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lunes, 29 de diciembre de 2025

Un hombre mejor

Louise Penny
Un hombre mejor
Traducción de Patricia Antón de Vez
Salamandra, 2025 

"La crítica de arte había dejado a Clara en su estudio para que leyera en privado la reseña que acababa de  hacerse pública. Luego había cruzado la plaza ajardinada del pueblo y, tras quitar la nieve medio derretida del banco, se había sentado a observar los tres pinos que claramente daban su nombre a aquel lugar. Aquello le pareció poco sutil. Demasiado obvio. Tres pinos en Three Pines...
Habría preferido que hubiera sólo dos pinos. Lo volvería todo más interesante, le proporcionaría una historia al lugar. ¿Qué fue del tercer árbol? De acuerdo, no sería una gran historia, pero era mejor que nada.
De hecho, aquel pueblecito escondido le parecía bonito pero banal. Casi podía ver cómo las casas de piedra, ladrillo y tablillas de madera, la iglesia en la colina y el bosque más allá se convertían en una acuarela ante sus ojos. Había algo que no era del todo real, no del todo de este mundo. Y mucho menos del mundo ruidoso y agresivo que acababa de dejar atrás.
Era como un bonito cuadro pintado por algún artista anciano con poco talento.
Bonito. Dulce. Predecible. Seguro".


Publicada originalmente en 2019, esta es la decimoquinta novela de la serie del inspector Armand Gamache, tan querida por aquí, y una de las entregas más “humanas” de Louise Penny: menos centrada en la investigación pura y más en qué significa hacer lo correcto cuando todo alrededor empuja a mirar hacia otro lado. Eso no quiere decir que no haya investigación, pistas, urgencias y conflictos, que los hay, pero la autora se apoya en todo eso, quizá más que en ninguna otra novela de la serie, para proponer una reflexión sobre la responsabilidad moral, como un cauce para preguntarse qué ocurre cuando hacer lo correcto resulta incómodo, impopular o incluso peligroso, y aun así no hacerlo tiene un costo intolerable.

La historia combina dos tramas principales. La primera es la que gira en torno a un fenómeno natural: una crecida inesperada provocada por las fuertes lluvias y el deshielo repentino amenaza pueblos y carreteras en todo Québec; hay evacuaciones, miedo y sensación de desastre inminente. Penny usa esta situación como un reloj en marcha: todo ocurre con prisa y con recursos limitados. La segunda, propiamente criminal, se desencadena con la desaparición de una mujer. Al principio parece uno más de esos casos donde “algo no cuadra”, pero Gamache y su equipo detectan un patrón que apunta a un problema mayor: violencia de género, manipulación y la manera en que ciertos abusos pueden quedar invisibles porque el entorno prefiere no verlos.

Lo que hace interesante la investigación es que la autora no la plantea solo como “¿quién lo hizo?”, sino como “¿qué está pasando realmente aquí y por qué nadie actuó antes?”. La novela nos confronta con ese tipo de misterio moral: no es únicamente descubrir al culpable, sino entender las capas de complicidad, miedo y autoengaño.

Desde las primeras páginas, la novela se instala en un clima de fragilidad. Armand Gamache ha regresado a la Sûreté du Québec en un momento particularmente delicado: la institución sigue marcada por viejas heridas, y una amenaza externa -las inundaciones que avanzan sin tregua- convierte el tiempo en un bien escaso. El agua que sube no es solo un elemento ambiental, funciona como una presión constante que obliga a decidir rápido, a priorizar, a aceptar pérdidas. Louise Penny, siempre sutil, convierte ese contexto en una metáfora transparente del dilema moral que atraviesa toda la historia.
Gamache no es ya solo el policía íntegro que conocemos desde Naturaleza muerta; es un hombre que ha sido puesto a prueba, que ha fallado, que ha pagado precios personales y profesionales, y que ahora parece actuar desde una convicción más silenciosa pero más firme. Su liderazgo se expresa menos en discursos que en gestos: escuchar, sostener, confiar, asumir culpas ajenas cuando es necesario. El título, Un hombre mejor, suena a exigencia personal permanente, radicalmente incómoda. El equipo que lo rodea -Beauvoir, Lacoste y los demás- aporta matices esenciales a esa reflexión moral. Las relaciones están marcadas por la lealtad, pero también por cicatrices que no desaparecen del todo. 

Tres frases, repetidas a lo largo del libro, funcionan como auténticos pilares morales del relato. La primera procede, según se dice, de Moby Dick: “Toda verdad contaminada de malicia”. Penny la inserta en distintos momentos como advertencia: no toda verdad libera, no toda revelación es justa. La verdad puede convertirse en un arma cuando se pronuncia desde el resentimiento, el deseo de control o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. La segunda frase introduce un tono más abiertamente espiritual y dramático. Atribuida a Francisco de Asís, se repite como un susurro de consuelo en medio del horror: “Clara, Clara, no desesperes. Entre el puente y el agua, yo estaba allí”. En el contexto del libro, esta línea resuena como una promesa de presencia en el instante límite, en ese espacio mínimo -entre la caída y el impacto- donde parece que todo se pierde. Louise Penny la utiliza, creo, como una imagen de acompañamiento radical: incluso cuando nadie más actúa, cuando la comunidad falla o calla, alguien -o algo- estuvo allí. Es una frase que dialoga directamente con la pregunta más incómoda del libro: ¿quién estuvo, realmente, cuando más se necesitaba? La tercera cita, pronunciada por Gamache, ancla toda esa reflexión en lo personal y lo concreto. Cuando Isabelle Lacoste le pregunta por qué sigue en la Sûreté después de todo lo que ha sufrido, él responde: “Es el lugar al que pertenezco. A todos nos dan un cáliz. Éste es el mío”. Aquí Penny condensa la ética de su protagonista y, en buena medida, la de toda la serie. No se trata de heroísmo ni de sacrificio grandilocuente, sino de aceptar la carga que a uno le ha tocado, con plena conciencia de su peso. Gamache no idealiza la institución ni olvida sus traiciones; permanece porque ese es el espacio desde el que puede intentar, imperfectamente, hacer el bien.

En ese marco se despliega la novela: las inundaciones que avanzan funcionan como metáfora de un mundo donde todo puede desbordarse -las emociones, las mentiras, la violencia, las instituciones- y donde decidir implica siempre dejar algo atrás. La investigación criminal importa, pero importa sobre todo como escenario en el que se ponen a prueba estas ideas. Louise Penny nos insta a acompañar a los personajes en decisiones incómodas, en silencios culpables, en intentos de reparación que nunca son completos.

Aunque pueda parecer una línea narrativa secundaria frente a las dos grandes tramas de la novela -las inundaciones y la desaparición de Vivianne, con su trasfondo de violencia de género-, considero especialmente relevante la historia de Clara y su crisis artística. Las críticas a su obra más reciente a través de las redes sociales no solo afectan a su proceso creativo, sino que funcionan como una reflexión más amplia sobre el uso de estos espacios digitales para juzgar, desacreditar o incluso difamar desde el anonimato y la distancia emocional. Esta dimensión introduce una crítica contemporánea sobre la exposición pública, la fragilidad del reconocimiento artístico y la violencia simbólica que puede ejercerse en el entorno virtual.

Aunque Penny suele escribir de forma que las lectoras o los lectores nuevos no se pierdan, este libro funciona mejor si sabes quién es Gamache y vienes, al menos, con algo de contexto de sus conflictos previos dentro de la Sûreté du Québec. Aun así, Un hombre mejor está construida para que puedas entrar directamente en el “universo Gamache”: se recapitulan lo esencial de relaciones y tensiones internas.

Three Pines, por su parte, sigue siendo ese espacio ambiguo que tan bien sabe construir Penny: refugio emocional, lugar de belleza y calidez, pero también escenario donde el silencio puede volverse cómplice. Las escenas cotidianas -las comidas, las conversaciones aparentemente triviales, la presencia constante y contrastante de Ruth y Reine-Marie- no funcionan como simples pausas narrativas, sino como contrapuntos morales: recordatorios de lo que está en juego cuando la verdad irrumpe y desordena la armonía.

En términos de estilo, la novela mantiene esa prosa clara, contenida y profundamente atmosférica que distingue a Louise Penny. El ritmo no busca la aceleración constante; prefiere alternar momentos de tensión con espacios de reflexión, permitiendo que resuenen las preguntas éticas que sostienen la trama. Esto puede percibirse como lentitud, pero para quienes valoramos la dimensión moral de la serie es precisamente ahí donde reside su fuerza. Al cerrar el libro, queda la impresión de que Penny no nos pregunta quién es el culpable -eso acaba aclarándose-, sino algo más inquietante: qué hacemos con la verdad, dónde estamos cuando otros caen, y si somos capaces de aceptar el cáliz que nos corresponde sin derramarlo sobre las demás. 

sábado, 27 de julio de 2024

Tres buenas historias criminales

Las tres firmadas por mujeres, dos de ellas habituales por estos lares.

[1] Empezamos con El reino de los ciegos, de la maestra Louise Penny (Salamandra, 2024; traducción de Patricia Antón de Vez). Tras los dramáticos acontecimientos narrados en Casas de cristal, que conviene haber leído para entender cabalmente la historia que aquí se narra, Gamache se encuentra suspendido de empleo y sueldo y sometido a una investigación interna que pondrá a prueba la lealtad de su segundo (a la vez que yerno) Jean-Guy Beauvoir.

Mientras se encuentra en esa delicada situación, Gamache se convierte en albacea (junto con la librera de Three Pines, Myrna, y un joven constructor) del extraño testamento de una mujer desconocida.

Las dos tramas avanzan en paralelo, con la pequeña y ya familiar comunidad de personas que ha acabado recalando en Three Pines como testigo de los acontecimientos, pero también como protectora de quienes se han visto implicadas e implicados en ellos. Porque no es bueno encontarse lejos de casa cuando se acerca la tormenta...

"Fuera, el sol teñía la nieve de rosa y azul. Se oían los gritos de los niños, excitados por una embriagadora mezcla de diversión y miedo cuando sus trineos se deslizaban a toda velocidad ladera abajo.
Todo parecía idílico, pero...
Pero si el azar o el destino querían que te encontraras demasiado lejos de casa cuando se cernieran las nubes y las suaves ráfagas de viento se convirtieran en ventisca, entonces podía ocurrir cualquier cosa.
Un invierno quebequés alegre y tranquilo, podía volverse de repente contra ti, podía llegar a matar, y cada año lo hacía: hombres, mujeres y niños que en otoño estaban vivos se veían sorprendidos por la tormenta de nieve y ya no llegaban a la primavera.
En aquellos bosques, el invierno era un asesino magnífico, espléndido y luminoso".
 

[2] La segunda novela es Sobre la losa (Siruela, 2023; traducción de Anne-Hélène Suárez Girard), de otra destacada escritora policíaca, la francesa Fred Vargas. En esta ocasión el muy peculiar comisario Adamsberg tiene que desplazarse a una pequeña localidad de la región de Bretaña para investigar un asesinato que los lugareños vinculan a una vieja leyenda local de fantasmas. A este crimen le seguirán otros.

Combinando magistralmente la construcción de personajes, el apunte etnográfico y la urdimbre de tramas que siempre contienen sorprendentes giros, Fred Vargas vuelve a firmar una novela muy recomendable, con un Adamsberg en plena forma:

"Adamsberg se detuvo bruscamente.
-¿Qué te pasa?
Con el tenedor en el aire y el vaso suspendido a mitad de trayecto, Adamsberg se había quedado inmóvil, con la mirada perdida.
-Parece que ya no ves nada -dijo Matthieu, que no había tenido la oportunidad de observar bien esos momentos de ausencia en su colega, cuando las pupilas de los ojos parecían sumirse en el pardo del iris. Sacudió a Adamsberg por el brazo, y este volvió a ponerse en marcha como si alguien le hubiera dado una vuelta de llave inglesa.
-No es nada -dijo Adamsberg-. Es solo una idea que tengo y que no encuentro.
-Pero si la tienes, deberías poder encontrarla.
-No, Matthieu, es el tipo de ideas que se esconden como bichos en las profundidades del fango de un lago. Sé que está ahí, pero no puedo nombrarla. Sé lo que es porque he dicho la palabra hombros, y ya está. Ya ves que no tiene sentido y que, seguramente, no tiene importancia -concluyó mientras terminaba de cortar la carne. Un detalle de nada.
-Nunca he tenido ideas desconocidas enterradas en el fango.
-Me ocurre a menudo. Irrita. Pero dejo que vivan su vida".


[3] Y la tercera: Ocurrió a orillas del río, de la novelista sueca Kerstin Ekman (Tusquets, 2023; traducción de Marina Torres). Una mirada sumamente crítica a la supuestamente luminosa sociedad sueca. Que es verdad que de eso va la novela negra, de poner el foco en los aspectos más escondidos o menos presentables de las distintas sociedades en las que se desarrollan sus tramas. Pero no sé, me parece que la novela negra nórdica es particularmente triste y oscura, oscuridad que lo cubre todo, no sólo lo que tiene que ver con los crímenes que se plantean.
 
"Se preguntó de nuevo cómo sería vivir aquí. Vivir en el extremo mismo de la sombra que flotaba sobre el país, que flotaba sobre los pueblos y las pequeñas ciudades rurales. Que flotaba sobre todo lo que iba cayendo lentamente. Vivir en el extremo del olvido absoluto y hacer los mismos movimientos y actos cotidianos de los que vivían allí. ¿Sabían siquiera lo que hacían?".
 
Todo en estas historias es sombrío, gris, triste. En este caso, Kerstin Ekman cuenta la historia del asesinato brutal de dos campistas en el pequeño pueblo de Svartvattnet, en los bosques del norte de Suecia. Un crimen que nunca se esclareció (¿un loco, un borracho, un extranjero?) hasta que, dieciocho años después de los hechos, la protagonista de la historia, una joven profesora llamada Annie Raft, que fue quien descubrió los cadáveres y que se quedó a vivir por la zona, observa una escena que la lleva a querer recorrer "el camino de la memoria", removiendo secretos, silencios y mentiras que han habitado el pueblo de Svartvattnet desde los crímenes. Un camino que la llevará a lugares insospechados.

"-[...] tal vez Annie lo creyera. Decidió ir por el camino de la memoria y preguntarle.
-¿Quieres decir que ella se dirigía a Stjämberg?
-No, por allí no pasa el camino de la memoria. Todos los senderos están borrados. No hay puntos de referencia para el recuerdo. Es una superficie pelada que se ha convertido en tundra. Apenas crece nada. Está demasiado expuesta al hielo y al viento. No, allí todo recuerdo ha sido aniquilado".



 
 


jueves, 9 de noviembre de 2023

Casas de cristal

Louise Penny
Casas de cristal
Traducción de Patricia Antón de Vez
Salamandra 2023

"La fotografía de Three Pines en una mañana gris de noviembre fue reemplazada por lo que, al principio, parecía un test de Rorschach: manchones en negro y gris, figuras borrosas.
Hasta que, finalmente, acabó convirtiéndose en una imagen.
- ¿Es esa?
- Sí -dijo Gamache.
- ¿Y coincide con el personaje que se había plantado en la plaza de Three Pines?
Gamache miro fijamente la imagen del recaudador de deudas morales y notó aquel escalofrío de nuevo.
- Sí, así es."


En la mañana después de la fiesta de Halloween una de las personas que había asistido a la misma disfrazado con un hábito negro y una capucha de igual color cubriendo totalmente su rostro aparece inmóvil en mitad de la plaza de Three Pines. No hay forma de identificarla, nadie sabe quién puede ser: ¿es alguien del pueblo, es alguien de fuera? Su presencia, prolongada a lo largo de todo el día, se cierne como una sombra de amenaza sobre la tranquila comunidad. No responde a ninguna interacción, ni siquiera al intento del superintendente Gamache por conocer su identidad y su propósito. Desaparecida durante la noche sin que nadie la haya visto irse, la desasosegante figura vuelve a aparecer en el mismo lugar, en la misma actitud, al día siguiente. Hay quien ve en ella una imagen de la muerte y hay quien, como Reine-Marie, ha empezado a verlo como "algo" despojado de cualquier rasgo de humanidad:
 
"Al igual que Reine-Marie, [Gamache] se daba cuenta de que, conforme avanzaba el día, le parecía cada vez menos un ser humano y más una cosa.
Y él, más que nadie en el pueblo, sabía lo peligroso que era deshumanizar a una persona.
Porque lo único cierto era que, bajo aquel disfraz, había una persona".
 
Así empieza la última novela de Louise Penny, una potentísima historia que, con el trasfondo de la denominada "guerra contra las drogas", incluye más escenas de acción que cualquiera de sus anteriores novelas pero sin perder el fondo de relato moral que caracteriza la particular mirada de esta autora, una de las clásicas en este blog.

Y es que, como dice la autora en la nota que cierra el libro: "Three Pines es un estado de ánimo. Cuando escogemos la tolerancia en lugar del odio, la generosidad en vez de la crueldad, la bondad en lugar del acoso, cuando decidimos mostrarnos optimistas en vez de cínicos, entonces vivimos en Three Pines".

Maravillosa Louise Penny.

sábado, 18 de febrero de 2023

Una ofensa mortal

Louise Penny
Una ofensa mortal
Traducción de Patricia Antón de Vez
Salamandra, 2022 

   -¿Todavía le ocurre -preguntó [X.] volviéndose finalmente desde la ventana, desde el páramo-. ¿Todavía se odia a sí mismo?
   -No. Me llevó mucho tiempo y necesité mucha ayuda. [X.], el mundo es un lugar cruel, pero también está más lleno de bondad de lo que nos imaginamos. ¿Y sabes qué? A la larga, la bondad siempre acaba venciendo a la crueldad. De verdad, créeme.
   Le tendió una mano al joven. [X.] la miró fijamente.
   -Créeme -susurró [Z.].
   Y [X.] le creyó.


Retirado en la idílica Three Pines, el antiguo inspector jefe del Departamento de Homicidios de la Sûreté du Québec, Armand Gamache, acepta el puesto de comandante de la Academia de la Sûreté, con la encomienda de combatir desde sus mismas raíces la corrupción económica y la degeneración profesional que durante años han invadido ese cuerpo policial. Su primera e insólita decisión será reclutar como profesor a un antiguo amigo y colega en la policía al que el propio Gamache denunció por corrupción, provocando su caída en desgracia.

Cuando otro veterano profesor de la Academia, también manchado por la corrupción y por su forma brutal y matona de concebir la tarea policial, aparece asesinado en su habitación, Gamache se verá obligado a poner en práctica todos sus recursos como investigador de homicidios y, sobre todo, su sensibilidad y conocimiento de la naturaleza humana, para resolver el caso y evitar que sus consecuencias desbaraten el proyecto de reconstrucción de la Academia, así como su propia vida y la de algunos de sus alumnas y alumnos. El resultado es una apasionante historia de redención.

