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lunes, 30 de enero de 2023

La columna

Adrien Bosc
La columna
Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona
Tusquets, 2022

"Esperaba en Portbou para tomar los ferrocarriles españoles. En la sección local de las milicias antifascistas le habían estampado el sello de la Generalitat de Catalunya en el pasaporte. Entraba en un país en guerra porque no soportaba quedarse de brazos cruzados. Siempre se había considerado una pacifista, alguien incapaz de vestir un uniforme y empuñar un fusil. Pero dos días antes, al término de una reunión de apoyo a los republicanos españoles, decidió que iría a combatir. Volvió a su casa familiar, en la calle Auguste-Comte, presa de un fervor que sus padres conocían bien, un fervor que no admitía que nadie la contradijera ni le aconsejara prudencia, el mismo fervor que la había llevado a dejar la enseñanza y la filosofía para irse a trabajar a la fábrica, hacerse obrera prensadora, calderera en el horno de bobinas de cobre de la casa Alsthom, fresadora en la fábrica Renault. Hay que implicarse en cuerpo y alma, decía. Lo mismo en la guerra como en la lucha obrera, en el frente como en la fábrica: la fraternidad es un impulso del corazón. Los que la experimentan consideran inmoral rehuir el compromiso, odioso clamar contra la desgracia sin arriesgarse a sufrirla. 
Escribir, pensar, actuar son una y la misma cosa".


Aparentemente, nadie más lejos de la imagen de miliciana aguerrida que Simone Weil: miope, de físico endeble, atacada por terribles migrañas. Pero lo mismo cabría decir de su imagen como obrera industrial. Y sin embargo lo fue, ambas cosas: obrera y miliciana. Por poco tiempo, es cierto: entre diciembre de 1934 y agosto de 1935, lo primero, entre agosto y septiembre de 1936, lo segundo. Pero nadie debería despreciar ambas experiencias por su reducida extensión temporal, pues todo en la existencia de Simone Weil fue breve (su propia vida, agotada a los 34 años) pero sorprendentemente intenso. Su corta vida fue capaz de contener y armonizar innumerables vidas.

Este libro -biografía novelada, narración documental- está fundado sobre materiales procedentes de diversas fuentes, entre ellas las anotaciones de la propia Simone Weil en su diario de guerra y, sobre todo, la carta que envió en 1938 al afamado escritor Georges Bernanos, conservador, católico tradicionalista y simpatizante de la Falange. Situados en bandos opuestos, ambos, Bernanos y Simone Weil, saldrán de la guerra civil española profundamente desencantados con su propio bando. "Partimos como voluntarios, con ideas de sacrificio, y nos metemos en una guerra que parece de mercenarios, en la que sobra crueldad y falta la consideración debida al enemigo", escribe Simone Weil. "Si sabemos que podemos matar sin que nos castiguen ni nos culpen -advierte-, matamos; o al menos rodeamos de sonrisas alentadoras a quienes matan". Por su parte Bernanos denuncia en su libro Los grandes cementerios bajo la luna la matanza de campesinos por las tropas sublevadas:

"Allá en Mallorca vi pasar por la Rambla unos camiones repletos de hombres. Rodaban con estruendo a ras de las terrazas multicolores, recién fregadas y chorreando, con su alegre murmullo de verbena. Los camiones estaban grises por el polvo de las carreteras, grises también los hombres sentados de cuatro en cuatro, con las gorras grises ladeadas y las manos extendidas sobre los pantalones de dril, muy formales. Los sacaban todas las noches de los caseríos perdidos, cuando volvían del campo; partían para su último viaje, con la camisa pegada a los hombros por el sudor, los brazos aún cargados del trabajo del día, dejando la sopa servida en la mesa y a una mujer que llega demasiado tarde a la entrada del jardín, sofocada, con un hatillo envuelto en el paño nuevo: ¡Adiós! ¡Recuerdos! 
Se nos está poniendo sentimental, me dicen. ¡Dios me libre! Simplemente repito, nunca me cansaré de repetir que esas personas no habían matado ni herido a nadie. [...]
«No hay duda de que eran buenas personas, -replicarán seguramente los obispos españoles-, porque la mayoría de esos desdichados se convirtieron in extremis. Según nuestro Venerable Hermano de Mallorca, solo el diez por ciento de esos queridos hijos rechazaron los sacramentos antes de ser despachados por nuestros buenos militares». Es un porcentaje alto, lo reconozco, y dice mucho del celo de su Eminencia. ¡Que Dios se lo pague! No voy a juzgar, al menos por ahora, esta forma de apostolado" [Lumen, 2009. Traducción de Juan Vivanco].

La experiencia española no llevó a Simone Weil al desencanto con la causa de la libertad y la humanidad. Pero sí la confirmó en la imprescindible autoexigencia ética que caracteriza toda su obra y toda su vida; si debe haber algún sacrificio, que en primer lugar sea el sacrificio propio. Como escribió Albert Camus en respuesta a quienes protestaron por el contenido de la carta de Simone, publicada en 1954 por iniciativa de este en la revista Témoins: "[E]stá bien que la violencia revolucionaria, inevitable, se separe a veces de la odiosa buena conciencia en la que lleva tiempo instalada".  

domingo, 7 de marzo de 2021

En este lugar, en este momento, la humanidad somos nosotras

Me faltan unas pocas páginas para terminar la minuciosa biografía de Susan Sontag escrita por Benjamin Moser (Anagrama 2020, traducción de Rita da Costa). Ya la comentaré aquí en su momento. 
 
En las páginas 588-589, escribiendo sobre el montaje que dirigió Sontag en la sitiada ciudad de Sarajevo de la obra de Beckett Esperando a Godot, Moser cita un momento del acto segundo en el que Vladimir pronuncia este discurso:

"¡Hagamos algo mientras podamos! No todos los días hay alguien que nos necesite, y menos aún personalmente. Otros lo harían igual de bien, o mejor. Esa petición de auxilio que aún resuena en nuestros oídos va dirigida a toda la humanidad. Pero en este lugar, en este momento, nosotros somos toda la humanidad, tanto si nos gusta como si no. Aprovechemos la ocasión antes de que sea demasiado tarde. Por una vez, representemos dignamente la abyecta prole a la que nos ha relegado un destino cruel".

He buscado el Godot en mi biblioteca, una coedición de Barral Editores y Editorial Labor de 1981, ya desencolada, traducida por Ana María Moix, en la que ese mismo parlamento se recoge así:
 
"¡Hagamos algo ahora que se nos presenta una ocasión! No todos los días hay alguien que nos necesita. Otros lo harían igual de bien, o mejor. La llamada que acabamos de escuchar va dirigida a la humanidad entera. Pero en este lugar, en este momento, la humanidad somos nosotros, tanto si nos gusta como si no. Aprovechémonos antes de que sea demasiado tarde. Representemos dignamente por una vez la porquería en que nos ha sumido la desgracia". 

Había olvidado este fragmento. Me parece una maravilla, como muy de Albert Camus. Me la apunto.






sábado, 24 de noviembre de 2018

Nuestras riquezas: una librería en Argel


Kaouther Adimi
Nuestras riquezas
Traducción de Manuel Arranz
Libros del Asteroide, 2018


En 1936 el veinteañero Edmond Charlot abre en Argel la librería "Las Verdaderas Riquezas", tomando para sí el título de la obra homónima de Jean Giono -publicada en castellano por Errata Naturae- y, junto con el título, el espíritu que anima esta obra:

"La sociedad construida sobre el dinero destruye las cosechas, destruye a los animales, destruye a los hombres, destruye la alegría, destruye el mundo auténtico, destruye la paz, destruye las riquezas verdaderas" (Jean Giono, Las riquezas verdaderas, p. 30).

