miércoles, 15 de junio de 2022

Desconcierto

Richard Powers
Desconcierto
Traducción de Teresa Lanero
Alianza de Novelas, 2022 

"Aly solía afirmar -ante mí, ante los legisladores, ante sus colegas y los seguidores de su blog, ante cualquiera que quisiera escuchar- que si un grupo de gente, reducido pero crítico, recuperaba el sentido del parentesco, la economía se convertiría en ecología. Que querríamos cosas diferentes. Que encontraríamos nuestro propósito en el mundo".


El clamor de los bosques me entusiasmó; Orfeo me desconcertó y, aun así, me confirmó en la impresión de que Richard Powers es un autor imprescindible. Su capacidad para emocionar transitando entre los mundos de la ciencia natural, la crítica sociopolítica y la ficción literaria, es inmensa. Aunque con una estructura narrativa más sencilla que en sus dos obras anteriores (menos personajes, menos acción, menos localizaciones) Desconcierto es una obra abrumadora por la profundidad de los temas que aborda.  
 
Theo Byrne es un astrobiólogo que imparte clases en la Universidad de Winsconsin mientras investiga sobre la existencia de vida en otros planetas. Tras la muerte en un accidente de coche de su esposa Alyssa, activista en favor de los derechos de los animales, cuida de su hijo Robin, de nueve años, diagnosticado de Asperger, TOC y posible TDAH. Mientras Theo imagina posibles planetas con vida (Dvau, parecido en tantas cosas a la Tierra pero sin una luna que estabilice su giro; Falasha, sin sol, plantas ni fotosíntesis, pero con miríadas de crustáceos y gusanos poblando las fuentes hidrotermales de sus fondos oceánicos; Geminus, dividido en dos partes, una ardiente, la otra congelada, en el que extrañas criaturas aprendieron a habitar una estrecha banda templada entre el fuego y el hielo...), cada uno de los cuales es una prueba de la maravillosa improbabilidad de nuestra existencia en este planeta, un Robin hiper empático no puede desentenderse del destino de la Tierra: "¿Sabes que los corales del mundo estarán todos muertos dentro de seis años? [...] ¿Y qué vamos a hacer para remediarlo?".

Imposible no pensar en Greta Thunberg cuando miramos a Robin, aunque la propia Greta hace un cameo en el libro como Inga Alder, joven suiza de catorce años que protesta contra la inacción frente al cambio climático ("Es como yo, papá", dice Robin). Imposible no ver a Trump tras ese presidente tuitero, negacionista, y golpista. Imposible no verme a mí mismo, no vernos a todas, viviendo sin ver las maravillas que nos rodean, insensibles ante su destrucción:

"Había un planeta que no entendía dónde estaban todos. Murió de soledad. Eso sucedió miles de millones de veces en nuestra galaxia"

Una historia conmovedora sobre las conexiones (macro y micro) que, como un inmenso micelio neuroemocional, nos vinculan con nuestros seres más queridos, con la Humanidad y con el Cosmos. "Todo el mundo está dentro de todo el mundo", dice Robin. Debería estarlo, debería estarlo...

domingo, 12 de junio de 2022

Los cerros de la muerte / Ciudad en llamas

Chris Offutt
Los cerros de la muerte
Traducción de Javier Lucini
Sajalín, 2021

"Mick siguió hacia el este, pensando en los hermanos Caudill, Virgil y Boyd. Se preguntó si todas las historias familiares serían así de tristes, o solo en las montañas. La gente de los Apalaches vivía según códigos ancestrales que los obligaban a actuar. Las afrentas siempre eran personales. Los actos de venganza perduraban durante generaciones. Cada mañana, antes de que empezaran las clases, Mick recitaba el juramento a la bandera y el padrenuestro. Todos los niños se lo aprendían: 'como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden', un mensaje rotundo y generoso que olvidaba incluir un marco temporal. En las montañas era más conveniente perdonar a los ofensores despues de matarlos".


Mick Hardin es un veterano de guerra, investigador criminal del ejército de EE UU en Alemania, que regresa a su pueblo natal, una pequeña localidad rural de Kentucky, cuando su mujer está a punto de dar a luz. Al llegar se enfrentará a una difícil situación familiar, a la que se añadirá la petición de ayuda de su hermana Linda, sheriff del condado, para resolver el primer caso de asesinato al que debe enfrentarase, el de una mujer asfixiada cuyo cadáver ha sido abandonado en el bosque.

Hace un año ya recomendé aquí su libro de relatos Lejos del bosque. Tanto en sus relatos cortos como en esta novela, primera entrega de una trilogía que ya espero con ansia, Offutt demuestra su maestría a la hora de componer personajes y tramas en los escenarios humanos y naturales de la Norteamérica rural. 

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Don Winslow
Ciudad en llamas
Traducción sde Victoria Horrillo Ledesma
Harper Collins, 2021
 
"¡Cuánto han peleado entre sí estas dos tribus de inmigrantes por tener un sitio donde plantar los pies! Los irlandese en Dogtown, los italianos en Federal Hill, con sus puntos de apoyo excavados en el inflexible granito de Nueva Inglaterra. Los yanquis de pura cepa odiaban a la pringosa canalla irlandesa y a los italianos grasientos, a los comepatatas y los macarroni que venían a arruinar su impoluta ciudad protestante con sus santos católicos y sus cirios, sus efigies ensangrantadas, sus curas y sus sahumerios, su comida apestosa, sus cuerpos aún más apestosos y su progenie incontenible".


Y del comienzo de una prometedora trilogía de novela negra a otra, en este caso ambientada en la ciudad de Providence, en el muy urbanizado estado de Rhode Island. Firmada por el maestro Don Winslow se publicita como "una Ilíada contemporánea" y lo cierto es que tiene aires homéricos: tras años de pacífica coexistencia, las mafias irlandesa e italiana se enzarzarán en una sangrienta guerra por el control de los negocios sucios de la ciudad; el detonante será la tan machista costumbre de considerar a las mujeres (en la moderna Providence igual que en la antigua Troya) como un trofeo viril, y su pérdida como un desdoro corniforme. El caso es que los pactos de respeto mutuo suscritos por las viejas generaciones se tambalean por la ambición de las generaciones jóvenes:

"Peter quiere ocupar la silla de Pasco cuando la deje vacía, pero para eso tiene que demostrar que puede ganar dinero a lo grande y hacer ganar pasta a todo dios. Pero con sus negocios ha tocado techo: las máquinas expendedoras, la protección, el juego, las drogas... Y necesita una nueva fuente de ingresos. O sea, la nuestra, Pat".
 
La nueva guerra de Troya no ha hecho más que empezar...

Océanos sin ley

Ian Urbina
Océanos sin ley: Viajes a través de la última frontera salvaje
Traducción de Enrique Maldonado
Capitán Swing, 2020 

"Pero también empezaba a entender que las agencias de contratación desempeñan un papel mucho más amplio en la industria pesquera mundial. No solo están ahí para ejercer de barrera entre las responsabilidades de las empresas y sus tripulaciones. Su objetivo es, además, contribuir a reforzar una determinada ilusión sobre la globalización. Las agencias de contratación -sobre todo las más turbias, con tendencia a reducir salarios y engañar a los trabajadores- ofrecen los medios que las compañías pesqueras necesitan para sostener una fantasía que los consumidores de todo el mundo quieren desesperadamente creer.
La fantasía es que se puede pescar de manera sostenible, legal y con trabajadores con contratos y sueldos aceptables, mandar a las estanterías del supermercado una lata de ciento cincuenta gramos de atún listado apenas unos días después de que el pez saliera del agua a miles de kilómetros de distancia y venderlo a dos dólares y medio. Precios tan bajos y niveles tan altos de eficiencia conllevan costes ocultos. Son las agencias de contratación las que ayudan a esconderlos".


Este libro es el fruto de cinco años de investigación en los que el autor ha acompañado y entrevistado a activistas contra la pesca furtiva, marineros que trabajan en condiciones de auténtica esclavitud, médicas que practican abortos en buques frente a las costas de países en los que la interrupción del embarazo está prohibida, recuperadores de barcos robados, organizaciones que luchan contra el tráfico de personas, guardas de seguridad que protegen los barcos del asalto de piratas... Todas estas personas, víctimas y victimarios, habitan un espacio distópico, sin leyes realmente aplicables, en los que la violencia y el beneficio privado son la norma dominante. El resultado es un libro que se lee como un texto de denuncia contra una globalización depredadora, pero también como un relato de aventuras.

Pero lo más destacable de todo es, en mi opinión, la forma en que Urbina vincula todo eso, que fundamentalmente ocurre en las grandes masas de agua del Sur global, con los modos de vida de los que disfrutamos en las sociedades del Norte. El autor critica que los humanos nos despreocupemos absolutamente de la forma en que el pescado llega a nuestras mesas, a diferencia de lo que (aunque sea timidamente) ha empezado a ocurrir con la carne: "Los peces son de sangre fría y no precisamente fáciles de abrazar. Los seres humanos siempre los han considerado de manera distinta al resto de animales". Porque los peces tambien sufren dolor aunque, como lamentaba Peter Singer, esto sea invosobilizado por el hecho de que no puedan gritar. Pero quienes los pescan -seres humanos, de sangre caliente y, estos sí, fáciles de abrazar- lo hacen, demasiadas veces, en un escenario de explotación, violencia y despilfarro ("más de la mitad de las capturas actuales en todo el planeta son arrojadas por la borda muertas o acaban molidas y compactadas para servir de alimento para cerdos, pollos y peces de acuicultura") que preferimos ignorar. Aunque quienes se aprovechen de esos océanos sin ley sean, también, empresas españolas.

Pensar en sistemas

Donella Meadows
Pensar en sistemas
Traducción de Jaime Blasco
Capitán Swing, 2022

"Para vivir bien en un mundo de sistemas no basta con desarrollar nuestra capacidad de cálculo. Debemos invertir todas nuestras capacidades humanas: nuestra racionalidad, nuestra habilidad para distinguir lo verdadero de lo falso, nuestra intuición, nuestra compasión, nuestra visión y nuestra moralidad".



Pensar en sistemas es pensar a las personas y a los grupos, sus prácticas, pero también sus aspiraciones y sus deseos, a partir y en el marco de las estructuras en las que desarrollan su existencia. No solo las personas: "Un colegio es un sistema. Y también una ciudad, y una fábrica, y una empresa, y la economía de una nación. Un árbol es un sistema, y un bosque en un sistema mayor  que contiene subsistemas de árboles y animales. La Tierra es un sistema. Y también el Sistema Solar; y una galaxia. Los sistemas pueden insertarse dentro de otros sistemas, que a su vez se insertan en otros mayores"Todo lo que está vivo, activo, todo lo que es dinámico, es un sistema, configura un sistema, participa de un sistema.
 
"Un sistema, aclara la autora, es un conjunto de cosas -personas, células, moléculas o lo que sea- interrelacionadas de tal manera que dan lugar a una pauta de comportamiento característica en un periodo de tiempo determinado. Las fuerzas externas pueden afectar, restringir, activar o impulsar un sistema". Lo que importa cuando pensamos en sistemas es atender a las relaciones, y esto es algo que nos cuesta muchísimo: tendemos a simplificar, a buscar causas únicas y evidentes. Por el contrario, este libro nos animará a buscar bucles de retroalimentación (compensadores o reforzadores), jerarquias, relaciones no lineales, conexiones, complejidad, flujos, amortiguadores, intersecciones, retrasos, incentivos, organización autónoma, propósitos y funciones, paradigmas...

Publicado originalmente en 1993, Donella Meadows es una de las autoras del conocido informe al Club de Roma de 1972 sobre los límites al crecimiento. Pocas guías mejores que ella para adentrarnos, sin extraviarnos, en el universo del pensamiento sistémico. He disfrutado tanto con su lectura que volveré a leerlo en las próximas semanas: seguro que descubro nuevas relaciones.

lunes, 6 de junio de 2022

La Bariega: 30 años caminando en fraternidad hacia la inclusión social. Aurrera!




 [I] 30 años son muchos años. Más para hacerlos caminando.

Hace treinta años comenzó a andar el Centro La Bariega, imaginado como un Centro Comunitario Abierto de Cáritas de la Unidad Pastoral de Sestao.

Centro Comunitario Abierto. No sé si os habéis parado a pensar en todo lo que se contiene bajo esta denominación. Seguramente sí, seguro que lo habéis pensado. Pero a veces las últimas personas en ser conscientes del alcance de sus acciones son las personas que las protagonizan. Especialmente cuando quienes lo hacen son la gente de a pie, la gente normal, que no aspira a hacer historia sino a hacer lo que debe hacer, que no hace las cosas para que su nombre sea recordado en el futuro sino para responder a los retos del presente.

Lo explicaba perfectamente Carmelo Corada en una conversación en Radio Popular: “queremos un proyecto fuerte, sólido, comunitario, de todo Sestao y para todo Sestao, abierto a la comunidad”.

Una comunidad abierta: suena muy bien, de hecho es como debe sonar, pero no es en absoluto sencillo lograrlo. Al contrario, y sobre todo en los tiempos actuales, las comunidades tienden a cerrarse sobre sí mismas, como protección de quienes están dentro.

Alguna vez he reflexionado sobre esto jugando con dos formas de entender la comunidad:

·        Como “conUNIDAD”

·        Como “COMUNidad”

Todo indica que La Bariega fue concebida como COMUNidad, como un espacio abierto, acogedor, incluyente.

Hace 30 años, a principios de los Noventa, Sestao era un municipio muy distinto del Sestao de hoy, en muchas cosas. También eran otras las circunstancias que llevaron a Cáritas a impulsar un proyecto como este, otras las personas que encontraron su espacio en La Bariega. Momentos distintos, perfiles distintos.

Hoy son otras las circunstancias, también las de las más de 80 personas a las que atiende el proyecto. Pero su razón de ser sigue siendo la misma: ser comunidad abierta.

¿Para hacer qué?

 

[II] “Caminamos despacio porque vamos lejos”. Uno de los lemas más conocidos y más hermosos del movimiento zapatista.

La Bariega lleva 30 años caminando despacio. Quien, sin conocer el proyecto por dentro, en toda su encarnadura, y se quede con la literalidad de lo que decís en vuestra información (muy escasa, por cierto: como se nota que, como buenas voluntarias y voluntarios de Cáritas lo que os interesa es ser conocidas por vuestras obras) es probable que piense que lo que hacéis es algo como de otros tiempos, como si os hubierais quedado por el camino.

Se trabaja principalmente en dos ámbitos de intervención: Promoción Social y Personal y Relaciones Familiares e Infancia. En el Área de Promoción Social y Personal se trabajan las capacidades de aprendizaje, la autonomía y el autocuidado, la comunicación, el sentido de pertenencia y la relacionalidad, la alfabetización digital, la activación sociolaboral. En el Área de Relaciones Familiares e Infancia se abordan cuestiones relativas al cuidado y educación de hijos e hijas, costura, cocina.

Con todo lo que ha cambiado el mundo en estos 30 años, ¿todavía estáis con esas cosas? Se trata de cosas muy básicas, aparentemente simples, sin glamour, sin brillo. En realidad, se trata de dimensiones y competencias fundamentales, los cimientos de una vida auténticamente humana: la autonomía personal y la vinculación social. Sin estos cimientos, todo lo que queramos construir (todos esos grandes conceptos como creatividad, emprendimiento, participación, desarrollo, activación, etc.) no será más que castillos en el aire.

Pero vosotras y vosotros sois más de tierra que de aire, sois caminantes, y caminantes por unos senderos no precisamente sencillos. Caminos sin asfaltar, empinados, poco iluminados. Esos son los caminos que habéis elegido y al recorrerlos habéis tenido la misma experiencia que tuvieron Cleofás y su compañero al hacer el camino que llevaba de Jerusalén a Emaús: por el camino os habéis encontrado con vuestro prójimo y, al hacerlo, habéis caminado con Jesús.  

Nunca os habéis quedado paradas ni os habéis confundido de camino. Camináis despacio porque vais muy lejos. Hacia la inclusión social, ni más ni menos.

Y la auténtica inclusión se construye desde la base, en la cotidianeidad, en el día a día, en el encuentro horizontal, entre iguales, en el reconocimiento. En fraternidad.

 

[III] 30 años caminando en fraternidad.

Caminar juntas, caminar muchas, hacerlo sin dejar a nadie atrás, al ritmo de quienes, por la razón que sea, necesitan ir más despacio.

Esto es algo que siempre me ha gustado del montañismo, avanzar juntas, cada uno con nuestro propio ritmo, pero intentando acompañar a quien avance más lento. Parando tantas veces como sea necesario para reagruparnos. Porque el objetivo no es llegar rápido, ni siquiera llegar, sino llegar todas y todos.

No es fácil hacerlo. Vivimos tiempos en los que la velocidad, la rapidez, el éxito, son la norma. Pero se trata de una norma que crea, necesariamente, exclusión. Son muchas las circunstancias de la vida que hacen que caminemos más despacio, que nos extraviemos en el camino, incluso que tengamos que detenernos. El camino de la vida es muy complicado; lo sabéis bien por experiencia.

No se trata de que haya personas rápidas y personas lentas. Todas y todos tenemos momentos en nuestra vida en los que podemos avanzar más rápidamente, y otros muchos en los que las fuerzas parecen abandonarnos y las piernas y los pulmones no nos responden.

Somos seres frágiles, vulnerables. Esto no es una debilidad, sino la condición humana. Caemos enfermas, nos deprimimos, sufrimos pérdidas, necesitamos apoyo, una palabra amable, una mirada de cariño.

Por eso no entiendo la moda actual de las carreras de montaña. Yo soy más de caminar en grupo, disfrutando de la compañía, apoyando y sintiéndome apoyado. Como hacéis vosotras y vosotros. Como lleváis haciendo desde hace 30 años.

Por cierto: antes me he referido al lema zapatista de caminar despacio porque vamos lejos. Pues resulta que el movimiento zapatista llama “Caracoles” a los territorios y los municipios sobre los que tiene influencia y a partir de los cuales ha querido construir otro Méjico posible.

¿No os parece que La Bariega es un poco esto, un “caracol”? Porque avanza despacio, paciente, pero avanza sin desánimo: ¡30 años ya, y los que vendrán!

Porque, como la concha de los caracoles, La Bariega es un hogar, una casa para quienes necesitan reconocimiento, acogida, apoyo.

Y porque La Bariega, como tantas iniciativas de solidaridad sostenidas por el voluntariado social, es un territorio de posibilidades, una zona liberada, en el sentido en que utilizaba esta expresión mi querido y recordado amigo Chema Mardones. Decía Mardones que la tarea que hoy nos desafía es la de crear «espacios verdes» en los que se ponga de manifiesto la posibilidad de otro estilo de vida; «nichos ecológicos» en los que pueda sembrarse y madurar una alternativa cultural y de valores a esta sociedad del tener: «Frente al carrerismo, la competitividad, el consumo, el afán de dinero, el exhibicionismo y la banalidad del yuppismo neoconservador, hay que presentar el atractivo de la vida sencilla, austera, centrada en el ser uno mismo radicalmente, en el encuentro con los otros y la solidaridad con los dolientes y menos favorecidos de nuestro tiempo.» Zonas liberadas en las que sea realmente posible hacer que florezca lo inédito viable de la realidad (Paulo Freire).

  

[IV] Ha querido la casualidad que estemos celebrando este aniversario en una Escuela de Música.

Construir comunidad es como componer un canto o una melodía, como formar una coral o una orquesta. Exige combinar diversidad y unidad para evitar la cacofonía y lograr la polifonía.

Sestao es hoy más diversa que hace 30 años, cuando ya lo era, y mucho. Nuevas diversidades colorean sus calles. Pero las necesidades y las aspiraciones de quienes las caminan son básicamente las mismas: reconocimiento, acogida, apoyo, acompañamiento, encuentro, participación.

La Bariega es mucho más que un buen lugar, que un buen espacio físico. Es un camino, es una sinfonía. Por muchos años.

domingo, 5 de junio de 2022

Existiríamos el mar

Belén Gopegui
Existiríamos el mar
Penguin Random House, 2021
 
"En Martín de Vargas no hemos llegado a ningún sitio. Nuestros trabajos nos tragan, no tenerlos también. Ramiro y Camelia siguen haciendo cosas que mucha gente desprecia porque les parecen trasnochadas. Les dicen que pelearse para mejorar un poco las condiciones de trabajo es inútil, que en breve se van a destruir muchos más empleos de los que se destruyeron con la pandemia. O que sus organizaciones dejan mucho que desear. ¡Como si ellos no lo supieran! Yo no desprecio lo que hacen, cómo podría si ni siquiera he conseguido que en mi empresa se hagan elecciones sindicales. Encima, ellos hacen más cosas: estudian, discuten, tratan de ver qué medidas pueden tomarse para que no acaben enfrentándose las empresas térmicas y las del automóvil, con las de los cuidados y la energía verde".


