sábado, 4 de enero de 2014

Jabalíes


Poco a poco, a fuerza de patear cimas y valles, bosques y prados, va surgiendo la oportunidad de observar en su ambiente natural a las distintas especies de animales que viven en la Montaña Palentina. Más difícil resulta poder fotografiarlos. Pero también esto va siendo posible.






¡Con todo lo que he disfrutado con los documentales y las publicaciones de Félix Rodríguez de la Fuente!

EL JABALÍ - CUADERNOS DE CAMPO - Nº 5 - FÉLIX RODRÍGUEZ DE LA FUENTE (Libros de Lance - Ciencias, Manuales y Oficios - Biología y Botánica)

miércoles, 1 de enero de 2014

Dos escenas de montaña

El domingo amaneció helado -el termómetro colocado junto a La Olma marcaba 5 bajo cero- pero la luz que se proyectaba desde el este prometía un día soleado.
Calzado con las raquetas, la ascensión hasta el Lago de las Lomas resultó ser una delicia. La nieve estaba dura, durísima, pero la progresión fue rápida y cómoda.

Las Agujas de Cardaño, siempre espectaculares, brillaban sobre un fondo de brillante azul. Al rgresar a casa recuerdo y busco un fragmento de La vida simple, de Sylvain Tesson, que parece escrito precisamente para reflejar este momento: "A mil metros de altura, trepo por las aristas rocosas que flanquean las vaguadas. El dentado de las dorsales graníticas se recorta sobre el lago. Algunos de mis amigos viven sólo para eso: para alcanzar alturas donde el aire pica en la nariz, para vivir suspendidos entre el cielo y la tierra, en un reino de formas abstractas, sin olor. Cuando bajan a los valles, la vida les parece oler mal. En la ciudad, los alpinistas son desdichados".


A los pies de las Agujas, el Pozo de las Lomas se encontraba totalmente helado. Huellas de pasos habían dibujado un rastro sobre la nieve que lo cubre. Sentí la tentación de descender hasta él y caminar sobre las aguas congeladas, repitiendo, a una escala infinitamente menor, las caminatas de Tesson sobre el inmenso lago Baikal. Pero mi objetivo esa mañana era subir a Peña Prieta.


Pero la nieve estaba demasiado dura y hacía de cada paso una apuesta contra la ley de la gravedad. La ladera que asciende hasta el Alto de La Panda, que en verano permite asomarse a las Lagunas de Fuentes Carrionas, en la cabecera del Valle de Pineda, mediante un largo pero llevadero zig-zag entre las pedrizas, era ahora una enorme panza congelada, sobre la que las puntas de losc rampones apenas si dejaban huella. Ascendiendo con mucho cuidado (de regreso creo que he sido un tanto imprudente, pero de regreso), continué hasta el pico Tres Provincias, y allí decidí dar la vuelta, preocupado por el descenso. En efecto, la bajada por la ladera de La Panda tuve que hacerla de espaldas, cara a la montaña, clavando con cuidado el piolet y los crampones para no resbalar pendiente abajo. El destrepe se me hizo eterno.
Cuando llegué de nuevo a Las Lomas me encontré con un nutrido grupo de montañeros con los que me crucé la noche anterior en el pueblo. También querían ir hasta Peña Prieta. Les dije que el hielo que cubría La Panda convertía su ascenso en una actividad muy delicada. Mientras me sentaba a comer unas mandarinas, observé cómo uno de ellos lograba ir ganando altura muy lentamente por el lado izquierdo de la panza, mientras los demás probaban suerte por distintas rutas, sin éxito: ganaban unos metros, se detenian, descendían, volvían a intentarlo y de nuevo se veían obligados a descender.
Mientras bajaba hacia Cardaño de Arriba un helicóptero sobrevoló el valle. Cuando llegué al pueblo me dijjeron que se había producido un accidente de montaña. Creo que dos de los montañeros accidentados en esa zona ese día formaban parte del grupo con el que me cucé en Las Lomas. Iban bien equipados y se notaba que tenían experiencia.
Podía haber sido yo.
*****
Ayer martes cambié los altos por el valle. Durante el lunes cayó una bonita nevada, y aunque a la noche subió la temperatura y se puso a llover, por la mañana todo estaba cubierto de nieve. ¿Y quién puede resistirse a una buena caminata sobre nieve virgen?
No me hizo falta andar mucho para empezar a ver huellas de lobo, de varios lobos, y siguiéndolas llegue hasta un prado con nieve pisoteada por pezuñas y patas, ensangrentada con los restos de un venado joven recientemente devorado.

