miércoles, 22 de abril de 2026

Construir el mañana democrático

Comparto las notas utilizadas en la charla del 21 de abril en Deusto. 


[1] La situación de la democracia en el mundo hoy no es tranquilizadora. El diagnóstico más aceptado entre analistas es este: llevamos más de tres décadas de retroceso democrático sostenido. Más países empeoran que mejoran en términos democráticos. Se habla de una “recesión democrática” global. Las democracias liberales consolidadas también muestran signos de desgaste.

No es tanto que desaparezcan las democracias, sino que se vacían por dentro:

·      Erosión institucional: debilitamiento de tribunales, parlamentos y controles al poder.

·      Líderes electos con tendencias autoritarias (lo que algunos llaman “autoritarismo competitivo”).

·      Crisis de los partidos políticos à Ferrajoli: “poderes salvajes”.

·      Polarización extrema que bloquea el funcionamiento político.

·      Desinformación y manipulación digital.

·      Desafección ciudadana: baja confianza en partidos, gobiernos y medios.

Europa y Norteamérica: siguen siendo mayoritariamente democráticas, pero con tensiones (polarización, populismo, crisis de representación).

América Latina: democracias formales, pero con fragilidad institucional y desconfianza ciudadana.

África: avances puntuales, pero mucha inestabilidad política.

Asia y Oriente Medio: fuerte presencia de regímenes autoritarios (China y Singapur como “modelos de éxito”).

Menos de la mitad de la población mundial vive en democracias. Solo una minoría vive en “democracias plenas”.

También hay señales en sentido contrario:

·      Movilizaciones sociales en defensa de derechos

·      Alternancias democráticas reales en algunos países

·      Mayor conciencia ciudadana sobre abusos de poder

Más que una crisis puntual, estamos ante algo más profundo: la democracia no se cuestiona tanto como principio, pero sí se debilita en la práctica cotidiana.

El problema principal no es la falta de elecciones o parlamentos, sino la pérdida de calidad democrática.

El gran desafío hoy es pasar de democracias formales a democracias sustantivas.

 

[2] Una persona nacida en torno a 1960 en Europa occidental, Estados Unidos, Japón o Australia nace en un momento muy particular de la historia: cuando parece que la promesa democrática ha alcanzado su forma más completa.

à Estamos hablando en términos generales, matizar en función de análisis interseccional, en esta época sobre todo sexo/género, también clase social.

Siguiendo a T. H. Marshall, esa generación accede a una ciudadanía que integra (o aspira a integrar):

·      derechos civiles (libertades individuales)

·      derechos políticos (participación)

·      derechos sociales (protección, bienestar)

No es solo democracia formal, sino una democracia con base material.

à Ken Loach, El espíritu del 45 https://www.documaniatv.com/historia/el-espiritu-del-45-video_6bebac235.html

Quienes nacen en ese momento:

·      crecen con instituciones relativamente estables

·      experimentan movilidad social

·      asumen derechos como algo dado

La democracia tiende a vivirse como una normalidad garantizada, casi naturalizada.

Sus progenitores (nuestras madres y padres) crecieron en:

·      crisis económicas profundas

·      guerras o posguerras

·      regímenes autoritarios o democracias frágiles

La democracia no era un punto de partida, sino una aspiración o una conquista frágil, siempre amenazada.

Sus descendientes (nuestras hijas e hijos), en cambio, crecen en:

·      precariedad laboral

·      debilitamiento del Estado social

·      crisis de representación

·      saturación informativa y polarización (brutalización).

La democracia ya no es ni conquista épica ni normalidad estable, sino más bien una promesa incierta o incumplida, cada vez más percibida como insuficiente.

 

[3] Vivimos el espejismo de los Treinta Gloriosos (aprox. 1945–1975). Esas tres décadas tras la segunda guerra mundial en la que la política controló, al menos en parte, a los mercados, consiguiendo un razonable equilibrio entre crecimiento económico y democracia, es verdad que solo en la mayoría de los países del Norte global.

Fue una excepción histórica potente, que luego se universalizó como si fuera la norma.

Tras la Segunda Guerra Mundial:

·      Alto crecimiento económico

·      Empleo relativamente estable

·      Expansión del Estado del bienestar

·      Fuerte regulación de los mercados

·      Sindicatos con capacidad real de negociación

La política “embridó” parcialmente al mercado en Europa occidental, Norteamérica y Japón.

Se apoyó en condiciones muy específicas:

·      reconstrucción tras la guerra

·      hegemonía de EE.UU.

