sábado, 10 de marzo de 2012

Respuesta



Las manos del mundo

amputadas por el beneficio

sangran en

calles de matanza.



"Respuesta"

John Berger, Páginas de la herida, Visor, Madrid 2003

martes, 6 de marzo de 2012

El Monstruo Amable

¿Se nota en algo la presencia de una destacada socialista en el consejo de Endesa o de un destacado socialista en el consejo de Gas Natural? Se vuelven empresas socialmente más responsables, menos especuladoras, más respetuosas con el medio ambiente, más igualitarias, más cumplidoras con el fisco, más participativas...
¿Cuál es la impronta que deja un socialista como comisario europeo de Competencia?

"Ser de izquierdas es parecido a oponerse con esfuerzo a la tensión de un muelle que nos une a un punto de anclaje. El muelle, al ejercer tracción, nos haría retroceder, pero nosotros oponemos resistencia, aunque nos cueste esfuerzo. El riesgo de dejarse arrastrar es fuerte, y a veces cedemos un poco, pero los más fuertes de nosotros consiguen mantenerse fuertes.
En suma, lo que pretendo decir es que las posiciones de izquierdas son abstractas, laboriosas e inestables. Desde ese punto de vista, para estar en la izquierda hace falta haber metido en cintura los impulsos descritos en los postulados de la derecha, con un grado variable de esfuerzo sobre uno mismo, es decir de renuncia, incluso a costa de negar o limitar sus propios intereses.
[...] Hoy en día el esfuerzo intrínseco de estar en la izquierda es más arduo debido al irresistible atractivo del Monstruo, a su enorme afabilidad, a la potencia de su reclamo, a las mil promesas que adelanta sin cesar...".

Raffaele Simone, El Monstruo Amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?, Taurus, Madrid 2011

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Qué es ser heterodoxo?




La veterana revista EL CIERVO dedica su número de marzo a la cuestión de "¿Qué es ser heterodoxo hoy?". A continuación reproduzco mi reflexión al respecto, que también puede leerse en la edición digital de la revista.


Convicción no significa verdad


Hubo un tiempo en que bastaba con ser una minoría cognitiva, con discrepar de la cultura o las ideas dominantes, para que una persona o un grupo fueran catalogados como heterodoxos. No compartir la doxa hegemónica –no ser, por tanto “ortodoxo”– parecía suficiente. En realidad, nunca lo fue. “El revolucionario es al mismo tiempo rebelde o ya no es revolucionario, sino policía y funcionario que se vuelve contra la rebelión (…). Todo revolucionario termina siendo opresor o hereje.” Esta sentencia de Albert Camus en El hombre rebelde, inmisericorde pero históricamente inapelable, disuelve cualquier pretensión de dotar de contenido positivo a la heterodoxia exclusivamente en razón de su naturaleza de pensamiento minoritario, contracultural o antisistémico. Ideologías y movimientos originariamente heterodoxos no han violentado menos, no han esclavizado menos, no han aterrorizado menos, no han asesinado menos, que las ortodoxias contra las que se alzaban.

¿En qué consiste, entonces, la heterodoxia? En tener siempre presente que la certidumbre subjetiva y la convicción personal nunca son suficientes para afirmar la verdad objetiva. El gran problema del mundo, hoy como siempre, estriba en el dogmatismo, ya sea enarbolado por mayorías o por minorías. También hay heterodoxos dogmáticos. “Somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos.” Esta es la firma franquicial del movimiento Anonymous, que en su encarnación española justificaba así su decisión de hacer públicos datos personales de personas del mundo de la cultura y de la política partidarias de legislar para proteger la propiedad intelectual en la red: “Hemos creído correcto no publicar datos de personas no relacionadas con la ley Sinde/Wert, pero si, en un futuro, dichas personas cambian de posición o hacen algo que creemos merecedor de castigo, toda nuestra ira caerá sobre ellos”. ¿Heterodoxia? Tal vez, pero acusadamente dogmática.

El sociólogo holandés Gerd Baumann propone como herramienta esencial para vivir en un mundo crecientemente plural el “pensamiento multirrelacional” y “multicultural”, caracterizado por desconfiar de cualquier intento de reificación de la realidad: “Cuando el discurso reificador habla de ciudadanos o de extraños, de etnias púrpuras o verdes, de creyentes o ateos, debemos preguntarnos por ciudadanos ricos o pobres, por etnias poderosas o manipuladas, por creyentes casados o pertenecientes a una minoría sexual. ¿Quiénes son las minorías dentro de las mayorías, quiénes son las invisibles mayorías en relación con las minorías? Mezclemos todas las formas de plantearnos cada posible categoría que veamos, ya que las permutaciones son infinitas cuando se cuestionan las reificaciones (…). El principio es siempre el mismo: plantear una pregunta que interrelacione una división considerada absoluta en cualquier contexto. Nada de lo que hay en la vida social está basado en un absoluto, ni siquiera la idea de lo que es una mayoría o un grupo cultural”.

Ser heterodoxo es ser antidogmático, sí, pero sobre todo respecto de los dogmas propios. El filósofo estadounidense Richard J. Berstein lo llama “falibilismo pragmático”: una forma de pensamiento flexible, abierto, que evita cualquier división simplista de la realidad en oposiciones binarias, disyuntivas y absolutas. De esto trata, en mi opinión, la heterodoxia: de ejercitar el distanciamiento irónico tanto de la doxa ajena como de la propia, y no de ser heterodoxo respecto a lo ajeno y ortodoxo para con lo propio.

En julio de 1949, Camus escribía: “Estoy a favor de la pluralidad de posiciones. ¿Es que se puede crear el partido de quienes no están seguros de tener razón? Ése sería el mío”. El partido de las y los heterodoxos. Tan necesario.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Twitter, ¿sólo para las cagadas?