De ahí la intención de Charlot: fundar una librería y una editorial, pero no como un negocio, sino como un espacio consagrado al pensamiento, la creación, la amistad, la inteligencia, el entendimiento:

"Una librería que vendiese novedades y libros antiguos, que prestara obras y que no fuera únicamente un negocio, sino un lugar de encuentros y de lectura. Un lugar de fraternidad, en cierto modo, y con un toque mediterráneo: invitar a escritores y lectores de todos los países del Mediterráneo sin distinción de lengua ni de religión, gente de aquí, de esta tierra, de este mar...".

La novela de la igualmente joven Kaouther Adimi (Argel, 1986) cuenta, con un lenguaje sencillo y directo, la historia de esa librería y de las personas y personajes que tuvieron relación con ella.

Para ello, recurre a dos planos temporales. El primero, el día a día de la librería, a partir de las anotaciones de los diarios de Edmond Charlot, entre 1935 y 1961. Una época histórica excepcionalmente agitada: la guerra civil de España, la segunda guerra mundial, la revolución argelina contra la colonización francesa, influirán sobre la librería tanto como las dificultades económicas que su fundador deberá sortear recurriendo a la complicidad de sus amistades. Es en este plano en el que se mueven los personajes que constituyeron el universo de "Las Verdaderas Riquezas" (como Antoine de Saint-Exupéry o André Gide), entre los que destaca la presencia constante de Camus: su nombre aparece en al menos 26 de las 166 páginas de la historia.

El segundo plano temporal, actual, se construye a partir de la experiencia de Ryad -veinte años de edad y estudiante de ingeniería en París- que en 2017 es enviado a Argel para desmontar el viejo local que en su tiempo acogió la librería de Charlot, deshacerse de su mobiliario y de los libros que aún quedan y limpiar y pintar el local, destinado a acoger una buñolería. Es aquí cuando conocemos a las personas que habitan el barrio donde se ubicaba la librería y que, en algunos casos, la conocieron abierta y en pleno funcionamiento: Moussa el de la pizzeria, el tendero que no le vende pintura a Ryad, el camarero de Chez Saïd, la vendedora de perfumes de imitación, el ciego Youcef ("capaz de reconocer cualquier libro con solo tocar la cubierta y de recitar uno de sus pasajes de memoria"), la joven Sarah y, sobre todo, el viejo Abdallah, que trabajó en "Las Verdaderas Riquezas" y que ahora custodia el local como un fantasma.

En fin: se trata de una obra breve pero intensa, evocadora, un canto de amor a los libros y las librerías. Yo hubierra sido feliz teniendo cerca una librería como "Las Verdaderas Riquezas".

"Irás a Las Verdaderas Riquezas, ¿verdad? Tomarás las callejuelas en cuesta, las descenderás o las subirás. Te protegerás del sol que pega con fuerza ... te detendrás en la terraza de un café y no dudarás en sentarte un momento para charlar con unos y con otros. Aquí no hacemos diferencias entre la gente que conocemos y la que acabamos de conocer...".


lunes, 4 de julio de 2016

Elogio del traidor

Escribe Claudio Magris en El infinito viajar (Anagrama, 2008) que "viajar enseña el desarraigo, a sentirse siempre extranjeros en la vida, incluso en casa, pero sentirse extranjero entre extranjeros acaso sea la única manera de ser verdaderamente hermanos".
Quienes me conocen saben de mi sedentarismo militante. Considero que eso de viajar está sobrevalorado. "Asegúrese de que lleva todo lo superfluo para su viaje innecesario", ironizaba El Roto en una de sus viñetas.
Pero sí aprecio y valoro la experiencia de extrañamiento respecto de lo propio que describe Magris. Experiencia que no siempre encontramos en el viaje, desde luego no en esos viajes normalizados, empaquetados, todo-incluido, que son la mayoría de los viajes. Afortunadamente no es preciso viajar para descubrirse extranjero entre extranjeros. A mí me basta un rincón de mi casa.
Ahí (aquí) me encuentro a diario con autoras y autores que han hecho de la extranjería su arte: el propio Magris, Camus, Simone Weil, Erri de Luca, Thoureau ("Si de forma plenamente consciente hubiera de unirme a las filas de algún partido, escogería aquel que mayor libertad ofrezca para el pensamiento". Cartas a un buscador de sí mismo, Errata Naturae 2012)... Ahí están, en la estantería que queda justo a mi espalda, leyendo sobre mi hombro todo lo que escribo, corrigiéndome.


Y entre ellas y ellos, también está Amos Oz.
No es la primera vez que Amos Oz se hace presente por aquí. En esta su última novela, la figura de Judas, el "traidor" paradigmático en la cultura cristiana, le sirve a Oz para retomar una de sus principales obsesiones: la de lograr la convivencia entre dos estados, Israel y Palestina, imprescindibles para que dos pueblos que no tienen a dónde ir puedan tener un futuro en paz.
La novela nos sitúa al comienzo de la década de los 60, cuando el joven Shmuel Ash, socialista, emotivo e intenso, estudiante con una investigación estancada sobre la figura de Judas y su relación con Jesús, abandonado por su novia -"un oso aturdido al que habían sacado de su hibernación"-, responde a un anuncio en el que se ofrece empleo y alojamiento a un "estudiante soltero de Humanidades, conversador sensible a quien le guste la historia ... a cambio de hacer compañía durante unas cinco horas cada tarde a un inválido de setenta años, un hombre ilustrado, de gran cultura".
Así es como conocerá a Gershom Wald, el anciano, pero sobre todo a una mujer fascinante, Atalia Abravanel, viuda del único hijo de Gershom, muerto en combate durante la guerra de 1948. Atalia, hija de Joaquín Abravanel, hombre ilustrado, crítico con el proyecto de Estado judío independiente impulsado por Ben Gurion, convencido de la necesidad y la posibilidad de encontrar la manera de que árabes y judíos convivieran pacíficamente compartiendo un mismo territorio, pero sin constituirse en estados:

Abravanel, por su parte, no creía en ningún estado. Tampoco en un estado binacional. Tampoco en un estado compartido por árabes y judíos. La idea de un mundo dividido en cientos de estados con pasos fronterizos, alambradas de espino, pasaportes, banderas, ejércitos y sistemas monetarios separados, le parecía una idea desquiciada, arcaica, primitiva, criminal, una idea desfasada y que muy pronto desaparecería del mundo. Él me decía, para qué tenéis que establecer aquí deprisa y corriendo, a sangre y fuego, otro estadito liliputiense, a costa de una guerra sin fin, cuando dentro de muy poco todos los estados del mundo desaparecerán y, en su lugar, habrá comunidades de hablantes de diferentes lenguas que vivan unos al lado de otros y unos en medio de otros sin esos juguetes letales como soberanías, fronteras y armas destructivas de todas clases.
[...] Es mejor que no intentemos fundar aquí ni un Estado árabe ni un Estado judío, afirmaba: vivamos aquí los unos al lado de los otros y los unos en medio de los otros, judíos y árabes, cristianos y musulmanes, drusos y circasianos, ortodoxos, católicos y armenios, un grupo de comunidades vecinas sin fronteras separadoras.

Y por ello acabó sus días aislado, en esa casa-velatorio, con la única compañía de sus libros, una hija viuda y el padre de un hijo muerto.
"Es un orgullo que algunos israelíes me llamen traidor por oponerme a la ocupación", declaraba Amos Oz en una entrevista.
Una novela hermosísima, conmovedora.




sábado, 7 de noviembre de 2015

Más lecturas (hasta tener algo que decir que merezca la pena)

Aunque la profesión, la vocación y la responsabilidad no me lo permiten, cada vez me cuesta más escribir o hablar sobre "mis cosas" y, por el contrario, son las cosas que cuentan y escriben otras personas las que más interesantes me parecen. Sobre todo las que escriben, que quienes me conocen saben bien de mi abierta preferencia por el papel impreso frente a la expresión oral.
Desde que publiqué aquí mi anteúltimo comentario -el último no fue más que un desahogo- me ha tocado, además de las clases en la universidad, publicar diversos trabajos relacionados con la cosa de la Sociología (que suelo recoger aquí, más que en este blog, para no mezclar ámbitos), así como participar en algún congreso y en varios seminarios.
Pero lo que más a gusto he hecho es leer, leer y leer.


Terminaba mi ante-anterior post anunciando mi voluntad de sumergirme en la última novela de Stephen King, Revival. Aunque siempre ha sido un excelente cronista de la vida cotidiana en la Norteamérica más tradicional, en algunas sus últimas novelas King ha depurado hasta la perfección su vocación de cronista de una sociedad y un estilo de vida característicos de la América profunda, de esa que se mantiene en las poblaciones más rurales, más pequeñas, alejadas de las grandes ciudades. Destaca, en este sentido, su anterior novela Joyland.
Revival no es una historia "de miedo": no hay vampiros, ni monstruos, ni asesinos en serie; sus protagonistas son, todos y todas, seres humanos con vidas rotas, frágiles y dolientes. Se lee a gusto, mantiene la atención hasta un final de tonos lovecraftianos que me ha llevado a visualizar no los horrores cósmicos que King pretende evocar, sino los horrores reales, terrenos y actuales, representados en las terribles imágenes de las columnas de refugiados sirios deambulando por las carreteras de Eslovenia:

"Se hallaba en medio de un paisaje yermo. Yermo, pero no vacío. Por este paraje avanzaba penosamente una columna ancha y en apariencia interminable de seres humanos desnudos, con la cabeza gacha, a trompicones. Esta procesión pesadillesca llegaba hasta el horizonte lejano. Acuciaban a los humanos unas criaturas semejantes a hormigas, en su mayoría negras, algunas del color rojo oscuro de la sangre venosa. Cuando los humanos caían, los seres hormigas se abalanzaban sobre ellos, para morderlos y golpearlos hasta que volvían a ponerse en pie. Vi hombres jóvenes y mujeres viejas. Vi adolescentes con bebés en los brazos. Vi niños que intentaban ayudarse mutuamente a seguir. Y en todos sus rostros se dibujaba la misma expresión de horror e incomprensión".


http://elcomercio.pe/mundo/europa/refugiados-marcha-verguenza-eslovenia-noticia-1849740 

Con los ojos cerrados, de Gianrico Carofiglio, es uno de esos libros que suelo comprar en librerías de ocasión, a un precio muy reducido. Muy bien escrito, con unos personajes razonablemente creíbles (unos, como el abogado protagonista, más que otros, como la monja sor Claudia) y una historia que nos sumerge en un oscuro caso de violencia de género. En la librería en la que compré este libro no tenían el anterior, primero de la serie del abogado Guerrieri, pero sí el siguiente, tercer caso publicado en España. También lo compré y ahora espera a que le toque el turno. A ver.

La tercera novela leída en estas últimas semanas es muy distinta de las dos anteriores. Se trata de Meursault, caso revisado, del escritor argelino Kamel Daoud. Presentada como una relectura de El extranjero desde el punto de vista árabe, es la historia de un hermano que reivindica a aquella víctima anónima de un asesinato célebre:
"Yo, que esperaba encontrar en esa historia las últimas palabras de mi hermano, la descripción de su exhalación, sus réplicas frente al asesino, sus huellas y su rostro, no leí más que dos líneas sobre un árabe. La palabra 'árabe' aparece veinticinco veces y no se menciona su nombre ni siquiera una vez. [...] Estaba todo, salvo lo esencial: ¡el nombre de Moussa! En ningún sitio. Conté y volví a contar, la palabra árabe aparecía veinticinco veces, pero ni un solo nombre, de ninguno de nosotros".

Es también la historia de otra muerte (esta vez de una víctima con nombre) originada en aquel asesinato ocurrido veinte años antes, y de otras muchas muertes ocurridas en una Argelia convertida en campo de batalla:
"El francés había sido eliminado con la misma meticulosidad empleada con el árabe en la playa veinte años después. Joseph era francés, y los franceses morían por doquier en aquella época en el país, lo mismo que los árabes antiguamente. Siete años de guerra de Liberación habían transformado  la playa de tu Mersault en un campo de batalla".

Y de la diferencia entre asesinar como un acto privado o matar en el contexto de una guerra de liberación:
"'¡Tenías que haber matado al francés con nosotros, durante la guerra, no esta semana!'. Respondí que eso no cambiaba gran cosa. Estupefacto, sin duda, se quedo callado antes de proferir: '¡Eso lo cambia todo!'. Tenía una mirada maliciosa. Le pregunté que era lo que cambiaba. Se puso a mascullar que había una diferencia entre matar y luchar en la guerra, que no éramos asesinos sino liberadores, que nadie me había ordenado matar al francés y que había que haberlo hecho antes. '¿Antes de qué?', pregunté. '¡Antes del 5 de julio! ¡Sí, antes, no después, diantres!'".

Excelente.


Y después de la ficción, pasamos al ensayo.

Empiezo por La ciudad de las desapariciones, de Ian Sinclair. A ratos crónica crítica de la sociología cotidiana de la época thatcherita, desde las barradas obreras desestructuradas -brillante su interpretación del pitbull, icono macarrero, como una "picha con dientes"- hasta la City codiciosa y obsesiva -"Entran temprano y beben hasta tarde. Hay que ser capaz de desayunar antes que el enemigo. La noche ha sido abolida"-, es sobre todo una personalísima crónica de la transformación urbana sufrida por Londres como consecuencia de la "asociación íntima entre promotores inmobiliarios y gobierno". Encontramos aquí las mejores páginas del libro, en las que descubrimos a un extraordinario analista urbano, que denuncia a ritmo de punk la imparable mercantilización de su ciudad:
"El paisaje urbano de cualquier distrito situado en el interior de la nube de polvo del Parque Olímpico ha sido devastado con una impaciencia contrarreloj que no tiene parangón en Londres desde los inicios de la época del ferrocarril. Toda decencia cívica, todo apego sentimental, ha sido descartado en pos de ese objetivo estratégico primario, la gran detonación del disparo de salida. [...] El doctor Frankenstein, con un programa de Google Earth y un escalpelo láser".