El pasado de la Academia, del propio Gamache y de la localidad de Three Pines (¡por fin sabremos su origen y la razón por la que no aparece en ningún mapa!), convertida en un personaje más de esta historia, se entrecruzan con asombrosa maestría en esta nueva novela de Louise Penny, una clásica de la novela negra por su estilo inconfundible y por la profundidad moral de sus personajes y sus tramas.

Tal y como reconoce la autora en las páginas finales del libro, escribió Una ofensa mortal mientras su marido Michael sufría las consecuencias de una demencia que evolucionaba con rapidez, anulando progresivamente su capacidad de comunicarse y de moverse. En estas circunstancias, Penny reconoce emocionada que no hubiera podido escribir sin la ayuda emocional y física de numerosas amigas y vecinas, a quienes recuerda y homenajea con sus nombres y apellidos. Michael, médico especializado en oncología infantil, murió al poco de finalizar el libro. "Escribí Una ofensa mortal con la paz que conlleva saber que yo también estoy a salvo, que soy amada y que no estoy sola", confiesa Penny. Se entiende que esta sea también la sensación que nos queda al terminarlo.

martes, 31 de agosto de 2021

La naturaleza de la bestia

Louise Penny
La naturaleza de la bestia
Traducción de Patricia Antón de Vez
Salamandra (Penguin Random House), 2021

"¿O se habían limitado a cerrar las puertas e intentar volver a sus vidas; y por las noches, en la penumbra, le pedían a Dios -a un Dios que, confiaban, sería lo bastante poderoso para concedérsela- la gracia del olvido? ¿Rogaban, como él, por un sueño sin pesadillas? ¿Le rogaban a Dios que atrasara los relojes hasta un instante en el que aún no supieran nada de todo aquello?".


Undécima entrega en español de la excelente serie protagonizada por Armand Gamache, el (ahora y desde hace unas cuantas novelas) antiguo jefe de homicidios de la policía de Quebec, serie que ya he comentado aquí y aquí.

La historia se inicia con la desaparición de un niño de nueve años, vecino del idílico pueblo de Three Pines, que se verá sacudido hasta los cimientos cuando la investigación desentierre (literalmente) un pasado oscuro ligado a la guerra de Vietnam, el terrorismo internacional y el tráfico de armas, pero también a un asesino en serie condenado y encarcelado, autor de una obra de teatro que algunas vecinas y vecinos de Three Miles están ensayando con la intención de representarla en el pueblo.

Me ha parecido la historia más compleja de todas las que he leído, con subtramas entrelazadas que obligan a una lectura reposada y repensada. Tal vez sea la trama que menos me ha enganchado. Pero Penny, excelente creadora de personajes, de relaciones y de ambientes, consigue que la historia se sostenga y funcione, haciéndome sentir como un habitante más de Three Miles, de nuevo un protagonista esencial del libro:

"A Jean-Guy aquello le recordaba a Three Pines, a los viajeros que llegaban alpueblo de forma inesperada: se sentaban en el bistrot, donde habían entrado sólo para ir al lavabo y comer algo, tomaban café au lait y pain au chocolat y consultaban sus mapas. No alzaban la vista para mirar a su alrededor ni una sola vez.
Y luego se marchaban, se bajaban de la balsa salvavidas para zambullirse de nuevo en el mar y alejarse nadando en busca de un empleo, de una persona, de una casa grande que los salvara.
Pero, de tanto en tanto, alguno sí alzaba la vista, miraba a su alrededor y veía que ya había llegado, que había alcanzado la orilla.
Jean-Guy, sentado en el bistrot, en el banco o en el porche de casa de los Gamache con Annie, había visto esa expresión en rostros recién llegados.
En algunos de ellos.
No eran muchos, pero su expresión era inconfundible e inolvidable cuando aquella revelación se producía. No era de alegría ni de felicidad, todavía no.
Era de alivio.
Y lo reconocía porque él mismo había llegado llevado por la corriente a aquella orilla, a ese pueblo.
Abrió los ojos y se sentó muy tieso".

Así pues, abre los ojos, siéntate muy tiesa (o como acostumbres a sentarte para leer) y disfruta de este libro.

jueves, 4 de junio de 2020

El largo camino a casa

Louise Penny
El largo camino a casa
Traducción de Patricia Antón de Vez
Siruela, 2020

"Armand Gamache contempló el bosque, que mediado el verano se teñía de verde oscuro, y las ondulantes montañas que se perdían en la inmensidad, y luego bajó la mirada hacia el pueblecito en el fondo del valle, que parecía acurrucado en la palma de una mano antiquísima: un estigma en la campiña quebequesa, no tanto una herida como un portento".

Sexta entrega en castellano (décima de la serie original) de las historias protagonizadas por el inspector jefe Gamache, de la Sûreté de Quebec. Otro libro delicioso de Louise Penny, que ha conseguido crear un universo narrativo de características absolutamente propias, tanto por sus personajes y tramas como por su lenguaje literario.

Clara Marrow, la reconocida pintora vecina de la encantadora localidad de Three Pines (protagonista de pleno derecho de las novelas de Penny) y amiga de Gamache, está preocupada por no haber tenido noticias de su marido, Peter, también pintor: ambos decidieron separarse durante un año para intentar recomponer una relación dañada por los celos de Peter ante el éxito de Clara: "Se hicieron una promesa mutua. No habría contacto alguno en un año, pero en el primer aniversario de su marcha, Peter volvería y verían cómo andaban las cosas entre ellos". Pero ha pasado la fecha y este no ha dado señales de vida.

Tras los trágicos acontecimientos narrados en la entrega anterior, Un destello de luz, Gamache se ha retirado de la policía y solo aspira a disfrutar de la tranquilidad de Three Pines, del bistrot de Olivier y Gabri y de la compañía de sus amigas y amigos: "Armand había engordado un poco y eso estaba bien. Demostraba que Three Pines cumplía con su cometido: allí se estaba curando". Pero la petición de ayuda por parte de Clara hace que se vuelque en encontrar al esposo desaparecido.

Su búsqueda no le llevará a barrios peligrosos o a turbios clubs nocturnos, ni le enfrentará a peligrosas bandas criminales: no son estos los ambientes en los que transcurren las historias de Louise Penny. La investigación transcurrirá en entornos artísticos, entre escuelas de arte y galerías, entre galeristas, profesores y pintores, entre pinturas de Tom Thompson y Clarence Gagnon... Nada más alejado de los escenarios clásicos de la novela negra. Pero en las tramas de esta autora nada es lo que parece y hasta el lugar más inesperado y aparentemente pacífico (como el monasterio de clausura en Un bello misterio) guarda oscuros secretos.

"En el fondo, Clara Morrow sabía que había puesto algo en marcha, que había visto algo en la profundidad de aquellos ojos. O a lo mejor no lo había puesto en marcha, sino solamente lo había despertado. Armand Gamache había acudido allí a descansar, a recuperarse. Le había prometido paz. Y Clara sabía que acababa de romper esa promesa".

Como en otras obras de Penny, también en esta encontramos un relato de redención. Una maravilla. Eso sí, las novelas de Louise Penny hay que leerlas en el orden en que han sido publicadas para no perderse muchos y muy relevantes detalles, pues en cada trama hay aspectos que sólo se entienden si se han leído las novelas anteriores.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Un destello de luz: un nuevo caso del inspector Gamache

Louise Penny
Un destello de luz
Traducción de Patricia Antón de Vez
Salamandra, 2019

"Armand Gamache siempre había tenido creencias pasadas de moda: creía que la luz barrería las tinieblas, que la amabilidad era más poderosa que la crueldad y que la bondad existía incluso en los lugares donde reinaba la mayor desesperanza. Creía que el mal tenía sus limites. Pero ante aquellos hombres y mujeres jóvenes que lo observaban ahora, y que no habían hecho nada al ver que algo terrible estaba a punto de ocurrir, se preguntó si podía haber estado equivocado todo el tiempo. Quizá las tinieblas ganaban a veces, quizá el mal no tenía límites".

Quinta entrega en castellano (novena en su edición original) protagonizada por el inspector jefe de la Sûreté de Quebec, Armand Gamache. De nuevo, Louise Penny nos obsequia con una extensa novela (520 páginas de contenido) construida con la precisión de un reloj de cuco.

Tres tramas se entrelazan en esta compleja narración. La primera, la que desencadena toda la historia, comienza con un mensaje que Myrna Landers, la librera de Three Pines, envía a Gamache: una amiga reciente, Constance, que iba a pasar la Navidad con ella, ha desaparecido y ruega al inspector que la encuentre. Muy pronto se descubre su cadáver -no hago espoiler- pero, lejos de aclararse el caso, la identificación de la verdadera filiación de Constance lo complica: se trata de una de las quintillizas Ouellet, trasunto de las quintillizas Dionne, que existieron en realidad y constituyeron un auténtico fenómeno sociocultural en Quebec. En la novela, Constance era la última quintilliza viva. La habían asesinado mientras preparaba su maleta la víspera de su partida hacia Three Pines.

"Aquel día no nacieron sólo unas quintillizas, también nació un mito y, con él, algo más vio la luz: algo con una cola larga y oscura. -Esto último lo dijo susurrando y todos se inclinaron hacia ella-. También nació un asesino".

La segunda trama gira en torno a una siniestra red de amaños en las adjudicaciones de obra pública que salpican a las más altas esferas policiales y políticas y ponen en riesgo algunas de las infraestructuras más sensibles (túneles y puentes) de Quebec. 

