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lunes, 22 de junio de 2026

Cinco meses de invierno

James Kestrel
Cinco meses de invierno
Traducción de Jofre Homedes Beutnagel
Salamandra, 2025

"Ella se marchó un momento y él se apoyó en la baranda y se quedó mirando las luces de la ciudad. Se había vuelto un gran experto en no pensar en nada, y para eso iba muy bien apoyarse en una baranda y mirar luces".


Una novela que utiliza la estructura de un thriller para contar cómo sobrevive una persona cuando la Historia (con mayúscula) irrumpe violentamente en su vida y la obliga a vivir durante años en la incertidumbre, la pérdida y la espera.

La historia (con minúscula) comienza en Honolulu, en diciembre de 1941. Joe McGrady, detective de policía, investiga un asesinato especialmente brutal, pero lo que parece un caso criminal complejo, pero previsible, acaba convirtiéndose en una travesía que atraviesa la guerra del Pacífico y acompaña al protagonista durante cinco años decisivos. Cinco diciembres, como indica el título original (Five Decembers). La novela se mueve entre la novela negra, la aventura, el relato bélico y la(s) historia(s) de amor sin perder nunca el equilibrio ni la tensión narrativa.

El propio título (original) encierra una de las claves de la obra. Los cinco diciembres son, literalmente, los cinco meses de diciembre transcurridos entre 1941 y 1945, pero simbolizan también cinco años de espera. Diciembre suele asociarse al regreso, al hogar y al reencuentro; para McGrady, cada diciembre marca una nueva etapa de una larga fidelidad sostenida contra todas las adversidades. La novela es, en gran medida, la historia de esa espera.

Por eso uno de sus grandes temas no es la acción, sino el tiempo. McGrady es un tipo obstinado, leal y resistente, pero también profundamente vulnerable. La guerra, el cautiverio, las pérdidas y la distancia van dejando huellas en él. La frase que abre este comentario parece anecdótica, pero resume admirablemente la experiencia del personaje. No se trata de una actitud contemplativa ni de una búsqueda de serenidad, e una técnica de supervivencia. Cuando la realidad duele demasiado y el futuro permanece bloqueado, a veces lo único posible es aprender a soportar el tiempo sin dejarse destruir por él.

Ahí reside buena parte de la fuerza de la novela. Kestrel no se interesa tanto por las batallas o las estrategias militares como por las vidas que quedan suspendidas dentro de ellas. La guerra aparece siempre a través de sus consecuencias humanas: los vínculos interrumpidos, las promesas aplazadas, la nostalgia, la lealtad y la esperanza. Incluso el misterio criminal que pone en marcha la historia termina ocupando un lugar secundario frente a la experiencia vital de los personajes.

El resultado es una novela absorbente, escrita con elegancia y ambición narrativa. Cuando se cierra el libro, lo que permanece en la memoria no es tanto la resolución del caso inicial como la figura de una persona empeñada en mantenerse fiel a aquello que ama mientras atraviesa, uno tras otro, cinco largos diciembres.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Un hombre mejor

Louise Penny
Un hombre mejor
Traducción de Patricia Antón de Vez
Salamandra, 2025 

"La crítica de arte había dejado a Clara en su estudio para que leyera en privado la reseña que acababa de  hacerse pública. Luego había cruzado la plaza ajardinada del pueblo y, tras quitar la nieve medio derretida del banco, se había sentado a observar los tres pinos que claramente daban su nombre a aquel lugar. Aquello le pareció poco sutil. Demasiado obvio. Tres pinos en Three Pines...
Habría preferido que hubiera sólo dos pinos. Lo volvería todo más interesante, le proporcionaría una historia al lugar. ¿Qué fue del tercer árbol? De acuerdo, no sería una gran historia, pero era mejor que nada.
De hecho, aquel pueblecito escondido le parecía bonito pero banal. Casi podía ver cómo las casas de piedra, ladrillo y tablillas de madera, la iglesia en la colina y el bosque más allá se convertían en una acuarela ante sus ojos. Había algo que no era del todo real, no del todo de este mundo. Y mucho menos del mundo ruidoso y agresivo que acababa de dejar atrás.
Era como un bonito cuadro pintado por algún artista anciano con poco talento.
Bonito. Dulce. Predecible. Seguro".


Publicada originalmente en 2019, esta es la decimoquinta novela de la serie del inspector Armand Gamache, tan querida por aquí, y una de las entregas más “humanas” de Louise Penny: menos centrada en la investigación pura y más en qué significa hacer lo correcto cuando todo alrededor empuja a mirar hacia otro lado. Eso no quiere decir que no haya investigación, pistas, urgencias y conflictos, que los hay, pero la autora se apoya en todo eso, quizá más que en ninguna otra novela de la serie, para proponer una reflexión sobre la responsabilidad moral, como un cauce para preguntarse qué ocurre cuando hacer lo correcto resulta incómodo, impopular o incluso peligroso, y aun así no hacerlo tiene un costo intolerable.

