lunes, 14 de noviembre de 2016

Abstención y edad

Sondeo electoral de Celeste Tel para EL DIARIO.
Aunque no es nuevo, llama mucho la atención el distinto comportamiento del voto en función de la edad. Sobre todo la marcada tendencia a la abstención entre el electorado más joven.
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sábado, 12 de noviembre de 2016

En el Mirador de San Nicolás, cuando Leonard Cohen ya se había ido

Casi un mes sin poder acercarme hasta aquí. Literalmente: no he tenido tiempo material para hacerlo, aunque ganas y temas no me han faltado. Pero me ha tocado, además de las clases en la UPV/EHU, desplazarme como un animoso feriante a Osorno, Tarragona, Vitoria, Madrid, Donostia, Zaragoza o Granada.
Precisamente este pasado lunes me encontraba en Granada para impartir clases en un máster. Tenía la tarde libre, una tarde luminosamente soleada, aunque fría. Y aproveché para cumplir con uno de mis más queridos rituales: ascender las callejuelas del Albayzín hasta el Mirador de San Nicolás para desde ahí, contemplar la Sierra Nevada (claro), admirar la Alhambra (¡cómo no!) y, sobre todo, dejarme sugerir por la leyenda que que aparece en la fachada del Restaurante "Estrellas de San Nicolás", a la izquierda según miramos hacia la Alhambra: "Casa de la tradición y la traducción". Un detalle cuya historia y significado nadie me ha sabido explicar y, lo que es más curioso, pasa desapercibido para la mayoría de la gente que sube hasta el Mirador. El caso es que a mí me fascina: traducir la tradición. Casi mejor me quedo sin saber la historia de este letrero, no sea que la explicación resulte tan banal que me desilusione.


El caso es que yo estaba en San Nicolás el lunes. El mismo día que, según parece, falleció Leonard Cohen, aunque no supimos de su muerte hasta el miércoles. Leonard Cohen: poeta y cantatutor esencial, enamorado de Lorca y de Granada, contemplativo también en el Mirador de San Nicolás.

Fuente: Ideal

Ahí grabó el vídeo de su canción "Take This Waltz". Ahí estaba yo, el lunes, sin saber que Leonard Cohen ya nos había dejado.

sábado, 15 de octubre de 2016

De la abstención a la absolución

Analizar la deriva del PSOE, desde aquella primavera de 2014 en la que Pedro Sánchez fue fabricado como secretario general por un aparato acostumbrado a hacer de aprendiz de brujo hasta este otoño de 2016 cuando Sánchez fue derribado por el mismo aparato que lo encumbró, será algún día un caso digno de estudio en las facultades de Ciencias Sociales, pero, hoy por hoy, no es más que un ejercicio de melancolía. Todo lo que podía salir mal ha salido mal.

Las elecciones del 20-D abrieron la posibilidad, aunque fuera compleja, de constituir una alternativa de gobierno de izquierdas. La cerrazón del aparato socialista, rechazando desde el minuto uno cualquier posibilidad de explorar un acuerdo “con quienes sólo aspiran a desplazarnos en el espacio de la izquierda y con quienes quieren romper España”, y la arrogante impericia negociadora de Podemos, llevaron al PSOE a intentar un acuerdo con Ciudadanos condenado al fracaso.

Las elecciones del 26-J nos dejaron un escenario bien distinto. En primer lugar, en lo que se refiere a la aritmética: un millón doscientos mil votos y 5 escaños menos para los dos partidos de la izquierda estatal; pero, sobre todo, dos partidos heridos tras la frustrante experiencia anterior: mutuamente agraviados, recelosos, vengativos incluso, haciendo inviable cualquier pretensión de sumar para construir un gobierno de izquierdas. Lo más inteligente hubiese sido pactar desde el principio una abstención política (no “técnica”) en la segunda sesión de investidura, con el fin de construir cuanto antes una oposición parlamentaria al gobierno conformado por PP y Ciudadanos dirigida a revertir las contrarreformas impulsadas durante la etapa de mayoría absolutista de Rajoy. Pero no se hizo así, y PSOE y Podemos han gastado cuatro preciosos meses en peleas internas (tuiteadas o retransmitidas en directo por La Sexta), proponiendo trilemas imposibles (ni gobierno de Rajoy, ni elecciones en diciembre, ni acuerdo con Podemos), elevando vetos cruzados y, en general, jugando con la paciencia y la ilusión de una buena parte del electorado progresista.

