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jueves, 29 de febrero de 2024

Todo sobre el amor / Comunión / Partiendo pan: tres de bell hooks

bell hooks 
Todo sobre el amor
Traducción de María José Viejo Pérez
Paidós, 2021
 
bell hooks
Comunión
Traducción de Montserrat Asensio
Paidós, 2023
 
 
"Cuando empecé a escribir acerca del amor, todos los periodistas que me entrevistaban me preguntaban si me estaba «abandonando». No se pregunta nada semejante a los hombres que escriben acerca del amor. […] Por el contrario, siempre se ha estereotipado a las mujeres potentes, y sobre todo a las mujeres intelectuales, como a personas con insuficiencias emocionales. Nuestro ingenio y sabiduría críticos se suelen interpretar como una demostración de implacabilidad interior y de una falta de empatía hacia los demás, no como aportaciones ingeniosas surgidas de nuestra gran capacidad intelectual y de nuestro profundo conocimiento de cómo funciona nuestra cultura. Quienes me lean podrían interpretar mis escritos sobre el amor como una demostración de mi crecimiento intelectual o de mi perspicacia visionaria, pero el pensamiento sexista devalúa esta experiencia y hace que parezca que la decisión de pensar críticamente acerca del amor sea una conducta aberrante, una demostración de debilidad". [Comunión]
 
 
Primera y tercera parte de la trilogía titulada Love Song to the Nation (Canción de amor a la nación), las dos únicas traducidas al español, publicadas originalmente en el año 2000 y 2004, respectivamente. El tercer título de la trilogía, publicado en 2001, tiene el título de Salvation: Black People and Love (Salvación: las personas negras y el amor).

Al inicio de Todo sobre el amor, la autora deja clara su motivación para escribir este(os) libro(s): "Tengo la impresión de que nuestro país le está dando la espalda al amor, y eso me provoca un sufrimiento tan intenso como el que me provocó la pérdida del amor en mi niñez. Al actuar de este modo nos arriesgamos a entrar en algo semejante a un desierto del espíritu, y puede que nunca encontremos el camino de vuelta".

Desde esta perspectiva, este libro es un auténtico Ars Amatoria, un tratado contemporáneo sobre el arte de amar en  todas las dimensiones humanas: desde el amor político hasta el amor divino, desde el amor a otras y otros (amigas, amantes, familia) hasta el amor a una misma, a través de trece capítulos titulados como sigue:
 
  1. Claridad: el vocabulario del amor
  2. Justicia: las primeras lecciones de amor
  3. Sinceridad: la franqueza en el amor
  4. Compromiso: para amar es preciso amarse a uno mismo
  5. Espiritualidad: el amor divino
  6. Valores: vivir conforme a la ética del amor
  7. Avaricia: nada más que amor
  8. Comunidad: una comunión de afectos
  9. Reciprocidad: la esencia del amor
  10. Amor romántico: el dulce amor
  11. Duelo: amarse en la vida y en la muerte
  12. Curación: el amor que redime
  13. Destino: cuando los ángeles hablan de amor

Rechazando los ensayos de autoayuda sobre el amor del tipo de Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus, escritos muchas veces por autores de género masculino, bell hooks defiende abiertamente la idea del "amor como motor de transformación" y define el "amor auténtico" como "una combinación de cuidado, compromiso, confianza, conocimiento, responsabilidad y respeto". Su idea del amor como "un acto de la voluntad", como una elección, como "una acción más que como un sentimiento", convierte el hecho de amar a alguien en un ejercicio consciente y continuo de responsabilidad, alejado tanto de la romantización sentimental como de su  reducción a satisfactor emocional: "Cuando valoramos el aplazamiento de la gratificación y asumimos la responsabilidad de nuestros actos, simplificamos nuestro universo emocional. Vivir de una forma sencilla hace que amar sea fácil. La decisión de vivir con sencillez aumenta nuestra capacidad de amar".

Y en todo momento la reflexión de bell hooks (y su vivencia, pues hay mucho de su biografía en este libro) sobre el amor está plenamente imbricada en una dimensión espiritual afirmada explícitamente que puede resultar extemporánea para la mayoría de lectoras y lectores de otros libros de esta autora: "Mi vida se sustenta sobre la convicción de que Dios es amor, que el amor lo es todo, que es nuestro verdadero destino. Afirmo estas creencias por medio de la meditación y la oración diaria, de la contemplación y la ayuda a los demás, de la participación en el culto y la disposición afectuosa hacia los que están cerca de mí". 

Una espiritualidad alejada del espiritualismo, una espiritualidad plenamente encarnada que no solo no nos aleja del mundo, sino que nos conecta firmemente con él: "La vida espiritual es primordialmente el compromiso con una forma de pensar y de comportarse que tenga en cuenta los principios de interdependencia e interconexión entre los seres". 

En Comunión bell hooks retoma muchas de estas cuestiones junto con otras como el hecho de envejecer, el difícil equilibrio entre trabajo y amor o entre este y el poder, el amor heterosexual y homosexual, la sororidad... Subtitulado en español (el original no tiene ningún subtítulo) como "La búsqueda femenina del amor", como lector varón heterosexual me ha ayudado mucho a pensar sobre formas de banalización del feminismo que abundan en los entornos de izquierda, en los que el manejo de cuatros conceptos y de algunas lecturas y el marco más que cuestionable de las "nuevas masculinidades" ya nos facultan a los hombres presentarnos públicamente como "feministas", o hasta como "en proceso de transición feminista", como si esto fuera de perfiles o niveles. Es lo que se critica en el estupendo corto de Sandra Gallego y Pilar Gómez La loca y el feminista, que unas alumnas de primero de Sociología y Ciencia Política presentaron el martes pasado en clase para su discusión (¡qué fuertes vienen, qué gozada!). Y es lo que cuestiona bell hooks en varios momentos de este libro:

  • "En realidad, todas las que nos acostábamos con hombres, las que los elegíamos como parejas primarias, estábamos perdiendo la guerra en el dormitorio. Los hombres celebraban nuestra liberación sexual, nuestra disposición a entregarnos y a disfrutar de las felaciones y del sexo grupal y nuestra disposición a experimentar con el sexo anal, pero, al final, muchos de ellos se rebelaban cuando afirmábamos que nuestro cuerpo era un territorio que no podían ocupar a voluntad. Los mismos hombres que estaban a favor de la liberación sexual de la mujer cuando significaba barra libre de sexo sin compromiso, casi nunca estaban dispuestos a aceptar el empoderamiento sexual feminista. ese empoderamiento daba a las mujeres el derecho a decir sí al sexo, pero también nos capacitaba para decir que no".
  • "No es fácil asumir que los hombres, incluso los que son políticamente progresistas, quieren ejercer el poder sexual sobre las mujeres más de lo que quieren querernos".
  • "Después de pasar más de una década manteniendo una relación caracterizada por los problemas respecto a las cuestiones de género y en la que tuve que luchar por un trato justo, cuando dejé la relación decidí que, en el futuro, solo elegiría a hombres a quienes no tuviera que convertir al pensamiento feminista".

Más dificultades he tenido con otros contenidos del libro, como aquellas en las que bell hooks argumenta que el movimiento feminista ha tenido éxito en la crítica del amor tal como se entiende en la cultura patriarcal (romantización, dependencia, anulación de una misma...), pero no ha logrado ofrecer maneras nuevas de pensarlo. "Nos dijo -escribe al inicio del libro- que lo mejor que podíamos hacer era dejar de pensar en el amor y vivir como si el amor no importara, porque, de otro modo, corríamos el riesgo de pasar a ser miembros de una de las categorías femeninas más despreciadas: la de «las mujeres que aman demasiado»". Es por eso, continua, que "muchas mujeres nos sentimos confundidas y nos preguntamos qué lugar ocupa el amor en nuestras vidas", habiendo tenido que reconocer que "el amor importa". ¿Es realmente así? ¿Es cierto que, como sostiene la autora en el prólogo del libro, una de las consecuencias de ese déficit en la comprensión de lo que el amor puede realmente ser, "ahora presenciamos la aparición de una generación de mujeres con edades comprendidas aproximadamente entre los veinticinco y los treinta y cinco años que entienden como una debilidad el menor anhelo de amor y cuyo único objetivo es la consecución de poder"?

Tengo que confesar que estos dos son los libros de bell hooks por los que más me ha costado transitar. Creo que porque muy cerca de la autoayuda. También porque contienen afirmaciones o valoraciones que me chirrían y sobresaltan, como esta: "Las amas de casa satisfechas –en su mayoría mujeres, pero también los poquísimos hombres que han elegido quedarse en casa- tienen mucho que enseñarnos sobre la alegría de la autodeterminación. Son dueñas de sí mismas, porque establecen las condiciones de su trabajo y la medida de su recompensa. Son libres, más que cualquier otra persona, de desarrollar una forma de «recta vida»".

Pero es bell hooks y, aunque como cualquier otra pensadora, pueda y deba ser discutida, su visión del mundo transmite una perspectiva sanadora que, literalmente, puede experimentarse (yo así lo hago) como sanadora, sintiéndonos saved by the bell (hooks). 

En todo caso, si hubiera algún taller de lectura feminista que tenga pensado leerlos y trabajarlos rogaría que me acepten como escuchante.
  

*-*-*-*-*

bell hooks y Cornel West
Partiendo el pan. Vida intelectual negra insurgente
Traducción de Lucas Martí Domken
Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, 2023

"Al invocar el sentido de partir pan, nos referimos a las diversas tradiciones de intercambio que tienen lugar en la vida doméstica secular y sagrada cada vez que nos reunimos para entregarnos de lleno los unos a los otros, para nutrir la vida, para renovar nuestros espíritus, sostener nuestra esperanza y hacer de la política vivida como lucha revolucionaria una práctica continua".


"Una cultura muerta al amor solo puede resurgir merced a un despertar espiritual", escribía bell hooks en Todo sobre el amor. Una espiritualidad que, en su caso, nace y crece en el espacio conformado por sus orígenes cristianos baptistas, con su dimensión cultual comunitaria, y su aproximación al budismo y a la religiosidad africana. Un sincretismo al servicio de la vida y no del dogma.

