Zubero
Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
sábado, 7 de marzo de 2026
Los vigías
viernes, 6 de marzo de 2026
Nicaragua
[1] Belaunaldi oso batentzat Nikaragua herrialde urrun bat baino zerbait gehiago izan zen: itxaropen bat izan zen. Hogei edo hoheitamar urte inguru genituen askorentzat, iraultza sandinista herrialde eta mundo justuago bat eraikitzeko benetako aukera izan zen.
Gaur, Nikaragua diktadura batenpean bizi denean eta ahots kritiko asko isilarazi, espetxeratu edo herrialdetik bota dituztenean, giza eskubideak eta demokrazia defendatu dituztenei entzun nahi diegu. Mahai inguru hau zer gertatu zen, zer gertatzen ari den eta Nikaraguarentzat zer etorkizun imajinatu daitekeen ulertzeko gonbidapena da.
[2] Nicaragua fue, para toda una generación, algo más que un país lejano: fue una esperanza. Para muchos y muchas de quienes entrábamos en la veintena o la treintena en 1979, la revolución sandinista representó la posibilidad real de construir un país más justo.
En su libro de memorias ADIÓS MUCHACHOS, quien fuera vicepresidente con Daniel Ortega, Sergio Ramírez, cuenta que en 1983 el canciller austríaco Bruno Kreisky le dijo: «Qué difícil debe resultar para ustedes ser la esperanza de los demás».
[3] Y es que fue una revolución profundamente cultural: la Nicaragua Nicaraguita que cantaba Carlos Mejía Godoy, la de los poemas de Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Claribel Alegría o Leonel Rugama, una revolución que parecía hecha también de palabras, música y sueños. Como escribía la poeta argentina Etelvina Astrada en su contribución al libro colectivo CON NICARAGUA: HOMENAJE AL PUEBLO NICARAGÜENSE:
Desde el alba preliminar del Caribe,
preludio del salto mortal e inmortal de América
ha comenzado a clarear,
a sumarse la luz,
luz de luz
y porque es tiempo de amanecer
en Nicaragua
de cuerpo entero se hizo la luz.
[4] Desde los primeros momentos temimos que aquel proceso podía sucumbir a la vieja maldición latinoamericana de estar, como dijo Porfirio Díaz, «tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos». La guerra de la Contra pareció confirmarlo. Sin embargo, con el paso del tiempo Nicaragua terminó enfrentándose a otra tragedia: la deriva autoritaria surgida desde dentro del propio proceso revolucionario. Vuelvo a recurrir a Sergio Ramírez:
«Destronar a Somoza tenía como consecuencia necesaria la revolución, no la transición pacífica a que otros sectores de la sociedad aspiraban. Y una propuesta de cambio radical necesitaba de un poder radical, capaz de defenderse y librarse de riesgos. Era, además, un poder para siempre. Tampoco se triunfa con las armas para conquistar un poder de corto plazo, cuando se trata de barrer con la historia. Y en esa circunstancia, los moderados comienzan a resultar sospechosos».
[5] Hubo otra mujer profundamente comprometida con la revolución, Rosa Luxemburgo, que ya nos advirtió en 1918 de los riesgos que se derivan de toda revolución armada, por más justificada que esta pueda parecer: la suspensión de la democracia y la libertad:
«Con toda seguridad, toda institución democrática tiene sus límites e inconvenientes, lo que indudablemente sucede con todas las instituciones humanas. Pero el remedio que encontraron Lenin y Trotsky, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se supone va a curar; pues detiene la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales”.
Y plantea esta poderosa y tan actual proclama:
«La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial».
[6] Hoy, cuando Nicaragua vive bajo una dictadura y muchas voces críticas han sido silenciadas, encarceladas o expulsadas del país, queremos escuchar a quienes han defendido los derechos humanos y la democracia. Esta conferencia es una invitación a comprender qué ocurrió, qué está ocurriendo y qué futuro puede imaginarse para Nicaragua. Contamos para ello con la participación de dos destacadas feministas y activistas políticas nicaragüenses.
[7] Dora María Téllez, historiadora, tuvo un papel dirigente destacado en la lucha popular que derrocó a la dinastía de los Somoza y fue ministra de Salud durante la Revolución Popular Sandinista en los años 80.
Fundó el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS, hoy UNAMOS) a mediados de la década de los 90, junto con otras y otros destacados dirigentes que dejaron el FSLN debido a los rasgos autoritarios que ya se percibían en este partido.
Encarcelada en 2021 por denunciar las violaciones de derechos humanos por parte del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y permaneció 606 días en condiciones extremas de aislamiento y tortura, hasta que en 2023 fue expulsada de Nicaragua y desnacionalizada.
Referente internacional en la lucha por la democracia y la justicia en Nicaragua, estando presa recibió el Doctorado Honoris Causa por las Universidades de Helsinki y La Sorbonne Nouvelle de París, así como el Premio René Cassin 2022 de Derechos Humanos del Gobierno Vasco.
[8] Ana Margarita Vijil es una abogada y cientista política que trabajó en la disputa territorial entre Nicaragua y Colombia ante el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya, y presidió el Movimiento de Renovación Sandinista de 2012 a 2017.
Fue apresada junto a Dora María durante un allanamiento policial en su casa, sin orden judicial y con uso de drones, y permaneció en aislamiento durante más de 86 semanas, hasta que fue expulsada de Nicaragua y desnacionalizada.
Con una amplia trayectoria en la defensa de la democracia y los derechos humanos, recibió en 2024 el Premio Valors por parte del Consejo de los Ilustres Colegios de la Abogacía de Catalunya (CICAC).
[9] No puedo terminar esta presentación sin recordar con emoción a nuestro querido Juan Zubillaga, Zubi, que fue profesor de esta universidad y un enamorado de Nicaragua.
domingo, 1 de marzo de 2026
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