sábado, 7 de marzo de 2026

Los vigías

Taina Tervonen
Los vigías
Traducción de Iballa López Hernández
Errata naturae, 2025

"Escucho a Saliou y me digo que no es uno de los cinco, sino uno de las decenas, de las centenas de vigías. me digo que Carlo y Carmen también lo son, así como Pavlos Pavlidis, médico forense de Alejandrópolis, Grecia, que se las arregla con lo que tiene a mano para identificar los cadáveres del los ahogados en el río Evros, que separa Turquía de Grecia; como Paqui Hidalgo Quintero, concejala en el ayuntamiento de Tarifa, que cada año consigue que se apruebe una partida para cubrir los gastos de los entierros anónimos; y como Mustafa Dawa, en la isla griega de Lesbos, que se puso a lavar los cuerpos y a rezar por ellos en vista de que nadie más lo hacía".


Este ensayo de Taina Tervonen se sitúa en la continuidad del trabajo periodístico y narrativo que la autora finlandesa-francesa ha desarrollado durante más de una década en torno a las migraciones y las desapariciones en las fronteras de Europa. La autora combina investigación, relato y reflexión ética, construyendo un texto que no es solamente un reportaje sobre la crisis migratoria, sino también una meditación sobre la memoria, la responsabilidad y la invisibilidad de ciertas tragedias contemporáneas. En este sentido, el libro dialoga claramente con su obra previa Las sepultureras, dedicada a las mujeres que exhuman fosas comunes de la guerra de Bosnia, con la que comparte una preocupación central: qué ocurre cuando las instituciones dejan cuerpos sin nombre y cómo algunas personas se encargan de restituirles su identidad y dignidad.

Mientras Las sepultureras exploraba el trabajo de quienes buscan a los desaparecidos de una guerra pasada, Los vigías se desplaza hacia un presente todavía en curso. El libro se adentra en el drama de las personas migrantes que desaparecen en las rutas marítimas hacia Europa, especialmente en el Mediterráneo y el Atlántico. Miles de personas mueren o se esfuman cada año en estas travesías precarias, y muchas de esas muertes ni siquiera quedan registradas oficialmente. Sin cuerpos recuperados ni listas completas de víctimas, estas desapariciones generan una forma de duelo suspendido para las familias que esperan noticias. Frente a esta ausencia de reconocimiento institucional, el ensayo se centra en quienes intentan vigilar, documentar y responder a esa tragedia.

"-¿Ves? Si tecleo '23' en WhatsApp, me sale un grupo que zarpó de El Aaiún el 23 de septiembre de 2022, con veintinueve desaparecidos, cuatro muertos y un único superviviente.
Cuando se busca esa misma fecha en Google, aparece un naufragio frente a las costas sirias, con una salida desde el Líbano -noventa y cuatro cadáveres recuperados-, pero nada sobre el que se produjo frente a Marruecos. Con cada historia que me relatan los vigías, calibro el abismo que existe entre la realidad de la que son testigos y aquella de la que dan cuenta los medios. ¿Cuántos muertos invisibles habrá por cada muerto mencionado en la prensa?".

El núcleo del libro está compuesto por cinco retratos de personas a las que Tervonen denomina “vigías”. No se trata de grandes organizaciones ni de autoridades estatales, sino de mujeres y hombres que, por distintos motivos, han asumido la tarea de observar y reaccionar ante lo que ocurre en el mar. Algunos siguen las embarcaciones a través de sistemas de localización y redes de comunicación informales; otras reciben llamadas o mensajes de socorro de personas que navegan en barcos improvisados o se dedican a registrar nombres, reconstruir trayectorias o ayudar a las familias que buscan a sus desaparecidos. A través de estos cinco perfiles, el libro revela la existencia de una red extensa de personas que se niegan a aceptar la invisibilidad de estas muertes.

