miércoles, 5 de agosto de 2026

Eterno anochecer

Forugh Farrojzad
Eterno anochecer. Poesía completa
Edición, traducción y notas de Nazanin Armanian
Gallo Nero, 2025 

"De la tierra de la luz, del amor, del dolor y la negrura,
una mujer partió de madrugada;
se arrastró, como un ave sin plumas que ha perdido el camino, 
y cargó con su hato repleto de fatigas y zozobra.

Ni una triste lágrima derramó nadie por su ausencia.
No comprendió su idioma nadie.
No supo per, la multitud indiferente,
que su canto era un himno a la nostalgia y la mugre".


Este libro, que reúne por primera vez en castellano toda la poesía de Forugh Farrojzad, nos permite recorrer la intensa evolución de una autora que revolucionó la literatura persa contemporánea y cuya escritura sigue resultando sorprendentemente moderna al atreverse a convertir su propia experiencia de mujer en el centro de una poesía radicalmente libre.

Como indica la traductora, Nazanin Armanian, resulta imposible separar su obra de su biografía. Nacida en Teherán en 1935, casada muy joven, divorciada poco después y privada de la custodia de su hijo, Forugh Farrojzad desafió todas las convenciones de una sociedad profundamente patriarcal y teocrática, y fue objeto de escándalo por escribir sobre el deseo femenino, el cuerpo, el amor, el fracaso matrimonial o la soledad sin ocultarse tras metáforas complacientes ni adoptar la voz que la tradición reservaba a las mujeres. Como escribe en "Rebeldía":

No trates de ponerme candados de silencio, 
que tengo que contar aún varias historias.
Quítame de los pies estos grilletes
que laceran mi carne lacerada.
[...]
Más tú, varón, ser engreído,
no condenes mis versos por infame.
Qué sabes tú de lo que se desborda
de mi pecho en esta jaula asfixiante.
[...]
Un libro, algo de paz, de intimidad, de poesía,
lo suficiente como para emborracharme
con el vino fugaz de la vida. ¿Por qué coy a lamentarme
por no tener acceso al paraíso prometido, si en mi corazón
albergo el paraíso de cada latir?
[...]
Renuncia al hadiz, varón,
que el desafío te embriague de placer.
Dios todopoderoso me perdona.
¿Quién sino él me dio a mí, su poeta,
este corazón tan loco?

Lo que atraviesa estos poemas es la búsqueda de una existencia auténtica, capaz de sostener la libertad incluso cuando esa libertad conduce a la intemperie. Su obra contiene una resonancia política inevitable al afirmar una concepción de la libertad incompatible con cualquier forma de dominación y reclamar para las mujeres el derecho a ser sujetos completos de experiencia, deseo, pensamiento y creación. Su escritura desafía el orden patriarcal precisamente porque rechaza reducir la vida femenina al sacrificio, al silencio o a la obediencia. 

En este sentido, hay un aspecto de su poesía que me conmueve especialmente. Cuesta no sentir una profunda tristeza al comprobar hasta qué punto una mujer de una vitalidad desbordante, de una inteligencia extraordinaria y de una libertad tan poco común quedó atravesada por el sufrimiento amoroso. Sus poemas muestran una personalidad que se niega a aceptar las convenciones de su tiempo y que aspira a vivir el amor como un encuentro entre iguales. Sin embargo, una y otra vez aparece la experiencia de la ausencia, de la incomprensión, de la dependencia afectiva o del abandono. Así lo expresa en "Echada al olvido"

No sé en qué habré fallado
para que haya desecho de este modo
la madeja de amor que nos unía.

Si yo viví en su corazón,
¿por qué no vino a verme más, por qué?
Donde quiera que mire me lo encuentro
mirándome estos ojos que han llorado.
El mal de amores se hizo dueño,
resentido, anhelante,
de mi ánimo alegre.

Al leerla resulta inevitable preguntarse cuántas mujeres extraordinarias han tenido que medir su propia felicidad con hombres incapaces de reconocer plenamente su libertad o de sostener una relación verdaderamente igualitaria. La tristeza que dejan algunos de sus poemas no nace únicamente del desengaño amoroso, sino de la intuición de que una mujer tan excepcional se vio obligada a buscar, en un mundo profundamente patriarcal, una reciprocidad que ese mismo mundo hacía imposible.

