La casa en el árbol y otros poemas
Traducción de Antonio Rivero Taravillo
Tierra de Sueños, 2021
Durante años he recorrido monte y páramo
casi teniendo que buscar el camino
serpenteando hacia el país de las hadas
donde el herrero tenía una fragua
que ponía al rojo vivo los arrastrados eslabones
que me unían al pasado,
luego, con un martillazo tremendo
liberarme al fin.
Más vieja hoy, sé que ni bestia
ni yunque rompe esas cadenas
y que las sendas salvajes que creemos recorrer
tan solo nos traen aquí de nuevo.
La de Kathleen Jamie es una una forma de mirar el mundo que parece especialmente amenazada en nuestro tiempo: la de quien se detiene ante las cosas sin necesidad de apropiarse de ellas, explicarlas por completo o convertirlas en metáforas de sí mismo. Este libro nos permite aproximarnos a una de las voces más singulares de la literatura escocesa contemporánea a través de una selección de poemas procedentes de varios de sus libros, publicados entre 2004 y 2015.
La naturaleza ocupa un lugar central en su poesía. Sus pájaros, árboles, insectos, paisajes costeros y cielos cambiantes tienen una existencia propia, independiente de los sentimientos humanos, observado por la autora con una atención extraordinaria, consciente de que nuestra relación con el mundo natural está hecha tanto de proximidad como de extrañeza. Hay belleza en sus poemas, pero también fragilidad, descomposición y muerte. La vida aparece como una realidad compartida por innumerables seres, de los que apenas alcanzamos a conocer una pequeña parte.
Los paisajes que describe no son escenarios intactos, ajenos a la historia o a la intervención humana. En ellos se advierten las huellas del trabajo, de las formas de habitar el territorio y de las transformaciones que experimentan las comunidades. Esta dimensión resulta particularmente sugerente porque permite leer sus poemas desde una sensibilidad ecológica que reconoce nuestra pertenencia al mundo natural sin olvidar las responsabilidades que tenemos hacia él.
De nuestros jardines ha desaparecido el tordo,
ahora es gravilla; aves zancudas viran en lo alto
chillando ¿adónde? ¿adónde? y el pobre pato
se aturulla en la cuneta con sus alas recortadas.
-Supón que desesperados nos reuniéramos
con las manos vacías en el límite del pueblo y llamáramos
a cada pájaro por su nombre, ¿aún podríamos persuadir
a chochín, rascón, el diminuto reyezuelo
a permanecer dentro de nuestra conciencia en este mundo,
el único que hay? No existe el paraíso,
hemos humillado a las criaturas vivas [...].
La de Kathleen Jamie es una poesía contenida, de imágenes precisas y silencios significativos, que concede mucha importancia a lo que queda sin decir. La presencia de expresiones en lengua escocesa añade una profunda dimensión territorial y cultural a su escritura: "Daur we, ma jo, / dae lih thae selchs [...]". La lengua forma parte del paisaje que habita, de su memoria y de las relaciones sociales que lo han configurado. Leerla en traducción supone, inevitablemente, perder algunos de esos matices, aunque permanece la fuerza de su mirada.
En una cultura que nos acostumbra a considerar el mundo como un conjunto de recursos disponibles para nuestro uso, Kathleen Jamie nos invita a reconocer la existencia de otras vidas y otros ritmos, que prestar atención puede ser una forma de cuidado y que aquello que apenas percibimos también merece ser tenido en cuenta. Su poesía amplía nuestra percepción de lo que significa vivir en un mundo compartido. Al terminar sus poemas, los pájaros, los árboles, las piedras o la luz siguen siendo los mismos, pero nuestra disposición a mirarlos ha cambiado. Y ese desplazamiento de la mirada tiene mucho de regalo y descubrimiento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario