este libro recoge la conferencia que impartió Fassin como inauguración de su Cátedra de Salud Pública en el Collège de France el 16 de enero de 2020. Radicalizando por la vía de su aterrizaje concreto la biopolítica foucaultiana (es notable, advierte, que "Foucault ignore por completo la cuestión de las disparidades ante la vida que, con todo, reside en el núcleo mismo del fenómeno que analiza") y recurriendo a una perspectiva poderosamente normativa ("es cada vez menos aceptable observar sin participar") Fassin desgrana las notables diferencias en el valor-vida que imprimen la desigualdad socioeconómica, el tipo de empleo, la discriminación racial o el sistema sexo-género. Diferencias que se miden en años de vida, pero también en el contenido de esos años vividos (incapacidad, enfermedad), en las posibilidades de vivir la vida en cuestión como en espacio de oportunidad, de proyección a futuro, de autonomía, de goce. En este sentido es muy relevante la distinción/relación que establece entre vida-biológica y vida-biográfica: 

"la vida, en el sentido biográfico, deja su huella en la vida, en el sentido biológico, y [...] la decadencia de la primera conduce a la alteración de la segunda. Desde luego, la relación es recíproca, y, por su parte, la degradación física puede entrañar una amenaza para la posibilidad misma de una existencia social".

Así como entre esperanza de vida y expectativa de vida:

"La esperanza de vida, entonces, debe entenderse como una expectativa de vida, es decir, la proyección de un futuro en el curso de una existencia. El idioma inglés, con la distinción entre life expectancy y expectation for life, también da cuenta de esa diferencia. Por un lado, ¿cuántos años podemos esperar vivir? Por el otro, ¿qué podemos esperar de la vida? El paso de la primera a la segunda formulación
desplaza radicalmente la perspectiva. Hablar de desigualdad de las vidas ya no es solo interrogarse sobre las disparidades de su duración, sino considerar las diferencias entre lo que son y lo que los individuos tienen derecho a esperar de ellas. Ya no se habla entonces de cantidad, sino de calidad; tampoco ya de longevidad, sino de dignidad".

La conferencia ante el Collège de France se complementa con una entrevista realizada por Sonia Budassi en noviembre de 2021 en la que se desarrollan y, en algún caso, concretan algunas de las cuestiones expuestas. En conjunto se trata de un libro breve pero de una gran profundidad, una excelente puerta de entrada a la obra, poco traducida aún, de un autor que hace que la ciencia social merezca auténtica (y literalmente) la pena:

"No decidimos los temas sobre los que trabajamos, o sobre los que deseamos exponer, solo en función de criterios intelectuales. A las razones científicas suelen añadirse razones personales. Porque todos somos herederos. Herederos de un mundo social y de un relato familiar. La única diferencia acaso sea entre quienes reconocen esa herencia y quienes la olvidan o la niegan. Mientras realizo una investigación en la frontera italiana, recuerdo que hace apenas un siglo mi abuelo paterno la cruzaba para venir a trabajar a Francia; mientras analizaba las disparidades de la esperanza de vida, recordé que, después de más de cinco décadas pasadas en obradores de la región parisina como albañil, acababa
de jubilarse -el mejor año de su vida, le gustaba decir-, cuando la enfermedad interrumpió brutalmente
su transcurso".

Ojalá fuéramos capaces de transmitir esta idea de responsabilidad como herederas y herederos en nuestras aulas de la UPV/EHU.

sábado, 6 de febrero de 2021

Contra la igualdad de oportunidades

César Rendueles
Contra la igualdad de oportunidades. Un panfleto igualitarista
Seix Barral, 2020

"La igualdad no es condición para nada -el éxito personal, el estado de derecho...- , sino un fin en sí misma porque es una de las bases de nuestra vida en común".


Y no una base cualquiera, una más entre otras: se trata de una base esencial para poder hablar de sociedad. Es algo que siempre han tenido claro lo mismo liberales como Ralf Dahrendorf (“La brecha sistemática que se genera entre las oportunidades de vida de los grandes grupos sociales es incompatible con una sociedad civil” - El recomienzo de la historia, traducción de Griselda Mársico, Katz 2006) que socaldemócratas como Tony Judt (“Si seguimos siendo grotescamente desiguales, perderemos todo sentido de fraternidad: y la fraternidad, pese a su fatuidad como objetivo político, es una condición necesaria de la propia política” - Algo va mal, traducción de Belén Urrutia, Taurus 2010). 

César Rendueles cerraba así un libro, anterior, Capitalismo canalla (Seix Barral, 2015): “Desde los inicios de la modernidad, la democracia ha consistido en una revuelta de la mayoría contra los vencedores del capitalismo global. La democracia es la expresión política de la intuición, fascinante y repleta de claroscuros, de que una vida mejor –más justa, libre y plena- solo se puede dar entre iguales que descubren, transforman y comparten aquello que tienen en común”. En aquel libro ya aparecían algunas de las preocupaciones que han dado lugar a este. Un libro que, como dice en la presentación, empezó a pensarlo en mayo de 2011, durante las movilizaciones del 15M. Pero si Capitalismo canalla apareció en un momento de revueltas democráticas globales contra un capitalismo austericida, Contra la igualdad de oportunidades lo hace en un contexto bien distinto:

"La desigualdad se nos ha metido en los huesos y ha transformado nuestra manera de percibir el mundo", lamenta Rendueles. "La aceptación de la desigualdad no se ha incorporado sólo a las teorías de los profesores de universidad, los autores de ensayos y los responsables de las políticas públicas. Forma parte de la visión del mundo cotidiana de la mayoría de la gente, de los cálculos que hacemos para sobrevivir, de nuestros proyectos de vida y de la forma en que nos relacionamos con los demás".