La historia combina dos tramas principales. La primera es la que gira en torno a un fenómeno natural: una crecida inesperada provocada por las fuertes lluvias y el deshielo repentino amenaza pueblos y carreteras en todo Québec; hay evacuaciones, miedo y sensación de desastre inminente. Penny usa esta situación como un reloj en marcha: todo ocurre con prisa y con recursos limitados. La segunda, propiamente criminal, se desencadena con la desaparición de una mujer. Al principio parece uno más de esos casos donde “algo no cuadra”, pero Gamache y su equipo detectan un patrón que apunta a un problema mayor: violencia de género, manipulación y la manera en que ciertos abusos pueden quedar invisibles porque el entorno prefiere no verlos.

Lo que hace interesante la investigación es que la autora no la plantea solo como “¿quién lo hizo?”, sino como “¿qué está pasando realmente aquí y por qué nadie actuó antes?”. La novela nos confronta con ese tipo de misterio moral: no es únicamente descubrir al culpable, sino entender las capas de complicidad, miedo y autoengaño.

Desde las primeras páginas, la novela se instala en un clima de fragilidad. Armand Gamache ha regresado a la Sûreté du Québec en un momento particularmente delicado: la institución sigue marcada por viejas heridas, y una amenaza externa -las inundaciones que avanzan sin tregua- convierte el tiempo en un bien escaso. El agua que sube no es solo un elemento ambiental, funciona como una presión constante que obliga a decidir rápido, a priorizar, a aceptar pérdidas. Louise Penny, siempre sutil, convierte ese contexto en una metáfora transparente del dilema moral que atraviesa toda la historia.
Gamache no es ya solo el policía íntegro que conocemos desde Naturaleza muerta; es un hombre que ha sido puesto a prueba, que ha fallado, que ha pagado precios personales y profesionales, y que ahora parece actuar desde una convicción más silenciosa pero más firme. Su liderazgo se expresa menos en discursos que en gestos: escuchar, sostener, confiar, asumir culpas ajenas cuando es necesario. El título, Un hombre mejor, suena a exigencia personal permanente, radicalmente incómoda. El equipo que lo rodea -Beauvoir, Lacoste y los demás- aporta matices esenciales a esa reflexión moral. Las relaciones están marcadas por la lealtad, pero también por cicatrices que no desaparecen del todo. 

Tres frases, repetidas a lo largo del libro, funcionan como auténticos pilares morales del relato. La primera procede, según se dice, de Moby Dick: “Toda verdad contaminada de malicia”. Penny la inserta en distintos momentos como advertencia: no toda verdad libera, no toda revelación es justa. La verdad puede convertirse en un arma cuando se pronuncia desde el resentimiento, el deseo de control o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. La segunda frase introduce un tono más abiertamente espiritual y dramático. Atribuida a Francisco de Asís, se repite como un susurro de consuelo en medio del horror: “Clara, Clara, no desesperes. Entre el puente y el agua, yo estaba allí”. En el contexto del libro, esta línea resuena como una promesa de presencia en el instante límite, en ese espacio mínimo -entre la caída y el impacto- donde parece que todo se pierde. Louise Penny la utiliza, creo, como una imagen de acompañamiento radical: incluso cuando nadie más actúa, cuando la comunidad falla o calla, alguien -o algo- estuvo allí. Es una frase que dialoga directamente con la pregunta más incómoda del libro: ¿quién estuvo, realmente, cuando más se necesitaba? La tercera cita, pronunciada por Gamache, ancla toda esa reflexión en lo personal y lo concreto. Cuando Isabelle Lacoste le pregunta por qué sigue en la Sûreté después de todo lo que ha sufrido, él responde: “Es el lugar al que pertenezco. A todos nos dan un cáliz. Éste es el mío”. Aquí Penny condensa la ética de su protagonista y, en buena medida, la de toda la serie. No se trata de heroísmo ni de sacrificio grandilocuente, sino de aceptar la carga que a uno le ha tocado, con plena conciencia de su peso. Gamache no idealiza la institución ni olvida sus traiciones; permanece porque ese es el espacio desde el que puede intentar, imperfectamente, hacer el bien.

En ese marco se despliega la novela: las inundaciones que avanzan funcionan como metáfora de un mundo donde todo puede desbordarse -las emociones, las mentiras, la violencia, las instituciones- y donde decidir implica siempre dejar algo atrás. La investigación criminal importa, pero importa sobre todo como escenario en el que se ponen a prueba estas ideas. Louise Penny nos insta a acompañar a los personajes en decisiones incómodas, en silencios culpables, en intentos de reparación que nunca son completos.

Aunque pueda parecer una línea narrativa secundaria frente a las dos grandes tramas de la novela -las inundaciones y la desaparición de Vivianne, con su trasfondo de violencia de género-, considero especialmente relevante la historia de Clara y su crisis artística. Las críticas a su obra más reciente a través de las redes sociales no solo afectan a su proceso creativo, sino que funcionan como una reflexión más amplia sobre el uso de estos espacios digitales para juzgar, desacreditar o incluso difamar desde el anonimato y la distancia emocional. Esta dimensión introduce una crítica contemporánea sobre la exposición pública, la fragilidad del reconocimiento artístico y la violencia simbólica que puede ejercerse en el entorno virtual.

Aunque Penny suele escribir de forma que las lectoras o los lectores nuevos no se pierdan, este libro funciona mejor si sabes quién es Gamache y vienes, al menos, con algo de contexto de sus conflictos previos dentro de la Sûreté du Québec. Aun así, Un hombre mejor está construida para que puedas entrar directamente en el “universo Gamache”: se recapitulan lo esencial de relaciones y tensiones internas.