Es verdad que Forugh Farrojzad no convierte esa vulnerabilidad en sumisión: ama intensamente, desea intensamente, sufre intensamente, pero jamás renuncia a su propia voz. Sus poemas no transmiten la imagen de una mujer derrotada por el amor, sino la de alguien que se resiste a aceptar un amor que exija disminuirse a sí misma para ser correspondida. Esto es algo que se percibe, creo, al tener la oportunidad de leer toda su obra, de ver la evolución de su escritura desde su primer libro, titulado Cautiva, publicado en 1955, hasta su quinto y último poemario, Tengamos fe en el principio de la estación fría, terminado poco antes de su trágica muerte y publicado de forma póstuma en 1974.

Los primeros libros presentan un tono confesional y romántico, dominado por la pasión amorosa, la culpa y el conflicto entre el deseo y las normas sociales, con poemas intensos, a veces vehementes, donde la afirmación del yo aparece ligada al sufrimiento de quien intenta abrirse paso en un mundo que la condena. Pero, libro tras libro, esa voz va desprendiéndose de cualquier sentimentalismo para adquirir una profundidad existencial extraordinaria. En Otro nacimiento y, sobre todo, en Tengamos fe en el principio de la estación fría, la experiencia personal se convierte en una interrogación sobre el tiempo, la muerte, la naturaleza, la memoria y el sentido mismo de vivir. De este último libro es el poema "La ventana":

Una ventana para ver,
una ventana para oír,
una ventana como el aro de un pozo.
Su fondo llega al corazón de la tierra
y se abre hacia lo inmenso de esa amorosa continuidad de color azul.
Una ventana que llenan las pequeñas manos solitarias
de la generosidad nocturna del aroma
de las magnánimas estrellas.
Y se puede ver dese allí
invitar al sol a la añoranza de los geranios.
Me basta una ventana.

La poeta escribe desde la herida, pero también desde una inagotable voluntad de seguir viviendo. En sus versos hay una confianza obstinada en la posibilidad del renacimiento, de encontrar una nueva forma de habitar el mundo incluso después del dolor. La naturaleza ocupa un lugar central en esta búsqueda: árboles, pájaros, jardines, estaciones, lluvia o viento aparecen constantemente en sus poemas, constituyendo un lenguaje con el que pensar la transformación, la fertilidad, el desgaste del tiempo y la esperanza. Frente a una cultura que pretende inmovilizar la vida bajo normas morales rígidas, la naturaleza representa el movimiento continuo, el cambio y la posibilidad de comenzar de nuevo. Incluso  el invierno, la estación fría, contiene la promesa de otra primavera.

La temprana muerte de la autora, en un accidente de automóvil cuando apenas contaba treinta y dos años, contribuyó a convertirla en una figura casi legendaria. Sin embargo, el verdadero motivo por el que continúa siendo una de las grandes voces de la literatura del siglo XX no reside en el mito biográfico, sino en la fuerza de una obra que ha sobrevivido a los cambios políticos, culturales y religiosos de Irán. Leída desde el presente, Eterno anochecer demuestra que la poesía puede convertirse en un espacio de resistencia frente a todo  los intentos de clausura de la vida. 

martes, 4 de agosto de 2026

Algunas reflexiones publicadas a lo largo de este año

 


lunes, 3 de agosto de 2026

Nido

Roisín O'Donnell
Nido
Traducción de Maia Figueroa
Sajalín, 2026

"Ryan trae la corneja y la ata en el jardín de atrás. Le enseña fotos de su cuenta de Instagram en las que documenta el desarrollo de Chase a lo largo de los meses. Son fotos preciosas. Primeros planos de las alas. Por la manera en que habla, relajado y animado, es como si jamás hubiera pasado nada malo entre ellos".


Además de ser una extraordinaria novela sobre la violencia de género, esta es también una novela sobre las condiciones materiales de la libertad. La historia comienza cuando Ciara decide abandonar a su marido, un hombre que durante años ha ejercido sobre ella un control asfixiante, que parece haberla anulado como persona. Ryan no recurre a la agresión física, pero su presencia resulta permanentemente amenazadora, percibimos en todo momento que la violencia podría desencadenarse en cualquier instante, y esa posibilidad basta para mantener a Ciara en un estado de miedo continuo. El verdadero instrumento de dominación no son los golpes, sino el control psicológico: Ryan vigila el dinero, fiscaliza cada movimiento de su esposa, la aísla de sus amistades, cuestiona sistemáticamente sus decisiones y acaba haciéndola dudar de su propio criterio. Roisín O'Donnell describe con desnuda precisión esa violencia coercitiva que no deja huellas visibles, pero que va erosionando lentamente la identidad y la autonomía de quien la sufre. El resultado es una atmósfera de angustia insoportable: al leerla experimentamos la sensación de caminar constantemente sobre un terreno inestable, donde cualquier palabra o cualquier gesto pueden desencadenar una nueva humillación o una nueva amenaza.

Entre todos esos temores que atenazan a Ciara hay uno especialmente aterrador: la posibilidad de que Ryan haga daño a sus hijas y a su hijo. El miedo a la violencia vicaria se convierte así en uno de los instrumentos más poderosos de su dominio sobre Ciara. La amenaza ni siquiera necesita formularse de manera explícita, basta con que ella sepa que sus hijas e hijo son el lugar donde puede ser herida de la manera más devastadora. Esto permite comprender mejor algunas de las aparentes contradicciones de Ciara. Vista desde fuera, podría preguntarse por qué duda, por qué calcula cada movimiento, por qué no rompe definitivamente todos los vínculos con Ryan, pero la novela desmonta esa mirada simplificadora. Marcharse no significa dejar atrás el peligro. Al contrario, cuando existen hijas e hijos comunes, la separación puede incluso abrir nuevos espacios de incertidumbre: visitas, custodias, imagen pública, decisiones judiciales, encuentros inevitables y la posibilidad de que el agresor los utilice para mantener el control sobre quien ha decidido romper la relación. Hay algo especialmente logrado en la manera en que Roisín O'Donnell transmite este miedo: no necesita que Ryan ejerza efectivamente violencia física contra las criaturas para que la amenaza resulte insoportable; como ocurre con el resto de su comportamiento, lo decisivo es la posibilidad. Ciara tiene que vivir anticipando lo que Ryan podría hacer, interpretando sus palabras, midiendo sus reacciones y calculando continuamente los riesgos. El terror procede precisamente de esa incertidumbre. El control coercitivo acaba colonizando la totalidad de su futuro, al obligarla a vivir imaginando permanentemente el peor desenlace posible.

En este escenario, el verdadero conflicto no consiste en reunir el valor para marcharse, sino en descubrir hasta qué punto escapar de una relación de maltrato resulta extraordinariamente difícil cuando no existe un lugar al que poder ir: "Una cosa es irse y otra muy distinta es no volver". La crisis de la vivienda que atraviesa Irlanda deja así de ser un simple telón de fondo para convertirse en uno de los ejes fundamentales del relato, y el título de la novela resume perfectamente esa tensión. Un nido evoca protección, seguridad y cuidado, pero también puede convertirse en una prisión cuando deja de ser posible abandonarlo. La autora juega con esa ambivalencia desde las primeras páginas. El hogar, tradicionalmente asociado al refugio, aparece aquí como el espacio del miedo y de la dominación, por lo que la decisión de Ciara no consiste únicamente en abandonar una casa, consiste, sobre todo, en intentar construir por primera vez un hogar en el sentido pleno de la palabra.

Uno de los pasajes más reveladores de la novela llega justo cuando parece que la protagonista ha alcanzado por fin aquello que ha perseguido durante toda la novela: una vivienda propia. Hasta ese momento, el relato nos ha hecho sentir que de esa casa depende casi todo. Sin un domicilio estable resulta imposible ofrecer seguridad a los hijos, acceder a determinadas ayudas o afrontar con mayores garantías la disputa por la custodia. La vivienda aparece, con razón, como la condición material indispensable para comenzar una nueva vida. Pero aquí la autora introduce un giro tan inesperado como profundamente verdadero. Una vez instalada en su nueva casa, Ciara descubre que ha perdido algo esencial: en el hotel donde convivía con otras mujeres que atravesaban situaciones semejantes existía, pese a todas las limitaciones y precariedades, una forma de compañía, una profunda sororidad. Había otras miradas, otras voces, otras presencias, existía la posibilidad de pedir ayuda, de compartir el miedo, de saber que no estaba completamente sola. Ahora, en cambio, dispone por fin de una vivienda, pero se encuentra aislada. La autora resume esa paradoja con una frase estremecedora: "Entonces Ciara se da cuenta. Lejos de ser un lugar seguro, esa casa es una trampa mortal". La vivienda que debía representar la liberación se convierte en un espacio de absoluta vulnerabilidad: Ryan conoce dónde vive y nadie puede escuchar si llama a la puerta, nadie advertirá su presencia si irrumpe en el domicilio. El miedo cambia de escenario, pero no desaparece.

Este episodio introduce una reflexión de enorme calado sobre el propio significado del hogar. Tendemos a identificar la seguridad con la privacidad, como si bastara disponer de un espacio propio para sentirse protegida. Sin embargo, la novela muestra que, en determinadas circunstancias, el aislamiento puede convertirse en un factor de riesgo. Lo que antes protegía a Ciara no eran las paredes del hotel de acogida temporal, sino la presencia de otras mujeres, la posibilidad de una solidaridad cotidiana, la existencia de una comunidad, por precaria que fuera. La novela cuestiona así una concepción profundamente individualista de la seguridad: un hogar no es un espacio privado del que excluir a las demás personas, por el contrario necesita una red de relaciones que impida que quien lo habita quede completamente sola frente a la amenaza. La autonomía no consiste en no necesitar a nadie, sino en poder vivir sin miedo gracias, entre otras cosas, a la existencia de vínculos de apoyo mutuo. Por eso Nido termina siendo también una novela sobre la comunidad. La salida de la violencia exige recursos públicos, exige una vivienda, exige protección institucional, pero exige igualmente la existencia de otras personas. Nadie reconstruye su vida en soledad. 

La pregunta que subyace a toda la historia no es tanto por qué una mujer permanece junto a su agresor, sino adónde puede ir cuando decide abandonarlo. La escasez de vivienda asequible, las interminables listas de espera para acceder a un alojamiento, la precariedad económica y la insuficiencia de los recursos públicos aparecen como obstáculos tan reales como el propio maltratador. La violencia de género y la crisis de la vivienda dejan de ser problemas independientes para revelarse como dos dimensiones de una misma realidad. La novela recuerda que derechos como la libertad, la autonomía o la igualdad no pueden entenderse únicamente como principios jurídicos o aspiraciones morales, sino que necesitan apoyarse en condiciones materiales que los hagan efectivamente posibles. Una sociedad que no garantiza un acceso digno a la vivienda dificulta enormemente que muchas personas puedan ejercer otros derechos fundamentales. El hogar deja de ser un asunto privado para convertirse en una cuestión profundamente política.

Porque la libertad no consiste únicamente en abrir una puerta y marcharse. También requiere encontrar otra puerta que pueda cerrarse con la tranquilidad de saber que, al otro lado, comienza verdaderamente un hogar. Y, desde aquí, poder volar.

domingo, 2 de agosto de 2026

Layera, Pico de la Cruz, Gasterantz y Ganeran

Repito paseo realizado hace casi exactamente un año, aunque cambiando el sentido. Ni rastro de los champis del año pasado.





A la izquierda el Pico de la cruz, a la derecha (donde se ver el arbolito solitario) el Layera.

Layera.
Sierra Salvada.



Pico de la Cruz.


Ganekogorta, Gallarraga y Eretza desde el Pico de la Cruz.
Gasterantz.

Ganeran.










domingo, 26 de julio de 2026

M. El fin y el principio

Antonio Scurati
M. El fin y el principio
Traducción de Carlos Gumpert
Alfaguara, 2026

"Y entonces, volverá. Podréis cortar esa soga, pero el cadáver permanecerá colgado para siempre e la marquesina de esa gasolinera, inacabado, listo para su uso, maldecido y maldiciente. Volverá con cada mala cosecha, en la canícula irrespirable de agosto, en la tristeza del sol en su ocaso por occidente, en la melancolía de un nuevo siglo que nada promete y, precisamente por eso, cumple su promesa.
Volverá en los patéticos bustos de bronce, transmitidos de padres a hijos, exhibidos con melindrosa jactancia en los salones burgueses, pero, sobre todo, volverá en los estratos bajos de la vida, reducida a sus humores -rencor, resentimiento, traición- y en su mayor pasión, el miedo. Volverá cada vez que invoquéis al hombre fuerte que no sois ni seréis jamás, al Jefe capaz de guiaros, permaneciendo a  vuestras espaldas, avivando vuestro descontento, cada vez que al borde de las tinieblas lloriqueéis pidiendo que os cuenten un cuento para dormir: uno más, papaíto, uno más, por favor. Volverá y os repetirá siempre la misma cantilena: yo soy el pueblo, el pueblo soy yo, y al diablo con todo lo demás; el mal no existe, solo existen los hombres malvados con sus maleficios; la realidad no es compleja, es simple, es infantil la realidad, todos los problemas se reducen a uno solo, ese problema a un enemigo, el enemigo a un extranjero, el extranjero a un invasor. Y al enemigo extranjero invasor se le puede matar, se le debe matar, de un tiro en la cabeza y de otro en el corazón".


