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lunes, 22 de abril de 2024

Tener y no tener

Tenemos, se dice, un parlamento nacionalista, y así es: 54 de 75 escaños, el 72 por ciento. Pero va a ser el parlamento vasco que menos soberanismo se proponga impulsar. Salvo el soberanism as usual que constituye la base de ese “nacionalismo banal” (Billig) que va formateando a una sociedad vasca satisfecha que no parece dispuesta a embarcarse en nada parecido a un “prozesua” pero que sí corre el riesgo de consolidar rasgos nativistas que ya van generando demasiadas heridas, sobre todo a los sectores sociales económica y culturalmente más vulnerables.
 
PNV y EHB son dos poderes que, hoy por hoy, se anulan mutuamente: el PNV no puede competir en soberanismo con Bildu mientras que Bildu debe competir en institucionalismo gestor con el PNV si quiere seguir penetrando en su electorado. Es seguro que en la sala de máquinas del PNV alguien se estará preguntando si conviene marcar perfil soberanista para recuperar electorado, pero sería un error: los muy cafeteros, esos que en anoche gritaban “Independentzia!” como si se hubieran equivocado de ciclo, ya tienen a Bildu, y aquí el PNV tiene poco que rascar. Su fuerza de ayer y su debilidad de hoy están en la gestión eficaz de lo cotidiano, de la economía y de los servicios públicos, no en su superación. La apelación del candidato Pradales a “no poner en riesgo todo lo construido” es la mejor explicitación de su modelo político de construcción nacional.    

Anoche la militancia de Bildu gritaba “Independentzia” como un pueblo (por fin) elegido que  se asomaba a la tierra prometida. ¿Aguantará cuatro años conteniendo esta pulsión constitutiva, haciendo oposición social a lo Matute no en Madrid, donde tan fácil resulta y tantos beneficios políticos reporta, sino en “esta parte del país”, como se he dedicado Otxandiano a calificar a la Euskadi estatutaria durante toda la campaña? Pues habrá que verlo. El sirimiri ya se ha convertido en lluvia, lo que supone un indudable éxito estratégico de Bildu. Pero es más fácil aguantar el sirimiri que la lluvia, que querrá convertirse en aguacero para ser, cuanto antes, mar. Porque la cosa no es esperar cuatro años para convertirse en mar al quinto, con seguridad, sino aguantar cuatro sabiendo que igual hay que volver a aguantar otros cuatro… cantando bajo la lluvia.

También se dice que tenemos un parlamento mayoritariamente de “izquierdas”: 40 de 75 escaños, el 53 por ciento. Pero también en esto la aritmética y la política van cada una por su lado. Habrá coincidencias puntuales entre EHB, PSE y Sumar, pero nada más. Nunca hubo opción de un gobierno formado por Bildu y PSE. A pesar de que todos los medios de comunicación han alimentado la expectativa, unos para movilizar el voto derechoso, otros supongo que para llenar páginas y ocupar minutos de tertulia dando pábulo a una posibilidad sólo un poco menos creíble que lo del Monstruo del Lago Ness. No sé si la habrá algún día, cuando pasen los ciclos, pero el momento no es ahora.

Y hablando de izquierdas, está lo de Sumar y Podemos. Una derrota por incomparecencia, que es la peor de las derrotas. El quinto espacio es un territorio que no presenta secretos sobre su caracterización: unas decenas de miles de mujeres y hombres (muchas menos que las 316.441 que votaron Podemos en las generales de 2015 pero muchas más que las 58.771 que ayer votamos a Sumar o a Podemos) que quieren una izquierda sobre todo callejera, ciudadana, que luche por estar en las instituciones, pero sin que este sea el objetivo fundamental; una izquierda más “civitante” que militante, más gramsciana y luxemburguista que leninista, comprometida con el cambio cultural desde la base, desde la presencia comprometida en las organizaciones de la sociedad civil; una izquierda cotidianamente feminista, antirracista, anticapitalista; y una izquierda federalista, que se niega a jugar en el campo de los nacionalismos si no es para cuestionarlos. Porque la izquierda nacionalista es siempre más nacional que izquierda, más etnocrática que democrática. Me asombra que Podemos y Sumar sólo hayan coincidido en equivocarse al proponer, ambas dos, un gobierno con Bildu. 