Three Pines, por su parte, sigue siendo ese espacio ambiguo que tan bien sabe construir Penny: refugio emocional, lugar de belleza y calidez, pero también escenario donde el silencio puede volverse cómplice. Las escenas cotidianas -las comidas, las conversaciones aparentemente triviales, la presencia constante y contrastante de Ruth y Reine-Marie- no funcionan como simples pausas narrativas, sino como contrapuntos morales: recordatorios de lo que está en juego cuando la verdad irrumpe y desordena la armonía.

En términos de estilo, la novela mantiene esa prosa clara, contenida y profundamente atmosférica que distingue a Louise Penny. El ritmo no busca la aceleración constante; prefiere alternar momentos de tensión con espacios de reflexión, permitiendo que resuenen las preguntas éticas que sostienen la trama. Esto puede percibirse como lentitud, pero para quienes valoramos la dimensión moral de la serie es precisamente ahí donde reside su fuerza. Al cerrar el libro, queda la impresión de que Penny no nos pregunta quién es el culpable -eso acaba aclarándose-, sino algo más inquietante: qué hacemos con la verdad, dónde estamos cuando otros caen, y si somos capaces de aceptar el cáliz que nos corresponde sin derramarlo sobre las demás. 

miércoles, 20 de agosto de 2025

Los mensajeros de la oscuridad

John Connolly
Los mensajeros de la oscuridad
Traducción de Vicente Campos González
Tusquets, 2025
 
"Tuve que resistirme al impulso de abrazarla, de decirle que me hacía una vaga idea de lo que estaba sufriendo. El dolor es como el cáncer: tiene un alcance casi universal, pero los casos son siempre concretos. No hay dos personas que lo vivan igual, así que decir que sabía cómo se sentía habría sido una mentira, por más que algún aspecto de aquello hubiera arraigado en mí, desencadenando una transformación tanto visible como invisible. Ese proceso no acababa, meramente fluía en ambos sentidos. Si su hijo había muerto, la pérdida la definiría a ella durante el resto de su vida, igual que mis pérdidas me definían a mí".
 
 
John Connolly ha convertido la oscuridad en su territorio, y con Los mensajeros de la oscuridad vuelve a recordarnos que pocas voces en la narrativa contemporánea saben caminar tan bien por el filo que une lo humano y lo sobrenatural. Aunque se trata de la entrega número veintidos de la serie de Charlie Parker, la novela respira con fuerza propia y puede leerse como un relato independiente.
 
La historia comienza con un eco de tragedia. Colleen Clark, una madre destrozada por la desaparición de su pequeño Henry, se convierte en el blanco de la sospecha. La comunidad la señala, los periódicos la exponen, la justicia la aprieta entre engranajes que parecen dispuestos a triturarla. Esa tensión inicial, la de una mujer arrojada a los lobos del prejuicio y la sospecha, basta para sumergirnos en la lectura sin vuelta atrás.
 
"No me considero un experto en cómo trata el sistema judicial a las mujeres que supuestamente han cometido un delito mientras sufrían una depresión, pero si guarda algún parecido con la forma en que trata a las mujeres en general, sobre todo a aquellas acusadas de un crimen violento, podía esperarse que a Colleen la arrastraran sobre brasas encendidas".

Es entonces cuando aparece Charlie Parker, no como un héroe impoluto, sino como un hombre marcado por la pérdida y la culpa, un investigador privado que se mueve entre las sombras con una mezcla de empatía y dureza. Junto a sus viejos aliados -los letales pero fieles Louis y Angel, los peculiares hermanos Fulci y el marrullero abogado Moxie Castin-, Parker inicia una búsqueda que no solo pretende descubrir qué ocurrió con el niño, sino también enfrentarse a las fuerzas, visibles e invisibles, que han tejido una espesa telaraña alrededor de la familia Clark.
 
Y es en esa búsqueda entra en juego un elemento que distingue la obra de Connolly: lo sobrenatural irrumpiendo en la vida cotidiana. Una médium, Sabine Drew, asegura escuchar los ecos del niño desaparecido; una casa cargada de secretos comienza a desplegar su siniestra memoria; y el terreno donde se desarrolla la investigación parece guardar cicatrices demasiado antiguas como para ser ignoradas. 
 
    "-¿Y está convencida de que se encuentra en Gretton?
     -O en las cercanías -respondió-. No puedo ser más concreta. Es como pegar una oreja al altavoz de una radio: la música se vuelve ruido y apenas se puede identificar. Pero tampoco me he aventurado más allá de las lindes del pueblo.
     -¿Por qué?
     -Porque tengo miedo. No está solo. Hay alguien, o algo, con él. Creo que se está alimentando de Henry, abasteciéndose de su dolor y confusión. Y se está tomando su tiempo con él.
     Intenté comprender lo que estaba oyendo.
     -¿Está hablando de un animal?
     -No, de un animal, no, ni siquiera de un ser humano con una naturaleza animal. [...] Mire, creo que esa presencia es algo familiar. Me he topado antes con ella".
 