·      energía barata

·      crecimiento demográfico

·      externalización de costes al Sur global

Porque se dio una combinación difícil de repetir:

·      Capitalismo productivo (industrial, fordista)

·      Estados fuertes y fiscalidad progresiva

·      Compromiso político (pacto capital–trabajo)

·      Miedo sistémico al bloque soviético, que incentivaba concesiones sociales

A partir de los 70 ese equilibrio empieza a romperse, giro neoliberal.

·      Crisis del petróleo

·      Estancamiento + inflación (estanflación)

·      Crisis del modelo industrial

·      Globalización financiera

El “espejismo” no es que no existiera ese periodo, sino creer que era universal (nunca lo fue, gran parte del mundo quedó fuera), creer que era permanente (dependía de condiciones históricas muy concretas).

La democracia contemporánea mantiene formas políticas, pero pierde parte de las bases materiales que tuvo en ese periodo. Resultado:

·      frustración

·      desafección

·      sensación de promesa incumplida

 

[4] La “expansión democrática” (Huntington) de los 90 se produce ya dentro de un nuevo marco que erosiona sus bases sociales.

Apertura política (elecciones, libertades formales) y caída de dictaduras (Europa del sur, América Latina, Europa del Este).

Con Margaret Thatcher y Ronald Reagan se consolida un nuevo paradigma neoliberal:

·      Reducción del papel del Estado

·      Desregulación económica

·      Privatizaciones

·      Debilitamiento de sindicatos

·      Menor fiscalidad progresiva

·      “Fin de la Historia” (Fukuyama) y pérdida del miedo del capitalismo a la alternativa comunista (Hobsbawm).

Esto afecta directamente a los pilares materiales de la democracia.

La tensión de fondo: democracia vs. economía capitalista. Lógicas antagónicas: expansión de derechos (dersmercantilización) vs. mercantilización creciente de la existencia.

La democracia necesita cierto nivel de igualdad y seguridad para sostenerse.

El neoliberalismo tiende a generar más desigualdad, más inseguridad vital, menos capacidad del Estado para corregirlas.

Consecuencia: erosión de la legitimidad. Durante un tiempo (años 80–90), esto no estalla porque:

·      hay crecimiento económico

·      se amplían libertades

·      existe expectativa de progreso

Pero a medio plazo aparecen:

·      precarización del trabajo

·      aumento de desigualdades

·      debilitamiento de lo público

·      sensación de pérdida de control del futuro

Esto desemboca en lo que vemos hoy:

·      desafección

·      populismos

·      polarización - brutalización

Se ganó la forma democrática, pero se debilitó su sustancia.

La democracia no se vacía solo por ataques políticos autoritarios, sino también cuando pierde las condiciones materiales que hacen posible que la ciudadanía participe de verdad.

 

[5] Hay mucha y muy buena teorización al respecto:

Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX: “Gracias a medio siglo de prosperidad y estabilidad, en Occidente hemos olvidado el trauma social y político que representa la inseguridad económica de las masas, y en consecuencia no recordamos las razones que llevaron en primer término a la creación de los Estados del bienestar de los que hoy disfrutamos”.

Judt define a los Estados de bienestar surgidos tras la IIGM como estados profilácticos, una garantía de aseguramiento colectivo que actuara como “barrera contra el regreso del pasado: contra la depresión económica y su violento resultado polarizador en las políticas desesperadas del fascismo y del comunismo”. Esa profilaxis de la seguridad solidaria y cooperativa es la que hoy está en crisis. Y en su ausencia, se multiplica el riesgo de expansión de las patologías sociales del miedo, la insolidaridad, la exclusión y el resentimiento.

Tony Judt, Algo va mal: “Si podemos tener democracia, la tendremos. Pero, sobre todo, queremos seguridad. A medida que aumentan las amenazas globales, el orden ganará en atractivo”.

R.H. Tawney, Igualdad (1931): “Que la combinación de democracia y desigualdad económica extrema forman un compuesto inestable no es ninguna cosa nueva. Era ya un lugar común de la ciencia política cuatro siglos antes de nuestra era. No obstante, aunque sea una perogrullada venerable, sigue siendo una perogrullada importante que se olvida periódicamente y que periódicamente, por tanto, es necesario volver a descubrir.

 

[6] Hay bastante evidencia comparada de que una parte de los hombres jóvenes muestra hoy actitudes menos favorables que las mujeres jóvenes hacia valores como igualdad de género, diversidad o apertura cultural. Pero conviene no simplificar: no es un fenómeno uniforme ni mayoritario en todos los contextos; es una brecha creciente y significativa dentro de la juventud.

à ¿Hombres jóvenes cabreados? https://www.researchgate.net/publication/389901892_Hombres_jovenes_cabreados

·      Las mujeres jóvenes son, de forma consistente, más favorables a igualdad de género, derechos LGTBI, políticas de inclusión.

·      Entre los hombres jóvenes: mayor proporción expresa escepticismo hacia el feminismo, mayor tolerancia a discursos de “mano dura” o liderazgos fuertes

·      Aumenta el porcentaje de varones jóvenes que cree que “la igualdad ya está conseguida”, crece la reacción antifeminista (minoritaria, pero visible).

·      Paralelamente, las mujeres jóvenes presentan niveles muy altos de conciencia feminista.

·      Brecha de género en percepciones sobre igualdad y violencia. Los hombres jóvenes tienden más a minimizar desigualdades y percibir como excesivas algunas políticas de igualdad.

¿Qué está pasando?

a) Cambio en los roles de género. Las mujeres jóvenes han experimentado una expansión clara de oportunidades y conciencia. Algunos hombres jóvenes viven esto como pérdida de estatus relativo, desorientación sobre su papel. No es tanto una “radicalización”, sino en muchos casos una reacción defensiva.

b) Fractura entre expectativas y realidad. Se les socializó en la idea de empleo estable y autonomía, pero encuentran precariedad e incertidumbre. Esto genera frustración que puede canalizarse hacia rechazo a élites o hacia discursos que señalan “culpables” (feminismo, inmigración, etc.).

c) Socialización digital. Redes y plataformas amplifican discursos polarizados y generan comunidades cerradas. Aparición de subculturas online masculinas: “machosfera”, influencers antifeministas.

d) Déficit de referentes y relato. El discurso de igualdad ha avanzado mucho, pero no siempre ha ofrecido modelos positivos de masculinidad (igualdad real) de encaje en el nuevo contexto. Algunos quedan en un vacío interpretativo.

No “los hombres jóvenes” en bloque, no una mayoría radicalizada, no un fenómeno exclusivamente ideológico. Es más bien una minoría activa + una mayoría ambivalente.

¿Qué implica para la democracia? La democracia necesita tolerancia, reconocimiento del otro, aceptación de la diversidad.

Si una parte de la juventud percibe esos valores como amenaza o los vive como imposición se debilita la cultura democrática, no solo las instituciones.

No estamos solo ante un problema de valores, sino ante una dificultad para habitar los cambios sociales.

 

[7] Si no se introduce la dimensión material, el fenómeno queda como un problema “de valores”; cuando se incorpora, aparece como una experiencia social situada.

En buena parte de Europa (y claramente en España):

·      Empleo más precario que generaciones anteriores

·      Dificultad de acceso a la vivienda (edad de emancipación alta)

·      Trayectorias vitales inestables

Resultado: sensación de bloqueo biográfico (no poder construir una vida autónoma.)

Esto afecta a las mujeres y a los hombres jóvenes, pero no se procesa igual.

Para muchas mujeres jóvenes la precariedad se suma a una conciencia clara de desigualdad. Se interpreta en clave estructural, colectiva. Lo que genera más movilización y politización igualitaria.

Para una parte de los hombres jóvenes la precariedad entra en conflicto con expectativas heredadas: proveedor, autonomía temprana, reconocimiento social. Cuando esas expectativas fallan no siempre hay un marco claro para reinterpretarlo, y aparece una sensación difusa de pérdida de posición, desplazamiento

Aquí ocurre algo decisivo. La frustración material puede traducirse en dos direcciones:

a)      Politización estructural (más minoritaria entre chicos): cuestionar desigualdad, criticar modelo económico.

b)     Desplazamiento cultural (más visible): rechazo a políticas de igualdad, discurso de “exceso” de derechos, búsqueda de chivos expiatorios.

No porque la causa sea cultural, sino porque lo material no encuentra una traducción política clara.

Las condiciones materiales crean malestar, pero las redes sociales le dan forma y lo canalizan hacia identidad, agravio, confrontación.

Es más fácil explicar la frustración en términos de “me están quitando algo” que en términos de “el sistema está fallando”.

La precariedad no produce automáticamente conciencia crítica. Necesita marcos de interpretación. Y cuando esos marcos fallan, el malestar se desplaza.

