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lunes, 21 de noviembre de 2022

Enseñar pensamiento crítico

bell hooks
Enseñar pensamiento crítico
Traducción de Víctos Sabaté
Rayo Verde, 2021
 
"Cuando los estudiantes llegan a las aulas universitarias, la mayoría tienen miedo de pensar. Y los que carecen de ese temor, a menudo van a clase asumiendo que no será necesario pensar, que todo lo que tendrán que hacer es procesar información y vomitarla en los momentos adecuados".


bell hooks (1952-2021) es una relevante pensadora que ya ha aparecido por aquí. Seguidora de Freire, comprometida con la educación como práctica de la libertad, en este recomendable libro comparte treinta y dos "enseñanzas" sobre la enseñanza, en realidad treinta y dos experiencias y aprendizajes propios que hooks comparte con sus lectoras y lectores. 
 
En el marco de una explícita pedagogía del compromiso (de nuevo Freire), la autora se propone como objetivo "que los estudiantes recuperen las ganas de pensar, así como su voluntad de alcanzar una autorrealización total" de manera que el alumnado pueda "pensar críticamente". Como docente, me identifico plenamente con sus reflexiones sobre el aula como una comunidad de aprendizaje, en absoluto propiedad o patrimonio de la profesora o el profesor, así como con su abierta defensa de una "enseñanza con amor". Es verdad que no somos "terapeutas", como dice hooks, ni "una ONG", como me recuerdan a veces algunas compañeras y compañeros; no lo somos, pero a veces no tenemos más opción que actuar como si lo fuéramos y, en cualquier caso, lo que no podemos es pensar que nuestras alumnas y alumnos son simple "fuerza de estudio". Lo explica perfectamente otro educador y autor, Daniel Pennac, en Mal de escuela, otra obra que debería ser lectura obligatoria para quien se dedique a la docencia:

"Nuestros «malos alumnos» (de los que se dice que no tienen porvenir) nunca van solos a la escuela. Lo que entra en clase es una cebolla: unas capas de pesadumbre, de miedo, de inquietud, de rencor, de cólera, de deseos insatisfechos, de furiosas renuncias acumuladas sobre un fondo de vergonzoso pasado, de presente amenazador, de futuro condenado. Miradlos, aquí llegan, con el cuerpo a medio hacer y su familia a cuestas en la mochila. En realidad, la clase solo puede empezar cuando dejan el fardo en el suelo y la cebolla ha sido pelada. Es difícil de explicar, pero a menudo solo basta una mirada, una palabra amable, una frase de adulto confiado, claro y estable, para disolver esos pesares, aliviar esos espíritus, instalarlos en un presente rigurosamente indicativo".

Y esto es algo aplicable no solo a los "malos" alumnos, ni a quienes estén "a medio hacer": todas, todos, entran (entramos) en el aula con una mochila a cuestas. Una pesada mochila de (no solo, pero también) inseguridades, miedos, debilidades, malestares, preocupaciones, dolores, vulberabilidades a los que no podemos dejar de atender como mejor sepamos. Podemos mirar hacia otro lado, refugiarnos en la idea de que solo somos enseñantes (ni siquiera educadoras o formadoras), pero la mochila seguirá ahí cuando despertemos.

Como ella misma dice, la relevancia que la temática del amor tiene en su obra y, más allá de esto, la forma "amorosa" (que no blandita, ñoña o acrítica) con la que hooks aborda incluso los temas más duros, pudiera llevarnos  a pensar que se trata de una pensadora no "tan radical ni tan militante" como otras. En absoluto y es precisamente esta característica de bell hooks, su radicalidad amorosa, la que la convierte en tan sugerente. El amor, sostiene, "es el único camino que nos permite crear un mundo que la dominación y los dominadores no pueden destruir" ya que "cuando nos dedicamos a amar, nos estamos dedicando también a terminar con la dominación".
 
El libro de bell hooks contiene, además, un poderoso capítulo (la enseñanza 18, "Aprender a superar el odio"), en el que reflexiona sobre "la importancia de que [las y los estudiantes] lean obras de autores que puedan ser racistas, machistas, homófobos o clasistas", como es el caso de uno de los escritores favoritos para hooks, William Faulkner. 

Un libro provocador que nos ayudará a reflexionar no solo sobre la forma en que enseñamos y aprendemos sino, en general, sobre la forma en que nos relacionamos y vivimos.

martes, 13 de junio de 2017

Elecciones, desahucios, Escandinavia, tribus, ciudades (secretas y no), conversación, enseñanza (erótica) y... Enzensberger

Recupero algunas lecturas realizadas hace semanas, que por su diversidad pueden ser de interés para bastantes de las personas que acostumbran acercarse a este blog. Todas son ensayos o trabajos de investigación. De las novelas nos ocuparemos próximamente.


Empezamos con el libro Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia (Taurus, Barcelona 2017), del arqueólogo belga David van Reybrouck. Arqueólogo, sí. Y para salvar la democracia de los muchos males que la aquejan (crisis de legitimidad de los responsables políticos, volatilidad electoral, debilitamiento de la capacidad de actuación de las instituciones, etc.), derivados según el autor de su reducción a simple mecanismo de elección periódica de representantes, mira al pasado, concretamente a un sistema como el que se empleaba en la antigua Atenas o en ciudades Estado como Florencia: el sufragio por sorteo, o "demarquía". Aunque, en realidad, su propuesta no es antirrepresentativa, sino "birrepresentativa":
"Hoy en día debemos encaminarnos hacia un modelo birrepresentativo, es decir, una representación popular obtenida tanto por elección como por sorteo. A fin de cuentas ambos sistemas tienen sus cualidades: la experiencia práctica de los políticos profesionales y la libertad de los ciudadanos que no dependen de la reelección. De este modo, el modelo electoral y el aleatorio van de la mano".

El libro esté escrito con un tono ágil, el autor transmite convencimiento y hasta impulsa una iniciativa, denominada G1000, construida en torno a la idea de las "cumbres ciudadanas" como herramienta esencial para redemocratizar la política. Es verdad que el libro peca en ocasiones de simplista: recomiendo leer la atinada reseña crítica de José María Ruiz Soroa publicada en el último número de Revista de Libros. Su crítica de la democracia electoral como mecanismo para salvaguardar a las élites políticas del control popular -fundado sobre el dictum de Montesquieu: "El sufragio por sorteo es propio de la naturaleza de la democracia; el sufragio por elección, de la aristocracia"- será muy aplaudida en estos tiempos de anti-castismo.
Pero más que por sus aciertos y errores desde la perspectiva de la filosofía política, considero que la propuesta de van Reybrouck nos anima a pensar en una democracia que se libere de la tiranía del pensamiento rápido y de la decisión supuestamente definitoria y definitiva, para incorporar lógicas, procedimientos e instituciones que hagan posible la deliberación sosegada y la construcción de propuestas políticas tan complejas, al menos, como las problemáticas a las que deben responder.


Ya desde los trabajos pioneros de la Escuela de Chicago -con sus investigaciones sobre el gueto, los trabajadores nómadas o hobos, los migrantes, las tensiones raciales, la delincuencia juvenil o sobre la vida urbana, en general- en la sociología norteamericana cabe reconocer un estilo muy característico de hacer investigación social: una investigación aplicada, narrativa, que responde a problemas sociales cotidianos y perfectamente observables, con un fuerte sentido normativo y una finalidad práctica.
En esta corriente se incardina el libro de Matthew Desmond Desahuciadas. Pobreza y lucro en la ciudad del siglo XXI (Capitán Swing, Madrid 2017), un estudio de caso de ocho familias empobrecidas afectadas por procesos de desahucio en la ciudad de Milwaukee. Y siguiendo sus vidas, casi siempre trágicas pero también, a ratos, llenas de arrojo y solidaridad, el autor va analizando las políticas públicas que desde los años Ochenta fueron preparando la "cruzada contra la asistencia social" que hoy caracteriza la cultura política de Estados Unidos. Y aquí hay mucho que aprender desde esta Europa (y esta Euskadi) que en ciertas cosas parece tener la tentación de americanizarse, con los discursos sobre el efecto desincentivador de las ayudas sociales y la deriva creciente hacia la activación.
También se esfuerza por vincular la existencia de estas familias pobres con las vidas de los ricos y de las clases medias, pues lo que en el ámbito de la vivienda ha beneficiado a estos, ha perjudicado a los primeros. Dos ejemplos de su reflexión, en este sentido:

"A lo largo de los años, los legisladores de ambos lados del espectro político han reducido la ayuda para vivienda a los pobres y la han incrementado en el caso de los ricos en forma de reducciones fiscales a la compra de vivienda. Hoy en día, el desembolso fiscal para la compra de vivienda supera ampliamente el dedicado a la asistencia para vivienda".

"Si reconocemos que la vivienda es un derecho básico, entonces debemos valorar de otro modo otro derecho: el derecho a lucrarse cuanto sea posible ofreciendo alojamiento a las familias (y especialmente la obtención de beneficios excesivos de los menos afortunados). [...] Explotación. Aquí tenemos una palabra que ha sido eliminada del debate de la pobreza. Es un término que nos habla del hecho de que la pobreza no es solo un producto de los bajos ingresos. Es también un producto de los mercados extractivos".