Como siempre, Connolly no recurre al susto fácil, sino que construye una atmósfera densa, en la que lo inexplicable se filtra lentamente en lo cotidiano, hasta hacerlo inseparable. Como escribe, en un travieso cameo: "Maine es una tierra antigua con una larga memoria, un recuerdo que precedía incluso a la llegada de los hombres. La rareza era endémica en el estado. Por eso Stephen King no podía haber surgido en ninguna otra parte". Oscura, lírica por momentos, su prosa es clara y eficaz para mantener el suspense; cada capítulo empuja al siguiente, combinando escenas de investigación o de acción con reflexiones sobre la fragilidad humana, la justicia y los juicios precipitados que puede dictar una comunidad asustada.

Más allá del misterio y del horror, en estas páginas encontramos es una reflexión sobre la naturaleza del mal y sobre la facilidad con la que las personas más inocentes pueden ser sacrificadas, sobre las ideologías extremas que se infiltran en comunidades pequeñas y sobre el miedo como instrumento de manipulación. Más que una novela de género es una exploración de la pérdida y de la esperanza, una invitación a mirar hacia lo más sombrío del ser humano para descubrir también ahí destellos de compasión y resistencia. Con esta última entrega Connolly confirma que Charlie Parker no es solo un detective: es un símbolo de empatía en un mundo devorado por sombras. Y esa es la razón por la que, después de más de veinte entregas, ya esté esperando la siguiente novela. 

jueves, 31 de julio de 2025

Cualquiera puede morir en junio

Alan Parks
Cualquiera puede morir en junio
Traducción de Juan Trejo
Tusquets, 2025
 
"Dejó a Hermana Jimmy con su gin-tonic, observando a los chicos, y salió del bar. Se preguntó exactamente en qué clase de persona se estaba convirtiendo. Se suponía que era un poli, pero estaba haciendo el trabajo sucio a un gángster. Suponía que así funcionaban las cosas: le pides a alguien como Stevie Cooper ciertos favores y, al final, él te pide algo a cambio.
La ciudad estaba vacía, todos los buenos ciudadanos se habían ido a casa a cenar y a pasar la noche frente al televisor. Caminó en dirección al centro de la ciudad, No le interesaban esa clase de personas. Buscaba a los otros. Los que habían perdido su lugar en el mundo, los que habían dejado de fingir. Las almas solitarias".
 
 
En Glasgow, incluso en junio, el sol parece pedir permiso para brillar. Y en la sexta entrega de la serie protagonizada por el detective Harry McCoy, ese permiso nunca llega. En esta novela Alan Parks nos devuelve a su ciudad oscura y sucia, a ese paisaje urbano donde la línea entre la ley y el crimen no es una frontera, sino un terreno pantanoso que todos pisan sin mirar. Su estilo contenido y cortante remite al noir clásico, pero su mirada es más contemporánea, más política. Como el propio McCoy, al leer esta novela avanzamos entre dudas, inconsistencias y el peso de un pasado que siempre vuelve. 

Corre el año 1975 y Harry McCoy, ese detective de salud tambaleante y brújula ética desajustada, se encuentra ante un caso desconcertante: una mujer desesperada llega a comisaría afirmando que su hijo ha desaparecido. El problema es que nadie más parece saber nada de dicho niño. Ni vecinos, ni archivos, ni siquiera su propio marido -un predicador de una congregación religiosa cerrada y opresiva- admiten que ese hijo haya existido. ¿Delirio? ¿Encubrimiento? McCoy, como siempre, no puede evitar mirar bajo la superficie, aunque lo que haya allí lo destroce. A medida que se adentra en esta denuncia fantasma se ve enredado en otro frente igual de turbio: una investigación sobre corrupción policial. Y como es habitual en las novelas de Parks, las tramas no avanzan en paralelo: se cruzan, se contaminan, se retuercen entre sí hasta formar un solo tejido de podredumbre, dolor y secretos mal enterrados.

Más doliente y escéptico que nunca, McCoy sigue siendo un protagonista magnético, no porque sea admirable, sino porque es profundamente humano. Su historia con Stevie Cooper, su amigo de la infancia devenido gánster de la ciudad, sigue marcando esa frontera inestable entre el crimen y la justicia. En esta novela, más que en otras de la saga, la fe aparece como tema central: no sólo la fe religiosa (que aquí se muestra como máscara de represión y abuso), sino la fe en la memoria, en el sistema, incluso en uno mismo. La fuerza de esta historia no está sólo en la intriga, sino en el modo en que Parks disecciona el entramado de una ciudad enferma. Glasgow es un personaje en sí misma, con sus cicatrices industriales, sus bares sombríos, su crimen organizado y su sistema policial atrapado en su propia telaraña de lealtades podridas.
 
Si bien puede leerse como novela independiente, gana mucho más cuando se la entiende como parte de un conjunto. Parks ha construido con su serie una especie de calendario del descenso, donde cada mes es una estación más en el largo invierno del alma; ha creado algo más que una saga policíaca: ha construido un mapa emocional de la descomposición urbana, un fresco sombrío sobre el precio que pagamos cuando dejamos de escuchar, de ver, de creer. Y en esta sexta entrega, ese precio se cobra con el silencio alrededor de un niño que quizás nunca existió, pero cuya ausencia grita más que cualquier cadáver. 

lunes, 30 de diciembre de 2024

Tres novelas de detectives muy black

Tres historias detectivescas, muy black. Las dos primeras son oscuras por su trama: dos thrillers descarnados, violentos; la tercera, más amable, es oscura por el apellido-seudónimo de su autor. Tres lecturas excelentes, muy recomendables para quienes disfrutamos del género.

