sábado, 2 de septiembre de 2023

Un nuevo país al otro lado de mi ventana

Theodor Kallifatides
Un nuevo país al otro lado de mi ventana
Traducción de Selma Ancira
Galaxia Gutenberg, 2023
 
"Millones de personas, emigrantes y refugiados, viven en ese desconcierto, incapaces de orientarse tras haber perdido la brújula del yo. Personas que no únicamente han perdido la Tierra Prometida, también han perdido la Tierra de la que partieron".
 
 
Kallifatides continua en este libro la línea de reflexión que ya hemos conocido en Otra vida por vivir. A partir de su propia experiencia como inmigrante griego en Suecia, el autor profundiza en las dificultades para ser aceptado en una sociedad diferente, en los sueños que empujan a la persona migrante, en las trampas al solitario que caracterizan el juego de la identidad, en el nativismo de los pobres ("Ya no le queda nada. Sólo una cosa: que no es extranjero. Es sueco, tiene el derecho a pisar el suelo que pisa"), en los problemas de vivir entre dos países y dos culturas; pero también sobre el amor, la libertad, la soledad, la amistad o la escritura. 
 
Una hermosa y delicada meditación sobre las consecuencias de una condición, la de persona migrada, cada vez más común en nuestra época, en la que la errancia, el nomadismo y la extranjería, sobre todo cuando son forzadas, configuran una manera de existir para la que no estamos en absoluto preparadas, ni como individuos ni como sociedades:
 
"Son muchas cosas las que no sabes cuando dejas tu país. Ignoras que dentro de ti llevas las trazas que te hacen extranjero en el nuevo país y cuando finalmente ya no eres extranjero allá, te vuelves extranjero para ti mismo, de manera que eres extranjero en todos lados".  

martes, 29 de agosto de 2023

Libros recomendados en agosto

 

Caminar la vida

David Le Breton
Caminar la vida. La interminable geografía del caminante
Traducción de Hugo Castignani
Siruela, 2022

"Todo viaje participa de esta búsqueda de un espacio donde la existencia se convierte en un acto de reconocimiento inmediato y embelesado. Cada cual busca el sitio de su renacimiento en el mundo. [...] No es necesario irse muy lejos. [...] En ciertos lugares, experimentamos justamente el sentimiento de que nos estaban esperando, de que jamás habían dejado de perseguirnos. No es un descubrimiento, sino un retorno".


Le Breton, que ya se ha asomado por aquí, es una de las referencias indiscutibles en ese género que me atrevo a bautizar como walking writing. Y es que tiene algo de paradoja que justo ahora, en esta época en la que el "Homo caminans", ese ser que hace del caminar erguido su característica más definitoria, se ha transformado en "una humanidad cada vez más sentada", proliferen los libros que tratan sobre los caminos y sobre el caminar.

Como esta deliciosa obra en la que encontramos capítulos que hablan sobre la planificación, el desarrollo y las dificultades de las caminatas (con títulos como "Ponerse en marcha", "Ritmo", "Trazar su propio camino" o "Inconveniencias"), en los que Le Breton se muestra como un caminante "clásico", crítico con una determinada manera de tecnologizar la práctica del caminar, tan habitual hoy en día, crítica que comparto y sobre la que ya hemos hablado aquí:
 
"[E]l GPS es contrario a la filosofía del caminar porque transforma el camino en trayecto, subordinándolo al objetivo y disolviéndolo para convertirlo en puro pasaje indiferente; eliminando la poética del mundo al reducirlo a una serie de datos numéricos; captando una mirada a la que le ha dejado de importar el paisaje o el ambiente, absorbida, de hecho, por la pantalla. La tecnología transforma los desplazamientos en algo utilitario, olvidando el camino; ya no es posible perderse y tener que preguntar por las direcciones, ni descubrir lugares inesperados, pues el trayecto se efectúa con los ojos en la pantalla, en un borrado radical de toda imaginación. La satisfacción de orientarse por uno mismo desaparece".
 