Tras la Copa Histórica el Empate Histórico. En el libro Condiciones de la libertad Ernest Gellner cuestiona con tanto acierto como ironía la práctica de la «sobresacralización de lo inmanente» característica del comunismo soviético. Sacralizando todos los aspectos de la vida social -desde una cosecha récord hasta un parto múltiple-, se privaba  a las personas de un refugio al que recurrir en los periodos de entusiasmo disminuido. Periodos así son inevitables ya que muy pocos individuos (y ninguna colectividad) pueden permanecer en un estado de permanente exaltación. Y concluye: «Al sacralizar este mundo privó a los hombres de ese contraste necesario entre lo elevado y lo terreno, y de la posibilidad de escaparse a lo terreno cuando lo elevado se encuentra en animación suspendida. El mundo no puede soportar el peso de tanta santidad», concluía. Y eso es tan cierto en aquella Rusia como en esta Euskadi.

Ahora toca gobernar (a unas) y oposicionar (a otras). Ojalá unas y otras lo hagan poniendo en práctica una política profana y descreída como la que elogiaba Daniel Bensaïd. Al servicio de la gente. Aquí lo dejo por hoy, que tengo que presentar un libro sobre La utilización política de la Biblia. Hablando de sacralización de lo inmanente…

lunes, 15 de abril de 2024

¿Elecciones históricas?


Ganar un partido de fútbol por penaltis tiene tanto o más de suerte que de mérito, es resultado del acierto propio, pero también, y mucho, de los errores del equipo contrario. Permítaseme este desahogo que, en todo caso, no me parece inapropiado en el contexto de una reflexión sobre las elecciones del próximo 21 de abril. Unas elecciones que no parecen plantear un escenario electoral incierto: al contrario, todas las encuestas coinciden en estimar el triunfo de EHBildu sobre un PNV que, en todo caso, volverá a gobernar en coalición con el PSE-PSOE (habrá que ver si con mayoría absoluta), el mantenimiento electoral de este y del PP y el hundimiento del espacio “Elkarrekin” como consecuencia de la incapacidad de Sumar y Podemos para concurrir juntas a las elecciones. 

Es verdad que se está hablando de un alto porcentaje de personas “indecisas” que podrían mover el tablero, pero no creo que su efecto modifique cualitativamente el escenario descrito. Las tendencias son consistentes: ciclo ascendente de EHB, estancamiento del PNV, estabilización de PSE y PP y derrumbe catastrófico del espacio Podemos-Sumar. Todas estas tendencias responden a factores bastante evidentes, que ya han sido analizados por diversas fuentes. La única novedad que cabría esperar es que la indecisión se resuelva de tal forma que empuje hacia arriba el voto al PNV reduciendo su distancia o incluso empatando con EHB. Pero esta posibilidad carece de toda relevancia política, más allá de la pugna por la hegemonía entre nacionalistas. 

Que EHB supere por primera vez al PNV en escaños y/o en votos es, no cabe duda, una posibilidad que tiene mucho de acontecimiento. La llamada izquierda abertzale surgió con el objetivo explícito de “matar al padre” y ahora parece haber llegado el momento. Este hecho está siendo leído por bastantes analistas en términos de cambio de ciclo político, como el principio del fin de la hegemonía de un partido que parecía atornillado a la institucionalidad vasca, identificándose con esta de tal manera que, recurriendo a la famosa cita atribuida a Friedric Jameson, era más fácil imaginar un fin al mundo que un fin al PNV en Ajuria Enea. No cabe duda de que tiene morbo, pero ¿tiene enjundia?

Volviendo a las tendencias de fondo: ahí están, y empujan con viento favorable las velas de EHB (posmemoria, podemización formal, crisis de los servicios públicos, radicalismo de las clases medias) a la vez que zarandean la nave del PNV, parcialmente desarbolada, que recurre a un remero para reencontrar su rumbo en una operación de sustitución de liderazgos que parece diseñada por sus enemigos. Pero las tendencias son contexto, no destino, deben ser correctamente gobernadas y, en sociedades cada vez más líquidas, lo que hoy empuja en una dirección mañana puede convertirse en fuerza en contra. Por eso, más que en la proyección final de votos y escaños a mí me parece muy relevante reflexionar sobre fidelidades y trasferencias de votos a partir de encuestas como las del CIS o la de 40dB.

Desde esta perspectiva, lo primero que destaca es lo poco que ha tenido que hacer EHB para asegurarse tan excelentes resultados. Con un porcentaje cercano al 90 por ciento, la práctica totalidad de quienes les votaron en el año 2020 muestran su disposición para volver a hacerlo. La comodidad y seguridad que concede este punto de partida es muy grande: se trata de sentarse y ver crecer lo plantado, para lo que resulta idóneo un candidato “musiliano”, reflejo de un momento político dulce para la organización, en lugar de optar por una personalidad con marcados atributos propios. El resto de sus votos, los que le permitirían superar al PNV, los va a recibir de nuevas y nuevos votantes (alrededor del 28 por ciento, es decir, unos 21.000 nuevos apoyos) y de muchas personas que en 2020 votaron a Elkarrekin Podemos: alrededor de 20.000, más de una de cada cuatro que en las anteriores elecciones votaron morado. Lo dicho: sentarse, cuidar lo ya plantado y recoger lo sembrado por otras. 

Este último dato nos advierte contra la tentación de leer como ciclo nuevo lo que tiene mucho de eterno retorno, el de la incapacidad del “quinto espacio” para perimetrar un territorio identificable desde el que hacer política alternativa fuera y dentro del parlamento. Si la unidad en este espacio se hubiera concretado la situación sería muy distinta y el supuesto cambio de ciclo no llegaría a “sorpasito”, más simbólico que otra cosa.

Pero las cosas son como son y a partir del próximo domingo tendremos el parlamento más nacionalista y la mayor competencia entre nacionalistas, el menos plural y la mayor necesidad de acuerdos transversales. Y tendremos, porque la tenemos ya ahora, una sociedad cada vez más crítica con el funcionamiento de la política vasca. A ver qué hacemos. Dentro y fuera del parlamento...


lunes, 13 de julio de 2020

Todo muy extraño, como es normal

Algunas notas, a vuelapluma, tras las elecciones de ayer. Tiempo habrá (a ver si también hay ganas) para profundizar en cuestiones como las transferencias de voto, la dirección del voto nuevo o la forma en que la abstención ha podido afectar a cada partido.

[1] Casi la mitad del electorado potencial, que ascendía a 1.718.318 personas, se ha abstenido: siete puntos más que en 2016. Una parte de esta abstención se explica, seguro, por el miedo a los repuntes de la COVID-19, y es probable que haya afectado especialmente la población de más edad que vota PNV y PSE. Otra, con la decepción del electorado de izquierda no nacionalista, particularmente de edades medias. En todo caso, sobre el telón de fondo de esta enorme abstención, la representatividad de los partidos ganadores sufre un feroz mordisco, que no afecta para nada a su legitimidad formal pero sí debería obligar a un ejercicio de auténtica humildad: el PNV representa a solo el 20 % del total del electorado vasco, y EHB al 14 %. De hecho, con casi 49.000 votos menos que en 2016 el PNV ha obtenido tres escaños más que entonces.

[2] Tenemos un parlamento de izquierda (EHB, PSE y ElkPod suman 38 escaños, mayoría absoluta) que va a elegir un gobierno cuya promesa es la estabilidad: que todo siga igual para que nada cambie. La ficción del tripartito de izquierdas ha sido desde el principio eso, nada más que una ficción sin otra base que la aritmética. Pero la aritmética y la política no son lo mismo, en muchas ocasiones hasta van en direcciones distintas. Ya estoy escuchando la explicación fácil de esta situación: que, en realidad, el PSE no es un partido de izquierdas. Me parece una explicación perezosa, que nos impide entrar en el fondo de la cuestión: qué significa hoy la etiqueta política de la izquierda y cómo se construye y se organiza ese espacio ideológico, especialmente en sociedades ricas pero desiguales y con identidad nacional compleja.

[3] ElkPod ha obtenido 85.575 votos menos que en 2016. Todo indica que el grueso de esos votos perdidos se ha quedado en casa. Aunque la noche electoral no es el momento para hacer grandes análisis, esta hemorragia electoral no se soluciona con la promesa de cuatro años de ilusión y trabajo duro, como ha hecho su candidata. Parece innegable que la sustitución de la dirección encabezada por Lander Martínez (realizada con los modos en que los leones se hacen con el control de una nueva manada, acabando con la descendencia del antiguo líder) explica en parte el fracaso de una fuerza política que llegó a ganar al PNV incluso en Bilbao. Pero el cainismo con el que resuelven sus disputas internas no es la única ni la fundamental explicación de su debacle. Me remito a lo dicho en el punto anterior.

[4] Tenemos un parlamento abertzale (PNV y EHB suman 53 escaños) que va a impulsar un gobierno transversal PNV-PSE en cuya hoja de ruta la reforma del Estatuto de Gernika va a pasar a un segundo plano, como si de un “desacuerdo pactado” se tratara. La co-gobernanza, fórmula más o menos vacía acuñada durante la pandemia (José A. Estévez publicó en la revista Mientras tanto un recomendable artículo titulado “Que no te den gobernanza por democracia”), sustituirá por un tiempo a la co-soberanía. La cara de palo de Joseba Egibar en tercera fila tras unos exultantes Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu (bueno, exultante a su manera) lo decía todo: un parlamento claramente soberanista (PNV y EHB suman el 71 % de los escaños) consagrado durante los próximos cuatro años al autonomismo.

[5] EHB ha obtenido unos resultados que ninguna encuesta preelectoral había pronosticado: 23.516 votos más que en 2016 le han reportado cuatro escaños más, a poco más de 4.000 votos el escaño. Ahora bien: ¿qué EHB es el que ha triunfado? Haría falta un tratado de sociología política con varios anexos de neurobiología para entender algo que ahora nos parece de lo más normal: ver a una izquierda abertzale cómodamente instalada en el que antaño fuera el “parlamento vascongado” y apoyando la gobernabilidad en Madrid. Recordemos al carismático pero predecible Jon Idigoras tronando desde la tribuna del Congreso de los Diputados y comparémoslo con la actitud que mantienen Oskar Matute o Mertxe Aizpurua. Las famosas dos almas del PNV se quedan en nada si las comparamos con las que hoy conviven en EHB.

EHB está recogiendo parte del voto que en 2015 y 2016 fue a Podemos, pero lo está recibiendo después de que esa fuerza lo hubo digerido. Se trata de un voto que es más de izquierda que abertzale, un voto que busca identificarse con opciones que reivindiquen la libre determinación de las sociedades, sí, pero sobre todo la agenda feminista, ecologista, solidaria, antifascista… Ya veremos cómo gestiona EHB está tensión. Como primera fuerza de la posición en el Parlamento Vasco, ¿quién va a ser su adversario principal en el Gobierno, el PNV nacionalista conservador o el PSE social pero españolista?

En una entrevista publicada el 15 de marzo de 2017 Arnaldo Otegi advertía: “Tengo la impresión de que últimamente ha habido un cierto despiste: el motor del proceso de liberación de este país es la cuestión nacional. Otra cosa diferente es que, desde el punto de vista social, queramos construir un estado y que este sea un estado socialista, pero no podemos perder el punto de vista esencial que es el motor de lo que ha sido la lucha de este país, que es la cuestión nacional. Si perdemos el pulso ahí, nos vamos a perder en el camino”. Y con el fin de animar al PNV a emprender el camino del procés catalán hacía una sorprendente declaración: “Si conquistáramos un estado independiente, a nosotros nos daría igual que el hegemónico fuera el PNV durante los siguientes veinte años”. Todo indica que para que el PNV siga siendo hegemónico en el futuro no le va a hacer falta el apoyo de EHB, más bien al contrario: cuanto más PNV de Urkullu/Esteban sea y más se aleje del incierto y agónico procesismo mejor le irá. Y todo indica, también, que si la cuestión nacional se pone por delante de la cuestión social, EHB tendrá muchas dificultades para recoger votos en un caladero sociológico radicalmente transformado desde 2011.  

[6] Lo dicho: tiempo habrá para seguir analizando los resultados y el escenario político que dibujan. Tiempo habrá, incluso, para equivocarnos en nuestro análisis.                                                                  


martes, 11 de febrero de 2020

Elecciones adelantadas en Euskadi

Tal y como yo lo veo:

1. Una legislatura a un voto de la mayoría absoluta, incómoda e improductiva. En Euskadi se nos llena la boca diciendo que hay costumbre de gobernar en coalición, no como en esa atrasada España. Lo que no decimos es que no sabemos gobernar en minoría.

2. Una previsión de voto que desde octubre les quema en las manos: 30 escaños del PNV + 12 del PSE = 42, mayoría absoluta. Y que solo puede empeorar: caso De Miguel, Osakidetza, Zaldibar y un concurso de quién es más soberanista a medida que se aproximen las elecciones catalanas que tensionará, aunque no mucho, las dos almas del PNV.

3. Un Elkarrekin Podemos engañado: el 27 de diciembre facilitó la aprobación de los Presupuestos del Gobierno Vasco, lo que generó una importante disputa interna, que ahora se encuentra en la incómoda situación que cantaba Krahe: “y yo con mi apoyo como un…”.

4. Un Alfonso Alonso salvado por la campana del cayetanismo (¿o era cainismo?) que segaba la hierba bajo sus pies.

Todo por nuestro bien.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Por qué es necesario un gobierno de coalición


1. Tras las elecciones de abril fue imposible conformar un gobierno de coalición entre PSOE y UP, opción que contaba con el apoyo -apoyo urgente en algún caso- de otras fuerzas políticas, como ERC, PNV o Bildu. Pero el PSOE no quería gobernar con UP (empezó mareando la perdiz con el gobierno de cooperación, vetó a Iglesias, cuando tuvo que negociar lo hizo a la carrera y con displicencia, y al final supimos que tal posibilidad desvelaba a Pedro Sánchez) y UP fue tan torpe (o tan resentido) como para hacer naufragar la forzada propuesta del PSOE de una vicepresidencia y competencias en Vivienda, Sanidad e Igualdad al reclamar desde la tribuna del Congreso (por tanto, fuera de lugar) los dos huevos duros de las políticas activas de empleo.

2. En el escenario de abril podía tener sentido discutir si la mejor opción para UP era exigir su entrada en el gobierno (y arriegarse a perder cualquier rasgo de movimiento crítico transformador) o influir sobre un gobierno del PSOE en solitario incorporando a un acuerdo de legislatura políticas progresistas y vigilando su cumplimiento desde una oposición constructiva. Así lo apuntó en algún momento Alberto Garzón.