 
Dennis Lehane
Abrázame, oscuridad
Traducción de Jofre Homedes Beutnagel
Salamandra, 2024
 
"Durante los días y semanas posteriores al asesinato de Cal Morrison, si eras un niño en mi barrio estabas aterrorizado.
Temías a los negros, porque supuestamente a Cal lo había matado uno. Temías a cualquier individuo desaliñado y canoso que se te quedara mirando en el metro. Temías a los coches que permanecían parados en los cruces después de que el semáforo se hubiera puesto verde, o que daban la impresión de disminuir la velocidad al acercarse a ti. Tenías pánico a los vagabundos, y a los callejones húmedos y los parques oscuros en los que dormían.
Te daba miedo casi todo.
Pero a los niños de mi barrio lo que más miedo les daba eran los payasos".
 
 
Publicada por primera vez en español en 2010 por RBA (traducción de Ramón de España), vuelve a estar disponible esta novela del aclamado autor de Mystic River, Dennis Lehane. Original de 1996, es la segunda entrega de la serie protagonizada por el detective y la detective Patrick Kenzie y Angela Gennaro, ambientada en los barrios bajos del Boston irlandés y obrero. 
 
La historia comienza cuando una psicóloga llamada Diandra Warren contrata a Kenzie y a Gennaro para proteger a su hijo, un joven estudiante universitario, tras haber recibido amenazas de muerte. Lo que parece un caso relativamente sencillo se complica rápidamente cuando los detectives descubren que las amenazas podrían estar conectadas a una serie de asesinatos brutales en Boston. Mientras investigan, Patrick y Angie se adentran en una red de secretos, violencia y traiciones que los lleva a enfrentarse con el mundo criminal de la ciudad. A medida que profundizan en el caso, descubren que los asesinatos tienen una conexión inquietante con un brutal asesino en serie que parecía haber desaparecido, pero que podría estar activo nuevamente. Sin revelar demasiados detalles para no arruinar la lectura, el caso se complica sobremanera cuando empiezan a aparecer indicios de que el asesino en cuestión podría tener un pasado conectado con los protagonistas. Es un personaje sombrío que encarna el terror psicológico y el caos moral. Como suele ser habitual en las historias de Lehane, los secretos del pasado tienen un peso enorme en la trama. 

Los protagonistas principales son uno de los puntos fuertes de la novela. Patrick Kenzie, el narrador, es un detective privado inteligente, cínico y con un agudo sentido del humor, con una habilidad especial para leer a las personas, pero también carga con las cicatrices de su complicada infancia en Boston. Por su parte, Angela Gennaro, compañera y amiga cercana de Patrick, es una mujer fuerte y tenaz que lucha por mantener un equilibrio entre su trabajo como detective y los desafíos de su vida personal, especialmente en relación con su violento exmarido. La química entre ambos es uno de los pilares emocionales de la novela.

Lehane combina una prosa ágil y rica en detalles con diálogos ingeniosos y realistas. Su capacidad para crear un ambiente opresivo y de tensión constante es una de las grandes fortalezas de la novela. La atmósfera de Boston, con su mezcla de barrios obreros y zonas criminales, se convierte en un personaje más de un libro absorbente que no solo entretiene, sino que también profundiza en cuestiones complejas sobre la moralidad, la amistad y los límites de la justicia. 
 

Alan Parks
Un mayo funesto
Traducción de Juan Trejo
Tusquets, 2024
 
"Bajó la tapa, se sentó en el retrete y cerró la puerta. Bebió un largo trago de la botella de whisky. Sonrió. Quizás se parecía a su padre más de lo que creía. Quizás debería ir a buscarle. Podrían emborracharse juntos. Hablar de los viejos tiempos. ¿Recuerdas aquella vez que me encerraste en el armario durante dos días? Qué divertido fue. ¿Y qué me dices de aquella vez que tú y tu «amigo» Jamsie os turnasteis para darme de hostias porque tiré dos latas de cerveza por el fregadero para que no te las bebieras? Días felices.
Dio otro trago. El efecto en el estómago fue como haber ingerido cristales rotos".

 
Esta novela, la quinta entrega de la serie del detective Harry McCoy, está ambientada en la Glasgow de 1974, una ciudad áspera y marcada por la violencia. La historia arranca cuando tres mujeres y dos niñas mueren en un incendio provocado en una peluquería. La conmoción en la ciudad es total y los presuntos culpables, tres jóvenes delincuentes de poca monta, son rápidamente detenidos:
 
"En casos como este, con jovencitas muertas, hasta lo malos de la película quieren que todo se resuelva rápido; no se respeta el código de honor de los maleantes. Hubo una llamada anónima a la comisaría de la calle Tobago. Dijeron que había tres chicos en un apartamento en Roystonhill. Los detuvieron. Uno de ellos todavía guardaba el recibo de la gasolina en el bolsillo del pantalón".

Pero cuando la furgoneta policial que traslada a los acusados desde la comisaría a los juzgados, esta es asaltada y los tres jóvenes son (aparentemente) liberados. Cuando, unos días después, el cuerpo de uno de los jóvenes, salvajemente torturado, aparece tirado en mitad de la calle, McCoy se ve forzado a trabajar contra reloj para intentar aclarar el caso, enfrentado a la corrupción, el crimen organizado y un creciente malestar social en Glasgow. Todo esto ocurre mientras lidia con sus propios demonios personales y su delicada salud, características que lo convierten en un protagonista humano y vulnerable.
 
Una novela sombría y cruda, escrita con un ritmo intenso. Noir escocés desesperanzado.

 
Benjamin Black
Las invitadas secretas
Traducción de Miguel Temprano García
RBA, 2019
 
"Qué más daba que hubiesen enviado allí a un par de niñas para su protección, aunque fuesen las hijas del rey de Inglaterra, como él sabía? Podría haber hecho la vista gorda, podría haber tenido la boca cerrada y haber pasado de largo, pero no, oh, no, no pudo resistir la tentación de fanfarronear en el pueblo y dárselas de gran hombre. El asunto le había caído en las manos de un modo tan sencillo e irresistible que no se le ocurrió otra cosa que avisar a la oficina central en Belfast, para que tuvieran que hacerle justicia y reconocieran por fin su valía para la causa. Y míralo ahora, con aquel par de bromistas".
 
Esta novela histórica de intriga se sitúa en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, en 1940. Con Londres bajo el constante peligro de los bombardeos alemanes, las princesas Isabel (la futura reina Isabel II) y Margarita son enviadas a Irlanda para protegerlas de posibles ataques. A Irlanda, sí: ¿qué podría salir mal?

Se alojan en Clonmillis Hall, una aislada y decadente mansión en el campo irlandés propiedad de Sir William Fitzherbert. cruz del Mérito militar y orden de Servicios Distinguidos, que acepta el encargo como una acto de obediencia debida, pero sin tenerlas todas consigo: "Este puñetero país lo dirigen bárbaros que creen que la guerra de la Independencia aún no ha terminado. No es seguro". Bajo identidades falsas, las princesas son vigiladas por protegidas por Celia Nashe, una agente del Servicio Secreto Británico, y el oficial de inteligencia irlandés, Strafford, con un pasado complejo, cuya lealtad es puesta a prueba mientras intenta cumplir su deber sin comprometer su posición en un contexto político tenso.

A medida que el tiempo pasa, las tensiones entre los personajes aumentan, exacerbadas por ese contexto político: la relación entre Irlanda y el Reino Unido está plagada de sospechas y resentimientos. La novela combina los peligros de la guerra con el drama interpersonal, mientras las identidades de las princesas corren el riesgo de ser descubiertas.

Como en todas sus obras, Benjamin Black (seudónimo de John Banville) emplea una prosa elegante y reflexiva, con un ritmo pausado que permite una inmersión profunda en el ambiente y la psicología de los personajes. Una acertada combinación de novela de intriga y drama histórico que se lee con sumo gusto.

lunes, 28 de octubre de 2024

Las furias

John Connolly
Las furias
Traducción de Mar Rodríguez Vázquez y Vicente Campos González
Tusquets, 2024

 "La vida no es justa, pero es más dura para unos que para otros, y las mujeres, las personas de color y los pobres siempre se cuentan entre las personas sobre las que se ejerce más control y a las que se les imponen más limitaciones. Quienquiera que afirme algo distinto miente, y quienquiera que favorezca esa injusticia es un estafador. Aquí termina la lección".


Las Furias o Erinias son divinidades mitológicas que perseguían y atormentaban a quienes habían cometido crímenes no castigados, especialmente aquellas acciones malvadas ejecutadas contra personas particularmente vulnerables, como las personas ancianas, madres y padres, o personas socialmente marginadas como las que sobreviven con la mendicidad. Por sus actividades eran relacionadas con el Hades, el Inframundo, y Esquilo las denominó "hijas de la Noche", pero también se las conocía con el título de Euménides o "las benévolas".

John Connolly se mueve con maestría en estos contextos en los que mito y realidad, justicia y venganza, oscuridad y luz, se entremezclan. En este libro, el vigésimo primero de la serie dedicada al detective Charlie Parker, Connolly reúne dos historias independientes, "Las hermanas Strange" y "Las furias", vinculadas por el hecho de que en las dos la violencia machista es parte fundamental de la trama. Junto con siniestros coleccionistas de monedas muy antiguas, misteriosos símbolos rúnicos, entidades que habitan en el interior de seres no plenamente humanos, referencias religiosas, espeluznantes asesinatos, niñas espectrales. Y junto con el Braycott Armas, un hotel que el paso del tiempo había convertido en "una mancha en el carácter de la ciudad de Portland, una desgracia sobre sus habitantes y un depósito de criminalidad". Y mujeres fuertes, muy capaces de cuidarse de sí mismas.

Cada nueva novela de Connolly es siempre un regalo. En este caso, dos.