"El mito de la utopía escandinava". Así se subtitula esta obra de Michael Booth, Gente casi perfecta (Capitán Swing, Madrid 2017). Aunque cualquier persona familiarizada con las novelas de Sjöwall y Wahlöö, Mankell, Nesbo o Indridason, o con series como Bron/Broen, Atrapados y Fortitude, tendrá más que un ligero conocimiento de las muchas sombras que afean las, en tantos sentidos, luminosas sociedades nórdicas, en este libro encontraremos algunas sombras más, no tan horrendas como las que nos presentan la literatura y el cine negros, aunque sí preocupantes: una cierta parálisis del espíritu emprendedor, consecuencia de un complaciente igualitarismo a veces demasiado pequeñoburgués, una altísima huella ecológica, una gran dependencia de las ayudas sociales, la matanza de Utoya (esta sí, horrenda), los partidos anti inmigración...

Sin embargo, lo que se presenta como un libro desmitificador, en realidad se lee casi como un publirreportaje. Alejadas de la perfección, claro que sí, pero bastante atractivas: así son esas gentes y esas sociedades escandinavas. De ahí la conclusión a la que llega Booth:
"En estos momentos, Occidente busca una alternativa al capitalismo desenfrenado que ha asolado nuestras economías, un sistema que quizá evite los extremos del socialismo soviético y el neoliberalismo no regulado estadounidense. En realidad, en lo que a mí respecta, sólo hay un lugar donde fijar la mirada en busca de un modelo ejemplar desde una perspectiva tanto social como económica, y no es Brasil, Rusia ni China. La respuesta la tienen los países escandinavos. Incluso la pequeña Islandia se está recuperando con un crecimiento más alto que el de la mayoría de Europa. Aquí arriba, incluso cuando se equivocan, enseguida descubren cómo enderezar la situación sin que se produzca ningún derramamiento de sangre".

Dan ganas de hacerse islandés.


Triplete de Capitán Swing, una editorial que se ha convertido en pocos años en una referencia esencial para quienes nos movemos en el campo de las ciencias sociales. Se trata de Tribu. Sobre vuelta a casa y pertenencia (Capitán Swing, Madrid 2016), de Sebastian Junger, escritor -es autor de la novela La tormenta perfecta, que inspiró la película del mismo título- y periodista en zonas de conflicto -impresionante su anterior libro, Guerra-.
"¿Cómo te conviertes en adulto en una sociedad que no requiere sacrificios? ¿Cómo te haces un hombre en un mundo que no exige valor?", se pregunta Junger al comienzo del libro. Preguntas incómodas, turbadoras, ambiguas, que estructuran toda su reflexión.
Buscando responder a las mismas el libro nos acerca a la expansión americana hacia el Oeste y al choque de civilizaciones con las sociedades indias, cuya forma de vida atrajo a numerosos occidentales: 
"Algo dice de la naturaleza humana que un sorprendente número de estadounidenses -en su mayoría hombres- acabara uniéndose a la sociedad india en vez de permanecer en la suya propia. Emulaban a los indios, se casaban con ellos, eran adoptados por ellos, y en ocasiones hasta luchaban a su lado. Lo contrario casi nunca ocurrió: los indios casi nunca escapaban para unirse a la sociedad blanca. La emigración siempre pareció ir de lo civilizado a lo tribal, lo que desconcertó a los pensadores occidentales a la hora de explicar semejante rechazo aparente de su sociedad. [...] De entre todas las tentaciones de la vida nativa, una de las más convincentes pudo haber sido su fundamental igualitarismo".

También analiza lo que ocurre en situaciones de combate, o de catástrofe natural, siempre desde el planteamiento de que tales situaciones tienen el potencial de retrotraernos a un momento "tribal", en el que el compromiso colectivo y la identificación de un bien común se vuelven imprescindibles para la supervivencia.
A partir de ahí, Junger aborda el debilitamiento de las relaciones de comunidad, la disminución de los contactos físicos, la disminución de los vínculos, y sus consecuencias, algunas de las cuales resultan de evidente actualidad:
"Los cazadores de subsistencia no son necesariamente más éticos que otra gente; simplemente no pueden mantener comportamientos egoístas porque viven en grupos pequeños donde caso todo está expuesto al escrutinio. Por otro lado, la sociedad moderna es un desorden descontrolado y anónimo donde la gente puede llegar a niveles increíbles de deshonestidad y salirse con la suya sin ser atrapados. Lo que los pueblos tribales considerarían una profunda traición del grupo, la sociedad moderna simplemente lo tilda de fraudeEs de suponer que los cazadores-recolectores tratarían a su versión de banquero deshonesto o estafador de prestaciones sociales con la misma contundencia que a un cobarde. Puede que no le mataran, pero ciertamente se le proscribiría de la comunidad. El hecho de que un grupo de personas pueda costarle a la sociedad estadounidense pérdidas por valor de varios billones de dólares -aproximadamente una cuarta parte del PIB anual- y no sea juzgado por delitos graves demuestra lo completamente des-tribalizado que está el país".

"La belleza y la tragedia del mundo moderno es que elimina muchas situaciones que exigen que la gente demuestre un compromiso con el bien colectivo", lamenta Junger. No dice apenas nada sobre las muchas sombras que la comunidad, la pertenencia y la tribu traen también consigo.  Pero, sin olvidar nada de esto, no esta mal recordarnos también lo que hemos perdido al ganar en autonomía individual.


Cambiamos de editorial y de temática. En La España de las ciudades. El Estado frente a la ciudad urbana (Economía Digital, Barcelona 2017), José María Martí Font nos ofrece un fresco actualizado de la realidad urbana y sus dinámicas disruptivas, que en tantos aspectos superan los límites que acogotan la actuación de los gobiernos estatales y autonómicos:
"Las grandes aglomeraciones urbanas desbordan permanentemente las estructuras de poder jerárquico de las administraciones centrales. Dotarlas de personalidad política e institucional, otorgarles verdaderos mecanismos de autogobierno, concederles capacidad de gestión y autonomía, supondría renunciar a controlarlas".

No se trata sólo, aunque también, de ese "nuevo municipalismo" que en las elecciones locales de 2015 se hizo con las alcaldías de Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, A Coruña, Santiago y Cádiz, de las que el autor escribe: "Esta entrada de energía, de aire fresco, está provocando que se hagan políticas que nunca se habían hecho, como las de vivienda [...]. También que se revisen procesos que parecían intocables como el de las privatizaciones de los servicios públicos". El libro no se centra en esas ciudades y sus nuevos gobiernos municipales, sino que se aproxima también a otras, como Vigo, Málaga o, con menos detenimiento, Sevilla, Bilbao o Las Palmas, para imaginar las posibilidades de "otro país posible, una Iberia urbana", fundado sobre el autogobierno de las ciudades.

"Si los alcaldes gobernaran el mundo...", reflexiona Benjamin Barber.



No abandonamos la ciudad. Suketu Mehta escribe La vida secreta de las ciudades (Penguin Random House, Barcelona 2017) distinguiendo entre la "ciudad estadística" y la "ciudad impresionista", para invitarnos a acompañarle en un sugerente viaje por esta segunda. El libro es un canto irrestricto al espíritu urbano y las dinámicas sociales, culturales, económicas y políticas -"Las revoluciones de Oriente Próximo se han producido en ciudades, no en pueblos"- que surgen en todas las ciudades del mundo. Dinamismos que explicarían el hecho de que "por primera vez en la historia, viven más seres humanos en las ciudades que en los pueblos. Nos hemos convertido en una especie urbana. En 1900, el 10 por ciento vivíamos en ciudades; en 2010, el 53 por ciento y, para 2050, cuando seamos nueve mil millones de personas en el planeta, el 75 por ciento habitaremos en ciudades".

Por eso, porque "nada atrae más que el éxito", Suketu Mehta sostiene que "en todo el mundo los aldeanos olvidan a Gandhi y se mudan a grandes ciudades", de manera que "hemos dado la espalda a Thoreau, Tolstói y Gandhi. Si tenemos opción, preferimos edificios, multitudes y calles pavimentadas a espacios abiertos, soledad y árboles; a menudo, por el mero hecho de que son grandes". No es preciso que aclare lo que personalmente, thoreauniano confeso, me duele esta afirmación. Pero es verdad que los datos son los datos, y que la urbanización acelerada del mundo es un hecho. Otra cosa es que los procesos que lo explican se sustenten, exclusiva o principalmente, en razones de elección libre. En mi opinión, junto a muchas, muchísimas, salidas del mundo rural elegidas, hay también muchas expulsiones, muchas personas que simplemente se encuentran con que la vida que desearían llevar se vuelve imposible.