Carlos Taibo continua en ¿Tomar el poder o construir la sociedad desde abajo? Un manual para asaltar los infiernos con su proyecto de teorizar e impulsar un proyecto autogestionario para la ruptura con el sistema capitalista. Excelentemente bien escrito -Taibo es la persona con más capacidad y claridad expositiva que conozco-, así como con su particular pugna con Podemos, sobre quienes hace consideraciones como esta: "Tampoco puede sorprender que, con estas herramientas, la irrupción de Podemos sea una de las causas mayores, bien que no única, de la desmovilización social y laboral a la que asistimos. No podía ser de otra manera [por] cuanto que muchos de los simpatizantes del nuevo partido son, sin más, activistas de Facebook, acostumbrados a pulsar el 'me gusta' y el 'compartir'".
Más allá de estas polémicas, que personalmente me parecen más cansinas que útiles, aunque comparta el diagnóstico del libro relativo a la insostenibilidad ("corrosión terminal") del capitalismo, me preocupa sobremanera que, como escribe Terry Eagleton en Por qué Marx tenía razón, el rechazo "de cualquier trato con las herramientas ya comprometidas del presente: la reforma social, los sindicatos, los partidos políticos, la democracia parlamentaria, etc. [termine] por ser tan impoluto como impotente".
En todo caso, hay que agradecer a Carlos Taibo el esfuerzo que viene haciendo por construir con rigor teórico un proyecto anarquista para nuestro aquí y nuestro ahora.

Tumulto es el último libro del ensayista Hans Magnus Enzensberger, auténtico clásico vivo. Una mirada sumamente crítica a los movimientos políticos de los años Sesenta y Setenta, años en los que el propio Enzensberger conoció de primera mano la URSS de Jruschov, viajó a Cuba y Camboya y, por supuesto, vivió el 68 alemán. Podría leerse como continuación del debate planteado a partir del libro de anterior:
"Cualquiera que sepa maniobrar una barca de remos o haya efectuado un disparo aunque sea una sola vez, así como todo colegial de primaria al que atormentan con el paralelogramo de fuerzas, sabe que el manejo de más de una variable tiene sus intríngulis [...]. En todas las realidades sociales el número de variables es con creces superior [...] La dificultad es tanto mayor cuanto más poderosas son las fuerzas contrarias.
Esto sólo lo ignoran los movimientos que en los países capitalistas se proponen un  cambio revolucionario. Con bella inocencia marcan su objetivo y enfilan derecho al mismo [...].
La ceguera ante las más elementales reglas básicas de la mecánica política es, al igual que la fe milagrera en las doctrinas ideológicas, indicio del carácter cuasireligioso de un movimiento que tiene algún paralelo en el primer socialismo del siglo XIX".

Nada mejor para introducirse en algunos de los aspectos más cotidianos de esa mecánica política que el libro Aragón es nuestro Ohio. Así votan los españoles, escrito por el equipo de sociólogos y politólogos que conforman el grupo Piedras de Papel. Por qué vamos a votar; cuándo y cómo decidimos nuestro voto; la influencia de nuestro entorno; qué votan parados, jóvenes, mujeres, personas religiosas, ricos o pobres; quiénes son los abstencionistas; qué consecuencias electorales tiene la corrupción; cómo influye el sistema electoral sobre los resultados de las elecciones; qué podemos pensar de los sondeos  preelectorales... En fin: todo lo que siempre quiso saber sobre las elecciones pero no se atrevía a preguntar... o no encontraba respuestas satisfactorias. Muy recomendable.

Compré hace ya tiempo el libro Ellas solas. Un mundo sin hombres tras la Gran Guerra, de Virginia Nicholson, en la Librería París-Valencia de la calle Navelos. Estaba baratísmo y me lo lleve junto con algunos otros títulos de la editorial Turner. Analiza en profundidad el profundo cambio que se empezó a producir en el mundo de la mujer británica a partir de la Primera Guerra Mundial, y en buena parte como consecuencia imprevista del conflicto:
"La guerra y el sufragio cambiaron la naturaleza de las ambiciones femeninas y aportaron una complejidad y una diversidad nuevas. Aún se pensaba que el matrimonio era una vía de realización personal, pero la imagen de la boda, que antes estaba grabada en la conciencia de las mujeres como la solución a todo, empezaba a desvanecerse e iba siendo sustituida por otro tipo de sueños".
La muerte de 750.000 soldados británicos convirtió a toda una generación de mujeres, alrededor de un millón setecientas mil, en "las mujeres del excedente", imposibilitadas de cumplir con el objetivo del matrimonio, condenadas a la soltería en una sociedad patriarcal para la que la tal hecho se consideraba un fracaso. Tanto que durante la guerra se publicaban anuncios como este: "Mujer, novio muerto, se ofrece para matrimonio con oficial ciego o totalmente mutilado en la guerra". Como señala la autora del libro: "No había otros requisitos previos, como tener sentido del humor o ser divertido. Esta dama no se sentía orgullosa: había perdido a la única persona a la que amaba, y antes que morir solterona, prefería casarse con alguien que la necesitara".
Documentar este durísimo proceso de cambio social es el gran mérito de este libro.

Heredera de esas mujeres que rompieron todos los moldes sociales que querían someterlas es Arundhati Roy. Su famosísima novela, El dios de las pequeñas cosas, no me enganchó, pero su faceta como ensayista me parece muy destacable. Espectros del capitalismo es una inteligente y valiente crítica de las desastrosas consecuencias que el capitalismo tiene sobre las vidas de las personas más vulnerables de la India, y sobre el conjunto del sistema social y político de ese país:
"A medida que el Borbotón hacia arriba concentra la riqueza en la cabeza de un reluciente alfiler sobre la cual hacen cabriolas nuestros multimillonarios, oleadas de dinero embisten contra las instituciones de la democracia -los tribunales de justicia y el Parlamento, al igual que contra los medios-, con lo que se pone seriamente en peligro su capacidad para cumplir las funciones que debían desempeñar".

Y el último libro por hoy: Despertad al diplodocus, de José Antonio Marina. Como seguramente volveré a este libro más adelante, ya que va a ser uno de los más discutidos en los próximos meses, en este momento sólo mostraré mi decepción por la ausencia de cualquier atisbo de análisis estructural del sistema socioeducativo, lo que hace que en demasiados momentos el análisis que pretende hacer Marina se extravíe por los derroteros del voluntarismo o de la individualización. A modo de ejemplo:
"Los últimos estudios realizados por instituciones estadounidenses establecen una relación directa y negativa entre el número de horas que los estudiantes están expuestos a cinco pantallas (televisor, móvil, tableta, ordenador y consola) y sus calificaciones escolares. Pero antes o después encontraremos el modo de aprovechar mejor las nuevas tecnologías en el aula. Por ejemplo, nos van a permitir personalizar los procesos de aprendizaje, de tal manera que cada alumno podrá tener una adaptación del currículo general a sus peculiares características e intereses".

sábado, 2 de mayo de 2015

¿Hasta luego, Pablo? Si sólo fuera eso...



Ayer, mientras recorríamos la Gran Vía de Bilbao conmemorando y actualizando el 1º de Mayo, salió en la conversación, como no podía ser de otra manera, el asunto de Juan Carlos Monedero y su salida "sí-pero no-pero sí" de Podemos, tanto en sus formas como en su fondo. Entre quienes lo comentábamos había de todo, tanto sindical como políticamente. Todas y todos, eso sí, con biografía militante que se remonta a los años Setenta y que ha continuado, con peripecias diversas, hasta hoy. De esa conversación, prolongada tras la manifa en torno a unas cervezas, y de alguna otra cosa que había ido rumiando en los días pasados tras la lectura del libro titulado Hasta luego, Pablo, tiro para escribir este comentario.

En primer lugar, en lo que la decisión de Monedero pueda tener de hartazgo por una exposición mediática tan extrema e injusta como la que ha venido sufriendo en las últimas semanas, todas y todos comprendíamos perfectamente su reacción."No estoy dispuesto a que me roben el alma", ha dicho, y quienes estábamos ayer en la conversación (casualidad, con experiencia en la política institucional sin haber querido ser políticos "profesionales") nos identificábamos con él. Yo mismo he reflexionado sobre esto al revisar mi paso por el Senado, a partir de un incisivo artículo de Fernando Vallespín. Mi reflexión terminaba así:

Volviendo al artículo de Vallespín con el que hemos abierto esta reflexión: “La cuestión fundamental, por tanto, es saber si quien se dedica a la política puede seguir conservando la identidad de su anterior origen, o si lo político consigue disolverse en sus lógicas propias. Hoy la mayoría de los políticos son ya casi todos «políticos de profesión», no de vocación, por valernos de la distinción weberiana. Y los que sobreviven en la política, sean doctores, intelectuales, juristas o trabajadores del metal, se ven tan fagocitados por ella, que al final su formación anterior queda como mera anécdota curricular”. Mi respuesta personal a esta cuestión es bien clara: no, no puede. Mi experiencia me dice que la política, hoy en día, soporta mal que quienes se dedican a ella quieran mantener aspectos fundamentales de su identidad: como militante ciudadano, como intelectual crítico, como creyente. La política, tal como hoy se vive, obliga a elegir entre todas esas pertenencias hasta dejar prácticamente sólo una: la de político profesional.
Mucho tiene que ver esto con algo que escribe el jurista italiano Luigi Ferrajoli, sometiendo a una severa crítica la actual crisis del reclutamiento el personal político, que contribuye de manera destacada a la quiebra objetiva de la participación de la ciudadanía en la vida pública: “Desvanecida la vida política en las viejas secciones territoriales, desecado el debate de base y los tradicionales canales de selección de grupos dirigentes, el recambio del estamento político queda inevitablemente confiado a las relaciones personales, o, lo que es peor, a las de carácter familiar y clientelar de los dirigentes. El resultado es una caída de la calidad no solo profesional, sino también moral e intelectual de toda la clase política” (Poderes salvajes, Trotta 2011).
“Hemos dado ya por perdido un mecanismo fluido de ida y vuelta entre política y sociedad civil que permita mantener el atractivo del servicio público”, concluye Vallespín.
Yo tenía el billete de vuelta a la sociedad civil desde el mismo momento en que fui elegido. 

Sin embargo, más allá de esta comprensión, la conversación se centró especialmente en la dificultad que hoy tienen las gentes de izquierdas para asumir las exigencias de la práctica política organizada.

En su entrevista en Radiocable, Juan Carlos Monedero indica que la razón de fondo por la que deja Podemos tiene que ver con su desacuerdo con el proceso de institucionalización que : “Desde que nace Podemos tiene dos almas. El alma de donde viene -el del 15M- y la propia conversión en partido político que te sitúa en un ámbito institucional con una serie de reglas. Yo creo que hay que mantener una tensión entre ambos polos, porque el riesgo de que seas rehén de esas exigencias es muy alto”. El riesgo de que esta institucionalización, imprescindible para actuar en el campo de la política electoral, acabe devorando la potencialidad transformadora de la nueva organización está ahí, por supuesto.

El problema es que los diagnósticos certeros sobre la posibilidad de una deriva del proyecto original hacia el terreno castoso de la mera electoralización fracasan cuando de proponer alguna alternativa ser trata. ¿De verdad cabe pensar que esa alternativa a lo existente vamos a encontrarla en Negri?

Un ejemplo de esta asincronía radical entre diagnóstico crítico y propuesta reconstructiva la encontramos en el libro, antes citado, Hasta luego, Pablo, subtitulado "Once ensayos críticos sobre Podemos". El diagnóstico que las autoras y autores de los ensayos hacen sobre Podemos puede resumirse (en mi personal lectura, por supuesto, así):

A)  Batallitas personales, choques de egos que se hacen pasar por críticas políticas:
  • "Salta a la vista que a los responsables presentes de Podemos les importa poco lo que gentes como yo, desde la marginalidad, tengan a bien decir" (p. 179).
  • "No creo que haya engaño alguno en el discurso de Podemos -y eso que lo suyo es recordar, para quienes gustan de la genética, que alguno de sus dirigentes, y esquivaré nombres, era años atrás un estalinista exultante y un socialdemócrata vergonzante, para haberse convertido hoy en un socialdemócrata exultante y un estalinista vergonzante" (p. 195).
B) Rechazo de las siempre imperfectas herramientas políticas realmente existentes (en este caso Podemos) y proclamación de otras supuestamente mejores, o de otras posibilidades de transformación, sin ofrecer ninguna prueba de su existencia:

"La aparición de una nueva válvula de escape sistémica que sustituya a las viejas válvulas obstruidas podría acabar en un simple intercambio de élites al tiempo que se pone fin a un proceso de genuina revuelta popular basada en la autogestión desde abajo. De ser así, tendremos que concluir que se ha dejado pasar, una vez más, la oportunidad de un verdadero cambio político capaz de ofrecer una salida del capitalismo" (p. 65). 

C) Aristocratismo: en el fondo para esta izquierda post-Podemista o au-delà de Podemos el pueblo, la gente, es una masa consumidora de emociones, experiencias y mitos, que se deja engañar con pasmosa facilidad:
  • "El discurso de Podemos no deja de ser retórica producida por élites para consumo masivo del pueblo" (p. 64).
  • "El gran logro de Podemos radica en un acto confiscatorio, extractivo, avalado como autoridad moral por el tirón de las audiencias televisivas: saca el voto público de la movilización de las calles para recepcionarlo como voto particular bajo su marca" (p. 26). 
  • "Estamos, pues, ante una elites culturales que dirigen al pueblo y no, en ningún caso, ante el pueblo que se organiza a sí mismo para alcanzar sus intereses objetivos" (p. 60).
  • [Analizando la asamblea de Vistalegre] "Todo [...] estaba cuidadosamente preparado para inducir al público al fervor de lo espectacular, para dejar en segundo plano los contenidos que se iban a tratar y para centrar el encuentro en la representación. [...] El primero en entrar en escena, como no podía ser de otro modo, fue Pablo Iglesias; literalmente, la cara del partido. Antes siquiera de que se pronunciase, antes incluso de que subiera al estrado, las gradas ya habían estallado en júbilo. Sólo por verle aparecer" (pp. 71-72).
  • "Con la ventaja de ser las caras reconocibles de Podemos, gracias a su cobertura mediática, no tuvieron más que aparecer sobre el escenario para empezar a recibir aplausos. Con sólo elevar un poco el tono de voz hacían estallar las gradas de emoción" (p. 76).
D) Críticas que nacen de la convicción de que la visión del mundo de quien las formula es tan correcta que se olvida de que la tiene. Es, por ejemplo, el caso de quien critica a Podemos por su posición (o ausencia de esta, en según que casos) ante el soberanismo, particularmente el catalán. La cita es larga, pero necesaria:

"Día 5 de febrero de 2015. Una clase de primero de la ESO en un centro de secundaria de enseñanza pública de El Vendrell, la pequeña comarca del Baix Penedès en los Països Catalans. Cuatro niños acaban un trabajo de la asignatura optativa de introducción al periodismo. Consiste en crear en grupo un periódico completo con su portada, sus noticias, secciones, etc. En la portada de su periódico, que lleva por nombre Demà (Mañana), una noticia destaca por encima del resto. El titular dice: 'Pablo Iglesias gana las elecciones al PP y al PSOE e impide la independencia de Catalunya'. Preguntados, como el resto de alumnos, sobre por qué han creado o inventado tal noticia, los cuatro responden al unísono: 'Es el único que puede hacerlo'.
Es sólo una anécdota sin más importancia, y evidentemente sin ningún valor estadístico, pero tiene relación con lo real sin recoger por ello las intenciones reales de Podemos (hasta el nombre del partido ha desaparecido). Nos indica, con todo, que hay parte del mensaje de Podemos que escapa de las manos de los que diseñaron o diseñan las formas del programa y, seguramente, de los miembros de la organización. ¿Qué habrá llegado a esos cuatro niños de El Vendrell, desde la televisión o desde sus familias, para que atribuyan la característica de antiindependentista a Pablo Iglesias y piensen que es él -y su fuerza política, añadimos nosotros- el único que puede parar con éxito la independencia de Catalunya?" (pp. 154-155).

Está claro lo que les ha llegado a esos cuatro niños: nacionalismo (catalán, en este caso) por un tubo.

E) Sorprendentes teorías que explican la existencia de Podemos en función de los intereses ¡del PP!

"[Muchas explicaciones del sorprendente ascenso de Podemos] remite[n] a los intereses electorales  de un partido, el Popular, que en la trastienda estaría moviendo, con algún riesgo pero innegable inteligencia, sus peones. Necesitado de movilizar a un electorado cuya confianza ha ido perdiendo, el PP no habría hecho ascos al ascenso de Podemos por cuanto entendería que éste es un rival interesante a efectos de poner en marcha la estrategia del miedo. [...] Y es que, y a la postre, si una sociedad conservadora acaba por tolerar el ascenso de Podemos, ¿no será porque este último es la última vuelta de tuerca de un proyecto conservador? Las cosas como fueren, bien pudiera ser que quienes -los responsables de Podemos- creen dirigir audazmente un proceso sean rehenes de los designios de otros" (pp. 201-202). 

F) Críticas ciertas, pero injustas, en la medida en que desde una mirada específica sobre la realidad (la feminista, la antimilitarista, la ecologista o la del sindicalismo anarquista) se descubren las carencias o ambigüedades de Podemos en estos campos, que son muchas, sin duda, pero porque no son un movimiento social, sino un partido:
  • "'¿Vosotros creéis que Podemos puede presentarse a unas elecciones planteando el decrecimiento cuando los demás van a ofrecer lo contrario? Nosotros creemos que no´, ha afirmado Juan Carlos Monedero" (p. 93).
  • "Tenemos que aprender que estatalizar una parte de la economía y/o gestionarla con otra racionalidad (nacionalizaciones) [tal como plantea Podemos, sin romper con el 'régimen de la ganancia y las desigualdades', no es sino un engaño" (p. 111). 
  • "Podemos no es mínimamente feminista" (p.123).
  • "¿Puede permitirse Podemos un rechazo del antimilitarismo y pacifismo arraigado en este pequeño punto del imperio? Podemos aspira en su mensaje táctico a cierto eclecticismo que permita aglutinar gentes de todos los espectros. Por eso tal vez renuncia a una definición cerrada, que impida la adhesión de quienes pertenecen a alguna orientación más o menos definida, pues quiere ganar las mayorías, y las mayorías, en una cultura pluralista y posmoderna como la nuestra, huyen, se supone, de etiquetas indelebles y de lo que llaman 'radicalismos'. No vamos a entrar en la discusión de si esto es más o menos acertado desde el punto de vista estratégico: nos limitamos a constatar este juego táctico" (p. 150).
G) Y también hay en el libro muchos buenos análisis, que dan en el clavo cuando plantean el difícil reto al que se enfrenta Podemos al querer construirse en organización política. Pero acertar en este diagnóstico es lo más fácil, y la historia de las izquierdas abunda en casos a partir de los cuales reflexionar al respecto.

Por cierto: Podemos nació de este espacio izquierdista que tiene una inmensa capacidad de descubrir las carencias de cualquier proyecto político institucionalizado, pero que presenta una inmensa debilidad a la hora de construir alternativas. Tal vez ahora sean más conscientes de la injusticia que encerraban algunas de sus críticas.  

Miles de personas salen a la calle en Donostia, Bilbao y Gasteiz a celebrar el 1 de mayo

Ayer, 1 de Mayo, mientras nos manifestábamos en Bilbao, se me ocurrió pensar que la mayoría de quienes estamos en las izquierdas, en realidad no necesitamos que nuestra sociedad cambie. Lo deseamos, queremos que cambie, pero aunque no cambie la vida ya nos va bien. Es la ideología la que nos lleva a proponer el cambio, no la necesidad material. Por eso podemos permitirnos el lujo de abandonar las instituciones o las organizaciones cuando estas ponen en jaque nuestras convicciones, nuestros valores, nuestra conciencia.
Y claro que tiene que haber límites: ¿pero tantos, y tan pronto? 
En esto, como en tantas cosas, me quedo siempre con Camus: "Entre la locura de quienes no quieren nada de lo que es y la sinrazón de quienes quieren todo lo que debería ser, los que quieren realmente algo, y están dispuestos a pagar su precio, serán los únicos en conseguirlo".

"Hasta luego, Pablo", dicen. Y se van de Podemos, o del PSOE ("hasta luego, Pedro"), o de Izquierda Unida ("hasta luego, Alberto"), o del PSE ("agur, Idoia"). Se van para que no les roben el alma, para salvaguardar sus principios éticos y morales... Lo comprendo. El problema es que el mundo sigue igual.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Perfiles

"... ya no vivimos entre los hombres, sino en un mundo de siluetas" (Albert Camus).

Camus lo decía en un contexto y con una intención bien distinta de mi propia experiencia, pero he recordado esta frase porque mi Montaña se ha empeñado, estos días, en ofrecerme poca cosa más que siluetas.



 

Todo lo demás quería estar oculto: como el venado camuflado entre los pinos, o como el gato montés atravesando sigiloso las campas blanqueadas por la helada.

 


Hasta los dos grandes mostraban estos días su aspecto más misterioso.




jueves, 7 de noviembre de 2013

Cien años con Camus

En la habitación de casa donde trabajo hay una balda que hace las veces de altarcillo dedicado a mis particulares divinidades menores literario-morales.En este sencillo lararium se encuentran los libros de Simone Weil y de Albert Camus. Mi devoción por estos dos autores es enorme, y nunca me canso de releer sus escritos, encontrando siempre en ellos ocasión para la reflexión.


