domingo, 13 de junio de 2021

Utilidad pública, pero ¿para qué y para quién?

El criterio de utilidad pública, uno de los tres que la legislación contempla como fundamento para conceder un indulto, es el que esgrime el Gobierno de Sánchez para justificar su decisión de aplicar esa medida de gracia a las y los condenados por el procés. El objetivo sería recomponer la convivencia en Catalunya y la confianza entre la Generalitat y el Gobierno de España, reconduciéndose el conflicto soberanista a un escenario de diálogo bilateral y acuerdo con encaje constitucional.

No puedo estar más de acuerdo con esos objetivos. Pero confiar en la capacidad performativa del indulto, en su potencial apaciguador, es una apuesta política loable en el fondo y cuestionable en la forma. La lógica del indulto es reparadora o restitutiva, mira hacia el pasado; pero con su decisión de indultar a las nueve personas condenadas en 2019 el Gobierno parece proyectar sus efectos hacia el futuro: evitar otro 1-O, lo que no sé si encaja en la figura legal y el espíritu de esta medida de gracia.

El Gobierno ha asumido un evidente riesgo político que, seguro, espera compensar electoralmente. No veo cómo puede salirle bien, pero spin doctors tiene La Moncloa. También es verdad que el mero anuncio de los indultos ha desgarrado al independentismo, que ve botiflers por doquier, enzarzado en la discusión sobre el unilateralismo y la tutela de Junqueras sobre el Govern. En un escenario político de vuelo tan bajo como el español, no descarto que esta sea la “utilidad pública” a la que se aspire: dividir al procesismo y debilitar así su causa.

Con la utilidad pública ocurre como con la apelación al interés general, que debería funcionar como criterio orientador de las políticas públicas y límite de las decisiones de las y los responsables políticos: en un régimen partitocrático, lo general y lo público se ven colonizados por el cálculo y las urgencias electorales del Gobierno de turno (y de su oposición). En esas estamos.

 

Artículo publicado en El Correo, 13/06/2021 




Fiesta del Goiko Mendi

Hoy se celebraba en el Humilladero la tradicional Fiesta de Finalistas del Grupo Alpino Goiko Mendi, mi grupo de montaña de toda la vida. Para aprovechar un poco la mañana he salido de casa a las 8:45, he subido por el barrio de Sasia, por el camino de lleva a Santa Agueda, desde allí al Arroletza, Sasiburu y Humilladero.

Es un día bonito. Nos juntamos un buen grupo, José Alberto Vicente (párroco de San Antonio en Etxebarri) celebra una breve eucaristía, recordamos a las socias y socios fallecidos desde la fundación del club y se procede a entregar un detalle a todas las personas que a lo largo del año anterior han completado alguno de los muchos concursos de montaña que convoca el club. 

Nuestra presidenta, Flor, nos ha recordado que este es su último periodo como responsable del club. Son muchos años de compromiso, igual que la mayoría de las personas que componen la actual junta directiva. No es fácil encontrar relevos para mantener activas estas asociaciones locales, modestas pero esenciales para construir capital relacional en barrios y pueblos.

A ver si conseguimos mantener la tradición.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Arroletza.
 
 
 
 
 Sasiburu.
 


Humilladero.


martes, 8 de junio de 2021

Tránsito

Anna Seghers 
Tránsito
Traducción e Carlos Fortea
RBA, 2005

"Conocía ya muchas caras en la corriente ininterrumpida de los empeñados en partir. La corriente se hinchaba día a día, hora a hora. Y no había redes policiales ni redadas, amenazantes campos de concentración ni duros decretos del prefecto de Bouches-du-Rhóne que pudieran evitar que la corriente de almas en pena mantuviera la supremacía sobre los vivientes que tenían aquí su asentamiento firme. Yo les tenía por almas en pena, que habían abandonado su verdadera vida en sus perdidos países, en los alambres de espino de Gurs y Vernet, en los campos de batalla españoles, en las cárceles fascistas y en las ciudades quemadas del norte. Podían hacerse los vivos, con sus audaces planes, con sus abigarrados adornos, con sus visados de países extraños, con sus sellos de tránsito. A mí nada podía engañarme sobre la índole de su travesía. Tan solo me asombraba que el prefecto y los caballeros y funcionarios de la ciudad siguieran haciendo como si la corriente de almas en pena fuera algo que se pudiera detener por medios humanos".


Marsella, 1940. En la cumbre de su poder, Hitler extiende su dominio sobre Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Miles de personas huyen de la Gestapo y se hacinan en la capital mediterránea buscando desesperadamente embarcar en un buque que los lleve a México. En España, el triunfo de Franco ha provocado un éxodo repúblicano ("ahora la cruz gamada también había caído sobre ellos") que se suma al causado por el nazismo. El protagonista y narrador de la historia, huído de un campo de concentración alemán en 1937, también ha recalado en Marsella, donde comparte y observa el angustioso transcurrir de tantas vidas amenazadas:

"En los últimos meses me había preguntado dónde iba a desembocar todo aquello, todo ese reguero, el aflujo de todos los campos de concentración, soldados dispersos, los mercenarios de todos los ejércitos, los profanadores de todas las razas, los desertores de todas las banderas. Así que allí afluía todo, a ese canal, la Cannebìère, y de aquel canal al mar, donde al fin volvía a haber espacio y paz para todos".

La novela describe una Marsella que recuerda a la Casablanca de Michael Curtiz, pero guionizada por Kafka. La búsqueda desesperada del preciado documento de tránsito ("un permiso para atravesar un país cuando está claro que no se quiere permanecer en él") sin el cual es imposible conseguir un visado para abandonar Francia:

"Ya en una ocasión había tenido un contrato, con el contrato un visado, con el visado el tránsito. Pero la concesión de la visa de sortie había tardado tanto que entretanto había caducado el tránsito, luego el visado, y después el contrato. La semana anterior le habían concedido la visa de sortie, y ahora esperaba día y noche la prórroga del contrato, que a su vez condicionaba la prórroga de su visado. Pero ésa era la condición previa para la concesión del nuevo tránsito. [...] ¿Qué finalidad tiene retener a personas que nada desean más que abandonar un país en el que se les encarcelará si se quedan?".

Anne Seghers firma un texto tan hermoso como desasosegante, un relato universal, profundamente humano. Un libro que merece la pena recuperar.

domingo, 6 de junio de 2021

Ganeko

He salido a las 8:00 por el camino del barrio de Azordoiaga, zona recreativa de la Fuente del Oro (recientemente recuperada gracias al auzolana, hoy desgraciadamente encerdada por la acción de botelloneros/as que solo pretenden, criaturas, superar su fatiga pandémica) hasta las cercanías del barrio de El Somo. 
Bordeando Zamaia he subido hasta el collado Gongeda, desde ahí al Arrabatxo, Ganekogorta y Biderdi. Desde las inmediaciones del Paga he descendido hasta Alonsotegi por la pista que pasa por Ordaola, Mintetxu y el barrio de Azordoiaga.  
En la plaza de Andra Mari me esperaban Ángela y Txutxi, que también han tenido su mañana montañera. Cervecita y animada conversación en el Geltoki.
No se puede pedir más a una mañana de domingo. ¿O sí?

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
Ganekogorta (derecha) y Biderdi (izquierda)

 
La panza del Ganeko.
Collado de Arrabatxo. Vistazo hacia la derecha: Pagero y Gallarraga. Pero yo me voy para la izquierda.
Arrabatxo. El siguiente, Ganeko.
 
 
  
 
Biderdi. Hacia Llodio la niebla lo cubría todo.

 

 

 https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/alonsotegi-75088586