Mehta capta y transmite perfectamente las complejidades de la atractividad urbana: "El atractivo de la ciudad es el tiempo flexible. Comes cuando quieres. Sales a bailar cuando te apetece. Puedes trabajar después de la puesta de sol y dormir en época de cosecha. Ni el sol, ni la luna ni Dios pueden decirte cuándo comer, dormir o trabajar. En algún lugar de la gran ciudad alguien tiene una tienda abierta que te venderá lo que deseas en este preciso instante". Una flexibilidad que, en sus procesos más profundos, significa libertad: "Este es un lugar donde tu casta no importa, donde una mujer puede comer sola en un restaurante sin que la acosen y donde puedes intentar casarte con la persona de tu elección. […] En todas las ciudades del mundo se produce un derrocamiento masivo de tabúes. Una elección masiva".  Pero también supone un alarmante aumento de las incertidumbres, las vulnerabilidades y la precariedad existencial:

"Conocí a una niñera india sin papeles de Nueva York que llevaba una década sin ver a sus hijos. Los había dejado a cargo de los suegros mientras su marido y ella se deslomaban en Nueva York para mandarles dinero, con la esperanza de legalizar algún día su situación y traérselos. Hablaba con ellos todos los domingos. Un día alguien le enseñó las fotos de una boda en su pueblo de la India: «¿Quién es esta?», preguntó, señalando a una adolescente. La persona que le mostraba las fotos la miró con sorpresa. «Es tu hija.» La niñera rompió a llorar".

Un libro breve, más narrativo que analítico, pero lleno de reflexiones sugerentes.



Sherry Turckle, psicóloga del Massachusetts Institute of Tecnology (MIT),  lleva toda su vida profesional dedicada a estudiar los efectos que la interacción con internet, las redes sociales y el entorno digital tienen sobre nuestra vidas. En los Ochenta y Noventa publicó dos libros de referencia, The Second Self: Computers and the Human Spirit (1984), y Life on the Screen: Identity in the Age of the Internet (1995; hay edición en castellano en Paidós, 1997), en los que hacía una lectura esencialmente positiva de las posibilidades que estas tecnologías ofrecen para "doblar" nuestras vidas, para vivir plenamente en dos mundos, el online y el offline, el virtual y el real. En 2012 empieza a revisar esta posición en su libro Alone Together. Why We Expect More from Technology and Less from Each Other (puede escucharse al respecto en castellano su conferencia TED), revisión crítica que ahora profundiza en el libro En defensa de la conversación. El poder de la conversación en la era digital (Ático de los Libros, Barcelona 2017).

Aunque la autora se apresura a declarar que su tesis "no es antitecnología [sino] proconversación", su perspectiva se asemeja ahora a la de autores como Nicholas Carr, de quien ya hemos hablado aquí, que nos alerta contra la superficialización de nuestras vidas como efecto de internet. En esta línea, Turkle advierte -¡ahí es nada!- de que "la tecnología está implicada en un ataque contra la empatía", al desacostumbrarnos de hábitos hasta hace poco tan normales como conversar preferentemente cara a cara -"La conversación cara a cara es el acto más humano, y más humanizador, que podemos realizar. Cuando estamos plenamente presentes ante otro, aprendemos a escuchar. Pero hoy en día buscamos formas de evitar la conversación"-, presentarnos en público sin "editar" permanentemente nuestra imagen ideal y, sobre todo, sin estar sometidos a la tiranía de la interrupción permanente: "Olvidamos lo extraño que se ha vuelto esto, que mucha gente joven ha crecido sin haber experimentado ninguna conversación sin interrupciones en la mesa a la hora de cenar ni durante un paseo con sus padres o con amigos. Siempre han tenido sus teléfonos a mano". Y esto no es algo simplemente curioso o anecdótico, sino que tiene consecuencias importantes:
"El efecto que los teléfonos tienen en nuestras conversaciones en persona es un problema. Los estudios demuestran que la mera presencia de un teléfono sobre la mesa (incluso de un teléfono apagado) cambia aquello sobre lo que la gente habla. Si creemos que nos pueden interrumpir, mantenemos una conversación ligera, centrada en temas que generen poca controversia o intrascendentes. Y las conversaciones con teléfonos a la vista impiden la conexión empática". Resuena aquí la poderosa crítica de Nicholas Carr contra la superficialidad que introduce en nuestras vidas internet, de la que ya nos hicimos eco en este blog hace varios años.

Pero la digitalización parece imparable. De entre los muchos ámbitos analizados por Turkle, destaco en este breve comentario su crítica por la fascinación tecnológica que se ha apoderado del mundo educativo: "Si tratases de diseñar un tecnología educativa perfectamente adaptada a la sensibilidad de la hiperatención, probablemente terminarías utilizando los MOOC", escribe. Frente a esta perspectiva, la autora reivindica con vigor el valor de la clase presencial:

"Si preguntas a aquellas personas que han estudiado durante toda su vida de dónde procede su pasión por aprender, generalmente hablan de un profesor que los inspiró y los marco profundamente. El aprendizaje más potente tiene lugar en el marco de una relación. ¿Qué tipo de relación puedes establecer con un profesor que imparte sus conocimientos desde un pequeño rectángulo en la pantalla del sistema de entrega de contenidos del MOOC? [...].
La clase presencial tiene más virtudes. Obliga al profesor a integrar el contenido y su crítica. Enseña a los estudiantes que ninguna información debe separarse de la oportunidad de debatirla y cuestionarla «en directo». Cuando un buen profesor da clases varias veces a la semana, improvisa partes nuevas de su discurso cada vez. Escriben nuevas secciones una semana o un mes o la noche antes. Adaptan sus clases a los sucesos de actualidad para hacerlas más relevantes. En cambio, una vez se ha preparado el guion para una clase en línea, y ya está filmada, editada y colgada, es difícil, aunque no imposible, que se introduzcan cambios de este tipo. Es lógico pensar que «la mejor versión» de esa clase ya está recogida en el vídeo. 
Cuando el consejero delegado de la iniciativa educativa virtual del MIT mencionó la idea de que un buen actor podría ocupar el lugar de un buen profesor, nadie rechazó la sugerencia de plano; al contrario, la idea dio mucho que hablar en internet. Los estudiantes se quejan de que se aburren. Entonces, ¿qué hay de malo en que la presentación del contenido esté en manos de profesionales de la presentación, como por ejemplo Matt Damon? […] Puesto que un aula virtual no es un espacio de conversación, ¿por qué no utilizar a un actor?".

Al libro le sobran bastantes páginas, hay abundantes repeticiones, pero, en su conjunto, es un libro que deberíamos leer y discutir. O conversar...



Y sobre esto, sobre la importancia de la presencia (física, real, esforzada) en la educación versa el libro de Massimo Recalcati, La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza (Anagrama, Barcelona 2016).
En una escuela crecientemente dominada por modelos hipercognitivos, ajenos (incluso hostiles) a cualquier preocupación por los valores, donde las "competencias" más instrumentales y aplicadas son la clave de una educación dirigida por el principio de rendimiento, Recalcati reivindica la importancia vertebral de la hora de clase:
"Uno de los problemas de la Escuela hoy en día es que los docentes se ven oprimidos durante la mayor parte del tiempo por tareas que son completamente ajenas a la actividad didáctica, es decir, a la tarea específica del enseñante. La hora de clase, que debe ser el latido del corazón de la Escuela, se ve marginada por actividades que exceden de la enseñanza en sentido estricto, aplastada bajo la prensa de una evaluación cada vez más reducida a medida".

Una hora de clase que, según el autor, "puede cambiar una vida, dar al destino otra dirección, consagrar para siempre lo que sólo estaba débilmente esbozado". Porque la hora de clase es, sobre todo, una oportunidad para el encuentro y, en ese contexto de encuentro, para el surgimiento de lo inesperado. Algo que no puede ocurrir en el espacio aséptico y previsible de la formación virtual:
"En esta época en la que la horizontalidad infinita y al alcance de la mano de la Red parece desbancar la función del maestro ofreciendo un saber aparentemente sin límites, hay que recordar que ésta no puede conocer el arte del tropiezo, no puede encarnar de ninguna manera el saber que pone a disposición, no puede animar la erótica de aprendizaje, puesto que carece de cuerpo. […] Pensar en transmitir el saber sin tener que pasar por una relación con quien lo encarna es una ilusión, porque no existe didáctica más que dentro de una relación humana. Quienes aspiran a reducir el proceso de aprendizaje y de enseñanza a l transmisión tecnológica y aséptica de la información y ponen sus esperanzas en la definición de metodologías eficientes de asimilación, organización y evaluación del conocimiento, pretenden eliminar la intrusión del cuerpo en la relación didáctica y comenten un error obsesivo en sentido clínico. Creen que es posible separar netamente los afectos de la representación y piensan que con esta separación queda garantizado un saber objetivo e inatacable, un saber capaz de ser dueño del ser".



Y acabamos con lo último de un ensayista clásico, un intelectual de los que ya quedan muy pocos: Hans Magnus Enzensberger y su último trabajo publicado en español, Panóptico (Malpaso, Barcelona 2016). Veinte "ensayos fulminantes" en los que cuestiona con humor los dogmas de la microeconomía, el derecho de autodeterminación, las ideas de crisis y normalidad, el debate entre ciencia y religión o las "neosexualidades contemporáneas". Dos fragmentos.