En una entrevista en RTVE en la que conversaba con Salvador Gómez sobre su nuevo libro, César señala que cuando surgió el concepto de clase media en los siglos XVIII-XIX, lo hizo como un “ideal de vida digna universalizable”, alejado de las condiciones de vida miserables pero también del lujo de las clases altas, caracterizándolo como “el imperio de lo suficiente, de lo bastante”. Me parece una mirada muy sugerente, que conecta con esa idea defendida por los Skidelsky en su libro ¿Cuánto es suficiente?. Sin embargo, las referencias que hace en el libro a la actual clase media son muy críticas: "Autocalificarse de clase media es, básicamente, soltar lastre social y cultural: verse a uno mismo en una posición tendencial de ascenso social”, lo que ha acelerado la degradación de la democracia entendida como proyecto igualitario.

La aparición de este libro ha coincidido con la publicación del ensayo de Michael Sandel La tiranía del mérito (Debate, 2020). Tanto Sandel como Rendueles hacen un cuestionamiento de la ideología o la ficción meritocrática tan informado como inapelable. Ficción en la que la educación aparece como gran mecanismo legitimador. Pero la meritocracia es el señuelo de una trampa en la que acaban atrapados los sueños de ascenso social de unas clases medias que parecen haber renunciado a todo mecanismo institucional de reducción de las desigualdades que no sea el éxito educativo individual: “Las instituciones educativas –no el sistema fiscal o la negociación sindical o las políticas de vivienda- son hoy el único espacio social en el que aspiramos a que se disuelvan los privilegios heredados y se generen otros nuevos basados en el mérito”.

Escrito con un lenguaje claro, el libro de César Rendueles aborda cuestiones de tanto interés como las siguientes:
  • la insuficiencia de la clase social y del interés (incluso del interés compartido) como fundamento de las políticas emancipatorias (“Hacemos política igualitaria cuando superamos esa lógica de la pérdida y la ganancia y somos capaces de incorporar compromisos costosos a nuestros ideales éticos de vida buena y libre”); 
  • la necesidad de combinar herramientas institucionales y condiciones materiales con “relaciones sociales densas, consistentes” para construir una igualdad emancipadora; 
  • la reivindicación de las (buenas) instituciones, de las instituciones igualitarias, que son las que en realidad estructuran nuestro sistema de igualdad social, advirtiendo de que el capitalismo contemporáneo es mucho más anti-institucionalista que anti-comunitarista, como se comprueba por su comodidad ante tantas dinámicas comunitarias que, social y políticamente desarticuladas, acaban siendo colonizadas por el mercado, como la llamada economía colaborativa (pero podríamos también hablar de ciertas expresiones del voluntariado);
  • la tensión entre cambio estructural y compromisos o prácticas individuales, a las que da un gran valor (como en la historia de su amigo berlinés y de su abuela en relación a las personas refugiadas);
  • las muchas cuestiones o preocupaciones que la izquierda ha dejado a un lado, como si no fueran importantes, pero que sí lo son para la gente (como la familia, la enseñanza de calidad, el deporte o la seguridad ciudadana), dejando el terreno expedito para que sea la derecha, en ocasiones la extrema derecha, la que se presente como valedora de todas ellas; 
  • el debate sobre el potencial emancipatorio de la Renta Básica Universal o Trabajo Garantizado, enconado objeto de debate entre “trabajogarantistas” y “rentabasiquistas”, en el que Rendueles tercia aceptando sus posibilidades pero advirtiendo contra el simplismo de confiar en ellas como si, por sí mismas, fueran suficientes para reconstruir un proyecto y una realidad igualitarista en un escenario de "derrota sindical global", de manera que son más una expresión de derrota que de fortaleza, más una cuestión de necesidad que de virtud: "Como la negociación colectiva, el cooperativismo y el sindicalismo parecen ciencia ficción pensamos en opciones individualistas –un derecho universal individual o el suministro masivo de trabajo por parte del Estado- que promuevan los valores asociados al igualitarismo".
Un libro necesario cuyo cierre -"La igualdad no es el final del camino, sino el camino mismo"- se convierte en una invitación a recuperar el placer de sabernos diversamente iguales, compartiendo instituciones y espacios públicos, luchas colectivas, fiestas, relatos, vida.  Como aquello que dejó dicho Gandhi sobre la paz: no hay caminos para la igualdad, la igualdad es el camino. Pues eso: vamos a andar...

domingo, 17 de septiembre de 2017

Igualdad... pero menos

Hace unos días conocíamos la noticia de que el Instituto Andaluz de la Mujer había denunciado ante el Observatorio Andaluz de la Publicidad no Sexista la campaña de un club de alterne de Cartaya (Huelva), donde se publicitaba una fiesta en la que las mujeres que aparecían en el cartel vestían uniformes de colegialas (es un decir).
Ayer, a través de algunos de los diarios más influyentes del país, hemos sabido que en la Semana de la Moda de Madrid un tal Andrés Sardá presentaba su colección primavera-verano, con una aniñada animadora como reclamo. Que yo sepa, nadie ha denunciado nada.


Hay diferencias, sin duda. ¿Pero tantas?
Todo alimenta la banalización de la mujer-objeto: las luces de neón de los clubs, los flashes de las pasarelas de moda.
Lo explica muy bien Rosa Cobo:
"Uno de los objetivos del dominio patriarcal es disciplinar los cuerpos de las mujeres, tanto para la reproducción como para la disponibilidad sexual de los varones. Y para ello ha puesto en funcionamiento una variedad de dispositivos coactivos. El exigente canon de belleza, la moda, la industria de la cirugía plástica, las nuevas tecnologías reproductivas, la pornografía o la prostitución, entre otros, se han convertido en usos represivos sobre el cuerpo de las mujeres". ("El cuerpo de las mujeres y la sobrecarga de sexualidad", Investigaciones Feministas, vol. 6, 2015, pp. 7-19. Puede leerse AQUÍ).

miércoles, 11 de mayo de 2016

Igualdad de posiciones




DE LA INTRODUCCIÓN

Existen en la actualidad dos grandes concepciones de la justicia social: la igualdad de posiciones o lugares y la igualdad de oportunidades. Su ambición es idéntica: las dos buscan reducir la tensión fundamental que existe en las sociedades democráticas entre la afirmación de la igualdad de todos los individuos y las inequidades sociales nacidas de las tradiciones y de la competencia de los intereses en pugna. En ambos casos se trata de reducir algunas inequidades, para volverlas si no justas, al menos aceptables. Y sin embargo, esas dos concepciones difieren profundamente y se enfrentan, más allá de que ese antagonismo sea a menudo disimulado por la generosidad de los principios que las inspiran y por la imprecisión del vocabulario en que se expresan.
La primera de estas concepciones se centra en los lugares que organizan la estructura social, es decir, en el conjunto de posiciones ocupadas por los individuos, sean mujeres u hombres, más o menos educados, blancos o negros, jóvenes o ancianos, etc. Esta representación de la justicia social busca reducir las desigualdades de los ingresos, de las condiciones de vida, del acceso a los servicios, de la seguridad, que se ven asociadas a las diferentes posiciones sociales que ocupan los individuos, altamente dispares en términos de sus calificaciones, de su edad, de su talento, etc. La igualdad de las posiciones busca entonces hacer que las distintas posiciones estén, en la estructura social, más próximas las unas de las otras, a costa de que entonces la movilidad social de los individuos no sea ya una prioridad. Para decirlo en pocas palabras, se trata menos de prometer a los hijos de los obreros que tendrán las mismas oportunidades de ser ejecutivos que los propios hijos de los ejecutivos, que de reducir la brecha de las condiciones de vida y de trabajo entre obreros y ejecutivos. Se trata menos de permitir a las mujeres gozar de una paridad en los empleos actualmente dominados por los hombres que de lograr que los empleos ocupados por las mujeres y por los hombres sean lo más iguales posible.
La segunda concepción de la justicia, mayoritaria hoy en día, se centra en la igualdad de oportunidades: consiste en ofrecer a todos la posibilidad de ocupar las mejores posiciones en función de un principio meritocrático. Quiere menos reducir la inequidad entre las diferentes posiciones sociales que luchar contra las discriminaciones que perturbarían una competencia al término de la cual los individuos, iguales en el punto de partida, ocuparían posiciones jerarquizadas. En este caso, las inequidades son justas, ya que todas las posiciones están abiertas a todos.[…] En este modelo, la justicia ordena que los hijos de los obreros tengan el mismo derecho a convertirse en ejecutivos que los propios hijos de los ejecutivos, sin poner en cuestión la brecha que existe entre las posiciones de los obreros y de los ejecutivos. Del mismo modo, el modelo de las oportunidades implica la paridad de la presencia de las mujeres en todos los peldaños de la sociedad, sin que por ello se vea transformada la escala de las actividades profesionales y de los ingresos. Esta figura de la justicia social obliga también a tener en cuenta eso que se llama la “diversidad” étnica y cultural, con el fin de que se encuentre representada en todos los niveles de la sociedad.
Estas dos concepciones de la justicia social son excelentes: tenemos todas las razones para querer vivir en una sociedad que sea a la vez relativamente igualitaria y relativamente meritocrática. Escandalizan la brecha entre los ingresos de los más pobres y los de quienes ganan por año muchas decenas de SMIC [Salario Mínimo Interprofesional de Crecimiento], así como las discriminaciones que estancan a las minorías, a las mujeres y a diversos grupos segregados que no pueden esperar cambiar de posición social porque ya están de algún modo asignados a un lugar. A primera vista, no hay mucho que elegir entre el modelo de las posiciones y el de las oportunidades, porque, como sabemos bien, siguiendo a Rawls y a todos los que lo han precedido, una sociedad democrática verdaderamente justa debe combinar la igualdad fundamental de todos sus miembros y las “justas inequidades” nacidas de una competencia meritocrática y equitativa. Esta alquimia subyace en el corazón de una filosofía democrática y liberal que le ofrece a cada uno el derecho de vivir su vida como prefiera en el marco de una ley y de un contrato comunes.
Sin embargo, el hecho de que pretendamos a la vez la igualdad de posiciones y la igualdad de oportunidades no nos dispensa de elegir un orden de prioridades. En materia de políticas sociales y de programas, dar preferencia a una u otra no es indistinto. […] Puedo o bien abolir una posición social injusta, o bien permitir a los individuos que escapen de ella pero sin someterla a juicio; y aun si en el largo plazo quiero conseguir las dos cosas, antes tengo que elegir qué es lo que haré primero. En una sociedad rica pero obligada a fijar prioridades, el argumento según el cual todo debería hacerse de acuerdo con los ideales no resiste a los imperativos de la acción política. Si no queremos contentarnos con palabras, estamos obligados a elegir la vía que parece más justa y más eficaz.

La elección se impone con más fuerza porque estos dos modelos de justicia social no son meros diagramas teóricos. En los hechos, son enarbolados por movimientos sociales diferentes, que a su vez privilegian a grupos y a intereses diferentes entre sí. No movilizan a los mismos actores ni ponen en juego los mismos intereses. No obro de la misma manera si lucho para mejorar mi posición que si lo hago para incrementar mis oportunidades de salir de ella. En el primer caso, el actor está definido por su trabajo, su función, su utilidad, incluso por su explotación. En el segundo caso, está definido por su identidad, por su naturaleza y por las discriminaciones eventuales que sufra en tanto mujer, desempleado, hijo de inmigrantes, etc. Desde luego, esas dos maneras de definirse y de movilizarse en el espacio público son legítimas; sin embargo, no pueden ser confundidas y, allí también, tornamos a elegir la actitud que debe ser prioritaria. Una sociedad no se percibe y no actúa de la misma manera según se incline por la igualdad de posiciones o por la igualdad de oportunidades. En particular, los actores a cargo de la reforma social –los partidos de izquierda, en especial– se ven enfrentados a una elección que no pueden eludir eternamente. 