La elección del término “vigía” es significativa. Estos personajes no siempre tienen la capacidad de intervenir directamente en las situaciones de peligro; a menudo su papel consiste simplemente en observar, escuchar y transmitir información. Sin embargo, en el universo moral del libro, ese gesto adquiere un valor crucial: vigilar significa negarse a apartar la mirada, significa también documentar lo que sucede para que no desaparezca en el silencio. Taina Tervonen sugiere que, en un contexto en el que las instituciones tienden a diluir la responsabilidad y a convertir las tragedias en estadísticas, el acto de prestar atención se convierte en una forma de resistencia.

"En realidad, acabamos siendo testigos de crímenes. Si oyes morir a alguien o sabes que esa persona corre peligro, debes hacer cuanto esté en tus manos por ayudarle. Si no, eso se llama omisión del deber de socorro. Así que lo único que puedo hacer es procurar que se sepa. Que se sepa que se están cometiendo esos crímenes. Aunque sea consciente de que no podré salvar a nadie en ese momento. Pienso en los que que vendrán después. Todos albergamos esa esperanza".

La estructura narrativa del ensayo refleja esta perspectiva. En lugar de presentar un análisis abstracto de las políticas migratorias, la autora organiza el libro como una serie de historias que se entrecruzan. Cada capítulo se aproxima a uno de estos vigilantes y a su trayectoria personal: cómo llegaron a implicarse en este trabajo, qué redes utilizan, qué dilemas enfrentan. A medida que las historias avanzan, percibimos la magnitud del sistema informal que se ha desarrollado alrededor de las rutas migratorias. Es una red frágil, a menudo improvisada, pero sostenida por fuertes convicciones éticas.

Uno de los temas más poderosos del libro es la cuestión de la invisibilidad. Las desapariciones en el mar generan una forma particular de ausencia: sin cuerpos recuperados, muchas familias quedan atrapadas en una incertidumbre permanente. La autora recoge testimonios de padres, hermanos o hijos que continúan esperando noticias durante años. En este contexto, el trabajo de las y los vigías,  como el de las "sepultureras" Senem y Darija, consiste en devolver nombres, historias y memoria a quienes podrían quedar reducidos a un número o desaparecer completamente de los registros. Sus muertes sí importan.

El relato se construye a partir de fragmentos de conversaciones, mensajes recibidos en mitad de la noche, coordenadas marítimas, listas de nombres o reconstrucciones de trayectorias migratorias. Esta acumulación de elementos cotidianos hace que la tragedia global de las migraciones no sea una abstracción, sino una serie de situaciones específicas vividas por personas reales. Por eso, su dimensión política es evidente. Las historias que recoge muestran hasta qué punto las rutas migratorias actuales están marcadas por políticas de control que empujan a las personas hacia trayectos cada vez más peligrosos. También en el Bidasoa. En ese contexto, las y los vigías aparecen como una forma de contrapoder moral: individuos que intentan compensar, aunque sea parcialmente, la indiferencia o la insuficiencia de las estructuras oficiales.

Esta combinación de investigación rigurosa, narración sensible y reflexión moral convierte a Los vigías en una obra significativa que nos enfrenta a una pregunta fundamental: en un mundo donde tantas tragedias ocurren lejos de nuestra vista, ¿qué significa no apartar la mirada?

viernes, 6 de marzo de 2026

Nicaragua

Comparto la presentación de la conferencia sobre la situación que sufre Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La conferencia ha tenido lugar esta mañana en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV/EHU, organizada por la Plataforma Nacional Juvenil, Nicaragua Libre y Feministas por Nicaragua - Euskal Herria. 
Las intervenciones de Dora María Téllez y de Ana Margarita Vijil han sido extraordinarias. Espero que puedan compartirse pronto en su integridad.
 
 

[1] Belaunaldi oso batentzat Nikaragua herrialde urrun bat baino zerbait gehiago izan zen: itxaropen bat izan zen. Hogei edo hoheitamar urte inguru genituen askorentzat, iraultza sandinista herrialde eta mundo justuago bat eraikitzeko benetako aukera izan zen.