En el ensayo titulado "Malditas manchas", escribe:
"¿Han observado ustedes que es prácticamente imposible beber una taza de café sin que en su borde, el platillo, la servilleta, la cucharita, el mantel, la blusa o la camisa se forme un reguero, salpicón, manchón, charco o churrete? […] ¿Por qué los filósofos han omitido el problema de la mancha-? El mismo Heráclito apenas si tenía en mente su camisa cuando llegó a la conclusión de que tofo fluía. Esto se debe a una razón muy sencilla. Y es que solían ser otros quienes tenían que lidiar con el ensuciamiento. Correr a secar el charco, a enjuagar el platillo, a lavar la casaca... ¿quiénes lo hacían? Adivinen. No, no eran los filósofos; eran las mujeres. Criadas, lavanderas y chicas de la limpieza se ocupaban de esa tarea [...]".

Y en "Milagros normales":
"Uno espera, por ejemplo, en la parada de la esquina y ocurre el milagro. El autobús viene de verdad. Uno entra en el próximo supermercado y la botella de leche fresca está ahí, dispuesta puntualmente. Uno cruza la calle y no se oye fuego de ametralladora. Suena el timbre y nonos visita el KGB ni el BND ni la mafia sino el cartero griego que, como siempre, es un dechado de solvencia y buen humor. Calificamos tal realidad de normal, aunque es todo menos natural, Para comprenderlo basta con un mínimo de conocimientos históricos y geográficos. Al fin y al cabo, en este país el horror absoluto sólo dista unas pocas décadas y, en otras regiones de la Tierra, sigue a la orden del día. Allí la vida a menudo es como la describió el filósofo inglés Thomas Hobbes: «pobre, tosca, embrutecida y breve». Lo que tenemos ante nosotros cuando nos asomamos a la ventana o salimos a la puerta es, por tanto, un fenómeno excepcional: sumamente improbable y difícil de explicar. ¿Cómo puede darse siquiera una «realidad ordenada» -signifique esto lo qué signifique- en una sociedad que, en una parte nada ínfima, consta de pupilos, trileros, secretarios de Estado en excedencia, asesores inversionistas, frikis publicistas, gurúes del lifestyle, presentadores de espectáculos, artistas de la subvención, agentes de seguridad y cabezas rapadas, personajes que se cuidan de fabricar algo útil?"

Siempre se encuentra algo sugerente en los escritos de Enzensberger.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Más lecturas (hasta tener algo que decir que merezca la pena)

Aunque la profesión, la vocación y la responsabilidad no me lo permiten, cada vez me cuesta más escribir o hablar sobre "mis cosas" y, por el contrario, son las cosas que cuentan y escriben otras personas las que más interesantes me parecen. Sobre todo las que escriben, que quienes me conocen saben bien de mi abierta preferencia por el papel impreso frente a la expresión oral.
Desde que publiqué aquí mi anteúltimo comentario -el último no fue más que un desahogo- me ha tocado, además de las clases en la universidad, publicar diversos trabajos relacionados con la cosa de la Sociología (que suelo recoger aquí, más que en este blog, para no mezclar ámbitos), así como participar en algún congreso y en varios seminarios.
Pero lo que más a gusto he hecho es leer, leer y leer.


Terminaba mi ante-anterior post anunciando mi voluntad de sumergirme en la última novela de Stephen King, Revival. Aunque siempre ha sido un excelente cronista de la vida cotidiana en la Norteamérica más tradicional, en algunas sus últimas novelas King ha depurado hasta la perfección su vocación de cronista de una sociedad y un estilo de vida característicos de la América profunda, de esa que se mantiene en las poblaciones más rurales, más pequeñas, alejadas de las grandes ciudades. Destaca, en este sentido, su anterior novela Joyland.
Revival no es una historia "de miedo": no hay vampiros, ni monstruos, ni asesinos en serie; sus protagonistas son, todos y todas, seres humanos con vidas rotas, frágiles y dolientes. Se lee a gusto, mantiene la atención hasta un final de tonos lovecraftianos que me ha llevado a visualizar no los horrores cósmicos que King pretende evocar, sino los horrores reales, terrenos y actuales, representados en las terribles imágenes de las columnas de refugiados sirios deambulando por las carreteras de Eslovenia:

"Se hallaba en medio de un paisaje yermo. Yermo, pero no vacío. Por este paraje avanzaba penosamente una columna ancha y en apariencia interminable de seres humanos desnudos, con la cabeza gacha, a trompicones. Esta procesión pesadillesca llegaba hasta el horizonte lejano. Acuciaban a los humanos unas criaturas semejantes a hormigas, en su mayoría negras, algunas del color rojo oscuro de la sangre venosa. Cuando los humanos caían, los seres hormigas se abalanzaban sobre ellos, para morderlos y golpearlos hasta que volvían a ponerse en pie. Vi hombres jóvenes y mujeres viejas. Vi adolescentes con bebés en los brazos. Vi niños que intentaban ayudarse mutuamente a seguir. Y en todos sus rostros se dibujaba la misma expresión de horror e incomprensión".


http://elcomercio.pe/mundo/europa/refugiados-marcha-verguenza-eslovenia-noticia-1849740 

Con los ojos cerrados, de Gianrico Carofiglio, es uno de esos libros que suelo comprar en librerías de ocasión, a un precio muy reducido. Muy bien escrito, con unos personajes razonablemente creíbles (unos, como el abogado protagonista, más que otros, como la monja sor Claudia) y una historia que nos sumerge en un oscuro caso de violencia de género. En la librería en la que compré este libro no tenían el anterior, primero de la serie del abogado Guerrieri, pero sí el siguiente, tercer caso publicado en España. También lo compré y ahora espera a que le toque el turno. A ver.

La tercera novela leída en estas últimas semanas es muy distinta de las dos anteriores. Se trata de Meursault, caso revisado, del escritor argelino Kamel Daoud. Presentada como una relectura de El extranjero desde el punto de vista árabe, es la historia de un hermano que reivindica a aquella víctima anónima de un asesinato célebre:
"Yo, que esperaba encontrar en esa historia las últimas palabras de mi hermano, la descripción de su exhalación, sus réplicas frente al asesino, sus huellas y su rostro, no leí más que dos líneas sobre un árabe. La palabra 'árabe' aparece veinticinco veces y no se menciona su nombre ni siquiera una vez. [...] Estaba todo, salvo lo esencial: ¡el nombre de Moussa! En ningún sitio. Conté y volví a contar, la palabra árabe aparecía veinticinco veces, pero ni un solo nombre, de ninguno de nosotros".

Es también la historia de otra muerte (esta vez de una víctima con nombre) originada en aquel asesinato ocurrido veinte años antes, y de otras muchas muertes ocurridas en una Argelia convertida en campo de batalla:
"El francés había sido eliminado con la misma meticulosidad empleada con el árabe en la playa veinte años después. Joseph era francés, y los franceses morían por doquier en aquella época en el país, lo mismo que los árabes antiguamente. Siete años de guerra de Liberación habían transformado  la playa de tu Mersault en un campo de batalla".

Y de la diferencia entre asesinar como un acto privado o matar en el contexto de una guerra de liberación:
"'¡Tenías que haber matado al francés con nosotros, durante la guerra, no esta semana!'. Respondí que eso no cambiaba gran cosa. Estupefacto, sin duda, se quedo callado antes de proferir: '¡Eso lo cambia todo!'. Tenía una mirada maliciosa. Le pregunté que era lo que cambiaba. Se puso a mascullar que había una diferencia entre matar y luchar en la guerra, que no éramos asesinos sino liberadores, que nadie me había ordenado matar al francés y que había que haberlo hecho antes. '¿Antes de qué?', pregunté. '¡Antes del 5 de julio! ¡Sí, antes, no después, diantres!'".

Excelente.


Y después de la ficción, pasamos al ensayo.

Empiezo por La ciudad de las desapariciones, de Ian Sinclair. A ratos crónica crítica de la sociología cotidiana de la época thatcherita, desde las barradas obreras desestructuradas -brillante su interpretación del pitbull, icono macarrero, como una "picha con dientes"- hasta la City codiciosa y obsesiva -"Entran temprano y beben hasta tarde. Hay que ser capaz de desayunar antes que el enemigo. La noche ha sido abolida"-, es sobre todo una personalísima crónica de la transformación urbana sufrida por Londres como consecuencia de la "asociación íntima entre promotores inmobiliarios y gobierno". Encontramos aquí las mejores páginas del libro, en las que descubrimos a un extraordinario analista urbano, que denuncia a ritmo de punk la imparable mercantilización de su ciudad:
"El paisaje urbano de cualquier distrito situado en el interior de la nube de polvo del Parque Olímpico ha sido devastado con una impaciencia contrarreloj que no tiene parangón en Londres desde los inicios de la época del ferrocarril. Toda decencia cívica, todo apego sentimental, ha sido descartado en pos de ese objetivo estratégico primario, la gran detonación del disparo de salida. [...] El doctor Frankenstein, con un programa de Google Earth y un escalpelo láser".