"Tiempo atrás conocí a un escritor que creía que algunos hombres eran moralmente tan corruptos que su depravación cobraba una expresión física, en otras palabras, su deformidad moral se manifestaba como una alteración de sus facciones o su constitución. Me dio la impresión de que esa idea era una variación de la frenología o la fisiognomía, esas convicciones psudocientíficas ya desacreditadas según las cuales la forma del cráneo o del rostro de alguien podían revelar los rasgos esenciales de su carácter. Si eso fuera verdad, el trabajo de hacer cumplir la ley sería muchísimo más sencillo: no habría más que meter en la cárcel a todos los feos. Pero la maldad -la verdadera maldad, no las prosaicas travesuras humanas nacidas del temor, de la envidia, de la ira o de la codicia- es experta en ocultarse, porque quiere sobrevivir y persistir. Solo se muestra cuando está preparada o cuando se le fuerza a hacerlo; ni siquiera el mal puede librarse de las normas de la naturaleza".

jueves, 26 de septiembre de 2024

48 pistas sobre la desaparición de mi hermana

Joyce Carol Oates
48 pistas sobre la desaparición de mi hermana
Traducción de María Dolores Crispín
RBA, 2024

"La tierra está empapada de sangre de los cuerpos de mujeres y niñas violadas, asesinadas y desechadas".


Esta desasosegante novela, que combina elementos de misterio, drama psicológico y exploración familiar, es un excelente ejemplo de la maestría de Joyce Carol Oates en tejer tramas oscuras y complejas sobre las relaciones humanas mientras investiga los laberintos de la identidad y la pérdida. La autora maneja un tono atmosférico tenso, con una narración meticulosa que nos mantiene en vilo a lo largo de toda la lectura. Aunque la novela recrea el esquema clásico de la desaparición inexplicable, su verdadera fuerza radica en el subtexto psicológico y en las emociones contenidas que surgen a través de pequeños detalles. Las "48 pistas" no son solo datos factuales, sino también piezas fundamentales para comprender de la psique de las protagonistas y sus dinámicas familiares.

La historia gira en torno a la desaparición de la joven Marguerite en una pequeña ciudad en el norte del estado de Nueva York. La narradora, Georgene (o "Gigi"), su hermana menor y que ha crecido a su sombra, es quien guía la investigación de este enigma mientras revela, a lo largo de 48 capítulos, cómo la desaparición de Margie afecta a su familia y al tejido social de la comunidad. A medida que avanzan las pesquisas, Gigi expone su propia relación de celos, admiración y resentimiento hacia su hermana, artista de renombre, lo que añade capas de complejidad emocional.

"Porque si bien yo no aprobaba la (posible, probable) vida sexualmente promiscua de M., de la que ella no me contaba absolutamente nada, a mí sí me importaba, y muchísimo, el buen nombre de la familia Fulner que se remonta a los tiempos de los primeros pobladores de esta parte del estado de Nueva York: 1789".

El relato está estructurado alrededor de las "pistas" que el lector va recibiendo sobre lo que pudo haber sucedido con Marguerite, pero más allá del misterio criminal, la novela ahonda en el análisis psicológico de las hermanas, en la rivalidad y ambigüedad emocional entre ambas. La brecha de personalidad entre Margie, una figura carismática y enigmática, y Gigi, más introvertida y analítica, se convierte en el eje de la narrativa. La narración de Gigi no solo se centra en resolver la desaparición de Marguerite, sino también en explorar sus propios sentimientos y en cómo la sombra de su hermana mayor ha marcado su vida. La novela hace que nos preguntemos si la desaparición es un acto de libertad o un reflejo de un oscuro destino. La narración de Gigi es introspectiva y a menudo confusa y poco confiable, lo que genera incertidumbre sobre los hechos y las verdaderas motivaciones de los personajes. Todo esto añade una capa adicional de tensión psicológica, ya que nos enfrenta a preguntas no solo sobre lo que ocurrió con Marguerite, sino sobre la verdadera naturaleza de las relaciones familiares.

"En especial, esos bobos ignoraban lo que faltaba. Porque, ¿cómo iban ellos a saber lo que faltaba?
Por ejemplo: si había habido un diario de la artista entre las cosas de M., algo como un diario personal o una agenda; naturalmente yo me lo había llevado en cuanto le puse los ojos encima, la arde del 12 de abril de 1991: no era para vulgares extraños el examen de los secretos de mi hermana"

Y como trasfondo, la "hazaña" de "habitar un cuerpo femenino" en una sociedad que juzga y oprime a las mujeres. Opresión brutal y sistemática que emergerá como "una inacabable pesadilla de víctimas femeninas" a medida que un investigador privado contratado por el padre de Marguerite intenta descubrir lo ocurrido:

"La tierra está empapada de sangre de los cuerpos de mujeres y niñas violadas, asesinadas y desechadas".

Si te atraen los misterios psicológicos profundos que exploran las complejidades de las relaciones familiares y las emociones humanas bajo una atmósfera de suspenso constante, este es tu libro.

sábado, 27 de julio de 2024

Tres buenas historias criminales

Las tres firmadas por mujeres, dos de ellas habituales por estos lares.

[1] Empezamos con El reino de los ciegos, de la maestra Louise Penny (Salamandra, 2024; traducción de Patricia Antón de Vez). Tras los dramáticos acontecimientos narrados en Casas de cristal, que conviene haber leído para entender cabalmente la historia que aquí se narra, Gamache se encuentra suspendido de empleo y sueldo y sometido a una investigación interna que pondrá a prueba la lealtad de su segundo (a la vez que yerno) Jean-Guy Beauvoir.

Mientras se encuentra en esa delicada situación, Gamache se convierte en albacea (junto con la librera de Three Pines, Myrna, y un joven constructor) del extraño testamento de una mujer desconocida.

