viernes, 11 de octubre de 2019

Dónde aterrizar

Bruno Latour
Dónde aterrizar
Traducción de Pablo Cuartas
Taurus, Barcelona 2019

Todo parece indicar que una buena parte de las clases dirigentes (lo que hoy se llama, de forma muy imprecisa, las «élites») ha llegado a la conclusión de que ya no hay suficiente espacio en la tierra para ellas y para el resto de sus habitantes. Por consiguiente, las élites han terminado por considerar inútil la idea de que la historia se dirige a un horizonte común donde «todos los hombres» podremos prosperar de igual manera. Desde los años ochenta, las clases dirigentes ya no pretenden dirigir, sino ponerse a salvo fuera del mundo

Considera Latour que la irrupción de Trump, cual elefante en cacharrería, en el centro de mando de la mayor potencia mundial, nos obliga a mirar sin autoengaños lo que significa habitar en un «nuevo régimen climático» cuya consecuencia más radical es el agotamiento tanto del proyecto globalista como de su antagonista, el retorno al Estado-nación.

Cuando en vísperas de asistir a la Cumbre de Río de 1992 Bush padre quiso tranquilizar a la sociedad estadounidense diciendo «¡Nuestro modo de vida no es negociable!», casi pasó desapercibido. Cuando Trump se retiró del acuerdo de París sobre el clima el 1 de junio de 2017, quedó patente la falacia criminal del aislacionismo nacional, aunque esa nación sea EE.UU., cuando nos enfrentamos a la emergencia climática.

"Para dar seguridad -señala Latour- habría que realizar dos movimientos complementarios que la modernización había vuelto contradictorios; por una parte, aferrarse a un suelo; por otra, mundializarse". Combatir la mundialización modernizadora que arrambla con hábitats y culturas locales, que solo aspira a "trocar la provincia de cada cual por otra -Wall Street, Pekín o Bruselas- aún más estrecha y, sobre todo, infinitamente alejada y por lo tanto indiferente a los intereses locales". Rechazar, también, la tentación del cierre tras unas fronteras ilusorias: "¿Qué puede haber más irreal que la Polonia de Kaczynski, la Francia del Frente Nacional, la Italia de la Liga del Norte, la Gran Bretaña replegada del Brexit o la América grande de nuevo del Gran Tramposo?".

En las condiciones del nuevo régimen climático el planeta se muestra demasiado limitado para el proyecto globalista y demasiado grande y complejo para poder organizarse a partir de las fronteras estrechas de cualquier localidad. Entre lo Global y lo Local surge "lo Terrestre como nuevo actor político". Y su expresión social y política, la ecología, que "no es el nombre de un partido, ni siquiera el de un tipo de preocupación, sino el de una llamada a cambiar de dirección: significa encaminarse hacia lo Terrestre".
Entre los polos igualmente imposibles de lo Global -"lo que brilla, libera, entusiasma, lo que emancipa y tiene apariencia de eterna juventud"- y de lo Local -"lo que alivia, tranquiliza y aporta identidad"- lo Terrestre apunta a una apertura que no desarraigue, a un arraigo que no limite ni excluya:

Digamos, dramatizando hasta la extravagancia, que es un conflicto entre los humanos modernos, que se creen solos en el Holoceno, huyendo hacia lo Global o en éxodo hacia lo Local, y los terrestres, que se saben en el Antropoceno y que buscan habitar con otros terrestres bajo la autoridad de una potencia aún sin institución política afirmada.

Latour finaliza su reflexión reivindicando Europa como el lugar donde quiere "tomar tierra":

Si la primera Europa Unida se hizo por abajo -el carbón, el hierro y el acero-, la segunda se hará también por abajo, la humilde materia de un suelo un poco duradero. Si la primera Europa Unida se hizo para dar una casa común a los millones de personas desplazadas, como se decía al final de la última guerra, entonces la segunda se hará también por y para las personas desplazadas de hoy. Europa no tiene sentido si no vuelve sobre los abismos abiertos por la modernización. Este es el mejor sentido que puede dársele a la idea de modernización reflexiva.