Carlos Taibo continua en ¿Tomar el poder o construir la sociedad desde abajo? Un manual para asaltar los infiernos con su proyecto de teorizar e impulsar un proyecto autogestionario para la ruptura con el sistema capitalista. Excelentemente bien escrito -Taibo es la persona con más capacidad y claridad expositiva que conozco-, así como con su particular pugna con Podemos, sobre quienes hace consideraciones como esta: "Tampoco puede sorprender que, con estas herramientas, la irrupción de Podemos sea una de las causas mayores, bien que no única, de la desmovilización social y laboral a la que asistimos. No podía ser de otra manera [por] cuanto que muchos de los simpatizantes del nuevo partido son, sin más, activistas de Facebook, acostumbrados a pulsar el 'me gusta' y el 'compartir'".
Más allá de estas polémicas, que personalmente me parecen más cansinas que útiles, aunque comparta el diagnóstico del libro relativo a la insostenibilidad ("corrosión terminal") del capitalismo, me preocupa sobremanera que, como escribe Terry Eagleton en Por qué Marx tenía razón, el rechazo "de cualquier trato con las herramientas ya comprometidas del presente: la reforma social, los sindicatos, los partidos políticos, la democracia parlamentaria, etc. [termine] por ser tan impoluto como impotente".
En todo caso, hay que agradecer a Carlos Taibo el esfuerzo que viene haciendo por construir con rigor teórico un proyecto anarquista para nuestro aquí y nuestro ahora.

Tumulto es el último libro del ensayista Hans Magnus Enzensberger, auténtico clásico vivo. Una mirada sumamente crítica a los movimientos políticos de los años Sesenta y Setenta, años en los que el propio Enzensberger conoció de primera mano la URSS de Jruschov, viajó a Cuba y Camboya y, por supuesto, vivió el 68 alemán. Podría leerse como continuación del debate planteado a partir del libro de anterior:
"Cualquiera que sepa maniobrar una barca de remos o haya efectuado un disparo aunque sea una sola vez, así como todo colegial de primaria al que atormentan con el paralelogramo de fuerzas, sabe que el manejo de más de una variable tiene sus intríngulis [...]. En todas las realidades sociales el número de variables es con creces superior [...] La dificultad es tanto mayor cuanto más poderosas son las fuerzas contrarias.
Esto sólo lo ignoran los movimientos que en los países capitalistas se proponen un  cambio revolucionario. Con bella inocencia marcan su objetivo y enfilan derecho al mismo [...].
La ceguera ante las más elementales reglas básicas de la mecánica política es, al igual que la fe milagrera en las doctrinas ideológicas, indicio del carácter cuasireligioso de un movimiento que tiene algún paralelo en el primer socialismo del siglo XIX".

Nada mejor para introducirse en algunos de los aspectos más cotidianos de esa mecánica política que el libro Aragón es nuestro Ohio. Así votan los españoles, escrito por el equipo de sociólogos y politólogos que conforman el grupo Piedras de Papel. Por qué vamos a votar; cuándo y cómo decidimos nuestro voto; la influencia de nuestro entorno; qué votan parados, jóvenes, mujeres, personas religiosas, ricos o pobres; quiénes son los abstencionistas; qué consecuencias electorales tiene la corrupción; cómo influye el sistema electoral sobre los resultados de las elecciones; qué podemos pensar de los sondeos  preelectorales... En fin: todo lo que siempre quiso saber sobre las elecciones pero no se atrevía a preguntar... o no encontraba respuestas satisfactorias. Muy recomendable.

Compré hace ya tiempo el libro Ellas solas. Un mundo sin hombres tras la Gran Guerra, de Virginia Nicholson, en la Librería París-Valencia de la calle Navelos. Estaba baratísmo y me lo lleve junto con algunos otros títulos de la editorial Turner. Analiza en profundidad el profundo cambio que se empezó a producir en el mundo de la mujer británica a partir de la Primera Guerra Mundial, y en buena parte como consecuencia imprevista del conflicto:
"La guerra y el sufragio cambiaron la naturaleza de las ambiciones femeninas y aportaron una complejidad y una diversidad nuevas. Aún se pensaba que el matrimonio era una vía de realización personal, pero la imagen de la boda, que antes estaba grabada en la conciencia de las mujeres como la solución a todo, empezaba a desvanecerse e iba siendo sustituida por otro tipo de sueños".
La muerte de 750.000 soldados británicos convirtió a toda una generación de mujeres, alrededor de un millón setecientas mil, en "las mujeres del excedente", imposibilitadas de cumplir con el objetivo del matrimonio, condenadas a la soltería en una sociedad patriarcal para la que la tal hecho se consideraba un fracaso. Tanto que durante la guerra se publicaban anuncios como este: "Mujer, novio muerto, se ofrece para matrimonio con oficial ciego o totalmente mutilado en la guerra". Como señala la autora del libro: "No había otros requisitos previos, como tener sentido del humor o ser divertido. Esta dama no se sentía orgullosa: había perdido a la única persona a la que amaba, y antes que morir solterona, prefería casarse con alguien que la necesitara".
Documentar este durísimo proceso de cambio social es el gran mérito de este libro.

Heredera de esas mujeres que rompieron todos los moldes sociales que querían someterlas es Arundhati Roy. Su famosísima novela, El dios de las pequeñas cosas, no me enganchó, pero su faceta como ensayista me parece muy destacable. Espectros del capitalismo es una inteligente y valiente crítica de las desastrosas consecuencias que el capitalismo tiene sobre las vidas de las personas más vulnerables de la India, y sobre el conjunto del sistema social y político de ese país:
"A medida que el Borbotón hacia arriba concentra la riqueza en la cabeza de un reluciente alfiler sobre la cual hacen cabriolas nuestros multimillonarios, oleadas de dinero embisten contra las instituciones de la democracia -los tribunales de justicia y el Parlamento, al igual que contra los medios-, con lo que se pone seriamente en peligro su capacidad para cumplir las funciones que debían desempeñar".

Y el último libro por hoy: Despertad al diplodocus, de José Antonio Marina. Como seguramente volveré a este libro más adelante, ya que va a ser uno de los más discutidos en los próximos meses, en este momento sólo mostraré mi decepción por la ausencia de cualquier atisbo de análisis estructural del sistema socioeducativo, lo que hace que en demasiados momentos el análisis que pretende hacer Marina se extravíe por los derroteros del voluntarismo o de la individualización. A modo de ejemplo:
"Los últimos estudios realizados por instituciones estadounidenses establecen una relación directa y negativa entre el número de horas que los estudiantes están expuestos a cinco pantallas (televisor, móvil, tableta, ordenador y consola) y sus calificaciones escolares. Pero antes o después encontraremos el modo de aprovechar mejor las nuevas tecnologías en el aula. Por ejemplo, nos van a permitir personalizar los procesos de aprendizaje, de tal manera que cada alumno podrá tener una adaptación del currículo general a sus peculiares características e intereses".

jueves, 26 de febrero de 2015

Por qué sí hay que apagar el móvil en clase

 
El titular que aparecía en la primera página de El País el pasado lunes no podía llamar más la atención: "Por qué no hay que apagar el móvil en clase". El subtítulo no aclaraba mucho más, aunque remarcaba el carácter imperativo del titular: "La digitalización masiva es el mayor reto del futuro de la educación". Y este tono imperativo se veía fuertemente reforzado con la primera frase del artículo en cuestión: "En el mundo actual, plenamente digitalizado, la entrada de la tecnología en el ámbito educativo es irreversible".
Perdón por la autocita, pero en 1996 publiqué un artículo titulado Participación y democracia ante las nuevas tecnologías (Telos: Cuadernos de Comunicación, Tecnología y Sociedad, nº 45, 1996, pp. 26-35. Puede leerse aquí.) en el que criticaba el determinismo práctico que caracteriza a la mayoría de la información, básicamente promocional, sobre nuevas tecnologías presentada por los grandes medios de comunicación. El artículo al que me estoy refiriendo es un ejemplo canónico de este tipo de información.
Estas eran las siete supuestas razones por las que se debería encender el móvil en clase:

1. El alumno lleva toda la información encima. La mueve, la intercambia, la comparte en red, fuera y dentro de clase. De esta forma, aprende de forma intuitiva, incluso sin ser consciente de ello. El móvil es clave para los estudiantes.
2. La clase ya no es el único lugar donde se aprende. El uso de apps educativas como complemento de los temarios empieza a ser una realidad. Y las iniciativas de emprendedores para crearlas son cada vez más numerosas. El sector calcula que en la actualidad existen más de 80.000 apps educativas. Son gratuitas y ayudan a que aumente la motivación del alumno. Muchos docentes y expertos insisten en su utilidad en el aula. Los contenidos vienen de fuera del aula y entran por la tecnología a través de los móviles o de otros soportes.
3. El profesor sabe usar la tecnología como el alumno. Todo el mundo usa la tecnología en su vida cotidiana y profesional, sea para mandar correos, navegar, jugar, oír música o, sí, algunos incluso para enseñar. Y ya sin mencionar que muchos de los profesores que ejercen ahora en la educación no universitaria pertenecen ya a generaciones que nacieron en la era tecnológica.
4. La transformación de la educación con la tecnología tiene tres patas: los recursos digitales con los que se dota al aula y a los alumnos (desde las pizarras digitales a los ordenadores), el seguimiento del profesorado y un currículo digitalizado. Y los recursos ya no son la asignatura pendiente, resaltan los expertos. De hecho, el 85% de los centros de secundaria de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ya en 2012 estaba dotado de ordenadores de mesa; el 41%, de portátiles, y el 11%, de tabletas, según datos de esta organización. Los siguientes pasos a dar son extender el currículo digitalizado, así como el seguimiento y apoyo del profesorado en la enseñanza con esos materiales.
5. Los profesores ya no van a cursillos para que les enseñen a usar la tecnología. No son la solución. Está más que comprobado. Hoy en día el seguimiento del docente ya se hace por expertos en tecnología en los propios centros. Se les da apoyo sobre el terreno en el uso de todas las herramientas que integran el currículo digitalizado (que tiene múltiples recursos, como ilustraciones animadas, vídeos, visitas virtuales, foros…).
6. El gasto público en tecnología crece en los países más avanzados, a pesar de que baja el gasto en educación. Países como Estados Unidos o Inglaterra han seguido esta línea en plena crisis. Pero no siempre la inversión en tecnología para la educación se ha traducido en una mejora de los resultados de los estudiantes. De hecho, algunos de los países que menos invierten en ella (como Finlandia, Japón o Corea del Sur) salen en los primeros puestos de las pruebas Pisa de la OCDE, al igual que otros que, por el contrario, invierten mucho en ella (como Singapur, los Países Bajos o Estonia).
7. En los últimos años, se ha creado la figura del “Coordinador Tec” en los centros. Precisamente por la razón anterior. Para facilitar su buena utilización con el fin de que se traduzca en un mejor y más eficaz sistema de aprendizaje para los alumnos. Numerosos centros españoles ya cuentan con ellos. El “Coordinador Tec” es el responsable y supervisor de uso de la tecnología en las aulas. Hace un seguimiento del profesorado y de la adaptación del currículo del centro a ella.

¿Razones?  Veamos:
1. Se dice que el alumno lleva toda la información encima. En primer lugar, no escierto: el alumno lleva consigo sólo la información a la que puede acceder vía internet, que es mucha, muchísima, sí, pero ni es toda ni es siempre la más relevante. Por otro lado, un artículo publicado hoy por la misma informadora en el mismo diario señala que "sólo el 2% de los alumnos distingue la información relevante en Internet". ¿De qué sirve, entonces, llevar toda la información encima?

2. Se dice a continuación que la clase ya no es el único lugar donde se aprende. No lo ha sido nunca. Antes de internet también se aprendía a través del diario, de la radio, la televisión o el cine (además de en la familia, el grupo de iguales, las asociaciones intermedias o la calle), pero a nadie se le ocurrió jamás meter en el aula "sin apagar" a ninguna de estas instancias socializadoras y educadoras. Al contrario, lo que se ha buscado siempre es relacionar, sí, todas estas instancias, pero marcando una evidente distancia entre las mismas y la escuela, un espacio que sólo puede cumplir su función educativa gracias precisamente a esta distancia. Lo expresa perfectamente García Montero cuando escribe: "El camino que conduce de la casa a la escuela es también la distancia obligada entre un espacio privado y un espacio público dispuesto a hacerse respetar. Ninguna educación para los ciudadanos resulta tan eficaz como ese camino que hay que recorrer entre la casa de cada alumno y la escuela, el camino que permite alejarnos un poco de nuestra identidad particular, llegando a la pizarra de todos, la escuela única" (Luis García Montero, Inquietudes bárbaras, Anagrama, Barcelona 2008).

3. El resto de las supuestas ideas no son otra cosa que la expresión de que eso que se debe hacer (digitalizar masivamente la escuela) ya se puede hacer. Pero la cuestión es si se ha justificado suficientemente el debe: yo creo que no. Por cierto, todo el artículo, extenso (ocupaba una página completa del diario), se sustentaba sobre la opinión de un solo informante: el director de Educación de la Fundación Santillana, Mariano Jabonero.

Seguramente, de no haber leído el reciente libro de Roberto Casati, Elogio del papel, el artículo de El País me hubiera parecido poco más que un publireportaje camuflado de información contrastada.
Santillana pertenece a Prisa,editora del diario, y en los últimos tiempos la editorial especializada en material educativo se ha metido de lleno en el terreno del material digital destinado a la educación. Vender libros en papel o vender contenidos digitales, al cabo viene a serlo mismo. Si cuela, cuela.
Pero tras leer el libro de Casati, la cosa me parece mucho más preocupante. No intentaré resumir aquí su contenido: recomiendo su lectura reposada e íntegra. Sólo recogeré aquí tres de sus ideas:

1. El colonialismo digital es una ideología que se resume en un principio tan simple como peligroso: "Si puedes, debes". Si es posible hacer que una cosa o una actividad migren al ámbito digital, entonces debe migrar. Pero esto es más que cuestionable. Como cualquier otra tecnología, la digitalización puede resultar emancipadora en algunos casos, pero no en otros.

2. La lectura está amenazada, nos la roban. El ordenador ha contribuido a erosionar el tiempo de lectura de libros. De la lectura en profundidad, que no surge de manera natural: hay que aprender a practicarla y, una vez aprendida, hay que protegerla. Si leer significa aislarse para profundizar los nuevos dispositivos electronicos, sobrecargados de aplicaciones que nos invitan a bifurcar nuestra atención, no nos ayudan en nada, Esta es la tesis bien fundamentada de Nicholas Carr en Superficiales). El libro de papel presenta ventajas cognitivas: la linealidad facilita la comprensión, su calidad de objeto aislado, de objeto en sí, no conectado, facilita la atención.

3. La escuela presenta la característica de ser un ámbito protegido, en el seno del cual habría que aprender a procesar la información y no contentarse con buscarla o recibirla. Habría que defender este espacio protegido y resistirse a la introducción incondicional de instrumentos que favorecen (casi exigen) el multitasking y el zapping. Ya usan estas tecnologías digitales fuera de la escuela; por eso, debería resultar interesante que los estudiantes fueran al colegio para hacer cosas muy diferentes de las que se hacen habitualmente en la sociedad.

Como conclusión: "La escuela debe, en cierta medida, resistirse a las tecnología distrayentes, precisamente porque ya cuenta por sí misma con la inmensa ventaja de ser un espacio protegido en el cual el zapping está excluido por definición; ventaja que le permitiría no tener que correr tras el cambio tecnológico y, al mismo tiempo, generar, gracias paradójicamente a sus inmensas inercias, el verdadero cambio, que es el desarrollo moral e intelectual de los individuos".

sábado, 27 de septiembre de 2014

La identidad desdichada



Hay lecturas que refuerzan nuestras ideas o confirman nuestras intuiciones, contribuyendo así a delinear nuestra particular visión del mundo. Hay otras que nos lanzan al territorio de la serendipia, de la sorpresa inesperada, descubriéndonos perspectivas inéditas. Y hay también lecturas que nos obligan a reconsiderar nuestras certezas, a repensar nuestras certidumbres.
Alain Finkielkraut es uno de los pocos pensadores capaz de aportarme, en cada una de sus obras, estar tres experiencias lectoras: confirmarme en algunas convicciones, descubrirme nuevas perspectivas y cuestionarme bastantes ideas que consideraba claras.

Su libro más reciente, La identidad desdichada, ha vuelto a reafirmarme en muchas cosas, a sorprenderme en varias, a cuestionarme en algunas y, por primera vez, también a incomodarme en bastantes.

Su adversario, en esta obra, es el bobo, el burgués bohemio, heredero en buena parte del izquierdismo del 68, él mismo uno de ellos (J'en suis un moi-même), "cruce entre la aspiración burguesa a una vida confortable y el abandono bohemio de las exigencias del deber por los impulsos del deseo, de la duración por la intensidad, de los modales y de las posturas rígidas, finalmente, por una relajación ostentatoria". La otra cara de la moneda populista; si la cruz es el Frente Nacional, convertido en "el primer partido obrero de Francia", la cara es el bobismo que ensalza la diversidad pero practica "la evitación mediante la elección de su lugar de residencia y, más aún, la escuela en la que matriculan a sus hijos". Se creen multiculturalistas cuando, en realidad, no son otra cosa que multiculinaristas.

Hace unos días Fernando Savater escribió un comentario al respecto que ahora, tras la lectura del libro, me parece escrito un tanto a la ligera. Escribía el, por otra parte, tantas veces acertado Savater:
El libro es un lamento sobre una cierta identidad francesa que se va perdiendo por falta no se sabe muy bien de quién ni de qué: por desidia, por deseo de tratar al que llega de fuera mejor que al que siempre estuvo aquí, por vergüenza de lo propio ante exotismos prestigiosos sólo por ser diferentes. Tampoco la identidad francesa cuya pérdida se deplora tiene perfiles demasiado claros. Uno de los rasgos que la definen, según Finkielkraut, es la galantería, de cuya desaparición también tienen culpa, por lo visto, ciertos maximalismos feministas. Y el simple paso del tiempo, diría yo, porque hace ya medio siglo que los franceses galantes no lo son como D´Artagnan. En cuanto a echar en falta mayor reconocimiento de nuestras raíces cristianas, no parece conveniente hacer gran énfasis en el asunto toda vez que el autor deplora que quizá pronto ya no haya en Francia ningún partido realmente laico ante el multiculturalismo polieclesial que se nos viene encima...

Bueno... Así presentado, el libro parece poco más que el lamento nostálgico de un abuelo cebolleta. Creo que esta valoración no hace justicia al libro. Por ejemplo, esa referencia a la "galantería francesa" que Savater despacha con gracia, es clave en la particular aproximación que Finkielkraut hace a la cuestión del velo (pp. 59-75) como elemento de desexualización de la mujer cuya única alternativa sería el acoso. Discutible y matizable, claro, pero a mí me ha dado mucho que pensar su reflexión sobre la relación entre la "exclusión de la feminidad" y el "desierto afectivo" que esta exclusión genera entre algunos varones jóvenes de la banlieu y la violencia que se da en estas periferias urbanas.

Finkielkraut considera que la crisis de integración en la sociedad francesa tiene que ver, esencialmente, con la progresiva sustitución de la igualdad republicana por la igualdad multuculturalista, reflejada en el fenómeno del comunitarismo, que "concede mayor importancia al vasallaje a un grupo particular que a la pertenencia a la República, y a las convicciones propias de ese grupo que a la regla general". Dado que ninguna definición de la vida buena debe prevalecer sobre otras, lo que llamamos "convivencia" en nuestras sociedades europeas no se asemeja a "vivir con": "No es un vivir al unísono, sino un vivir a distancia, cada uno según sus propias convicciones, sus ganas, sus hábitos, libre de los demás y en paz con ellos".
Son cosas que ya planteó hace tres lustros en La ingratitud, tal vez con más matices -o con menos urgencias- que ahora.

Es verdad que en su último libro Finkielkraut ofrece algunos matices más que en algunas entrevistas. Pero lo cierto es que, como señala Jean Birnbau en Le Monde des Livres, con esta obra "juega con fuego".
Por eso, creo que va a ser ensalzada o rechazada menos por lo que dice que por lo que se dice que dice.
En Francia hay quienes lo consideran nada menos que "portavoz de Marine Le Pen", como un ensayo escrito directamente contra la inmigración. Y en España hay quienes la alaban, como este comentario en La Razón: "El libro, sin pelos en la lengua, presenta un ataque a los occidentales que, por mala conciencia con su pasado, han relegado la defensa natural de su identidad europea para diluirla en una serie de identidades extranjeras a las que quieren dar carta de naturaleza".  


Es un libro que hay que leer para luego discutirlo y discutirnos. Quienes queremos ciudades abiertas y gershwinianas, quienes queremos que las cuestiones de la diversidad, la inmigración y la convivencia se planteen de manera constructiva, tenemos a Finkielkraut esperando.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Hallowert

Alice Ann Lynch es una joven descerebrada a la que, según parece, no se le ocurrió un  disfraz de Halloween más 'diver' que el de víctima del atentado de Boston. Recordemos los hechos: hace un año, el quince de abril de 2012, la explosión de dos bombas caseras al paso de las más de cinco mil personas participantes en el maratón de aquella ciudad, la carrera urbana más antigua del mundo, provocó la muerte de tres personas, además de varios cientos de heridos. Y así, ni corta ni perezosa (bueno, un poquito corta sí) ha posado en Twitter convenientemente vestida de corredora, con las correspondientes heridas en piernas y rostro. Para mi gusto la sonrisa que luce es lo que la hace poco creíble, pero es sólo una opinión personal.
[...] José Ignacio Wert es un talludito y descerebrado ministro de Educación del Gobierno de España a la que hace unos días, no sé si imbuido del espíritu de Halloween, se le ocurrió disfrazarse del 'coco de la retroactividad' y salir a asustar erasmus. 
>> Seguir leyendo en eldiarionorte.es

miércoles, 17 de octubre de 2012

Papasunos y mamasunas

Cuando el dedo señala la luna siempre hay algún tonto que se queda mirando el dedo. No hay día en que no se cumpla el conocido proverbio oriental.
La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres (CEAPA) ha convocado para hoy una huelga general de familias y estudiantes en los centros educativos, por la "gravísima situación" de la educación. La respuesta del Gobierno por boca (¡zas!) de su combativo ministro de Educación, Cultura y Deporte ha sido acusar a la CEAPA de ser una organización politizada y radical, dando así comienzo al siempre entretenido juego del poli(tico) malo y el poli(tico) tonto.
El proverbial tonto ha sido, en esta ocasión, el portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso: "Yo cuando iba al instituto las huelgas las organizaban los de Batasuna, nunca los padres". El dedo de la CEAPA señala la luna de la crítica situación de la educación en España y al tonto sólo se le ocurre compararles con Batasuna.
A mí no me parecen unos radicales, sino personas más bien sensatas, muy preocupadas por lo que ocurre en los centros de enseñanza, que afecta directamenta a sus hijas e hijos. Irresponsables serían si no se preocuparan.
Muy interesante el encuentro digital con dos representantes de la CEAPA promovido por 20minutos.es. Genial su caracterización del ministro: "El señor Wert es un error circunstancial en la historia de la educación española, que debemos solucionar cuanto antes".

viernes, 22 de octubre de 2010

¿Qué fue primero, la pregunta o la respuesta?



"Da a tus hijos todas las respuestas antes de que te hagan las preguntas".
No entro a valorar la calidad de la publicación.
Pero me parece que la publicidad que la acompaña no es en absoluto adecuada desde un punto de vista estrictamente pedagógico.
¿Facilitar las respuestas antes de que se hagan las preguntas?
Más bien pienso que uno aprende preguntando(se). Y aprendiendo, a partir de estas preguntas, a buscar las posibles respuestas.
Planteamiento de problemas. Formulación de hipótesis. Ensayo y error.

"Si se medita un poco, parece casi por completo evidente que la lógica del conocimiento haya de hundir sus raíces en la tensión entre el conocimien­to y la ignorancia (...)
En la medida en que quepa en absoluto hablar de que la ciencia o el conocimiento comienzan en algún punto tiene validez lo siguiente: el conocimiento no comienza con percepciones u observación o con la recopilación de datos o de hechos, sino con problemas. No hay conoci­miento sin problemas -pero tampoco hay ningún problema sin conoci­mien­to. Es decir, que éste comienza con la tensión entre saber y no saber, entre conocimiento e ignorancia: ningún proble­ma sin conocimiento -ningún problema sin ignorancia. Porque todo problema surge del descubrimiento de que algo no está en orden en nuestro presunto saber; o, lógicamente considerado, en el descubrimiento de una contradicción interna entre nuestro supuesto conocimiento y los hechos; o expresado quizá más adecuadamente, en el descubrimiento de una posible contradic­ción entre nuestro supuesto conoci­miento y los supuestos hechos.

(...) De manera, pues, que el punto de partida es siempre el problema; y la observación únicamente se convierte en una especie de punto de partida cuando desvela un problema; o, con otras palabras, cuando nos sorprende, cuando nos muestra que hay algo en nuestro conocimiento -en nuestras expectativas, en nuestras teorías- que no está del todo en orden. Las observaciones sólo conducen, pues, a problemas, en la medida en que contradicen algunas de nuestras expectativas conscientes o inconscientes. Y lo que en tal caso se convierte en punto de partida del trabajo científico no es tanto la observación en sí cuanto la observación en su significado peculiar - es decir, la observación generadora de problemas".

Karl R. Popper, en La disputa del positivismo en la sociología alemana, Grijalbo, Barcelona 1972

domingo, 9 de mayo de 2010

Mari Paz Artolazabal, mila esker

Para quienes tienen dudas del potencial educativo del testimonio de las víctimas -su asombrosa mesura, su ausencia de odio o revanchismo, su capacidad para convertir la memoria en horizonte de futuro- pero desean contrastar honestamente esas dudas: lean y relean la entrevista con Mari Paz Artolazabal, viuda de José Luis López de la Calle, publicada el viernes por EL CORREO.


«Una labor fundamental de las familias es educar en el respeto al prójimo»

«Lo realmente duro es la vida cotidiana sin José Luis». La frase es de Mari Paz Artolazabal, viuda de López de Lacalle, el columnista del diario 'El Mundo' asesinado por ETA en Andoain hace diez años. Hoy será homenajeado en su localidad y mañana en otro acto en Palacio Miramar de San Sebastián. Como a muchas víctimas del terrorismo, Mari Paz intenta aprender a vivir con la pesada carga del dolor y los recuerdos de aquel 7 de mayo de 2000 en el que un pistolero le arrebató a su marido.