Pero, sobre todo, en este libro Le Breton profundiza en la espiritualidad del caminar, más que en sus dimensiones prácticas. Así, escribe: "La experiencia del caminar es una inmersión en otro mundo, en otro tiempo, en otro espacio, en otro uso de la vida". Y también: "Toda marcha solitaria, hasta la de unas pocas horas, agudiza el sentimiento de la presencia del mundo, confiere una libertad de conciencia y de
movimiento". Leyendo estas y otras reflexiones en el mismo sentido pensaba en otras "distracciones" tan contrarias, en mi opinión, a esa espiritualidad del caminar como son las carreras de montaña, en especial las concentraciones masivas, o el caminar por la naturaleza escuchando la radio o con auriculares. Pero bueno...

Y hablando de la espiritualidad del caminar, no podía faltar una referencia al Camino de Santiago que para Le Breton es ocasión para experimentar "la sensación de estar religado al mundo". Para concluir con esta reivindicación profunda del caminar, que solo puedo aplaudir y hacer mía:
 
"El hombre contemporáneo tiende a rechazar el sentimiento religioso, pero vive a menudo momentos de trascendencia profana, la irrupción de una íntima sacralidad. La peregrinación y el caminar, en general, favorecen emociones que proporcionan el sentimiento de estar apasionadamente vivo. En un mundo utilitarista, donde todo lo que no sirve perece, nos evoca la pasión de lo inútil. Una caminata no vale para otra cosa que para hacer maravillosas las horas"

Así pues, a caminar...

domingo, 27 de agosto de 2023

El mágico arroyo Grazal

Desde bien temprano por la mañana hoy ha sido un día de fuertes y constantes chaparrones. Pero anoche recordé que hacía mucho tiempo, años, que no visitaba una de las zonas más hermosas de Enkarterri y me he animado a pesar de la lluvia. Me refiero a la ruta de senderismo PR BI-105 que atravesando el precioso bosque de ribera del arroyo Grazal, en las faldas del monte Eretza, retorna a Sodupe por los caseríos de Lexartza y de Goikuria. Apenas nueve kilómetros de recorrido sin grandes desniveles (aunque es posible alargar considerablemente la caminata ascendiendo al Eretza y/o al Luxar) que nos introduce en un biotopo protegido que sorprende por su belleza.

He aparcado en el barrio de Iorgi, a la entrada de Sodupe por la carretera BI-636 he retrocedido un centenar de metros hasta el inicio de la ruta, perfectamente señalizada, y me he puesto en camino.
 

 
En este punto el sendero continua hacia el Eretza. Para retornar a Sodupe hay que cruzar el arroyo (y despedirse de él) atravesando este puente de madera.
Pero el camino sigue ofreciéndonos estampas de cuento.
Barrio de Lexartza. Desde aquí se puede ascender al Luxar por el collado Arbori en algo menos de una hora siguiendo el PR-BI 107 Luxar-Eretza.
La curiosa y hermosa ermita de San Bartolomé, construida, según la tradición local, en 1212.
A partir de aquí cambiamos de dirección y se inicia la circular de regreso a Sodupe: quedan 5 kilómetros.
Ganekogorta, Aguilatos y Gallarraga.
Eretza.
De nuevo, Ganeko, Aguilatos y Eretza.
Los chaparrones me han acompañado durante toda la mañana, breves pero intensos. Afortunadamente, el arbolado me ha servido de cobijo en más de una ocasión.

Eretza otra vez, ahora entre la niebla.
Ahí abajo se ve Sodupe.
Para la "Bancografía" de Mikel Ayestaran.
Aunque desde este las vistas no son muy destacables. Pero un banco es un banco 😄
Llegando al barrio de San Pedro Goikuria el sol se ha asomado timidamente.
Y de la tierra, la piedra, la hierba y el barro se pasa al asfalto.
A partir de aquí todo es descender hasta Sodupe por una pista asfaltada.