  

No desconozco las incomodidades y los prejuicios que la existencia del lobo significan para los esforzados ganaderos que intentan mantener una precaria economía rural en estas zonas de montaña. Pero la persistencia del lobo, su presencia en estas montañas, es un regalo impagable.
Entre los libros que guardo como un tesoro está el titulado El lobo ibérico: Biología y mitología, escrito por el naturalista Ramón Grande del Brío, y publicado por Ediciones Blume en 1984. Al finalizar la primera parte del libro, en la que el autor aborda diversos aspectos biológicos, ecológicos y de comportamiento del lobo, podemos leer que este animal "no podrá sobrevivir en un futuro, si al mismo tiempo no <> su hábitat natural". Y al final de la segunda parte del libro, la dedicada al mito del lobo, escribe: "El lobo podra, tal vez, ser erradicado de su ambiente natural por el hombre, pero a éste le resultará mucho más difícil desterrarlo del mundo de la imaginación".
Esperemos que esta hermosa y dura Montaña Palentina reciba toda la ayuda necesaria para que en ella puedan seguir convivendo lobos y seres humanos; para que un hábitat natural tan precioso permita la existencia real de los lobos, alimento fecundo de nuestra imaginación desde la Prehistoria.


domingo, 22 de diciembre de 2013

La luz en la que se habita de joven




Hace días quería haber escrito unas líneas sobre el último libro de Alessandro Baricco, titulado Tres veces al amanecer (Anagrama, 2013). La editorial lo presenta así:

En una de las páginas de Mr Gwyn, la última novela de Alessandro Baricco, se aludía a cierta obra titulada Tres veces al amanecer, atribuida a un apócrifo autor angloindio, Akash Narayan. El afamado autor de Seda ha querido ofrecernos ahora esa obra, una secuela autónoma e independiente por completo (casi un mero pretexto, el punto de partida), un complejo mecanismo narrativo que hará las delicias del lector.
Dos desconocidos, un hombre y una mujer, se encuentran tres veces en el vestíbulo de un hotel, poco antes del amanecer. Cada encuentro es único, y primero, y último: aunque se trate de los mismos personajes, sus destinos se cruzan en tres momentos distintos de sus vidas. Son dos adultos, primero; luego, un anciano portero de noche y una adolescente; finalmente, un chico y una policía ya madura, según una lógica temporal que no es la que se manifiesta en nuestra rígida realidad, sino que sólo resulta viable en la privilegiada mecánica de la ficción. Cada encuentro exigirá de ellos una elección cuyas repercusiones conformarán el resto de sus vidas.
Estos tres relatos constituyen una novela posible que recrea el lector en su mente y que presenta algunos de los temas propios del autor: la posibilidad (o imposibilidad) del cambio, la arbitrariedad del destino humano o la responsabilidad hacia el prójimo, siempre a la luz difusa del amanecer, que sugiere y revela, descubre y perfila, colocando las cosas en su sitio en el momento de su aparición.

Tres relatos cortos que he leído, sí, tres veces.Tres relatos de encuentros y desencuentros entre mujeres y hombres, en situaciones insospechadas. Sorprendentes, emotivos, bellísimos tanto en su lenguaje como en su contenido.Pero soy baricconiano confeso, así que mi juicio debe ser tomado con cautela.
Sé, porque me lo han dicho, que hay lectores, buenos lectores, que no gustan de Baricco. Nunca lo hubiera sospechado. Por cierto, no sé de lectoras, de buenas lectoras, que no disfruten con su lectura. También las habrá, seguro, pero no conozco a ninguna. No sé por qué se me ha ocurrido esto. Tal vez porque las tres mujeres que co-protagonizan cada uno de los relatos son, cada una a su manera, tan fascinantes.

Si has leído algo de Baricco, habrás leído Seda. Si te gustó, te gustará Tres veces al amanecer. Si aún no has leído nada de este autor, su último libro es una perfecta puerta de acceso al universo baricconiano.
Tiene razón el crítico Manuel Hidalgo cuando escribe: "No he encontrado fácilmente un párrafo, unas líneas a destacar y glosar. Todo fluye, todo forma parte de un sostenido continuo". Característico del estilo de Baricco. Aún así, me animo a seleccionar un párrafo:

El hombre se lo pensó un rato. Luego dijo que hay que ir con cuidado, cuando uno es joven, porque la luz en la que se habita de joven será la luz en la que se va a vivir para siempre, y esto por una razón que él nunca había entendido. Pero sabía que era así. Dijo que muchos, por ejemplo, son melancólicos de jóvenes y entonces lo que les ocurre es que siguen siéndolo para siempre. O han crecido en la penumbra y la penumbra los persigue luego durante toda su vida. De manera que  hay que ir con cuidado con la maldad porque de joven parece un lujo que puede uno permitirse, pero la verdad es otra, y es que la maldad es una luz fría en la que todas las cosas pierden su color y lo pierden para siempre.

En el original italiano, editado por Faltrinelli:

L’uomo ci pensò un po’. Poi disse che bisogna stare attenti quando si è giovani perché la luce in cui si abita da giovani sarà la luce in cui si vivrà per sempre, e questo per una ragione che lui non aveva mai capito. Ma sapeva che era così. Disse che molti ad esempio sono malinconici, da giovani, e allora succede che lo rimangono per sempre. O sono cresciuti nella penombra e la penombra li insegue poi per tutta la vita. Così bisognava stare attenti alla cattiveria perché da giovani sembra un lusso che ti puoi permettere, ma la verità è un’altra, e cioè che la cattiveria è una luce fredda in cui ogni cosa perde colore, e lo perde per sempre.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Lentxu Rubial

Esta mañana ha fallecido Lentxu.
Esta tarde he pasado por la capilla ardiente, abarrotada de gente que quería mostrar su dolor y respeto por una persona que, para quienes hemos tenido el privilegio de conocerla, nos ha dejado una profunda huella.
Nunca he conocido a nadie tan consciente de sus carencias o debilidades, que reconocía con gracia y naturalidad, pero que al mismo tiempo diera tan poca importancia a sus muchas e innegables capacidades y virtudes.
Cuando estábamos en el Senado me decía muchas veces: "A mí que no me pidan que escriba un artículo o una moción, o que prepare una conferencia, pero si quieren que me reúna con alguna asociación, o que visite a algún colectivo, o que reciba a personas que quieren plantearnos alguna cuestión, encantada". Y lo decía como si esto segundo no tuviera importancia; como si fuera fácil tener su capacidad para comunicar con naturalidad y simpatía, su preocupación sincero por cualquier otra persona, su sensibilidad.
Siempre sonriente, siempre amable, incluso durante su enfermedad. Siempre pensando en seguir trabajando para su querido PSE-PSOE y para su querida Fundación.
Lo mejor de mi paso por el Senado fue tener la oportunidad para convivir intensamente con ella hasta convertirnos, no en compañeros de escaño y de grupo parlamentario, sino en verdaderos amigos.
La sombra de su padre, poderosísima, se lo ponía muy difícil a cualquier Rubial que aspirara a hacer política en Euskadi. Pero Lentxu fue capaz de hacer su propio camino en la política vasca y española, de tener su propia y personal presencia, distinta de la de su padre, pero igualmente importante para el socialismo vasco.
En estos tiempos aciagos para la política, su vida es un ejemplo de compromiso que no debemos olvidar.



Hoy te dedico una canción de Silvio Rodríguez que refleja a la perfección lo que tú has hecho siempre, sin darte ninguna importancia, con la mayor sencillez: aflojar los odios, reparar sueños averiados, trocar lo sucio en oro...


Un beso, querida Lentxu. Te vamos a echar mucho de menos.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Bajo esa última hora de luz

Las montañas de alrededor se habían arrimado. El sol rasante hurgaba en ellas penetrando en sus líneas verticales, bajando a su altura. Te entraban ganas de hallarte allá arriba, donde se producía esa fricción entre las rocas y la luz. A esas hora se verifica una intimidad física entre la materia y el aire. El sol se unta como mantequilla, se restriega por encima.
He estado muchas veces allá arriba, en el camino de descenso de una larga escalada. Pero pensaba en los pasos fatigados, me mantenía a distancia del vacío que seduce y atrae al cuerpo que quiere descender al valle. Iba de paso por esa superficie, bajo esa última hora de luz con la preocupación de retirarme de ahí a toda prisa.
Desde abajo, por el contrario, desde lejos, me entraban ganas de hallarme tumbado en una cornisa allá arriba y formar parte del reino mineral. Di un paseo para descargar el deseo descabellado de una hora de plenitud.
Erri de Luca, El crimen del soldado.





jueves, 5 de diciembre de 2013

Icon, de El País: un caro despliegue de banalidad

El mes pasado no quise ni llevarme el primer número de Icon, la "revista masculina" de El País; y ahí se quedó, en la papelería de la universidad, donde suelo comprar los periódicos los días de labor.  Hoy he optado por llevarme junto con el diario el segundo número, y mis primeros reparos no han hecho sino confirmarse.
Con la que está cayendo, con la necesidad que hay de un periodismo riguroso y serio, a la altura de las circunstancias, va El País y se descuelga con un lujoso catálogo de publicidad hortera salpimentado de todas las banalidades que cabría imaginar. Ya está en el montón de papeles destinados al contenedor azul.
¿Acaso no tiene El País cosas mejores que ofrecernos a sus lectores? ¿Por qué no recopilar una vez al mes sus artículos de opinión o, ya puestos, por qué no elaborar una vez al mes un dossier sobre alguna de las muchas cuestiones que hoy preocupan a la sociedad?
Pero nada de eso: a vender(se) y a vendernos gilipolleces. Y lo peor es que El País Semanal sigue el mismo camino, con más publicidad por centímetro cuadrado que el catálogo de Navidad de El Corte Inglés.
Ahora que he conseguido poner a Amazon contra las cuerdas, voy a hacer lo mismo con Prisa, así que anuncio: el próximo mes, cuando toque, no sólo no me llevaré Icon sino que ese día tampoco compraré El País. Y así hasta que dejen de publicar esa tontería.
¡Hala, chínchate!

martes, 3 de diciembre de 2013

Noticia de hoy, realidad de siempre

Leemos hoy en El País que un incendio en un taller textil clandestino ubicado en la localidad de Prato revela las condiciones de trabajo esclavas de muchos inmigrantes chinos en Italia.
Ya lo ha contado Edoardo Nessi, nacido precisamente en Prato, nieto e hijo de empresarios textiles, en dos hermosos libros editados por Salamandra:

Hoy en día en Prato, conceptos como legalidad y ley, inmigración , tolerancia e intolerancias, ideología, acogida, racismo e integración, xenofobia e inclusión se convierten en viejos instrumentos ya inútiles para comprender lo que sucede en una ciudad invadida por una armada silenciosa y asustada, que muchos temen que sólo es la avanzadilla de la invasión que vendrá, pero que ya hoy es imposible censar y detener con los controles, las inspecciones, las ordenanzas municipales quisquillosas, los informes de los bomberos, los embargos de los locales, las supresiones de los rótulos en chino, los precintos de plástico, las cintas en blanco y rojo y los candados. Es un jovencísimo ejército de secuestrados que con frecuencia ni siquiera se dan cuenta de la indignidad de sus condiciones laborales y están muy contentos de vivir y trabajar encerrados en locales mugrientos como éste, porque en la China más profunda de la que proceden estaban mucho, mucho peor, y los más afortunados ganaban ocho dólares al mes [La historia de mi gente, 2012].

Será también culpa nuestra, que no hemos entendido nada, como nos repiten los sabios de la economía, pero hace falta tener el corazón fuerte como un león para resistirse a la tentación de abandonarse a la pesadilla que nos ve olvidados por la historia en marcha, espectadores impotentes, restos de un pequeño mundo antiguo barrido por el tornado de la globalización y víctimas de la más cruel de las burlas, la de pretender que nos alegremos del abandono de la pobreza por parte de cientos de millones de chinos, indios, vietnamitas e indonesios cada vez que intentamos lamentarnos de la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo y del cierre de miles de empresas en toda Italia y en toda Europa del sur. ¡Comos si la globalización hubiera sido impuesta en la Tierra para hacer realidad el principio de la equidad entre los pueblos, y no para incrementar los balances de las multinacionales y los bancos! ¡Como si les correspondiera a nuestros obreros, a nuestros pequeños empresarios y a sus familias reequilibrar el balance de la injusticia del mundo! [Una vida sin ayer, 2012].

Hace seis años los esclavos eran rumanos, búlgaros, polacos y africanos, ocurría en Puglia y el producto era el tomate.

En 1974, John Berger y Jean Mohr escribían en Un séptimo hombre:
La escasez de mano de obra en Europa Occidental no se debe a un descenso de población. Se trata de una escasez específica en un sistema de producción concreto. No hay suficientes trabajadores dispuestos a realizar los trabajos manuales mal pagados por los salarios que se ofrecen. 
Y también:
En lo que respecta a la economía del país metropolitano, los trabajadores emigrantes son inmortales: inmortales porque son siempre intercambiables. No nacen; no tienen que crecer; no envejecen; no se agotan; no mueren. Tienen una sola función: trabajar. Todas las demás funciones de su vida corren por cuenta del país del que proceden.