Atención a su fortísima crítica a Obama y al "nacionalismo negro", a su reivindicación de la "alegría en la lucha", a la importancia que otorga al servicio a las y los demás, al apoyo mutuo y a la construcción de "comunidades de resistencia, lugares donde sabemos que no estaremos solos", a su valoración de la propuesta y la práctica de Martin Luther King y de Malcolm X, o a su crítica de la profesionalización del mundo académico. Estas y otras muchas interesantes cuestiones van surgiendo de las conversaciones entre West y bell hooks. Pero, por encima de todas ellas, está su afirmación de una profunda espiritualidad política ("una perspectiva exclusivamente izquierdista no haría de mí una mujer políticamente coherente y espiritualmente realizada"), de una "espiritualidad combativa" sin la que no es posible una transformación radical de cada una y del mundo:

"hooks: A menudo reflexiono sobre lo espiritual, sobre la cita bíblica que dice: «La esperanza ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo». Porque nuestra esperanza no puede estar en este sistema, ni siquiera en la idea de desmantelarlo, sino que debe estar en transformar esta cultura para crear una nueva basada en la ética del amor y la reciprocidad. Ese es nuestro poder: reactivas, renovar, restaurar y resistir.
West: Me encanta. Al final, se trata de amor.
hooks: Proclamo: siempre que trabajemos por amor, estaremos trabajando por el fin de la dominación".

https://savedbythe-bellhooks.tumblr.com/about 

domingo, 11 de febrero de 2024

Decrecimiento: un viaje al otro lado de la realidad, acompañadas de la ciencia y de la poesía

Lev Tolstói
Mi viaje al otro lado de la realidad
Prefacio de Émile Zola
Traducción de Antonio García
Errata naturae, 2023

"La vida de las ciudades, que hasta entonces me había parecido extravagante, se me hizo de repente odiosa. El lujo, que en otro tiempo se me antojaba uno de los goces de la existencia, se convirtió en un tormento para mí. Por más que buscaba dentro de mi alma una razón cualquiera para disculpar nuestra vida, no podía observar mi salón o el de los demás sin irritarme: una mesa suntuosamente servida, un magnífico carruaje, los escaparates de los comercios, los teatros y los casinos. Me era imposible no ver junto a todo esto a los habitantes del asilo de Liapín, atormentados por el hambre, el frío y la vergüenza. Ya no podía alejar de mí la idea de que estas dos realidades se enlazaban y que la una era consecuencia de la otra. En otras palabras: había puesto un pie en el otro lado de la realidad".


En 1881, a los 63 años y con casi toda su gran inmensa publicada y aclamada por las lectoras y lectores, por la crítica literaria y por sus colegas de escritura, Tolstói llevaba ya una década profundizando en un itinerario espiritual que le había llevado a abrazar con convicción el cristianismo del Sermón de la Montaña, el pacifismo desobediente de Thoureau y el anarquismo proudhoniano. Pero el desasosiego dominaba su vida, como relata en algunos de los párrafos más angustiosos de Confesión, publicada en 1884:

"Mi vida se detuvo. Podía respirar, comer, beber y dormir; de hecho, no podía no respirar, no comer, no beber y no dormir. Pero no había vida en mí porque no tenía deseos cuya satisfacción me pareciera razonable. Si deseaba algo, sabía de antemano que de ello no resultaría nada, tanto si se realizara
como si no. [...]
La verdad era que la vida es un absurdo. Era como si hubiera vivido mucho tiempo y, poco a poco, hubiera llegado a un abismo y ahora viera claramente que delante de mí no había nada excepto mi ruina. Y, sin embargo, no podía detenerme, ni dar vuelta atrás, ni cerrar los ojos para no ver que delante no había más que el engaño de la vida y de la felicidad, y los sufrimientos verdaderos y la muerte verdadera: el aniquilamiento completo. [...]
Y he aquí que yo, un hombre feliz, saqué una cuerda de mi habitación, donde me desvestía solo cada noche, para no colgarme de un travesaño que había entre los armarios. Y dejé de ir de caza con la escopeta para que no me tentase ese medio demasiado fácil de quitarme la vida. Yo mismo no sabía lo que quería: me daba miedo la vida y luchaba por desembarazarme de ella y, al mismo tiempo, esperaba
algo de ella.
Y esto aconteció en un momento en que estaba rodeado de lo que se considera la felicidad completa; eso fue cuando aún no cumplía cincuenta años. Tenía una buena esposa, amante y amada, buenos hijos, una gran hacienda que, sin esfuerzo por mi parte, aumentaba y prosperaba. Era respetado más que nunca por amigos y conocidos, los extraños me colmaban de elogios, y podía considerar, sin temor a exagerar, que había alcanzado la celebridad. Además, no estaba enfermo ni física ni mentalmente; al contrario, gozaba de un vigor mental y físico que rara vez he encontrado en las personas de mi edad. Físicamente, podía segar al mismo ritmo que los campesinos. Intelectualmente, podía trabajar ocho o diez horas seguidas sin resentirme por el esfuerzo. Y a tal estado llegué que ya no podía vivir; y, temiendo la muerte, debía emplear ardides conmigo mismo para no quitarme la vida".