DE LA CONCLUSIÓN

La igualdad de posiciones podría constituir uno de los elementos de reconstrucción ideológica de la izquierda, a condición de que esta tenga un poco de coraje: el coraje de provocar el descontento de una parte de su electorado (que por otra parte está huyendo de ella a toda velocidad) y de ser algo más que el partido de las clases calificadas y económicamente desahogadas.

domingo, 20 de marzo de 2016

El nuevo (des)orden fiscal del planeta

El País ha publicado un interesante artículo, acompañado de una clarificadora infografía, sobre la muy desigual fiscalidad en el mundo actual.




sábado, 25 de julio de 2015

De parásitos, usura, tamaños incomprensibles y bañadores amarillos



"Muchos autores aciertan al destacar que la crisis financiera y los subsiguientes rescates son la prueba de que estamos operando en una economía que socializa los riesgos y privatiza los beneficios, de tal forma que enriquece a las élites a expensas de todos los demás. Los rescates pusieron de manifiesto que el sector financiero actúa sobre la economía como una sangría potencialmente parasitaria que estamos obligados a aceptar. [...] Las empresas financieras han crecido hasta alcanzar tamaños absolutamente incomprensibles y se han insertado de manera tan profunda en la economía global que se consideran 'demasiado grandes para caer'; a muchos les inquieta que, con independencia de su temeridad, el hecho de que su supervivencia sea esencial les asegura que la próxima vez que colapsen el Estado este las rescatará (lo que provocará la quiebra del Estado en el proceso). Ya sea justo o no, están situadas para ganar cuando la tendencia es alcista, pero también cuando las cosas van mal. Debería revisarse el hecho de que los tipos de interés se contabilicen en el PIB como 'servicios' proporcionados por el sector de intermediación del riesgo, ahora que sabemos quién asume el riesgo real. Los intereses son, en este sentido, una mera renta. Usura".

Mariana Mazzucato, El Estado emprendedor, RBA, Barcelona 2014, p. 296.

miércoles, 14 de enero de 2015

Hay alternativas: Grecia y la Renta Básica de Ciudadania



 
Frente al discurso TINA (There Is No Alternative, No hay alternativa), antidemocratico, amedrentador y paralizante, la sociedad civil sigue buscando -y encontrando- espacios para hacer avanzar propuestas y proyectos de transformación social.

Aquí van dos de ellas.



La primera es el libro Grecia y Syriza, editado por Sin Permiso. Puede descargarse en color o en blanco y negro, y este es su índice:

  • Yanis Varoufakis: La Eurozona después del "acuerdo griego" del Eurogrupo de noviembre 2012
  • Yannis Bournous: La responsabilidad histórica de la izquierda griega.
  • Costas Douzinas: Grecia y el futuro de Europa
  • Alexis Tsipras: Nuestra solución para Europa
  • Yanis Varoufakis:Ahora nos vienen con el cuento del gran éxito: el giro orwelliano de la crisis griega
  • James K. Galbraith, Yanis Varoufakis: Solamente Syriza puede salvar a Grecia
  • Alexis Tsipras, Pedro Filipe Soares: Un Congreso que ha transformado a la izquierda griega
  • Stathis Kouvélakis: 9+1 notas sobre Syriza tras su congreso fundacional
  • James Galbraith: Sobre la crisis de la Eurozona, Grecia (y Syriza), Alemania y EE UU
  • Alexis Tsipras: La izquierda griega ante Europa. Discurso en la casa de Bruno Kreisky en Viena
  • Yanis Varoufakis: ¿Puede Syriza cambiar la economía europea desde Grecia?
  • Wolfgang Münchau, Yanis Varoufakis: Grecia: ¿salir del euro o cambiar la política neoliberal de la eurozona? Debate
  • Alexis Tsipras, Ilias Nikolakópulos, Andreas Karizis: Las elecciones europeas y Syriza
  • Steve Keen: ¿Por qué el experimento de la austeridad en Europa esta condenado a fallar?
  • Yanis Varoufakis: ¡Aplastar a los griegos! El plan de rescate a la luz de las revelaciones de Geithner
  • Yanis Varoufakis: ¿Fue Maastricht otro Versalles para la nación alemana? Una respuesta a Klaus Kastner
  • Michael Roberts: La apuesta de Samaras
  • Niκος Smyrnaios: Política, mentiras y videos en Grecia: porqué el camino de Syriza hacia el poder está sembrado de escollos
  • Yanis Varoufakis: Grecia está a punto de dar a la democracia europea una oportunidad
  • Alexis Charitsis: “Una victoria de Syriza en Grecia significará una ruptura del statu quo europeo”. Entrevista
  • Yanis Varoufakis: Los primeros cien días de Syriza
  • Paul De Grauwe: La rebelión de los deudores
  • Panagiotis Grigoriou: Las atrocidades del merkelismo en Grecia
  • Cédric Durand, Razmig Keucheyan, Stathis Kouvelakis: Syriza, la situación de Grecia y la aparición en Europa de una nueva esperanza internacionalista

La segunda es el blog La renta básica que podemos, impulsado por Alberto Gavín, Rafael Pinilla y Luis Sanzo.

Es posible luchar contra el austeritarismo en Europa. Es posible combatir la desigualdad y eliminar la pobreza económica. Es posible.

domingo, 18 de agosto de 2013

Transferencia de fragilidad

La Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional pretenden resolver el problema del paro en España mediante la reducción generalizada de los salarios hasta un 10%. Según ambas instituciones, esta medida permitiría impulsar el crecimiento económico y, por ello, reducir el abultadísimo desempleo, y ponen como ejemplo del éxito potencial de esta medida a Letonia y a Irlanda, países que al parecer se estaría comportando como alumnos excelentes, aplicando sin rechistar las recetas austericidas de la CE y el FMI. Por supuesto, la patronal española se ha apresurado a arrimar el ascua del 10% a su particular sardina, y si bien con la boca pequeña ha rechazado la reducción propuesta por CE-FMI, en su última asamblea general demandaba del Gobierno español medidas dirigidas a reducir el salario fijo, a permitir encadenar sin límite contratos temporales o a generalizar los contratos de formación a cualquier trabajador que, independientemente de su edad, haya perdido su empleo y aspire a reintegrarse en el mercado laboral. La CE-FMI-CEOE son un lobby feroz para las trabajadoras y trabajadores españoles.
De la situación de Letonia no conozco gran cosa, más allá de que, en efecto, parece estar creciendo a un ritmo elevado, pero a costa de un crecimiento no menos elevado de la pobreza, que alcanzaría al 40% de la población. Si esto es un signo de éxito, el fracaso no va a estar tan mal. El caso de Irlanda es más interesante, y el hecho de que CE-FMI lo utilicen como modelo demuestra a las claras que a la nomenklatura neoliberal le importan un bledo la verdad y nuestra inteligencia. La organización Social Justice Ireland desmonta la idea de que la austeridad neoliberal –algún día habrá que hablar en serio de otra austeridad, la anticapitalista- trabaja a favor de las sociedades que la aplican: en Irlanda la política de austeridad ha generado la mayor transferencia de recursos de las clases medias y bajas hacia las altas en la historia de Irlanda. Los ganadores en este expolio institucionalizado han sido las empresas, sobre todo las multinacionales, y los ciudadanos más ricos.
¿Reducir un 10% los salarios? Según la última Encuesta de Estructura Salarial del INE, aunque el salario medio bruto anual en España era en 2011 de casi 22.900 euros, el sueldo más frecuente, es decir, la cantidad percibida por un mayor número de trabajadoras y trabajadores, fue de 15.500 euros. Por cierto, mil euros menos que en 2010, cuando fue de 16.490 euros. La explicación de esta discrepancia entre salario medio y salario más frecuente (o salario “moda”, en términos estadísticos) es bien sencillo: el mercado de trabajo español presenta una distribución salarial muy desigual, con algunos asalariados que perciben retribuciones muy altas (directores y gerentes cobraron en 2011 sueldos un 137% superiores al salario medio bruto), lo que hace que suba la media, pero sólo a la manera de un espejismo estadístico. Es como ese chiste según el cual entra Bill Gates en un bar y se dispara la renta media de todas las personas que en aquel momento se encuentran en el local... aunque ellas no lo noten.
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viernes, 14 de junio de 2013

Lo insostenible es la desigualdad, no la igualdad

Según el Informe de Riqueza Global 2012 elaborado por Credit Suisse, el número de millonarios en España (quienes tienen más de un millón de dólares, más de 775.000 euros) crecerá un 110%, hasta alcanzar los 616.000 en 2017.

Según otro informe más reciente, realizado por Deloitte y Oxford Economics, la previsión es que el número de supermillonarios, aquellos que declaran unos ingresos superiores a los 20 millones de euros, se duplique prácticamente hasta 2020. Ese año habrá oficialmente en España, 20.000 super ricos. Según este estudio, España es actualmente el noveno país del mundo por número de millonarios, aquellos que declaran ingresar más de 1 millón de dólares al año, algo más de 700.000 euros, excluyendo la primera vivienda y los bienes consumibles. Por delante, aunque también con mucha más población, aparecen Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá y China.


¿Y cuál es la previsión para los próximos años? El informe concluye que habrá un crecimiento exponencial en las economías emergentes. Sus estimaciones son que en 2020 España sea superada en el ranking de millonarios por Canadá, Corea del Sur o Australia. Pero eso no quiere decir que haya menos ricos en España: habrá 600.000 más en los próximos nueve años que alcancen esos 700.000 euros.


"El número de millonarios pasará en el caso español de 1,02 millones en 2011 a 1,6 millones en 2020, lo que supone un crecimiento del 57%", asegura la consultora. Y el dato más significativo está en la parte alta de la tabla: "El número de personas que disponen de un patrimonio de más de 30 millones de dólares (algo más de 21 millones de euros) se incrementará un 84%, hasta un total de 20.000 grandes fortunas, casi el doble. Habrá asimismo 140.000 españoles que tendrán entre 5 y 30 millones de dólares (entre 3,5 y 21 millones de euros aproximadamente)". Evidentemente, el número se extiende conforme se baja en la tabla. Y aunque ya no se puede hablar de grandes fortunas, habrá 1,44 millones de personas con un patrimonio entre 1 y 5 millones de dólares (entre 700.000 y 3,5 millones de euros).

Un estudio del Congressional Budget Office señala que entre 1979 y 2007 se ha producido en Estados Unidos una drámatica concentración de la riqueza. Durante este periodo el 1 por ciento más rico ha visto aumentar su riqueza un 275 por ciento.





Nos encontramos ante la que Paul Krugman denomina en su libro de 2007 The Conscience of a Liberal, traducido al castellano con el título Después de Bush (Crítica, Barcelona 2008), la gran divergencia, una época iniciada a mediados de los Setenta caracterizada por el incemento constante de las desigualdades en Estados Unidos:
"Únicamente el 1 por 100 con mayores ingresos del país ha visto mejorar su situación económica desde ladécada de 1970 en mayor medida que en el periodo posterior a la segunda guerra mundial. No obstante, si seguimos ascendiendo por la escala de distribución de ingresos, podremos comprobar que las ganancias han resultado espectaculares. En efecto, el 0,10 por 100 con mayores ingresos ha visto como éstos se quintuplicaban desde 1973, y el 0,01 por 100 más rico lo es ahora hasta siete veces más que en aquel año".

