sábado, 5 de enero de 2019

Los Alpes en invierno

Leslie Stephen
Los Alpes en invierno. Ensayos sobre el arte de caminar
Traducción de Carlos Jiménez Arribas
Siruela, 2018

Historiador, biógrafo, padre de Virgina Woolf (autora del prólogo) y enamorado de los Alpes, Stephen nos ofrece una reflexión característicamente british del montañismo:

"El verdadero caminante es aquel que se deleita en el camino, que no presume ni se jacta de la fuerza física necesaria para ello. El que, por encima del esfuerzo muscular que hacen las piernas, valora la actividad cerebral que dicho esfuerzo le depara, aprecia aquello que en paz medita y, de manera espontánea cuando camina, se imagina generador de esa armonía intelectual que suele acompañar el monótono y pesado avance de los pies".

Una aproximación inteligente, reflexiva, elegante, casi diría que aristocrática, a la actividad montañera. Su anverso perfecto sería la desternillante Hasta arriba, de Bowman. También muy british, pero por su idiosincrático humor.

Pero también hay esfuerzo, tormentas, glaciares, amaneceres en la cima del Mont Blanc, paisajes grandiosos y, sobre todo, pasión alpinista a raudales:

"Si yo tuviera que inventar una idolatría nueva (algo, por otra parte, innecesario), no me postraría delante de ningún animal, de ninfún océano ni sol, sino a los pies de esas moles gigantescas a las que, desafiando a la razón, es imposible no atribuir su propia y tenebora personalidad".

jueves, 3 de enero de 2019

Peña del Fraile y adiós a la Montaña Palentina

Hoy ha subido considerablemente la temperatura (3 grados sobre cero) y el cielo ha empezado a cubrirse. Sin embargo, haciendo la cresta entre el Cueto y la Peña del Fraile he pasado más frío que ningún otro día. Hacia un viento helador. Así que subida y bajada rápida, y adiós por ahora a la Montaña Palentina.

En primer plano, el Cueto. Al fondo, Peña del Fraile.

Refugio-ermita de Cristo Sierra

La mole del Cueto. Luego no es para tanto.

Bordeando el Cueto, al fondo la Peña del Fraile.

Subiendo a la Peña. La pendiente es empinada, pero se sube muy bien.

Cumbre, hoy adornada como si del Himalaya se tratara.

El Cueto, desde la cumbre da la Peña del Fraile.

 Ya que es uno de los poquísimos montes de la zona que cuenta con buzón, habrá que dejar tarjeta.

Descendiendo hacia el amplio collado que separa ambas cimas.

Por aquí abundan las rocas colonizadas por líquenes, igual que pasa en el Curavacas.
 

miércoles, 2 de enero de 2019

Frío y ciervos

Mucho frio esta mañana.
La idea era caminar por el valle de Miranda, sin rumbo prefijado, esperando poder ver algunos ciervos, abundantes en la zona.
Algunos he visto, pero no tantos ni tan cerca como esperaba.
Otra vez será.

 
 
 
 
 
 
 

martes, 1 de enero de 2019

Empezando el año cuesta arriba: La Tuda

2019 ha empezado cuesta arriba.
Que es una excelente forma de empezarlo cuando la cuesta es una ascención de 700 metros, a lo largo de 6 kilómetros, con la expectativa de un día luminoso.
Hacía frío (-5º C) cuando he cogido el coche para acercarme hasta Otero de Guardo, desde donde he empezado a caminar cuando aún no había amanecido.
Pero el dia se anunciaba tan soleado como los que hemos dirfrutado hasta ahora.


 

El objetivo de hoy, La Tuda (1.964 mts) , también conocido como Peña de Orvillo, recibía los primeros rayos del sol. Pero el camino en sombra estaba literalmente helado.

 
 

La ascensión a La Tuda es sencilla y nada exigente. Los 700 metros de desnivel se superan recorriendo una distancia considerable, casi 6 kilómetros, por lo que se va ganando altura poco a poco, sin apenas esfuerzo.

 

Al llegar al collado (1.526 mts) que nos sitúa en la loma este de La Tuda, el Espigüete se nos muestra en todo su esplendor.


Mientras remonto la loma, entre rocas y brezos,  empiezan a verse las cuatro grandes columnas de piedra de la cumbre, conocidas como los "tios pinaos".

 

Desde la cumbre, dominada por las cuatro columnas de piedra, como si de un altar megalítico se tratara, se puede ver Riaño, con su puente sobre el embalse, y un extremo de Picos de Europa. También tenemos una preciosa vista del Pico Murcia, el Espigüete y el Curavacas.

 
 
 

Desde La Tuda se puede continuar hasta al Alto de Arbillos (1.972 mts), en apenas quince minutos, y desde aquí bajar a Otero completando una entretenida marcha circular. Pero es Año Nuevo, y había que llegar a una hora prudencial para (previa ducha) el poteo de las 13 horas y la posterior comida. Así que he bajado por el mismo camino hasta un Otero de Guardo cuyas chimeneas humeaban, pero que aún descansaba tras la noche de ayer.

