Traducción de Lydia Vázquez Jiménez
Cabaret Voltaire, 2024
"Otras veces, he encontrado gestos y frases de mi madre en una mujer que esperaba en la caja del supermercado. Así que ahí afuera, en los pasajeros del metro o del RER [Réseau Express Régional, red de trenes exprés y de cercanías que conecta el centro de París con sus suburbios], en las personas que utilizan las escaleras mecánicas de las Galeries Lafayette y Alcampo, es donde está depositada mi existencia pausada. En individuos anónimos que no saben que conservan parte de mi historia, en rostros, en cuerpos que nunca vuelvo a ver. Sin duda, soy yo misma, entre la multitud de las calles y de las tiendas, portadora de la vida de otros".
En este breve ensayo Annie Ernaux dirige su mirada hacia el mundo más cotidiano que la rodea. Entre 1985 y 1992 recogió escenas observadas en los trenes de cercanías, el metro, los supermercados, los centros comerciales y las calles de Cergy-Pontoise, la ciudad de las afueras de París donde vivía entonces. Son encuentros fugaces, conversaciones escuchadas al pasar, gestos cotidianos y pequeños acontecimientos que normalmente desaparecen sin dejar huella. La autora los rescata mediante una escritura austera, precisa, despojada de cualquier tentación de embellecer la realidad.
Lo que hace especialmente interesante este libro es su manera de convertir la observación cotidiana en una forma de conocimiento social. En esas escenas aparentemente insignificantes aparecen las diferencias de clase, las desigualdades económicas, la soledad, el racismo, las relaciones de género y las múltiples formas de violencia simbólica que atraviesan la vida ordinaria. Annie Ernaux observa a personas desconocidas sin pretender explicar sus vidas ni apropiarse de ellas, y sus anotaciones dejan espacio para la incertidumbre, para aquello que una mirada fugaz nunca puede llegar a conocer.
Hay también una reflexión sobre la identidad que recorre discretamente el libro. Al observar a otras personas, la autora descubre fragmentos de su propia historia, recuerdos y experiencias que parecían olvidados, de modo que la frontera entre lo íntimo y lo colectivo se vuelve porosa. Como ocurre en buena parte de su obra, la experiencia personal aparece inseparable de las condiciones sociales que la hacen posible.
Este librito puede leerse como un ejercicio de sociología espontánea, pero también como una reivindicación literaria de las vidas anónimas. Annie Ernaux demuestra que la realidad cotidiana contiene una densidad humana y social que merece ser observada y narrada, y con su escritura nos invita a prestar atención a quienes habitualmente pasan inadvertidas y a reconocer que nuestra propia existencia está hecha también de esas presencias desconocidas con las que compartimos, aunque sea durante unos instantes, el espacio público.

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