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Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
jueves, 1 de julio de 2021
Libros recomendados en junio
miércoles, 30 de junio de 2021
Recuerdos de mi inexistencia
sábado, 26 de junio de 2021
No abandonar
El domingo 9 de mayo el periódico El Correo publicaba una larga e interesante entrevista con Joaquín Díaz, zamorano del 47, experto en cultura tradicional y folklore y creador del Centro Etnográfico de Urueña, que hoy lleva su nombre. En esta entrevista, Joaquín Díaz reflexionaba sobre el concepto de “España vacía”, y señalaba lo siguiente:
“Me parece algo excesivo. Y tampoco esa España está vacía del todo. Hay más gente de la que creemos que está convencida de que es posible una vida más humana y cercana a un ideal. Otra cosa es que quienes primero se han ido de los pueblos son las autoridades. Ya sabe: esos lugares donde no hay cura y ni siquiera el alcalde vive allí. Y así no se defiende la vida en común. Así que cuando eso pasa cómo no van a marcharse los vecinos a continuación”.
Excesivo o no, lo cierto es que el concepto de la España vacía ha servido para poner nombre a una realidad que ha pasado desapercibida durante décadas: el drama de la despoblación de las zonas rurales, un proceso que, según la oficina de estadística de la Unión Europea (Eurostat) puede llevar a que la España rural pierda en el año 2050 un 18% de su población actual.
Desde el año 2000, el 63% de los más de 8.000 municipios que hay en España ha perdido habitantes. Y esto ha ocurrido a pesar de que la población total del país ha crecido en cerca de 6,2 millones de personas. Este declive demográfico ha sido especialmente severo en comunidades como Asturias, Castilla y León y Extremadura, donde más del 80 por ciento de sus municipios ha perdido población en los últimos veinte años.
Cuando las instituciones (las políticas, las educativas, las sanitarias, las religiosas…) abandonan los pueblos es como si quitáramos el tapón de desagüe de una bañera: tras ellas se van los servicios, los empleos, los derechos y la gente. Para volver a llenar la España vaciada hay que empezar por tapar de nuevo el desagüe institucional: acercar los servicios esenciales a la población que aún se mantiene en los pueblos, para evitar que se vean forzadas a abandonarlos. Taponar la herida, detener la sangría. Reconocer que, como ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho, no pueden verse privadas de sanidad, educación, seguridad o comunicación por vivir en zonas rurales. Los derechos fundamentales no dependen del territorio.
Y una vez detenida la sangría, podríamos empezar a pensar en revertir el proceso de vaciado para devolver a los pueblos toda la vida que han ido perdiendo. Porque, como dice sabiamente Joaquín Díaz, “hay más gente de la que creemos que está convencida de que es posible una vida más humana y cercana a un ideal”. Y que esa vida buena puede realizarse en un pueblo. La cuestión es no abandonarlos.
lunes, 21 de junio de 2021
Lejos del bosque
domingo, 13 de junio de 2021
Utilidad pública, pero ¿para qué y para quién?
El criterio de utilidad pública, uno de los tres que la legislación contempla como fundamento para conceder un indulto, es el que esgrime el Gobierno de Sánchez para justificar su decisión de aplicar esa medida de gracia a las y los condenados por el procés. El objetivo sería recomponer la convivencia en Catalunya y la confianza entre la Generalitat y el Gobierno de España, reconduciéndose el conflicto soberanista a un escenario de diálogo bilateral y acuerdo con encaje constitucional.
No puedo estar más de acuerdo con esos objetivos. Pero confiar en la capacidad performativa del indulto, en su potencial apaciguador, es una apuesta política loable en el fondo y cuestionable en la forma. La lógica del indulto es reparadora o restitutiva, mira hacia el pasado; pero con su decisión de indultar a las nueve personas condenadas en 2019 el Gobierno parece proyectar sus efectos hacia el futuro: evitar otro 1-O, lo que no sé si encaja en la figura legal y el espíritu de esta medida de gracia.
El Gobierno ha asumido un evidente riesgo político que, seguro, espera compensar electoralmente. No veo cómo puede salirle bien, pero spin doctors tiene La Moncloa. También es verdad que el mero anuncio de los indultos ha desgarrado al independentismo, que ve botiflers por doquier, enzarzado en la discusión sobre el unilateralismo y la tutela de Junqueras sobre el Govern. En un escenario político de vuelo tan bajo como el español, no descarto que esta sea la “utilidad pública” a la que se aspire: dividir al procesismo y debilitar así su causa.
Con la utilidad pública ocurre como con la apelación al interés general, que debería funcionar como criterio orientador de las políticas públicas y límite de las decisiones de las y los responsables políticos: en un régimen partitocrático, lo general y lo público se ven colonizados por el cálculo y las urgencias electorales del Gobierno de turno (y de su oposición). En esas estamos.
Artículo publicado en El Correo, 13/06/2021
Fiesta del Goiko Mendi
Hoy se celebraba en el Humilladero la tradicional Fiesta de Finalistas del Grupo Alpino Goiko Mendi, mi grupo de montaña de toda la vida. Para aprovechar un poco la mañana he salido de casa a las 8:45, he subido por el barrio de Sasia, por el camino de lleva a Santa Agueda, desde allí al Arroletza, Sasiburu y Humilladero.



