 


domingo, 30 de diciembre de 2018

Invierno

Invierno
Rick Bass
Traducción de Silvia Moreno Parrado
Errata Naturae, 2018

"Un escritor en un valle de trabajadores. Tal vez lo novedoso de la situación les permita tolerarme. Nadie pregunta si voy a pasar aquí el invierno; su forma de expresarlo es, más bien: 'Entonces, ¿vas a intentar invernar aquí?'. Y entonces, si aguanto toda la estación, ya seré un residente".

Aquí es el valle del Yaak, en el extremo noroeste de Montana, en la frontera misma con Canadá. El invierno al que se refieren es un superinvierno: 32 grados bajo cero, ventisca y nieve en abundancia:

"Aquí, en invierno, es otro mundo [...]. No hay reglas. Puede pasar cualquier cosa. No se puede dar nada por sentado. En casi todos los sitios sí se puede, pero [...] en Yaak nunca. Cuando está nevando de verdad, sales a la leñera con una cuerda atada a la cintura, para que, si arrecia la ventisca mientras estás de espaldas, al menos puedas encontrar el camino de regreso a la cabaña, en lugar de quedarte dando vueltas en círculos cada vez más amplios, siguiendo esa brújula desquiciada, maldita y perdida que todos llevamos dentro".

El escritor es Rick Bass, que en 1987 se instaló en el Yaak junto con su pareja, Elisabeth Hughes, cuyos evocadores dibujos acompañan el texto.

Leerlo, como he hecho yo, junto a una cálida y rumorosa chimenea, unnos días en los que la temperatura por la mañana llegaba a bajar hasta menos 5 grados, ha sido una delicia.
Aunque el simple hecho de leerlo casi llega a provocar agotamiento.

Vivir en un entorno como el Yaak exige que gran parte de la existencia cotidiana gire en torno a la madera que, en los dias más fríos,  permitirá lograr esos grados imprescindibles para sobrevivir. Madera que hay que trocear con la motosierra, cargar y transportar, desmenuzar con el hacha, almacenar, quemar... y volver a empezar.
Es verdad que también está el Dirty Shame, el único bar de la zona donde disfrutar de la cerveza y la  conversación  con la pintoresca fauna humana que habita el valle. Una cofradía consagrada a celebrar el invierno, pues de adaptarse a sus rigores depende su supervivencia:

"El peligro de abandonare a pensar en la primavera (pastos verdes, paseos, pies desnudos, lagos, pesca con mosca, ríos y sol, sol caliente) es que, una vez que esos pensamientos se te meten en la cabeza, no puedes echarlos.
ama el invierno. No lo traiciones. Sé fiel.
Cuando llegue aquí la primavera, ámala también, y después el verano.
Pero tienes que ser leal al invierno en roda su magnitud (en toda su magnitud y con sinceridad) o te verás tirado en la cuneta, ansiando una primavera a la que aún le falta mucho por llegar, y el invierno te habrá abandonado y en su lugar tendrás la fiebre de la cabaña, la peor.
Cuanto más frío hace, más tienes que amarlo".

Otro acierto de Errata Naturae.

Peña Redonda: la frontera entre la montaña y el llano

Ayer nos fuimos hasta Traspeña de la Peña (eso es presumir de peña) para subir a Peña Redonda (1.996 mts). Me acompañaron Garbiñe y Sama. Optamos por esta vertiente sur, más soleada, para no sufrir con la fuerte helada mañanera. Un día luminoso.
Peña Redonda se encuentra en una zona en la que antaño abundaron minas y canteras: pueden verse sus restos, entre bosquecillos de encinas.



No es una cumbre complicada, aunque hay que sudar sus empinados senderos. Lo más destacable de esta cumbre, como el resto de cumbres que conforman la sierra de La Peña, es su condición de abrupta frontera entre las llanuras que llevan hasta Tierra de Campos y la Alta Montaña Palentina.





Hay que seguir trepando, bajo un cielo esplendoroso, cuyo azul brillante sólo se ve matizado por las estelas de los aviones y por la luna, que se resiste a esconderse.



A nuestra izquierda, las cimas del Cueto, Peña del Fraile y las Peñas Mayores de Guardo y Velilla.


Collado, al que se llega si la subida se hace por la vertiente norte, desde el llamado Valle Estrecho.


Girando hacia la izquierda, aún nos quedan los últimos 300 metros de ascenso, primero por una pedriza, luego siguiendo un sendero de tierra en zig-zag que nos ayuda a superar los últmos repechos. El llano va quedando abajo. Ya se ve la gran cruz de hierro que corona la cima.

 

Desde la cima nos asomamos a la vertiente norte, totalmente distinta de la sur. Ahí abajo, diminutos entre los bosques, vemos los pueblos de Rebanal de las Llantas y San Martín de los Herreros. En verano subiremos desde ahí.



En el camino de descenso hemos pasado calor.
Hoy no he visto fauna salvaje, con la excepción de Garbi y de Sama, que son dos bestias subiendo al monte 😁
Una mañana estupenda.