sábado, 19 de diciembre de 2020

El murciélago y el capital

Andreas Malm
El murciélago y el capital. Coronavirus, cambio climático y guerra social
Traducción de Miguel Ros González
Errata naturae, 2020 

"De no ser porque la economía humana ataca la naturaleza salvaje sin tregua, invadiéndola, recortándola, despedazándola, destruyéndola con un fervor que raya las ansias de exterminio, estas cosas no ocurrirían. Los patógenos no pasarían a nuestro cuerpo; seguirían viviendo plácidamente en sus huéspedes naturales. Pero cuando se acorrala a sus huéspedes, cuando se los estresa, expulsa y mata, los virus sólo tienen dos opciones: extinguirse o transmitirse".


Y, claro, su propensión es a transmitirse.

El coronavirus es una enfermedad zoonótica, es decir, una dolencia que ha pasado de animales a los seres humanos. En el caso de la covid-19 parece que el origen de la transmisión está en los murciélagos, que poseen una extraordinaria inmunidad a los virus. No es, por tanto, una creación científica, un invento, sino que forma parte de una amplia familia de virus como la enfermedad de Lyme, transmitida por las garrapatas, la toxoplasmosis de los gatos, la rabia transmitida por los perros, el ébola, el ántrax o la peste bubónica. Nada de un virus creado en un laboratorio que "se ha escapado" o "se ha liberado" con malévolas intenciones.

"En condiciones normales, los coronavirus y otros patógenos zoonóticos llevan una vida discreta en la naturaleza salvaje. Se buscan la vida una y otra vez en sus huéspedes naturales o 'reservorios': un animal que da cobijo al parásito y lo tolera, muchas veces sin verse afectado siquiera. A lo largo de millones de años, los virus también han evolucionado hasta establecer un modus vivendi con sus huéspedes: viven de manera permanente en su interior, pero sin matarlos, por la cuenta que les trae. Quizá, en alguna ocasión puntual, un par de monos o de ratones enfermen y mueran en el suelo del bosque, pero la generosa vegetación asimila sus cadáveres antes de que el ser humano se de cuenta".

Pero la distancia entre la naturaleza salvaje y la sociedad humana es cada vez menor. La deforestación y la fragmentación de los grandes bosques, su explotación cada vez más intensiva, el ecoturismo globalizado, multiplican los contactos entre humanos y animales potencialmente transmisores de virus, con lo que la cadena de la infección zoonótica se pone en marcha de forma cada vez más habitual.

Los llamados "mercados húmedos", arcas de Noé pesadillescas en las que se venden toda clase de animales salvajes para consumir su carne o utilizar medicinalmente sus cuerpos, son otra de las fuentes directas de zoonosis. Pero no equivoquemos el diagnóstico: el problema no está en el limitado consumo (más o menos) tradicional de algunos animales salvajes en ciertos lugares del mundo (el famoso pangolín consumido en China, que fue el primer sospechoso al inicio de la pandemia), sino en la consolidación de un siniestro "mercado de la extinción" impulsado por este turbo (y turbio) capitalismo que ha convertido el consumo ostensible o conspicuo una señal de distinción de la nueva clase ociosa global:

"El mercado de la extinción forma parte del estilo de vida del uno por ciento más rico, no representa la esencia de ninguna cultura nacional. Lo que desató por completo los vórtices en China fue precisamente la integración de la República Popular en el capitalismo globalizado: los circuitos de capital fluían en los mercados y los animales salvajes de todos los continentes se volvían accesibles gracias a los vínculos del comercio".

De manera que, al igual que ocurre con el cambio climático, la pandemia es el síntoma, la auténtica enfermedad es el capitalismo: "La acumulación descontrolada del capital es lo que zarandea con tanta violencia el árbol en el que viven los murciélagos y los otros animales. Y lo que cae es una lluvia de virus".

Y ambos, cambio climático y proliferación de pandemias, se encuentran poderosamente imbricados:

"Se diría que la economía humana ha decidido quitar la tapa del frasco de coronavirus y otros patógenos y vaciárselo encima. El cambio climático es el factor de estrés supremo. En el caso de los murciélagos, de un día para otro, los insectos desaparecen cuando más los necesitan, los huracanes destrozan sus nidos, las sequías obligan a las hembras que amamantan a volar más lejos en busca de agua, el tipo de estrés que, según se ha observado, provoca una excreción viral masiva".

Por ello, su propuesta es combatir el cambio climático mediante una estrategia de "comunismo de guerra" o de "leninismo ecológico" que, vinculando justicia medioambiental y lucha de clases, impulse un un movimiento capaz de forzar una rápida transición ecosocial que relegue los combustibles fósiles al pasado, destruyendo el capitalismo fósil. Aquí puede leerse una entrevista en la que Malm argumenta estas ideas. 

Un libro importante, de lectura obligada para cualquier persona preocupada por el futuro de la Humanidad y del planeta.

