jueves, 1 de julio de 2021

Libros recomendados en junio

Muchos, muchísimos buenos libros y demasiado poco tiempo para poder reseñarlos. 
Se acumulan sin cesar, algunos más cada mes.
A ver si en julio es posible sacar algo más de tiempo para compartir lecturas. A ver...
Aquí, los pocos libros reseñados en junio.
 
 


miércoles, 30 de junio de 2021

Recuerdos de mi inexistencia

Rebecca Solnit
Recuerdos de mi inexistencia
Traducción de Antonia Martín
Lumen, 2021 
 
"Me convertí en una experta en evaporarme, deslizarme y escabullirme, en retroceder y zafarme de situaciones difíciles, en esquivar abrazos, besos y manos indeseados, en ocupar cada vez menos espacio en el autobús cuando un hombre se despatarraba e invadía mi asiento, en desligarme poco a poco en desaparecer de golpe: en el arte de la inexistencia, ya que la existencia era muy peligrosa"
 
 
Rebecca Solnit es una de las pensadoras más interesantes del momento. Gracias a Capitán Swing, que en los últimos años ha publicado algunos de sus libros más importantes, podemos aproximarnos a su obra. Una pensadora y escritora que es tan capaz de introducirnos en la majestuosa belleza natural de Yosemite (como hace en Savage Dreams o en Yosemite in Time, aún no traducidos al español) como en las muchas capas de significado que constituyen el Área de la Bahía de San Francisco en un atlas urbano repleto de historias y experiencias (en Infinite City, tampoco traducida); una activista capaz de descubrir "paraísos" de cooperación comunitaria en medio de desastres como terremotos o inundaciones; una pensadora sumamente crítica que reivindica la necesidad de "celebrar o, como mínimo, de reconocer hitos y victorias y seguir trabajando"
 
Publicado originalmente en 2020, Recuerdos de mi inexistencia es un libro extraordinario en el que la aguda develadora del mansplaining retrocede hasta 1981, cuando, a los diecinueve años, se instaló en un apartamento en un barrio marginal de San Francisco, en el que viviría durante los siguientes veinticinco años. Es el relato de su proceso de formación como escritora y de su progresiva toma de conciencia de su posición de mujer sometida a la invisibilización, el descrédito y la afonía por un atroz sistema patriarcal:

"Entonces parecía generalizado. Todavía lo parece. Podían hacerte un poco de daño –con insultos y amenazas que te recordaban que no estabas a salvo ni eras libre ni poseías ciertos derechos inalienables-, o más daño con una violación, o más con una violación acompañada de secuestro, tortura, cautiverio y mutilación, y más aún con el asesinato, y la posibilidad de la muerte planeaba siempre sobre las otras agresiones. Podían borrarte un poco para que hubiera menos de ti, para que tuvieras menos seguridad, menos libertad, o podían socavar tus derechos e invadir tu cuerpo para que fuera cada vez menos tuyo; podían suprimirte del todo, y ninguna de esas posibilidades parecía especialmente remota. Todas las cosas malas que les pasaban a las otras mujeres porque eran mujeres podían ocurrirte a ti por ser mujer. Aunque no te mataran, mataban algo de ti: tu sensación de libertad, de igualdad, de confianza en ti misma".  
 
Sus reflexiones sobre lo que significa para las mujeres (por el hecho de ser mujeres) vivir sin parar de "imaginar su asesinato" (no vayas ahí, no vistas así, aprende artes marciales, no te diviertas de esa manera, no viajes sola...) como medida de protección, sobre el miedo y el dolor de las mujeres que pavimenta la mitad de la tierra, sobre su cuerpo como territorio propio o como jurisdicción ajena son tan desgarradoras como imprescindibles.

Afortunadamente, los recuerdos de su inexistencia acaban por componer una existencia poderosa y libre de una pensadora y activista que nos cuenta la historia de "lo que significó para mí crecer en una sociedad en la que mucha gente prefería que personas como yo estuvieran muertas o calladas, y de qué forma conseguí una voz y cómo al final llegó el momento de utilizarla [...] para tratar de contar las historias que habían quedado sin contar"

Gracias por tu existencia, Rebecca Solnit.

sábado, 26 de junio de 2021

No abandonar

El domingo 9 de mayo el periódico El Correo publicaba una larga e interesante entrevista con Joaquín Díaz, zamorano del 47, experto en cultura tradicional y folklore y creador del Centro Etnográfico de Urueña, que hoy lleva su nombre. En esta entrevista, Joaquín Díaz reflexionaba sobre el concepto de “España vacía”, y señalaba lo siguiente:

“Me parece algo excesivo. Y tampoco esa España está vacía del todo. Hay más gente de la que creemos que está convencida de que es posible una vida más humana y cercana a un ideal. Otra cosa es que quienes primero se han ido de los pueblos son las autoridades. Ya sabe: esos lugares donde no hay cura y ni siquiera el alcalde vive allí. Y así no se defiende la vida en común. Así que cuando eso pasa cómo no van a marcharse los vecinos a continuación”.

Excesivo o no, lo cierto es que el concepto de la España vacía ha servido para poner nombre a una realidad que ha pasado desapercibida durante décadas: el drama de la despoblación de las zonas rurales, un proceso que, según la oficina de estadística de la Unión Europea (Eurostat) puede llevar a que la España rural pierda en el año 2050 un 18% de su población actual.

Desde el año 2000, el 63% de los más de 8.000 municipios que hay en España ha perdido habitantes. Y esto ha ocurrido a pesar de que la población total del país ha crecido en cerca de 6,2 millones de personas. Este declive demográfico ha sido especialmente severo en comunidades como Asturias, Castilla y León y Extremadura, donde más del 80 por ciento de sus municipios ha perdido población en los últimos veinte años.

Cuando las instituciones (las políticas, las educativas, las sanitarias, las religiosas…) abandonan los pueblos es como si quitáramos el tapón de desagüe de una bañera: tras ellas se van los servicios, los empleos, los derechos y la gente. Para volver a llenar la España vaciada hay que empezar por tapar de nuevo el desagüe institucional: acercar los servicios esenciales a la población que aún se mantiene en los pueblos, para evitar que se vean forzadas a abandonarlos. Taponar la herida, detener la sangría. Reconocer que, como ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho, no pueden verse privadas de sanidad, educación, seguridad o comunicación por vivir en zonas rurales. Los derechos fundamentales no dependen del territorio.

Y una vez detenida la sangría, podríamos empezar a pensar en revertir el proceso de vaciado para devolver a los pueblos toda la vida que han ido perdiendo. Porque, como dice sabiamente Joaquín Díaz, “hay más gente de la que creemos que está convencida de que es posible una vida más humana y cercana a un ideal”. Y que esa vida buena puede realizarse en un pueblo. La cuestión es no abandonarlos.

 

lunes, 21 de junio de 2021

Lejos del bosque

Chris Offutt
Lejos del bosque
Traducción de Javier Lucini
Sajalín editores, 2021 

"-Has estado fuera cinco años y, aun así,sigues hablando como un hillbilly.
-Mejor eso que un redneck.
-¿Qué tiene de malo ser un redneck? Sin uno trabaja la tierra, se quema con el sol. El cogote de mi padre fue rojo toda su vida".


Tercer libro de Offutt publicado por Sajalín, tras Kentucky seco y Noche cerrada. Literatura hillbilly de principio a fin, tanto en su temática (amores alcohólicos, vidas fracasadas, odios entre familias, torneos de boxeo femenino ...) como en su estilo. Ocho relatos cortos, ocho trallazos secos como latigazos. Ocho historias en las que cabe cualquier cosa menos la nostalgia, tal vez porque el destino de todos sus protagonistas sea retornar a una tierra de la que alguna vez huyeron o soñaron con huir.

"Era su tierra, su hierba y su casa. El sueño de todos los habitantes de Kentucky que habían ido a buscarse la vida a Detroit era volver a casa para quedarse. Y ahora que estaba de vuelta, se había dado cuenta de que la gente de casa solo quería que la dejaran en paz. Había más sentimiento comunitario en la fábrica Chrysler que en su montaña natal".

domingo, 13 de junio de 2021

Utilidad pública, pero ¿para qué y para quién?

El criterio de utilidad pública, uno de los tres que la legislación contempla como fundamento para conceder un indulto, es el que esgrime el Gobierno de Sánchez para justificar su decisión de aplicar esa medida de gracia a las y los condenados por el procés. El objetivo sería recomponer la convivencia en Catalunya y la confianza entre la Generalitat y el Gobierno de España, reconduciéndose el conflicto soberanista a un escenario de diálogo bilateral y acuerdo con encaje constitucional.

No puedo estar más de acuerdo con esos objetivos. Pero confiar en la capacidad performativa del indulto, en su potencial apaciguador, es una apuesta política loable en el fondo y cuestionable en la forma. La lógica del indulto es reparadora o restitutiva, mira hacia el pasado; pero con su decisión de indultar a las nueve personas condenadas en 2019 el Gobierno parece proyectar sus efectos hacia el futuro: evitar otro 1-O, lo que no sé si encaja en la figura legal y el espíritu de esta medida de gracia.

El Gobierno ha asumido un evidente riesgo político que, seguro, espera compensar electoralmente. No veo cómo puede salirle bien, pero spin doctors tiene La Moncloa. También es verdad que el mero anuncio de los indultos ha desgarrado al independentismo, que ve botiflers por doquier, enzarzado en la discusión sobre el unilateralismo y la tutela de Junqueras sobre el Govern. En un escenario político de vuelo tan bajo como el español, no descarto que esta sea la “utilidad pública” a la que se aspire: dividir al procesismo y debilitar así su causa.