Teniéndolo todo sentía que no tenía nada. Aunque su brújula moral y su razón ya le señalaban el camino para superar esa profunda experiencia de hastío y de absurdo (la simplicidad evangélica, la desobediencia de Thoureau, la afirmación soberana de la persona frente al Estado) su vida práctica, su día a día, continuaba transitando por los caminos de siempre. Hasta que experimentó una auténtica conversión que le llevó a aproximar al máximo su existencia a sus ideales. Tolstói recuperó su vida perdiéndola (Mt 16, 25), renunciando a sus privilegios, como también indica en Confesión:

Renuncié a la vida de nuestra clase después de reconocer que aquello no era tal vida, sino sólo una apariencia, y que las condiciones de lujo en las que habitábamos nos privaban de la posibilidad de comprender la vida, y que para entenderla debía comprender no la existencia de una minoría, de
nosotros, parásitos, sino la del sencillo pueblo trabajador, que la crea y le da sentido.

Casi veinte años después, en 1901, Mi viaje al otro lado de la realidad explicita, desarrolla y radicaliza esta confesión de Tolstói, profundizando tanto en las dimensiones personales como estructurales de su desclasamiento: cuestiona la filantropía que da dinero a las personas pobres pero no supone privación alguna para quien dona ni las eleva a la condición de semejantes ("nosotros, los ricos jamás podremos sacrificar lo superfluo. Tenemos tantas necesidades que satisfacer!"); desvela la palabrería de quienes critican con energía la indiferencia y la frialdad de nuestro mundo, pero a continuación siguen con sus vidas como si nada; denuncia el caprichoso lujo urbano, cuya obscena ostentación solo es posible gracias a la protección policial; advierte contra la centralidad del dinero y la enajenación del trabajo, que permite la riqueza de unos pocos sobre la mayoría: "Tras esta toma de conciencia he adquirido el convencimiento de que el dinero no representa el trabajo, al menos en la inmensa mayoría de los casos, sino la explotación, la violencia o la complicadísima astucia que sobre éstas se funda".

Sobre esta base basculó la vida de Tolstòi en sus últimos años, entre la incomprensión de quienes lo admiraban, como Zola ("A veces pienso que Tolstói es uno de esos predicadores revolucionarios que recorren los caminos, enfebrecidos por la fe, para dar a conocer la nueva ley de la nueva humanidad sin considerar demasiado los hechos"), y hasta de su propia familia. Pero conformará una norma de vida que es también un desafío para las mujeres y los hombres de hoy en día Así se expresa en un hermoso y profundo prólogo de los editores:

"Aquel texto se convierte hoy en este libro. Y creemos que, en un tiempo como el nuestro -marcado
por la espeluznante crisis climática global y el atroz ascenso generalizado de los nuevos fascismos, que
contrasta con la indolencia y el cortoplacismo de gobernantes y gobernados, incapaces de ir más allá de
falsas soluciones que ni siquiera garantizan la supervivencia de los ecosistemas o de la propia civilización tal como la conocemos-, parece más importante que nunca recordar el pensamiento radicalmente indócil y visionario de un hombre que no aceptó menos que la dignidad y la justicia para todos los seres humanos". 
 
*-*-*-*-*

Jason Hickel
Menos es más. Cómo el decrecimiento salvará el mundo
Traducción de Clara Ministral
Capitán Swing, 2023 


El problema es el capitalismo, un sistema de vida "intrínsecamente colonial", que exige de una continua provisión de territorios, personas y recursos "de los que extraer valor sin pagar nada a cambio". Un sistema económico organizado en torno al imperativo del crecimiento constante de la producción y el consumo ("crecentismo"), medido en términos de producto interior bruto (PIB). Un crecimiento que en los países más ricos hace años que se ha desacoplado absolutamente de la satisfacción de necesidades reales. En esta parte del mundo ya tenemos suficiente: no necesitamos más crecimiento sino "organizar la economía en torno al bienestar humano, en lugar de en torno a la acumulación del capital".

Hickel desmonta la peligrosa fantasía del "crecimiento verde" (la "energía limpia no está reemplazando las energías sucias, sino que se está sumando a ellas"), de la eficiencia tecnológica como solución ("en una economía orientada al crecimiento, las mejoras en la eficiencia que podrían ayudarnos a reducir nuestro impacto se utilizan en cambio para introducir una parte cada vez mayor de la naturaleza en los circuitos de extracción y producción") o de la economía circular ("En una economía circular, el coste de los materiales se internaliza. Eso es bueno desde el punto de vista ecológico, pero malo desde el punto de vista de la acumulación de capital"). Porque, frente a lo que proclama la doxa neoliberal, el capitalismo no es una cornucopia productora de inagotable abundancia sino una máquina diseñada para producir constantemente escasez artificial, sin la que el engranaje de la acumulación y el crecimiento colapsarían. Un crecimiento imposible de universalizar:
 
"[L]os países del Norte global (que representan solo el 19 por ciento de la población mundial) están detrás del 92 por ciento del exceso de emisiones. Esto quiere decir que son  los daños causados por el colapso climático. En contraste con esto, toda América Latina, toda África y todo Oriente Próximo juntos son responsables de tan solo el 8 por ciento. Y esas emisiones proceden solamente de un pequeño grupo de países dentro de esas regiones. [...] En otras palabras, los países de ingreso alto que han engullido no solo la parte que les correspondía, sino también la de todos los demás, están en deuda climática con el resto del mundo".