"La Sûreté du Quebec investigaba la corrupción, y no había un objetivo mayor que la industria de la construcción.
Prácticamente todos los departamentos de la Sûreté se habían dedicado a investigar en un momento u otro a la industria de la construcción de Quebec, desde acusaciones de sobornos hasta la intimidación y el homicidio, pasando portrampas en concursos de adjudicación o la participación del crimen organizado. El propio Gamache había estado al mando de las investigaciones sobre la desaparición y el supuesto asesinato de un alto cargo sindical y un ejecutivo de la construcción.
-¿Va de eso todo este asunto? -preguntó Thérèse, todavía mirando a Gamache a los ojos-. Se ha involucrado Francoeur en esa basura?
-No sólo él -respondió Gamache-, sino la Sûreté.
La industria era enorme, poderosa, corrupta, y ahora, con la connivencia de la Sûreté, carecía de supervisión policial y era imparable.
Estaban en juego contratas por valor de miles de millones, y la gente no se detenía ante nada a la hora de ganarlas, de ejecutarlas, ni de intimidar a cualquiera que supusiera una amenaza.
Si había un pecado antiguo y con una sombra alargada y oscura en Quebec, lo representaba la industria de la construcción".

La tercera trama es la que involucra al teniente Jean-Guy Beauvoir, a quien Gamache quiere como a un hijo, pero que, manipulado psicologicamente, ha roto profesional y emocionalmente con el inspector: "Armand Gamache sabía que Jean-Guy había cambiado: de aquel suelo de cemento se había levantado un hombre distinto del que había caído. Pero tambén sabía que Jean-Guy Beauvoir nunca se había levantado en realidad: seguia anclado al suelo de aquella maldita fábrica por culpa del dolor y los analgésicos, por la adiccón y la crueldad y el cautiverio de la desesperanza". Por cierto, en esta novela sabremos, por fin, cómo se filtró y llegó a los medios de comunicación y a la opinión pública el vídeo de aquella trágica operación policial que desde la primera novela, Enterrad a los muertos, atormenta física y psicológicamente a Beauvoir y al propio Gamache.

Y todo esto debe afrontarlo Gamache con su Departamento de Homicidios desmantelado por las altas esferas de la Sûreté.

De nuevo, la localidad de Three Pines se convierte en un personaje central; tal vez con mayor protagonismo que nunca. Una localidad inexistente, pero inspirada en edificios y paisajes característicos de los Eastern Townships de Quebec. Su descripción, cubierto por la nieve, dibuja un lugar tan mágico como acogedor:

"Había nevado día y noche desde que Constance llegara a Three Pines. Llevaba viviendo en Montreal toda su vida adulta y había olvidado que la nieve podía ser tan hermosa; para ella, la nieve era algo que hacía falta quitar de en medio: una faena caída del cielo.
Pero ésta era la nieve de su infancia, alegre, divertida, radiante y limpia. Cuanta más hubiera, mejor. Era un juguete.
Cubría las casas de muros de mampostería, las casas de madera y las casas de ladrillo rojo que rodeaban la gran plaza ajardinada del pueblo. Cubría el bistrot y la librería, la boulangerie y el pequeño supermercado. Constance se imaginaba que había un alquimista en plena tarea y que Three Pines, surgido de la nada como por arte de magia y depositado en aquel valle, era el resultado. O quizá, al igual que la nueve, el pueblecito había caído del cielo para proporcionar un aterrizaje mullido a todos los que caerían allí".

Por cierto, el libro toma su título de uno de los versos de la hermosísima Anthem, de Leonard Cohen:

There is a crack in everything
That's how the light gets in.


"Todas las cosas del mundo se agrietan:
sólo así penetra un destello de luz".

Una advertencia: si empiezas por esta novela te perderás muchos y muy relevantes detalles, pues en la trama hay aspectos que sólo se entienden si se han leído (y se recuerdan, cosa no siempre fácil) las novelas anteriores.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Lecturas variadas

Margaret Atwood, Resurgir (Traducción de Gabriela Bustelo), Alianza, Madrid 2008 (primera reimpresión).

La canadiense Margaret Atwood está de actualidad por la serie El cuento de la criada, basada en su obra homónima. Yo también recupero a Atwood, de la mano de uno libro publicado originalmente en 1972, pero tan intemporal que puede compararse con novelas de temática similar, pero mucho más recientes, como Sukkwan Island (Alfabia, Barcelona 2010) o Caribou Island (Mondadori, Barcelona 2011), ambas de David Vann, o Héroes de la frontera, de Dave Eggers (Random House, 2017).
En compañía de su amante y de una pareja de amigos, la protagonista viaja a una isla lacustre en el norte canadiense, para intentar encontrar a su padre, un viudo solitario que ha desaparecido. Durante siete días, se replanteará radicalmente su vida y experimentará un doloroso pero auténtico resurgir.