Con la utilidad pública ocurre como con la apelación al interés general, que debería funcionar como criterio orientador de las políticas públicas y límite de las decisiones de las y los responsables políticos: en un régimen partitocrático, lo general y lo público se ven colonizados por el cálculo y las urgencias electorales del Gobierno de turno (y de su oposición). En esas estamos.

 

Artículo publicado en El Correo, 13/06/2021 




Fiesta del Goiko Mendi

Hoy se celebraba en el Humilladero la tradicional Fiesta de Finalistas del Grupo Alpino Goiko Mendi, mi grupo de montaña de toda la vida. Para aprovechar un poco la mañana he salido de casa a las 8:45, he subido por el barrio de Sasia, por el camino de lleva a Santa Agueda, desde allí al Arroletza, Sasiburu y Humilladero.

Es un día bonito. Nos juntamos un buen grupo, José Alberto Vicente (párroco de San Antonio en Etxebarri) celebra una breve eucaristía, recordamos a las socias y socios fallecidos desde la fundación del club y se procede a entregar un detalle a todas las personas que a lo largo del año anterior han completado alguno de los muchos concursos de montaña que convoca el club. 

Nuestra presidenta, Flor, nos ha recordado que este es su último periodo como responsable del club. Son muchos años de compromiso, igual que la mayoría de las personas que componen la actual junta directiva. No es fácil encontrar relevos para mantener activas estas asociaciones locales, modestas pero esenciales para construir capital relacional en barrios y pueblos.

A ver si conseguimos mantener la tradición.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Arroletza.
 
 
 
 
 Sasiburu.
 


Humilladero.


martes, 8 de junio de 2021

Tránsito

Anna Seghers 
Tránsito
Traducción e Carlos Fortea
RBA, 2005

"Conocía ya muchas caras en la corriente ininterrumpida de los empeñados en partir. La corriente se hinchaba día a día, hora a hora. Y no había redes policiales ni redadas, amenazantes campos de concentración ni duros decretos del prefecto de Bouches-du-Rhóne que pudieran evitar que la corriente de almas en pena mantuviera la supremacía sobre los vivientes que tenían aquí su asentamiento firme. Yo les tenía por almas en pena, que habían abandonado su verdadera vida en sus perdidos países, en los alambres de espino de Gurs y Vernet, en los campos de batalla españoles, en las cárceles fascistas y en las ciudades quemadas del norte. Podían hacerse los vivos, con sus audaces planes, con sus abigarrados adornos, con sus visados de países extraños, con sus sellos de tránsito. A mí nada podía engañarme sobre la índole de su travesía. Tan solo me asombraba que el prefecto y los caballeros y funcionarios de la ciudad siguieran haciendo como si la corriente de almas en pena fuera algo que se pudiera detener por medios humanos".


Marsella, 1940. En la cumbre de su poder, Hitler extiende su dominio sobre Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Miles de personas huyen de la Gestapo y se hacinan en la capital mediterránea buscando desesperadamente embarcar en un buque que los lleve a México. En España, el triunfo de Franco ha provocado un éxodo repúblicano ("ahora la cruz gamada también había caído sobre ellos") que se suma al causado por el nazismo. El protagonista y narrador de la historia, huído de un campo de concentración alemán en 1937, también ha recalado en Marsella, donde comparte y observa el angustioso transcurrir de tantas vidas amenazadas:

"En los últimos meses me había preguntado dónde iba a desembocar todo aquello, todo ese reguero, el aflujo de todos los campos de concentración, soldados dispersos, los mercenarios de todos los ejércitos, los profanadores de todas las razas, los desertores de todas las banderas. Así que allí afluía todo, a ese canal, la Cannebìère, y de aquel canal al mar, donde al fin volvía a haber espacio y paz para todos".

La novela describe una Marsella que recuerda a la Casablanca de Michael Curtiz, pero guionizada por Kafka. La búsqueda desesperada del preciado documento de tránsito ("un permiso para atravesar un país cuando está claro que no se quiere permanecer en él") sin el cual es imposible conseguir un visado para abandonar Francia:

"Ya en una ocasión había tenido un contrato, con el contrato un visado, con el visado el tránsito. Pero la concesión de la visa de sortie había tardado tanto que entretanto había caducado el tránsito, luego el visado, y después el contrato. La semana anterior le habían concedido la visa de sortie, y ahora esperaba día y noche la prórroga del contrato, que a su vez condicionaba la prórroga de su visado. Pero ésa era la condición previa para la concesión del nuevo tránsito. [...] ¿Qué finalidad tiene retener a personas que nada desean más que abandonar un país en el que se les encarcelará si se quedan?".

Anne Seghers firma un texto tan hermoso como desasosegante, un relato universal, profundamente humano. Un libro que merece la pena recuperar.