Pero todo eso es pasado, aunque haya ocurrido hace apenas unas semanas. Ahora estamos en otra situación, supuestamente un punto de inflexión. Lo que empezó con Pedro Sánchez se ha querido terminar acabando con el propio Sánchez: como si el ex secretario general del PSOE fuera la pieza defectuosa con cuya eliminación sería posible volver a poner en marcha la maquinaria de la gobernabilidad en España. Muerto el perro se acabó la rabia, aquí paz y después gloria, colorín colorado: viaje en el tiempo y a situarnos en el momento anterior a la primavera de 2014. No exactamente como si nada hubiera ocurrido, pero casi.

Pero estos ejercicios orwellianos de reconstrucción del pasado sólo le funcionan a la derecha. No, tampoco a Stalin le funcionaron. ¿Lo de la Gurtel? Ya está amortizado: es algo que ocurrió en fechas tan lejanas como 2004; todos los juzgados están ya fuera del PP, aunque en tiempo hubieran estado tan dentro; no será para tanto, cuando seguimos ganado las elecciones (ejemplo de argumentación-Trump: “Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes"). La izquierda lo tiene más complicado; de hecho, una clave infalible para situar o no a una fuerza política y a sus votantes en el espacio de la izquierda es precisamente esta de la capacidad para reconstruir con éxito su propio pasado: cuando esta reconstrucción funciona, hay que dudar de la condición de izquierda de la fuerza en cuestión. (Propuesta de discusión: EH Bildu y su reflexión sobre el pasado reciente de Euskadi).

El caso es que un Comité Federal del PSOE desarrollado en unas condiciones que harían la delicia de Fellini (por lo surrealista) o de los Monty Python (por lo cómico) optó por la amputación, por la cirugía extrema, confiando en poner así el contador a cero y hacer, ahora sí, lo que tal vez deseaban hacer pero no hicieron en diciembre, y lo que debían haber hecho pero no se atrevieron en junio: abstenerse. Pero cuando se pierde el tiempo no se pierde sin más, se pierde en una determinada dirección. Hay pérdidas de tiempo que permiten recomponer situaciones, hay otras que sólo las agravan. El desesperado intento de Javier Fernández por explicar que el juicio de la Gurtel no está sirviendo para conocer nada que no supiéramos ya y que, por ello, el PSOE no debería "construir una barricada ética” contra un PP chorreante de corrupción, es el canto del cisne de un político aplaudido por su integridad socialista. Lo siento, pero la próxima decisión de los dirigentes del PSOE de facilitar el gobierno de Rajoy no va a ser interpretada como una simple abstención, sino como una auténtica absolución. Por hacerlo tarde y mal. Sobre todo, mal.

 PUBLICADO EN EL DIARIO NORTE

domingo, 9 de octubre de 2016

Algunas lecturas







Aunque la coyuntura política y laboral me está obligando a hacer numerosas lecturas "finalistas", dirigidas a redactar informes, escribir artículos de opinión, preparar cursos o redactar artículos de investigación, no sé vivir sin leer por el simple placer de hacerlo. Así pues, para no perder las buenas costumbres, comparto algunas de estas últimas lecturas, por si a alguien le puede interesar.

Empezamos por El solitario del desierto, de Edward Abbey (Capitán Swing, Madrid 2016).
Ya nos hemos referido en comentarios pasados a Edward Abbey, aunque en su faceta de novelista: hemos hablado de La banda de la tenaza, también de El vaquero indomable y de ¡Hayduke vive!. En el caso de El solitario del desierto nos encontramos con el relato autobiográfico de la época en la que trabajó como guarda forestal en el Parque Nacional de los Arcos, en el sureste de Utah. Leyéndolo, comprendemos mejor los anteriores relatos de ficción: su militante rechazo de esa falsa idea del progreso consistente en permitir que cualquier espacio natural sea accesible para cualquiera utilizando medios mecánicos; su añoranza por las viejas formas de existencia más integradas en la naturaleza, como la de los indios navajos; y, sobre todo, su amor incondicional por los desérticos paisajes del sur de Estados Unidos:

"Agua, agua, agua... No hay escasez de agua en el desierto, sino exactamente la cuantía justa, una proporción perfecta de agua y roca, de agua y arena, que asegura ese amplio, libre, abierto, generoso espaciamiento entre plantas y animales, casas y pueblos y ciudades, que hace el Oeste árido tan diferente de cualquier otra parte de la nación. No hay falta de agua aquí, a menos que intentes emplazar una ciudad donde no debería haber nunca una ciudad".


Seguimos con American Gods, de Neil Gaiman (Roca Bolsillo, Barcelona 2015). Ya hice una referencia a este libro hace algunas semanas. Un relato que permite múltiples lecturas. Lo que más me ha fascinado es su historia de fondo: todos esos viejos dioses que fueron llegando a América del Norte con cada grupo humano que alcanzó sus costas, y que ahora se sientes olvidados y abandonados, sustituidos por las nuevas deidades de la modernidad capitalista:

Resultado de imagen de neil gaiman american gods roca bolsillo—Cuando la gente vino a América nos trajeron con ellos. Me trajeron a mí, a Loki y a Thor, a Anansi y al Dios León, a los leprechauns, a los Cluracans y a las Banshees, a Kubera y a la Madre Nieve, y a Ashtaroth, y también a vosotros. Llegamos aquí en su pensamiento, y echamos raíces. Viajamos con los colonos a las nuevas tierras más allá del océano.
»El país es inmenso. Nuestra gente no tardó en abandonarnos, nos convertimos en un mero recuerdo, en criaturas del Viejo Continente, como si no hubiéramos viajado con ellos hasta el Nuevo Mundo. Nuestros creyentes más devotos pasaron a mejor vida, o simplemente dejaron de creer, y nos abandonaron a nuestra suerte, aterrados y desposeídos, condenados a vivir de los escasos restos de fe que pudiéramos encontrar aquí y allá. Condenados a apañárnoslas como buenamente pudiéramos.
»Y eso es lo que hemos hecho hasta ahora, ir tirando, siempre al margen, intentando pasar desapercibidos.
»Apenas tenemos influencia, afrontémoslo y admitámoslo de una vez. Nos aprovechamos de ellos, les robamos, y así vamos tirando; nos desnudamos, nos prostituimos y bebemos demasiado; ponemos gasolina y robamos; engañamos y existimos en las grietas que hay en los márgenes de la sociedad. Somos viejos dioses en este nuevo mundo sin dioses».
Wednesday hizo una pausa. Miró uno por uno a los que le escuchaban, con la seriedad de un hombre de Estado. Todos le miraban impasibles, sus rostros parecían máscaras completamente inescrutables. Wednesday se aclaró la voz y escupió, con fuerza, en el fuego de la hoguera. Las llamas se avivaron e iluminaron el interior del palacio.
—Ahora, como todos vosotros habréis podido comprobar ya, están apareciendo nuevos dioses en América, que se aferran a nuevas formas de fe: dioses de tarjeta de crédito y de autopista, de Internet y del teléfono, de la radio, del hospital y de la televisión, dioses del plástico, de los buscas y del neón. Dioses orgullosos, criaturas necias y gordas, felices de ser tan novedosos y estar adquiriendo tanta importancia.

