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sábado, 22 de agosto de 2026

Autobiografía

Arthur Koestler
Autobiografía: 1/ Flecha en el azul. 2/ El camino hacia Marx. 3/ Euforia y Utopía. 4/ El destierro. 5/ La escritura invisible
Traducción de J.R. Wilcock 
Emecé Editores / Alianza Editorial, 1973-1974

"Aquí termina el caso históricamente típico de un miembro de la clase media culta europea, nacido en los primeros años del siglo.
[...]
Para un escritor, para un artista, un político, un maestro, que tuviera un mínimo de integridad, era perfectamente normal el tener que escapar de la persecución de Hitler o la de Stalin, o las de ambos a la vez, el verse desterrado y conocer prisiones y campos de concentración. En modo alguno era signo de anormalidad, en ellos, en los años que siguieron a 1930, considerar el fascismo como la amenaza principal y verse atraídos, en distintos grados, por el gran experimento social que tenía del electorado de Francia e Italia, y con un porcentaje aún mucho más elevado entre los intelectuales, considera normal votar por el Partido Comunista. [...]
La conciencia de que estos primeros treinta y cinco años de mi vida eran un ejemplo típico de nuestro tiempo, y el anhelo del cronista de conservar ese ejemplo, fueron las razones principales que me determinaron a escribir estas memorias".


Hay autobiografías cuyo interés principal reside en la personalidad de quien las escribe y otras que acaban convirtiéndose en el retrato de una época. La de Arthur Koestler pertenece a ambas categorías. Su vida parece haber sido diseñada para atravesar algunos de los grandes entusiasmos, conflictos y catástrofes de la primera mitad del siglo XX. Nacido en Budapest en 1905, cuando todavía existía el Imperio austrohúngaro, vivió su desaparición después de la Primera Guerra Mundial; conoció la Viena convulsa de entreguerras; participó en la construcción del proyecto sionista en Palestina; contempló desde Berlín el hundimiento de la República de Weimar y el ascenso del nazismo; recorrió la Unión Soviética durante el estalinismo; participó en las redes antifascistas del Komintern; fue testigo y víctima de la Guerra Civil española; conoció desde dentro las consecuencias de las purgas estalinistas sobre el movimiento comunista europeo; padeció el internamiento en Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial y asistió al derrumbe francés de 1940. Pocas vidas permiten recorrer de manera tan directa la historia europea de la primera mitad del siglo.

Lo verdaderamente interesante es que Koestler no se limita a contar dónde estuvo o a quién conoció, sino que intenta comprender por qué creyó lo que creyó y cómo fue posible que determinadas ideas llegaran a apoderarse casi completamente de su conciencia, de una vida que siempre había sido "una fantástica persecución en pos de la flecha en el azul, de la causa perfecta, de la imagen de una utopía de ensueño". De ahí que sus memorias sean al mismo tiempo un relato de aventuras, un documento histórico y una especie de autopsia de las grandes pasiones ideológicas del siglo XX.

La autobiografía fue publicada originalmente en dos grandes volúmenes, Arrow in the Blue (1952), que llega hasta su ingreso en el Partido Comunista en 1931, y The Invisible Writing (1954), que continúa el relato hasta 1940. La edición castellana la distribuyó en cinco tomos: Flecha en el azul, El camino hacia Marx, Euforia y utopía, El destierro y La escritura invisible. Esa división resulta particularmente afortunada porque permite distinguir cinco momentos de una trayectoria que podría describirse como una sucesión de pertenencias, entusiasmos, experiencias y rupturas.

Flecha en el azul es, sobre todo, el libro de la formación. Koestler reconstruye su infancia en Budapest, la experiencia de la Primera Guerra Mundial y el hundimiento del universo austrohúngaro en el que había nacido, así como su juventud en la Viena de posguerra. El antisemitismo, la crisis de identidad de la población judía centroeuropea y el atractivo que ejerce sobre él el sionismo lo llevan  a abandonar sus estudios y marcharse a Palestina en 1926, donde entra en contacto directo con uno de los grandes movimientos políticos que transformarían el siglo XX. No contempla el sionismo desde fuera: trabaja, pasa hambre, vive durante un tiempo en un kibutz y se introduce en los ambientes políticos y periodísticos del Yishuv (literalmente "asentamiento" o "comunidad"), término utilizado para designar a la comunidad judía que vivía en Palestina durante el Mandato británico (1920-1948). Koestler descubre muy pronto la distancia que puede existir entre una causa contemplada desde lejos y su realidad concreta. Aparece ya aquí una característica que se repetirá durante toda su vida: es capaz de entregarse apasionadamente a una idea y, al mismo tiempo, conservar una mirada que acabará descubriendo sus contradicciones: "desilusionado por el estrecho chauvinismo y el limitado horizonte de los colonos sionistas [...] ya no creía que ese pequeño y amargo país constituyera una promesa mesiánica, un ejemplo en el que pudiera inspirarse la humanidad en general".

El camino hacia Marx acelera considerablemente el relato cuando Koestler se convierte en periodista profesional y empieza a transformarse en intelectual político. Oriente Próximo, París y sobre todo Berlín forman el escenario de una Europa que se precipita hacia la catástrofe. Trabajando para el poderoso grupo editorial Ullstein, Koestler conoce desde dentro el periodismo de masas de la República de Weimar y participa incluso como corresponsal en el espectacular vuelo polar del Graf Zeppelin de 1931. Pero bajo esa sucesión casi novelesca de episodios va creciendo algo más importante: la sensación de que el mundo liberal y capitalista está condenado. Koestler presencia la Gran Depresión, el desempleo masivo, la radicalización de la política alemana y el irresistible crecimiento del nazismo. El comunismo aparece como la única fuerza que parece disponer simultáneamente de una explicación de la crisis y de una organización capaz de combatir el fascismo y el 31 de diciembre de 1931 ingresa clandestinamente en el Partido Comunista alemán.

Euforia y utopía permite observar desde dentro la intensidad de aquella conversión. En 1932 Koestler viaja a la Unión Soviética para escribir sobre los logros del Primer Plan Quinquenal. Recorre Ucrania, el Cáucaso y Asia Central, llegando hasta Turkmenistán, en un momento en el que la colectivización forzosa, la industrialización acelerada y la represión estalinista están transformando violentamente la sociedad soviética. Lo que Koestler encuentra contradice repetidamente aquello que esperaba encontrar: escasez, hambre, burocracia, miedo y propaganda. Y, sin embargo, no abandona inmediatamente la "fe comunista", mostrando desde dentro los mecanismos mediante los cuales una ideología consigue neutralizar la evidencia que la contradice. El creyente no necesariamente niega lo que ve: puede reinterpretarlo como una dificultad transitoria, justificarlo como el precio inevitable de la transformación revolucionaria o subordinarlo a una verdad histórica superior. 
Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, París se convierte en uno de los grandes centros del exilio antifascista europeo. Allí aparece una figura fundamental en la vida de Koestler: Willi Münzenberg, el extraordinario organizador de la propaganda internacional del Komintern. Bajo su dirección participa en campañas antifascistas y entra en un mundo donde política, periodismo, espionaje, literatura y propaganda resultan difícilmente separables. A través de estas redes se cruza con figuras como Bertolt Brecht, el compositor Hanns Eisler o el escritor comunista Johannes R. Becher.

El destierro introduce un tono progresivamente más oscuro, a medida que la utopía empieza a resquebrajarse y Europa se precipita hacia la violencia. Las purgas de Stalin y los procesos de Moscú hacen cada vez más difícil conciliar la fidelidad al comunismo con la evidencia de la represión. La historia deja además de ser para Koestler algo que se contempla desde una redacción o una reunión política. En España llegará literalmente a jugarse la vida. La Guerra Civil española ocupa por ello un lugar excepcional en las memorias. Koestler entra inicialmente en la zona franquista utilizando sus credenciales periodísticas y consigue documentar la presencia de fuerzas alemanas e italianas en apoyo de los sublevados, precisamente cuando Berlín y Roma trataban de mantener formalmente la ficción de la no intervención. Regresa después a la España republicana y, en 1937, se encuentra en Málaga cuando las tropas franquistas e italianas toman la ciudad. Su relato permite contemplar desde dentro el desconcierto, la desorganización y la derrota republicana. Es detenido el 9 de febrero de 1937, pasa por la prisión de Málaga y es trasladado después a Sevilla, donde permanece durante tres meses bajo la amenaza de ser ejecutado. Koestler escucha desde su celda cómo otros prisioneros son sacados durante la noche y vive esperando que llegue su turno, de manera que la política deja de ser una abstracción sobre clases, Estados o procesos históricos para adquirir el rostro irreductible de cada ser humano enfrentado a la muerte.

También la España en guerra multiplica sus encuentros. Conoce al zoólogo británico Peter Chalmers-Mitchell, en cuya casa de Málaga será detenido; coincide con periodistas y corresponsales internacionales y llega a encontrarse con W. H. Auden en Valencia. Su experiencia española forma así parte de aquella extraordinaria concentración de intelectuales -Orwell, Simone Weil, Hemingway, Malraux, Bernanos- para quienes la guerra española se convirtió en el gran laboratorio político y moral de los años treinta, aunque cada cual la viviera desde posiciones muy diferentes.

La escritura invisible, último volumen de la edición castellana, es también el más reflexivo. El abandono definitivo del Partido Comunista se produce en 1938, en el contexto de las purgas, los procesos de Moscú y la creciente imposibilidad de justificar el estalinismo. Pero Koestler no pierde simplemente una afiliación política, pierde una fe secular, y comprender cómo alguien puede sacrificar su juicio moral a una supuesta necesidad histórica se convertirá desde entonces en una de sus grandes obsesiones y desembocará poco después en la que, para mí, es su mejor obra y un libro de lectura imprescindible: El cero y el infinito.

La historia, entretanto, vuelve a alcanzarlo. Tras el pacto germano-soviético de agosto de 1939 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Francia considera sospechosos a numerosos extranjeros y Koestler es internado en el campo de Le Vernet. Liberado posteriormente, vive el derrumbe francés de 1940 y la caída de París ante el ejército alemán. El antiguo refugiado del nazismo vuelve a convertirse en fugitivo. Durante su huida se cruza con otro exiliado excepcional, Walter Benjamin, que le proporciona una parte de las pastillas de morfina que llevaba consigo para suicidarse si caía en manos de la Gestapo. Benjamin utilizará las suyas en Portbou y morirá; Koestler llegará también a ingerir las suyas al creer cerrada su posibilidad de escapar, pero sobrevivirá.

Finalmente consigue llegar a Gran Bretaña, donde se abre otro mundo intelectual que las memorias apenas empiezan a anunciar: el de George Orwell, que se convertirá en amigo suyo, Cyril Connolly y numerosos escritores e intelectuales británicos y exiliados. Koestler había conocido además a Thomas Mann, y su trayectoria posterior multiplicaría todavía más estos encuentros. Esos nombres permiten comprender hasta qué punto Koestler estuvo situado en algunos de los principales nudos de la cultura política europea de su tiempo. De ahí que la autobiografía pueda leerse como una extraordinaria geografía del siglo XX. Budapest representa el mundo desaparecido de los imperios centroeuropeos; Viena, la crisis de la posguerra; Palestina, el nacimiento del proyecto sionista; Berlín, Weimar y el ascenso del nazismo; Moscú y Asia Central, la utopía soviética transformándose en estalinismo; París, el antifascismo y el exilio; Málaga y Sevilla, la Guerra Civil española; Le Vernet y la Francia de 1940, el hundimiento de Europa ante Hitler; Londres, finalmente, la resistencia y el lugar desde el que Koestler comenzará a reconstruir intelectualmente todo lo vivido.

Esta acumulación de experiencias explica que sus memorias puedan ser leídas como una reflexión encarnada sobre la relación entre experiencia, creencia y responsabilidad, sobre nuestra capacidad para no ver aquello que tenemos delante cuando verlo pondría en peligro el sistema de creencias que organiza nuestra vida. La pregunta que atraviesa El cero y el infinito  -cómo puede una persona inteligente y moralmente comprometida terminar sometiendo su conciencia individual a una supuesta necesidad histórica- es exactamente la pregunta que Koestler se formula sobre sí mismo en su autobiografía. Su crítica del totalitarismo no nace únicamente de una elaboración teórica sino que nace de haber experimentado sucesivamente la seducción de una doctrina, la disciplina de partido, la propaganda, la justificación de lo injustificable y, finalmente, el terror.

Koestler hace un esfuerzo considerable por reconocer sus errores políticos y reconstruir sin demasiada indulgencia las sucesivas cegueras de su juventud. Pero esa extraordinaria capacidad de introspección convive con un egocentrismo evidente y con comportamientos en sus relaciones con las mujeres que hoy resultan aborrecibles. La distancia entre la lucidez con la que analiza las relaciones de dominación política y su mucha menor capacidad para reconocer determinadas relaciones de poder en su propia vida constituye también parte de la experiencia de leerlo, aunque no la más satisfactoria. Él mismo recoge el que denomina "veredicto condenatorio (aunque correcto) de Orwell: «La falla de la coraza de Koestler es su hedonismo»". Tras lo que el autor reconoce sus contradicciones: "Las contradicciones entre sensibilidad y endurecimiento, egomanía y autosacrificio, que aparecen en cada capítulo de este libro, nunca convendrían a un personaje verosímil de una novela; pero como esto no es una novela, la figura del autor tiene que aparecer como realmente fue".

Leídos consecutivamente, los cinco volúmenes adquieren la forma de una larga educación en la desconfianza hacia las certezas absolutas. Flecha en el azul cuenta la búsqueda de una identidad; El camino hacia Marx, la búsqueda de una explicación total; Euforia y utopía, la experiencia de la fe ideológica; El destierro, su progresiva fractura en medio del fascismo y de la Guerra Civil española; y La escritura invisible, el aprendizaje que queda después del derrumbe, mientras Europa misma se derrumba alrededor de su autor. Por eso estas memorias resulten hoy tan fascinantes. Koestler no fue simplemente contemporáneo de la historia: tuvo la extraña fortuna, y la terrible desgracia, de encontrarse una y otra vez allí donde la historia estaba sucediendo. El resultado es el testimonio de una generación de intelectuales europeos que buscó desesperadamente una respuesta a la crisis de su mundo, creyó encontrarla en sistemas políticos que prometían explicarlo todo y tuvo que aprender que ninguna filosofía de la Historia justifica sacrificar a las personas concretas en nombre de quienes todavía no existen. En ese sentido, el verdadero protagonista de estas memorias no es tanto Koestler como un siglo XX atravesando la vida de alguien que, después de haber creído apasionadamente en algunas de sus grandes promesas, dedicó buena parte de su obra a comprender cómo había podido creer en ellas.

La Autobiografía se cierra con una anécdota que se eleva al nivel de categoría. Koestler cuenta que, viviendo ya en Londres, le enviaron un cartel del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) cuyo texto decía:

"1933. En aquellos años ardían hogueras en las ciudades de Alemania. Por orden de Goebbels se arrojaron a las llamas millones de libros.
1952. En estos días nuevas hogueras arden en las ciudades alemanas de la zona soviética; otra vez las llamas destruyen nueve millones de libros".

Bajo la primera frase aparecía una caricatura de Goebbles arrojando un libro a la hoguera mientras Hitler lo contempla. Bajo la segunda Wilhelm Pieck, presidente de la RDA, arroja otro libro al fuego mientras Stalin observa. Ambos libros llevan el nombre de "Köstler" -con esa grafía- en la cubierta. Ante lo cual, Koestler concluye: "que le quemen a uno sus obras dos veces en vida es, después de todo, una rara distinción". Una distinción, en todo caso, muy trabajada.

Fuente: https://library.fes.de/pdf-files/bibliothek/02875.pdf 


viernes, 7 de agosto de 2026

Hijos de Eva

John Connolly
Hijos de Eva
Traducción de María José Díez Pérez
Tusquets, 2026

"Las últimas arañas habían vuelto a sus telas; los insectos, a la penumbra, y la estatuilla de la Gran Diosa descansaba hecha pedazos en el suelo de la tienda de Antonio Elizalde. Elizalde también había dejado de existir. Su dolor había terminado, su espíritu había partido. Al final había sufrido, pero no tanto, pensó Seeley, como lo habría hecho si el cáncer y la profesión médica se hubieran cebado en él. Había menos sangre de la que Seeley había anticipado, aunque había decidido alejarse durante el clímax. Para entonces, Elizalde ya había contado todo lo que sabía. Lo que vino después fue puro castigo.
[,,,] 
Durante un momento, Seeley miró lo que quedaba de Elizalde y los fragmentos de la Gran Diosa, cuya posición subordinada en el panteón de deidades se veía confirmada ahora. Pensó en el dinero que le pagaban y concluyó que no era suficiente para compensar a un hombre por cambiar de manera tan drástica sus convicciones sobre la vida y el universo. por desgracia, era demasiado tarde para echarse atrás, a no ser que quisiera acabar como Antonio Elizalde. pese a todo, tuvo que admitir que sentía cierta curiosidad por lo que estaba por venir.
-Vámonos -dijo su acompañante en español.
Seeley no pudo evitar un escalofrío. Si el polvo hablara, habría sonado así. Confiaba en que la situación actual se resolviera con prontitud, lo que haría que el brazo ejecutor de su patrón regresara al lugar del que había venido. También confiaba en salir de aquello con vida, porque lo cierto es que no quería morir. Antes de aceptar ese trabajo, solo temía el dolor de la muerte; ahora le preocupaba lo que pudiera venir después, Contempló la posibilidad de que su patrón lo fuera solo de nombre y en realidad estuviese trabajando para otro, para esta otra persona.
Lo cual, pensó Seeley, sería una verdadera desgracia".

Recuerdo que cuándo en 2004 leí la primera novela de John Connolly, la insuperable Todo lo que muere, tuve la sensación de haber encontrado a un autor especial. Desde entonces he leído todas las aventuras de Charlie Parker y he ido reseñándolas en este blog. A estas alturas, regresar a una nueva entrega de la serie, nada más y nada menos que la número veintitrés, se parece menos a empezar una novela que a reencontrarse con viejos conocidos. Y, sin embargo, Connolly sigue consiguiendo algo que parecía improbable después de tanto tiempo: sorprender sin traicionarse a sí mismo.

Con el paso de los años también ha cambiado mi forma de leerlo. Al principio me fascinaba, sobre todo, la extraordinaria calidad de sus novelas negras: la construcción de las tramas, la atmósfera, la fuerza de los personajes, el equilibrio entre la violencia y el humor, la escritura siempre elegante. Pero, poco a poco, he ido comprendiendo que el verdadero centro de la obra de Connolly no está ahí., y que lo que convierte la serie de Charlie Parker en algo excepcional es su persistente reflexión sobre el mal. Cada novela es una nueva aproximación a una pregunta tan antigua como inagotable: qué hace posible la crueldad y cómo puede un ser humano seguir viviendo sin resignarse o someterse a ella.

Hijos de Eva vuelve a demostrar que Charlie Parker hace ya mucho tiempo que dejó de ser simplemente un detective privado. El caso que pone en marcha la novela -la desaparición de Wyatt Riggins, antiguo militar vinculado al secuestro de cuatro niños en México, y la investigación emprendida a petición de su pareja, la artista Zetta Nadeauq- conduce a Parker hasta un entramado donde convergen un cártel mexicano, el tráfico de antigüedades y una violencia que hunde sus raíces mucho más allá del crimen organizado.

Como ocurre en las mejores novelas de Connolly, la investigación es sólo la superficie del relato. Lo que realmente le interesa al autor es seguir explorando la persistencia del mal y las distintas formas en que éste se manifiesta en el mundo. Un mal que nunca aparece reducido a una patología individual ni a una simple herramienta para mantener la tensión narrativa, sino que adquiere una dimensión metafísica. En sus novelas, Connolly viene construyendo un universo donde lo criminal y lo sobrenatural se entrelazan sin estridencias, de manera que lo inquietante no es la irrupción de lo fantástico en las tramas, sino la convicción de que existen formas de oscuridad que la explicación racional resulta insuficiente para comprender.

Por eso Charlie Parker ha dejado de ser un detective al uso, y aunque siga siendo un hombre marcado para siempre por el asesinato de su mujer y de su hija, narrado en Todo lo que muere, hace mucho que su búsqueda dejó de responder únicamente a una necesidad de justicia personal. A lo largo de la serie Parker parece haberse convertido en una especie de guardián de las víctimas, alguien incapaz de aceptar que determinadas formas de maldad queden sin respuesta. Sabe que nunca conseguirá erradicar el mal del mundo, pero también sabe que renunciar a combatirlo supondría concederle la victoria. Hay algo profundamente conmovedor en esa obstinación.

Esa es una de las razones por las que sigo leyendo a Connolly después de tantos años. Ya no busco únicamente una buena historia criminal, lo que espero encontrar en cada nueva novela es esa mirada profundamente moral sobre la condición humana. Connolly no escribe desde el cinismo, tan frecuente en buena parte de la novela negra contemporánea; tampoco desde un optimismo ingenuo. Sus libros parten del reconocimiento de que la violencia, el abuso y la crueldad forman parte de nuestra historia. Pero, al mismo tiempo, afirman con igual convicción que existen personas capaces de enfrentarse a ese mal sin convertirse ellas mismas en su reflejo. La amistad, la lealtad, la compasión o el cuidado de los más vulnerables aparecen una y otra vez como formas discretas de resistencia. Pese a estilos y escenarios tan distintos, creo que en esto coincide con las historias de Louise Penny, que también sigo con mucho gusto.

También resulta admirable la fidelidad con la que Connolly mantiene vivos a Angel y Louis. Podrían haberse convertido hace tiempo en simples secundarios carismáticos, pero siguen siendo dos de los personajes más complejos y entrañables de toda la serie. Su mezcla de ironía, violencia, ternura y lealtad continúa proporcionando algunos de los mejores momentos de cada novela. Son, además, un recordatorio de que incluso quienes han vivido durante años en los márgenes de la ley pueden construir una ética basada en la protección mutua y en la defensa de quienes no pueden defenderse solos.

No creo que Hijos de Eva sea la novela más innovadora de la serie, pero es verdad que tampoco necesita serlo. Connolly lleva años haciendo algo mucho más difícil que reinventarse en cada entrega: profundizar en un mismo universo narrativo sin agotarlo, de modo que cada nueva historia añade una capa más a esa larga meditación sobre la culpa, la memoria, la pérdida y la responsabilidad.

Al cerrar el libro me asaltó una sensación extraña. Por un lado, la satisfacción de comprobar que Connolly mantiene intacta su capacidad para emocionar y mantener la tensión narrativa. Por otro, una cierta melancolía. El propio autor ha insinuado en varias ocasiones que el final de la serie comienza a vislumbrarse. Cuesta imaginar que algún día dejaremos de encontrarnos con Charlie Parker, pero seguramente toda gran obra literaria termina produciendo ese efecto: los personajes dejan de ser simples criaturas de ficción para convertirse en compañeras y compañeros de viaje.

Con el paso de los años he descubierto que no leo a John Connolly solo porque escriba una de las mejores novelas negras contemporáneas. Lo leo porque sus libros me obligan a seguir pensando en una cuestión que trasciende cualquier investigación policial: cómo vivir en un mundo donde el mal existe sin dejar que sea el mal quien tenga la última palabra. Y sospecho que esa es también la pregunta que, novela tras novela, continúa persiguiendo al propio Charlie Parker.

sábado, 28 de marzo de 2026

La tierra de las cosas perdidas

John Connolly
La tierra de las cosas perdidas
Ilustraciones de Riki Blanco
Traducción de Pilar Ramírez Tello
Tusquets, 2025

"Para su padre, el pasado y el presente discurrían juntos, casi siempre en líneas paralelas, pero se tocaban en lugares ancestrales, donde la tierra guardaba los recuerdos al igual que los cementerios guardaban los cadáveres, Esos recuerdos se incrustaban en la tierra y la roca, en el metal y la madera, e inoculaban su esencia en los materiales inanimados. Alrededor de esos lugares se reunían los mitos y las leyendas, y de ellos surgían relatos, libros, historias, de modo que el límite entre lo real y lo irreal se difuminaba cada vez más cuando cada narrador extraía varias capas de significado y añadía nuevas capas propias. Los hechos se volvían borrosos, imprecisos, y así se transformaba el mundo.
Porque, según le contaba su padre, cuando un libro o una historia se contaba por primera vez, la realidad en sí cambiaba. La historia se convertía en parte del mundo, y cualquier persona en la que arraigara, no volvía a ser la misma. Las historias eran una infección benigna, porque algunos libros podían cambiar a las personas a peor. Si vertías el veneno suficiente en un libro o retorcías la verdad lo suficiente en sus páginas, podías transformar una mente débil en una odiosa. Pero cuanto más lee una persona y más amplias son sus lecturas, más se fortalece su mente".


Con este libro el escritor irlandés John Connolly prolonga el eco de una obra anterior, El libro de las cosas perdidas,  pero con una voz más más sombría. No se trata tanto de una secuela como de una revisitación del territorio emocional y simbólico que Connolly ya había explorado con acierto, ese espacio donde los cuentos de hadas se vuelven inquietantes y la infancia deja de ser un refugio seguro.

La historia sigue a Ceres, una madre joven que, enfrentada a la tragedia de acompañar a su hija Phoebe, en coma profundo tras un atropello, se ve arrastrada a un mundo paralelo que parece construido con los restos deformados de los cuentos tradicionales. Este “país de las cosas perdidas” no es un lugar de consuelo, sino de confrontación: cada criatura, cada paisaje, parece reflejar una versión distorsionada de los miedos, traumas y deseos reprimidos. Connolly utiliza este escenario para construir una narrativa que oscila entre la fantasía oscura y el drama psicológico.

Como en toda la obra de Connolly, uno de los mayores logros del libro es su atmósfera. Hay una cualidad onírica en la forma en que se desarrolla la historia, pero siempre atravesada por una tensión latente, como si bajo cada escena hubiera algo más antiguo, más peligroso. En este sentido, Connolly dialoga con la tradición de los cuentos de hadas originales, alejados de sus versiones edulcoradas, donde la crueldad y la enseñanza moral van de la mano.

La novela explora con especial sensibilidad la pérdida y la transformación. No es un libro sobre “recuperar” lo perdido, sino sobre aprender a convivir con su ausencia. En ese sentido, la novela tiene una resonancia emocional notable, especialmente para lectoras adultas que pueden reconocer en Ceres una lucha más universal.

Aunque La tierra de las cosas perdidas se inscribe en la vertiente más fantástica de John Connolly, resulta especialmente interesante leerla a la luz de su obra más conocida: la serie protagonizada por el detective Charlie Parker. A primera vista, ambos universos parecen muy distintos, uno anclado en la fantasía oscura y otro en el thriller criminal, pero en realidad comparten un sustrato temático y tonal sorprendentemente coherente.

En las novelas de Charlie Parker, Connolly construye historias policiales que van mucho más allá del género, con una presencia constante de lo sobrenatural, lo inexplicable, lo que se filtra desde una dimensión moral o espiritual más profunda. Parker no es solo un detective; es un personaje marcado por la pérdida, por la violencia y por una búsqueda de sentido que rara vez encuentra respuestas claras. Esa misma huella emocional se percibe en La tierra de las cosas perdidas, donde el viaje de Ceres también está impulsado por el duelo y la necesidad de comprender lo aparentemente irreparable.

Connolly comparte en ambas líneas narrativas una fascinación por los límites entre el bien y el mal, enfrentándonos a una moralidad compleja, incómoda, lejos de cualquier simplificación. También hay un paralelismo claro en la atmósfera: tanto en los bosques oscuros y deformados de La tierra de las cosas perdidas como en los paisajes desolados y melancólicos de las novelas de Charlie Parker, Connolly demuestra una habilidad excepcional para crear entornos cargados de amenaza y belleza. Esa mezcla de lirismo y oscuridad es una de sus señas de identidad como autor.

Por todo ello, aunque este libro pueda parecer un desvío hacia la fantasía (incluso juvenil), realmente funciona como una extensión del universo emocional que Connolly lleva años explorando en la serie de Charlie Parker. Cambian los escenarios y las formas, pero persiste la misma mirada: una profundamente humana, consciente de la oscuridad, pero también de la necesidad, a veces desesperada, de encontrar significado dentro de ella.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Los mensajeros de la oscuridad

John Connolly
Los mensajeros de la oscuridad
Traducción de Vicente Campos González
Tusquets, 2025
 
"Tuve que resistirme al impulso de abrazarla, de decirle que me hacía una vaga idea de lo que estaba sufriendo. El dolor es como el cáncer: tiene un alcance casi universal, pero los casos son siempre concretos. No hay dos personas que lo vivan igual, así que decir que sabía cómo se sentía habría sido una mentira, por más que algún aspecto de aquello hubiera arraigado en mí, desencadenando una transformación tanto visible como invisible. Ese proceso no acababa, meramente fluía en ambos sentidos. Si su hijo había muerto, la pérdida la definiría a ella durante el resto de su vida, igual que mis pérdidas me definían a mí".
 
 
John Connolly ha convertido la oscuridad en su territorio, y con Los mensajeros de la oscuridad vuelve a recordarnos que pocas voces en la narrativa contemporánea saben caminar tan bien por el filo que une lo humano y lo sobrenatural. Aunque se trata de la entrega número veintidos de la serie de Charlie Parker, la novela respira con fuerza propia y puede leerse como un relato independiente.
 
La historia comienza con un eco de tragedia. Colleen Clark, una madre destrozada por la desaparición de su pequeño Henry, se convierte en el blanco de la sospecha. La comunidad la señala, los periódicos la exponen, la justicia la aprieta entre engranajes que parecen dispuestos a triturarla. Esa tensión inicial, la de una mujer arrojada a los lobos del prejuicio y la sospecha, basta para sumergirnos en la lectura sin vuelta atrás.
 
"No me considero un experto en cómo trata el sistema judicial a las mujeres que supuestamente han cometido un delito mientras sufrían una depresión, pero si guarda algún parecido con la forma en que trata a las mujeres en general, sobre todo a aquellas acusadas de un crimen violento, podía esperarse que a Colleen la arrastraran sobre brasas encendidas".

Es entonces cuando aparece Charlie Parker, no como un héroe impoluto, sino como un hombre marcado por la pérdida y la culpa, un investigador privado que se mueve entre las sombras con una mezcla de empatía y dureza. Junto a sus viejos aliados -los letales pero fieles Louis y Angel, los peculiares hermanos Fulci y el marrullero abogado Moxie Castin-, Parker inicia una búsqueda que no solo pretende descubrir qué ocurrió con el niño, sino también enfrentarse a las fuerzas, visibles e invisibles, que han tejido una espesa telaraña alrededor de la familia Clark.
 
Y es en esa búsqueda entra en juego un elemento que distingue la obra de Connolly: lo sobrenatural irrumpiendo en la vida cotidiana. Una médium, Sabine Drew, asegura escuchar los ecos del niño desaparecido; una casa cargada de secretos comienza a desplegar su siniestra memoria; y el terreno donde se desarrolla la investigación parece guardar cicatrices demasiado antiguas como para ser ignoradas. 
 
    "-¿Y está convencida de que se encuentra en Gretton?
     -O en las cercanías -respondió-. No puedo ser más concreta. Es como pegar una oreja al altavoz de una radio: la música se vuelve ruido y apenas se puede identificar. Pero tampoco me he aventurado más allá de las lindes del pueblo.
     -¿Por qué?
     -Porque tengo miedo. No está solo. Hay alguien, o algo, con él. Creo que se está alimentando de Henry, abasteciéndose de su dolor y confusión. Y se está tomando su tiempo con él.
     Intenté comprender lo que estaba oyendo.
     -¿Está hablando de un animal?
     -No, de un animal, no, ni siquiera de un ser humano con una naturaleza animal. [...] Mire, creo que esa presencia es algo familiar. Me he topado antes con ella".
 
Como siempre, Connolly no recurre al susto fácil, sino que construye una atmósfera densa, en la que lo inexplicable se filtra lentamente en lo cotidiano, hasta hacerlo inseparable. Como escribe, en un travieso cameo: "Maine es una tierra antigua con una larga memoria, un recuerdo que precedía incluso a la llegada de los hombres. La rareza era endémica en el estado. Por eso Stephen King no podía haber surgido en ninguna otra parte". Oscura, lírica por momentos, su prosa es clara y eficaz para mantener el suspense; cada capítulo empuja al siguiente, combinando escenas de investigación o de acción con reflexiones sobre la fragilidad humana, la justicia y los juicios precipitados que puede dictar una comunidad asustada.

Más allá del misterio y del horror, en estas páginas encontramos es una reflexión sobre la naturaleza del mal y sobre la facilidad con la que las personas más inocentes pueden ser sacrificadas, sobre las ideologías extremas que se infiltran en comunidades pequeñas y sobre el miedo como instrumento de manipulación. Más que una novela de género es una exploración de la pérdida y de la esperanza, una invitación a mirar hacia lo más sombrío del ser humano para descubrir también ahí destellos de compasión y resistencia. Con esta última entrega Connolly confirma que Charlie Parker no es solo un detective: es un símbolo de empatía en un mundo devorado por sombras. Y esa es la razón por la que, después de más de veinte entregas, ya esté esperando la siguiente novela. 

lunes, 28 de octubre de 2024

Las furias

John Connolly
Las furias
Traducción de Mar Rodríguez Vázquez y Vicente Campos González
Tusquets, 2024

 "La vida no es justa, pero es más dura para unos que para otros, y las mujeres, las personas de color y los pobres siempre se cuentan entre las personas sobre las que se ejerce más control y a las que se les imponen más limitaciones. Quienquiera que afirme algo distinto miente, y quienquiera que favorezca esa injusticia es un estafador. Aquí termina la lección".


Las Furias o Erinias son divinidades mitológicas que perseguían y atormentaban a quienes habían cometido crímenes no castigados, especialmente aquellas acciones malvadas ejecutadas contra personas particularmente vulnerables, como las personas ancianas, madres y padres, o personas socialmente marginadas como las que sobreviven con la mendicidad. Por sus actividades eran relacionadas con el Hades, el Inframundo, y Esquilo las denominó "hijas de la Noche", pero también se las conocía con el título de Euménides o "las benévolas".

John Connolly se mueve con maestría en estos contextos en los que mito y realidad, justicia y venganza, oscuridad y luz, se entremezclan. En este libro, el vigésimo primero de la serie dedicada al detective Charlie Parker, Connolly reúne dos historias independientes, "Las hermanas Strange" y "Las furias", vinculadas por el hecho de que en las dos la violencia machista es parte fundamental de la trama. Junto con siniestros coleccionistas de monedas muy antiguas, misteriosos símbolos rúnicos, entidades que habitan en el interior de seres no plenamente humanos, referencias religiosas, espeluznantes asesinatos, niñas espectrales. Y junto con el Braycott Armas, un hotel que el paso del tiempo había convertido en "una mancha en el carácter de la ciudad de Portland, una desgracia sobre sus habitantes y un depósito de criminalidad". Y mujeres fuertes, muy capaces de cuidarse de sí mismas.

Cada nueva novela de Connolly es siempre un regalo. En este caso, dos.

"Tiempo atrás conocí a un escritor que creía que algunos hombres eran moralmente tan corruptos que su depravación cobraba una expresión física, en otras palabras, su deformidad moral se manifestaba como una alteración de sus facciones o su constitución. Me dio la impresión de que esa idea era una variación de la frenología o la fisiognomía, esas convicciones psudocientíficas ya desacreditadas según las cuales la forma del cráneo o del rostro de alguien podían revelar los rasgos esenciales de su carácter. Si eso fuera verdad, el trabajo de hacer cumplir la ley sería muchísimo más sencillo: no habría más que meter en la cárcel a todos los feos. Pero la maldad -la verdadera maldad, no las prosaicas travesuras humanas nacidas del temor, de la envidia, de la ira o de la codicia- es experta en ocultarse, porque quiere sobrevivir y persistir. Solo se muestra cuando está preparada o cuando se le fuerza a hacerlo; ni siquiera el mal puede librarse de las normas de la naturaleza".

sábado, 1 de julio de 2023

Cuatro viejos conocidos: Camilleri, Abercrombie, Offutt y Connolly

Se multiplican las lecturas y se acumulan los libros leídos que me gustaría recomendar. Algunos llevan tanto tiempo esperando su turno, relegados por otros que me han parecido más urgentes o, simplemente, más fáciles de reseñar, que me temo pasen definitivamente a las estanterías sin haber asomado su portada por aquí. Veremos.

Con el fin de ganar tiempo hago trampa en el solitario y recomiendo aquí cuatro libros a la vez. Es cierto que tiene su sentido, ya que los cuatro están firmados por sendos autores (sí, esta vez son todos hombres pero los próximos seis, al menos, habrán sido escritos por mujeres) que ya han aparecido varias veces en este blog, de manera que muchas de las cosas que podría decir sobre su escritura, sus tramas y sus personajes ya están dichas.

Vamos a ello.

*-*-*-*-*

Andrea Camilleri
La conciencia de Montalbano
Traducción de Carlos Mayor
Salamandra, 2023

"Era evidente que en Italia los comerciantes se consideraban, de toda la vida de Dios, en su derecho a operar con dinero negro. Claro que no sólo eran ellos: lo mismo sucedía con los profesores que daban clases particulares, los psicólogos que curaban el alma de los hombres, los artistas que pedían cobrar miles de euros bajo cuerda y también los fontaneros, los carpinteros y los zapateros. En resumen, daba igual la categoría que se tocara: la música siempre era la misma. No, no, Italia no estaba fundada sobre el trabajo, como decía la Constitución, sino sobre la evasión fiscal y todo lo que comportaba".

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Agrigento, Sicilia, 1925-Roma, 2019) es un residente de este blog desde hace años, tanto que cuenta con su propia etiqueta. Este libro, que hace el número 34 de la fecunda serie de historias protagonizadas por el comisario siciliano Salvo Montalbano, se compone de seis relatos escritos en distintos momentos entre 2007 y 2018, y publicados por separado en distintos medios (revistas, páginas web, antologías). 
 
En el primero de ellos, "La noche de Ferragosto", habrá de esclarecer la aparición del cadáver de un joven fallecido aparentemente por sobredosis en medio de una multitudinaria fiesta en la playa. En "Veinticuatro horas de retraso" un comerciante de vinos contacta con Montalbano para compartir con el comisario su imposibilidad de cumplir con sus obligaciones fiscales y a la vez pagar el pizzo que le exige la mafia local. En "La ventana indiscreta", homenaje declarado a la genial película homónima de Hitchcock, Montalbano se convierte en testigo involuntario de un drama familiar con apariencia de actividad delictiva. En "Una cena especial" un sicario mafioso acosador de una joven que lo rechaza se cruza con el comisario durante la cena de Nochevieja. La quinta historia, "El calcetín de la Befana", mezcla con sensibilidad el folclore italiano con un caso de robo. En la última, "El hijo del alcalde", Montalbano llegará gasta el final en la investigación del brutal asesinato de una joven a pesar de sus implicaciones políticas.
 
Un destilado del Montalbano de siempre.

*-*-*-*-*

Joe Abercrombie
La sabiduría de las multitudes
Traducción de Manu Viciano
Alianza Editorial, 2022

"Al otro lado del cristal se había desatado el caos más absoluto. Un soldado a caballo y una mujer con la cara roja forcejeaban dando tirones a un extremo de una pancarta que rezaba «Igualdad para todos», cuyo otro lado estaba enredado en un amasijo de brazos y caras. Un Caballero de la Escolta cayó derribado de su montura y se perdió en la multitud como un marinero en el mar tormentoso. Estaban por todas partes, irrumpiendo entre los caballos, empujando, aferrando, gritando".
 
 
Tras Un poco de odio y El problema de la paz , con esta novela culmina la trilogía "La era de la locura", una peculiarísima mezcla de El capital y Juego de tronos, en la que asistimos a la transformación radical de un mundo dominado por la magia por la irrupción del maquinismo y la industria. Una transformación que trastoca poderes y privilegios, que revuelve un violento hormiguero de miedos, deseos, ambiciones, que abre la expectativa de un "Gran Cambio" que, sin embargo, se convertirá más bien en una Gran Repetición:

"El Gran Cambio había sido una cesta de sueños. Un ramillete de promesas. De todo, para todos. Lo cual era estupendo hasta que, contra todo pronóstico, los Rompedoras habían ganado. Entonces, de repente, ya no bastaba con que se produjera un cambio, sino que debía ser un cambio hacia algo. El problema era que cuando se intentaba concretar al muy hijo de puta, amoldarlo en forma de políticas, con sus costes además de sus beneficios, sus perdedores además de sus ganadores... en fin, entonces resultaba que nueve de cada diez personas descubrían que el Gran Cambio no era el cambio que habían querido y te lo tiraban a la puta cara".
 
¿Y si la única manera de romper el eterno "dar vueltas y más vueltas en círculos de sangre" provocado por las "pisadas de grandes hombres" obsesionados con dominar el mundo fuera la visión de una mujer convencida de que "la gente grande es grande porque planta pisadas nuevas [no] porque mete la pata en los mismos errores que cometieron antes esos mamones"?

Considerado como uno de los máximos representantes del subgénero de ficción fantástica denominado grimdark, los libros de Abercrombie son garantía de horas de lectura disfrutona.
 
*-*-*-*-*
 
Chris Offutt
Noche cerrada
Traducción de Javier Lucini 
Sajalin, 2021 (3ª edición)

"Había extrañado la inmensidad pura del cielo nocturno, el diminuto cúmulo de las Pléyades, la espada de Orión y el cazo de calabaza que apuntaba al norte. La luna estaba en la fase menguante, apenas se la veía, era como si le hubiesen metido un bocado. El cielo se volvía negro en todas las direcciones. Las nubes obstruían las estrellas y conferían al aire una profundidad insondable. El perfil de las copas de los árboles había desaparecido y los montes se fundían con el negro tapiz del firmamento. Era noche cerrada y se sintió a salvo".


Descubrí a Offutt con su libro de relatos Lejos del bosque y, desde entonces, se ha convertido en un autor del que voy leyendo toda su obra, encontrando siempre tramas y personajes inolvidables. Country noir de primerísimo nivel, las historias de Offutt se desarrollan en las regiones más rurales de Kentucky, en poblaciones atascadas en el tiempo, habitadas por personas pobres viviendo en los márgenes de la ley o al otro lado de esta, para las que la familia es lo único que realmente importa.

En esta novela el protagonista es un joven ex-combatiente de la guerra de Corea que, al regresar a su pueblo, acabará trabajando para un contrabandista de alcohol con quien se enfrentará, precisamente, para proteger a su familia.

*-*-*-*-*

John Connolly
Tumbas sin nombre
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2023


"En el mundo normal, el mundo de puentes y trenes, de alcantarillas llenas de agua de lluvia y arquitectura barroca, un cadáver sería descubierto, tal vez todavía caliente y sin una marca en él. Su corazón sencillamente había dejado de latir, porque a veces los corazones se rinden. No se plantearían preguntas y no se atribuiría ningún misterio a la muerte, o ninguno más allá del misterio que sigue a toda muerte, que es la cuestión de qué viene después, y a eso un cadáver no puede responder.
Pero Zoria sí habría podido, si hubiera querido. Podría haber hablado de almas errantes y del susurro de los ángeles, o algo peor. Podría haber hablado de un lago, apenas atisbado entre la bruma y la interminable multitud de muertos en un estado de constante subsunción en sus profundidades y el mar más allá. A veces le parecía percibir la figura distante de una chica junto a la orilla del lago, de cara al agua, pero Zoria nunca se había acercado a ella para investigar más a fondo. Lo mejor era atravesar ese terreno sin llamar la atención, encontrar lo que una había ido a descubrir y marcharse sin ser vista".


También Connolly cuenta con su propia etiqueta en este blog. Desde su impresionante debut con Todo lo que muere no me he perdido ninguna de las obras que componen la serie dedicada al detective Charlie Parker. Esta hace la número diecinueve y en ella todo el protagonismo recae sobre los grandes amigos de Parker, Louis y Angel, quedando relegado el detective a un plano muy secundario. Aunque el elemento esotérico, tan característico de la obra de Connolly, está también presente en esta novela, no tiene la relevancia de la mayoría de sus otras obras. 
 
Tumbas sin nombre es la historia de una venganza, la que emprende Louis contra los asesinos de un amigo que, además, cuentan en su haber con numerosos crímenes de guerra durante la violenta desintegración de Yugoslavia.

No está a la altura de la mayoría de los otros libros de la serie pero, así y todo, la trama te atrapa desde las primeras páginas y se lee de un tirón.

martes, 26 de julio de 2022

En lo más profundo del sur

John Connolly
En lo más profundo del sur
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2022

"-Lo siento -dijo, y no se dirigía a una niña muerta, sino a cuatro. Pensó que si paraba en la cuneta y se internaba en el bosque, las descubriría esperando, como si se hubieran detenido al ir a ocultarse: tres jovencitas negras y con ellas una cuarta, una niña blanca, deambulando sin rumbo. Vio que la oscuridad se enroscaba en un túnel de humo, y una luz que resplandecía como una herida bermeja en el corazón del mundo. Sintió humedad en la mejilla. Se la enjugó con el dorso de la mano, que, al apartarla, estaba ensangrentada. Se miró en el retrovisor. Un hilo de color rojo caía desde su cuero cabelludo y goteaba sobre su cara. No recordaba haberse herido. Se echó el pelo hacia atrás para revelar el origen, pero no pudo localizarlo. Solo era sangre, pero ya no podía decir con ninguna certeza que fuera suya".


El año pasado, entrevistado a propósito de la publicación de su anterior novela, Connolly anunciaba que tenía en mente "una conclusión de la saga" protagonizada por Charlie Parker, aunque este final, afortunadamente, no estaba próximo. Y es que cada nuevo libro avanzando en la(s) historia(s) del atormentado detective es un regalo, una promesa de horas de disfrute lector. Por eso, que ahora se abra la posibilidad de retroceder en el tiempo hasta los primeros tiempos tras el brutal asesinato de la familia de Parker (hace diecinueve novelas), cuando este inicia la búsqueda de su asesino y, al hacerlo, se va convirtiendo en el personaje que tanto admiramos, es una excelente noticia.

En su búsqueda, Parker recala en la localidad de Cargill una pequeña y empobrecida localidad rural de Arkansas, que sobrevivió gracias a la explotación de la madera de sus extensos bosques hasta que en 1980 cerró su última serrería y que ahora confía desesperadamente su futuro en la llegada del arkansino William Jefferson "Bill" Clinton a la Casa Blanca (a quien Connolly lanza un par de certeros dardos que revelan su agudo sentido político) y en un proyecto para que se instale en Cargill una importante industria de armamento. Un proyecto urbanístico que promete prosperidad para todos sus habitantes a condición de que la noticia de un asesino en serie de jóvenes negras no de al traste con las inversiones previstas; es verdad que algunos de ellos, como la familia Cade, los mayores terratenientes y promotores inmobiliarios del condado, tendrían más que perder porque también tienen mucho más que ganar si nada se tuerce. 

En un escenario que recuerda el planteamiento de la excelente película En el calor de la noche, Parker pasará de ser considerado sospechoso de los crímenes a colaborar con el honesto jefe del Departamento de Policía, Evender Griffin, en la investigación de los mismos. Pese a quien pese y caiga quien caiga. Asumiendo la tarea de recordar a unas chicas negras atrozmente asesinadas convertidas en una incómoda amenaza al bienestar económico de la ciudad: "La mayoría quería que la gente se olvidará de ellas, pero los muertos, por su experiencia, preferían ser recordados. Y a veces se negaban a permitir que los vivos olvidaran".

Quien no conozca todavía las historias de Parker puede empezar por esta novela, una excelente puerta para acceder al complejo y sugerente territorio Connolly.


Nota: Por si alguien de la editorial lee este comentario, señalar una errata en la p. 186: donde dice "No, pensó Denny, no le había gusta nada de nada esa actitud", debería decir "... no le había gustado nada...". De nada.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Antigua sangre

John Connolly
Antigua sangre
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2021 

"Esto es lo que debes entender: el suelo está contaminado, sucio. Caminamos sobre tierra degradada. Conserva en su interior el registro de la sangre derramada, de pueblos y ciudades que prosperaron en sus tiempos pero que ya no existen, de cuantos han vivido y muerto en esos lugares.
La tierra recuerda.
Y del mismo modo que una semilla adormecida puede ser revivida por la lluvia, las presencias más antiguas, que yacen en un inquieto reposo entre las celdas del panal que es el mundo, pueden ser despertadas de su sueño, sea deliberadamente, por actos maléficos, o accidentalmente, por las indagaciones de descuidados y curiosos.
Casi siempre, lo único que se necesita es un poco de sangre".


La tierra de Northumbria está empapada por la sangre vertida en las guerras del siglo II entre las legiones romanas que defendían los muros de Adriano  y de Antonino y los pictos y escotos que luchaban contra ellas, por las sucesivas invasiones de anglos, vikingos y normandos, en la guerra de las Dos Rosas y en las rebeliones jacobitas: "Excavando a bastante profundidad, exponiendo sus simas, uno casi atisbaría costuras rojas y blancas, como los estratos en la roca: sangre y huesos, capa tras capa, el paisaje que han creado, siempre distinto, siempre cambiante. Porque la matanza nunca se detiene". Antiguos cultos viajaron desde esos páramos hacia Estados Unidos, donde enraizaron y se hicieron fuertes. Cultos ancestrales, muy anteriores a la cristianización, ligados a la naturaleza y sus ciclos amorales de vida y muerte (sobre todo de muerte), poblados de "criaturas metamorfas, entidades sin una apriencia física fija, que atraían a los despistados a zonas pantanosas, donde las raíces y las malas hierbas se enredarían alrededor de sus vientres y piernas para arrastrarlos hacia abajo, donde, como algunos perros muertos a tiros, nunca serían encontrados, dejando a sus seres queridos sin una tumba a la que acudir a llorar".
 
Y desde el Nuevo Mundo, desde Maine, el eco pervertido de estos cultos retornará a su lugar de origen, a la antigua Inglaterra, con cadáveres en los páramos y en antiguas ruinas, a modo de sacrificios propiciatorios que aceleren la caída de la humanidad en una era de oscuridad, sufrimiento y crueldad que ya se anticipa en algunos fenómenos políticos contemporáneos:
 
"Mientras se dirigía a Marylebone Road para buscar un taxi, oyó gritos en las cercanías del ayuntamiento de Old Marylebone, presenció un altercado entre dos hombres mayores, uno que llevaba un turbante sij y el otro un tabardo chillón. Quayle no pudo oír de qué discutían, pero estaba claso que el hombre del tabardo, que era blanco, había confundido al sij con un 'cabrón musulmán', y el posterior intercambio verbal había dado paso a los golpes. [...]
Escenas similares se producían en ciudades y pueblos de todo el país, y la hostilidad se había trasladad incluso al continente, donde los nacionalistas de ultraderecha estaban utilizando los asesinatos de Gran Bretaña para tomar medidas preventivas contra los musulmanes en sus propios países, así como contra otros inmigrantes que tuvieran la desgracia de cruzarse con ellos. [...] Se hacía oídos sordos a la razón y se cerraban los ojos a la bondad. El Atlas, tan cerca de completarse por fin, estaba alterando la topografía del mundo a un ritmo acelerado".

Decimoctava novela de la serie protagonizada por el detective Charlie Parker. Y cuando digo "serie" lo digo en su sentido más literal: como "conjunto de cosas [en este caso de novelas] que se suceden unas a otras y que están relacionadas entre sí". Las historias de Parker conforman un particularísimo y complejo universo cuyo sentido  solo se atisba si las leemos de manera sucesiva. Y así, como indiqué en un comentario anterior, esta novela continua y culmina la trama desarrollada en La mujer del bosque, de manera que Parker, Louis y Angel, acompañados de un entrañable librero especializado en libros prohibidos, volverán a enfrentarse a los siniestros y letales Quayle y Mors en su búsqueda de uno de estos volúmenes, el Atlas Fragmentado, llave para la corrupción total del mundo.

lunes, 21 de septiembre de 2020

La mujer del bosque

John Connolly
La mujer del bosque
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2020 

 
Decimoséptima novela de la serie protagonizada por el detective Charlie Parker. Un delicioso manjar, como todas las anteriores. ¿Y sabes lo mejor de todo? Que tal y como termina solo puede significar que Connolly ya tiene la decimoctava en marcha.

En esta ocasión, Parker investiga la muerte de una joven cuyo cadáver ha aparecido enterrado en un bosque de Maine. Los forenses que examinan los restos descubren que la mujer dio a luz poco antes de morir, pero en los alrededores no hay rastro de ningún recién nacido, lo que significa que la criatura pudo haber sobrevivido. Si así fuera, ahora contaría con alrededor de cinco años.

Parker contará con la ayuda de Louis, en esta ocasión sin su inseparable compañero Angel, convaleciente tras ser intervenido por un grave cáncer de colon. Durante la investigación conocerán de la existencia de un solidario "ferrocarril subterráneo" que mantiene una discreta red de hogares donde encontraban refugio mujeres violentadas especialmente amenazadas, como fue el caso de la mujer del bosque -"Casas seguras. Mujeres y niños con problemas a los que se traslada de una casa a otra. Todo oculto al radar, y sólo en los casos más desesperados, los que están apenas a un paso de una muerte violenta. Sin implicación de la policía ni de los servicios sociales estatales o locales. Se entra por un extremo del túnel y se sale por el otro lado, muy lejos"-, pero también se cruzarán (no sin roces) con la América más oscura y racista: "Dos semanas más tarde, Bobby Ocean emprendió la retirada de sus negocios y comenzó a vender sus empresas. Otras dos semanas después, su esposa y él anunciaron su separación. A esas alturas, Bobby Ocean estaba inmerso en el proyecto de crear [...] la Fundación William Stonehurst para las Ideas Americanas, que no tardaría en aliarse con el Partido Americano de la Libertad, el American Renaissance, el Consejo de Ciudadanos Conservadores y el Insttituto de Política Nacional, entre otras organizaciones supremacistas blancas. Bobby Ocean se había convertido en odio puro".

Por si todo esto no fuera suficiente, Parker no es el único interesado en dar con la niña o niño nacida en tan dramáticas condiciones. También lo busca Quayle, un siniestro abogado, acompañado de una letal compañera llamada Mors. En la persecución de su objetivo, dejarán un atroz reguero de dolor y muerte:

"-Dígame, señor Dobey, ¿conoce el cuento del conde Chalais)
Dobey tardó un poco en responder. Si Carlos hubiera acudido a la policía, ya estarían ahí a esas alturas. Dio por perdidas la pistola y el cuchillo. Y su vida.
-No señor -dijo por fin-, no lo conozco.
-Henri de Talleyrand-Périgord, el conde en cuestión, era un noble francés, cercano a Luis XIII, que cometió el error de conspirar contra el cardenal Richelieu, un caballero al que, al estilo de muchos grandes conspiradores, no le hacía gracia que conspiraran contra él. Richelieu ordenó que Henri fuera ejecutado, pero los cómplices de éste sobornaron al verdugo para que no se presentara con la esperanza de salvar la vida de Henri. En lugar de eso, Richelieu confió la tarea a otro prisionero, también condenado a muerte, pero que, desgraciadamente, carecía de las habilidades requeridas para realizar una decapitación limpia. Necesitó treinta y cuatro hachazos para cercenar la cabeza de Henri, que vivió hasta el vigésimo. La lección para usted, señor Dobey, es que incluso si uno está seguro de su muerte, puede morir con facilidad o sufriendo lo indecible. Bien, Karis Lamb: ¿qué... le... dijo... exactamente?
-Dijo -respondió Dobey- que huía del diablo en persona.
Quayle se recostó en el sillón.
-Me gustaría poder asegurarle que ella no hablaba literalmente -dijo-, pero le mentiría".

Como es característico en sus novelas, Connolly combina con asombrosa facilidad las normas de los géneros detectivesco y gótico, armando una compleja trama que te mantiene atado al libro.

sábado, 18 de abril de 2020

Los estragos de Sharpe

Bernard Cornwell
Los estragos de Sharpe
Traducción de Carlos Valdés
Edhasa, 2010

"Sharpe siempre había tenido suerte. Quizá no en las cosas más grandes de la vida ni, desde luego, en las circunstancias de su nacimiento de una puta callejera, que había muerto sin hacer a su hijo ni una sola caricia, ni en cómo había sido educado en un orfanato de Londres, donde no importaban un comino los niños que estaban dentro de sus lúgubres muros; pero en las pequeñas cosas, en aquellos momentos en que la distancia entre éxito y fracaso tenía el ancho de una bala, sí había sido afortunado".

Tengo que empezar confesando que no soy un gran lector de ese género denominado novela histórica o ficción histórica. Por casa pueden encontrarse, repartidas por distintos rincones fuera de la que considero nuestra biblioteca "principal", una centena larga de obras pertenecientes a este género, y algunas las he leído con gusto: los Espartaco de Howard Fast y de Arthur Koestler, las Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, León el Africano de Amin Maalouf, Yo Claudio de Robert Graves, Juliano el Apóstata de Gore Vidal... Pero son son más los libros que ni he empezado ni, creo, empezaré.



Sin embargo, hay dos autores cuyas novelas de trasfondo histórico llevan tienpo formando parte de mis lecturas favoritas; o, al menos, una parte de su producción, pues ambos tienen una amplia y variada obra. De hecho, comparten estantería en esa biblioteca principal a la que me he referido.

Uno de ellos es Arturo Pérez Reverte. Entre su extensa producción he disfrutado especialmente con La sombra del águila, con Hombres buenos, con sus tres Falcó y con su última novela, Sidi, como ya he comentado aquí. Pero, sobre todo, es su serie Alatriste la que me enganchó.

El segundo autor es el británico Bernard Cornwell, cuya obra es vastísima. De entre ella destaco su trilogía "Crónica del Señor de la Guerra", una entretenida mirada a las leyendas artúricas, publicada originalmente en España por la Editorial Península, y por Quinteto en edición de bolsillo.  

Y luego está su serie sobre el fusilero Richard Sharpe, cuyas historias transcurren durante las Guerras Napoleónicas, una docena de ellas en los escenarios bélicos de España y Portugal. ¿Se trata de auténtica novela histórica? Más bien es novela de acción o de aventura con trasfondo o escenario histórico: de hecho, él mismo se define así, como autor de adventure stories. Para quien quiera entrar a juzgar sus (de)méritos históricos recomiendo el concienzudo análisis realizado en el blog La novela antihistórica. Así y todo, invito a acercarse a alguno de los títulos de la serie y probar a leerlo.

Mi relación con este tipo de obras, construidas en torno a un personaje central (como el citado Alatriste, el Harry Flashman de George MacDonald Fraser, el Jack Aubrey de Patrick O'Brian, el Horatio Hornblower de C.S. Forester o el legionario Quinto Liciano Cato de Simon Scarrow), depende esencialmente de que el protagonista se convierta, por así decirlo, en alguien familiar. Un poco como me ocurre con la novela negra o policiaca: acabo siguiendo las historias de unos protagonistas que, por la razón que sea, se convierten en interesantes para mí: el Charlie Parker de John Connolly, el Montalbano de Andrea Camilleri, el Kurt Wallander de Hennig Mankell, el Fabio Montale de Jean-Claude Izzo, el Gamache de Louise Penny, el Bernie Gunther de Philip Kerr, el Brunetti de Donna Leon, el Hole de Jo Nesbo, el Harry Bosch de Michael Connelly, el Spenser de Robert B. Parker, el Toby Peters de Stuart Kaminsky, el Lew Archer de Ross Macdonald, el Philip Marlowe de Raymond Chandler... Si este flechazo no se produce (por ejemplo, no he conseguido conectar con O'Brian, Hornblower o Cato) no me planteo su lectura.

El caso es que con Sharpe esta conexión sí se ha producido. Me he acostumbrado a seguir sus andanzas, tanto en el campo de batalla como en las distintas subtramas (sentimentales, relaciones con sus compañeros de armas, conflictos con la aristocrática estructura del ejército británico de la época...) y, en general, el resultado ha sido más que satisfactorio en términos de entretenimiento.

En esta novela, Las estragos de Sharpe, nos situamos en mayo de 1809, mientras las tropas británicas se retiran de Oporto empujadas por el ejército francés. En un escenario caótico, Sharpe recibe la orden de encontrar a una joven de rica familia que ha abandonado su casa con el objetivo de casarse, contra la voluntad de su madre, con el teniente coronel James Christopher, un personaje oscuro que acabará demostrándose que trabaja para el bando francés, por razones de estricto interés personal, pero también porque comparte el proyecto napoleónico de unificar Europa bajo las luces de la razón y en contra del absolutismo monárquico:

"-¿No le inquieta estar traicionando a su país?
-No traiciono nada -dijo Christopher, y después, para variar, habló con sinceridad-. Si las conquistas de Francia, general, son gobernadas solo por franceses, entonces Europa no les considerará más que unos aventureros y unos explotadores, pero si comparten su poder, si cada nación de Europa contribuye al gobierno de todas las demás naciones, entonces habremos entrado en el mundo prometido de razón y paz. ¿No es eso lo que quiere su Emperador? Un sistema europeo, un código legal europeo, una judicatura europea y una única nación en Europa, los europeos. ¿Cómo puedo traicionar a mi propio continente?".

Lo dicho: una novela entretenida, perfecta para pasar un largo rato de lectura. Aún me quedan por leer las que, creo, son las dos últimas historias de la serie. Si el confinamiento se prolonga, alguna más caerá, seguro.

miércoles, 10 de julio de 2019

El frío de la muerte: decimosexta historia de Charlie Parker

John Connolly
El frío de la muerte
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2019

Desde que en 2004 leí Todo lo que muere, la sobrecogedora novela que inauguró la serie protagonizada por el atormentado detective Charlie "Bird" Parker, he esperado cada nueva entrega y he disfrutado con unas historias que mezclan con maestría las claves de la novela policíaca y del género gótico.

Quince años acompañando a Parker en su combate contra fuerzas del mal, naturales y sobrenaturales, que en esta ocasión (leer AQUÍ las primeras páginas) habrá de enfrentarse a los Hermanos, una oscura organización implicada en innumerables crímenes:

"Había hablado con Eklund a menudo sobre los Hermanos. El investigador creía que ya estaban irremediablemente corruptos cuando llegaron a estas costas, y que el Nuevo Mundo se había limitado a no proporcionarles mayores beneficios que el Viejo. Thayer no estaba tan seguro. Se preguntaba si había algo en la tierra de América, algo elemental que atraía a criaturas como los hermanos y agudizaba sus peores apetitos. Lo imaginaba como una especie de fuego oculto, como las llamas de carbón que ardían invisibles en ese mismo estado bajo el pueblo de Centralia, manifestándose sólo en nubes de gas sulfuroso y grietas en el asfalto mientras en las profundidades no cesaban de arder. [...]
Más al norte, Parker seguía leyendo.
Los Hermanos eran carroñeros, o empezaron como tales: un puñado de hombres brutales y mujeres embrutecidas a quienes lo que ofrecía América les había parecido menos dorado de lo que habían esperado; o tal vez siempre lo habían sabido y ya estaban preparados para aprovecharse de los débiles, incluso mientras sus barcos cruzaban mares tan oscuros que sólo se distinguían de la noche en las casi invisibles fisuras de la espuma".

Ahora, a esperar a la siguiente: la decimoséptima.

lunes, 26 de febrero de 2018

Lecturas variadas

Como twitter es una plataforma tan ágil y sencilla para comunicar, tenía el blog un poquito abandonado. Tomo nota y voy retomando el pulso. Como tantas otras veces, recurro a presentar algunas lecturas recientes.

Empiezo por una novela, Visitation Street, de Ivy Pochoda (Malpaso, Barcelona 2017. Traducción de Ramón de España). La historia transcurre en Brooklin, en un antiguo barrio de clase obrera transformado con el tiempo en un hábitat multicultural y precarizado. Por sus páginas pasan June y Val, dos quinceañeras que sufrirán una terrible experiencia cuando una tarde de verano se aventuran en una balsa por la costa que bordea el barrio. Fadi, un libanés que desde su colmado sueña con un barrio unido, capaz de salir adelante. Jonathan Sprouse, el "Maestro", desclasado profesor de música venido a menos. Cree James, aferrado al recuerdo de su padre, asesinado por un disparo en la época en que la droga inundó el barrio de violencia (su barca de pesca varada entre hierbajos en un terreno vacío es un poderoso símbolo), su madre, Gloria, y su abuela, Lucy, capaces de comunicarse con los muertos. Monique, prima de Cree, cantante en la Iglesia Evangélica y su madre, Celia, mujer de armas tomar. Y Renton Davis, Ren, misterioso graffitero que firma sus obras como RunDown, Hecho Polvo, protector de Cree y de Monique, aliado de Fadi en la tarea de recuperar el barrio, con una historia terrible a sus espaldas. La escena en la que Ren muestra a Fadi una de sus obras (págs. 129-130) es maravillosa.
Una historia coral, con un fondo de profunda tristeza, pero con un final cargado de esperanza. Aquí, información de la editorial.

Otra novela: Tiempos oscuros, de John Connolly (Tusquets, Barcelona 2018. Traducción de Vicente Campos González). Otra historia protagonizada por el detective Charlie Parker. La número quince desde aquella primera, Todo lo que muere, que en 2004 me impresionó y me convirtió en un "connollyano" militante. Con su particular mezcla de novela de detectives y novela gótica, Connolly nos introduce de nuevo en un mundo en el que el realismo se entreverá de misterio y esoterismo. Un ejemplo de ese realismo, de esa capacidad de Connolly para plasmar en sus libros la realidad de la Norteamérica actual, lo encontramos en esta reflexión de uno de los personajes: "Sentía una vaga nostalgia del radicalismo estudiantil de los años sesenta y setenta, sobre todo porque había sido demasiado joven para vivirlo personalmente. Le parecía que la juventud de aquellos años había buscado motivos para indignarse, lo que era del todo comprensible porque se suponía que los jóvenes debían indignarse. Ahora los jóvenes sólo buscaban motivos para sentirse ofendidos, y eso no tenía nada que ver". Pero en esta entrega, como en otras, lo que predomina es lo inefable, lo misterioso, lo arcano. La sinopsis y el primer capítulo pueden leerse aquí.
En la  publicidad de la obra se puede leer una recomendación publicada en el diario The Independent: "Una de sus entregas más logradas... Atención, nuevos lectores: empezad con ésta". No: si vas a acercarte por primera vez a las historias de Charlie Parker, empieza por la primera.

Descubrí a Mario Rigoni Stern gracias al último libro de Philippe Claudel, Bajo el árbol de los toraya, del que ya he hablado aquí. Tras localizar todas sus obras traducidas al castellano, he empezado por El sargento en la nieve. Recuerdos de la retirada de Rusia (Pre-Textos, Valencia 2007. Traducción de César Palma). Como cabe deducir del título, se trata de una narración autobiográfica, en la que Rigoni Stern rememora su experiencia como combatiente, enrolado en el ejército italiano, durante la segunda guerra mundial. Una memoria transida de humanidad, a pesar de la dureza de los hechos que se narran:
"Cruzo la valla y una bala silba a mi lado. Los rusos nos apuntan. Salgo corriendo y llamo a la puerta de una isba. Entro. Dentro hay soldados rusos. ¿Son prisioneros? No. Están armados ... Los miro boquiabierto. Están comiendo sentados a una mesa. En el centro hay una sopera de la que todos comen con cucharas de madera. Ahora me miran, las cucharas suspendidas en el aire ... También hay mujeres. Una de ellas coge un plato y un cazo, se acerca a la sopera común y llena aquél de leche y mijo, y me lo tiende. Doy un paso, me cuelgo el fusil al hombro y como ... Nadie habla ... Spaziba, digo cuando termino. Y la mujer recibe de mis manos el plato vacío. Pasausta, responde con sencillez. Los soldados rusos me miran sin moverse ... Salgo ... En aquella isba se creó entre los soldados rusos, las mujeres, los niños y yo una armonía que distaba de ser una tregua. Trascendía con mucho el respeto que se tienen entre sí los animales del bosque. Por una vez las circunstancias permitieron que los hombres supieran ser hombres ... Si aquello ocurrió una vez, puede ocurrir de nuevo. Dicho de otro modo, puede volverles a ocurrir a muchísimos hombres más y convertirse en una costumbre, en un modo de vida". Sinopsis e información de la editorial, aquí.

Y el último libro, por hoy: La trama de la vida, de John H. Storer (Fondo de Cultura Económica, México 1959. Traducción de Rafael Martín del Campo). Una de esas joyas que la editorial FCE nos ofreció durante años en su colección de "Breviarios". Lo adquirí hace ya tiempo, en una librería de viejo, y por fin me decidí a leerlo, motivado especialmente por sus hermosas fotografías en blanco y negro. Pero también su texto es una maravilla. Recordemos que la edición original es de 1953, nueve años antes de la "primavera silenciosa" de Rachel Carson, veinte años de los "límites al crecimiento" del Club de Roma y muchos años antes de que se popularizara el concepto de "antropoceno". Pues el libro de Storer finaliza así:
"Con el desenvolvimiento del intelecto humano, parece haber alcanzado su punto decisivo la evolución de la vida en nuestro planeta. En el pasado todas las formas de vida estaban sujetas al dominio automático de la naturaleza. Ninguna especie podía prosperar o multiplicarse más allá de cierto límite sin toparse con restricciones que la hacían volver a su lugar o bien la eliminaban, para que continuara imperturbable la gran corriente de la vida en la Tierra. Hoy ha cambiado esa situación. Aplicando su intelecto, el hombre ha escapado parcialmente a las regulaciones de la naturaleza. Ha alcanzado un poder casi ilimitado para multiplicar su número y, al mismo tiempo, para destruir los recursos mundiales que pudieran haberlo sustentado. Bajo el dominio de la inteligencia del hombre, la vida del mundo y el ambiente que la circunda parecen haber llegado a una encrucijada, y toca al futuro decidir la dirección que habrá de seguirse". Nos lo advertían ya hace más de cinco décadas.