domingo, 1 de septiembre de 2019

Otra vida por vivir: reflexiones de un expatriado

Theodor Kallifatides
Otra vida por vivir
Traducción de Selma Ancira
Galaxia Gutenberg, 2019


Theodor Kallifatides nació en Grecia en 1938 y en 1964 emigró a Suecia, donde ha desarrollado una destacada carrera literaria escribiendo todas sus obras en sueco. Cumplidos los 77 años atraviesa una profunda crisis creativa y se descubre incapaz de escribir una sola línea más. Se desprende del estudio donde había trabajado a diario durante años, cambia sus rutinas y reflexiona sobre su vida pasada enfrentándose al "gran 'si'" de su vida, la emigración. ¿Qué hubiera ocurrido si...?

"¿Qué vida habría vivido si no me hubiese ido de Grecia? ¿Quién sería? ¿Qué sería? [...] Me arrepentía de haberme ido?".

Su problema, confiesa, "no era sólo con la escritura, era también con la sociedad que me rodeaba". La Suecia que lo acogió, donde encontró a su esposa y crió a sus hijos, donde se convirtió en escritor reconocido, aquella Suecia socialdemocrática, había cambiado: "No soportaba ver a Suecia dejar de ser un país de justicia social y solidaridad, para enredarse en los tentáculos del comercio". Privatización de los servicios públicos, mercantilización de la vida, aumento de la desigualdad, xenofobia... "Envejecía en un mundo que me parecía cada vez más ajeno. La nueva realidad moral me ofendía personalmente".

En esta tesitura, Kallifatides se redescubre como griego. Profundamente ofendido por la imagen que se daba de su país de origen durante la crisis -"Europa entera nos vilipendiaba. Éramos haraganes, ladrones, pensionistas de nacimiento"-  sus raíces griegas, sus recuerdos de juventud, sus amistades, su compromiso político, su lengua... "Sin ser consciente de ello, pensaba cada vez más a menudo en Grecia". Hasta que decide regresar, acompañado de su esposa Gunilla. Ahí, en un país en crisis, experimentará la realidad del forastero, que Alfred Schutz analizó con tanta perspicacia en 1944:

"Tenía constantemente -escribe Kallifatides- la sensación de encontrarme en un país equivocado, de estar en un lugar erróneo. [...] Había perdido mi peso específico, mi capacidad de mantenerse a flote. [...] Quizá finalmente ese sea el precio de vivir en un país extranjero. No es sólo que vives una vida distinta de la que dejaste atrás. Es que la vida en el extranjero te vuelve extraño. ¿Quién o qué rompería el hechizo? ¿Quién o qué volvería a hacer de mí aquello que siempre quise ser: un ser humano entre seres humanos".

Y ahí, en su país, volverá a escribir y dejará de sentirse un inmigrante... aunque retorne a Suecia.

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