martes, 19 de julio de 2022

El parque de los perros

Sofi Oksanen
El parque de los perros
Traducción de Laura Pascual Antón
Salamandra, 2022

"Empezó a repasar los motivos por los que tendrían que perseguirme hasta el fin del mundo. Me dio una lista de nombres. Chicas a las que yo había olvidado y chicas a las que nunca había conocido. Chicas a las que les habían metido muchas más hormonas de las que les habrían inyectado en otros sitios mejor regulados como, por ejemplo, Londres. Chicas que habían enfermado. Chicas a las que les habían quitado los ovarios. Chicas que habían tenido complicaciones o cuyos úteros habían sido perforados por error. Chicas que habían tenido que regresar a las clínicas de fertilidad, no como donantes sino como clientas. Chicas cuyo bienestar nadie comprobaba una vez que desaparecieron de los catálogos de la agencia".


Dos mujeres se encuentran en un parque de Helsinki en 2016. Ambas observan a una feliz y convencional familia -una mujer, un hombre, una niña, un niño- que pasean a su perro. ¿O no tan convencional? Aunque el tiempo y la vida las han tratado con dureza a una de las mujeres, estas acaban reconociéndose: ambas comparten un pasado oscuro, la una como directiva de una empresa ucraniana de vientres de alquilar, la otra como donante de óvulos, primero, y como madre gestante, después. La familia del parque forma parte de ese pasado.
 
Una historia terriblemente dolorosa, de jóvenes bellas tratadas como ganado reproductor a cambio de una promesa de fortuna que las saque de pobres a ellas y a sus familias: "Había estado dispuesta a lo que fuera, pero ahora me alegraba de poder conservar el hígado y los riñones y de no tener que ir llamando a las puertas de las agencias matrimoniales. En comparación con eso, donar unos cuantos óvulos era algo ridículamente sencillo". Jóvenes ilusionadas con una carrera como modelos que nunca llegó a despegar (también la hermosura, cuando sobreabunda, experimenta un proceso de utilidad marginal decreciente como bien de mercado); jóvenes huidas de la guerra en Donetsk ("La guerra continuaría, habría más cadáveres, sin cabeza o calcinados o reventados en mil pedazos"); mujeres jóvenes reducidas a un útero por un biocapitalismo global en el que "únicamente los futuros padres gozaban de seguridad jurídica, y ni las donantes ni las madres de alquiler tenían ningún derecho".

La mercantilización total de la vida y los cuerpos femeninos es una demostración aterradora de eso que tan bien explica Michael J. Sandel en Lo que el dinero no puede comprar (Debate, 2013; traducción de Joaquín Chamorro Mielke): que, frente a lo que sostienen los economistas hegemónicos, los mercados no son inertes o neutrales, meros procedimientos, sino que "dejan su marca" en los bienes intercambiados, y que esta marca es muchas veces la de la corrupción de tales bienes; porque "los mercados no solamente distribuyen bienes, sino que también expresan y promueven ciertas actitudes respecto de las cosas que se intercambian". "Cosas" como el cuerpo de una mujer, como sus óvulos o su útero, como la criatura que ha engendrado... 

Una economía (in)moral de la gestación subrogada que, guiada por el lucro, es terreno abonado para la proliferación de prácticas ilegales o directamente mafiosas. Y por aquí surge otra subtrama de una novela tan desasosegante como necesaria.

miércoles, 29 de junio de 2022

Últimas lecturas recomendadas

 

La vida sólida. La carpintería como ética del hacer

Arthur Lochmann
La vida sólida. La carpintería como ética del hacer
Traducción de Cristina Cosmed Lago
Los Libros de la Catarata, 2021


"Desarrollar un pensamiento material y una relación concreta con los objetos es un recurso mental que permite abandonar el único punto de vista del consumidor para adoptar el del productor. [...] Existe igualmente un beneficio psíquico en esta confrontación a lo real y a la materia. Cuando se tienen tendencias narcisistas -algo que es común en nuestra época-, la relación con la materia y con los objetos materiales constituye un buen antídoto a esta ilusión por el dominio que impregna la cultura moderna' [Matthew B. Crawford], imponiendo una verdadera comprensión de la autonomía de los objetos".


Como se indica en la ficha biográfica que acompaña a este libro, su autor estudió Filosofía y Derecho, es traductor literario de inglés y alemán y, sobre todo, es carpintero. Lochmann se ha especializado en la construcción de grandes estructuras de madera: viviendas, tejados, cobertizos, oficio en cuyo desempeño ha desarrollado una "disciplina de la atención" (Simone Weil) que echa en falta en la actividad académica.

Lochmann va narrando su experiencia como carpintero en formación, primero, y como miembro de diversas cuadrillas de trabajo, después, y al tiempo nos regala sugerentes reflexiones sobre las diferencias entre el fitness y el trabajo en una obra, sobre la falsa idea de que la visión espacial es una aptitud especificamente masculina, sobre el riesgo de que estemos habitando una época en la que la posibilidad misma de la experiencia se haya vuelto imposible, sobre el fundamento rutinario de todo buen oficio, sobre los conocimientos artesanos como bien común y la importancia de la permanencia, sobre la "cultura de la responsabilidad y el cuidado aportado al trabajo"...
 
Un libro fascinante, en el que Lochmann reivindica el gesto justo, el cuerpo consciente de la acción que lleva a cabo, el artesanado como lo contrario del trabajo alienado, la mirada a largo plazo y la recuperación de saberes. Lo he disfrutado.

jueves, 23 de junio de 2022

Víctimas e ilesos: Ensayo sobre la resistencia ética

Olga Belmonte García
Víctimas e ilesos. Ensayo sobre la resistencia ética
Herder, 2022


"Es necesario mirar al pasado y analizar hasta qué punto se podría haber hecho algo por evitar el horror, detectar cuáles eran las posibilidades de cambio y mostrar 'que se podría haber hecho algo distinto, que se podría haber tomado otra decisión, que alguien podría haber intervenido, que alguien podría haber renunciado' [C. Emcke].
[...] Una decisión distinta en la vida cotidiana hubiera traído algo diferente. Las situaciones de barbarie no llegan repentinamente, hay un ambiente que las prepara. hay, como hemos dicho, una agricultura del odio que lo siembra en la sociedad, en el inconsciente colectivo".


En el prólogo de este libro Graciela Fainstein recuerda y reivindica la reflexión de Walter Benjamin sobre las y los Feurmelder, avisadoras y avisadores del fuego, esas personas que tienen la capacidad de leer los signos del tiempo que les ha tocado vivir, sus mares de fondo, sus derivas potencialmente catastróficas, que se esfuerzan por avisar del incendio antes de que el fuego se propague, por "cortar la mecha encendida antes de que la chispa llegue a la dinamita" (W. Benjamin, Dirección única, Alfaguara, 1987; traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar). Es esta la reflexión que más me ha interpelado del libro de Olga Belmonte García.

Están las víctimas, por supuesto, y la autora mira y nos hace "mirar de cara un sufrimiento que no siempre queremos ver": el sinsentido de la injusticia radical que sufrieron, la escucha reverencial que su verdad nos exige, su rescate desde la invisibilización en el "reino de la nada" y su retorno a la comunidad de la que fue expulsada, la no banalización de la idea de perdón, son algunas de las cuestiones que aborda Olga Belmonte, con profundidad teórica y sensibilidad ética, componiendo un texto de bella lectura.

Están también los victimarios -verdugos y torturadores, fundamentalistas y fanáticos- que deshumanizan a la víctima reduciéndola a categoría gestionable (usable, trasladable, ocultable, expulsable, eliminable) a partir de una "lógica de la barbarie [que] crea un sistema en el que no cabe lo diferente", preguntándose y haciéndonos preguntarnos si se trata de una cuestión de banalidad (Arendt) o de sadismo (Améry).

Es aquí cuando, junto a la víctima y al victimario, la autora incorpora a los "ilesos", a quienes no siendo víctimas sí han sido testigos del sufrimiento de estas. Esta es la condición mayoritaria en las sociedades en las que la barbarie ha dinamitado la convivencia; pocos verdugos, bastantes víctimas, muchas ilesas: esta es la aritmética de la barbarie. Siempre son más las personas ilesas (espectadoras silentes): ¿cuál es su responsabilidad?

A pesar de su reducida extensión, en este libro Olga Belmonte recoge y relaciona algunas de las cuestiones esenciales de la reflexión ética sobre las víctimas. Quienes ya estemos familiarizadas con las conversaciones en torno a esta temática puede que no encontremos contenidos realmente novedosos, pero sí reconoceremos una mirada y una voz propias que nos animarán a seguir conversando. Quienes quieran empezar a caminar por el territorio de las víctimas tienen en este libro la mejor de las guías para hacerlo.

miércoles, 22 de junio de 2022

La bendición de la tierra

Knut Hamsun
La bendición de la tierra
Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Nórdica Libros, 2021 (2ª ed.)
 
 
"Pensemos en vosotros, la gente de Sellanrå, vosotros contempláis todos los días las mismas montañas azules, no son inventos, sino viejas montañas profundamente arraigadas en el pasado, y son vuestras amigas.  El cielo y la tierra os acompañan en vuestros quehaceres y os fundís con ellos, os fundís con todo eso tan extenso y tan enraizado. No necesitáis empuñar una espada, pasáis por la vida sin cubriros la cabeza ni las manos, en medio de una gran bondad. ¡Mira, allí está la naturaleza, os pertenece a ti y a los tuyos! El hombre y la naturaleza no se bombardean el uno al otro, sino que se dan la razón, no compiten, no persiguen nada, se acompañan. En medio de todo eso, vivís la gente de Sellanrå. [...] Tenéis todo lo que necesitáis para vivir, tenéis todo por lo que vivir, todo en lo que creer, nacéis y engrendráis, sois los imprescindibles de la Tierra. No todo el mundo lo es, pero vosotros sí: los imprescindibles de la Tierra. Sois los que mantenéis la vida"
 
 
Publicada originalmente en 1917, esta novela cuenta la historia de Isak e Inger, de sus hijos, sus vecinas y vecinos, de la tierra que cultivan y los animales que crían. Una comunidad plenamente integrada en la naturaleza de la que depende. Hamsun no obvia la dureza de su existencia, sus estrecheces, sus sueños quebrados (especialmente los de las mujeres), pero reivindica la pureza de una vida que aspira a lograr la máxima autosuficiencia, aprovechando lo que la técnica moderna les ofrece (Isak se muestra fascinado por su segadora mecánica) pero resistiéndose a la modernidad cultural que les llega desde la ciudad:
 
"Nada era como antes. La comarca entera estaba cambiada, ese ancho camino del telégrafo no pertenecía al pasado, antes la dinamita no había destrozado los montes que había junto al lago. Y ¿las personas? ¿Seguían diciendo 'Paz con vosotros' al llegar y 'Quedad en paz' al despedirse? Ahora se limitaban a saludar con un ligero movimiento de la cabeza, o ni siquiera eso".

Una novela poderosa escrita con un lenguaje pausado, poblada de personajes creíbles, en la que el paisaje natural juega un papel esencial. Demanda una lectura atenta, pausada, orgánica; el premio es disfrutar de una narración superficialmente sencilla, en realidad repleta de humanidad y, por ello, de complejidad.
 

domingo, 19 de junio de 2022

Aprender a vivir y a morir en el Antropoceno

Roy Scranton
Aprender a vivir y a morir en el antropoceno
Traducción de Silvia Moreno Parrado
Errata Naturae, 2021

"El problema de nuestra respuesta al cambio climático no es que cueste aprobar las leyes pertinentes, determinar el precio justo de las emisiones de carbono, cambiar la opinión de la gente ni despertar conciencias. Todo el mundo es ya consciente. El problema es que el problema es demasiado grande. El problema es que hay gente distinta que quiere cosas distintas. El problema es que nadie tiene respuestas de verdad. El problema es que el problema somos nosotros".
 
 
El título original de este libro es Aprendiendo a morir en el Antropoceno (Learning to Die in the Anthropocene); a morir. Es importante señalarlo ya que es de eso de lo que va este libro: de asumir nuestra condición mortal, abandonar los sueños de omnipotencia, aprender a morir. De ello puede depender nuestra supervivencia en el Antropoceno, según Roy Scranton. ¿La supervivencia de cuántas, de quiénes, en qué condiciones? Tras finalizar la lectura del libro, repleto de interpelaciones y sugerencias, no me queda claro.

Scranton sirvió como soldado en Irak durante la operación Shock and Awe, "conmoción y pavor", el bombardeo masivo que entre el 20 y el 24 de marzo de 2003 arrasó Bagdad, precipitando el final de Sadam Husein. "Con su táctica de 'conmoción y pavor' -escribe Scruton al inicio del libro- el ejército estadounidense había desatado el fin del mundo en una ciudad de seis millones de habitantes [...]. Las infraestructuras de Bagdad habían quedado arrasadas: el agua, la electricidad, el tráfico, los mercados y la seguridad eran presa del caos y del poder local. El Gobierno se había venido abajo, se erigían muros, se trazaban fronteras tribales y se recurría a la violencia para instaurar unas jerarquías despiadadas. A lo largo del siguiente año, desaparecería la clase media laica de la ciudad, ante la presión de pistoleros, especuladores, fundamentalistas y soldados". Dos años y medio más tarde, a su regreso a Estados Unidos desde ese "mundo averiado" al que había sobrevivido, su unidad se enfrentó a otra situación de conmoción y pavor, esta vez provocada por el azote del huracán Katrina sobre Nueva Orleans: 
 
"Ante mis ojos tenía la misma vorágine  y derrumbe que ya había visto en Bagdad, la misma falta de planificación y la misma oleada de caos. [...] Nuestra unidad recibió órdenes de estar lista para pasar a la acción y se nos entrenó en operaciones de control de disturbios. El desalentador futuro que había visto en Bagdad estaba ahora entre nosotros: no eran el terrorismo ni las armas de destrucción masiva, sino la maquinaria de la civilización, que se venía abajo, incapaz de recuperarse después de la conmoción sufrida por su sistema".
 
Abraham H. Maslow advirtió en su libro de 1966 The Psychology of Science (New York: Harper & Row) de la existencia de un sesgo cognitivo que, desde entonces, se conoce como "el martillo de Maslow" o "ley del martillo dorado", para advertir sobre la tendencia a dar por supuesto que la única herramienta de la que disponemos o creemos disponer (la única teoria sobre el comportamiento humano, la única medida de política social, la única estrategia de acción colectiva...), aquella con la que estamos más familiarizadas o nos sentmos más seguras, es la única herramienta que necesitamos porque es la única que nos permite solucionar los problemas a los que nos enfrentamo: “Supongo que es tentador, si la única herramienta que tienes es un martillo, tratar todo como si fuera un clavo" ("I suppose it is tempting, if the only tool you have is a hammer, to treat everything as if it were a nail"). La expresión psicosociológica del "one best way" taylorista.
 
El martillo de Scruton es su experiencia como soldado y las lecciones que ha sacado de esa experiencia; lecciones como esta: si para sobrevivir en la guerra tuvo que asumir la inevitabilidad de su propia muerte, para sobrevir en el Antropoceno la humanidad deberá asumir que "esta civilización ya está muerta". El mundo es, para él, un escenario hobbesiano de muerte, violencia y miedo, en el que "la experiencia de ser humano se reduce a un borde afilado". En consecuencia, su diagnóstico es terriblemente duro: "Cada vez que consultamos el correo electrónico estamos calentando el planeta. Lo hacemos a diario, No podemos parar. No sabemos parar. No queremos parar". Debemos recibirlo como una bofetada, sin endulzarlo: estamos en situación de catástrofe climática (hablar de "pre" es irresponsable), lo confirma el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Pero, con la herramienta de Scruton, no sé cómo pasar del diagnóstico a la acción colectiva (masiva) transformadora; no acabo de ver la conexión entre su diagnóstico y sus propuestas: interrumpir las "cadenas semánticas estresantes de excitacòn social" practicando la contemplación y el pensamiento crítico. No porque ambas practicas no sean esenciales sino porque no creo que sean suficientes.
 
¿Y si la herramienta fuera otra, si no fuera un martillo? Mientras leía este libro pensaba en lo interesante que sería poner a conversar a Straton con la Rebecca Solnit de Un paraíso en el infierno. Las extraordinarias comunidades que surgen en el desatre (Capitán Swing, 2020; traducción de David Muñoz Mateos). Tal vez incorporaría a la conversación al Sebatian Junger de Tribu. Sobre vuelta a casa y pertenencia (Capitán Swing, 2016; traducción de María Eugenia Frutos), quien analiza lo que ocurre en situaciones de combate o de catástrofe natural desde el planteamiento de que tales situaciones tienen el potencial de retrotraernos a un momento "tribal", en el que el compromiso colectivo y la identificación de un bien común se vuelven imprescindibles para la supervivencia. Pero me dejaría decir mucho por Rebecca Solnit, no menos crítica que Scruton en su diagnóstico del tiempo que vivimos, pero mucho más esperanzada. Donde Scruton solo ve violencia, desesperación y salvajismo, Solnit ve (también y sobre todo) cooperación, ayuda, altruismo. A ambas les preocupa el cambio climático pero, tal vez porque Scruton piensa desde la "espada" (esta es su auténtica herramienta), se muestra incapaz de atender a la presencia del "cáliz", del poder de la vida personal y colectiva como pulsión para la transformación social.

En fín, que sí, que debemos aprender a vivir en el Antropoceno.