La guerra entre los viejos y los nuevos dioses se está preparando. Los humanos ya están notando las consecuencias. Y uno de ellos, Sombra, va a tener un protagonismo especial:

Sombra sintió lástima por todos ellos.
Había arrogancia en los nuevos. Sombra podía verlo. Pero también había miedo.
Tenían miedo de que a menos que siguieran el ritmo del cambiante mundo, a menos que rehicieran, redibujaran y reconstruyeran el mundo a su imagen y semejanza, estarían acabados.
Cada bando se enfrentaba al otro con valentía. Para cada bando, los del bando contrario eran los demonios, los monstruos, los condenados.
Sombra vio que ya había tenido lugar una pequeña escaramuza. Ya había sangre en las rocas.
Se estaban preparando para la auténtica batalla; para la auténtica guerra. Era ahora o nunca, pensó. Si no se
movía ahora, sería demasiado tarde.


También he leído la última novela de Lorenzo Silva, Donde los escorpiones (Destino, Barcelona 2016), protagonizada por los ya familiares investigadores de la Guardia Civil Rubén Bevilacqua y Virgina Chamorro que, en esta ocasión, deben investigar el posible asesinato de un militar español destinado en una base militar internacional en Afganistán.
Se trata, si no me equivoco, de la novena entrega de las historias protagonizadas por la pareja de investigadores. Repleta, como en las anteriores novelas, de referencias a la actualidad, más allá del argumento y la trama criminal que en ella se desarrolla, por otro lado excelentemente bien construida, me ha vuelto a impresionar la humanidad, casi existencialista, que Silva incorpora a todas sus historias:

- Quiénes somos tú o yo para decidir eso, Virgi -dije-. Y menos para decidirlo respecto de gente como esta. De Pascual, de Kate, de Ahmad. O de Jessica o del mismísimo Mircea, que es un cabrón con pintas. Quiénes somos tú o yo para juzgar lo que son y lo que hacen los que han tenido que vivir y salir adelante ahí, donde los escorpiones, adonde fueron a parar por su torpeza o porque alguien los envió, porque no lo pensaron bien ellos o no lo pensaron bien otros. Qué sabemos o podemos saber de cómo se decide o se deja de decidir cuando tienes rota o desencajada la máquina de tomar decisiones.
- ¿Los exculpas?
- No. Todos somos culpables, porque todos existimos, y actuamos sin saber, y siempre nos acabamos llevando por delante algo, o a alguien. Mi duda es otra, hasta dónde pasó lo que pasó porque alguien hizo lo que no debía y alguien necesitó vengarse de la afrenta, o porque los dos habían perdido ya la capacidad de querer y entender a los demás como quiere y entiende al prójimo alguien normal.
- ¿Y quién es normal?
- Nadie, por supuesto. Por eso es mejor que tú y yo nos dediquemos a lo que tenemos que dedicarnos: buscar pruebas para demostrar que se ha producido uno de esos hechos a los que el Código Penal atribuye alguna consecuencia. [...] [Después] es el problema de otros.
- Lo sé. A veces pienso que esa chica tiene razón.
- En qué.
- No arreglamos nada. Creamos una apariencia. Aramos el mar.


El cuarto de los libros es La profundidad del mar amarillo, de Nic Pizzolatto (Salamandra, Barcelona 2015). Aunque publicado en la colección Black de esta editorial, que ya nos ha ofrecido varios títulos más que destacables (entre ellos Galveston, del mismo Pizzolatto), en realidad no se trata de un libro del género "negro", sino de un conjunto de relatos en la línea de los narradores estadounidenses clásicos, como Cheever, Carver o Ford.
Son relatos cortos, en los que se concentra la intensidad de unas vidas casi siempre rotas o sumamente frágiles. "Se dio cuenta de que llevaba toda la vida esperando la oportunidad de cagarla de aquella manera", reflexiona uno de los personajes. Historias de sueños incumplidos, de fracasos, de abandonos. A ratos surrealistas.


