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sábado, 28 de marzo de 2026

La tierra de las cosas perdidas

John Connolly
La tierra de las cosas perdidas
Ilustraciones de Riki Blanco
Traducción de Pilar Ramírez Tello
Tusquets, 2025

"Para su padre, el pasado y el presente discurrían juntos, casi siempre en líneas paralelas, pero se tocaban en lugares ancestrales, donde la tierra guardaba los recuerdos al igual que los cementerios guardaban los cadáveres, Esos recuerdos se incrustaban en la tierra y la roca, en el metal y la madera, e inoculaban su esencia en los materiales inanimados. Alrededor de esos lugares se reunían los mitos y las leyendas, y de ellos surgían relatos, libros, historias, de modo que el límite entre lo real y lo irreal se difuminaba cada vez más cuando cada narrador extraía varias capas de significado y añadía nuevas capas propias. Los hechos se volvían borrosos, imprecisos, y así se transformaba el mundo.
Porque, según le contaba su padre, cuando un libro o una historia se contaba por primera vez, la realidad en sí cambiaba. La historia se convertía en parte del mundo, y cualquier persona en la que arraigara, no volvía a ser la misma. Las historias eran una infección benigna, porque algunos libros podían cambiar a las personas a peor. Si vertías el veneno suficiente en un libro o retorcías la verdad lo suficiente en sus páginas, podías transformar una mente débil en una odiosa. Pero cuanto más lee una persona y más amplias son sus lecturas, más se fortalece su mente".


Con este libro el escritor irlandés John Connolly prolonga el eco de una obra anterior, El libro de las cosas perdidas,  pero con una voz más más sombría. No se trata tanto de una secuela como de una revisitación del territorio emocional y simbólico que Connolly ya había explorado con acierto, ese espacio donde los cuentos de hadas se vuelven inquietantes y la infancia deja de ser un refugio seguro.

La historia sigue a Ceres, una madre joven que, enfrentada a la tragedia de acompañar a su hija Phoebe, en coma profundo tras un atropello, se ve arrastrada a un mundo paralelo que parece construido con los restos deformados de los cuentos tradicionales. Este “país de las cosas perdidas” no es un lugar de consuelo, sino de confrontación: cada criatura, cada paisaje, parece reflejar una versión distorsionada de los miedos, traumas y deseos reprimidos. Connolly utiliza este escenario para construir una narrativa que oscila entre la fantasía oscura y el drama psicológico.

Como en toda la obra de Connolly, uno de los mayores logros del libro es su atmósfera. Hay una cualidad onírica en la forma en que se desarrolla la historia, pero siempre atravesada por una tensión latente, como si bajo cada escena hubiera algo más antiguo, más peligroso. En este sentido, Connolly dialoga con la tradición de los cuentos de hadas originales, alejados de sus versiones edulcoradas, donde la crueldad y la enseñanza moral van de la mano.

La novela explora con especial sensibilidad la pérdida y la transformación. No es un libro sobre “recuperar” lo perdido, sino sobre aprender a convivir con su ausencia. En ese sentido, la novela tiene una resonancia emocional notable, especialmente para lectoras adultas que pueden reconocer en Ceres una lucha más universal.

Aunque La tierra de las cosas perdidas se inscribe en la vertiente más fantástica de John Connolly, resulta especialmente interesante leerla a la luz de su obra más conocida: la serie protagonizada por el detective Charlie Parker. A primera vista, ambos universos parecen muy distintos, uno anclado en la fantasía oscura y otro en el thriller criminal, pero en realidad comparten un sustrato temático y tonal sorprendentemente coherente.

En las novelas de Charlie Parker, Connolly construye historias policiales que van mucho más allá del género, con una presencia constante de lo sobrenatural, lo inexplicable, lo que se filtra desde una dimensión moral o espiritual más profunda. Parker no es solo un detective; es un personaje marcado por la pérdida, por la violencia y por una búsqueda de sentido que rara vez encuentra respuestas claras. Esa misma huella emocional se percibe en La tierra de las cosas perdidas, donde el viaje de Ceres también está impulsado por el duelo y la necesidad de comprender lo aparentemente irreparable.

Connolly comparte en ambas líneas narrativas una fascinación por los límites entre el bien y el mal, enfrentándonos a una moralidad compleja, incómoda, lejos de cualquier simplificación. También hay un paralelismo claro en la atmósfera: tanto en los bosques oscuros y deformados de La tierra de las cosas perdidas como en los paisajes desolados y melancólicos de las novelas de Charlie Parker, Connolly demuestra una habilidad excepcional para crear entornos cargados de amenaza y belleza. Esa mezcla de lirismo y oscuridad es una de sus señas de identidad como autor.

Por todo ello, aunque este libro pueda parecer un desvío hacia la fantasía (incluso juvenil), realmente funciona como una extensión del universo emocional que Connolly lleva años explorando en la serie de Charlie Parker. Cambian los escenarios y las formas, pero persiste la misma mirada: una profundamente humana, consciente de la oscuridad, pero también de la necesidad, a veces desesperada, de encontrar significado dentro de ella.

viernes, 7 de agosto de 2026

Hijos de Eva

John Connolly
Hijos de Eva
Traducción de María José Díez Pérez
Tusquets, 2026

"Las últimas arañas habían vuelto a sus telas; los insectos, a la penumbra, y la estatuilla de la Gran Diosa descansaba hecha pedazos en el suelo de la tienda de Antonio Elizalde. Elizalde también había dejado de existir. Su dolor había terminado, su espíritu había partido. Al final había sufrido, pero no tanto, pensó Seeley, como lo habría hecho si el cáncer y la profesión médica se hubieran cebado en él. Había menos sangre de la que Seeley había anticipado, aunque había decidido alejarse durante el clímax. Para entonces, Elizalde ya había contado todo lo que sabía. Lo que vino después fue puro castigo.
[,,,] 
Durante un momento, Seeley miró lo que quedaba de Elizalde y los fragmentos de la Gran Diosa, cuya posición subordinada en el panteón de deidades se veía confirmada ahora. Pensó en el dinero que le pagaban y concluyó que no era suficiente para compensar a un hombre por cambiar de manera tan drástica sus convicciones sobre la vida y el universo. por desgracia, era demasiado tarde para echarse atrás, a no ser que quisiera acabar como Antonio Elizalde. pese a todo, tuvo que admitir que sentía cierta curiosidad por lo que estaba por venir.
-Vámonos -dijo su acompañante en español.
Seeley no pudo evitar un escalofrío. Si el polvo hablara, habría sonado así. Confiaba en que la situación actual se resolviera con prontitud, lo que haría que el brazo ejecutor de su patrón regresara al lugar del que había venido. También confiaba en salir de aquello con vida, porque lo cierto es que no quería morir. Antes de aceptar ese trabajo, solo temía el dolor de la muerte; ahora le preocupaba lo que pudiera venir después, Contempló la posibilidad de que su patrón lo fuera solo de nombre y en realidad estuviese trabajando para otro, para esta otra persona.
Lo cual, pensó Seeley, sería una verdadera desgracia".

Recuerdo que cuándo en 2004 leí la primera novela de John Connolly, la insuperable Todo lo que muere, tuve la sensación de haber encontrado a un autor especial. Desde entonces he leído todas las aventuras de Charlie Parker y he ido reseñándolas en este blog. A estas alturas, regresar a una nueva entrega de la serie, nada más y nada menos que la número veintitrés, se parece menos a empezar una novela que a reencontrarse con viejos conocidos. Y, sin embargo, Connolly sigue consiguiendo algo que parecía improbable después de tanto tiempo: sorprender sin traicionarse a sí mismo.