¿Qué implica para la democracia?

·      Si las condiciones materiales empeoran aumenta la frustración.

·      Si no hay canales de elaboración, crece la polarización.

·      Si el conflicto se desplaza se debilitan valores como tolerancia, pluralismo, reconocimiento.

No es solo crisis económica, es una crisis de traducción entre lo material y lo político.

 

[8] Si el diagnóstico es correcto, la respuesta no puede limitarse a reformas institucionales ni a apelaciones abstractas a los valores. La crisis de la democracia que estamos viviendo tiene raíces materiales, culturales y experienciales. Por eso, requiere intervenciones en varios planos a la vez.

1. Reanclar la democracia en condiciones materiales de vida. La democracia difícilmente puede sostenerse si no garantiza condiciones mínimas de estabilidad y autonomía. Esto implica:

·      políticas decididas de acceso a la vivienda

·      reducción de la precariedad laboral

·      refuerzo de los sistemas de protección social

·      fiscalidad con capacidad redistributiva real

No se trata solo de justicia social, sino de sostenibilidad democrática. Sin seguridad material, la democracia pierde credibilidad como forma de organizar la vida en común à Balibar: égaliberté, “igual-libertad”

2. Reconectar lo material con lo político.  No es solo la precariedad, sino la dificultad para interpretarla colectivamente. Es necesario:

·      generar marcos que permitan entender los problemas como estructurales y compartidos

·      evitar su desplazamiento hacia conflictos identitarios simplificados

·      fortalecer espacios de deliberación pública no polarizada, integrativa à Nancy Fraser: reconocimiento/redistribución/representación

3. Trabajar específicamente con los hombres jóvenes. La brecha de género en actitudes democráticas no se resolverá ignorándola ni moralizándola. Es necesario:

·      ofrecer referentes positivos de masculinidad compatibles con la igualdad (pero ojo con la banalización de las “nuevas masculinidades”; se trata más de desmasculinizar)

·      generar espacios de conversación donde se puedan elaborar frustraciones sin estigmatización, pero con exigencia y reconocimiento (y renuncia) de privilegios

4. Regular y responsabilizar el entorno digital. Las redes no crean el malestar, pero lo amplifican y lo orientan. Es necesario:

·      limitar la difusión de desinformación

·      aumentar la transparencia de algoritmos

·      promover alfabetización mediática crítica

·      reforzar espacios digitales que favorezcan la reflexión, no el eco autoconfirmatorio

5. Reforzar instituciones, pero también experiencias democráticas. La democracia no se sostiene solo en normas, sino en prácticas vividas. Es necesario:

·      abrir espacios reales de participación (no solo formales)

·      acercar la política a problemas concretos de la vida cotidiana

·      fomentar experiencias de corresponsabilidad y acción colectiva

6. Recuperar un horizonte compartido. Quizá el desafío más profundo es reconstruir un sentido de proyecto común. Sin horizonte compartido, la democracia se reduce a procedimiento. Esto implica:

·      superar la lógica de la pura gestión

·      reintroducir preguntas normativas (qué sociedad queremos)

·      articular propuestas que conecten libertad, igualdad y pertenencia

En última instancia, la tarea no es solo política, sino también cultural y moral. Porque la democracia no se pierde de un día para otro. Se desgasta cuando dejamos de sostenerla en la vida cotidiana.

à La democracia como práctica moral y conversación cívica https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/democracia-practica-moral-conversacion-civica_132_12913986.html

 

[9] Relevancia del espacio local. A pesar de que los procesos sean globales, sus efectos son locales, acaban impactando en el aquí: en este barrio, esta calle, esta región, esta ciudad, este paisaje, esta comunidad…

Xavier Rubert de Ventós, analiza los orígenes del Estado moderno a partir de la reforma política de Clístenes (año 508 a. C.), que consistió en sustituir la pertenencia genética (de la gens o linaje) por la pertenencia democrática (del démos) como principio organizador de la ciudad. Escribe, a este respecto: “La primera formulación de la igualdad democrática consiste en decir que cada uno es de donde está, de su barrio, y no de donde es o procede -del clan o culto doméstico al que pertenencia. Democracia no significa pues el gobierno del pueblo (entonces su nombre sería laiocracia), sino el de estas agrupaciones intermedias que están entre el individuo y el poder, pero que remiten a un lugar a un domicilio más que a un culto u origen ancestral”. Se trata de una auténtica barriocracia.

Reforzar lo colectivo frente a lo meramente conectivo.