sábado, 30 de junio de 2018

El retorno a la comunidad

El lunes participo en el curso "Salud en los barrios. Empoderamiento y participación comunitaria", en el marco de los Cursos de Verano de la UPV/EHU en Donostia-San Sebastián. Comparto aquí la presentación que he preparado.

























































viernes, 22 de junio de 2018

Premeditación, disposición, reiteración


Premeditación. “Quillo, en verdad follarnos a una buena gorda entre los cinco en San Fermín sería apoteósico. Prefiero follarnos a una gorda entre cinco que a un pepino de tía ya solo”. Iban a lo que iban. No fue un calentón, ni un de repente, ni una “provocación”. No se buscaba seducir, compartir. Se trataba de follar, no de ser follado; de hacerlo de la manera más cutre, en el lugar más inhóspito. Igual se podían haber hecho unas pajillas, como propone Torrente (¡cuánto se le parecen!), pero no era una cuestión de satisfacción sexual, sino de violación. De violación (“tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad”), sí, aunque no dijeran esa palabra. Se trataba de violentar la voluntad de una mujer cualquiera. Para exhibirse. Para compartir (la manada son muchos más que los cinco depredadores, también hay carroñeros que obtienen satisfacción de la exposición de su presa). Tras consumar la agresión la abandonaron desnuda, la despojaron de su móvil. Y luego, a disfrutarlo.

Disposición. “Cuando está así con una tía o algo que él ve que tiene posibilidades de follar, se pone súper salido ¿eh? Y súper asqueroso el cabrón. Es como un enfermo. Se le cambia hasta la cara, los ojos así todos abiertos. Parece que está viendo un expositor de pollos asados”. ¿Y los demás? ¿Y los que le acompañaban? Súper salidos, súper asquerosos, como enfermos… Todos ellos en perfecto estado de revista cuando de follar se trata. Al fin y al cabo, dos son militares, y saben de lo importante que es el entrenamiento, la preparación, la disposición.

Reiteración. Me cuesta creer que fuera la primera vez: algo apuntaban sus colegas: “Cuando está así con una tía…”. Si fue la primera vez, no iba a ser la última: premeditación y disposición más que demostradas, si la agresión les hubiera salido “bien”, ¿por qué no volver a repetirla? Máxime si tenemos en cuenta que la víctima no tenía nombre y apellidos, ni rasgos físicos particulares. Era sólo “una buena gorda”. Cualquiera. Y las hay a miles. En los ya próximos sanfermines o en cualquier pueblo que celebre sus fiestas de verano.

Por favor, no me contéis más veces lo de la presunción de inocencia y lo de que es normal aplicar la libertad provisional cuando una sentencia está recurrida.

domingo, 17 de junio de 2018

Tres novelas

EL BANQUETE DE LAS BARRICADAS
Pauline Dreyfus
Anagrama, 2018
Traducción de Javier Albiñana

El 22 de mayo de 1968, mientras la huelga general paraliza París y las manifestaciones callejeras dibujan un escenario pre-revolucionario, un extravagante grupo humano recala en el señorial Hotel Meurice, donde se va a celebrar el banquete protocolario con motivo de la entrega del premio literario Roger-Nimier. Las habitaciones que hospedaron en otros tiempos al rey Alfonso XIII, al sultán de Zanzibar, al príncipe de Grecia o al maharajá de Kapurtala, el mismo hotel donde se alojó el estado mayor nazi durante la ocupación, acoge ahora a la millonaria Florence Gould, mecenas del premio, a su amigo y también millonario J. Paul Getty, a Salvador Dalí, a Gala y a su ocelote, así como a varios escritores ya añejos y con un pasado sospechosamente colaboracionista. Por cierto, el galardonado es Patrick Modiano, por su primera novela, La Place de l'Étoile (publicada en castellano como El lugar de la estrella).
Pero, contagiados por el Mayo rebelde, el personal del Meurice ha decidido hacerse cargo de la gestión del hotel, destituyendo al director, que deambula por las estancias del hotel como alma en pena. Para demostrar que la autogestión funciona, deciden seguir adelante con el banquete: "A nadie se le había ocurrido que la autogestión lo convirtiera a uno tanto en prisionero como en persona libre". Y así, mientras en las calles se alzan barricadas y la policía reprime las manifestaciones, en el hotel se va desarrollando una historia en la que los últimos días de la ocupación nazi se entremezclan con la revuelta de Mayo, y la anécdota del Meurice condensa lo que en 1968 vivía la sociedad francesa.
En varias ocasiones a lo largo del libro, a modo de estribillo, se hace referencia a las fiestas de locos medievales, ese día en el que el orden de las cosas se invierte y "cada cual se endosa la ropa de otro e interpreta un papel". Eso sí, al día siguiente "cada cual vuelve a ocupar su puesto, como liberado de las quimeras por ese paréntesis festivo". Bien pudiera ser la tesis de este libro, por otra parte sumamente entretenido.

UN DOMINGO EN EL CAMPO
Pierre Bost
Errata naturae, 2018
Traducción de Regina López Muñoz

El septuagenario señor Ladmiral, pintor antaño reconocido, tras enviudar vive en una casa de campo no muy lejos de París. Como cada domingo, espera la visita de su hijo Gonzague, acompañado de su esposa y sus dos vástagos. Durante la comida y a lo largo de la tarde irán aflorando tensiones familiares; nada particularmente grave, pequeños agravios y malentendidos, expectativas frustradas... Hasta que, inesperadamente, aparece Irène, la hermana de Gonzague y favorita de Ladmiral...
Una historia cotidiana, pausada, delicada: impresionista, ciertamente, como la pintura que aparece en la portada.

HÉROES DE LA FRONTERA
Dave Eggers
Penguin Random House, 2017
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz

Una madre cuarentona, separada de un marido infantiloide e inútil, alquila una vieja autocaravana y para viajar con sus dos hijos hasta Alaska. En una aventura que tiene tanto de huida como de búsqueda, se reencontrará consigo misma y con sus hijos, y se enfrentará a situaciones complicadas en las que no faltarán encuentros sorprendentes con personas ambiguas, pero esencialmente decentes.
"Josie se permitió un momento de duda. Cabía la posibilidad, admitió, de que no debieran haber viajada nunca a aquel estado en llamas. Pero la duda no duró. En cambio, en ese instante, Josie pensó que acertaba en todo.
En que podemos marcharnos.
En que tenemos derecho a marcharnos.
En que a menudo debemos marcharnos.
En que sólo marchándose sus hijos y ella lograrían acercarse a lo sublime, que sin movimiento no hay lucha y sin lucha no hay propósito, y que sin propósito no hay nada de nada. Quería decirles a todas las madres y a todos los padres: El movimiento tiene sentido".
Pero el final es sorprendentemente abierto...





lunes, 28 de mayo de 2018

Nacionalista eres tú, yo sólo tengo que convivir contigo

Las palabras esenciales del “nacionalismo banal”, recuerda Michael Billig, suelen ser las más pequeñas: “nosotros”, “esto” y “aquí”. A estas podríamos añadir otras como “lo nuestro”, “lo propio”, “lo de aquí”… Palabras pequeñas y cercanas, familiares, cálidas, cómodas: autoevidentes. Palabras prosaicas y automáticas que dan por sentada la existencia de las naciones y, sobre todo, de esta nación: la nuestra, la de aquí. Palabras-masaje, palabras-bálsamo, que naturalizan realidades políticas “en realidad” imaginadas, construidas, artificiales. “Permanencias inventadas”, como las denomina Billig (Nacionalismo banal, Capitán Swing, 2014).

PNV y EH Bildu han acordado un texto que sirva como preámbulo de un posible futuro "Estatus Político" que actualice el autogobierno de Euskadi. Es un texto lleno de palabras pequeñas, prosaicas, cotidianas pero, por lo mismo, cargadas de sentido común, irrechazables, autoevidentes: somos un pueblo, tenemos derecho, sentimos la necesidad, queremos decidir… Es un texto escrito desde y para el nacionalismo vasco. No lo digo como reproche, sino como constatación. Un texto escrito por nacionalistas, para nacionalistas, con el fin de hacer más banal (más natural, más irreflexiva) la construcción nacional vasca. Insisto: nada que reprochar, es lo que se espera del nacionalismo, de cualquier nacionalismo.

PNV y EH Bildu apoyan también la movilización convocada para el 10 de junio por Gure esku dago a favor del derecho a decidir. “A nadie tiene que extrañar que el PNV se manifieste por el derecho a decidir”, advierte en una entrevista en El Correo Itxaso Atutxa, presidenta del PNV bizkaino. Pues no, claro que no. Es lógico (banalmente lógico) que los nacionalistas apoyen una movilización nacionalista, que pretende sumar (y contar) apoyos para el proyecto político del nacionalismo vasco.

¿Se puede defender el derecho a decidir sin ser nacionalista? Sí. Pero no porque se trate de un derecho puramente (banalmente) democrático, como se dice desde el nacionalismo. Tampoco porque sea lo único que puede hacer una persona que quiera actuar democráticamente. Resulta descorazonador tener que recordarlo, pero hay derechos a decidir según qué cosas que sólo pueden ser combatidos social y políticamente.