Josep Fontana, autor de El futuro es un país extraño (Ediciones de Pasado y Presente, Barcelona 2013), libro de lectura obligatoria, hace su propia lectura de esta gran divergencia, que Thomas Piketty y Emmanuel Saez representan en el siguiente gráfico:

Krugman rechaza como explicación de esta divergencia razaones tales como el particular merecimiento de los super ricos, ya sea por au alta cualificación, productividad, o eficacia gestora. Las razones son otras bien distintas: "La gran divergencia en los ingresos obsevada desde la década de 1970 no representa sino el fenómeno inverso a la Gran Compresión. En efecto, en las décadas de 1930 y 1940 se crearon instituciones y se establecieron normas destinadas a frenar la desigualdad, normas cuya abolición a partir de la década de 1970 supondría un crecimiento de la desigualdad". Y, sobre todo, "los sueldos elevados se dispararon no como resultado de una creciente demanda de talento, sino porque una serie de factores provocaron la neutralización del sentimiento de indignación". Ya nos hemos referido a muchos de estos factores en otros comentarios.

Así las cosas, ¿cómo seguir abonando la falacia de la insostenibilidad del sistema público de igualdad? Lo insostenible es la desigualdad, no la igualdad. Para sostener los servicios sociales no hay querebajarlos y recortarlos; la solución a la crisis del Estado de bienestar se encuentra en la creación de empleo y en la fiscalidad. Guerra a los empresarios ladrilleros, clientelares, corruptores, vampiros de lo público (que son legión), a los gorrones evasores de sus responsabilidades cívicas y a los paraísos fiscales, que son infiernos sociales para la mayoría de la humanidad.
Guerra legal y guerra moral: no pasarles ni una. Que sientan el aliento de los inspectores de Hacienda en el cogote. Y que sientan, también, el desprecio de una sociedad que no quiere dejarse embaucar ni un minuto más con las gilipolleces del deportista/artista/emprendedor español-español-español cuya única casa está allí donde cuelga su sicav.

jueves, 23 de mayo de 2013

Sólo ha cambiado el contenedor...

Víctor Urrutia, querido amigo, colega sociólogo y vecino de despacho pareado, me pasa este recorte de prensa. El año es 1988. Pero la lectura del texto que acompaña la fotografía resulta de lo más actual.


Eso sí: de entonces a ahora han cambiado los contenedores.

lunes, 17 de septiembre de 2012

La maravillosa brecha entre ricos y pobres



SIN PERMISO, con su impagable (aunque donaciones y suscripciones pueden compensar un poco) aportación al conocimiento, la reflexión y el pensamiento críticos, nos regala una inteligente provocación de The Onion:

La brecha entre ricos y pobres, declarada octava maravilla del mundo

PARIS—En una rueda de prensa del pasado martes, el Comité del Patrimonio Mundial reconoció oficialmente la Brecha Entre Ricos y Pobres como "Octava Maravilla del Mundo", describiendo la división de la riqueza global como la "más colosal y duradera de las creaciones de la humanidad".

"De todas las estructuras épicas que ideado el género humano, ninguna más prodigiosa e imponente que la Brecha Entre Ricos y Pobres", declaró el presidente del Comité, Henri-Jean Baptiste. "Es un crecimiento tremebundo, milenario que nos llena de asombro y humildad".
"Y gracias a un cuidadoso mantenimiento a través de los tiempos, este ingente vestigio ha sobrevivido intacto, infundiendo a cada nueva generación una sensación de reverencia", añadió Baptiste.


Ese vasto abismo de riqueza que se extiende a lo largo y ancho de la mayor parte del mundo habitado, atrae a millones de aturdidos observadores cada año, muchos de los cuales encuentran esa inmensidad demasiado abrumadora hasta para contemplarla. Siendo con mucho la mayor estructura de factura humana, está fácilmente a la vista desde emplazamientos tan distantes como Europa Oriental, China, África y Brasil, así como desde los 50 estados de los Estados Unidos.
"Las Siete Maravillas del Mundo originales palidecen en comparación con ella", afirmó Edwin MacAlister, miembro del Comité del Patrimonio Mundial, frente a una llamativa fotografía de la Brecha Entre Ricos y Pobres tomada desde lo alto de la Ciudad de México. "Se trata de una pasmosa hazaña de ingeniera humana que eclipsa a la Gran Muralla China, las Pirámides de Gizeh y acaso hasta la Gran Barrera Racial".


Según los antropólogos, incalculables millones de esclavos y siervos trabajaron penosamente una vida entera para completar la brecha. Los anales indican que es probable que las obras se iniciaran hace unos 10.000 años, cuando las primeras élites terratenientes convencieron a sus súbditos de que la construcción de dicho monumento era voluntad de la autoridad divina, creencia ampliamente sostenida aún hoy en día.
Aunque los historiadores han refutado esa afirmaciones, son muchos los que mantienen todavía la teoría de que la Brecha entre Ricos y Pobres la levantaron los judíos.
"Cuando contemplo su increíble amplitud, me siento conmovida hasta las lágrimas", afirmó Grace Ngubane, de 31 años, residente en Johannesburgo, cuyo hogar queda situado en una de las partes más anchas de la Brecha. "La escala es alucinante, te hace sentirte de verdad, de verdad hasta pequeñita", declaró asimismo.
Si bien numerosos individuos han tratado de cruzar la Brecha entre Ricos y Pobres, hay pruebas que sugieren que sólo una pequeña porción ha tenido éxito alguna vez y han muerto muchos en el intento.

Su reconocimiento oficial como Octava Maravilla marca la culminación de un giro espectacular hace sólo 50 años, cuando los movimientos populares apelaban al cierre de la Brecha. Sin embargo, gracias a un reducido grupo de entregados políticos y de líderes de la economía, se iniciaron vigorosos esfuerzos de conservación en torno a los años 80 para restaurar —y ampliar a gran escala— una antiquísima estructura.
"Es imponente", declaró el presidente de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, campeón y benefactor de toda la vida de la conservación de esa falla. "Después de todo lo que hemos pasado en los últimos años, no hay mayor privilegio que verla crecer más y más cada día. Puede que haya unos cuantos detractores que se preocupen por que, de hacerse más grande, el conjunto se venga abajo, dejando atrapadas debajo a millones de personas, pero yo por mí estoy dispuesto a correr ese riesgo".
Añadió Blankfein: "Además, algo me dice que yo, probablemente, saldría bien parado".

lunes, 8 de agosto de 2011

Las vacas del pueblo ya se han escapau, riau riau

Me ha gustado el artículo que, con el título de Para empezar, paguemos todos, publicaba el pasado domingo el Lehendakari Patxi López. Más allá de las medidas concretas que apunta, plantea el debate sobre la fiscaliad como una cuestión, en primer lugar, de cultura democrática, lo que resulta fundamental en estos tiempos en los que el capital-gorrón (aquel que busca beneficios privados por doquier, escaqueándose de contribuir al bienestar común de las sociedades) está en trance de sustituir al capital-productor. Y al plantearlo así re-enmarca el debate, poniendo el dedo en la llaga de los ingresos, y no de los gastos:

"La pregunta no es si hay que subir o no los impuestos. La pregunta es: ¿quién paga aquí? Y yo quiero responder: en Euskadi pagamos todos, y cada cual según sus ingresos. El fraude fiscal en Euskadi tiene un coste anual estimado en 2.500 millones de euros, una cantidad equivalente a la que nos cuesta todo el sistema educativo vasco.
Utilizando una metáfora que no es mía, yo no pretendo ordeñar la misma vaca muchas veces: lo que planteo es ordeñar a las vacas que se escapan sin ser ordeñadas. Por justicia y para no seguir exprimiendo siempre a los mismos".

Por justicia: esa es la clave. Y así, Justicia, se titula el último libro del filósofo político de Harvard Michael J. Sandel. En sus páginas finales, Sandel propone una reflexión que conecta, creo, con el núcleo normativo que anima ese planteamiento sobre la fiscalidad expresado por el Lehendakari:

"La tendencia de los filósofos a abordar la cuestión [de la desigualdad y la distribución de la renta] desde el punto de vista de la utilidad o del consentimiento les lleva a pasar por alto el argumento contra la desigualdad al que más probable es que se haga caso políticamente, un argumento que se encuentra en el núcleo mismo del proyecto de una renovación moral y cívica [...]. Una brecha excesiva entre ricos y pobres socava la solidaridad que la ciudadanía democrática requiere. Por lo siguiente: a medida que aumenta la desigualdad, ricos y pobres viven vidas cada vez más separadas. [...] Los que tienen dinero se apartan de los lugares y servicios públicos, que quedan solo para los que no pueden pagar otra cosa.
Esto tiene dos efectos nocivos, uno fiscal y otro cívico. En primer lugar, los servicios públicos se deterioran, ya que quienes ya no los usan están menos dispuestos a costearlos con sus impuestos. En segundo lugar, las instalaciones públicas -escuelas, parques, áreas de juegos infantiles, centros cívicos- dejan de ser lugares donde se encuentran ciudadanos que siguen caminos diferentes en la vida [...]. El vaciado de la esfera pública dificulta que se cultiven la solidaridad y el sentimiento comunitario de los que dependen la ciudadanía democrática.
Así pues, aparte de sus efectos en la utilidad o en el consenso público. la desigualdad puede corroer las virtudes cívicas. Los conservadores enamorados de los mercados y los liberales igualitarios partidarios de la redistribución pasan por alto esa pérdida.
Si la erosión de la esfera pública es el problema, ¿cuál es la solución? Una política del bien común tomaría como una de sus primera metas la reconstrucción de la infraestructura de la vida cívica. En vez de centrarse en la redistribución con la intención de ampliar el consumo privado, gravaría a las personas de posibles para reconstruir los servicios e instrituciones públicos, a fin de que, así, ricos y pobres disfruten de ellas por igual".

lunes, 4 de mayo de 2009

Desigualdad


Leo en SINPERMISO el artículo de Sam Pizzigati Consideraciones acerca de las estadísticas más problemáticas sobre la desigualdad en EEUU. También he leído en ELPAIS el artículo de Ulrich Beck La revuelta de la desigualdad, en el que califica la actual situación de crisis de “(pre)revolucionaria”.
La desigualdad, siempre la desigualdad... Tan discutida.
La OCDE publica en 2008 su informe Growing unequal? Income distribution and poverty in OECD countries (¿Crecimiento desigual? Distribución del ingreso y pobreza en los países de la OCDE). Aunque el informe muestra que “ha habido un aumento de la desigualdad en los ingresos que ha ocurrido mínimo desde mediados de los años ochenta y probablemente desde mediados de los setenta”, la OCDE considera que la cosa no es para tanto, que la desigualdad no es tan grande como pudiera parecer, y que la percepción a este respecto de la gente refleja parcialmente lo que denominan "efecto de la revista Hola": leemos sobre los ultra ricos que una desmesurada atención de los medios. Suprema banalidad.
Máxime cuando en otro documento, en 2009, titulado Growing unequal: Poverty and incomes over 20 years , la propia OCDE reconoce: “Tanto la desigualdad de renta como la pobreza se han incrementado en los últimos 20 años. El incremento ha sido significativo y generalizado, afectando a más de tres cuartas partes de los países de la OCDE. Aunque durante este tiempo los ingresos han crecido en cada estrato social, la brecha de renta entre el 10% más rico y el 10% más pobre ha aumentado. En algunos países, como Canadá, Finlandia, Alemania, Italia y Estados Unidos, también ha aumentado la distancia entre los ricos y la clase media". Y aunque también en este caso hace una referencia al posible sesgo mediático de los ultra ricos, concluye así: "Los beneficios del crecimiento económico no se han distribuido equitativamente. Dicho de otro modo, el cambio [en estod 20 años] ha sido equivalente a tomar 880 dólares de cada uno de los miembros de la mitad más pobre de la población para dárselos a la mitad más rica".