Un libro para leer con atención y para dialogar. Un libro muy apropiado para la nueva generación que, consciente de habitar en el nuevo régimen climático, combate contra la emergencia climática enarbolando la bandera de lo Terrestre.



lunes, 7 de octubre de 2019

Safari en la pobreza

Darren McGarvey
Safari en la pobreza. Entender la ira de los marginados en Gran Bretaña
Traducción de Martin Schifino
Capitán Swing, 2018


Pertenecer a la clase baja significa sentarse día tras día a leer las noticias para encontrarte con innumerables artículos de The Guardian que confirman cosas que sabías ciertas hace veinte años. […] Ojalá hubiera manera de que quienes crean el relato de vez en cuando consultaran a los más desfavorecidos. Hacerlo podría interrumpir el flujo continuo de suposiciones sobre las que se basan muchos asertos de los ricos y poner el debate sobre la sociedad en sintonía con el modo en que la sociedad realmente vive.


Nacido en una familia y en un barrio de clase trabajadora -su "árbol genealógico" incluye familiares cercanos, o él mismo, con problemas de alcoholismo, antecedentes penales, graves problemas financieros, intentos de suicidio, carencias educativas...-, McGarvey ha escrito un libro que cuestiona la aproximación a la pobreza que se realiza desde una clase media liberal de izquierdas que se ha dedicado históricamente a hablar a/de/sobre/para unas clases populares o una clase trabajadora, pero nunca se ha molestado en hablar con ella o, mejor aún, de dejarse decir por ella. El resultado es un monumental desencuentro:

Dado que los especialistas de esta clase realmente tienen buenas intenciones cuando se trata de atender los intereses de las personas de las comunidades desfavorecidas, acaban un poco confundidos, molestos y ofendidos cuando esas mismas personas empiezan a transmitirles su enfado. Nunca se les ocurre, pues se ven como los buenos, que la gente a la que pretenden servir pueda considerarlos oportunistas, trepas o charlatanes. Ellos mismos se consideran paladines de la subclase, y si algún pobre empieza a mostrar ideas propias o, Dios no lo quiera, se rebela contra los expertos en pobreza, lo culpan de malinterpretar los hechos. En efecto, estos tipos a menudo están tan seguros de su propia visión y sus virtudes que no se lo piensan dos veces antes de describir a la gente de clase trabajadora a la que pretenden representar como responsable de hacerse daño a sí misma si votan por un partido de derechas.

Este desencuentro se ha plasmado de manera muy evidente en los proyectos de "regeneración" de los barrios populares, que han terminado en desastrosas intervenciones cuya consecuencia más dramática ha sido la destrucción de la memoria de esas comunidades y de los espacios públicos que permitía a estas personas encontrarse (muchas veces conflictivamente) y construir lazos sociales entre sí:

La regeneración expone el abismo que separa a la gente que considera esta comunidad un «proyecto» o un «plan», una empresa en curso o un problema por resolver de la gente que realmente vive aquí.

Muy sugerentes las páginas que dedica a la importancia de la biblioteca pública en los barrios populares.

McGarvey cuestiona también los análisis de la izquierda liberal/izquierda cultural sobre la apatía política como un rasgo asociado a menudo con las clases bajas. Análisis moralizantes, ciegos a la posición de clase de quienes los formulan, que a menudo acaban culpando a las personas que sólo se expresan políticamente mediante la ira y el resentimiento, dirigidos muchas veces contra las personas inmigrantes y coincidentes muchas veces con las propuestas del populismo de derechas:

Algunas de las personas más vulnerables del mundo, que huyen de la pobreza y la violencia, acaban en las comunidades más empobrecidas y violentas del Reino Unido cuando llegan a nuestro país. En el torbellino de hipérboles, recriminaciones y chivos expiatorios, queda pendiente un debate sensato sobre las causas y los efectos de la inmigración en nuestras comunidades desaventajadas y sobre lo que podemos hacer para que vaya mejor. Entre otras cosas, para los migrantes mismos.

En relación a estas cuestiones, también dedica varias páginas a plantear una interesante y discutible reflexión sobre las tensiones entre diversidad y clase social, entre las políticas de la identidad y los análisis de clase:

Cuanto más prominente se ha vuelto la teoría de la interseccionalidad, más se ha descartado el análisis de clase. En lugar de producir una política de clases que incluya un espectro amplio de gente, la justicia social que se construye sobre la base de la política identitaria gentrifica los análisis de clase tradicionales. [...] Como manera de percibir la complejidad de nuestras distintas experiencias individuales y grupales, [la interseccionalidad] sin duda es muy útil. Como herramienta práctica para entablar un diálogo abierto con una amplia variedad de voces es un fracaso estrepitoso.

Pero el elemento más novedoso del libro, y el que perimetra el campo para una necesaria conversación (pendiente) en la izquierda, es su aproximación a la relación entre estructura y agencia, entre factores sistémicos y factores personales, entre responsabilidad colectiva y responsabilidad individual. McGarvey es muy consciente -¡cómo no va a serlo con su biografía!- de la influencia que sobre la vida de las personas tienen los factores estructurales:
Por debajo de la especificidad y la singularidad de nuestras vidas individuales tal y como las hemos llevado en el plano subjetivo, corre un camino de pura inevitabilidad del que rara vez nos hemos apartado. [...] Las clases sociales, por encima de todo, siguen constituyendo la principal línea divisoria en nuestra sociedad. En realidad, no se trata tanto de una línea divisoria como de una herida a escala industrial

Sin embargo, hay una clara intencionalidad en su libro, que aspira así a cumplir una función performativa, casi diría que militante: resaltar la capacidad que las personas tenemos, incluso en contextos sociales altamente exclusógenos, de tomar decisiones individuales que produzcan cambios significativos en la vida de cada cual, pero también en la vida de la comunidad. De lo que se trataría es de recuperar la idea de responsabilidad personal, que se ha convertido en el monopolio de la derecha:

Un análisis sistémico centrado en factores externos renuncia de manera imprudente a la oportunidad de explorar el papel que nosotros, como individuos, familias y comunidades, podemos desempeñar en las circunstancias que definen nuestras vidas. Adoptar una posición no solo basada en clamar contra el sistema, sino en examinar nuestras ideas y conductas. [...] Al alentar a las personas a creer que sus problemas inmediatos exceden sus capacidades, se les niega la voluntad individual de la que las priva la pobreza.

Un libro escrito desde la experiencia, que permite plantear debates interesantes.

domingo, 6 de octubre de 2019

Zamaia y Gongeda

Paseo corto. Al mediodía quería pasar por casa de mi ama, que ayer no estuve.
Por el barrio de El Somo, he subido hasta la antigua zona minera de Zamaia y desde allí hasta la cumbre de Gongeda.
La mañana estaba nublada y húmeda, pero muy agradable para caminar.
He salido con la idea de buscar y recoger algunas setas, especialmente senderuela (Marasmius oreades), bastante común por esa zona y que, para mi gusto, es una de las más sabrosas. Algo he cogido, pero poquito.

Ermita de San Martín, en el barrio de El Somo.

Entre la niebla tendría que estar el Ganekogorta.

 
Boca de la antigua mina Antón, a cielo abierto, de unos 90 metros de profundidad.



 
 
 Rodeando la mina, en apenas 15 minutos se llega hasta la cumbre de Zamaia.
Al fondo, el Ganeko.
 
 
Y ahí cerquita la cumbre de Gongeda, con su característico pasillo herboso.
Desde aquí se aprecia con claridad el recorrido que hice el domingo pasado: a la izquierda, Ganeroitz; a la derecha, Arroletza.
Gallarraga.
En lugar de subir por el pasillo herboso, rodeo Gongeda por su derecha. Para alargar un poco el paseo y... por las setas.
Cumbre de Gongeda.
El Ganeko sigue velado.
Desde la cumbre de Gongeda blanquean las peñas de Zamaia.
La bajada sí la he hecho por el pasillo verde, pasillo verde, que va a la ermita... Desde Zamaia he girado hacia la izquierda, para recorrer el cordal en dirección a Arbuio y retornar a El Somo por el pinar.




Mirada hacia atrás. Se aprecia perfectamente el camino recorrido:las blancas peñas de Zamaia y a su derecha la cumbre de Gongeda. El Ganegogorta ya se ha despejado.
El vaciamiento que ha sufrido el mundo rural tambien se aprecia por aquí: hubo un tiempo en que se hicieron muros hoy destruidos y se marcaron caminos hoy cubiertos de maleza.

Alonsotegi.