Continuamos con una breve novela de tono biográfico de Teju Cole, titulada Cada día es del ladrón (Acantilado, Barcelona 2014). De su anterior y muy celebrada novela, Ciudad abierta, ya nos hicimos eco en este blog.
"En esto consiste ser un extraño, en marcharse y que no quede un vacío", escribe Cole en un momento de la novela  En esta capacidad de construir desde la extrañeza o la extranjería, combinando distancia y cercanía, una plataforma desde la que observar lo mismo su Nigeria de juventud que los Estados Unidos donde vive desde 1992, estriba el mayor atractivo de la escritura de Teju Cole.
Aunque no alcanza la calidad de Ciudad abierta, una lectura más que interesante.



Resultado de imagen de james trump ensayo sobre la imbecilidadTambién he leído un ensayo del filósofo de la Universidad de California Aaron James que lleva por título Trump. Ensayo sobre la imbecilidad (Malpaso, Barcelona 2016). Parece bastante evidente que la manifiesta imbecilidad de Trump es un rasgo de su personalidad que no necesita de confirmación exterior: no hay más que pensar en sus tabernarias, machistas y chulescas afirmaciones sobre las mujeres que acabamos de conocer. Así lo cree, también, James:

Ojo: no estamos preguntando si Trump es o no un imbécil, porque a este respecto parece existir un consenso generalizado (¿o se le ocurre al lector un modo mejor de definirlo con una sola palabra?). De hecho, para muchos de cuantos lo apoyan podría ser éste su mayor atractivo comercial.  La pregunta es, más bien, qué clase de imbécil podría lograr una hazaña similar de un modo tan espectacular. O sea: se trata de una cuestión de "imbecilogía". Entre las muchas especies que pueblan el ecosistema de los imbéciles, ¿a cuál pertenece Trump con exactitud?

Pero el caso es que, como advierte el autor, en determinadas circunstancias ser ese imbécil que es Trump puede ser una baza política. Por eso, más allá de este caso en particular, el ensayo de James nos ofrece algunas pistas interesantes para reflexionar sobre un fenómeno más general:

La ascensión de Trump encaja con tendencias más amplias en una globalización del sálvese quien pueda que ha alzado a posiciones de relieve a dirigentes populistas en toda Europa, impulsados por la nostalgia nacionalista, las reivindicaciones de clase y la inseguridad económica.


Resultado de imagen de aramburu patria
Y termino con la última y ya muy comentada novela de Fernando Aramburu, Patria (Tusquets, Barcelona 2016). Lo diré en pocas palabras: se trata de una novela que tenemos la obligación de leer. No alcanza, en mi opinión, la capacidad de sacudir mi conciencia que tuvo (y tiene) Los peces de la amargura, pero contiene escenas y personajes de una enorme intensidad dramática. Inolvidable esa poderosa Arantxa que, desde su desvalimiento sólo físico, le suelta a un atormentado Xabier: "Si te da un ictus nos casamos".
Será una lectura incómoda. Nadie saldrá de este libro indemne. En ocasiones puede hasta disparar la protesta: no fue así, o no sólo fue así, o no todo fue así. Por ejemplo, y lo referencia porque ya hablamos de ello aquí: ¿hay que volver a insistir (p. 462) en el supuesto silencio cómplice, por cobardía o por clientelismo, de los escritores en euskera?
Pero lo dicho: una novela que todas y todos deberíamos leer.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Frankenstein en Ferraz



“Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo. ¿Cómo expresar mi sensación ante esta catástrofe, o describir el engendro que con tanto esfuerzo e infinito trabajo había creado?".

Las palabras con las que se abre el capítulo 4 de la imprescindible novela de Mary Shelley, Frankenstein, o el moderno Prometeo, nos ofrecen la clave interpretativa que da sentido, sentido profundo, a la coyuntura que hoy vive el PSOE. En resumen: un ser creado de la nada que acaba autonomizándose y enfrentándose a los designios de su creador.

No pongo en duda los valores y las capacidades que posee Pedro Sánchez. Diré más: son muchas sus características personales que hacen de él un más que decente líder político. Pero este potencial ha sido, en todo caso, un descubrimiento sobrevenido. No han sido estos valores, desconocidos en aquel momento, los que le propulsaron hasta la secretaría general del PSOE. Pedro Sánchez resultó ganador en aquellas primarias de junio de 2014 exclusivamente como resultado de una operación concertada de los aparatos federal y autonómicos del partido socialista. En el gabinete del doctor Frankenstein de Ferraz, distintos grupos de poder acordaron activar la hidráulica del partido para elevar a Pedro Sánchez hasta la secretaría general. ¿Por qué razón? Lo ignoro. La fontanería política nunca ha sido mi fuerte.

