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domingo, 12 de junio de 2022

Pensar en sistemas

Donella Meadows
Pensar en sistemas
Traducción de Jaime Blasco
Capitán Swing, 2022

"Para vivir bien en un mundo de sistemas no basta con desarrollar nuestra capacidad de cálculo. Debemos invertir todas nuestras capacidades humanas: nuestra racionalidad, nuestra habilidad para distinguir lo verdadero de lo falso, nuestra intuición, nuestra compasión, nuestra visión y nuestra moralidad".



Pensar en sistemas es pensar a las personas y a los grupos, sus prácticas, pero también sus aspiraciones y sus deseos, a partir y en el marco de las estructuras en las que desarrollan su existencia. No solo las personas: "Un colegio es un sistema. Y también una ciudad, y una fábrica, y una empresa, y la economía de una nación. Un árbol es un sistema, y un bosque en un sistema mayor  que contiene subsistemas de árboles y animales. La Tierra es un sistema. Y también el Sistema Solar; y una galaxia. Los sistemas pueden insertarse dentro de otros sistemas, que a su vez se insertan en otros mayores"Todo lo que está vivo, activo, todo lo que es dinámico, es un sistema, configura un sistema, participa de un sistema.
 
"Un sistema, aclara la autora, es un conjunto de cosas -personas, células, moléculas o lo que sea- interrelacionadas de tal manera que dan lugar a una pauta de comportamiento característica en un periodo de tiempo determinado. Las fuerzas externas pueden afectar, restringir, activar o impulsar un sistema". Lo que importa cuando pensamos en sistemas es atender a las relaciones, y esto es algo que nos cuesta muchísimo: tendemos a simplificar, a buscar causas únicas y evidentes. Por el contrario, este libro nos animará a buscar bucles de retroalimentación (compensadores o reforzadores), jerarquias, relaciones no lineales, conexiones, complejidad, flujos, amortiguadores, intersecciones, retrasos, incentivos, organización autónoma, propósitos y funciones, paradigmas...

Publicado originalmente en 1993, Donella Meadows es una de las autoras del conocido informe al Club de Roma de 1972 sobre los límites al crecimiento. Pocas guías mejores que ella para adentrarnos, sin extraviarnos, en el universo del pensamiento sistémico. He disfrutado tanto con su lectura que volveré a leerlo en las próximas semanas: seguro que descubro nuevas relaciones.

jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Aprenderemos?

En la última Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Bilbao encontré una joya: La igualdad, de R.H. Tawney, publicado en 1945 por Fondo de Cultura Económica y traducido al español por Francisco Giner de los Ríos. En sus páginas 320-321 podemos leer lo siguiente:

Se admite hoy generalmente que la crisis financiera  británica de 1931 se debió de modo principal a causas con las cuales tenían poco que ver los gastos públicos en la Gran Bretaña. La City, que había recibido préstamos a corto plazo y los había concedido a largo plazo, no pudo hacer frente a la situación surgida cuando los rumores premonitorios del colapso en la Europa Central hicieron que los saldos extranjeros en Londres volvieran a su lugar de origen. Sin embargo, era evidentemente atractivo adscribir a los gastos exagerados de un gobierno que disgustaba al mundo de los negocios las dificultades resultantes resultantes de las equivocaciones en ese mismo mundo. Viéndose amenazados con el grito de que el país estaba en peligro a consecuencia de una temeraria expansión de los servicios sociales, el gobierno laborista fue incapaz de desafiar la hostilidad de la City o de tomar, sin que se le denunciara como asesino del crédito británico, la medida de abandonar el patrón oro, como hizo su sucesor con el resultado inmediato de ser aclamado como salvador de ese mismo crédito.

¿No nos suena a lo ocurrido en la última crisis de 2008? El marco (ideo)lógico de la derecha es singularmente estrecho, reducido y reiterativo. Tal vez por eso resulta tan exitoso.

sábado, 25 de junio de 2016

¡Ay!, las clases populares...


Me lo advirtió ayer Carlos: hemos organizado la Mesa de Análisis Postelectoral de la Asociación Vasca de Sociología y Ciencia Política el lunes a las 18:30, y resulta que a las 18:00 se juega en la Eurocopa el España-Italia. Pregunta sorprendida de alguien que asistía a la conversación: "¿Pero no sabíais que el lunes se televisa a las seis el partido?". Debo aclarar que la conversación transcurría en los prolegómenos de un acto político. "Es que Imanol no es futbolero", comentó Carlos intentando aclarar la situación. Me temo que en vano.

Esta mañana leo una reflexión de Jorge Riechmann en su último libro, Peces fuera del agua (Baile del Sol Ediciones, 2016):

Bastaría con que las clases populares de este país pusieran en la política democrática una quinta parte del conocimiento experto y la energía emocional que consagran al fútbol, quizá incluso una décima parte: bastaría con eso para que el empeño revolucionario por construir una sociedad justa y sustentable llegase a buen puerto... ¿De verdad hay que remitir tan modesta aspiración al País de Nunca Jamás?

Parece que por ahora sí. Y es una desgracia.

Pero lo que también me planteo, al hilo del Brexit, es cuánto del conocimiento experto y de la energía emocional que, ya sea desde las ciencias sociales, ya desde la política práctica, consagramos a comprender e impulsar el cambio social, lo hemos dedicado a entender y acompañar (acompañar, sí) a las personas y los grupos sociales que, desde hace décadas, vienen siendo perdedores netos de los procesos de reconfiguración del mercado de trabajo y de los espacios convivenciales (pueblos, barrios y ciudades) en las sociedades industriales avanzadas.

A propósito del triunfo del out, escribe Paul Mason: "Britain has voted to leave the EU. The reason? A large section of the working class, concentrated in towns and cities that have been quietly devastated by free-market economics, decided they’d had enough". La razón por la cual ha triunfado la opción de abandonar la Unión Europea es, en su opinión, que una gran parte de la vieja clase obrera británica, concentrada en pueblos y ciudades que han sido devastados por la economía de libre mercado, han decidido que ya era suficiente.
Ya lo advertía un sondeo en abril de YouGog, una empresa de investigación de mercado y opinión pública que trabaja básicamente con métodos online: "Class divides the EU referendum battle lines in awkward and unconventional ways. While in general Labour voters tend to be more europhile, working class people are also generally more eurosceptic, and may be motivated by a key Brexit argument". La clase social divide las líneas de batalla del referéndum sobre la salida de la UE de maneras incómodas y nada convencionales. Mientras que, en general, los votantes laboristas tienden a ser más bien eurófilos, las personas de clase trabajadora son generalmente más euroescépticas, y pueden estar muy motivadas por un argumento central en la campaña en favor del Brexit: el argumento al que se refiere es el expuesto en un artículo publicado en enero con el título "Labour should not be the champion of EU free movement", y no es otro que el de los efectos negativos de la inmigración sobre las condiciones de trabajo y de vida de las clases populares.



Otros interesantes artículos, en la misma línea: "If you've got money, you vote in ... if you haven't got money, you vote out", de John Harris, o  "Why the British working class voted for Brexit", de Kamal Mitra Cenoy.

El año pasado publiqué en la Revista Española del Tercer Sector, nº 31, un artículo titulado "Desamparo, populismo y xenofobia", del que a continuación recojo algunos fragmentos:

El desamparo es siempre relacional. El desamparo es algo que nos ocurre, no algo que somos o tenemos. Un individuo puede ser frágil o vulnerable, pero no puede ser desamparado. La situación de desamparo no es fruto de una característica o atributo de la persona desamparada, tampoco es consecuencia de su comportamiento, sino que es siempre consecuencia de una acción (u omisión) de otra persona distinta de aquella de la que se señala el desamparo, o de una determinada institución. La situación de desamparo es siempre transitiva: la persona desamparada lo está porque otra persona (o institución) la ha desamparado. Buscando una analogía que nos ayude a dar luz sobre este asunto, estar desamparado no se parece a estar perdido, sino a estar abandonado
La desafección democrática, más en concreto la desconfianza hacia las instituciones de la democracia, puede considerarse como una excelente variable proxy para analizar el fenómeno del desamparo. Especialmente esa expresión de desconfianza y desafección que denominamos populismo.
Son muchas las investigaciones y los análisis que permiten sostener la tesis de la correlación entre sentimiento de desamparo (expresado como desasosiego ante el futuro, pérdida de estatus, miedo a perder la capacidad de cuidar de los suyos, sensación de anomia, etc.) y apoyo a los discursos y las organizaciones populistas de extrema derecha; sentimientos de ansiedad que han permitido a estas organizaciones articular un discurso xenófobo que no se apoya ya en el viejo y desprestigiado racismo biológico, facilitando así su «lavado de cara» e incrementando su potencial de penetración social. Estas organizaciones se convierten en refugio de todos esos angry white men que habitan en barrios degradados de antiguas ciudades industriales hoy en declive.
En el marco de una “creciente etnización de las relaciones y conflictos sociales”, la pérdida de seguridad material y estatus social que sufren muchas personas “constituye un caldo de cultivo ideal para formaciones políticas populistas, antiinmigrantes y antieuropeas, bajo la amenaza de la xenofobia, la discriminación y sus manifestaciones más violentas”. Como señala Lorenzo Cachón:
La relación entre esos colectivos de trabajadores autóctonos peor situados en el mercado laboral y la inmigración y los inmigrantes es una cuestión de extraordinaria relevancia económica (porque es ahí donde confluyen, al menos en parte, los ámbitos de competencia entre autóctonos e inmigrantes) y social y política (porque es en este “terreno natural” donde se alimenta la demagogia xenófoba de extrema derecha).
Es cierto que la angustia que impulsa a muchas personas, muchas de ellas ex votantes de partidos tradicionales de la izquierda, no es sólo económica, o, en todo caso, no se explica sólo desde variables económicas, sino también en razón de temores y angustias de naturaleza explícitamente cultural, como son los sentimientos de pérdida y amenaza de la identidad nacional. En Gran Bretaña ha tenido lugar un interesante debate en este sentido tras la publicación de una carta abierta a los votantes del United Kingdom Independence Party (UKIP) del escritor izquierdista Owen Jones, autor del libro Chavs: la demonización de la clase obrera, en la que sostenía que sus demandas y aspiraciones coincidían en una gran parte con las de muchos votantes de izquierda, en particular en su rechazo a las élites económicas y políticas, por lo que no debían dar su apoyo al UKIP. Y afrontando la espinosa cuestión de la inmigración, escribía:
No voy a haceros perder el tiempo ni a ser condescendiente con vosotros predicando los beneficios de la inmigración. Sólo quiero preguntaros esto: ¿Quién ha causado más problemas a nuestro país: los banqueros que nos sumieron en el desastre económico, los políticos derrochadores que tienen la cara de aleccionarnos sobre el fraude social, los ricos evasores de impuestos que dejan de pagar 25.000 millones de libras al Tesoro Público; los jefes que pagan salarios de pobreza y los propietarios que cobran alquileres de estafa; o las enfermeras indias y los recogedores de fruta polacos?.
Este artículo de Owen fue respondido por otro periodista, Ed West, considerándolo como un ejemplo del «punto ciego» que caracteriza a la mirada de la izquierda sobre el populismo, y que consiste en su incapacidad de analizar los problemas sociales en términos no exclusivamente económicos: «Hay indudablemente razones económicas para la angustia de los votantes del UKIP, pero la izquierda está ciega a las ansiedades sociales que tales problemas comportan y que no pueden resolverse simplemente mediante impuestos más altos o suaves palabras relativas a la comprensión de sus inquietudes».
El sentimiento de desamparo de tantos individuos y grupos es un fenómeno complejo en el que se mezclan variables económicas tanto como sociales, ideológicas y existenciales. En todo caso considero –al menos como hipótesis- que los fundamentos materiales de ese sentimiento resultan esenciales, y se bien no son condición suficiente si son condición imprescindible para la extensión del desamparo. Por otro lado, son estas variables económicas las que pueden permitirnos reconstruir una narrativa universalista que, sin negar las demandas culturales e identitarias, evite su transformación en argumentos anti-igualitarios.

Puede leerse el artículo completo AQUÍ.

Habrá que seguir pensándolo, pero el reto para las fuerzas sociales y políticas progresistas es fundamental.

sábado, 25 de julio de 2015

De parásitos, usura, tamaños incomprensibles y bañadores amarillos



"Muchos autores aciertan al destacar que la crisis financiera y los subsiguientes rescates son la prueba de que estamos operando en una economía que socializa los riesgos y privatiza los beneficios, de tal forma que enriquece a las élites a expensas de todos los demás. Los rescates pusieron de manifiesto que el sector financiero actúa sobre la economía como una sangría potencialmente parasitaria que estamos obligados a aceptar. [...] Las empresas financieras han crecido hasta alcanzar tamaños absolutamente incomprensibles y se han insertado de manera tan profunda en la economía global que se consideran 'demasiado grandes para caer'; a muchos les inquieta que, con independencia de su temeridad, el hecho de que su supervivencia sea esencial les asegura que la próxima vez que colapsen el Estado este las rescatará (lo que provocará la quiebra del Estado en el proceso). Ya sea justo o no, están situadas para ganar cuando la tendencia es alcista, pero también cuando las cosas van mal. Debería revisarse el hecho de que los tipos de interés se contabilicen en el PIB como 'servicios' proporcionados por el sector de intermediación del riesgo, ahora que sabemos quién asume el riesgo real. Los intereses son, en este sentido, una mera renta. Usura".

Mariana Mazzucato, El Estado emprendedor, RBA, Barcelona 2014, p. 296.

lunes, 6 de julio de 2015

El NO de Grecia: Contra la fábrica del hombre endeudado

1. Sorprendente el editorial de hoy de EL PAÍS: "El ‘no’ griego es un éxito nacionalista que exige una respuesta hábil y firme". ¿De verdad quieren decir que la estrategia de Alemania o de España es europeísta? Parece que no leen lo que ellos mismos publican, como el artículo de Habermas del domingo 28:

Estamos otra vez en crisis con Atenas porque a la canciller alemana, ya en mayo de 2010, los intereses de los inversores le importaban más que una quita de la deuda para sanear la economía griega. En este momento se ha puesto en evidencia otro déficit institucional. El resultado de las elecciones griegas representa el voto de una nación que se defiende con una mayoría clara contra la tan humillante como deprimente miseria social de la política de austeridad impuesta al país. El propio sentido del voto no se presta a especulaciones: la población rechaza la prosecución de una política cuyo fracaso ha experimentado de forma drástica en sus propias carnes. Investido de esta legitimación democrática, el Gobierno griego ha intentado inducir un cambio de política en la eurozona. Y ha tropezado en Bruselas con los representantes de otros 18 Gobiernos, que justifican su rechazo remitiendo fríamente a su propio mandato democrático. Recordemos los primeros encuentros, cuando los novicios —que se presentaban de forma prepotente llevados por el arrebato de su triunfo— ofrecían un grotesco espectáculo de intercambio de golpes con los residentes, que reaccionaban a medias de forma paternalista, a medias de forma despectiva y rutinaria: ambas partes insistían como papagayos en que habían sido autorizadas cada una por su “pueblo” respectivo. La comicidad involuntaria de su estrecho pensamiento nacional-estatal expuso con la mayor elocuencia ante la opinión pública europea qué es lo que realmente hace falta: formar una voluntad política ciudadana común en relación con las trascendentales debilidades políticas en el núcleo europeo.

2. Lo más clarificador que he leído en los últimos días sobre el asunto: el artículo de Xavier Vidal-Foch titulado El día en que Tsipras lo vio todo rojo. Hubo negociación, había acuerdo, pero los eurotalibanes, los austeuropeos, decidieron aplicar a Grecia la misma táctica que el Gran Hermano FMI viene aplicando históricamente allá por donde pasa:

Pregunta del millón: ¿cuándo se arruinó el pacto? Cojan la lupa y repasen qué pasó desde el Eurogrupo de Riga -24 de abril, Sant Jordi-, cuando Alexis Tsipras debió tomar el protagonismo en vez de su denostado ministro de Hacienda, Yanis Varoufakis.
Pasó que la cadencia de papeles cruzados, propuestas, matices y acercamientos entre el Eurogrupo y Grecia fue fulgurante, (aunque algunos lo nieguen): al menos media docena de documentos lo atestiguan. Hubo verdadera negociación.
Hasta que el lunes 22 de junio, tanto la canciller Merkel como los funcionarios del Eurogrupo y la Comisión brindaron por el último papel griego (la “comprehensive proposal”) como un “gran paso”, una “buena base de negociación”; y los griegos batían palmas con las orejas. ¿Qué ocurrió entre ese lunes optimista y la noche del viernes 26 en que Tsipras rompió la baraja y convocó el referéndum?
Dos cosas, ambas en la noche del martes 23, verbena de San Juan. El FMI, quizá por cuenta del sector talibán del Eurogrupo, aumentó sus exigencias (fatal maniobra, aunque con coartada técnica). Y Tsipras recibió la contestación (endurecida) a su propuesta, en formato tontorrón, con abundantes y prietas líneas añadidas, mecanografiadas en rojo, qué susto.

3. Bajo el tutelaje de la Troika, Europa se ha convertido en una enorme fábrica de mujeres y hombres endeudados -recurriendo al título del excelente libro de Maurizio Lazzarato. Sólo algunas ideas contenidas en el mismo, en las que se desvela el mecanismo de construcción e imposición de la economía de la deuda y las funciones que cumple:
  • En Europa, la lucha de clases se despliega y se concentra hoy en torno a la deuda. [...] El crédito o la deuda y su relación acreedor-deudor constituyen una relación de poder específica de producción y control de la subjetividad (una forma particular de homo economicus, el "hombre endeudado").
  • Una de las grandes apuestas políticas del neoliberalismo continúa siendo, como lo revela sin ambigüedad la "crisis" actual, la de la propiedad, puesto que la relación acreedor-deudor expresa una relación de fuerza entre propietarios (del capital) y no propietarios (del capital).
  • El incremento de la deuda del Estado es uno de los principales resultados de las políticas neoliberales que, desde mediados de la década de 1970, persiguen el objetivo de transformar la estructura de financiamiento de los gastos del Estado benefactor. [...] La privatización de los mecanismos de seguro social, la individualización de la política social y la voluntad de hacer de la protección social una función empresarial son fundamentos de la economía de la deuda. [...] Los intereses de la deuda constituyen la medida de la depredación que la población sufre a manos de los mercados desde hace cuarenta años.
  • La deuda no es, pues, una desventaja para el crecimiento; constituye, al contrario, el motor económico y subjetivo de la economía contemporánea. La fabricación de deudas, es decir, la construcción y el desarrollo de la relación de poder entre acreedores y deudores, se ha pensado y programado como el núcleo estratégico de las políticas neoliberales.
  • La deuda no es sólo un dispositivo económico, sino también una técnica securitaria de gobierno tendente a reducir la incertidumbre de las conductas de los gobernados. [...] Lo importante es la pretensión de las finanzas de reducir lo que será a lo que es, vale decir, reducir el futuro y sus posibilidades a las relaciones de poder actuales. [...] La lógica de la deuda asfixia nuestras posibilidades de acción. [...] Ya no es el pecado original el que se nos transmite con el nacimiento, sino la deuda de las generaciones precedentes. El "hombre endeudado" está sometido a una relación de poder acreedor-deudor que lo acompaña a lo largo de toda la vida, desde la cuna hasta la tumba.
4. Grecia ha dicho no a la fábrica europea del hombre endeudado. No niega sus responsabilidades para con el resto de Europa. No se escaquea. Sólo reclama el control esencial sobre su presente y su futuro. Lo que antes se llamaba democracia.
Por eso: gracias.
Y, por eso, debemos movilizarnos para exigir a nuestros gobernantes (a nuestros representantes políticos, a quienes dirigen los sindicatos a los que pertenecemos, a quienes lideran las organizaciones sociales de las que somos miembros) que no dejen sola a Grecia. Ni a Europa.
Vuelvo al artículo de Habermas:

Las negociaciones para llegar a un acuerdo en Bruselas se gripan porque ambas partes culpan de la esterilidad de sus negociaciones no a los fallos de construcción de procedimientos e instituciones, sino a la mala conducta de sus socios. El acuerdo no fracasa por unos cuantos miles de millones de más o de menos, ni siquiera por uno u otro impuesto, sino únicamente porque los griegos exigen hacer posible que la economía y la población explotada por élites corruptas tengan la posibilidad de volver a ponerse en marcha con una quita de la deuda o una medida equivalente; por ejemplo, una moratoria de los pagos vinculada al crecimiento. Los acreedores, por el contrario, no cejan en el empeño de que se reconozca una montaña de deudas que la economía griega jamás podrá saldar.
[...] La discutible actuación del Gobierno griego no suaviza un ápice el escándalo de que los políticos de Bruselas y Berlín se nieguen a tratar a sus colegas de Atenas como políticos. Aunque tienen la apariencia de políticos, solo se permiten hablar en su condición económica de acreedores. Esa transformación en zombis busca presentar la dilatada situación de insolvencia de un Estado como un suceso apolítico propio del derecho civil, un suceso que podría dar lugar al ejercicio de acciones ante un tribunal. Pues de este modo es tanto más fácil negar una corresponsabilidad política.
Pero la salida a este embrollo, concluye Habermas,  sólo puede ser política: "las élites políticas de Europa no pueden seguir ocultándose de sus electores, escamoteando incluso las alternativas ante las que nos sitúa una unión monetaria políticamente incompleta. Son los ciudadanos, no los banqueros, quienes tienen que decir la última palabra sobre las cuestiones que afectan al destino europeo".

miércoles, 12 de noviembre de 2014

No es una crisis, es el sistema

PROGRAMA FOESSA 6 18
El jueves pasado, en la Universidad de Deusto, presentábamos el VII Informe Foessa ante un auditorio lleno a rebosar de personas conocedoras de la realidad de la exclusión social en Euskadi.
Francisco Lorenzo, coordinador general del informe, presentó los datos referidos a Euskadi; María Silvestre, profesora de la Universidad de Deusto, se centró en algunos aspectos relativos a la cultura fiscal y, en general, a los valores socioeconómicos que caracterizan las opiniones y actitudes de la ciudadanía española y vasca, y su evolución durante los últimos años. A mí me correspondía exponer brevemente los principales contenidos del capítulo 6, del que he sido coordinador, titulado ¿Qué sociedad saldrá de la actual crisis? ¿Qué salida de la crisis impulsará la sociedad?; sin embargo, a propuesta de las y los organizadores del acto, propuse una reflexión dirigida a situar la actual crisis en un contexto estructural, como una fase dentro un un proceso de transformación social que viene de lejos.

Lo que a mí más me preocupa es que esta crisis "pase" y que, de nuevo, olvidemos las advertencias que desde los Ochenta vienen haciéndo destacados analistas sociales:

"El periodo actual, es el primero desde los años veinte en que los propietarios del capital han rechazado abiertamente un compromiso que implique la influencia pública sobre las inversiones y la redistribución de la renta. Por primera vez desde hacía varias décadas, la derecha tiene su propio proyecto histórico: liberar la acumulación de todas las trabas que le impuso la democracia" [Adam Przeworski, 1988; e.o. 1985].

"La dinámica económica del capitalismo actual aparece acompañada por una reorganización político-social conservadora, como una revancha contra los avances culturales, políticos y sindicales de la izquierda en los años sesenta y setenta" [Göran Therborn, 1992].

"Debo comenzar recordándome a mismo, y también a ti lector occidental, que en el caso de que el que lea estas páginas tenga alrededor de veinte años su memoria personal sólo podrá referirse a tiempos de crisis. Este lector estará acostumbrado a convivir con el desempleo, con la marginación y la pobreza. Un trabajo fijo será para él una meta imposible, y probablemente ya habrá trabajado por cuenta ajena sin ningún tipo de contrato legal. Sabrá que conseguir una vivienda es algo que de momento no puede plantearse, y no se extrañará cuando vea como se privatiza la educación y la sanidad. Estará tan acostumbrado a los «vigilantes jurados» que no verá en ellos la privatización, también, de parte de lo que fue un importante servicio público. No se escandalizará cuando se hable de «flexibilizar el mercado de trabajo», puesto que él ya se encuentra suficientemente «flexibilizado» desde que tiene uso de razón. Y cuando oiga hablar de los problemas de las pensiones de jubilación le parecerá simplemente que el tema no va con él.Voy a tratar de contar aquí,a ese lector, que las cosas no fueron así siempre" [Anisi, 1995]..

El jueves pasado, en la Universidad de Deusto, intente explicarme. No sé si lo logré. En todo caso, aquí puede escucharse mi intervención.

martes, 21 de octubre de 2014

Más sobre ayudas sociales, RGI e inmigración

El domingo pasado EL DIARIO VASCO publicó una larga entrevista sobre las ayudas sociales, la RGI y la inmigración. Agradezco sinceramente al periodista Juanma Velasco su interés, intención y conocimiento de los temas tratados. Todas su preguntas fueron muy relevantes.
Creo que el diario no permite el acceso abierto a todas sus noticias. Reproduzco como imagen el pdf de la publicación, que he podido obtener gracias al inmenso e impagable trabajo de documentación que hace el SIIS.
Por cierto, y tirando del SIIS, no sé si aquí es posible acceder a la noticia desde cualquier ordenador personal, o sólo desde la UPV/EHU. Por si acaso, lo pongo.