Este segundo informe se acompaña de la caricatura que incluyo más arriba. Inteligente ironía contra los que se empeñan en ocultar la desigualdad real con el espeso manto de los datos: "Interesante -dice el de la regla-. la brecha entre pobres y ricos no es tan grande como pensábamos".

jueves, 9 de abril de 2009

¿Ni tan siquiera nos quedará París?

El sueldo del vicepresidente de GDF-Suez aumentó un 180% en 2008
Jean-François Cirelli había renunciado a sus 'stock-options' de la mayor gasista de Francia
EL PAÍS - 09/04/2009

El vicepresidente del consorcio energético GDF-Suez, Jean-François Cirelli, renunció recientemente a sus stock-options por la presión mediática pero su remuneración aumentó un 180% en 2008, según el informe anual del grupo que recoge la edición digital del diario francés Libération. En concreto, el sueldo del directivo ha pasado de los 460.000 euros a 1,3 millones de euros "con la bendición del Estado que tiene varios representantes en el seno del grupo", agrega el rotativo.


Refiriéndose a los Estados Unidos, el último Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, ha denunciado la creciente consolidación en ese país de un fenómeno alarmante: “el regreso a la posición social heredada”. Frente al mito ampliamente extendido de la movilidad social norteamericana (eso de que un humilde portero puede llegar a ser presidente de los Estados Unidos), resulta que ese país se caracteriza por tener una distribución de rentas más estática a lo largo de las generaciones y, por lo tanto, menos oportunidades para progresar, que ningún otro país desarrollado. Las fortunas conseguidas muchos años atrás (“a partir de la explotación o el robo de terceros” apuntilla Krugman) siguen siendo fundamentales para explicar una estructura social enormemente desigual. A la vez que la vía fundamental para la movilidad social ascendente –un buen sistema educativo de acceso universal- ha ido deteriorándose, las posibilidades para la transmisión de privilegios no ha hecho más que reforzarse. ¿Cómo? Mediante la derogación del impuesto de sucesiones, por ejemplo. O mediante redes de influencia, enchufe y cooptación que acaban por configurar auténticas castas económicas, políticas y hasta culturales, en las que los hijos afortunados heredan la posición social de sus padres, más allá de toda prueba de capacidad o mérito.
De ahí la fina ironía con la que Krugman resume su planteamiento: “Estados Unidos es, como todos sabemos, la tierra de las oportunidades. El éxito de una persona depende de su propia capacidad y de su empuje, no de lo que fue su padre. No tiene más que preguntárselo a los hermanos Bush”. En definitiva, “las tendencias políticas, sociales y económicas otorgarán a lo hijos de los que hoy son ricos una inmensa ventaja sobre los que han elegido mal a sus padres”. Class matters, “la clase importa”, y mucho. Lo demuestra un excelente trabajo de investigación impulsado en 2005 por The New York Times [http://www.nytimes.com/pages/national/class/]. Como en los tiempos en los que la herencia constituía el hecho dominante en las vidas de las personas, las posiciones sociales vuelven a ser posesiones. Las más preciadas posesiones. ¿Qué queda, en estas circunstancias, del discurso igualitario, central en nuestras sociedades democráticas?
No es de extrañar que, ante este crony capitalism (“capitalismo de amiguetes”), Krugman denuncie que “el mundo ha vuelto a las desigualdades de los años veinte en la distribución de la riqueza”, o que, más duramente, el ex vicepresidente Al Gore haya caracterizado la política económica de Bush como “una forma de saqueo” (El País, 8/8/2003).
Por su parte David Harvey ha propuesto en varias de sus obras una interpretación del proceso que dio al traste con el compromiso de clase sobre el que se alzaron las distintas experiencias de capitalismo del bienestar desarrolladas no sólo en Europa, sino también en Japón e incluso en Estados Unidos, y cuyo paradigma fue el modelo escandinavo: el periodo que se inicia desde finales de los Setenta, que hemos denominado como neoliberalismo, ha sido fundamentalmente un proyecto destinado a restaurar el poder de la clase capitalista. La adopción militante de la doctrina monetarista, la decidida confrontación contra los sindicatos de clase impulsada por los gobiernos de Thatcher y Reagan, la invención del ajuste estructural, aplicado por primera vez a Méjico entre 1982-1984, el reciclado de los nuevos y flamantes petrodólares que desbordaban las arcas de los países del Golfo en los fondos de inversión norteamericanos, etc.; estas y otras medidas –cuya eficacia para revitalizar la economía fue muy limitada en los primeros años- sirvieron para convertir al mercado en vehículo para la consolidación de un nuevo poder de clase. Un poder de clase cada vez más fundado no tanto en las prácticas características de la clásica acumulación de capital, sino en nuevas formas de acumulación por desposesión basada en la aplicación inmisericorde de toda suerte de medidas de privatización y de liberalización que han desarrollado hasta el extremo la estrategia de privatizar beneficios y socializar pérdidas [http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/social/harvey.pdf].

No sólo en Estados Unidos: también ocurre lo mismo en la otrora distinta Europa. También en Francia.
“Les banlieus flambent, le CAC 40 grimpe... Tout est dit. Rarement une élite économique a été aussi déconnectée de la culture de son pays. Pour ces «aristocacs», la seule chose qui compte, cést le monde”. El prestigioso semanario Le Nouvel Observateur comenzaba así un amplio reportaje sobre “Los nuevos aristócratas del capitalismo”, coincidiendo con el apogeo de las revueltas protagonizadas por los jóvenes de las periferias urbanas en noviembre de 2005 [http://hebdo.nouvelobs.com/hebdo/parution/p2142/dossier/a288466-les_nouveaux_aristocrates_du_capitalisme.html]. Mientras los coches ardían en los suburbios el CAC 40 -el índice de la Bolsa de París que agrupa a los 40 valores principales de ese mercado; similar al IBEX 35 español- no dejaba de subir. Todo esta dicho, en efecto. Raramente una élite económica ha estado tan desconectada de la cultura de su país. Para estos “aristocacs” la única cosa que importa es el mundo.
Pero qué mundo…