Pero una cosa me parece indiscutible: en unas primarias realmente abiertas, libres, transparentes, sin intromisiones ni “sugerencias” aparatistas, un absoluto desconocido como Pedro Sánchez jamás hubiese podido derrotar a Jose Antonio Pérez Tapias ni, sobre todo, a Eduardo Madina. Como informaba por aquellos días EL DIARIO, Sánchez recibió 14.389 avales en Andalucía, frente a 2.698 de Madina y 2.129 de Pérez Tapias; y sólo en Sevilla Sánchez fue avalado por 4.598 afiliados, mientras que Madina recogió 485 y Pérez Tapias 268. ¿Simple entusiasmo militante? No se lo cree nadie.

Recordemos lo que ocurrió con aquellas primarias en Euskadi, más concretamente en Gipuzkoa. En Bizkaia Eduardo Madina, con 828 votos (45,17% del total), superó a Pedro Sánchez (671 votos, el 36,61%). Pero en Gipuzkoa, territorio que representa la quintaesencia del PSE rocoso, controlado, organizado, con una participación del 76,57%, se impuso Sánchez por 867 votos (71,71%) frente a 221 (18,28%) de Madina. ¡En Gipuzkoa! Hablamos de Eduardo Madina: vasco, joven, víctima de ETA; con un discurso propio, sólido; todo menos victimista, conciliador, razonable. De nuevo, nadie puede creerse que su derrota frente a Sánchez fuera resultado de la simple decisión de las afiliadas y afiliados socialistas.

El PSOE lleva mucho tiempo haciendo experimentos similares a los del doctor Frankenstein. Casi siempre los ha llamado “primarias”. Ya ocurrió con Borrell y Almunia, o con Gómez y Trinidad Jiménez en Madrid. Infundir un hálito de vida en una criatura inerte, construir un candidato o candidata con trozos de aparato, de poder local, de intereses cortoplacistas, y luego controlarlo. Pero a veces, como nos advierte Mary Shelley, la criatura se autonomiza y decide que quiere vivir por sí y para sí misma. Incluso aunque, para lograrlo, tenga que morir matando.

Publicado en EL DIARIO NORTE

lunes, 26 de septiembre de 2016

Distintas formas de mirar los resultados electorales

Como en la novela de Julio Llamazares Distintas formas de mirar el agua, en la que dieciséis personas unidas por lazos familiares contemplan las aguas del pantano que anegó el pueblo del abuelo Domingo, a cuyas aguas se disponen a arrojar sus cenizas para cumplir su última voluntad de reposar lo más cerca posible de la tierra, hoy sumergida, donde nació. Hay también distintas formas de mirar los resultados de estas últimas elecciones al Parlamento vasco. Los datos que recojo en las dos tablas permiten que las lectoras y lectores lleguen a sus propias conclusiones.

[1] Para empezar, hay que señalar el apabullante éxito de Elkarrekin Podemos, sólo matizado por el hecho de que los resultados finalmente obtenidos van a ser confrontados, inevitablemente, con las expectativas generadas por los distintos sondeos (la mayoría les otorgaban alrededor de 15 escaños) y, sobre todo, con los espectaculares resultados de las últimas dos convocatorias de elecciones generales (335.740 votos el 26-J, 317.674 el 20-D). Evidentemente, tendrán que reflexionar sobre la diferencia final que se ha dado entre las previsiones demoscópicas y la realización final (algo diré al respecto más adelante, cuando analicemos los datos de participación) y, sobre todo, en Elkarrekin Podemos deben buscar con urgencia la manera de escapar de la trampa del voto dicotómico (en las elecciones “vascas” voto una cosa, en las “españolas” otra) que condena a los partidos de ámbito estatal a complementar a los partidos nacionalistas. Pero entrar por primera vez en el Parlamento vasco con 156.000 votos es contar con un suelo que, si se trabaja bien, puede convertirse en trampolín para futuras convocatorias. Si se trabaja bien. La falta de experiencia institucional de las personas que lo van a representar va a necesitar de mucho apoyo exterior.

