Malentendido en Moscú
Traducción de Joachim De Nys
Navona, 2020
"Alzó la vista del libro. ¡Qué aburrimiento, todas esas cantilenas sobre la no-comunicación! Si uno se empeña en comunicar, lo consigue mal que bien. No con todo el mundo, de acuerdo, pero con dos o tres personas. Sentado en el asiento de al lado, André leía un ejemplar de la Série Noire. Ella le ocultaba algunos estados de ánimo, pesares o desvelos sin importancia; sin duda, él también debía de tener sus pequeños secretos, pero a grandes rasgos no ignoraban nada el uno del otro. Echó un vistazo a través de la ventanilla: hasta donde alcanzaba la vista, bosques sombríos y praderas claras. ¿Cuántas veces habían surcado el espacio juntos, en tren, en avión, sentados el uno al lado del otro, con un libro en la mano? Todavía se deslizarían a menudo el uno al lado del otro, en silencio sobre el mar, la tierra y el aire. Ese instante tenía la dulzura de un recuerdo y la alegría de una promesa. ¿Tenían treinta años o sesenta? El pelo de André había encanecido temprano: antaño aquello parecía una coquetería, esa nieve que realzaba el frescor mate de su tez. Seguía siendo una coquetería. La piel se había endurecido y se había agrietado -cuero avejentado-, pero la sonrisa de la boca y de los ojos había conservado su resplandor. Pese a los desmentidos del álbum de fotografías, su joven imagen se amoldaba a su rostro actual: Nicole no le conocía edad. Sin duda porque él parecía ignorar que tenía una. Él, a quien antaño tanto le gustaba correr, nadar, trepar y mirarse en los espejos, llevaba sus sesenta y cuatro años con despreocupación. Una larga vida con risas, lágrimas, cóleras, abrazos, confesiones, silencios, arrebatos, y a veces parece que el tiempo no haya pasado. El porvenir se extiende aún, hasta el infinito".
Relato breve en el que Simone de Beauvoir convierte un viaje a la Unión Soviética en una reflexión sobre el envejecimiento, el desgaste del amor y la dificultad creciente de comprender a la persona con quien se ha compartido una vida.
Nicole y André, una pareja francesa de intelectuales ya entrada en la sesentena, viajan a Moscú para visitar a Masha, la hija de él. Ambos conservan sus convicciones políticas, su curiosidad y el deseo de seguir participando en el mundo, pero empiezan a experimentar de manera distinta el paso del tiempo. El viaje hace aflorar pequeñas decepciones, silencios, susceptibilidades y malentendidos que revelan una distancia inesperada entre quienes creían conocerse perfectamente. No ocurre nada verdaderamente dramático y, sin embargo, todo parece estar en juego.
Simone de Beauvoir observa con enorme precisión ese momento en que envejecer deja de ser algo que les sucede a otras personas y empieza a modificar la relación con el propio cuerpo, con el deseo, con el futuro y con quienes se ama. Nicole siente con especial intensidad la pérdida de posibilidades y el temor a dejar de ser mirada; André experimenta de otra manera la continuidad entre quien fue y quien todavía cree ser. La desigual vivencia del envejecimiento introduce entre ambos una soledad que el amor no consigue eliminar por completo.
Es difícil no advertir cierto aire de familia entre Nicole y André y la propia Simone de Beauvoir y Sartre. No se trata de leer el relato como una transposición autobiográfica ni de identificar mecánicamente a sus personajes con quienes los inspiran, pero las semejanzas son demasiado significativas para ignorarlas: una pareja de intelectuales franceses de izquierdas, unida por una larga historia compartida, comprometida con su tiempo y vinculada afectiva y políticamente a la Unión Soviética, que comienza a enfrentarse a la vejez y a revisar las certezas sobre las que había construido su vida. Esa proximidad biográfica dota al relato de una particular intimidad: al explorar los temores de Nicole y André, la autora parece ensayar también una reflexión sobre su propia generación, sobre Sartre y sobre sí misma ante el paso del tiempo.
Por eso, también está presente la política. La mirada sobre la Unión Soviética está atravesada por la tensión entre fidelidad y desencanto: cómo mantener unos ideales cuando la realidad histórica que pretendía encarnarlos se muestra decepcionante. De este modo, el malentendido del título funciona en varios planos: entre Nicole y André, entre generaciones, entre el pasado y el presente, y también entre las esperanzas políticas y aquello en lo que finalmente se convierten.
El resultado es un relato melancólico, lúcido y sorprendentemente delicado sobre la fragilidad de los vínculos, pero también sobre su capacidad para sobrevivir a aquello que no terminamos de entender de la otra persona.

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