Las dos tramas avanzan en paralelo, con la pequeña y ya familiar comunidad de personas que ha acabado recalando en Three Pines como testigo de los acontecimientos, pero también como protectora de quienes se han visto implicadas e implicados en ellos. Porque no es bueno encontarse lejos de casa cuando se acerca la tormenta...

"Fuera, el sol teñía la nieve de rosa y azul. Se oían los gritos de los niños, excitados por una embriagadora mezcla de diversión y miedo cuando sus trineos se deslizaban a toda velocidad ladera abajo.
Todo parecía idílico, pero...
Pero si el azar o el destino querían que te encontraras demasiado lejos de casa cuando se cernieran las nubes y las suaves ráfagas de viento se convirtieran en ventisca, entonces podía ocurrir cualquier cosa.
Un invierno quebequés alegre y tranquilo, podía volverse de repente contra ti, podía llegar a matar, y cada año lo hacía: hombres, mujeres y niños que en otoño estaban vivos se veían sorprendidos por la tormenta de nieve y ya no llegaban a la primavera.
En aquellos bosques, el invierno era un asesino magnífico, espléndido y luminoso".
 

[2] La segunda novela es Sobre la losa (Siruela, 2023; traducción de Anne-Hélène Suárez Girard), de otra destacada escritora policíaca, la francesa Fred Vargas. En esta ocasión el muy peculiar comisario Adamsberg tiene que desplazarse a una pequeña localidad de la región de Bretaña para investigar un asesinato que los lugareños vinculan a una vieja leyenda local de fantasmas. A este crimen le seguirán otros.

Combinando magistralmente la construcción de personajes, el apunte etnográfico y la urdimbre de tramas que siempre contienen sorprendentes giros, Fred Vargas vuelve a firmar una novela muy recomendable, con un Adamsberg en plena forma:

"Adamsberg se detuvo bruscamente.
-¿Qué te pasa?
Con el tenedor en el aire y el vaso suspendido a mitad de trayecto, Adamsberg se había quedado inmóvil, con la mirada perdida.
-Parece que ya no ves nada -dijo Matthieu, que no había tenido la oportunidad de observar bien esos momentos de ausencia en su colega, cuando las pupilas de los ojos parecían sumirse en el pardo del iris. Sacudió a Adamsberg por el brazo, y este volvió a ponerse en marcha como si alguien le hubiera dado una vuelta de llave inglesa.
-No es nada -dijo Adamsberg-. Es solo una idea que tengo y que no encuentro.
-Pero si la tienes, deberías poder encontrarla.
-No, Matthieu, es el tipo de ideas que se esconden como bichos en las profundidades del fango de un lago. Sé que está ahí, pero no puedo nombrarla. Sé lo que es porque he dicho la palabra hombros, y ya está. Ya ves que no tiene sentido y que, seguramente, no tiene importancia -concluyó mientras terminaba de cortar la carne. Un detalle de nada.
-Nunca he tenido ideas desconocidas enterradas en el fango.
-Me ocurre a menudo. Irrita. Pero dejo que vivan su vida".


[3] Y la tercera: Ocurrió a orillas del río, de la novelista sueca Kerstin Ekman (Tusquets, 2023; traducción de Marina Torres). Una mirada sumamente crítica a la supuestamente luminosa sociedad sueca. Que es verdad que de eso va la novela negra, de poner el foco en los aspectos más escondidos o menos presentables de las distintas sociedades en las que se desarrollan sus tramas. Pero no sé, me parece que la novela negra nórdica es particularmente triste y oscura, oscuridad que lo cubre todo, no sólo lo que tiene que ver con los crímenes que se plantean.
 
"Se preguntó de nuevo cómo sería vivir aquí. Vivir en el extremo mismo de la sombra que flotaba sobre el país, que flotaba sobre los pueblos y las pequeñas ciudades rurales. Que flotaba sobre todo lo que iba cayendo lentamente. Vivir en el extremo del olvido absoluto y hacer los mismos movimientos y actos cotidianos de los que vivían allí. ¿Sabían siquiera lo que hacían?".
 
Todo en estas historias es sombrío, gris, triste. En este caso, Kerstin Ekman cuenta la historia del asesinato brutal de dos campistas en el pequeño pueblo de Svartvattnet, en los bosques del norte de Suecia. Un crimen que nunca se esclareció (¿un loco, un borracho, un extranjero?) hasta que, dieciocho años después de los hechos, la protagonista de la historia, una joven profesora llamada Annie Raft, que fue quien descubrió los cadáveres y que se quedó a vivir por la zona, observa una escena que la lleva a querer recorrer "el camino de la memoria", removiendo secretos, silencios y mentiras que han habitado el pueblo de Svartvattnet desde los crímenes. Un camino que la llevará a lugares insospechados.

"-[...] tal vez Annie lo creyera. Decidió ir por el camino de la memoria y preguntarle.
-¿Quieres decir que ella se dirigía a Stjämberg?
-No, por allí no pasa el camino de la memoria. Todos los senderos están borrados. No hay puntos de referencia para el recuerdo. Es una superficie pelada que se ha convertido en tundra. Apenas crece nada. Está demasiado expuesta al hielo y al viento. No, allí todo recuerdo ha sido aniquilado".