domingo, 30 de abril de 2017

1º de Mayo: memoria, solidaridad y lucha



De la última y póstuma obra de Zygmunt Bauman, Retrotopía (Paidós, Barcelona 2017):

Actualmente, nos están empujando con insistencia -y sin demasiada resistencia por nuestra parte, la verdad- hacia atrás, de regreso a comienzos del siglo XIX, cuando a los campesinos de muchos países de Europa, y a los oficiales y artesanos de todos ellos, les fueron expropiados aceleradamente sus medios de producción y, con ellos, su estatus y su capital sociales. A partir de ese momento, vivieron hacinados dentro de los márgenes de una "vida desagradable, brutal y corta", característica de un mundo en el que se libraba una "guerra de todos contra todos": un mundo poblado por otros como ellos mismos, los "miserables", que, como ellos, carecían de rostro y no eran plenamente humanos, y, como ellos también, consideraban su nuevo entorno tan alienante como hostil.
Tardaron muchas décadas en descubrir un interés común entre toda aquella multitud anónima que fichaba todos los días, a la entrada y a la salida de las fábricas del capitalismo temprano: esas décadas fueron el tiempo que les llevó coronar aquel hallazgo con la idea de la "solidaridad" que los introdujo en toda una era de experimentos, intentonas abortadas o muertas antes de nacer, salidas nulas, derrotas y triunfos a corto plazo que almacenamos en nuestra memoria colectiva a largo plazo; y todavía paso más tiempo hasta que inventaron, institucionalizaron y practicaron una acción solidaria sistémica y sistemática dirigida a sustituir la esclavitud por la emancipación.
Pues bien, ahora nos encontramos en una era similar en cuanto al clima dominante. Algunos de nosotros sacamos ánimos para mantener la esperanza de que estén pronto por llegar nuevos y más prometedores comienzos para todos...

Nos vemos mañana.

miércoles, 26 de abril de 2017

El bosque infinito (y dos viajeros por Italia, separados por un siglo)


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Coincidiendo con su visita a Bilbao para participar en el X Festival Gutun Zuria, recomiendo adentrarse en la selvática historia que se recoge en El bosque infinito, de Annie Proulx [Traducción de Carlos Milla Soler. Tusquets. Barcelona, 2016].
A lo largo de sus 840 páginas, Annie Proulx (autora del relato Brokeback Mountain, que inspiró la exitosa película del mismo título) va desarrollando las historias entrecruzadas de Charles Duquet y René Sel, contratados como peones para cortar madera en la remota Canadá, por entonces conocida como Nueva Francia. La historia comienza en 1693 y llega hasta 2013. Huyendo de una existencia miserable, prácticamente esclava, los dos protagonistas tomaran distintos caminos, aunque siempre con los inmensos bosques como escenario principal de sus vidas.
Mientras el primero (americanizado su apellido como "Duke") se convierte en un importante empresario dedicado a la explotación forestal sin freno (siguiendo fielmente la sentencia pronunciada al principio del libro por el hombre para el que deben trabajar: "Ser un hombre es desboscar. No veo los árboles. Veo las coles. Veo los viñedos"), el segundo formará una familia mestiza con una mujer de la tribu mi'kmaq y vivirá su relación con la naturaleza siguiendo ancestrales formas de pensamiento y de vida que, con el paso del tiempo, germinarán en sus descendientes convertidos en militantes de la causa de los bosques:

"No volverá a haber grandes bosques antiguos hasta dentro de miles de años. Ninguno de los presentes veremos madurar nuestro trabajo, pero debemos intentarlo, aunque seamos sólo una o dos personas con plantones en un cubo dedicadas al esfuerzo de recomponer el bosque. Es de una importancia  extrema para todos nosotros los humanos..., no tengo palabras para decir hasta qué punto es importante..., que ayudemos a la Tierra a recuperar la diversidad vital de la cubierta forestal. Y los bosques nos ayudarán. Tienen mucha experiencia en restaurarse a sí mismos".

Y de los recónditos bosques boreales canadienses a la humanizada Italia.
Resultado de imagen de panzini en la tierra de los santosDos paseantes separados por un siglo, cicloturista el uno, cansasuelos el otro, nos invitan a recorrer unos caminos cargados de historia, pero también de naturaleza.

El italiano Alfredo Panzini (1863-1939) narra en el librito En la tierra de los santos y los poetas [Traducción de Pepa Linares. Ardicia Editorial, Madrid 2017] su recorrido en bicicleta desde Rímini, en la costa adríatica, hasta Las Marcas y Umbría, pasando por las tierras donde vivieron, soñaron y crearon personajes de la talla de Leopardi, Dante o Francisco de Asís. Y donde habitan personas que propician encuentros de lo más pintorescos:

"Entonces, una monjita que escuchaba atentamente, suspiró las siguientes palabras:
- Después de la bicicleta, despés del telégrafo sin hilos, después de la luz eléctrica, ¿a dónde iremos a parar?
Y busca en los ojos de los compañeros una respuesta a la pregunta que angustiaba su alma. Un fraile de la orden de los sevitas, el que parecía más autorizado y había comido en proporción, levantó una mano untuosa y sentenció:
- El cerebro del hombre, hija mía, se reducirá tanto que ya no le quedará nada".

Una delicia.

Portada Cansasuelos, Ander Izagirre
Y de un italiano de principios de siglo a un donostiarra de ahora mismo. Ander Izagirre, "periodista con botas", nos regala el libro Cansasuelos. Seis días a pie por los Apeninos [Libros del K.O., Madrid 2015], en el que con tanto humor como sensibilidad nos cuenta su viaje a pie por los Apeninos, entre Bolonia y Florencia.
Abundan las observaciones divertidas, como la reflexión inicial sobre el "pene cacahuetesco" de la musculada estatua de Neptuno en la plaza mayor de Bolonia (y la importancia de la perspectiva) o la historia de la hostería canibal. Pero, sobre todo, encontramos un profundo y emocionado sentimiento de estar caminando sobre las huellas de otras y otros:

"Sin los pasos de los antiguos, que marcaron la primera senda, ahora no sabríamos en qué dirección caminar, por dónde atravesar el bosque, a qué collado subir, a qué río bajar.
En el pórtico de la catedral de Jaca, que tiene mil años, hay una columna con un hueco de medio metro en el fuste. Es un hueco vertical, suavemente curvado y profundo, como si a la columna le hubieran extirpado un riñón enorme. Hace mil años un peregrino acarició la columna y erosionó los primeros átomos de la piedra. Otros lo imitaron. Suelo pensar en el segundo peregrino que acarició la columna: el que repitió el gesto. La repetición de un gesto consolida una huella, confirma un camino. [...]
En la montaña también me gustan los montoncitos de piedras que alguien ha ido apilando, para marcar la dirección correcta en los lugares donde la senda es dudosa. Son señales de desconocidos: y me fío. Me gusta añadir una piedra a esos montones".

Y esto vale, en general, para cualquier circunstancia de la vida.









miércoles, 19 de abril de 2017

El zorro

Unos días (pocos) de montaña y naturaleza.
Además de otras cumbres más modestas, he vuelto a subir al Alto del Tejo (1998 mts.), aunque en esta ocasión desde Triollo. Una ascensión sencilla, sin complicaciones, por un valle hermosísimo, que aún no conocía. Desde la cumbre, el Espigüete se muestra imponente.


También he repetido una de las rutas que más me gustan: la travesía circular que, empezando y terminando en Cardaño de Arriba (1.440 mts.), asciende por el valle de Hontanillas hasta el Alto del Camino a Cardaño (2.115 mts.), pasa por las cumbres de los picos Las Guadañas (2.200 mts.), Cebolleda (2.244 mts.), Las Cuartas (2.451 mts.) y Las Lomas (2.438 mts.), para descender desde aquí hasta Cardaño siguiendo el camino al Pozo Las Lomas.

El camino de Hontanillas, el mismo que hacemos en agosto en la romería de San Lorenzo

Mirando hacia atrás, desde el Pico Cuartas.

Sin que sirva de precedente, autorretrato en la cumbre del Cuartas.

La travesía completa.


En una de las salidas, por fin, he conseguido fotografiar al esquivo zorro.



Vimos Cantábrico y, precisamente, echamos en falta la presencia del raposo. Lo mismo me señaló Paula, allá en Camporredondo. Pero nada que objetar a un documental extraordinario.

Resultado de imagen de Cantábrico joaquin gutierrez
http://www.filmaffinity.com/es/film503745.html 

En otros paseos me he cruzado con los ya familiares ciervos. También he podido sacar algunas hermosas imágenes de una montaña que, más que primaveral, parecía estival.






Y nada más por ahora. Del Tejo al "tajo". Vuelta a la normalidad.

jueves, 30 de marzo de 2017

Luces y sombras del desarraigo

Acabo de recibir el último número de la revista GALDE. Como siempre, lleno de artículos interesantes. Merece la pena apoyarla. Si puedes, suscríbete.