Este  último volumen de la imprescindible pentalogía de Scurati es una inmersión en la fase más oscura del fascismo italiano. Si los primeros volúmenes de la serie relataban el ascenso de Mussolini y la consolidación de su régimen, y los siguientes mostraban su desgaste progresivo, este último nos introduce en los aproximadamente seiscientos días que transcurren entre la creación de la República Social Italiana o República de Saló en septiembre de 1943 y la muerte del dictador en abril de 1945. Con un Mussolini en absoluto declive, el foco del libro ya no recae exclusivamente sobre "el hijo del siglo", sino sobre la violencia en todas sus manifestaciones: como forma de gobierno, como lógica de la guerra civil, como instrumento de la ocupación nazi y como legado que perdura más allá del derrumbe del régimen.

El líder seguro de sí mismo que dominaba los primeros volúmenes ha dejado paso a un hombre física y políticamente vencido, reducido a depender de Hitler y del fanatismo de un reducido grupo de seguidores. Esa decadencia podría invitar a una lectura compasiva, pero Scurati rehúye cualquier forma de indulgencia: el Mussolini de estos últimos meses aparece como un personaje cada vez más debilitado, pero nunca desvinculado de la responsabilidad por la espiral de violencia que acompañó el ocaso del fascismo italiano, cuando, en su fase terminal, el régimen mostrará sus expresiones más brutales, al menos hacia el interior de Italia, pues en Etiopía y en Libia ya había practicado sin control ninguno la masacre  y la tortura.

Uno de los mayores aciertos del libro consiste en desplazar la mirada hacia la República de Salò, un episodio que durante mucho tiempo permaneció en un segundo plano dentro de la memoria pública italiana. Frente a la imagen del fascismo asociada al consenso de los años treinta o a la escenografía propagandística del régimen, Scurati sitúa en primer plano los meses marcados por la colaboración con la ocupación alemana, la guerra entre italianos, las represalias, las ejecuciones y la persecución sistemática de toda forma de resistencia. El autor sugiere así que la verdadera naturaleza del fascismo no solo se manifiesta cuando conquista el poder, sino también cuando, incapaz de conservarlo mediante el consentimiento, recurre exclusivamente al terror para prolongar su existencia.

"Por otro lado, en esta primavera sangrienta, todo Milán se ha convertido en una ciudad de torturadores. Los de la Muti no son los únicos, en efecto, que practican sistemáticamente este preludio gratuito a la muerte.  Cada una de las diversas fuerzas policiales, más o menos legales, tiene su propio sótano enlodado de sangre y sus propias escuadras de sádicos. [...] Desde sus sótanos se alzan día y noche los gritos desgarradores de hombres y mujeres atormentados con sopletes, duchas hirvientes, garrotes de acero, violados con porras, látigos y nudos malayos. Los gritos de dolor se mezclan con los de placer: las carcajadas de los borrachos, con las gargantas destrozadas por el licor de marca, roncos por la cocaína".

Desde esta perspectiva, la novela rebasa el interés puramente histórico. No se limita a contar cómo termina un régimen, sino que reflexiona sobre aquello que permanece después de su caída. El propio título apunta en esa dirección: el final contiene ya el germen de un nuevo comienzo. La desaparición del fascismo no elimina las fracturas sociales, las memorias enfrentadas ni determinadas culturas políticas que seguirán condicionando la vida italiana durante décadas. La exhibición del cadáver de Mussolini en Piazzale Loreto simboliza el cierre de una etapa, pero en absoluto supone la erradicación de aquello que el fascismo había sembrado.