3. Ya entonces mi opinión era que lo que España necesitaba era un gobierno de coalición progresista que pudiera plantearse un horizonte de al menos dos legislaturas. Hoy, tras las elecciones de ayer, lo considero aún más necesario. España necesita conformar un gobierno que aspire a afrontar (no digo resolver) en los próximos años una serie de retos que no podemos continuar ignorando o mal encarando: la crisis de cohesión social, de la que la exclusión social (8,5 millones, el 18,4% de la población según el VIII Informe Foessa) es su más evidente expresión; la emergencia feminista, de la que las más de mil mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003 son la más grave manifestación; la emergencia climática; la construcción de un país hospitalario, abierto a la migración y al refugio; la crisis territorial, que en estos momentos agita Cataluña, pero que en realidad es una crisis histórica, estructural, de la construcción nacional española. Para ello, se necesita un gobierno estable, capaz de generar confianza y reconstruir diálogos también con las fuerzas nacionalistas de Cataluña y de Euskadi

4. Un acuerdo fundado sobre la "abstención responsable" que permita la investidura de Pedro Sánchez (como se planteaba en abril y, parece, se plantea también ahora por parte del PSOE) es pan para hoy y hambre para mañana. Su resultado sería un gobierno débil e inseguro, escasamente fiable que, estoy convencido, acabaría por generar frustración en el electorado.

5. Pero los números... En abril PSOE y UP sumaban 165 escaños, y el apoyo externo de las fuerzas que sumaron sus votos para ganar la moción de censura contra Rajoy les hubiera permitido navegar por encima de los 176 escaños. Ahora, PSOE y UP sumarían 155 escaños diez menos. Pero el apoyo de Más País, PNV, Bildu o ERC volvería a situarlos por encima de la mayoría absoluta.

6. ¿Gobernar con el apoyo de nacionalistas e independentistas? ¿A cambio de qué? A cambio de nada que no tengamos que afrontar ineluctablemente: un diálogo abierto sobre la vertebración de España, siempre en crisis, que en mi opinión sólo puede tener una solución federal, pero que en todo caso tendrá que contemplar mecanismos viables (al modo de la ley de claridad canadiense) para resolver democráticamente conflictos soberanistas.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Elecciones 10N: primeras impresiones


1. La decisión de Sánchez de repetir elecciones fue una insensatez. Ha resucitado a un PP que renace de su corrupción sin acto de contrición ni propósito de enmienda. Ha abierto una ventana de oportunidad para la consolidación de una derecha extrema, iliberal, que brutaliza la política y la sociedad españolas.

2. Aunque sea la fuerza más votada, el PSOE tendrá más difícil formar gobierno y gobernar. Su única opción es trabajar con seriedad lo que en junio despejó con displicencia y desgana: un gobierno de coalición con Unidas Podemos, con el apoyo para la investidura de todas las fuerzas progresistas políticas que se aparten de la proximidad tóxica del bifachito. No veo a Carmen Calvo con las aptitudes y actitudes necesarias para afrontar esta tarea. Tampoco a Sánchez, pero este es inamovible; no así Calvo.

3. Más País sólo ha servido para debilitar a Unidas Podemos. Nunca tanta inteligencia resultó más inútil, políticamente hablando.

4. Cuando despertemos mañana, los nacionalismos catalán y vasco seguirán aquí. Fuertes. Imprescindibles para la gobernabilidad. Pero, sobre todo, imprescindibles para buscar una salida a la crisis de cohesión territorial que el Estado español surgido del 78 arrastra desde su constitución.

5. Unidas Podemos sale debilitado, aunque mantiene una presencia importante. Presencia que le permite mantener influencia. Antes de junio se podía discutir si la mejor opción era entrar en un gobierno con el PSOE o apoyarlo desde fuera a la portuguesa. Ahora sólo le queda trabajar con seriedad para conformar un gobierno de coalición con el PSOE. Asumiendo que lo hace desde una posición de mayor debilidad, aunque las circunstancias lo hayan convertido en más necesario que antes: ya no existe un Ciudadanos al que el PSOE pueda mirar para rogar su apoyo o su abstención.

6. Si Sánchez recupera la cantinela  de junio (soy el más votado, el único que puede gobernar, así que todo el mundo ha de abstenerse para que pueda ser investido presidente)... No, no puede ser, es imposible.