Gaur, Nikaragua diktadura batenpean bizi denean eta ahots kritiko asko isilarazi, espetxeratu edo herrialdetik bota dituztenean, giza eskubideak eta demokrazia defendatu dituztenei entzun nahi diegu. Mahai inguru hau zer gertatu zen, zer gertatzen ari den eta Nikaraguarentzat zer etorkizun imajinatu daitekeen ulertzeko gonbidapena da.

[2] Nicaragua fue, para toda una generación, algo más que un país lejano: fue una esperanza. Para muchos y muchas de quienes entrábamos en la veintena o la treintena en 1979, la revolución sandinista representó la posibilidad real de construir un país más justo.

En su libro de memorias ADIÓS MUCHACHOS, quien fuera vicepresidente con Daniel Ortega, Sergio Ramírez, cuenta que en 1983 el canciller austríaco Bruno Kreisky le dijo: «Qué difícil debe resultar para ustedes ser la esperanza de los demás».

 

[3] Y es que fue una revolución profundamente cultural: la Nicaragua Nicaraguita que cantaba Carlos Mejía Godoy, la de los poemas de Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Claribel Alegría o Leonel Rugama, una revolución que parecía hecha también de palabras, música y sueños. Como escribía la poeta argentina Etelvina Astrada en su contribución al libro colectivo CON NICARAGUA: HOMENAJE AL PUEBLO NICARAGÜENSE:

Desde el alba preliminar del Caribe,

preludio del salto mortal e inmortal de América

ha comenzado a clarear,

a sumarse la luz,

luz de luz

y porque es tiempo de amanecer

en Nicaragua

de cuerpo entero se hizo la luz.

 

[4] Desde los primeros momentos temimos que aquel proceso podía sucumbir a la vieja maldición latinoamericana de estar, como dijo Porfirio Díaz, «tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos». La guerra de la Contra pareció confirmarlo. Sin embargo, con el paso del tiempo Nicaragua terminó enfrentándose a otra tragedia: la deriva autoritaria surgida desde dentro del propio proceso revolucionario. Vuelvo a recurrir a Sergio Ramírez:

«Destronar a Somoza tenía como consecuencia necesaria la revolución, no la transición pacífica a que otros sectores de la sociedad aspiraban. Y una propuesta de cambio radical necesitaba de un poder radical, capaz de defenderse y librarse de riesgos. Era, además, un poder para siempre. Tampoco se triunfa con las armas para conquistar un poder de corto plazo, cuando se trata de barrer con la historia. Y en esa circunstancia, los moderados comienzan a resultar sospechosos».

[5] Hubo otra mujer profundamente comprometida con la revolución, Rosa Luxemburgo, que ya nos advirtió en 1918 de los riesgos que se derivan de toda revolución armada, por más justificada que esta pueda parecer: la suspensión de la democracia y la libertad:

«Con toda seguridad, toda institución democrática tiene sus límites e inconvenientes, lo que indudablemente sucede con todas las instituciones humanas. Pero el remedio que encontraron Lenin y Trotsky, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se supone va a curar; pues detiene la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales”.

Y plantea esta poderosa y tan actual proclama:

«La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial».

[6] Hoy, cuando Nicaragua vive bajo una dictadura y muchas voces críticas han sido silenciadas, encarceladas o expulsadas del país, queremos escuchar a quienes han defendido los derechos humanos y la democracia. Esta conferencia es una invitación a comprender qué ocurrió, qué está ocurriendo y qué futuro puede imaginarse para Nicaragua. Contamos para ello con la participación de dos destacadas feministas y activistas políticas nicaragüenses.

[7] Dora María Téllez, historiadora, tuvo un papel dirigente destacado en la lucha popular que derrocó a la dinastía de los Somoza y fue ministra de Salud durante la Revolución Popular Sandinista en los años 80.

Fundó el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS, hoy UNAMOS) a mediados de la década de los 90, junto con otras y otros destacados dirigentes que dejaron el FSLN debido a los rasgos autoritarios que ya se percibían en este partido.

Encarcelada en 2021 por denunciar las violaciones de derechos humanos por parte del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y permaneció 606 días en condiciones extremas de aislamiento y tortura, hasta que en 2023 fue expulsada de Nicaragua y desnacionalizada.