Pero traigo conmigo del pasado lejano de hace cinco noches al viajero del tiempo, el ser primitivo que tendrá que aprender, con forma de pez de colores ahora en mi tripa, experimentando sus acuosos cambios. La palabra hace surcos potenciales en su protocerebro, desconocidos. No un dios y quizá no real, hasta eso es incierto; no puedo saberlo aún, es demasiado pronto. Pero lo asumo: sí yo muero, muere; si paso hambre, pasa hambre conmigo. Puede que sea el primero, el primer humano verdadero; debe nacer, permitírsele.

Louise Penny, El juego de la luz (Traducción de Maia Figueroa), Salamandra, Barcelona 2017.

Ya nos hemos referido aquí a las anteriores novelas de esta autora, también canadiense, protagonizadas por el inspector jefe Armand Gamache y por la peculiar fauna humana que habita la pequeña localidad de Three Pines, en las afueras de Montreal. En este caso, la trama gira en torno a un asesinato ocurrido en el mundillo del arte de Quebec. Pero esto no deja de ser una disculpa para construir un libro donde lo más importante son sus personajes, complejos y absolutamente creibles, y las relaciones que se establecen entre ellos en ese microcosmos que es Three Pines.Como señala la autora en los agradecimientos que cierran el libro:

... ahora estoy totalmente convencida de que a veces los hombres y las mujeres que están ahogándose pueden salvarse. Y cuando la muerte los escupe, pueden encontrar cierta paz en un pueblo pequeño. Al sol.

Ana Paula Maia, De ganados y hombres (Traducción de Cristian De Nápoli), Siruela, Madrid 2017.

Yo me confieso incapaz de verlo, pero debería ser obligatorio su visionado para hacernos conscientes, como escribe la autora, del "horror desmedido" que se oculta tras algo tan delicado y sabroso como una hamburguesa o un solomillo. Me refiero al documental Matadero. Nos alimentamos de animales que, antes de llegar a nuestro plato, estaban vivos, y que han sido criados, gestionados industrialmente, transportados y matados. De eso trata el libro.Sin escenas o imágenes particularmente crueles, con un protagonista que ha decidido asumir, desde una particular ética profesional y personal, hasta las últimas consecuencias su trabajo de aturdidor en un matadero. Asume su función de matarife, pero rechaza -¡y de qué manera!- provocar sufrimiento añadido a los animales sacrificados.

- Trabajo no va a faltar. Como dice la gente por aquí: mientras exista una vaca en este mundo, siempre habrá alguien que quiera matarla.
- Y alguien que quiera comerla -concluye Edgar Wilson.
- Que quieran comerla habrá muchos. Pero matarla, eso sí que no. Matarla, solo los tipos como usted, amigo. Sólo gente así.
Nunca nadie va a pedirle que sea otra cosa, porque hay pocos hombres como él, hombres que viven para matar. Los que viven para comer son muchos y comen sin saciarse nunca. Todos son hombres de sangre, los que matan y los que comen. Nadie queda impune.

Philipp Meyer, El valle del óxido (Traducción de Eduardo Iriarte), Random House, Barcelona 2017.

Tras el éxito de El hijo, convertida en serie de televisión, se publica la primera novela de Meyer, editada originalmente en 2009. Es la historia de dos amigos atrapados en una comunidad industrial del norte de Pennsilvania, agonizante como consecuencia de la crisis de la industria del acero. Ambos sueñan con escapar, pero precisamente cuando emprenden su escapada un inesperado y terrible incidente altera radicalmente su existencia. En sus páginas nos encontramos con la América trabajadora, cantada por Woody Guthrie, que ahora vota a Trump:

El señor Painter, el profesor de historia del instituto Buell que le había escrito la carta de recomendación a Lee, le contó que se había mudado al valle para llevar el socialismo a las fábricas, había sido trabajador siderúrgico durante diez años, había perdido el empleo y se había hecho profesor. Un licenciado en Cornell trabajando de obrero. "Éramos muchos -le contó-. Rojos trabajando codo a codo con los muchachotes sureños". Pero no había llegado a haber  ninguna revolución, nada que se pareciera siquiera, ciento cincuenta mil  personas perdieron su empleo, pero todos se fueron sin armar revuelo. Era evidente que había responsables, hombres de carne y hueso que habían tomado la decisión de dejar al valle entero sin trabajo, tenían casas para pasar las vacaciones en Aspen, enviaban a sus hijos a Yale, sus carteras de inversiones subían cuando cerraban las fábricas. Pero, aparte de unos pocos sacerdotes que se hicieron famoso por colarse en una iglesia de guante blanco y tirarle aceite de mofeta al acaudalado pastor, nadie levantó un dedo para protestar. Había algo particularmente americano en ello: culparte por la mala suerte, esa resistencia a aceptar  que tu vida se veía afectada por fuerzas sociales, una tendencia a atribuir los problemas más importantes al comportamiento individual. El desagradable revés del Sueño Americano.