7. Así que, a partir de mañana, a negociar para constituir cuanto antes un gobierno progresista, dispuesto a afrontar, con responsabilidad pero sin miedo, los retos sociales y territoriales que paralizan este país desde hace ya demasiado tiempo.

sábado, 27 de abril de 2019

Jornada de reflexión

1: "La política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres. La política trata del estar juntos y los unos con los otros de los diversos" (Hannah Arendt ¿QUÉ ES LA POLÍTICA? ). Así pues: no votar a quien no defienda una España plural.



  2: "¿Se podría formar el partido de los que no están seguros de tener razón? Sería el mío. En todo caso, yo no insulto a los que no están conmigo” (A. Camus MORAL Y POLÍTICA ). Así pues: no votar a quienes excluyen las razones de los demás.




3: “La historia es un proceso darwiniano más despiadado que el que gobierna la vida animal y vegetal. Los vencidos desaparecen. No son nada” (Simone Weil ECHAR RAÍCES ). No votar a quienes se enardecen con la historia única de los vencedores.

 

4: “Cuando las palabras pierden su integridad también lo hacen las ideas que expresan, privatizando el lenguaje como hemos privatizado tantas cosas” (T. Judt EL REFUGIO DE LA MEMORIA ). No votar a quien desprecia la integridad del lenguaje.




5: “Solo un programa auténticamente redistributivo puede ofrecer respuestas a la desigualdad, canalizando la indignación popular hacia quien la merece” (Naomi Klein DECIR NO NO BASTA ). Votar proyectos de redistribución real.



6: “La sociedad es irrepresentable como unidad porque carece de ella. Solo se presenta [así] cuando se vuelcan sobre ella los criterios ajenos del pueblo o la nación” (P. Lanceros EL ROBO DEL FUTURO ). No votar a quien reduce la sociedad a unidad.



























  7: “Todas las sociedades decentes tienen que protegerse frente a la división y la jerarquización cultivando sentimientos apropiados de simpatía y amor”(Martha Nussbaum EMOCIONES POLÍTICAS ). No votar a quien agita emociones de odio y rechazo.



8: “Sin la participación más densa de los ciudadanos la democracia [es] rehén de intereses que generan mayorías parlamentarias en contra de la mayoría ciudadana” (Santos DEMOCRACIA AL BORDE DEL CAOS ). Votar contra la elitización de la democracia.




9: “Confiar en el capitalismo «verde» sería cometer el mismo error que la rana que aceptó transportar un escorpión sobre su lomo para cruzar un río” (Isabelle Stengers EN TIEMPOS DE CATÁSTROFES ). Votar a quienes parecen conscientes de la crisis ecosocial.



10: “Una ultraderecha incapaz de ganar en las urnas, minoritaria, acaba imponiendo paradójicamente sus soluciones porque ha logrado imponer su lectura de la realidad" (J.M. Ridao WEIMAR ENTRE NOSOTROS ). Votar para contener a la ultraderecha.




11: “Los muros no pueden bloquear lo exterior sin cerrar lo interior, no pueden dar seguridad sin hacer del ansia por la seguridad una forma de vida, un reaccionario nosotros” (Wendy Brown ESTADOS AMURALLADOS, SOBERANÍA EN DECLIVE ). No votar búnker.
 

12: “La potencialidad articula el presente con el futuro y pone así la infraestructura material de la esperanza, porque cada presente se excede radicalmente a sí mismo” (T. Eagleton ESPERANZA SIN OPTIMISMO ). Votar desde y para la esperanza.




13: “La educación para el crecimiento económico no [quiere] un estudio centrado en las injusticias de clase, casta, género, etnia o religión, pues generaría un pensamiento crítico” (M. Nussbaum SIN FINES DE LUCRO ). Voto educación pública y crítica.




14: “La indiferencia hacia la política es el objetivo de la máquina de fango. Responder al fracaso de la política generalizando «Todos son iguales», es el mejor modo de hundir el barco en el que vamos todos” (R. Saviano VENTE CONMIGO ). Pues eso.