jueves, 6 de mayo de 2021

«El empleo de hoy se parece más a Uber que a los Altos Hornos»

«El empleo de hoy se parece más a Uber que a los Altos Hornos»

El experto en movimientos sociales analizará la precariedad del mercado laboral esta tarde en el Aula San Pablo de la Diócesis

 

Zubero considera que, aunque hay propuestas para terminar con la precariedad sobre la mesa, no hay voluntad de llevarlas a cabo. / PEDRO URRESTI
 
JUDITH ROMERO

El doctor en Sociología y profesor titular de la UPV/EHU Imanol Zubero (Alonsotegi, 1961) es experto en movimientos sociales, sindicalismo, voluntariado, violencia y política. Exsenador socialista en Bizkaia y promotor de Gesto por la Paz, este miércoles a las 19.00 reflexionará sobre el ámbito laboral en la charla 'Precariedad y propuestas de futuro', organizada por la Hermandad Obrera de Acción Católica de Vitoria. El encuentro tendrá lugar en el Aula San Pablo de la Diócesis y también podrá seguirse online previa inscripción.

–¿Ha acentuado la pandemia la precariedad del empleo?

–Sí, pero la reflexión debe ser a largo plazo. También nos preocupamos mucho con la gran recesión de 2008, pero el empleo como mecanismo de integración viene debilitándose desde los 80. Se pasó de su concepción como una actividad estable a algo precario y flexible. Cuando a un cuerpo frágil lo golpea una gripe, el impacto sobre su salud es aún mayor.

–¿Qué provocó ese cambio?

–La reducción de costes creció con modelos como el toyotismo o el 'just in time'. Los almacenes llenos de stock dejaron de existir, pero el coste humano seguía siendo más difícil de modificar. Se empezó a gestionar el trabajo humano como los tornillos. La gran huelga general del 88 de los sindicatos contra Felipe González se produjo por un plan de empleo juvenil que buscaba flexibilizar sus condiciones de contratación, algo inaceptable en ese momento. A partir de ahí se ha ido a modelos más flexibles y se ha debilitado la capacidad de defensa y resistencia de sindicatos y trabajadores.

–¿Se ha acostumbrado la sociedad a estas nuevas condiciones?

–Absolutamente, hemos normalizado la precariedad. Cuando preguntas a un joven sobre su futuro laboral lo ve incierto. Antes hacías algo que te gustaba por vocación y eso configuraba una carrera profesional. Si te mantenías en el tiempo mejorabas tu estatus laboral. Pero hoy las carreras son fragmentarias, la gente estudia asumiendo que tal vez tenga que trabajar en otra cosa. La gente nacida a partir de los 90 ha tenido que asumir una vivencia laboral flexible y precaria.

–¿Qué consecuencias tendrá su situación laboral en el futuro?

–El modelo laboral tradicional tenía sus elementos oscuros. Era masculino, patriarcal, lesivo para el medio ambiente, hacía que las mujeres se retiraran del empleo... pero permitía mantener a toda la casa con un único sueldo industrial. No era la panacea pero los tiempos de ocio y trabajo estaban pautados y se podían configurar familias, consumos e ideologías. El trabajo era un perchero estable del que colgar lo demás, pero hoy no se puede colgar nada en él. El trabajo precario precariza la vida y cada vez existe una menor afección a quienes gestionan lo público. Se considera que no pueden garantizar los derechos básicos de la gente. Los empleos estables, que la gente tenga una vida que vivir con cierta tranquilidad, son vacunas contra el extremismo, pero estamos viviendo un retroceso a épocas que ya estaban superadas.

– Un gran porcentaje del salario se destina a la vivienda. ¿Es el momento de regular el alquiler?

–Entre los 50 y los 80, en los años gloriosos, el salario garantizaba la vivienda, los estudios y la salud. Hoy los sueldos son más escasos y muchas personas trabajan como autónomos cobrando por proyectos. Si el salario directo no es suficiente para el acceso a la vivienda habrá que recuperar prestaciones sociales y políticas públicas que lo permitan. Sin ingresos estables tampoco hay derechos de jubilación.¿Qué va a ser del futuro cuando las pensiones sean tan malas? En Euskadi ya lo estamos viendo con la RGI. Es escandaloso que tanta gente la cobre como complemento a la jubilación y que el 20%de quienes la perciben esté trabajando pero se encuentre por debajo del umbral de la pobreza.

–¿Pasa la solución por incrementar los impuestos a las empresas?

–El economista Thomas Piketty lo explica bien. Donde mejor funcionó la economía entre los 50 y 80 fue donde los impuestos eran altísimos y las empresas estaban localizadas, como en Estados Unidos.Lejos de un hándicap al emprendimiento supuso construir políticas públicas potentes. Pero la revolución neoliberal de los 80 nos ha cambiado el marco.

–¿Cómo desprecarizar el trabajo entonces?

–Hay que legislar a favor del empleo y apretar las tuercas al capital especulativo que desequilibra las cifras, como los fondos de inversión o tecnológicas como Amazon o Google. ¿Por qué no se nos ocurrió utilizar los ERTE en crisis anteriores? También están las medidas de reparto del trabajo, como la propuesta de Más País para semanas laborales de cuatro días, o medidas como la Renta Básica Universal. Hay cantidad de propuestas sobre la mesa pero falta voluntad y, al final, el empleo de hoy es precario y se parece más a Uber que a Altos Hornos.

miércoles, 28 de abril de 2021

La sociedad decadente

Ross Douthat
La sociedad decadente
Traducción de Beatriz Ruiz Jara
Ariel, 2020
 
"Más bien nos estamos haciendo mayores, estamos cómodos y encallados, hemos desconectado del pasado y perdido el optimismo por el futuro, hemos desdeñado la memoria y la ambición mientras esperamos a que alguna innovación o revelación venga a salvarnos, encerrándonos en capullos de los que no es probable que emerja ninguna crisalida, envejeciendo juntos e infelices ante la luz resplandeciente de una pantalla diminuta".


Se trata, ciertamente, de una imagen decadente. Pero como toda imagen o todo concepto con el que se quiere describir unidimensionalmente una sociedad compleja, se trata de una simplificación. No hay sociedad que sea solo decadente, o líquida, o posmoderna.

Douthat describe una sociedad tecnológicamente estancada, economicamente desacelerada, politicamente esclerotizada, culturalmente mediocre, envejecida, que ha renunciado a reproducirse, configurando lo que Megan McArdle llama una Ciudad Crepúsculo (Twilight City), que Douthat caracteriza así:

"[E]s un lugar en el que la gente es más mayor y por lo tanto está emocionalmente muy asentada en sus costumbres, y teme al cambio. De forma que resulta muy fácil imaginar que las políticas orientadas a combatir las decrecientes tasas de natalidad acaben por respaldar una especie de autoritarismo blando, con un estado que hace más para proteger al ciudadano a lo largo del ciclo vital y en la tercera edad, con una economía mucho más regulada, así como una afirmación mucho más vigorosa de la identidad nacional que venga a sustituir a unas identidades familiares atenuadas".

El politólogo de la Universidad de Columbia Mark Lilla ha reseñado el libro de Douthat, y a su rueda me coloco. Pero sí quiero destacar, de entre los potenciales desarrollos o evoluciones de esta sociedad de la decadencia, la posibilidad de hacer de la necesidad virtud, de manera que aprendamos a administrar juiciosamente la estabilidad:

"[E]l estancamiento intelectual y religioso e ideológico significa menos fanatismo y menos disparates utópicos; el descenso demográfico está desactivando la bomba poblacional, y el estancamiento económico podría ser la única fuerza capaz de limitar las emisiones de carbono y mantener el cambio climático bajo control. La tarea crucial de la humanidad del siglo XXI, bajo este punto de vista, sería sacarle el mayor provecho al estancamiento próspero: aprender a moderar nuestras expectativas y a vivir dentro de unos límites; asegurarnos de que los recursos existentes se distribuyan de manera más justa; [...] y hacer todo lo posible para ayudar a los países más pobres en su fructífera transición hacia nuestra posición actual".

¿Decadencia o barbarie?

viernes, 23 de abril de 2021

Tres policíacas

Aprovechando el Día del Libro me hago trampa al solitario y aprovecho para recomendar tres libros a la vez. Me faltan horas y las que consigo rescatar las dedico a leer, con lo que la pila de volúmenes para comentar crece y crece. Allá voy.

*-*-*-*-*

Andrea Camilleri
Km 123
Traducción de Juan Carlos Gentile Vitale
Destino, 2020

"-Volvamos a las hipótesis. Las tuyas y las mías. ¿Estás de acuerdo?
-Sí.
-Respóndeme bien, Bongioà.
-Sí, señor.
-¿Ves que cuando quieres eres bueno? Continuemos. Ahora te hago una pregunta a la que debes responder con una palabra. ¿Quién es el jefe aquí dentro, tú o yo?
-Usted.
-Entonces mis hipótesis valen más que las tuyas. Y no hay nada más que añadir. ¿Está claro, Bongioà?
-Está claro".


No estamos en Vigàta, sino en Roma, y no aparece el comisario Montalbano. Pero en esta novela nos reencontramos con el Camilleri de siempre, artesano de tramas inteligentes, creador de personajes creíbles, maestro del diálogo chispeante.

Un accidente de tráfico aparentemente provocado es el desencadenante de una enrevesada historia de engaños, traiciones, ocultamientos, y de un inspector de policía empeñado en investigar los hechos contra viento y marea. 

Escrita a la manera de un guión teatral, diálogos encadenados salpimentados de mensajes telefónicos, informes policiales y noticias de prensa. No hay descripciones de ambientes o paisajes, pero no se echan en falta.

El libro se completa con una conferencia de Camilleri, pronunciada en 2003, en la que hace una bien fundada defensa del giallo, el género policíaco tipicamente italiano.

*-*-*-*-*

Ian McGuire
El abstemio
Traducción de Íñigo F. Lomana
Seix Barral, 2021
 
"Atesora los recuerdos más funestos, aliméntalos y deja que vayan creciendo: ésa fue la regla a la que su padre se atuvo toda la vida y a la que quería que también  se atuvieran sus vástagos. O'Connor ha trabajado toda la vida para olvidar el pasado, para dejar atrás esos años, pero empieza a pensar que sus esfuerzos han sido en vano, que el fantasma de Paul O´Connor, exasperante e implacable, lleva desde entonces oculto en su interior, controlando sigilosamente su existencia".


Manchester, 1867. La clandestina Hermandad Republicana Irlandesa, brazo armado del movimiento nacionalista irlandés en lucha contra el dominio británico, recurre a un compatriota emigrado a los Estados Unidos durante las hambrunas de 1840, combatiente en algunas de las más sangrientas batallas de la guerra de Secesión, para provocar una cadena de atentados en Gran Bretaña. A su persecución se consagrará el jefe de policía James O'Connor, también irlandés, que ha abandonado Dublín para rehacer su vida tras una tragedia familiar que lo hundió en el alcoholismo.
 
Una historia tan oscura e intrincada como la ciudad en la que se desarrolla, con un final absolutamente inesperado.
 
*-*-*-*-*
 
William McIlvanney
Los papeles de Tony Veitch
Traducción de Antonio Padilla Esteban
Salamandra, 2021
 
"Desde lo alto de Ruchill Park, contempló la ciudad a sus pies. La estaba abarcando con la mirada y seguía llenándolo de asombro. ¿Qué clase de lugar es ése?, se preguntó.
Una ciudad pequeña y grande a la vez, se respondió. Una ciudad que no rehuía la pelea, que plantaba cara al viento y apretaba los dientes. Pero ¿por qué era una ciudad tan dura? Pues a veces no podía ser más dura. Quizá tenía que ver con el famoso viento, que nunca había dejado de soplar con fuerza. Ni cuando Glasgow era la segunda ciudad del Imperio británico. La prosperidad no había llegado a ablandarla, porque la riqueza material de unos pocos había supuesto la pobreza de muchos. Esos muchos habían sobrevivido -a duras penas, con frecuencia-, y su carácter hoy era el carácter de ese lugar".
 
 
Y de una ciudad oscura y dura (Manchester) a otra ciudad dura y oscura (Glasgow). Un vagabundo que agoniza en un hospital reclama la presencia del inspector Jack Laidlaw, a quien le confiesa que ha sido envenenado. Laidlaw asumirá la investigación de su muerte como un acto de restitución: "Sabes muy bien qué vida le tocó en suerte. Si tuvo un santo patrón, fue Torquemada. Por eso, lo mínimo que se merece es que  hagamos lo posible por saber algo más sobre su muerte".

En el transcurso de la investigación Laidlaw se cruzará con hampones, chulos y universitarios politizados e idealistas. Uno de estos, Tony Veitch, se convertirá en el eje de una historia que mantiene el interés hasta el final.

domingo, 18 de abril de 2021

La tradición

Jericho Brown
La tradición
Traducción de Andrea Cote y Nieves García Prados
Valparaíso Ediciones, 2020 

"Quise lo que cualquiera
con un oído quiere-
Ser conmovido y
tocado por una presencia
sin mano alguna".

I wanted what anyone
With an ear wants-
To be touched and
Touched by a presence
That has no hands.
 
 
El poeta Jericho Brown ganó con este libro el Premio Pulitzer el pasado año 2020. Negro, gay y afectado por el virus de la inmunodeficiencia humana (HIV), Brown escribe desde el dolor, la rabia y el compromiso socio político.

En sus poemas están presentes la violación ("Mi cuerpo es un templo abandonado. / Lo contrario de violar es comprender"), la esclavitud, el sida, la alienación de ser negro en Estados Unidos ("Soy la palabra ellos en la mayor parte de América"), el sexo homosexual, la violencia policial ("Te prometo que si escuchas / que he muerto cerca / de un policía, ese policía me asesinó"), los tiroteos masivos. Escribo sobre los rincones más oscuros del sueño americano.

"Estoy harto de tu tristeza, / Jericho Brown, de tu negritud, / de tus libros", escribe en el poema Oscuro. Pero, a pesar de todo, Brown se conmueve y nos conmueve al reivindicar "el vocabulario negro [que] proclama la creencia / hecha en casa: ¡Para cualquier tipo de caos, existe una / liberación!", vinculándose a la tradición espiritual que durante siglos ha servido a la comunidad afroamericana para mantenerse firme frente a la explotación, la persecución y la exclusión, tradición que ejemplifica con la emoción que siente al escuchar a Tramaine Hawkins cantar The Potter´s House.

Un libro duro, pero hermoso.

Ganekogorta, Arrabatxo, Pagero y Gallarraga

Una ruta que me encanta y que repito a menudo, como puede verse aquí o aquí.
 
 Gongeda, mientras subo hacia Ganeko.
 
 Por aquí las hayas no se creen todavía que estemos en primavera.

Era temprano cuando he llegado a la cumbre del Ganeko.
Arrabatxo. Desde aquí, hasta Gallarraga

Mirada hacia el Ganekogorta, desde Arrabatxo.

Llegando a Pagero.
 
Arrabatxo (derecha) y Ganekogorta (izquierda) desde Pagero.
Descenso hasta el collado de Pagero, para desde alli subir al Gallarraga.
Collado de Pagero.


 
La característica trepada que da acceso a la cresta del Gallarraga.
Gallarraga.
Para regresar toca remontar las pendientes del Pagero, pero antes de llegar a la cima me desvío por un sendero que la bordea por la izquierda.
Último vistazo al Gallarraga.

viernes, 16 de abril de 2021

White Trash: Los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses

Nancy Isenberg
White Trash: Los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses
Traducción de Tomás Fernández Aúz
Capitán Swing, 2020 

"Una y otra vez, la presencia de la escoria blanca nos recuerda una de las más incómodas verdades nacionales de Estados Unidos: que sigue habiendo pobres entre nosotros. La zozobra que induce a penalizar a las personas blancas sumidas en la pobreza revela la existencia de una molesta tensión entre las promesas de país que se inculcan a los estadounidenses -es decir, el sueño de la movilidad social ascendente- y la mucho menos atractiva realidad de que las barreras de clase determinen casi invariablemente que ese sueño resulte inalcanzable".


Aunque el acceso de Donald Trump a la Casa Blanca puso el tema de moda (no siendo cierta, se extendió la idea de que quien lo había aupado a la presidencia había sido el voto de la clase trabajadora blanca empobrecida), lo cierto es que la figura del trabajador-blanco-empobrecido es desde hace décadas un icono estadounidense, a la altura del cow-boy o del marine. Personaje literario de primer orden (pensemos en las novelas de John Steinbeck o Erskine Caldwell), es también un objeto de investigación social que ha generado innumerables reportajes periodísticos, así como miles de libros y artículos académicos, muy pocios traducidos al castellano. Entre los libros traducidos, yo destacaría Crónicas de la América profunda, de Joe Bageant (Los libros del lince, 2008; traducción de Pablo Manzano Migliozzi), Hillbilly, una elegía rural, de J.D. Vance (Ediciones Deusto, 2017; trad. de Ramón González Ferriz), Manifiesto Redneck, de Jim Goad (Dirty Works, 2017; trad. de Javier Lucini), Hombres (blancos) cabreados, de  Michael Kimmel (Barlin Libros, 2019; trad. de Daniel Esteban Sanzol) y, sobre todo, Extraños en su propia tierra, de Arlie H. Hochschild (Capitán Swing, 2018; trad. de Amelia Pérez de Villar).

Ahora tenemos la ocasión de leer también este libro de Nancy Isenberg, una auténtica enciclopedia sobre la historia de las y los trabajadores pobres en Estados Unidos, desde la época colobial británica, pasando por el momento fundacional de la nueva nación americana en el siglo XVII, hasta nuestros días:

"Bienvenidos por tanto a la Norteamérica real. La fecha de 1776 es un falso punto de partida para cualquier análisis de las condiciones que reinaban en el continente. La independencia no borró por arte de magia el sistema de clases británico, y tampoco erradicó las arraigadas creencias sobre la pobreza y la deliberada explotación de la fuerza de trabajo humana. La población desfavorecida, a la que prácticamente todo el mundo consideraba un despojo o una simple 'basura', continuaría siendo material desechable hasta bien entrados los tiempos modernos".

Nancy Isenberg construye así la genealogía de las personas y familias blancas pobres, objeto de desprecio y carne de explotación a lo largo de cuatro siglos, estigmatizadas con el apelativo de white trash, escoria o basura blanca. En los siglos XVII y XVIII se veían obligados a trabajar como esclavos en las colonias americanas (recordemos la película de 1947 Los inconquistables, de Cecil B. DeMille, con Gary Cooper y Paulette Goddard como protagonistas), en los años veinte del siglo XX eran los okies narrados por Steinbeck y retratados por Walker Evans, en los setenta fueron los degenerados habitantes de los Apalaches en la película Deliverance, hoy son las y los nómadas que al volante de sus caravanas recorren Estados Unidos a la búsqueda de un empleo precario, tal como denuncia Jessica Bruder en País nómada (Capitán Swing, 2020; trad. de Mireia Bofill Abelló).

Descartados como anomalías genéticas o morales, la escoria blanca es, en realidad, una clase social que constituye una enmienda a la totalidad al mito meritocrático fundamento del sueño americano, el producto de una estructura social radicalmente injusta. Esto es lo que desvela el importante libro de Nancy Isenberg.