- ¿Cómo se encuentra estos días?
- Lo realmente duro es la vida cotidiana. Él está presente en todos y cada uno de los días. Los aniversarios suponen revivir todo aquello, pero fundamentalmente son la constatación de lo rápido que pasa el tiempo cuando sentimos aquel día tan cercano. Toda la familia nos apoyamos muchísimo para hacer la carga más llevadera.
- ¿Cómo ha sobrellevado el dolor durante todo este tiempo?
- Somos una familia muy unida. En mi caso, la fe me ha ayudado y me sigue ayudando mucho.
- ¿Cuáles han sido los peores momentos?
- El hecho de que ETA haya seguido asesinando hace que cada muerte te haga sentir de nuevo todo el horror sufrido, así como una íntima solidaridad que compartimos las víctimas del terrorismo. En un plano más privado, en las celebraciones familiares su ausencia es mucho más palpable.
- ¿Sigue reviviendo las imágenes y los momentos de aquel día?
- Sí, es inevitable, aunque con los años se intenta aprender a vivir con ello. Además, no me queda otro remedio que pasar cada día por el lugar del atentado. Fue en la puerta de nuestra casa.
- ¿Se ha sentido arropada por otras víctimas durante estos años?
-Por supuesto. Nadie puede comprender mejor nuestros sentimientos y las situaciones que vivimos que quien ha pasado por lo mismo.
- ¿Y por las instituciones?
- Por la tenacidad y el trabajo de muchas personas durante mucho tiempo, se ha logrado que hoy las instituciones consideren que las víctimas deben ser tenidas en cuenta. Se ha avanzado mucho. No tiene nada que ver con los tiempos en que se ocultaban las víctimas.
- ¿Ha sentido alguna ausencia?
- Alguna ausencia ha habido, pero hemos sentido muchos más apoyos.
- ¿Cómo se ha portado Andoain con usted y su familia?
- La mayoría del pueblo se ha portado estupendamente, arropándonos siempre. Es algo que no se olvida y se agradece de corazón.
- ¿Ha sufrido en su pueblo algún desaire a lo largo de estos años?
- Insisto, el comportamiento de la mayoría ha sido estupendo.
- ¿Qué es lo que más recuerda de José Luis?
- Su cariño, su bondad, su optimismo y su profundo sentido de la solidaridad.
- Hubiera aplaudido la llegada de un gobierno socialista a Euskadi.
- Por supuesto, cualquiera que lo conociera o que leyese sus artículos sabe que consideraba la alternancia en el gobierno algo fundamental para el futuro de este país. Su último artículo, publicado días antes de su asesinato se tituló 'El cambio necesario'.
- ¿Qué le diría al asesino de su marido si tuviera la oportunidad?
- Supongo que le diría cómo pudo asesinar a sangre fría a una persona que no conocía y por qué.
- ¿Siente odio?
- No, en absoluto.
- ¿Confía en los últimos pasos de la izquierda abertzale puedan llevar a Euskadi a ver el final del terrorismo de ETA?
- No lo sé. Lo que la izquierda abertzale debería hacer es pedir rotundamente a ETA que, de una vez, abandone las armas.
- ¿Cómo ve el Plan de Educación para la Paz?
-Me parece necesario. Educar en el más elemental respeto al prójimo es una labor fundamental de la familia en la que la escuela debe ser copartícipe activa.

miércoles, 28 de abril de 2010

Víctimas en las aulas

[I] Seguramente le sobra razón a José Luis Zubizarreta cuando señala que la manera en que se ha presentado el Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la violencia elaborado por el Gobierno vasco puede servir, ya como argumento ya como disculpa, para que quienes, por la razón que sea, no estén muy por la labor de llevar a las aulas el testimonio directo de las víctimas de ETA se entretengan en discutir el continente con el fin de tener que retratarse ante el contenido del plan (“Un plato bueno mal aderezado”, El Correo, 25 de abril).
También acierta Kepa Aulestia al advertir que en política no basta con plantear objetivos de convicción, por más justos y razonables que estos sean, sino que deben acompañarse siempre de una correcta estrategia encaminada a hacerlos realidad, fundamentalmente procurando ganar para la causa a sectores en principio alejados (“Educar en paz”, El Correo, 24 de abril).
Como acierta Izaskun Bilbao al advertir de la imprescindible necesidad de que el cómo de la presencia de las víctimas en las aulas cuente con la participación y el acuerdo, no sólo de los partidos representados en el Parlamento, sino también del conjunto de la comunidad educativa (“La importancia de llamarle «nuestro»”, El Correo, 25 de abril). Acertar en la manera de elaborar, presentar y aplicar un proyecto tan delicado como este resulta fundamental. No hay duda. Y los tres artículos a los que me acabo de referir insisten con acierto y rigor en esta cuestión.

[II] Pero es muy importante, cuando reflexionamos sobre cualquier asunto, diferenciar entre el qué y el cómo. Son términos que en demasiadas ocasiones se mezclan, complicando sobremanera la reflexión.
Cuando preguntamos “cómo” estamos planteando una reflexión orientada hacia la práctica. Pensamos en medios, en modos, en herramientas, en instrumentos, en procesos, en metodologías, en sujetos, en instituciones... Ya sabemos que tenemos que trabajar en el espacio educativo formal para deslegitimar el terrorismo y educar para la paz y la convivencia: esto es algo que ni se plantea; incluso sabemos, mejor o peor, qué tenemos que hacer. De lo que se trata es de buscar la mejor manera de hacer eso que sabemos que tenemos que hacer.
Pero en demasiadas ocasiones nos planteamos problemas aparentemente técnicos (aparentemente son “cómos”) que, en realidad, encubren problemas sustantivos (realmente son “qués”). Parecen problecómos, pero de hecho son problequés. O probleporqués. ¿Por qué llevar a las aulas la voz y la presencia de las víctimas de ETA? ¿Qué sentido tiene hacerlo?

[III] “Plantar a las víctimas en los colegios podría crear un conflicto en la comunidad educativa”, advierten desde el sindicato nacionalista ELA (Lorena Gil, "La asignatura de la paz divide las aulas", El Correo, 18 de abril). Yo afirmo que sembrar en los colegios el testimonio de las víctimas puede ser la única manera de que la comunidad educativa vasca se convierta en un semillero de paz que, con el tiempo, permita repoblar una sociedad que ha sido durante décadas un secarral ético a la hora de afrontar la cuestión del terrorismo de ETA.



[IV] Necesitamos urgentemente constituir un ámbito vasco de compasión. El camino hacia la compasión es tortuoso, pero es lo único que tenemos si de verdad queremos reconstruir la convivencia. Percibir y articular el sufrimiento de los otros es la condición necesaria de toda política humana. Sólo si somos capaces de ponernos en el lugar del otro llegaremos a comprender las consecuencias de nuestros actos. Sólo si llegamos a sentir al otro como un “yo mismo” podremos imaginar una nueva comunidad vasca edificada sobre la base de la aceptación mutua. Un espacio ético, pero también político en el que el padecimiento de todos sea objeto de comunicación, de comunión, y no de enfrentamiento.
Necesitamos transformar nuestras pasiones en compasiones, en pasiones compartidas. Nuestros dolores, nuestros sufrimientos, nuestros miedos, los de cada uno, deben configurar la más inmediata agenda política de la sociedad vasca con el objetivo explícito de lograr, en serio, su socialización (que no es lo mismo que su multiplicación). Tal vez así, algún día, podamos las vascas y los vascos decidir con libertad y responsabilidad lo que queremos ser, una vez experimentado lo que debemos sentir.

[V] Todos los sufrimientos, claro que sí. No sólo los de las víctimas de ETA. Pero esta perspectiva universal no se cuestiona en el Plan del Gobierno vasco, no es el problema.
Desde los sindicatos nacionalistas se objeta que el plan es parcial, peor aún, que es partidista, y reclaman un plan “más amplio” que no “priorice exclusivamente a las víctimas de ETA”. Poner en marcha el ventilador de la victimización generalizada tiene las mismas consecuencias que poner en marcha el ventilador de la corrupción generalizada, y se hace por las mismas razones: para enturbiarlo todo.

[VI] En Euskadi hay algunas ecuaciones que adquieren naturaleza de ley física. Una de ellas es esta: a más nacionalismo más distanciamiento ante las víctimas del terrorismo.
Se desconfía de las víctimas del terrorismo, de su capacidad de "distanciamiento" frente a su injustísimo drama, de su voluntad de "reconciliación", incluso de su "capacidad pedagógica".
Y yo pienso en Buesa, en Uria, en Cuesta, en Carrasco, en Pagazaurtundua; pienso en Casas, Tomás y Valiente, Korta, Becerril, Puelles, Totorika, Lidón, Garrido, López de la Calle, Torrano, Peña… Pienso en decenas de nombres, víctimas del terrorismo de ETA. Pienso en quienes han tenido que cargar con el peso de su brutal ausencia, en su ejemplar reacción democrática, en su dignidad cívica... Pienso en todo eso y no entiendo el debate suscitado por el nacionalismo vasco ante la posibilidad de su presencia en las aulas.
Yo quiero que mi hija pueda escucharlas y conocerlas, como escucha y conoce a escritoras o a deportistas que de vez en cuanto se personan en su escuela. Con la misma naturalidad, pero con muchísima mayor trascendencia.
La reacción del nacionalismo vasco en su conjunto (repito, con dolor: en su conjunto) se parece demasiado a plantear dudas no sobre el cómo sino sobre el mismo qué de la propuesta del Gobierno.