[2] El PNV es la única otra fuerza que puede mostrarse plenamente satisfecha con los resultados obtenidos. Los datos hablan por sí solos. Es cierto que pocas veces antes habíamos visto una campaña tan personalista como esta de la “U”. ¿Cuántos de los votos obtenidos son votos directos a Urkullu? El lehendakari ha encarnado un “modelo de éxito”, aunque la valoración concreta de su gestión al frente del Gobierno vasco no sea para tirar cohetes: según la encuesta preelectoral del CIS el 49% de las vascas y vascos califican de buena la situación general del País Vasco (¡el 64,5% de las personas de 18-24 años!), frente al 65% que consideran la situación general de España mala o muy mala; sin embargo, solo el 36% de las personas encuestadas calificaban de buena (y el 6,5% de muy buena) la gestión realizada al frente del Gobierno vasco del lehendakari Iñigo Urkullu. El mito del “oasis vasco” parece definitivamente establecido; si es así, salvo catástrofe, el partido gobernante cuenta con viento favorable.

[3] El PSE ha perdido 86.000 votos y 7 escaños. Su situación es la más delicada de todas. Por sí mismo parece atrapado en un proceso acelerado de entropía, de pérdida de energía, que lo sitúa muy cerca del punto de no retorno. Sin embargo, la aritmética (9 + 29 = 38) prefigura un escenario de gobierno de coalición. El espejismo de ser “necesario para la estabilidad del gobierno” en un entorno de evidente inestabilidad puede hacerles olvidar que el socialismo vasco se encuentra en una situación tan crítica que su futuro se juega fuera de las instituciones: en la recomposición del partido y en su reconexión con la sociedad. La sombra del PNV es lo suficientemente alargada y espesa como para ocultar a sus aliados de gobierno; que miren, si no, lo que está pasando con la Diputación de Bizkaia o con el Ayuntamiento de Bilbao.

[4] A pesar de la pérdida de más de 50.000 votos desde 2012, en EH Bildu respiran aliviados por no haber salido todo lo malparados que se preveía. Venían de los 153.339 votos del 26-J y de unos sondeos que apuntaban a su superación por Elkarrekin Podemos, por lo que los resultados obtenidos les permiten reforzarse en el terreno de juego y constatar que hay partido, y que en unas elecciones autonómicas o locales son capaces de plantar cara a la nueva izquierda post 15-M. Otra cosa es a qué van a dedicar su capital político en la próxima legislatura. Con una plancha renovada en la que sólo Jone Goirizelaia conecta con la vieja cultura militante de la izquierda abertzale, no les va a resultar sencillo gestionar la tensión entre conciliar con el PNV para impulsar un frente soberanista a la catalana y cuestionar sus políticas socioeconómicas para no perder espacio frente a Elkarrekin Podemos.

[5] En cuanto al PP, pueden estar razonablemente contentos con sus resultados. Son los últimos, pero son. Siguen siendo el refugio de un votante que aspira a resistir más que a influir. Aunque para conseguir este objetivo tengan que quedarse con aquello que menos parece movilizar a la mayoría del electorado vasco: la identidad explícitamente vascoespañola, la sospecha frente a la inmigración y las ayudas sociales, la memoria del terrorismo.