Frente al crecentismo, el decrecimiento consiste en "reducir los flujos de materiales y energía de la economía para volver a ponerlos en equilibrio con el mundo viviente, al tiempo que se reparten los ingresos y los recursos de manera más justa, se libera a las personas del trabajo innecesario y se invierte en los bienes públicos que necesita la gente para disfrutar de una vida próspera". 
 
Para ello Hickel reivindica y propone reducir drásticamente los ingresos de la población rica (en la línea de Piketty), invertir en bienes y servicios públicos y revertir los procesos de privatización, poner fin a la obsolescencia programa de los productos de consumo, limitar la publicidad para evitar el consumismo por emulación, reforzar el usufructo frente a la propiedad, reducir la escala de las industrias ecológicamente más dañinas (como la industria cárnica), reducir el tiempo de empleo y repartir todos los trabajos, cancelar las deudas, desmonetizar y desfinanciarizar la economía. En definitiva, salir del capitalismo y descolonizar el mundo y nuestras mentes. 

Pero para salir del capitalismo como estructura debemos empezar a salir del mismo como agencia. Nunca saldremos si yo no empiezo ya a salirme, si tú no lo haces. Tim Jackson lo expone así en Prosperidad sin crecimiento. Economía para un planeta finito:
 
"La dimensión de esta tarea abarca tanto lo personal como lo social. Las posibilidades para la acción personal –o basada en la comunidad- son claras. El cambio puede manifestarse a través del modo en que vivimos, las cosas que compramos, la forma en que viajamos, dónde invertimos nuestro dinero, o cómo pasamos nuestro tiempo de ocio. Puede lograrse a través de nuestro trabajo. Puede verse favorecido por el modo en que votamos y por la presión democrática que ejerzamos sobre nuestros gobernantes. Puede fomentarse a través del activismo de base y del compromiso comunitario. También es importante la búsqueda de la frugalidad, de la simplicidad voluntaria" (Icaria 2011; traducción de Ángelo Ponziano).

"Basta comprender, de una vez para siempre, que todo arriendo o compra no es más que una obligación emitida contra los pobres que éstos tienen que pagar. Por consiguiente, prefiero abstenerme siempre que sea es posible de arrendar o comprar", escribió Tolstòi en las últimas páginas de Mi viaje al otro lado de la realidad. Este sería el primer y fundamental paso en el camino del decrecimiento. Y a partir de ahí...
 
*-*-*-*-*
 
Luis González Reyes y Adrián Almazán
Decrecimiento: del qué al cómo. Propuestas para el Estado español
Icaria, 2023

 
Escribe Hickel en la introducción de Menos es más: "Este no es un libro sobre el apocalipsis. Es un libro sobre la esperanza. Trata de cómo podemos sustituir una economía organizada en torno a la dominación y la extracción por una basada en la reciprocidad con el mundo viviente".
 
Y de eso va el libro de Luis González Reyes y Adrián Almazán: de "imaginar -como escribe Yayo Herrero en la introducción- itinerarios de transformación que conduzcan a crear formas de vivir en común ajustadas a los ecosistemas a la enorme velocidad que hoy necesitamos".

Centrándose en la dimensión económica del proyecto decrecentista y, más concretamente, en las principales actividades mercantiles (energía, residuos, silvicultura, agricultura, pesca y ganadería, minería, transporte, industria, edificación, turismo, finanzas) los autores de este libro proponen vías para la transformación de todas ellas a partir de un principio básico, transversal a todas ellas:

"Nuestra propuesta política, el Decrecimiento, se basa en una reducción de la centralidad del ámbito mercantil-estatal para que sean los hogares y, sobre todo, el ámbito comunitario quien se haga cargo de satisfacer esas necesidades que la dupla Estado-mercado solo cubre deficientemente a costa de una degradación social y ecológica acelerada. Apostamos por una estructura económica localizada, descentralizada, autónoma y controlada democráticamente desde las comunidades".

Una combinación tal de ambición transformadora (no simplemente "reverdeformista") y esfuerzo por aterrizar en el mientras tanto no puede no presentar aspectos discutibles, siendo uno de ellos, y no menor, su apuesta por la construcción de "comunalismos" como sujeto institucional y político fundamental frente al Estado (por no ser una mera herramienta neutral), aunque no necesariamente en contra de este.

Pero de eso se trata, de contar con herramientas para pasar "del qué al cómo" en la conversación colectiva sobre el decrecimiento. Y este libro nos ofrece unas cuantas.