El derecho de autodeterminación no es un mero instrumento neutral, sin contenido, poco más que un procedimiento democrático de decisión. La estrategia de normalización -de banalización- de este derecho, en la que juega un papel importante su traducción como derecho a decidir, me parece un peligroso error –si es fruto de la irreflexión- o un inaceptable engaño –si responde a una estrategia-. “¿Qué hay más democrático que decidir?”, se dice, como si de una evidencia (banal) se tratara. Pues según… El derecho de autodeterminación es, antes que nada, la definición de un demos, de un sujeto político soberano, que posteriormente decidirá sobre su estatuto político. De ahí que el derecho de autodefinición, es decir, el derecho a definir “quiénes son los miembros que integran en realidad ese pueblo”, sea el paso esencial en cualquier proceso soberanista. Y aquí me remito a Luigi Ferrajoli y a su exigente reflexión sobre la que denomina “esfera de lo indecidible”: en democracia hay principios que deben estar sustraídos a la decisión de la mayoría. Y a mi modo de ver, la modificación de la condición de ciudadanía, cuando esta modificación puede entrañar riesgos de debilitamiento, limitación o exclusión de esta condición, entraría plenamente en esta esfera de lo indecidible.

Como señalara el politólogo estadounidense Walker Connor en los años Setenta, la aspiración más característica de los movimientos nacionalistas minoritarios en el seno de un Estado nación es a la “etnocracia”, es decir, al gobierno de “los suyos”; el autogobierno al que aspira el nacionalismo es, siempre, “etnogobierno”, el gobierno de “los nuestros”, de “los de aquí”. Nada más banal, ¿no es cierto? ¿Quién puede estar en contra de que “lo nuestro” lo decidamos “los de aquí”? Connor señalaba que esta aspiración etnocrática podía ser perfectamente compatible con distintas institucionalizaciones políticas, desde la autonomía hasta la independencia; y personalmente consideraba que “el ciudadano típico de una minoría nacional en un estado democrático moderno desea la etnocracia, pero no la independencia”. Es esta una idea muy repetida por estos lares, donde la influencia de Connor ha sido más que notable en el entorno académico. Idea que yo no comparto: la aspiración etnocrática del nacionalismo sólo puede conocer una moderación táctica o instrumental de su programa político máximo, en realidad único, y que no es otro que la constitución de un Estado propio. Algo tan simple, banal y natural como esto. Lo explica así Joseba Sarrionandia en ¿Somos como moros en la niebla?: “Los vascos no reclaman nada original. Es como si un caribú de grandes cuernos considerara absolutamente infundado, improcedente e incluso malicioso que a otro caribú le crecieran las astas. Los vascos, con exiguos medios y una pasmosa falta de imaginación, no plantean, ni siquiera los más radicales, sino una cosa tan común que ya la tienen españoles y franceses: una mera nación-estado propia”.

Volvemos, entonces, a la cuestión planteada más arriba: ¿se puede defender el derecho a decidir sin ser nacionalista? Se puede y, cuando esta reivindicación es abiertamente planteada en una sociedad democrática, también se debe defender el derecho a decidir aún sin ser nacionalista; o mejor: se debe aceptar la legitimidad de esta reivindicación, y se deben buscar cauces legales para su deliberación y, en su caso, para decidir democráticamente sobre la misma. Y en este sentido, me sigue pareciendo esencial el ejemplo canadiense, expresado así en palabras de Stéphane Dion: “Si en Canadá aceptamos la secesión como una posibilidad, no es porque nos empuje a ello el derecho internacional. En realidad, la secesión no es un derecho en democracia. Sólo lo es para los pueblos en situación colonial o en caso de violación extrema de los derechos de la persona. […] Si aceptamos la secesión como una posibilidad es porque sabemos que nuestro país no sería el mismo si no se fundase en la adhesión voluntaria de todos sus componentes. No conozco un solo partido político importante de Quebec ni de otros lugares de Canadá que quiera retenernos contra nuestra voluntad”.

En los próximos meses la reivindicación nacionalista vasca va a experimentar un importante acelerón. El final del terrorismo no es ajeno a esta circunstancia. No pasa nada: es normal. Y habrá que tener la inteligencia, la generosidad y la honradez de buscar la manera de garantizar que tal reivindicación pueda no sólo discutirse sino, en su caso, realizarse. Pero sería muy conveniente que la ciudadanía vasca no nacionalista no nos dejemos capturar por el nacionalismo banal. El nacionalista eres tú, yo sólo tengo que convivir contigo. Y porque tengo que hacerlo, no me queda otra que aprestarme a constituir contigo un ámbito de deliberación que, desde el respeto y la honestidad, nos permita encontrar una solución convivencial que no está prefijada, pero que podría incluso llegar hasta la secesión. Cuando tú, nacionalista, tengas clara tu propuesta, debes saber que contarás con mi mejor disposición para discutirla. Pero eres tú quien debe construirla.

Publicado en EL DIARIO.
 

lunes, 21 de mayo de 2018

La edad de la participación: la participación no tiene edad

Un año más, esta tarde volveré a compartir un buen rato de conversación con las personas que participan en el Instituto de la Experiencia de Durangaldea. Dejo aquí la presentación con la que iniciaremos la conversación: