domingo, 24 de enero de 2021

Xabier Lete, de un tiempo, de un país

Eugenio Ibarzabal
Xabier Lete, de un tiempo, de un país
Erein, 2020
 
Xabier Lete falleció el 4 de diciembre de 2010. Tenía 66 años y durante más de cuatro décadas había sido uno de los más reconocidos creadores vascos: poeta, cantautor, ensayista, autor e intérprete de algunas de las más hermosas canciones en euskera, entre las que destaca la emotiva Xalbadorren heriotzean.

Poeta de la ausencia y de la muerte, pero también del amor, de la naturaleza, tal vez el más auténticamente existencialista de los intelectuales vascos, en 2009 fue reconocido con el Premio Euskadi de Literatura por su libro de poemas Egunsentiaren esku izoztuak (Pamiela, 2008), Las ateridas manos del alba (Pamiela, 2011, traducción de Jabier Imaz Aierbe y Joxe Angel Irigaray). Dedicado a su esposa, la también cantante y escritora Lourdes Iriondo, fallecida en 2005 ("Zuri, Lurdes, gure maitasunaren egoitzetatik" / "Para ti, Lurdes, desde las moradas de nuestro amor"), el libro se cierra con estos versos:

[...] jaso nazazu, maitea, azken egunean,
zatoz nere bidera eta adeitsu, irriz
dei nazazu nere izenez
ni zure erruki handian salbatua izan nadin,
salbatuak elkarrekin eta maitasunean glorifikatuak betirako.

Acógeme, amor mío, en el último día
ven a mi encuentro, y amable, sonriente,
llámame por mi nombre
para que me salve en su gran misericordia,
para que salvados juntos
seamos glorificados eternamente en el amor.
[Traducción de Jabier Imaz Aierbe y Joxe Angel Irigaray]
 

Para conmemorar el décimo aniversario de su muerte, durante el año 2020 se impulsaron distintas iniciativas, como el libro colectivo Urrats urratuak: Xabier Lete Gogoan (Balea Zuria, 2020), el Oratorio sinfónico coral Hesia urraturik, escrito por Joxan Goikoetxea, o el deslumbrante documental Ni naiz Lete.


Una de las facetas tal vez menos conocidas de Xabier Lete es la de autor, en castellano, de artículos y reseñas de libros en la revista Muga, uno de esos milagros editoriales de los primeros años de la democracia, cuando los partidos políticos creían en el valor del pensamiento y la cultura. En esta publicación Lete publico textos sobre el proceso de Burgos, sobre las tensiones en la isla de Chipre, sobre el fenómeno de la denominada "nueva derecha" en Francia liderada por Alain de Benoist, o entrevistó, junto con Mikel Peciña y Eugenio Ibarzabal, al destacado intelectual Raymond Aron.


Es precisamente Eugenio Ibarzabal quien, en el marco del décimo aniversario del fallecimiento de Lete, recupera una breve pero muy interesante entrevista radiofónica con el cantautor, realizada originalmente en mayo de 1978. En el prólogo, Ibarzabal indica que la conversación que ahora se reproduce es "una fotografía, casi una instantánea, del poeta, de un tiempo y de un país". En un momento de la conversación, Lete se expresa así:

"Yo no soy un entusiasta; a mí me parece que, para cualquier trabajo de transformación, incluso, no digo ya para reformar las cosas, incluso para cualquier actividad de tipo revolucionario, en cualquier terreno, hay que tener un entusiasmo y hay que tener unos objetivos. Si quieres a largo plazo, que sean maximalistas, pero hay que tener también un conocimiento de la realidad estricta, de cómo es la realidad, lo que la realidad permite y, en fin, saber cómo se interpenetran las cosas entre sí, las situaciones y el todo. [...] Quizá es que soy así, y me gusta más la gente que, a la hora de plantear las cosas, es un poco fría y escéptica, un poco relativista, y luego, una vez que te has planteado las cosas, en el momento de realizarlas, ponerle el entusiasmo o ponerle el impulso. Y no al revés, porque aquí hemos estado y estamos en plena euforia especulativa, que luego, a la hora de la verdad, no se cristaliza en nada positivo. Es decir, se hacen unos grandes planteamientos de todo tipo, de cara a grandes logros, un poco utópicos, y luego ves que la realidad, la realidad social, la realidad política, la realidad personal, psicológica, del comportamiento de las personas, no avala esa utopía [...]."

Así lo recordaba Bernardo Atxaga inmediatamente después de su fallecimiento:

"Lete fue una persona solitaria, muy particular, que vivió sin abrazar una idea, siempre metido en una suerte de tierra de nadie. En el aspecto religioso quiso creer, pero no pudo. Hay quien dice que en los últimos tiempos se volvió más religioso; yo le traté mucho y pienso que tenía tantas ganas de volver a ver a las personas a las que había querido que abrazaba la idea de que hubiera otro mundo en el que poder encontrarlas. Pero quien ha leído su testamento político se da cuenta también de que no podía creer. [Era dostoievskiano], siempre con esa tensión, en esa crisis perpetua, no por mera pose sino por buscar el eje de las cosas. Él no se andaba con tonterías. También en el aspecto ideológico era una persona muy particular: muy crítico con la vasquidad, con la españolidad... mejor dicho, con las ideologías de uno y otro bando. Siempre en terreno de nadie".
 
En mayo de 1978 yo estaba a punto de cumplir diecisiete años. La lectura de esta entrevista me ha devuelto, en efecto, a aquel tiempo, a aquel país. Un país cuya evolución hubiera sido muy distinta, tal vez, si la voz sabia de Xabier Lete hubiera sido tan escuchada como sus canciones.

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