*-*-*-*-*

Diane di Prima
Cartas revolucionarias
Traducción de Annalisa Marí Pegrum
Visor, 2023

"Estos son años de transición y nuestros deberes
serán cuantiosos.
Los cambios son rápidos, pero la revolución
lleva más tiempo.
América ni siquiera ha comenzado.
Este continente es pura semilla".
[Carta revolucionaria N.º 10]


"Ya está aquí. Vivimos en un mundo que se muere. Los datos llevan décadas acumulándose. Se vuelven más detallados y preocupantes con cada año que pasa. Aún así, por algún motivo no hemos sido capaces de cambiar de rumbo", se lamenta Hickel en Menos es más. ¿Por qué? Tal vez porque, como señala Karen Armstrong en Naturaleza sagrada, la razón y la ciencia no son suficientes: "Si queremos redimir el mundo natural, también nosotros debemos aprender a linearnos emocionalmente con él y comprender la afinidad y la total dependencia que nos une a sus realidades". 
 
Y esto es lo que encontramos en los poemas de Diane di Prima: una radical capacidad de emocionar y removernos, también en relación a las cuestiones que venimos conversando sobre la insostenibilidad del capitalismo y la necesidad de cambiar nuestros modos de vida:

Estamos devorando el planeta, cada domingo
el New York Times se traga un bosque entero [...].
O a ver qué os parece
esta estadística: en los Estados Unidos
vive el 5 % de la población mundial y se utiliza
el 50 % de los bienes del planeta, con nuestra basura
podrían sobrevivir
infinitas naciones «subdesarrolladas».
[Carta revolucionaria N.º 16].

Este poema pertenece a sus primeras "cartas revolucionarias", los 63 poemas escritos entre mayo de 1968 y diciembre de 1971. Me parece extraordinario. Y qué decir de este otro, también de esa misma época:

Tendremos que apretarnos todos
un poco el cinturón;
NO habrá
un Cadillac ni una casa de 40.000 dólares
para cada uno;
sencillamente
el planeta no lo soportaría
 
pero habrá comida
suficiente, las «necesidades básicas»
estarán cubiertas; tendremos que tirar
los lujos por la borda

hasta el más pobre de nosotros
tendrá que renunciar a algo
para vivir en libertad.
[Carta revolucionaria N.º 17].

Escritas entre 1968 y hasta sus últimos años de vida (Diane di Prima falleció el 25 de octubre de 2020) estas Cartas revolucionarias son una maravillosa expresión de contracultura beat, de anticapitalismo y de feminismo, una luminosa manifestación de esas "razones del corazón" que tanto le cuesta entender a la razón ("intellectus significa «luz de la mente», / no es discurso, ni siquiera lenguaje, / es el sol interior") y una invitación a actuar ya para transformar el mundo:

¿Qué dirían vuestros sueños     vuestra imaginación
si la realidad no fuera un obstáculo    -que no lo es-?
                   ¿Quiénes seríais?
                   ¿Y qué haríais?

Yo lo único que sé
es que empieza    aquí.
[Carta revolucionaria N.º 105].

domingo, 19 de junio de 2022

Aprender a vivir y a morir en el Antropoceno

Roy Scranton
Aprender a vivir y a morir en el antropoceno
Traducción de Silvia Moreno Parrado
Errata Naturae, 2021

"El problema de nuestra respuesta al cambio climático no es que cueste aprobar las leyes pertinentes, determinar el precio justo de las emisiones de carbono, cambiar la opinión de la gente ni despertar conciencias. Todo el mundo es ya consciente. El problema es que el problema es demasiado grande. El problema es que hay gente distinta que quiere cosas distintas. El problema es que nadie tiene respuestas de verdad. El problema es que el problema somos nosotros".
 
 
El título original de este libro es Aprendiendo a morir en el Antropoceno (Learning to Die in the Anthropocene); a morir. Es importante señalarlo ya que es de eso de lo que va este libro: de asumir nuestra condición mortal, abandonar los sueños de omnipotencia, aprender a morir. De ello puede depender nuestra supervivencia en el Antropoceno, según Roy Scranton. ¿La supervivencia de cuántas, de quiénes, en qué condiciones? Tras finalizar la lectura del libro, repleto de interpelaciones y sugerencias, no me queda claro.

Scranton sirvió como soldado en Irak durante la operación Shock and Awe, "conmoción y pavor", el bombardeo masivo que entre el 20 y el 24 de marzo de 2003 arrasó Bagdad, precipitando el final de Sadam Husein. "Con su táctica de 'conmoción y pavor' -escribe Scruton al inicio del libro- el ejército estadounidense había desatado el fin del mundo en una ciudad de seis millones de habitantes [...]. Las infraestructuras de Bagdad habían quedado arrasadas: el agua, la electricidad, el tráfico, los mercados y la seguridad eran presa del caos y del poder local. El Gobierno se había venido abajo, se erigían muros, se trazaban fronteras tribales y se recurría a la violencia para instaurar unas jerarquías despiadadas. A lo largo del siguiente año, desaparecería la clase media laica de la ciudad, ante la presión de pistoleros, especuladores, fundamentalistas y soldados". Dos años y medio más tarde, a su regreso a Estados Unidos desde ese "mundo averiado" al que había sobrevivido, su unidad se enfrentó a otra situación de conmoción y pavor, esta vez provocada por el azote del huracán Katrina sobre Nueva Orleans: 
 
"Ante mis ojos tenía la misma vorágine  y derrumbe que ya había visto en Bagdad, la misma falta de planificación y la misma oleada de caos. [...] Nuestra unidad recibió órdenes de estar lista para pasar a la acción y se nos entrenó en operaciones de control de disturbios. El desalentador futuro que había visto en Bagdad estaba ahora entre nosotros: no eran el terrorismo ni las armas de destrucción masiva, sino la maquinaria de la civilización, que se venía abajo, incapaz de recuperarse después de la conmoción sufrida por su sistema".
 