Con el paso de los años también ha cambiado mi forma de leerlo. Al principio me fascinaba, sobre todo, la extraordinaria calidad de sus novelas negras: la construcción de las tramas, la atmósfera, la fuerza de los personajes, el equilibrio entre la violencia y el humor, la escritura siempre elegante. Pero, poco a poco, he ido comprendiendo que el verdadero centro de la obra de Connolly no está ahí., y que lo que convierte la serie de Charlie Parker en algo excepcional es su persistente reflexión sobre el mal. Cada novela es una nueva aproximación a una pregunta tan antigua como inagotable: qué hace posible la crueldad y cómo puede un ser humano seguir viviendo sin resignarse o someterse a ella.

Hijos de Eva vuelve a demostrar que Charlie Parker hace ya mucho tiempo que dejó de ser simplemente un detective privado. El caso que pone en marcha la novela -la desaparición de Wyatt Riggins, antiguo militar vinculado al secuestro de cuatro niños en México, y la investigación emprendida a petición de su pareja, la artista Zetta Nadeauq- conduce a Parker hasta un entramado donde convergen un cártel mexicano, el tráfico de antigüedades y una violencia que hunde sus raíces mucho más allá del crimen organizado.

Como ocurre en las mejores novelas de Connolly, la investigación es sólo la superficie del relato. Lo que realmente le interesa al autor es seguir explorando la persistencia del mal y las distintas formas en que éste se manifiesta en el mundo. Un mal que nunca aparece reducido a una patología individual ni a una simple herramienta para mantener la tensión narrativa, sino que adquiere una dimensión metafísica. En sus novelas, Connolly viene construyendo un universo donde lo criminal y lo sobrenatural se entrelazan sin estridencias, de manera que lo inquietante no es la irrupción de lo fantástico en las tramas, sino la convicción de que existen formas de oscuridad que la explicación racional resulta insuficiente para comprender.

Por eso Charlie Parker ha dejado de ser un detective al uso, y aunque siga siendo un hombre marcado para siempre por el asesinato de su mujer y de su hija, narrado en Todo lo que muere, hace mucho que su búsqueda dejó de responder únicamente a una necesidad de justicia personal. A lo largo de la serie Parker parece haberse convertido en una especie de guardián de las víctimas, alguien incapaz de aceptar que determinadas formas de maldad queden sin respuesta. Sabe que nunca conseguirá erradicar el mal del mundo, pero también sabe que renunciar a combatirlo supondría concederle la victoria. Hay algo profundamente conmovedor en esa obstinación.

Esa es una de las razones por las que sigo leyendo a Connolly después de tantos años. Ya no busco únicamente una buena historia criminal, lo que espero encontrar en cada nueva novela es esa mirada profundamente moral sobre la condición humana. Connolly no escribe desde el cinismo, tan frecuente en buena parte de la novela negra contemporánea; tampoco desde un optimismo ingenuo. Sus libros parten del reconocimiento de que la violencia, el abuso y la crueldad forman parte de nuestra historia. Pero, al mismo tiempo, afirman con igual convicción que existen personas capaces de enfrentarse a ese mal sin convertirse ellas mismas en su reflejo. La amistad, la lealtad, la compasión o el cuidado de los más vulnerables aparecen una y otra vez como formas discretas de resistencia. Pese a estilos y escenarios tan distintos, creo que en esto coincide con las historias de Louise Penny, que también sigo con mucho gusto.

También resulta admirable la fidelidad con la que Connolly mantiene vivos a Angel y Louis. Podrían haberse convertido hace tiempo en simples secundarios carismáticos, pero siguen siendo dos de los personajes más complejos y entrañables de toda la serie. Su mezcla de ironía, violencia, ternura y lealtad continúa proporcionando algunos de los mejores momentos de cada novela. Son, además, un recordatorio de que incluso quienes han vivido durante años en los márgenes de la ley pueden construir una ética basada en la protección mutua y en la defensa de quienes no pueden defenderse solos.

No creo que Hijos de Eva sea la novela más innovadora de la serie, pero es verdad que tampoco necesita serlo. Connolly lleva años haciendo algo mucho más difícil que reinventarse en cada entrega: profundizar en un mismo universo narrativo sin agotarlo, de modo que cada nueva historia añade una capa más a esa larga meditación sobre la culpa, la memoria, la pérdida y la responsabilidad.

Al cerrar el libro me asaltó una sensación extraña. Por un lado, la satisfacción de comprobar que Connolly mantiene intacta su capacidad para emocionar y mantener la tensión narrativa. Por otro, una cierta melancolía. El propio autor ha insinuado en varias ocasiones que el final de la serie comienza a vislumbrarse. Cuesta imaginar que algún día dejaremos de encontrarnos con Charlie Parker, pero seguramente toda gran obra literaria termina produciendo ese efecto: los personajes dejan de ser simples criaturas de ficción para convertirse en compañeras y compañeros de viaje.

Con el paso de los años he descubierto que no leo a John Connolly solo porque escriba una de las mejores novelas negras contemporáneas. Lo leo porque sus libros me obligan a seguir pensando en una cuestión que trasciende cualquier investigación policial: cómo vivir en un mundo donde el mal existe sin dejar que sea el mal quien tenga la última palabra. Y sospecho que esa es también la pregunta que, novela tras novela, continúa persiguiendo al propio Charlie Parker.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Los mensajeros de la oscuridad

John Connolly
Los mensajeros de la oscuridad
Traducción de Vicente Campos González
Tusquets, 2025
 
"Tuve que resistirme al impulso de abrazarla, de decirle que me hacía una vaga idea de lo que estaba sufriendo. El dolor es como el cáncer: tiene un alcance casi universal, pero los casos son siempre concretos. No hay dos personas que lo vivan igual, así que decir que sabía cómo se sentía habría sido una mentira, por más que algún aspecto de aquello hubiera arraigado en mí, desencadenando una transformación tanto visible como invisible. Ese proceso no acababa, meramente fluía en ambos sentidos. Si su hijo había muerto, la pérdida la definiría a ella durante el resto de su vida, igual que mis pérdidas me definían a mí".
 
 
John Connolly ha convertido la oscuridad en su territorio, y con Los mensajeros de la oscuridad vuelve a recordarnos que pocas voces en la narrativa contemporánea saben caminar tan bien por el filo que une lo humano y lo sobrenatural. Aunque se trata de la entrega número veintidos de la serie de Charlie Parker, la novela respira con fuerza propia y puede leerse como un relato independiente.
 
La historia comienza con un eco de tragedia. Colleen Clark, una madre destrozada por la desaparición de su pequeño Henry, se convierte en el blanco de la sospecha. La comunidad la señala, los periódicos la exponen, la justicia la aprieta entre engranajes que parecen dispuestos a triturarla. Esa tensión inicial, la de una mujer arrojada a los lobos del prejuicio y la sospecha, basta para sumergirnos en la lectura sin vuelta atrás.
 
"No me considero un experto en cómo trata el sistema judicial a las mujeres que supuestamente han cometido un delito mientras sufrían una depresión, pero si guarda algún parecido con la forma en que trata a las mujeres en general, sobre todo a aquellas acusadas de un crimen violento, podía esperarse que a Colleen la arrastraran sobre brasas encendidas".

Es entonces cuando aparece Charlie Parker, no como un héroe impoluto, sino como un hombre marcado por la pérdida y la culpa, un investigador privado que se mueve entre las sombras con una mezcla de empatía y dureza. Junto a sus viejos aliados -los letales pero fieles Louis y Angel, los peculiares hermanos Fulci y el marrullero abogado Moxie Castin-, Parker inicia una búsqueda que no solo pretende descubrir qué ocurrió con el niño, sino también enfrentarse a las fuerzas, visibles e invisibles, que han tejido una espesa telaraña alrededor de la familia Clark.
 
Y es en esa búsqueda entra en juego un elemento que distingue la obra de Connolly: lo sobrenatural irrumpiendo en la vida cotidiana. Una médium, Sabine Drew, asegura escuchar los ecos del niño desaparecido; una casa cargada de secretos comienza a desplegar su siniestra memoria; y el terreno donde se desarrolla la investigación parece guardar cicatrices demasiado antiguas como para ser ignoradas. 
 
    "-¿Y está convencida de que se encuentra en Gretton?
     -O en las cercanías -respondió-. No puedo ser más concreta. Es como pegar una oreja al altavoz de una radio: la música se vuelve ruido y apenas se puede identificar. Pero tampoco me he aventurado más allá de las lindes del pueblo.
     -¿Por qué?
     -Porque tengo miedo. No está solo. Hay alguien, o algo, con él. Creo que se está alimentando de Henry, abasteciéndose de su dolor y confusión. Y se está tomando su tiempo con él.
     Intenté comprender lo que estaba oyendo.
     -¿Está hablando de un animal?
     -No, de un animal, no, ni siquiera de un ser humano con una naturaleza animal. [...] Mire, creo que esa presencia es algo familiar. Me he topado antes con ella".
 
Como siempre, Connolly no recurre al susto fácil, sino que construye una atmósfera densa, en la que lo inexplicable se filtra lentamente en lo cotidiano, hasta hacerlo inseparable. Como escribe, en un travieso cameo: "Maine es una tierra antigua con una larga memoria, un recuerdo que precedía incluso a la llegada de los hombres. La rareza era endémica en el estado. Por eso Stephen King no podía haber surgido en ninguna otra parte". Oscura, lírica por momentos, su prosa es clara y eficaz para mantener el suspense; cada capítulo empuja al siguiente, combinando escenas de investigación o de acción con reflexiones sobre la fragilidad humana, la justicia y los juicios precipitados que puede dictar una comunidad asustada.

Más allá del misterio y del horror, en estas páginas encontramos es una reflexión sobre la naturaleza del mal y sobre la facilidad con la que las personas más inocentes pueden ser sacrificadas, sobre las ideologías extremas que se infiltran en comunidades pequeñas y sobre el miedo como instrumento de manipulación. Más que una novela de género es una exploración de la pérdida y de la esperanza, una invitación a mirar hacia lo más sombrío del ser humano para descubrir también ahí destellos de compasión y resistencia. Con esta última entrega Connolly confirma que Charlie Parker no es solo un detective: es un símbolo de empatía en un mundo devorado por sombras. Y esa es la razón por la que, después de más de veinte entregas, ya esté esperando la siguiente novela. 

martes, 26 de julio de 2022

En lo más profundo del sur

John Connolly
En lo más profundo del sur
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2022

"-Lo siento -dijo, y no se dirigía a una niña muerta, sino a cuatro. Pensó que si paraba en la cuneta y se internaba en el bosque, las descubriría esperando, como si se hubieran detenido al ir a ocultarse: tres jovencitas negras y con ellas una cuarta, una niña blanca, deambulando sin rumbo. Vio que la oscuridad se enroscaba en un túnel de humo, y una luz que resplandecía como una herida bermeja en el corazón del mundo. Sintió humedad en la mejilla. Se la enjugó con el dorso de la mano, que, al apartarla, estaba ensangrentada. Se miró en el retrovisor. Un hilo de color rojo caía desde su cuero cabelludo y goteaba sobre su cara. No recordaba haberse herido. Se echó el pelo hacia atrás para revelar el origen, pero no pudo localizarlo. Solo era sangre, pero ya no podía decir con ninguna certeza que fuera suya".


El año pasado, entrevistado a propósito de la publicación de su anterior novela, Connolly anunciaba que tenía en mente "una conclusión de la saga" protagonizada por Charlie Parker, aunque este final, afortunadamente, no estaba próximo. Y es que cada nuevo libro avanzando en la(s) historia(s) del atormentado detective es un regalo, una promesa de horas de disfrute lector. Por eso, que ahora se abra la posibilidad de retroceder en el tiempo hasta los primeros tiempos tras el brutal asesinato de la familia de Parker (hace diecinueve novelas), cuando este inicia la búsqueda de su asesino y, al hacerlo, se va convirtiendo en el personaje que tanto admiramos, es una excelente noticia.

En su búsqueda, Parker recala en la localidad de Cargill una pequeña y empobrecida localidad rural de Arkansas, que sobrevivió gracias a la explotación de la madera de sus extensos bosques hasta que en 1980 cerró su última serrería y que ahora confía desesperadamente su futuro en la llegada del arkansino William Jefferson "Bill" Clinton a la Casa Blanca (a quien Connolly lanza un par de certeros dardos que revelan su agudo sentido político) y en un proyecto para que se instale en Cargill una importante industria de armamento. Un proyecto urbanístico que promete prosperidad para todos sus habitantes a condición de que la noticia de un asesino en serie de jóvenes negras no de al traste con las inversiones previstas; es verdad que algunos de ellos, como la familia Cade, los mayores terratenientes y promotores inmobiliarios del condado, tendrían más que perder porque también tienen mucho más que ganar si nada se tuerce. 

En un escenario que recuerda el planteamiento de la excelente película En el calor de la noche, Parker pasará de ser considerado sospechoso de los crímenes a colaborar con el honesto jefe del Departamento de Policía, Evender Griffin, en la investigación de los mismos. Pese a quien pese y caiga quien caiga. Asumiendo la tarea de recordar a unas chicas negras atrozmente asesinadas convertidas en una incómoda amenaza al bienestar económico de la ciudad: "La mayoría quería que la gente se olvidará de ellas, pero los muertos, por su experiencia, preferían ser recordados. Y a veces se negaban a permitir que los vivos olvidaran".

Quien no conozca todavía las historias de Parker puede empezar por esta novela, una excelente puerta para acceder al complejo y sugerente territorio Connolly.


Nota: Por si alguien de la editorial lee este comentario, señalar una errata en la p. 186: donde dice "No, pensó Denny, no le había gusta nada de nada esa actitud", debería decir "... no le había gustado nada...". De nada.

lunes, 28 de octubre de 2024

Las furias

John Connolly
Las furias
Traducción de Mar Rodríguez Vázquez y Vicente Campos González
Tusquets, 2024

 "La vida no es justa, pero es más dura para unos que para otros, y las mujeres, las personas de color y los pobres siempre se cuentan entre las personas sobre las que se ejerce más control y a las que se les imponen más limitaciones. Quienquiera que afirme algo distinto miente, y quienquiera que favorezca esa injusticia es un estafador. Aquí termina la lección".


Las Furias o Erinias son divinidades mitológicas que perseguían y atormentaban a quienes habían cometido crímenes no castigados, especialmente aquellas acciones malvadas ejecutadas contra personas particularmente vulnerables, como las personas ancianas, madres y padres, o personas socialmente marginadas como las que sobreviven con la mendicidad. Por sus actividades eran relacionadas con el Hades, el Inframundo, y Esquilo las denominó "hijas de la Noche", pero también se las conocía con el título de Euménides o "las benévolas".

John Connolly se mueve con maestría en estos contextos en los que mito y realidad, justicia y venganza, oscuridad y luz, se entremezclan. En este libro, el vigésimo primero de la serie dedicada al detective Charlie Parker, Connolly reúne dos historias independientes, "Las hermanas Strange" y "Las furias", vinculadas por el hecho de que en las dos la violencia machista es parte fundamental de la trama. Junto con siniestros coleccionistas de monedas muy antiguas, misteriosos símbolos rúnicos, entidades que habitan en el interior de seres no plenamente humanos, referencias religiosas, espeluznantes asesinatos, niñas espectrales. Y junto con el Braycott Armas, un hotel que el paso del tiempo había convertido en "una mancha en el carácter de la ciudad de Portland, una desgracia sobre sus habitantes y un depósito de criminalidad". Y mujeres fuertes, muy capaces de cuidarse de sí mismas.

Cada nueva novela de Connolly es siempre un regalo. En este caso, dos.

"Tiempo atrás conocí a un escritor que creía que algunos hombres eran moralmente tan corruptos que su depravación cobraba una expresión física, en otras palabras, su deformidad moral se manifestaba como una alteración de sus facciones o su constitución. Me dio la impresión de que esa idea era una variación de la frenología o la fisiognomía, esas convicciones psudocientíficas ya desacreditadas según las cuales la forma del cráneo o del rostro de alguien podían revelar los rasgos esenciales de su carácter. Si eso fuera verdad, el trabajo de hacer cumplir la ley sería muchísimo más sencillo: no habría más que meter en la cárcel a todos los feos. Pero la maldad -la verdadera maldad, no las prosaicas travesuras humanas nacidas del temor, de la envidia, de la ira o de la codicia- es experta en ocultarse, porque quiere sobrevivir y persistir. Solo se muestra cuando está preparada o cuando se le fuerza a hacerlo; ni siquiera el mal puede librarse de las normas de la naturaleza".

lunes, 21 de septiembre de 2020

La mujer del bosque

John Connolly
La mujer del bosque
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2020 

 
Decimoséptima novela de la serie protagonizada por el detective Charlie Parker. Un delicioso manjar, como todas las anteriores. ¿Y sabes lo mejor de todo? Que tal y como termina solo puede significar que Connolly ya tiene la decimoctava en marcha.

En esta ocasión, Parker investiga la muerte de una joven cuyo cadáver ha aparecido enterrado en un bosque de Maine. Los forenses que examinan los restos descubren que la mujer dio a luz poco antes de morir, pero en los alrededores no hay rastro de ningún recién nacido, lo que significa que la criatura pudo haber sobrevivido. Si así fuera, ahora contaría con alrededor de cinco años.

Parker contará con la ayuda de Louis, en esta ocasión sin su inseparable compañero Angel, convaleciente tras ser intervenido por un grave cáncer de colon. Durante la investigación conocerán de la existencia de un solidario "ferrocarril subterráneo" que mantiene una discreta red de hogares donde encontraban refugio mujeres violentadas especialmente amenazadas, como fue el caso de la mujer del bosque -"Casas seguras. Mujeres y niños con problemas a los que se traslada de una casa a otra. Todo oculto al radar, y sólo en los casos más desesperados, los que están apenas a un paso de una muerte violenta. Sin implicación de la policía ni de los servicios sociales estatales o locales. Se entra por un extremo del túnel y se sale por el otro lado, muy lejos"-, pero también se cruzarán (no sin roces) con la América más oscura y racista: "Dos semanas más tarde, Bobby Ocean emprendió la retirada de sus negocios y comenzó a vender sus empresas. Otras dos semanas después, su esposa y él anunciaron su separación. A esas alturas, Bobby Ocean estaba inmerso en el proyecto de crear [...] la Fundación William Stonehurst para las Ideas Americanas, que no tardaría en aliarse con el Partido Americano de la Libertad, el American Renaissance, el Consejo de Ciudadanos Conservadores y el Insttituto de Política Nacional, entre otras organizaciones supremacistas blancas. Bobby Ocean se había convertido en odio puro".

Por si todo esto no fuera suficiente, Parker no es el único interesado en dar con la niña o niño nacida en tan dramáticas condiciones. También lo busca Quayle, un siniestro abogado, acompañado de una letal compañera llamada Mors. En la persecución de su objetivo, dejarán un atroz reguero de dolor y muerte:

"-Dígame, señor Dobey, ¿conoce el cuento del conde Chalais)
Dobey tardó un poco en responder. Si Carlos hubiera acudido a la policía, ya estarían ahí a esas alturas. Dio por perdidas la pistola y el cuchillo. Y su vida.
-No señor -dijo por fin-, no lo conozco.
-Henri de Talleyrand-Périgord, el conde en cuestión, era un noble francés, cercano a Luis XIII, que cometió el error de conspirar contra el cardenal Richelieu, un caballero al que, al estilo de muchos grandes conspiradores, no le hacía gracia que conspiraran contra él. Richelieu ordenó que Henri fuera ejecutado, pero los cómplices de éste sobornaron al verdugo para que no se presentara con la esperanza de salvar la vida de Henri. En lugar de eso, Richelieu confió la tarea a otro prisionero, también condenado a muerte, pero que, desgraciadamente, carecía de las habilidades requeridas para realizar una decapitación limpia. Necesitó treinta y cuatro hachazos para cercenar la cabeza de Henri, que vivió hasta el vigésimo. La lección para usted, señor Dobey, es que incluso si uno está seguro de su muerte, puede morir con facilidad o sufriendo lo indecible. Bien, Karis Lamb: ¿qué... le... dijo... exactamente?
-Dijo -respondió Dobey- que huía del diablo en persona.
Quayle se recostó en el sillón.
-Me gustaría poder asegurarle que ella no hablaba literalmente -dijo-, pero le mentiría".

Como es característico en sus novelas, Connolly combina con asombrosa facilidad las normas de los géneros detectivesco y gótico, armando una compleja trama que te mantiene atado al libro.

lunes, 26 de febrero de 2018

Lecturas variadas

Como twitter es una plataforma tan ágil y sencilla para comunicar, tenía el blog un poquito abandonado. Tomo nota y voy retomando el pulso. Como tantas otras veces, recurro a presentar algunas lecturas recientes.

Empiezo por una novela, Visitation Street, de Ivy Pochoda (Malpaso, Barcelona 2017. Traducción de Ramón de España). La historia transcurre en Brooklin, en un antiguo barrio de clase obrera transformado con el tiempo en un hábitat multicultural y precarizado. Por sus páginas pasan June y Val, dos quinceañeras que sufrirán una terrible experiencia cuando una tarde de verano se aventuran en una balsa por la costa que bordea el barrio. Fadi, un libanés que desde su colmado sueña con un barrio unido, capaz de salir adelante. Jonathan Sprouse, el "Maestro", desclasado profesor de música venido a menos. Cree James, aferrado al recuerdo de su padre, asesinado por un disparo en la época en que la droga inundó el barrio de violencia (su barca de pesca varada entre hierbajos en un terreno vacío es un poderoso símbolo), su madre, Gloria, y su abuela, Lucy, capaces de comunicarse con los muertos. Monique, prima de Cree, cantante en la Iglesia Evangélica y su madre, Celia, mujer de armas tomar. Y Renton Davis, Ren, misterioso graffitero que firma sus obras como RunDown, Hecho Polvo, protector de Cree y de Monique, aliado de Fadi en la tarea de recuperar el barrio, con una historia terrible a sus espaldas. La escena en la que Ren muestra a Fadi una de sus obras (págs. 129-130) es maravillosa.
Una historia coral, con un fondo de profunda tristeza, pero con un final cargado de esperanza. Aquí, información de la editorial.

Otra novela: Tiempos oscuros, de John Connolly (Tusquets, Barcelona 2018. Traducción de Vicente Campos González). Otra historia protagonizada por el detective Charlie Parker. La número quince desde aquella primera, Todo lo que muere, que en 2004 me impresionó y me convirtió en un "connollyano" militante. Con su particular mezcla de novela de detectives y novela gótica, Connolly nos introduce de nuevo en un mundo en el que el realismo se entreverá de misterio y esoterismo. Un ejemplo de ese realismo, de esa capacidad de Connolly para plasmar en sus libros la realidad de la Norteamérica actual, lo encontramos en esta reflexión de uno de los personajes: "Sentía una vaga nostalgia del radicalismo estudiantil de los años sesenta y setenta, sobre todo porque había sido demasiado joven para vivirlo personalmente. Le parecía que la juventud de aquellos años había buscado motivos para indignarse, lo que era del todo comprensible porque se suponía que los jóvenes debían indignarse. Ahora los jóvenes sólo buscaban motivos para sentirse ofendidos, y eso no tenía nada que ver". Pero en esta entrega, como en otras, lo que predomina es lo inefable, lo misterioso, lo arcano. La sinopsis y el primer capítulo pueden leerse aquí.
En la  publicidad de la obra se puede leer una recomendación publicada en el diario The Independent: "Una de sus entregas más logradas... Atención, nuevos lectores: empezad con ésta". No: si vas a acercarte por primera vez a las historias de Charlie Parker, empieza por la primera.

Descubrí a Mario Rigoni Stern gracias al último libro de Philippe Claudel, Bajo el árbol de los toraya, del que ya he hablado aquí. Tras localizar todas sus obras traducidas al castellano, he empezado por El sargento en la nieve. Recuerdos de la retirada de Rusia (Pre-Textos, Valencia 2007. Traducción de César Palma). Como cabe deducir del título, se trata de una narración autobiográfica, en la que Rigoni Stern rememora su experiencia como combatiente, enrolado en el ejército italiano, durante la segunda guerra mundial. Una memoria transida de humanidad, a pesar de la dureza de los hechos que se narran:
"Cruzo la valla y una bala silba a mi lado. Los rusos nos apuntan. Salgo corriendo y llamo a la puerta de una isba. Entro. Dentro hay soldados rusos. ¿Son prisioneros? No. Están armados ... Los miro boquiabierto. Están comiendo sentados a una mesa. En el centro hay una sopera de la que todos comen con cucharas de madera. Ahora me miran, las cucharas suspendidas en el aire ... También hay mujeres. Una de ellas coge un plato y un cazo, se acerca a la sopera común y llena aquél de leche y mijo, y me lo tiende. Doy un paso, me cuelgo el fusil al hombro y como ... Nadie habla ... Spaziba, digo cuando termino. Y la mujer recibe de mis manos el plato vacío. Pasausta, responde con sencillez. Los soldados rusos me miran sin moverse ... Salgo ... En aquella isba se creó entre los soldados rusos, las mujeres, los niños y yo una armonía que distaba de ser una tregua. Trascendía con mucho el respeto que se tienen entre sí los animales del bosque. Por una vez las circunstancias permitieron que los hombres supieran ser hombres ... Si aquello ocurrió una vez, puede ocurrir de nuevo. Dicho de otro modo, puede volverles a ocurrir a muchísimos hombres más y convertirse en una costumbre, en un modo de vida". Sinopsis e información de la editorial, aquí.

Y el último libro, por hoy: La trama de la vida, de John H. Storer (Fondo de Cultura Económica, México 1959. Traducción de Rafael Martín del Campo). Una de esas joyas que la editorial FCE nos ofreció durante años en su colección de "Breviarios". Lo adquirí hace ya tiempo, en una librería de viejo, y por fin me decidí a leerlo, motivado especialmente por sus hermosas fotografías en blanco y negro. Pero también su texto es una maravilla. Recordemos que la edición original es de 1953, nueve años antes de la "primavera silenciosa" de Rachel Carson, veinte años de los "límites al crecimiento" del Club de Roma y muchos años antes de que se popularizara el concepto de "antropoceno". Pues el libro de Storer finaliza así:
"Con el desenvolvimiento del intelecto humano, parece haber alcanzado su punto decisivo la evolución de la vida en nuestro planeta. En el pasado todas las formas de vida estaban sujetas al dominio automático de la naturaleza. Ninguna especie podía prosperar o multiplicarse más allá de cierto límite sin toparse con restricciones que la hacían volver a su lugar o bien la eliminaban, para que continuara imperturbable la gran corriente de la vida en la Tierra. Hoy ha cambiado esa situación. Aplicando su intelecto, el hombre ha escapado parcialmente a las regulaciones de la naturaleza. Ha alcanzado un poder casi ilimitado para multiplicar su número y, al mismo tiempo, para destruir los recursos mundiales que pudieran haberlo sustentado. Bajo el dominio de la inteligencia del hombre, la vida del mundo y el ambiente que la circunda parecen haber llegado a una encrucijada, y toca al futuro decidir la dirección que habrá de seguirse". Nos lo advertían ya hace más de cinco décadas.

domingo, 17 de mayo de 2015

Recuperando lecturas

Vamos a tomarnos un breve respiro, que a partir de mañana casi todo va a tener que ser política.
Algunas lecturas recientes, para compartir. Empiezo con cuatro novelas, para terminar con tres ensayos.

Un filo de luz

La primera es Un filo de luz (Salamandra, 2015), la última de Montalbano. Cada vez más viejo, cada vez más frágil, cada vez más sabio, haber acompañado al comisario de Vigàta durante nada menos que 23 historias hace que las novelas firmadas por Camilleri sean menos "historias policíacas" y más prospecciones sobre la compleja naturaleza humana.. La vida sentimental de Montalbano ha estado a punto de dar un giro radical, y uno se alegraba de esa última ocasión para ser feliz representada por Marian, una mujer inteligente y hermosa. Al final, la compasión  y el pasado sufrido en común se impondrán a la posibilidad de un futuro luminoso.

megustaleer - Distintas formas de mirar el agua - Julio Llamazares

Continuamos con otra última novela, en este caso firmada por el escritor leonés Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua (Alfaguara, 2015). Sorprendentemente, no hay rastro de este libro en la página de la editorial, como si las aguas de los pantanos que cubren tantos pueblos en León y en Palencia hubieran borrado también todo rastro digital del libro de Llamazares.
Dieciséis personas unidas por lazos familiares contemplan las aguas del pantano que anegó las tierras donde se ubicaba, entre otros, el pueblo de Ferreras, lugar de nacimiento de Domingo, de su mujer, Virginia, y de sus hijos más pequeños. Hasta esas aguas se ha acercado toda la familia para arrojar las cenizas del abuelo Domingo y así cumplir su última voluntad de acabar su existencia lo más cerca posible de la tierra, hoy sumergida, donde creció, Cada mirada es distinta: la de la viuda, la de las hijas e hijos, la del hermano, la de la nuera o la del yerno, la de los nietos. Todas juntas construyen un collage que, surgido en un pequeño rincón de la montaña, adquiere rasgos de drama universal.

megustaleer - Sueños de trenes - Denis Johnson

La tercera novela está firmada por el estadounidense Denis Johnson, y se titula Sueños de trenes (Random House, 2015). Una historia que entronca con la tradición de Erskine Caldwell, Johm Steinbeck o Cormac McCarthy. Su protagonista, Robert Grainier, es un jornalero pobre y trabajador, golpeado durisimamente por la vida, que sin embargo continuará su existencia hasta bien pasados los 80 años ligado como si de un árbol se tratara a un reducido trozo de terreno situado en plena naturaleza salvaje.

Portada de El invierno del lobo

Seguimos con los reencuentros: Camilleri, Llamazares y ahora John Connolly. No sé por qué, pero hay ciertos autores a los que sigo en todas y cada una de sus obras. La última de Connolly se titula El invierno del lobo ((Tusquets, 2015), y en ella encontraremos todo lo que esperamos de una de esas historias protagonizadas por el torturado investigador privado Charlie Parker: una historia que parece escrita al alimón por Raymond Chandler y por H.P. Lovecraft, donde el horror cósmico y la pesquisa detectivesca se mezclan con maestría. Y siempre, como marca de la casa, la extraordinaria capacidad de empatía y compasión del tándem Parker-Connolly:

  • "Ser indigente es un trabajo a jornada completa. Ser pobre es un trabajo a jornada completa. Eso es lo que no entienden quienes echan en cara a las personas desfavorecidas que no salgan al mundo y busquen un empleo. Ya tienen un empleo, y ese empleo es la supervivencia".
  • "A veces me pregunto cuánto hemos avanzado como sociedad en lo que ataña a las mujeres. Cada vez que enciendo la tele y oigo a un gilipollas con una americana de sport quejarse de las feministas, me entran ganas de pegarle fuego, y ya ni le cuento lo que pienso de esas taradas que un día se ven en lo alto del montón y rechazan el concepto mismo de feminismo, como si su éxito no se basara en la lucha de generaciones de mujeres. Las reto a pasar un día aquí en compañía de una mujer de cuarenta años cuyo marido lleva tanto tiempo quemándola con un cigarrillo que tiene que buscar un sitio donde aún le duela, o de una chica de diececinueve obligada a llevar pañal por lo que le hizo su padrastro, y que luego me digan que no son feministas".

Visor Literario nº 17

Y pasamos ahora a los ensayos. El primero es Un velero bergantín (Visor, 2014), de Luis García Montero. Subtitulado como "Defensa de la literatura" y dedicado a los profesores de literatura y a los lectores, es una reivindicación de la literatura como medio para edificar la imprescindible imaginación moral sin la cual el mundo se ve reducido a un mero campo de batalla. Un ensayo repleto de invitaciones a reflexionar sobre la  actual situación política:
“Nunca viene mal un poco de escepticismo.[...] Pero una cosa es vigilar, llamar a la conciencia, abrir las ventanas que aseguren el aire libre y la respiración, y otra convertir la sospecha en un mecanismo de paralización completa y de anclaje en el mal. [...] Como el mundo está mal, va a peor y ya no sirve eso de que vivimos en la realidad menos mala de las posibles, me parece un lujo excesivo renunciar a la esperanza (por modesto que sea el valor que queremos darle a esta palabra). La perspectiva del descrédito, que sirvió para ponernos en guardia contra los peligros del futuro perfecto, ha pasado a mayores y quiere acabar también con el futuro imperfecto”.
¡Menos mal que no me toca votar en Madrid!. Qué problema tendría para elegir entre García Montero (a quien tanto admiro como escritor), Gabilondo (con quien tuve oportunidad de compartir política aplicada, él en el ministerio de Educación, yo en la comisión de Educación del Senado) y José Manuel López (buen amigo, siempre comprometido con las mejores causas). ¿Por qué no es posible votar a los tres?


Seguimos con el libro de Jón Gnarr De cómo me convertí en alcalde y cambié el mundo (Capitán Swing, 2015). Hablando de elecciones, municipales por más señas, este libro nos ofrece el relato en primera persona de una ocurrencia provocadora transformada en realidad: la constitución desde la nada de un partido político -el "Partido Mejor"- y su transformación en el partido más votado en la capital de Islandia en las elecciones de 2010, con el 35% de los votos. "Hemos descuidado la democracia", advierte Gnarr. Bueno sería enmendar ese descuido, también por estos lares.



Y termino con La granja urbana, de Novella Carpenter (Capitán Swing, 2015). la autora, bióloga, periodista y, sobre todo, activista, narra con amor y con humos su experiencia como granjera urbana en uno de los barrios más conflictivos y degradados de la ciudad de Oakland, en California. "Plantar en las grietas de la ciudad", para transformarla. Una historia preciosa, excelentemente bien contada.

sábado, 1 de julio de 2023

Cuatro viejos conocidos: Camilleri, Abercrombie, Offutt y Connolly

Se multiplican las lecturas y se acumulan los libros leídos que me gustaría recomendar. Algunos llevan tanto tiempo esperando su turno, relegados por otros que me han parecido más urgentes o, simplemente, más fáciles de reseñar, que me temo pasen definitivamente a las estanterías sin haber asomado su portada por aquí. Veremos.

Con el fin de ganar tiempo hago trampa en el solitario y recomiendo aquí cuatro libros a la vez. Es cierto que tiene su sentido, ya que los cuatro están firmados por sendos autores (sí, esta vez son todos hombres pero los próximos seis, al menos, habrán sido escritos por mujeres) que ya han aparecido varias veces en este blog, de manera que muchas de las cosas que podría decir sobre su escritura, sus tramas y sus personajes ya están dichas.

Vamos a ello.

*-*-*-*-*

Andrea Camilleri
La conciencia de Montalbano
Traducción de Carlos Mayor
Salamandra, 2023

"Era evidente que en Italia los comerciantes se consideraban, de toda la vida de Dios, en su derecho a operar con dinero negro. Claro que no sólo eran ellos: lo mismo sucedía con los profesores que daban clases particulares, los psicólogos que curaban el alma de los hombres, los artistas que pedían cobrar miles de euros bajo cuerda y también los fontaneros, los carpinteros y los zapateros. En resumen, daba igual la categoría que se tocara: la música siempre era la misma. No, no, Italia no estaba fundada sobre el trabajo, como decía la Constitución, sino sobre la evasión fiscal y todo lo que comportaba".

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Agrigento, Sicilia, 1925-Roma, 2019) es un residente de este blog desde hace años, tanto que cuenta con su propia etiqueta. Este libro, que hace el número 34 de la fecunda serie de historias protagonizadas por el comisario siciliano Salvo Montalbano, se compone de seis relatos escritos en distintos momentos entre 2007 y 2018, y publicados por separado en distintos medios (revistas, páginas web, antologías). 
 
En el primero de ellos, "La noche de Ferragosto", habrá de esclarecer la aparición del cadáver de un joven fallecido aparentemente por sobredosis en medio de una multitudinaria fiesta en la playa. En "Veinticuatro horas de retraso" un comerciante de vinos contacta con Montalbano para compartir con el comisario su imposibilidad de cumplir con sus obligaciones fiscales y a la vez pagar el pizzo que le exige la mafia local. En "La ventana indiscreta", homenaje declarado a la genial película homónima de Hitchcock, Montalbano se convierte en testigo involuntario de un drama familiar con apariencia de actividad delictiva. En "Una cena especial" un sicario mafioso acosador de una joven que lo rechaza se cruza con el comisario durante la cena de Nochevieja. La quinta historia, "El calcetín de la Befana", mezcla con sensibilidad el folclore italiano con un caso de robo. En la última, "El hijo del alcalde", Montalbano llegará gasta el final en la investigación del brutal asesinato de una joven a pesar de sus implicaciones políticas.
 
Un destilado del Montalbano de siempre.

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Joe Abercrombie
La sabiduría de las multitudes
Traducción de Manu Viciano
Alianza Editorial, 2022

"Al otro lado del cristal se había desatado el caos más absoluto. Un soldado a caballo y una mujer con la cara roja forcejeaban dando tirones a un extremo de una pancarta que rezaba «Igualdad para todos», cuyo otro lado estaba enredado en un amasijo de brazos y caras. Un Caballero de la Escolta cayó derribado de su montura y se perdió en la multitud como un marinero en el mar tormentoso. Estaban por todas partes, irrumpiendo entre los caballos, empujando, aferrando, gritando".
 
 
Tras Un poco de odio y El problema de la paz , con esta novela culmina la trilogía "La era de la locura", una peculiarísima mezcla de El capital y Juego de tronos, en la que asistimos a la transformación radical de un mundo dominado por la magia por la irrupción del maquinismo y la industria. Una transformación que trastoca poderes y privilegios, que revuelve un violento hormiguero de miedos, deseos, ambiciones, que abre la expectativa de un "Gran Cambio" que, sin embargo, se convertirá más bien en una Gran Repetición:

"El Gran Cambio había sido una cesta de sueños. Un ramillete de promesas. De todo, para todos. Lo cual era estupendo hasta que, contra todo pronóstico, los Rompedoras habían ganado. Entonces, de repente, ya no bastaba con que se produjera un cambio, sino que debía ser un cambio hacia algo. El problema era que cuando se intentaba concretar al muy hijo de puta, amoldarlo en forma de políticas, con sus costes además de sus beneficios, sus perdedores además de sus ganadores... en fin, entonces resultaba que nueve de cada diez personas descubrían que el Gran Cambio no era el cambio que habían querido y te lo tiraban a la puta cara".
 
¿Y si la única manera de romper el eterno "dar vueltas y más vueltas en círculos de sangre" provocado por las "pisadas de grandes hombres" obsesionados con dominar el mundo fuera la visión de una mujer convencida de que "la gente grande es grande porque planta pisadas nuevas [no] porque mete la pata en los mismos errores que cometieron antes esos mamones"?

Considerado como uno de los máximos representantes del subgénero de ficción fantástica denominado grimdark, los libros de Abercrombie son garantía de horas de lectura disfrutona.
 
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Chris Offutt
Noche cerrada
Traducción de Javier Lucini 
Sajalin, 2021 (3ª edición)

"Había extrañado la inmensidad pura del cielo nocturno, el diminuto cúmulo de las Pléyades, la espada de Orión y el cazo de calabaza que apuntaba al norte. La luna estaba en la fase menguante, apenas se la veía, era como si le hubiesen metido un bocado. El cielo se volvía negro en todas las direcciones. Las nubes obstruían las estrellas y conferían al aire una profundidad insondable. El perfil de las copas de los árboles había desaparecido y los montes se fundían con el negro tapiz del firmamento. Era noche cerrada y se sintió a salvo".


Descubrí a Offutt con su libro de relatos Lejos del bosque y, desde entonces, se ha convertido en un autor del que voy leyendo toda su obra, encontrando siempre tramas y personajes inolvidables. Country noir de primerísimo nivel, las historias de Offutt se desarrollan en las regiones más rurales de Kentucky, en poblaciones atascadas en el tiempo, habitadas por personas pobres viviendo en los márgenes de la ley o al otro lado de esta, para las que la familia es lo único que realmente importa.

En esta novela el protagonista es un joven ex-combatiente de la guerra de Corea que, al regresar a su pueblo, acabará trabajando para un contrabandista de alcohol con quien se enfrentará, precisamente, para proteger a su familia.

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John Connolly
Tumbas sin nombre
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2023


"En el mundo normal, el mundo de puentes y trenes, de alcantarillas llenas de agua de lluvia y arquitectura barroca, un cadáver sería descubierto, tal vez todavía caliente y sin una marca en él. Su corazón sencillamente había dejado de latir, porque a veces los corazones se rinden. No se plantearían preguntas y no se atribuiría ningún misterio a la muerte, o ninguno más allá del misterio que sigue a toda muerte, que es la cuestión de qué viene después, y a eso un cadáver no puede responder.
Pero Zoria sí habría podido, si hubiera querido. Podría haber hablado de almas errantes y del susurro de los ángeles, o algo peor. Podría haber hablado de un lago, apenas atisbado entre la bruma y la interminable multitud de muertos en un estado de constante subsunción en sus profundidades y el mar más allá. A veces le parecía percibir la figura distante de una chica junto a la orilla del lago, de cara al agua, pero Zoria nunca se había acercado a ella para investigar más a fondo. Lo mejor era atravesar ese terreno sin llamar la atención, encontrar lo que una había ido a descubrir y marcharse sin ser vista".


También Connolly cuenta con su propia etiqueta en este blog. Desde su impresionante debut con Todo lo que muere no me he perdido ninguna de las obras que componen la serie dedicada al detective Charlie Parker. Esta hace la número diecinueve y en ella todo el protagonismo recae sobre los grandes amigos de Parker, Louis y Angel, quedando relegado el detective a un plano muy secundario. Aunque el elemento esotérico, tan característico de la obra de Connolly, está también presente en esta novela, no tiene la relevancia de la mayoría de sus otras obras. 
 
Tumbas sin nombre es la historia de una venganza, la que emprende Louis contra los asesinos de un amigo que, además, cuentan en su haber con numerosos crímenes de guerra durante la violenta desintegración de Yugoslavia.

No está a la altura de la mayoría de los otros libros de la serie pero, así y todo, la trama te atrapa desde las primeras páginas y se lee de un tirón.

domingo, 6 de julio de 2014

La ira de los ángeles

Portada de La ira de los ángeles

Ha vuelto el atormentado detective Charlie Parker para deleite de quienes, como es mi caso, hemos quedado atrapados por sus tramas gótico-policíacas. Porque lo cierto es que con John Connolly y con su personaje, Charlie "Bird" Parker, no hay términos medios: o te engancha y ya no te suelta o simplemente no consigues avanzar en su lectura.
Yo he disfrutado un montón con su última historia, La ira de los ángeles. Un ejemplo del mejor Connolly, con una trama compleja, unos personajes profundos y ocasionales guiños a la realidad actual, como este de la página 141:

- Davis Tate -dijo.
- De ése sí sé algo -declaré.
- Un preconizador de la intolerancia y la calumnia -afirmó Epstein-. Fomenta el odio, pero como la mayoría de los de su calaña carece de coherencia interna y temple. Es un antiislámico furibundo, pero también desconfía de los judíos. Odia al presidente de Estados Unidos por ser negro, pero no tiene valor para presentarse como racista, así que codifica su racismo. Se considera cristiano, pero Cristo lo repudiaría. Habría que procesarlos a él y a los de su especie por incitación al odio, pero los poderes fácticos se exaltan más porque una mujer enseña un pezón en la Superbowl. El miedo y el odio son una buena moneda de cambio, señor Parker. Sirven para comprar votos en las elecciones.

Para quienes no lo hayan leído nunca, mejor empezar por la primera novela de la serie, Todo lo que muere, publicada en castellano hace ya 10 años. Diez años con Charlie Parker: hay relaciones que duran mucho menos.
A esperar a la próxima.

domingo, 19 de marzo de 2017

Novelas de ficción llenas de historia

Tanto tiempo sin poder dedicar un rato a este blog...
Aunque las cosas sigan igual, me obligo esta tarde a retomar conversaciones. Vuelvo a lo más fácil, algunas recomendaciones de lectura. Aunque también hay quien me las demanda.

[1] Leía hoy en EL PAÍS sobre el caso de Michael Karkoc, ucranio encuadrado en las SS durante la Segunda Guerra Mundial, acusado de crímenes de guerra, que desde 1949 vivía en Minneapolis. También hay nazis refugiados en Estados Unidos en la última novela de John Connolly, La canción de las sombras (Tusquets). En sus páginas nos reencontramos con un Charlie Parker física y mentalmente herido, convaleciente tras su último caso. Una historia más sobria y "realista" que otras anteriores, con menos presencia de los sobrenatural, también con menos presencia de sus habituales compañeros Angel y Louis. Pero igualmente bien escrita, sensible y adictiva.

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[2] Cualquier otro día (RBA, 2010), de Dennis Lehane es una novela escrita con el telón de fondo del Boston de los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Un tiempo de huelgas obreras, de lucha sindical, de auge del anarquismo, de conflictos raciales. A ratos me recordaba la magistral novela de E.L. Doctorow Ragtime, sobre la que se basó la película homónima dirigida en 1981 por Milos Forman.
Pero Lehane tiene un lenguaje propio, de gran narrador, como demostró en su impresionante Mystic River. Un fragmento de la novela: unas frases puestas en boca del que con el tiempo sería primer director del FBI, el siniestro John Edgar Hoover:

¿Quiere que le diga qué nos ha demostrado la guerra? Que el enemigo no está sólo en Alemania. El enemigo vino en barcos y se benefició de nuestra política de inmigración laxa y montó aquí el tenderete. Adoctrina a los mineros y a los obreros de las fábricas y se hace pasar por amigo del trabajador y el oprimido. Pero ¿qué es en realidad? En realidad es un embustero, un engatusador, una plaga extranjera, un hombre decidido a destruir nuestra democracia. Debe ser reducido a polvo.

Hay cosas que no cambian.
Por cierto, Cualquier otro día es el primer libro de una trilogía que continuó con Vivir de noche (RBA, 2012) y acaba de finalizar con Ese mundo desaparecido (Salamandra, 2017).

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[3] También he leído Falcó (Alfaguara, 2016), de Arturo Pérez Reverte. Agente de inteligencia al servicio del ejército franquista en plena Guerra Civil, el protagonista de la novela no es precisamente un personaje con el que resulte fácil identificarse. Seguramente, tampoco con el autor. Pero qué le voy a hacer, he disfrutado mucho con algunos libros de Pérez Reverte (Territorio comanche, La sombra del águila, El pintor de batallas, Hombres buenos) y, sobre todo, con Alatriste. Pérez Reverte construye personajes creíbles, moralmente ambiguos, los sitúa en escenarios muy realistas y siempre incorpora su particular toque de distanciamiento cínico:

Ginés no se daba por vencido. Tragó saliva.
- Lo de la otra noche, con... Bueno, ya sabes. Lo de Juan Portela... Eso nos ha unido un poco, ¿no te parece?
Falcó lo miró con dureza.
- ¿De verdad crees que matar a alguien une a quienes lo matan?
- Hay ciertas cosa...
- No me jodas -Falcó encendió un cigarrillo. Sé buen chico, anda. Haz tu guerra, salva a José Antonio y salva a España de la horda marxista, si puedes. Pero no me jodas.

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[4] Padre e hijo (Dirty Works, 2016), de Larry Brown, es una novela dura y seca como el Mississippi de 1968 en el que tiene lugar la historia que nos cuenta. Una mezcla de Faulkner, Ellroy y Bukowski. A ratos he sufrido leyéndola. Pero es un novelón que te atrapa y te zarandea esperando un final que, afortunadamente, no es tan terrible como parecía. Aunque terrible, es..

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[5] Enterrad a los muertos (Salamandra, 2016) es la segunda novela de Louise Penny publicada en castellano, con el inspector jefe Gamache de protagonista. En un Quebec cubierto por la nieve, la aparición del cadáver de un conocido investigador y activista nacionalista en el sótano de la Sociedad Literaria e Histórica, uno de los escasos centros de referencia de la minoritaria comunidad inglesa en la ciudad amenaza con revolver tensiones larvadas entre las comunidades francófona y anglófona. Penny escribe extraordinariamente bien, y las 475 páginas del libro se hacen cortas. Gamache es un personaje de lo más atractivo y el telón de fondo del conflicto québécois añade interés a una investigación criminal ya de por sí interesante:

Aunque lo más desconcertante del asunto era la estupefacción que mostraban las publicaciones francófonas. Tan sorprendente como el descubrimiento del cadáver de Augustin Renaud era el hallazgo de tantas personas vivas, gente angloparlante, que llevaba tanto tiempo entre ellos.
La ciudad de Quebec parecía estar dándose cuenta en esos momentos de que los ingleses seguían allí.
- ¿Cómo es posible que no supiesen que estábamos aquí? -se lamentó Winnie, mientras leía la página por encima del hombro de Elizabeth.
Esta también había sentido una punzada. Una cosa era ser vilipendiados, tratados como sospechosos o como amenazas. Incluso como el enemigo. Para todo eso estaba preparada. Pero no para no tener ni pizca de visibilidad.
¿Desde cuándo pasaba eso? ¿Cuándo habían desaparecido y se habían vuelto fantasmas en su propia ciudad natal? Elizabeth miró al señor Blake, que también había bajado el periódico y tenía la mirada perdida.

Enterrad a los muertos

[6] El último libro de Andrea Camilleri con el comisario Montalbano de protagonista se titula Muerte en mar abierto (Salamandra, 2016) y contiene ocho historias en las que el autor siciliano vuelve a demostrarnos su humanidad y su ironía.. También su militante rechazo a que determinadas "prácticas habituales" acaben por hacer imposible la justicia y la decencia, particularmente cuando los perpetradores son personas poderosas:

El fiscal Gaetano Mistretta se había puesto rojo como un tomate al oír las primeras identificaciones. Se secó el sudor de la frente y dijo:
- Deje aquí los vídeos y ni una palabra a nadie. Usted ya no va a encargarse de este caso. Y el dottor Gianquinto tampoco. Lo llevarán los de la Brigada de Homicidios. Es una orden tajante.
Montalbano se puso en pie y se marchó sin despedirse.
No protestó. Era inútil, sabía cómo acabaría la cosa.
Según la práctica habitual, el dottor Gaetano Mistretta archivó la nota y las cintas de vídeo y las puso en un expediente que rotuló, según la práctica habitual (además de la prudencia), "sospechosos sin identificar",
Antes de abandonar su despacho al término de su jornada laboral, el dottor Gaetano Mistretta cogió el expediente de los sospechosos sin identificar y , según la práctica habitual, lo metió en un cajón de su escritorio, que cerró con llave.
Y, una vez más, según la práctica habitual, esa misma noche entraron en el despacho del dottor Gaetano Mistretta dos ladrones que iban sobre seguro e hicieron desaparecer sólo aquel expediente.
No obstante, y en previsión de lo que sucedería según la práctica habitual, también el dottor Salvo Montalbano había actuado de acuerdo a la forma prevista. Así, antes de entregarle la carta de Guarnotta y los tres vídeos al fiscal, le había pedido a Catarella que hiciera copias de todo.
Las tenía bien escondidas, con la esperanza de que llegaran tiempos mejores.

Muerte en mar abierto