En el caso de Camus, aquí se encuentran sólo sus ensayos y su obra periodística; sus novelas y sus obras de teatro están en la biblioteca, en el lugar que le corresponde en cuanto que autor francés (sí, para las novelas tengo un principio de clasificación  nacionalista, lo que para un etranger radical como Camus debe resultar insufrible).
Lo primero que leí de Camus fue La peste, en la edición de bolsillo de Edhasa de 1978. Sería por entonces, aquel año, cuando la lectura de este libro me convirtió en fervoroso camusiano. En aquella época, las apasionadas conversaciones entre Rambert y Tarrou ("Estoy harto de la gente que muere por una idea. Yo no creo en el heroismo ... en el fondo es criminal") o entre Paneloux y Rieux ("Yo tengo otra idea del amor y estoy dispuesto a negarme hasta la muerte a amar esta creación donde los niños son torturados") fueron esenciales para la construcción de mi personal conciencia moral.
Luego, claro, vino El extranjero, El estado de sitio ("Se trata de saber, buen hombre, si usted es de los que respetan el orden existente por la única razón de que existe"), Calígula, El exilio y el reino, Los justos (debería ser lectura obligada: "No matar bastante, a veces, es matar por nada"), El primer hombre...
Y entre novela, relato y drama aparecieron, poderosísimos, ensayos que tal vez me existencializaron demasiado pronto haciendo de mi un joven un tanto raro, pero a cuya influencia no he renunciado: El hombre rebelde ("El revolucionario es al mismo tiempo rebelde o ya no es revolucionario, sino policía y funcionario que se vuelve contra la revolución") en la edición de Losada, El mito de Sísifo y, sobre todo,
la selección de artículos que con el título de Moral y política publicó Alianza en 1984, recogidos de nuevo en 2002 junto con otros artículos más en Crónicas (1944-1953).



Hoy, cuando se cumplen 100 años del nacimiento de Camus, me apetece compartir aquí unos fragmentos de su artículo titulado "Ni víctimas ni verdugos", publicado en el periódico Combat en noviembre de 1946, y que puede leerse en Moral y política (pp. 87-90) o en Crónicas (pp. 94-97).

Democracia y dictadura internacionales
Hoy sabemos que ya no quedan islas y que las fronteras son inútiles. Sabemos que en un mundo en constante aceleración, donde el Atlántico se cruza en menos de un día, donde Moscú habla con Washington en unas horas, estamos obligados a la solidaridad o a la complicidad, según los casos. Durante los años cuarenta aprendimos que el daño causado a un estudiante de Praga afectaba al mismo tiempo al obrero de Clichy, que la sangre derramada en algún lado a orillas de un río de la Europa central llevaría a un campesino de Texas a verter la suya en la tierra de unas Ardenas que veía por primera vez. No había, como ya no hay, un solo sufrimiento, aislado, una sola tortura en este mundo que no repercutiera en nuestra vida de todos los días.
[...] Del mismo modo, ningún problema económico, por secundario que parezca, puede solucionarse hoy en día sin la solidaridad de las naciones. El pan de Europa está en Buenos Aires y las máquinas herramientas de Siberia se fabrican en Detroit. Hoy en día, la tragedia es colectiva. Todos sabemos, pues, sin sombra de duda, que el nuevo orden que buscamos no puede ser sólo nacional ni siquiera continental, ni mucho menos occidental u oriental. Debe ser universal. Ya no es posible esperar soluciones parciales o concesiones [...].
¿Cuáles son hoy en día los medios para alcanzar esa unidad del mundo, para realizar esa revolución internacional que podría redistribuir mejor los recursos humanos, las materias primas, los mercados comerciales y las riquezas espirituales? [...] El acuerdo mutuo entre las partes. No nos preguntaremos si es posible, pues aquí consideramos que cabalmente es el único posible. Nos preguntaremos ante todo qué es.
Ese acuerdo de las partes tiene un nombre, que es la democracia internacional [...].Es una forma de sociedad en la que la ley está por encima de los gobernantes, al ser dicha ley expresión de la voluntad de todos, representada por un cuerpo legislativo. ¿Es eso lo que se intenta fundar hoy? Nos están preparando, en efecto, una ley internacional. Pero son los gobiernos, o sea el ejecutivo, quienes hacen o deshacen esa ley. Nos hallamos, pues, en un régimen de dictadura internacional. La única forma de evadirnos de ella consiste en poner a la ley internacional por encima de los gobiernos, y por lo tanto hacer esa ley, y por lo tanto disponer de un parlamento, y por lo tanto constituir ese parlamento mediante elecciones mundiales en las que participarían todos los pueblos. Y como no tenemos ese parlamento, el único medio es resistir a esa dictadura internacional en un plano internacional y con medios que no contradigan el fin perseguido.
Parece escrito ayer mismo.

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Qué es ser heterodoxo?




La veterana revista EL CIERVO dedica su número de marzo a la cuestión de "¿Qué es ser heterodoxo hoy?". A continuación reproduzco mi reflexión al respecto, que también puede leerse en la edición digital de la revista.


Convicción no significa verdad


Hubo un tiempo en que bastaba con ser una minoría cognitiva, con discrepar de la cultura o las ideas dominantes, para que una persona o un grupo fueran catalogados como heterodoxos. No compartir la doxa hegemónica –no ser, por tanto “ortodoxo”– parecía suficiente. En realidad, nunca lo fue. “El revolucionario es al mismo tiempo rebelde o ya no es revolucionario, sino policía y funcionario que se vuelve contra la rebelión (…). Todo revolucionario termina siendo opresor o hereje.” Esta sentencia de Albert Camus en El hombre rebelde, inmisericorde pero históricamente inapelable, disuelve cualquier pretensión de dotar de contenido positivo a la heterodoxia exclusivamente en razón de su naturaleza de pensamiento minoritario, contracultural o antisistémico. Ideologías y movimientos originariamente heterodoxos no han violentado menos, no han esclavizado menos, no han aterrorizado menos, no han asesinado menos, que las ortodoxias contra las que se alzaban.

¿En qué consiste, entonces, la heterodoxia? En tener siempre presente que la certidumbre subjetiva y la convicción personal nunca son suficientes para afirmar la verdad objetiva. El gran problema del mundo, hoy como siempre, estriba en el dogmatismo, ya sea enarbolado por mayorías o por minorías. También hay heterodoxos dogmáticos. “Somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos.” Esta es la firma franquicial del movimiento Anonymous, que en su encarnación española justificaba así su decisión de hacer públicos datos personales de personas del mundo de la cultura y de la política partidarias de legislar para proteger la propiedad intelectual en la red: “Hemos creído correcto no publicar datos de personas no relacionadas con la ley Sinde/Wert, pero si, en un futuro, dichas personas cambian de posición o hacen algo que creemos merecedor de castigo, toda nuestra ira caerá sobre ellos”. ¿Heterodoxia? Tal vez, pero acusadamente dogmática.

El sociólogo holandés Gerd Baumann propone como herramienta esencial para vivir en un mundo crecientemente plural el “pensamiento multirrelacional” y “multicultural”, caracterizado por desconfiar de cualquier intento de reificación de la realidad: “Cuando el discurso reificador habla de ciudadanos o de extraños, de etnias púrpuras o verdes, de creyentes o ateos, debemos preguntarnos por ciudadanos ricos o pobres, por etnias poderosas o manipuladas, por creyentes casados o pertenecientes a una minoría sexual. ¿Quiénes son las minorías dentro de las mayorías, quiénes son las invisibles mayorías en relación con las minorías? Mezclemos todas las formas de plantearnos cada posible categoría que veamos, ya que las permutaciones son infinitas cuando se cuestionan las reificaciones (…). El principio es siempre el mismo: plantear una pregunta que interrelacione una división considerada absoluta en cualquier contexto. Nada de lo que hay en la vida social está basado en un absoluto, ni siquiera la idea de lo que es una mayoría o un grupo cultural”.