Lena, Ramiro, Camelia, Hugo y Jara: en sus primeros cuarenta, comparten piso de alquiler en Madrid, empleos precarios, relaciones sentimentales frágiles, futuros inciertos, pero también una amistad preciosa, construida sobre el cuidado y el apoyo mutuo. Personajes sólidos en su labilidad protagonizan sus propias historias -cada una la suya, única, irreductible en sus sombras y sus luces- que, al entrecruzarse y asentarse en un zeitgeist, en un espíritu de la época muy identificable, se convierten en símbolos de este tiempo que nos ha tocado vivir. Un tiempo de vidas a la intemperie, sometidas a tensiones que las estresan hasta averiarlas, hasta reducirlas, muchas veces, a pecios desarbolados, varados en los islotes desiertos de nuestras ciudades:
 
Y tanta gente solitaria que desde su rincón sigue diciendo: "No puedo más", pero nunca a la vez, ¿por qué no logramos decirlo a la vez?
 
Con estos mimbres Belén Gopegui va tejiendo una historia (una historia de historias) delicadísima, de un realismo duro pero también luminoso o, cuando menos, iluminado por la mirada de la autora, que no se deja/no nos deja caer en el desánimo y el derrotismo
 
"Y parece que no avanzan, pero un día te sobresaltará su gesto de huracán, tan cerca".
 
Ojalá seamos muchas, muchísimas, las personas que nos encontremos con este libro de Belén Gopegui, un "Martín de Vargas" literario en el que edificar el refugio imprescindible donde coger fuerzas para seguir viviendo y, tal vez, para cambiar la vida: no mi vida, no de vida, la vida.


domingo, 29 de mayo de 2022

Dos miradas ciudadanas a la ciudad (en realidad, cuatro)

Matthew Beaumont
El caminante: Encontrarse y perderse en la ciudad moderna
Traducción de Ana Pérez Galván
Alianza, 2021

"Por lo que a mí respecta, ningún paseo es baldío, a diferencia, por ejemplo, de un viaje en coche. En una ciudad -sobre todo una dominada por los automóviles, que son medios de transporte más individualistas que colectivos y más privados que públicos- caminar es lo que habitualmente me hace sentirme vivo. Me hace sentirme vitalmente conectado con los incesantes circuitos de energía de la ciudad y, a la vez, sutilmente desconectado de ellos. Es estimulante y narcótico".


Lo dejó dicho la más grande defensora de la ciudad de y para las personas, Jane Jacobs: "Las calles y sus aceras son los principales lugares públicos de una ciudad, sus órganos más vitales. ¿Qué es lo primero que nos viene a la mente al pensar en una ciudad? Sus calles. Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste" (Muerte y vida de las grandes ciudades, Península, 1967; traducción de Ángel Abad. Afortunadamente reeditada por Capitán Swing, 2020; traducción de Ángel Abad y Ana Useros). [¡Cuánto me ha influido esta enorme mujer!].
 
Beaumont hace suya la proclama jacobsiana y firma un hermoso y vibrante libro en el que nos transforma en acompañantes del callejear urbano de escritores y artistas tan destacados como Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Edward Bellamy, H.G. Wells, G.K. Chesterton, Ford Madox Ford, Georges Bataille y Ray Bradbury, con ocasionales "cameos" de Charles Baudelaire, André Breton, Giorgio de Chirico, Henri Miller, T.S Elliot, Walter Benjamin o James Joyce, entre otros, y apoyado en los saberes y decires de Barthes, Zizek, Harvey o Lefebvre. 