Abraham H. Maslow advirtió en su libro de 1966 The Psychology of Science (New York: Harper & Row) de la existencia de un sesgo cognitivo que, desde entonces, se conoce como "el martillo de Maslow" o "ley del martillo dorado", para advertir sobre la tendencia a dar por supuesto que la única herramienta de la que disponemos o creemos disponer (la única teoria sobre el comportamiento humano, la única medida de política social, la única estrategia de acción colectiva...), aquella con la que estamos más familiarizadas o nos sentmos más seguras, es la única herramienta que necesitamos porque es la única que nos permite solucionar los problemas a los que nos enfrentamo: “Supongo que es tentador, si la única herramienta que tienes es un martillo, tratar todo como si fuera un clavo" ("I suppose it is tempting, if the only tool you have is a hammer, to treat everything as if it were a nail"). La expresión psicosociológica del "one best way" taylorista.
 
El martillo de Scruton es su experiencia como soldado y las lecciones que ha sacado de esa experiencia; lecciones como esta: si para sobrevivir en la guerra tuvo que asumir la inevitabilidad de su propia muerte, para sobrevir en el Antropoceno la humanidad deberá asumir que "esta civilización ya está muerta". El mundo es, para él, un escenario hobbesiano de muerte, violencia y miedo, en el que "la experiencia de ser humano se reduce a un borde afilado". En consecuencia, su diagnóstico es terriblemente duro: "Cada vez que consultamos el correo electrónico estamos calentando el planeta. Lo hacemos a diario, No podemos parar. No sabemos parar. No queremos parar". Debemos recibirlo como una bofetada, sin endulzarlo: estamos en situación de catástrofe climática (hablar de "pre" es irresponsable), lo confirma el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Pero, con la herramienta de Scruton, no sé cómo pasar del diagnóstico a la acción colectiva (masiva) transformadora; no acabo de ver la conexión entre su diagnóstico y sus propuestas: interrumpir las "cadenas semánticas estresantes de excitacòn social" practicando la contemplación y el pensamiento crítico. No porque ambas practicas no sean esenciales sino porque no creo que sean suficientes.
 
¿Y si la herramienta fuera otra, si no fuera un martillo? Mientras leía este libro pensaba en lo interesante que sería poner a conversar a Straton con la Rebecca Solnit de Un paraíso en el infierno. Las extraordinarias comunidades que surgen en el desatre (Capitán Swing, 2020; traducción de David Muñoz Mateos). Tal vez incorporaría a la conversación al Sebatian Junger de Tribu. Sobre vuelta a casa y pertenencia (Capitán Swing, 2016; traducción de María Eugenia Frutos), quien analiza lo que ocurre en situaciones de combate o de catástrofe natural desde el planteamiento de que tales situaciones tienen el potencial de retrotraernos a un momento "tribal", en el que el compromiso colectivo y la identificación de un bien común se vuelven imprescindibles para la supervivencia. Pero me dejaría decir mucho por Rebecca Solnit, no menos crítica que Scruton en su diagnóstico del tiempo que vivimos, pero mucho más esperanzada. Donde Scruton solo ve violencia, desesperación y salvajismo, Solnit ve (también y sobre todo) cooperación, ayuda, altruismo. A ambas les preocupa el cambio climático pero, tal vez porque Scruton piensa desde la "espada" (esta es su auténtica herramienta), se muestra incapaz de atender a la presencia del "cáliz", del poder de la vida personal y colectiva como pulsión para la transformación social.

En fín, que sí, que debemos aprender a vivir en el Antropoceno.

domingo, 12 de junio de 2022

Pensar en sistemas

Donella Meadows
Pensar en sistemas
Traducción de Jaime Blasco
Capitán Swing, 2022

"Para vivir bien en un mundo de sistemas no basta con desarrollar nuestra capacidad de cálculo. Debemos invertir todas nuestras capacidades humanas: nuestra racionalidad, nuestra habilidad para distinguir lo verdadero de lo falso, nuestra intuición, nuestra compasión, nuestra visión y nuestra moralidad".



Pensar en sistemas es pensar a las personas y a los grupos, sus prácticas, pero también sus aspiraciones y sus deseos, a partir y en el marco de las estructuras en las que desarrollan su existencia. No solo las personas: "Un colegio es un sistema. Y también una ciudad, y una fábrica, y una empresa, y la economía de una nación. Un árbol es un sistema, y un bosque en un sistema mayor  que contiene subsistemas de árboles y animales. La Tierra es un sistema. Y también el Sistema Solar; y una galaxia. Los sistemas pueden insertarse dentro de otros sistemas, que a su vez se insertan en otros mayores".  Todo lo que está vivo, activo, todo lo que es dinámico, es un sistema, configura un sistema, participa de un sistema.
 