Esa lectura del título encuentra una confirmación especialmente elocuente en los dos apartados con los que Scurati cierra el libro: "Las muertes" y "Una vida". El primero ofrece un breve recorrido por el destino de numerosos dirigentes y colaboradores del régimen. Aunque algunos fueron ejecutados o murieron en los últimos compases de la guerra, otros muchos lograron escapar, reintegrarse en la vida pública o incluso encontrar acomodo en las nuevas estructuras políticas, económicas (como el caso de Pirelli) y de inteligencia de la posguerra, incluidas la CIA y el propio Estado italiano; y no podemos olvidar que el Movimiento Social Italiano, partido de inspiración abiertamente fascista, fue fundado ¡en diciembre de 1946! El segundo se centra en la figura de Liliana Segre, superviviente de Auschwitz y posteriormente una de las voces más importantes de la memoria del Holocausto en Italia. En ese contraste entre las supervivencias del fascismo y la supervivencia de quien padeció sus consecuencias más extremas se condensa el sentido profundo de El fin y el principio: toda conclusión histórica abre simultáneamente procesos distintos y contrapuestos. Termina un régimen, pero comienza la larga disputa por su memoria, por sus herencias y por el significado que ese pasado tendrá para el futuro. Me parece, además, que hay un elemento especialmente brillante en la estructura elegida por Scurati. El libro no concluye con la muerte de Mussolini, que sería el final previsible de una biografía del dictador, tampoco termina con el balance de los jerarcas fascistas. Decide cerrar con la vida de Liliana Segre, y esta es, creo, una elección de enorme fuerza simbólica: el último nombre de la pentalogía no es el del verdugo, sino el de una víctima que sobrevivió para dar testimonio. Después de miles de páginas dedicadas a explicar cómo se construyó y cómo cayó el fascismo, la última palabra no pertenece al poder totalitario, sino a la memoria resistente. Esa decisión narrativa transforma el sentido del conjunto de la obra: la historia de Mussolini termina, pero la responsabilidad de recordar apenas comienza, como advierte el autor al inicio del libro:

"Hoy, más que cuando di comienzo a este relato, un número consistente y creciente de italianos, europeos y estadounidenses tienden a ignorar, a negar e incluso a añorar esta terrible historia. De esta manera, se preparan para repetirla bajo nuevas formas. Hoy, más que nunca, se hace necesario seguir contándola. Asumir la responsabilidad. Frente al pasado, al presente y, por encima de todo, al futuro".

Scurati mantiene el procedimiento narrativo que ha caracterizado toda la saga y que la ha convertido en una de las propuestas literarias más singulares de los últimos años, de modo que su obra no puede entenderse ni como una novela histórica convencional ni como un ensayo en sentido estricto. Se trata de una reconstrucción literaria sustentada en un trabajo documental extraordinariamente amplio, donde los hechos, los discursos y los personajes remiten constantemente a fuentes históricas. La aportación del escritor reside en su portentosa capacidad para articular ese inmenso caudal documental en un relato continuo, dotando de profundidad psicológica a sus protagonistas y ofreciendo una interpretación coherente de un periodo especialmente complejo.

Leída en su conjunto, la serie M. representa una extraordinaria contribución tanto a la literatura como a la comprensión pública del fascismo. Sin pretender sustituir el trabajo de la historiografía, consigue acercarnos a la experiencia humana del poder totalitario sin atenuar en ningún momento la responsabilidad de quienes lo ejercieron. Esa combinación entre rigor documental y ambición narrativa permite comprender que los procesos históricos más destructivos no son fruto de personajes excepcionales o monstruosos, sino de individuos reconocibles capaces de transformar el resentimiento, el miedo y la violencia en instrumentos de dominación política.

Por ello la lectura termina interpelando más al presente que al pasado. El libro no solo reconstruye el derrumbe del fascismo italiano, también invita a reflexionar sobre la fragilidad de las democracias y sobre los mecanismos mediante los cuales pueden erosionarse desde su interior. Su desenlace no funciona únicamente como el cierre de una biografía política, sino como un recordatorio de que ninguna sociedad puede considerar definitivamente superada la amenaza del autoritarismo.

"A todos los que aún creen
en la democracia.
Que se preparen para
luchar".
 

viernes, 24 de julio de 2026

Montaña Palentina

Breve pero preciosa escapada a la Montaña Palentina. Paisajes extraordinarios, ascensión al Pico Murcia (al descender nos cruzamos con un amplísimo grupo de montañeras y montañeros que ascendían a "su pico": ¡sí, venían de Murcia! a colocar su bandera que, como me dijo uno de ellos con una sonrisa, "es roja" 😀), paseo hasta Mazobre y larga conversación al frescor de la cascada, y mucha vida salvaje: una liebre, ciervas y cervatos, buitres, vencejos, golondrinas, busardos ratoneros, un halcón peregrino (creo) y muchos, muchos rebecos.