Profesor de Literatura Inglesa, Beaumont compone un canto a la errancia urbana -a la libertad de caminar la ciudad, de observarla, de absorberla-, fundamento físico-material de la ciudadanía moderna, en contraposición a la creciente tendencia a la exclusión y la privatización de los espacios públicos. En este sentido, me ha parecido especialmente intereante el capítulo 10 del libro ("Enajenarse"), el único en el que Beaumont no nos hace acompañar de ningún flâneur ilustre sino que nos confronta directamente con una ciudad clasista, segmentada:

En la sociedad de clases, todos los edificios, pero especialmente los corporativos o los financiados por el Estado, se encuentran efectivamente en estado de sitio, por muy inocentes u hospitalarios que pretendan ser, no solo en relación con el medio ambiente sino también con las personas. [...] Las fachadas de todos los edificios están implicadas en la cuestión irreductiblemente política de sortear los antagonismos sociales, es decir, tanto de reforzarlos como de neutralizarlos o intentar resolverlos. [...] Todo edificio debe poder admitir y rechazar al mismo tiempo a los que se acercan a él; atraer y repeler. Todo edificio debe poder asimilar a algunas peronas e intimidar y discriminar a otras. [...] Todos los edificios, tanto por su forma como por su función social, favorecen a un tipo de personas sobre otro.

Un libro muy sugerente, al que solo pondría un pero, y es la ausencia de flâneuses, de mujeres callejeando y apropiándose de la ciudad: solo encontramos a Virgina Woolf. Para compensar esta ausencia, vuelvo a recomendar el maravilloso libro de Anna Mª Iglesia La revolución de las flâneuses
(Wunderkammer, 2019).
 
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Eric Klinenberg
Palacios del pueblo: Políticas para una sociedad más igualitaria
Traducción de Paula Zumalacárregui
Capitán Swing, 2021

"La distancia social y la segregación -tanto en los espacios físicos como en las líneas de comunicación- engendran polarización, mientras que el contacto y la conversación nos recuerdan que todos somos humanos, sobre todo cuando el trato es recurrente y entraña pasiones e intereses compartidos. En las últimas décadas, hemos perdido las fábricas y las ciudades industriales donde antaño los distintos grupos étnicos formaban comunidades obreras. Hemos hecho que nuestros barrios estén más segregados por clase. [...] Estas condiciones facilitan la vinculación social en el seno de ciertos grupos, pero, como fomentan la polarización, dificultan tender puentes sociales. Y divididos pereceremos. No va a ser fácil restaurar el espíritu de propósito común y de humanidad compartida necesario para la vida ciudadana, pero, como no construyamos infraestructuras sociales de mayor calidad, la ardua tarea que nos aguarda será imposible. Está en juego el futuro de nuestra democracia".
 
 
Este libro, uno de los trabajos de sociología urbana más interesantes que he leído en los últimos años, conecta directamente en su crítica con las preocumaciones de Beaumont sobre la privatización de los espacios urbanos pero también, en su horizonte de futuro, con la defensa de Jane Jacobs de una ciudad viva, incluyente y democrática. 
 
Su  punto de partida es el concepto de infraestructura social, la idea de que la ciudad construida (las aceras, las plazas, los edificios públicos...) configura el tipo de relaciones sociales que surgen entre sus habitantes:

Cuando la infraestructura social es sólida, fomenta que amigos y vecinos traben relación, se apoyen y colaboren entre sí; cuando está deteriorada, inhibe la actividad social y obliga a que tanto las familias como las peronas que viven solas tengan que  buscarse la vida. La infraestructura social tiene una importancia tremenda, porque las interacciones locales cara a cara -en el colegio, en los parques infantiles y en la cafetería de la esquina- cimientan toda la vida pública. Las personas establecen vínculos en sitios que cuentan con infraestructuras sociales saludables no porque pretendan forjar una comunidad, sino porque es inevitable que las relaciones prosperen cuando las peronas tienen un trato prolongado y recurrente (sobre todo, mientras hacen actividades con las que disfrutan).

La vida social precisa de unas condiciones materiales (infraestructurales) adecuadas. Apostar por buenas infraestructuras sociales, públicas y de acceso universal (escuelas, parques, plazas, bibliotecas...), que inviten a detenerse y encontrarse, que no sean simples espacios sino que se conviertan en lugares, en hábitats de significado, es imprescindible si queremos detener y revertir la tendencia a la mercantilización de la vida urbana.

He escrito sobre estas cuestiones aquí y aquí.
 
uente: https://citas.in/frases/2025100-jane-jacobs-en-si-misma-una-acera-urbana-no-es-nada-es-una-a/