"Un sistema, aclara la autora, es un conjunto de cosas -personas, células, moléculas o lo que sea- interrelacionadas de tal manera que dan lugar a una pauta de comportamiento característica en un periodo de tiempo determinado. Las fuerzas externas pueden afectar, restringir, activar o impulsar un sistema". Lo que importa cuando pensamos en sistemas es atender a las relaciones, y esto es algo que nos cuesta muchísimo: tendemos a simplificar, a buscar causas únicas y evidentes. Por el contrario, este libro nos animará a buscar bucles de retroalimentación (compensadores o reforzadores), jerarquias, relaciones no lineales, conexiones, complejidad, flujos, amortiguadores, intersecciones, retrasos, incentivos, organización autónoma, propósitos y funciones, paradigmas...

Publicado originalmente en 1993, Donella Meadows es una de las autoras del conocido informe al Club de Roma de 1972 sobre los límites al crecimiento. Pocas guías mejores que ella para adentrarnos, sin extraviarnos, en el universo del pensamiento sistémico. He disfrutado tanto con su lectura que volveré a leerlo en las próximas semanas: seguro que descubro nuevas relaciones.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Respondona

bell hooks
Respondona
Traducción de Montserrat Asensio Fernández
Paidós, 2022 

"Encontrar la voz y usarla, sobre todo en actos de rebelión y de resistencia críticos que nos instan a ir más allá del miedo, sigue siendo una de las maneras más potentes en que el pensamiento y la práctica feministas pueden cambiar nuestras vidas. 
[...] 
Para los oprimidos, los colonizados, los explotados y los que luchan codo con codo, pasar del silencio al discurso es un gesto de desafío sanador que hace posible una vida y un crecimiento nuevos. Ese acto de discurso, ese 'responder' que no es un mero gesto de palabras huecas, es la expresión de nuestra transformación de objeto a sujeto, es la expresión de la voz liberada".


bell hooks es una de las pensadoras más sugerentes de nuestra época. Digo pensadoras, ahorrándome los calificativos de "mujer", de "feminista" y de "negra" que suelen acompañarla. Porque sí: bell hooks es una pensadora que es mujer, feminista y negra, pero sus reflexiones son interesantes por sí mismas.

Seguidora confesa del pensamiento y la práctica de Paulo Freire, a quien cita y referencia en todas sus obras, hooks es también una eficaz educadora de y para la libertad, una pedagoga de y con las personas oprimidas que, por encima de todo, busca con sus escritos resultar comprensible para ellas:

"La teoría que usa un lenguaje enrevesado, un metalenguaje, tiene su lugar, pero esa teoría no se puede convertir en la base del movimiento feminista a no ser que la hagamos más accesible. Es habitual que las mujeres que escriben teoría le resten importancia cuando les preguntan acerca de su relación con la 'vida real', con la experiencia cotidiana de la mujer. Esto refuerza la idea errónea de que toda la teoría ha de ser inaccesible. [...] Si queremos que ejerza un impacto significativo, tenemos que articular de un modo accesible la teoría feminista visionaria".

Con esta actitud, la autora aborda cuestiones como las relaciones entre patriarcado, racismo y clasismo, la apropiación cultural, el papel de las mujeres en el mantenimiento y perpetuación de los sistemas de dominación, la ética de escribir  acerca de las vidas y las experiencias de grupos subordinados a los que no pertenecemos, las complejas interacciones entre el cambio personal y el estructural, el papel de los hombres en la lucha por la transformación feminista del mundo, la violencia en las relaciones íntimas (que ella misma sufrió), el predominio de la teoría feminista blanca y sus consecuencias, las relaciones entre las mujeres y el militarismo, las diferencias entre racismo y supremacismo blanco o la homofobia en las comunidades negras, entre muchos otros temas. Siempre con referencias a su propia experiencia biográfica como hija en un hogar dominado por un padre autoritario, alumna en una escuela segregada, estudiante universitaria en entornos eminentemente blancos o docente e investigadora en Yale.

Especialmente interesante me ha resultado el capítulo 15, en el que disecciona con agudeza el conocido y repetido lema "lo personal es político", fundamento de las que han venido a denominarse "políticas de la identidad". hooks advierte del peligro de que el énfasis se ponga cada vez más en lo personal y menos en lo político, debilitando la intención original de politización radical de la identidad y la experiencia personal para acabar deslizándose hacia una "preocupación obsesiva y narcisista con la 'búsqueda de la identidad' [...] que desviaba la atención de la política radical" para alimentar "un proceso de despolitización".

Un libro, por tanto, necesario.

Agradeciendo enormemente la labor de la traductora, sí me permito hacer una crítica al uso generalizado del masculino, con frases como esta: "[...] los teóricos feministas tenemos que ser muy cuidadosos y no apoyar nociones monolíticas de qué es una teoría". ¿Los teóricos feministas?