Referente internacional en la lucha por la democracia y la justicia en Nicaragua, estando presa recibió el Doctorado Honoris Causa por las Universidades de Helsinki y La Sorbonne Nouvelle de París, así como el Premio René Cassin 2022 de Derechos Humanos del Gobierno Vasco.

[8] Ana Margarita Vijil es una abogada y cientista política que trabajó en la disputa territorial entre Nicaragua y Colombia ante el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya, y presidió el Movimiento de Renovación Sandinista de 2012 a 2017.

Fue apresada junto a Dora María durante un allanamiento policial en su casa, sin orden judicial y con uso de drones, y permaneció en aislamiento durante más de 86 semanas, hasta que fue expulsada de Nicaragua y desnacionalizada.

Con una amplia trayectoria en la defensa de la democracia y los derechos humanos, recibió en 2024 el Premio Valors por parte del Consejo de los Ilustres Colegios de la Abogacía de Catalunya (CICAC).

[9] No puedo terminar esta presentación sin recordar con emoción a nuestro querido Juan Zubillaga, Zubi, que fue profesor de esta universidad y un enamorado de Nicaragua.


 

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Como bestias

Violaine Bérot
Como bestias
Traducción de Pablo Martín Sánchez
Las afueras, 2022

"Volvimos al lugar después de que ustedes pasaran por allí. Vimos de nuevo al burro. Nos dio la impresión de que estaba inquieto. Con la niña nos había parecido tan tranquilo. También vimos cabras un poco más arriba, en la zona más escarpada del peñasco. También ellas se pusieron en alerta unos instantes, como el asno. Con la ayuda de los prismáticos vimos cómo nos observaban. Era como si todos los animales del lugar vigilaran a los humanos. Como si estuvieran intranquilos por el ajetreo de los últimos días. O inquietos por la desaparición del Oso y la niña. Percibimos claramente ese ambiente particular, tan nuevo, tan tenso".


Una novela impresionante, breve y perturbadora, que adopta la forma de una fábula rural para explorar los mecanismos íntimos del miedo, la exclusión y la violencia contra las mujeres. La historia se sitúa en un valle de montaña donde la vida transcurre bajo códigos antiguos, entre la dureza del paisaje y la persistencia de rumores y leyendas. Allí aparece una niña pequeña junto a un joven gigantesco y casi salvaje, conocido por los vecinos como “el Oso”, que vive apartado de la comunidad y apenas se comunica con palabras. Ese hecho desencadena una investigación policial, pero el centro del relato no es la resolución del enigma, sino la reacción del pueblo ante aquello que no comprende.

La novela se articula a través de una estructura coral: distintas vecinas y vecinos hablan con la policía, recuerdan, sospechan. Cada voz aporta una versión parcial, teñida de prejuicios, supersticiones o compasión. El joven y la niña no cuentan su propia historia, son narrados por la comunidad, que observa y juzga. De este modo asistimos no tanto a un caso policial como a la radiografía moral de un grupo humano enfrentado a lo diferente, a un joven extraño que parece habitar una frontera difusa entre lo humano y lo salvaje. La novela cuestiona la rigidez de esa frontera: ¿qué define realmente la humanidad? ¿el lenguaje, la convivencia social, el respeto a normas compartidas? Lo supuestamente “bestial” puede contener una forma de inocencia o autenticidad, mientras que lo socialmente aceptado revelar una terrible violencia latente, particularmente de los hombres contra las mujeres.

"Así que las hadas, permitirme creer en las hadas, fue en cierto modo un alivio. De vez en cuando, en lugar de tener pesadillas, veía a las hadas. Se me aparecían. Las hadas de la gruta, las que cuidan de los bebés. Una se aferra a lo que puede. El mundo real se había vuelto demasiado peligroso, el horror podía surgir de cualquier parte, incluso de aquellos cuya conducta parecía irreprochable. Por suerte, estaban las hadas. [...] Puede parecer pueril. Pero no soy en absoluto una chavalita de quince años ni una iluminada. No hay nadie que tenga más los pies en el suelo que yo, nadie más pragmático, los que me conocen pueden confirmárselo. Y sin embargo... A todas las chicas que algún día conocerán ese horror les deseo que encuentren a las hadas, ellas las ayudarán a levantarse".