CANDIDATURAS
VOTOS 2016 (%)
VOTOS 2012 (%)
VOTOS (2016/2012)
ESCAÑOS (2016/2012)
EAJ-PNV
397.664 (37,65%)
384.766 (34,61%)
+ 12.898
29 / 27
EH BILDU
224.254 (21,23%)
277.923 (25,00%)
- 53.669
17 / 21
PSE-EE/PSOE
126.139 (11,94%)
212.809 (19,14%)
- 86.670
9 / 16
PP
107.357 (10,16%)
130.584 (11,75%)
- 23.227
9 / 10
ELKARREKIN PODEMOS
156.671 (14,83%)
41.943 (3,77%)
+ 114.728
11 / 0
C´S
21.362 (2,02%)
NP

0 / NP
PH
351 (0,03%)
1.113 (0,10%)

0 / 0
EK-PCPE
461 (0,04%)
442 (0,04%)

0 / 0
PACMA/ATTKAA
8.550 (0,80%)
4.066 (0,37%)

0 / 0
PFYV
1.819 (0,17%)
821 (0,07%)

0 / 0
EB / AZ
1.281 (0,12%)
11.480 (1,03%)

0 / 0
O.E.
367 (0,03%)
101 (0,01%)

0 / 0
VOX
774 (0,07%)
NP

0 / NP
GANEMOS:SI SE PUEDE
6.036 (0,57%)
NP

0 / NP
LN
187 (0,01%)
NP

0 / NP
RECORTES CERO-GV
2.733 (0,25%)
NP

0 / NP
Los datos comparativos del 2012 para ELKARREKIN PODEMOS, se corresponden con la suma de los votos obtenidos entonces por Ezker Anitza (IU) y EQUO.

Pero aunque los votos, su distribución y su resultado en escaños, sea lo más llamativo de unas elecciones, merece la pena detenerse, aunque sólo sea brevemente, en los datos generales de participación. En este momento, me limito a apuntar dos reflexiones.

[1] Aunque el censo potencial de votantes se ha incrementado en 8.000 personas, finalmente la abstención se ha incrementado en más de cuatro puntos porcentuales, superando el 40% y convirtiéndose en la opción de 76.000 ciudadanas y ciudadanos más que en 2012. Son muchas personas. La abstención puedes ser una de las grietas a través de las cuales el contexto estatal se filtra en la política vasca: una parte de la ciudadanía, aburrida o cabreada con la crisis de gobernabilidad en España, ha abordado estas elecciones vascas como si fueran “las terceras” de la serie inaugurada el 20-D; otra parte, seguramente votante potencial del PSE o de Elkarrekin Podemos, ha podido verse desanimada como consecuencia de los líos internos (pero absoluta y frívolamente exteriorizados) en los que se han ido metiendo ambas formaciones en el ámbito estatal.

[2] Habrá que esperar a las encuestas postelectorales, pero es probable que la abstención haya castigado más a EH BIldu y, sobre todo, a Elkarrekin Podemos. ¿Por qué lo digo? En el estudio preelectoral del CIS quedaba clara la preferencia de voto hacia el PNV entre las personas de más edad, que eran además quienes más seguras estaban de ir a votar y quienes en mayor medida decían tener ya decidido su voto, frente a las personas más jóvenes, más tendentes a votar a EH Bildu y Podemos, pero algo menos seguras de ir a votar y con muchas más dudas sobre el sentido final de su voto. Por otra parte, en ese mismo estudio encontramos que las personas de 18-24 años eran las que en mayor medida decían que a la hora de votar lo más importante a tener en cuenta serían “los temas generales de España” (el 23,3%, frente al 16,6% de media).


Diferencia 2016/2012
2016
2012
Censo
+ 8.063
  1.783.414
  1.775.351 
Votantes
- 68.214 (- 4,11%)
1.067.354 (59,85 %) 
1.135.568 (63,96 %) 
Nulos
- 4.483 (- 0,37%)
4.685   (0,44 %) 
  9.168   (0,81 %) 
Blancos
- 7.977 (- 0,67%)
6.663    (0,62 %)
14.640   (1,29 %) 
Abstención
+ 76.277 (+ 4,11%)
716.060 (40,15 %)
  639.783 (36,04 %) 
Los datos de 2016 son provisionales.


En fin, que a pesar de la rotundidad de los datos, hay tema para rato. Habrá que seguir mirando el agua.