miércoles, 22 de enero de 2020

CUCHILLO de Jo Nesbo

Jo Nesbo
Cuchillo
Traducción de Lotte Katrine Tollefsen
Penguin Random House, 2019

"Bjorn asintió mientras examinaba sorprendido el rostro sonriente de Harry. El brillo intenso y poco natural de sus ojos. ¿Tal vez se le había ido la pinza de verdad? Quizá la pena había acabado por empujarlo al abismo. Pero entonces la sonrisa de Harry pareció desmoronarse, como el hielo quebradizo de las mañanas de octubre, y Bjorn se asomó de nuevo a la negra profundidad de su dolor. Como si Harry solo hubiera querido saborear un poco la alegría. Y luego la hubiera escupido".


Hace cinco años, comentando una novela anterior de Nesbo, me preguntaba cuándo dejaría de sufrir Harry Hole, el personaje mas atormentado de la novela negra. Desde luego, no es ahora, no en esta oscurísima historia.

Hole ha recaído en su alhoholismo, Rakel lo ha apartado de su vida y todas sus relaciones, personales o profesionales, se desarrollan en términos absolutamente tóxicos. Por si todo esto fuera poco,
Svein Finne, un violador reincidente que fue detenido por Hole hace años, es puesto en libertad; cuando una joven es violada, Hole tiene la seguridad de que ha sido Finne y se obsesiona con detenerlo de nuevo y devolverlo a la prisión utilizando para ello cualquier medio.

Pero las cosas van a empeorar de manera dramática: decir más sería destripar la novela. El caso es que en esta, la duodécima entrega de la serie protagonizada por Harry Hole, nos estará vedado cualquier atisbo de esperanza.

Tramas entrecruzadas y giros argumentales te mantienen atado a la lectura con el corazón en un puño. No pueden quedar ya muchas más historias de Harry Hole. Ya está tardando la siguiente. Eso sí, insisto en la idea de que se trata de una serie, de manera que esta historia, como las precedentes, están llenas de referencias a personajes y situaciones de novelas anteriores, sin las que nos perderíamos bastantes cosas.

domingo, 19 de enero de 2020

Marismas de Santoña, Victoria y Joyel

Esta mañana hemos visitado las marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Una maravilla.
Nos ha pillado la pleamar, hacía viento y frío. No hemos podido ver muchas aves, la verdad.
Pero no importa: ha sido un primer contacto con un espacio natural al que volveré, seguro, en más ocasiones y con más tranquilidad.