En el relato resulta central la presencia de la leyenda y lo mítico. En el valle circulan historias de hadas, criaturas del bosque y apariciones, narraciones que se entrelazan con el suceso contemporáneo, creando una atmósfera donde lo real y lo fabuloso conviven. El relato se mueve en ese espacio ambiguo, donde la racionalidad policial no logra disipar del todo el halo de lo inexplicable.

Violaine Bérot deja que las voces, con sus silencios y contradicciones, revelen la tensión subyacente, de manera que cada testimonio añade una capa de significado y nos obliga a participar activamente en la reconstrucción de unos hechos que nunca son plenamente desvelados. 

Como bestias es una de las lecturas que más me han impactado en mucho tiempo, tanto por su forma como por su fondo. La recomiendo sin reservas.

El corazón revolucionario del mundo

Francisco Serrano
El corazón revolucionario del mundo
Tusquets, 2025

"Forma de vida autotélica, encerrada en sí misma, justificada por la propia existencia. Todo el dolor causado era inútil, estéril, y sin embargo irrenunciable. Los muertos dejados atrás adquirirían quizá un sentido futuro, lo que requería no detenerse nunca, no aflojar, no dejar de matar, no dejar de perseguir al enemigo, aunque el enemigo ya no tuviera forma alguna".


Una exploración del fervor ideológico y sus fisuras más  íntimas ambientada en la convulsa Europa de los años setenta. Es verdad que la obra parte de un contexto muy reconocible (las células revolucionarias clandestinas, el idealismo radical, la conspiración política), pero pronto deja claro que su objetivo no es reconstruir un momento histórico, sino indagar en la psicología y las emociones que sostienen la fe revolucionaria.

La historia sigue a Valeria Letelier, una joven que se siente atraída por la fuerza magnética de un líder revolucionario que predica la transformación total. Lo que comienza como adhesión idealista se convierte en un proceso de iniciación marcado por el entrenamiento, la disciplina y la violencia latente. En espacios cerrados, en pisos clandestinos y casas aisladas en el campo, la novela construye escenarios que se convierten en laboratorios morales donde se ponen a prueba la lealtad, la obediencia y la identidad personal.

La revolución se muestra como un territorio ambiguo donde conviven la generosidad y el deseo de justicia con el narcisismo, la manipulación y el sacrificio de la individualidad. Y un machismo rampante: siempre son las mujeres las que preparan y sirven un café o limpian el desorden. La figura del líder carismático resulta clave: encarna tanto la promesa de sentido como el riesgo de sometimiento. Frente a él, la mirada de Valeria permite observar cómo la fascinación ideológica puede entrelazarse con vínculos afectivos complejos, diluyendo la frontera entre convicción política y dependencia emocional.

Aunque la novela incorpora elementos propios del thriller político (clandestinidad, preparación armada), su verdadero impulso es introspectivo. Serrano se detiene en los mecanismos internos del grupo, en los rituales de cohesión y en las tensiones que surgen cuando la teoría debe enfrentarse a la práctica. La violencia, cuando aparece, no está romantizada y funciona más como interrogante moral que como espectáculo narrativo. De este modo, el relato invita a preguntarse qué significa realmente transformar el mundo y qué coste implica hacerlo.

"No vamos a dar la vuelta ahora. hace mucho que no podemos dar la vuelta. De ninguna manera, Valeria".

Una novela que utiliza el marco histórico de la insurgencia setentera para plantear preguntas totalmente vigentes: ¿de dónde nace el impulso revolucionario? ¿Qué relación existe entre idealismo y poder? ¿Hasta qué punto una causa colectiva puede absorber la identidad individual? Sin ofrecer respuestas, Serrano propone una indagación que nos deja reflexionando sobre la delgada línea entre convicción y fanatismo, entre esperanza transformadora y pérdida de una misma.