Ser heterodoxo es ser antidogmático, sí, pero sobre todo respecto de los dogmas propios. El filósofo estadounidense Richard J. Berstein lo llama “falibilismo pragmático”: una forma de pensamiento flexible, abierto, que evita cualquier división simplista de la realidad en oposiciones binarias, disyuntivas y absolutas. De esto trata, en mi opinión, la heterodoxia: de ejercitar el distanciamiento irónico tanto de la doxa ajena como de la propia, y no de ser heterodoxo respecto a lo ajeno y ortodoxo para con lo propio.

En julio de 1949, Camus escribía: “Estoy a favor de la pluralidad de posiciones. ¿Es que se puede crear el partido de quienes no están seguros de tener razón? Ése sería el mío”. El partido de las y los heterodoxos. Tan necesario.

jueves, 18 de febrero de 2010

Deslegitimar la violencia

EA dice que ya no hay obstáculos para aliarse con la izquierda abertzale. Considera que ha deslegitimado la violencia y allana así el camino a un acuerdo electoral [EL CORREO].


¡Ay, si fuera tan sencillo! Pero no lo es. Deslegitimar la violencia es mucho más. Me asombra la banalización que EA hace de algo tan serio.

Hablamos de deslegitimar la violencia y corremos un grave riesgo: pasar por alto el hecho de que si hablamos de esto es porque previamente la hemos legitimado. La hemos legitimado, sí. Unos mas que otros, otros mas que unos. Pero como sociedad, la hemos legitimado. Eso es lo que hace que sea tan terrible.
La violencia de ETA no es terrible por su magnitud, no es un problema cuantitativo: mata muchísimo más la violencia machista contra las mujeres o la siniestralidad laboral; mata mucho más la conducción irresponsable.
La violencia de ETA es terrible precisamente porque se ha desarrollado en un contexto de franca legitimación social, primero, de tibia complacencia, después, de tímida crítica luego. Y así durante muchos años.
Cada cual la hemos legitimado exactamente hasta el instante en que hemos dejado de hacerlo. Alimentando así la violencia que sólo a partir de ese momento hemos empezado a considerar ilegítima.

DORA: Lo sé. Nos hemos hecho cargo de la desdicha del mundo. El también se había hecho cargo. ¡Qué valor! Pero a veces me digo que es un orgullo que será castigado.
ANNENKOV: Es un orgullo que pagamos con nuestra vida. Nadie puede ir más lejos. Es un orgullo al que tenemos derecho.
DORA: ¿Estamos seguros de que nadie irá más lejos? A veces, cuando escucho a Stepan, siento miedo. Quizá lleguen otros que fundarán su autoridad en nosotros para matar y que no pagarán con sus vidas.
[Albert Camus, LOS JUSTOS]

¿Deslegitimar la violencia? Pues bien, para empezar dejemos de hablar de violencia y llamémoslo por su nombre: terrorismo. O como escribió Omos Oz: llamar asesino al asesino:

Por la radio israelí se han oído diversas reacciones a la matanza. El primer ministro y los políticos, incluso los líderes de la derecha del país, han expresado toda su indignación y furia por el asesinato. Aaron Domb, portavoz de los colonos, aunque no alabó la «grave acción», la justificó diciendo que podía entender los motivos para ella. El rabino principal Yisrael Lau también repudió el «derramamiento de sangre» pero evitó usar la palabra «asesinato» quizás porque las víctimas no eran judíos. Entre los conmocionados por la noticia conté a cinco o seis judíos practicantes, todos condenaron «el hecho», algunos incluso usaron duras palabras para hacerlo, pero a ninguno le pareció necesario llamar «asesino» al asesino.

No ya justificar, ni siquiera explicar por razones históricas la violencia. La historia todo lo absuelve al “ponerlo en su lugar”, al contextualizarlo, al permitir una lectura de adelante hacia atrás que acabe por encontrar explicable cualquier acto. Pero si algo salva nuestra humanidad, si algo impide que el papel del ser humano y sus sufrimientos quede obscenamente trivializado, es la negativa a someternos al dictado de la historia. Reivindicar tozudamente nuestra capacidad de juzgar la historia: eso es lo único que impide que todos los hechos, hasta los más bárbaros, queden subsumidos y sublimados en la generosa corriente de la historia.
La historia no puede convertirse en la teodicea que atempere los sufrimientos y otorgue sentido a los sinsentidos. Todo proceso histórico genera incómodos residuos que nadie puede reciclar: las víctimas. Pretender reducirlas a engranaje del proceso histórico, a combustible necesario para el avance social, político o económico, es volver a asesinarlas. Ninguna mejora, ningún avance, puede hacer justicia a las víctimas ni modifica la injusticia y el absurdo de los sufrimientos provocados.

No adjetivar sus muertes de asesinatos políticos. Calificar sus muertes de asesinatos políticos produce el efecto de desviar nuestra atención del asesinato a la política, del sustantivo al adjetivo, de lo sustancial a lo accidental. Calificar el asesinato, adjetivarlo, es pretender convertirlo en otra cosa distinta de lo que es. Pero nada hay más palmario que un asesinato. Nada se parece más a un asesinato que otro asesinato; nada más distinto de cualquier otro hecho humano. Por más que se empeñen, no es un hecho político, es un hecho moral. Recordar la afirmación de Castellio en su heroica lucha contra el tiránico Calvino: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre. Y no se hace profesión de la propia fe quemando a otro hombre, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa fe”.

En una alocución pronunciada en 1948 Albert Camus animaba a sus oyentes a "afirmar contra las abstracciones de la historia lo que rebasa a toda historia: la carne, ya sea sufriente, o dichosa". Si la muerte se vuelve abstracta es que la vida también lo ha hecho.

De todo eso se trata cuando hablamos, en serio, de deslegitimar la violencia.

lunes, 11 de enero de 2010

50 años sin/con Camus

Cincuenta años sin Camus. Desde aquel día de enero de 1960 en que el coche en el que viajaba se estrelló contra un árbol entre Champigny-sur-Yonne y Villeneuve-la-Guyard.
Y, sin embargo, cincuenta años en los que su mirada no ha dejado de iluminarnos.

"El desempleo, para el que no había seguro, era el mal más temido. Ello explicaba que esos obreros, tanto en casa de Pierre como en la de Jacques, que en la vida cotidiana eran siempre los más tolerantes de los hombres, fuesen siempre xenófobos en cuestiones de trabajo, acusando sucesivamente a los italianos, los españoles, los judíos, los árabes y finalmente la tierra entera, de robarles su empleo -actitud sin duda desconcertante para los intelectuales que escriben sobre la teoría del proletariado, y sin embargo muy humana y muy excusable-. Lo que esos nacionalistas inesperados disputaban a las otras nacionalidades no eran el dominio del mundo o los privilegios del dinero y del ocio, sino el privilegio de la servidumbre. El trabajo en aquel barrio no era una virtud, sino una necesidad que, para asegurar la vida, condicía a la muerte".

[Albert Camus, El primer hombre, Tusquets, Barcelona 1994, p. 218]

Podría ser Rosarno, en Italia -"es una guerra de pobres contra pobres"- o el Reino Unido de Cameron. Podría ser Vic.
Podría ser hoy. Podría ser mañana.