Eterno anochecer. Poesía completa
Edición, traducción y notas de Nazanin Armanian
Gallo Nero, 2025
"De la tierra de la luz, del amor, del dolor y la negrura,
una mujer partió de madrugada;
se arrastró, como un ave sin plumas que ha perdido el camino,
y cargó con su hato repleto de fatigas y zozobra.
Ni una triste lágrima derramó nadie por su ausencia.
No comprendió su idioma nadie.
No supo per, la multitud indiferente,
que su canto era un himno a la nostalgia y la mugre".
Este libro, que reúne por primera vez en castellano toda la poesía de Forugh Farrojzad, nos permite recorrer la intensa evolución de una autora que revolucionó la literatura persa contemporánea y cuya escritura sigue resultando sorprendentemente moderna al atreverse a convertir su propia experiencia de mujer en el centro de una poesía radicalmente libre.
Como indica la traductora, Nazanin Armanian, resulta imposible separar su obra de su biografía. Nacida en Teherán en 1935, casada muy joven, divorciada poco después y privada de la custodia de su hijo, Forugh Farrojzad desafió todas las convenciones de una sociedad profundamente patriarcal y teocrática, y fue objeto de escándalo por escribir sobre el deseo femenino, el cuerpo, el amor, el fracaso matrimonial o la soledad sin ocultarse tras metáforas complacientes ni adoptar la voz que la tradición reservaba a las mujeres. Como escribe en "Rebeldía":
No trates de ponerme candados de silencio,
que tengo que contar aún varias historias.
Quítame de los pies estos grilletes
que laceran mi carne lacerada.
[...]
Más tú, varón, ser engreído,
no condenes mis versos por infame.
Qué sabes tú de lo que se desborda
de mi pecho en esta jaula asfixiante.
[...]
Un libro, algo de paz, de intimidad, de poesía,
lo suficiente como para emborracharme
con el vino fugaz de la vida. ¿Por qué coy a lamentarme
por no tener acceso al paraíso prometido, si en mi corazón
albergo el paraíso de cada latir?
[...]
Renuncia al hadiz, varón,
que el desafío te embriague de placer.
Dios todopoderoso me perdona.
¿Quién sino él me dio a mí, su poeta,
este corazón tan loco?
Lo que atraviesa estos poemas es la búsqueda de una existencia auténtica, capaz de sostener la libertad incluso cuando esa libertad conduce a la intemperie. Su obra contiene una resonancia política inevitable al afirmar una concepción de la libertad incompatible con cualquier forma de dominación y reclamar para las mujeres el derecho a ser sujetos completos de experiencia, deseo, pensamiento y creación. Su escritura desafía el orden patriarcal precisamente porque rechaza reducir la vida femenina al sacrificio, al silencio o a la obediencia.
En este sentido, hay un aspecto de su poesía que me conmueve especialmente. Cuesta no sentir una profunda tristeza al comprobar hasta qué punto una mujer de una vitalidad desbordante, de una inteligencia extraordinaria y de una libertad tan poco común quedó atravesada por el sufrimiento amoroso. Sus poemas muestran una personalidad que se niega a aceptar las convenciones de su tiempo y que aspira a vivir el amor como un encuentro entre iguales. Sin embargo, una y otra vez aparece la experiencia de la ausencia, de la incomprensión, de la dependencia afectiva o del abandono. Así lo expresa en "Echada al olvido":
No sé en qué habré fallado
para que haya desecho de este modo
la madeja de amor que nos unía.
Si yo viví en su corazón,
¿por qué no vino a verme más, por qué?
Donde quiera que mire me lo encuentro
mirándome estos ojos que han llorado.
El mal de amores se hizo dueño,
resentido, anhelante,
de mi ánimo alegre.
Al leerla resulta inevitable preguntarse cuántas mujeres extraordinarias han tenido que medir su propia felicidad con hombres incapaces de reconocer plenamente su libertad o de sostener una relación verdaderamente igualitaria. La tristeza que dejan algunos de sus poemas no nace únicamente del desengaño amoroso, sino de la intuición de que una mujer tan excepcional se vio obligada a buscar, en un mundo profundamente patriarcal, una reciprocidad que ese mismo mundo hacía imposible.
Es verdad que Forugh Farrojzad no convierte esa vulnerabilidad en sumisión: ama intensamente, desea intensamente, sufre intensamente, pero jamás renuncia a su propia voz. Sus poemas no transmiten la imagen de una mujer derrotada por el amor, sino la de alguien que se resiste a aceptar un amor que exija disminuirse a sí misma para ser correspondida. Esto es algo que se percibe, creo, al tener la oportunidad de leer toda su obra, de ver la evolución de su escritura desde su primer libro, titulado Cautiva, publicado en 1955, hasta su quinto y último poemario, Tengamos fe en el principio de la estación fría, terminado poco antes de su trágica muerte y publicado de forma póstuma en 1974.
Los primeros libros presentan un tono confesional y romántico, dominado por la pasión amorosa, la culpa y el conflicto entre el deseo y las normas sociales, con poemas intensos, a veces vehementes, donde la afirmación del yo aparece ligada al sufrimiento de quien intenta abrirse paso en un mundo que la condena. Pero, libro tras libro, esa voz va desprendiéndose de cualquier sentimentalismo para adquirir una profundidad existencial extraordinaria. En Otro nacimiento y, sobre todo, en Tengamos fe en el principio de la estación fría, la experiencia personal se convierte en una interrogación sobre el tiempo, la muerte, la naturaleza, la memoria y el sentido mismo de vivir. De este último libro es el poema "La ventana":
Una ventana para ver,
una ventana para oír,
una ventana como el aro de un pozo.
Su fondo llega al corazón de la tierra
y se abre hacia lo inmenso de esa amorosa continuidad de color azul.
Una ventana que llenan las pequeñas manos solitarias
de la generosidad nocturna del aroma
de las magnánimas estrellas.
Y se puede ver dese allí
invitar al sol a la añoranza de los geranios.
Me basta una ventana.
La poeta escribe desde la herida, pero también desde una inagotable voluntad de seguir viviendo. En sus versos hay una confianza obstinada en la posibilidad del renacimiento, de encontrar una nueva forma de habitar el mundo incluso después del dolor. La naturaleza ocupa un lugar central en esta búsqueda: árboles, pájaros, jardines, estaciones, lluvia o viento aparecen constantemente en sus poemas, constituyendo un lenguaje con el que pensar la transformación, la fertilidad, el desgaste del tiempo y la esperanza. Frente a una cultura que pretende inmovilizar la vida bajo normas morales rígidas, la naturaleza representa el movimiento continuo, el cambio y la posibilidad de comenzar de nuevo. Incluso el invierno, la estación fría, contiene la promesa de otra primavera.
La temprana muerte de la autora, en un accidente de automóvil cuando apenas contaba treinta y dos años, contribuyó a convertirla en una figura casi legendaria. Sin embargo, el verdadero motivo por el que continúa siendo una de las grandes voces de la literatura del siglo XX no reside en el mito biográfico, sino en la fuerza de una obra que ha sobrevivido a los cambios políticos, culturales y religiosos de Irán. Leída desde el presente, Eterno anochecer demuestra que la poesía puede convertirse en un espacio de resistencia frente a todo los intentos de clausura de la vida.



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