* - * - *

En las páginas 129 y 130 se reproducen sendos gráficos que, en realidad, son el mismo. Se trata de una errata, de la que ya he advertido a la editorial hace unas semanas. Se trata de dos modelos en los que el autor compara el desastre climático y el desastre pandémico, pero este segundo reproduce el primero. La figura correcta debe ser esta, tal como aparece en la edición original del libro de Malm (Verso, 2020).




viernes, 18 de diciembre de 2020

La vida contada por un sapiens a un neandertal

Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga
La vida contada por un sapiens a un neandertal
Alfaguara, 2020

"[...] soy neandertal. Lo sé desde el colegio porque los niños sapiens, que eran unos cabrones, me miraban raro.Tenía que llevar a cabo nos esfuerzos heroicos para ocultar mi neandertalidad, así que me pasaba la vida observándolos para imitar su comportamiento y no me quedaba tiempo para dedicarme al estudio. Suspendía todo, lo que me volvía más neandertal, si cabe. Mi familia, a simple vista, no parecía neandertal, por lo que deduje enseguida que era adoptado [...]. Papá, que era un sapiens sapiens de los de pura cepa, dijo que menos mal que el hombre había logrado escapar de aquella condición.
'¿Por qué?', pregunté yo.
'Porque los neandertales -dijo él- carecían de capacidad simbólica'.
No me atreví a preguntar en qué consistía la capacidad simbólica, pero consulté la enciclopedia y aprendí lo que era un símbolo. Las banderas, por ejemplo. A mí me parecían unos símbolos de mierda, pero fingí interesarme por ellas para hacerme pasar por sapiens".


Tengo que empezar confesando que siempre he sentido fascinación por la paleoantropología, que disfruté enormemente con El collar del Neandertal de Arsuaga (Temas de Hoy, 1999) y, sobre todo, que soy un incondicional de Millás en cualquiera de sus versiones: como escritor de cuentos y novelas, como articulista de periódico o como marciano radiofónico en A vivir que son dos días. El programa en el que conoció en Bilbao a Iratxe Gómez, la mujer que hace la voz de Siri, es una delicia absoluta.

Dicho esto, a nadie le extrañará que recomiende encarecidamente este libro. Un libro a la vez divertidísimo y sesudo, en el que el neandertal Millás y el sapiens Arsuaga conversan sobre la capacidad de lanzar piedras y la relación de esta con la sustitución de la fuerza por la política, sobre el cotilleo como forma de coerción, sobre el comportamiento simbólico (¡sí, padre sapiens sapiens de Millás!) de las y los neandertal, sobre la distinción entre especies, la bipedestación, los caracteres sexuales secundarios, la dieta, el surgimiento de sociedades complejas, la religión, la domesticación, la esperanza de vida...
 
Pero no es preciso compartir mi proclividad hacia las temáticas del libro y sus protagonistas para encontrarlo de interés.   

El País Semanal publicó un extracto del capítulo 9, en el que podemos disfrutar de la descacharrante  conversación entre Millás y Arsuaga en una tienda de muñecas (solo superada por otra conversación, en esta ocasión en un sex shop en Lavapiés, en el capítulo 12).

Un despliegue de conocimiento, ingenio y humor inteligente. De verdad, un auténtico placer. Espero que esa extraña pareja compuesta por Millás y por Arsuaga vuelva a reunirse en otra ocasión para seguir compartiendo curiosidad y sabiduría.

martes, 15 de diciembre de 2020

Imposible

Erri de Luca
Imposible
Traducción de Carlos Gumpert
Seix Barral (Planeta), 2020

"Sabes que la acusación es la de haber arrojado al vacío desde un sendero a un camarada de lejanas luchas políticas que acabó convertido en delator. En aquellos tiempos fuimos amigos. Se acostumbraba a decir 'uña y carne', pero a él la expresión no le bastaba, porque la uña es superficial. Decía que éramos como 'carne y sangre'".


Son muy escasas las obras en las que Erri de Luca hace referencia a su pasado como militante político. No se esconde cuando le preguntan por esa etapa de su vida en muchas entrevistas [El País, 3/07/2004; Minerva, nº 12, 2009; El Cultural, 15/01/2010], pero es algo que no aparece como temática en sus historias:

"Fui revolucionario a tiempo completo todo el decenio de los setenta. Milité en Lotta Continua hasta 1976, y cuando acabó me hice obrero y seguí solo. Fue la herencia del tiempo, y hoy lo veo con lealtad. No me gusta la nostalgia, pero soy leal con las razones de aquel tiempo. Pienso que aquel hombre joven que fui reconocería en mí a la continuación de sí mismo. Quiero pensarlo" [El País, 25/04/2009].

El de Luca militante (de ayer y de hoy) sí aparece con claridad en ensayos como La palabra contraria (Seix Barral, 2015), Du sentiment de justice et du devoir de désobéir, en el que conversa con José Bové y Gilles Luneau, Gilles (Indigène editions, 2016) y en la novela gráfica L'ora X. Una storia di Lotta Continua, firmada junto con Cosimo Damiano Damato y Paolo Castaldi (Feltrinelli, 2019). También en el maravilloso libreto Quijote y los invencibles (Círculo de Bellas Artes, 2016; traducción de Alessandra Piccone y Ana Useros), base del espectáculo del mismo título representado por el escritor junto con el cantautor Gianmaria Testa y el clarinetista Gabriele Mirabassi (puede verse aquí), así como en su poesía, como en el poema titulado "Los enfurecidos":

“Hoy estamos desentonados, 
si alguien nos insulta ponemos media sonrisa, 
pero no con los ojos, 
los ojos van a mirar a su garganta, 
si nos insultan dos veces sonreímos 
hasta que aquello termina, 
pero cien años de espalda doblada 
no nos han enseñado a lamer la mano”.

Tal vez la excepción entre sus obras de ficción sea El contrario de uno (Siruela, 2005/Seix Barral, 2019, traducción de Carlos Gumpert), en los relatos titulados "Viento en la cara" -"Continuaste porque continuaba y se endurecía con los años, tomaste parte en refriegas, en muchas, porque la multitud de los insubordinados aumentaba y a la gente como tú le correspondía responsabilizarse de ellos, de quienes llegaron después"-, "La camisa en la pared" -"Acaecía el año mil novecientos sesenta y nueve, más duro y largo que la añada de prueba sesenta y ocho. Algunos jóvenes empezaban a pensarse a sí mismos según las biografías de los revolucionarios de principios del siglo XX. Éramos muchos los que aprendíamos el llanto artificial de los gases lacrimógenos, el zipizape de las cargas, los golpes y el ridículo transporte en jaulas de pollos, los coches celulares"-, "Anuncio jamás enviado" -"Porque felicidad para nosotros ha sido un barrio insurrecto de repente a nuestro lado y a nuestro alrededor"-, "Vino" -"A mi alrededor piafaban las revueltas callejeras y me engullían. Junto a otros muchos aparecidos todos a la vez era prensado como uva en la añada indecente y decisiva de mil novecientos sesenta y nueve"- y el conmovedor "La falda azul" -"La nuestra era la primera generación de Europa a la que a sus dieciocho años no se la cogía por el morrillo y se la arrojaba a una guerra contra otra juventud declarada enemiga. Era la primera que se sacudía de encima las consecuencias desastrosas de la palabra patria. Por ello éramos patriotas del mundo y nos inmiscuíamos en sus guerras. En gran parte de nuestras octavillas estaba escrito el nombre de un lejano país de Asia: Vietnam"-.

En este su último libro, Imposible, Erri de Luca vuelve a reflexionar sobre aquellos anni di piombo a través del tenso interrogatorio de un joven juez, para quien aquella época es historia lejana, y un viejo militante acusado de asesinato. Lo hace con la económica elegancia característica de su escritura, construyendo un relato tan hermoso en su forma como desasosegante en su fondo. ¿Cómo recordar e interpretar un pasado que, en palabras del protagonista, "está bien así, mudo e hincado como un clavo en la madera"?

Una obra maestra.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Cresteando a los pies del Gorbea

Esta mañana he salido de Pagomakurre a las 8:30 con la intención de subir hasta Arraba, entrar en Itxina por Kargaleku, pasar por los buzones de Uresartutendan Atxa (1.185 m.), Kusatx (1.161 m.), Arteta (1.173 m.) y Atxausieta (1.211 m.), para regresar a Arraba por el paso de Igalerantz. Tras el recorrido, he regresado a Pagomakurre a las 11:15 h. Un paseo rápido, pero el terreno es complicado: lapiaz roto que además hoy estaba muy mojado; hay que tener cuidado con dónde pisamos.

En la entrada misma de Arraba un cartel indicador nos dirige hacia el paso de Kargaleku.
 
La cumbre del Gorbea está cubierta por la niebla, Estará así casi toda la mañana.
Lekanda.
Refugio del Ganguren Mendi Taldea.
La cumbre de la izquierda es Atxausita, la de la derecha Lekanda. Entre ambas el paso de Igalerantz, por domde finalizaré la travesía de hoy.
Subiendo hacia Kargaleku.
Desde Kargaleku se abre la hoya mágica de Itxina.
 En Kargaleku cojo la dirección de Neberabarri, aunque no llegaré hasta la nevera.

 

 
 
 
El Gorbea despejado.
Uresartutendan Atxa (9:35 h.).
 
Arraba.
Hay que seguir por la cresta o lo más cerca de esta que podamos. El terreno obliga a extremar la atención y hace la experiencia muy atractiva.
Kusatx (9:53 h.).
Gorbea de nuevo cubierto.
Arteta (10:15 h.). Dejo tarjeta en el chulísimo nuevo buzón colocado por el Ganguren.
Sigue la cresta hasta Atxausieta.
Atxausieta (10:05 h.).
Zoom hacia el Gorbea: ahora cubierto...

... ahora descubierto.
Anboto.
Bajando hacia Igalerantz para regresar a Arraba.
Una mañana bien aprovechada.