Con perdón. Pero es lo que he pensado al leer esta mañana la página 2 de EL PAÍS.
Asunto: El caso de los periodistas bloqueados en la ciudad siria de Homs, sometida a asedio y bombardeos por las tropas de el Aasad y su intento de rescate (fallido).
Protagonista: El presidente-candidato Sarkozy, en plan preelectoralero.
La sucesión de acontecimientos:

1º Buena (aunque falsa) noticia, a bombo y platillo ante periodistas de cuerpo presente: “Estoy feliz de anunciaros que la pesadilla ha terminado. Bouvier tiene fracturas múltiples y ahora podrá recuperarse bien”, afirmó el presidente al nutrido grupo de periodistas que sigue su campaña. Con las horas, se supo que el anuncio de Sarkzoy no se correspondía con la verdad. En realidad, la operación de rescate de Bouvier no había salido bien.

2º Tenue gorgeo disculpatorio: Poco después, Sarkozy admitió su error a través de su cuenta de Twitter oficial: “He sido impreciso y me excuso. No está confirmado que [Bouvier] esté a salvo en Líbano. La situación es extremadamente compleja de analizar”.

domingo, 26 de febrero de 2012

Dolor a cambio de... ¿nada?

Paul Krugman publica hoy en EL PAÍS un artículo titulado "Dolor sin nada a cambio", en el que somete a severa crítica la obsesión por los recortes de quienes denomina la camarilla del dolor, todos esos economistas, financieros, empresarios y políticos que predican la austeridad en estos tiempos de depresión económica, a pesar de sus graves consecuencias sociales.

Al leerlo he recordado ese soniquete que el presidente Rajoy no cesa de repetir: "No hacemos reformas para fastidiar, sino para crear empleo. Y vamos a seguir haciéndolas". Volvía a decirlo hoy en Oviedo. No se trata de juzgar intenciones: el caso es que las reformas en marcha fastidian, y mucho.


Krugman habla de generar dolor sin nada a cambio. Alfredo Pérez Rubalcaba sostiene que “detrás de un Rajoy comentarista apesadumbrado se esconde un Rajoy decidido a hacer una auténtica revolución conservadora”. Creo que está en lo cierto: estas reformas dolorosas no se hacen sin nada a cambio. Son una inversión. Una inversión política.

viernes, 24 de febrero de 2012

Razón, fe y revolución

Leo en PÚBLICO que la Universidad de Oxford ha acogido un debate entre el biólogo Richard Dawkins y el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, bajo el título La naturaleza del ser humano y la cuestión de su origen último.

Ya resulta de enorme interés que un debate así pueda celebrarse, y en sede universitaria. No me imagino algo parecido en España, al menos por lo que toca a los representantes más conspicuos de nuestra Iglesia, demasiado acostumbrados a confundir, sin mayor mediación intelectual, sus particulares pájaros en la cabeza con la inspiración del Espíritu Santo.


Como se recordará, Dawkins fue uno de los más destacados impulsores de aquella pintoresca iniciativa de los "autobuses ateos", además de autor de El espejismo de Dios (Espasa Calpe 2007), no exento de interés, aunque muy poco científico en su pretenciosa manera de plantear su objetivo:


"Si este libro funciona tal como yo lo he concebido, los lectores religiosos que lo abran serán ateos cuando lo dejen. ¡Qué presuntuoso optimismo! Por supuesto, quien tiene fe es inmune a toda argumentación; su resistencia ha sido construida durante años de adoctrinamiento infantil, utilizando métodos que han tardado siglos en madurar (ya sea mediante evolución o mediante diseño). Entre los recursos inmnológicos más eficaces figura el cuidado extremo para evitar abrir un libro como este, que seguramente es obra de Satán...".


¡Perfecto autoblindaje! Si tengo razón en lo que escribo cualquier persona religiosa que lea mi libro necesariamente dejará de serlo; pero dado el profundo adoctrinamiento sobre el que se asientan sus creencias, será inmune a mi argumentación. Ergo... tengo razón en el caso de que mi libro provoqué la conversión atea del creyente, pero también la tengo en el caso de que tal coversión no se produzca: al fin y al cabo, tal empecinamiento en el error es característico de la mentalidad religiosa que combato.

No creo que Popper se sintiera muy identificado con esta manera tan poco falibilista de argumentar.






Por lo que he podido leer en la reseña de PÚBLICO, el debate no resultó tan interesante como prometía: "Lo que se anunciaba como un polémico debate se fue transformando poco a poco en un monólogo del biólogo autor de El espejismo de Dios, que ridiculizó con cierta diplomacia alguna afirmaciones de Williams, al que acusó de utilizar 'un lenguaje demasiado poético'". Seguramente el tema propuesto, eso del "origen último del ser humano", no es la manera más apropiada para plantear el debate entre razón y fe.



Precisamente ayer finalizaba la lectura de uno de los libros que más me han interesado en los últimos tiempos. Se trata del ensayo de Terry Eagleton Razón, fe y revolución (Paidós 2012), en el que el autor, catedrático de la Universidad de Manchester, reconocido experto en el campo de los estudios culturales y la crítica literaria y marxista antidogmático, discute los planteamientos antirreligiosos de Dawkins, así como del recientemente fallecido Christopher Hitchens (Dios no es bueno, Debate 2008), a quienes agrupa bajo la denominación de "Ditchkins".


Desde sus primeras páginas Eagleton escoge una aproximación bien distinta a esa de los orígenes sobre la que se organizaba el debate de Oxford. Refiriéndose a la afirmación de Hitchens de que gracias al telescopio y al microscopio la religión ya no ofrece ninguna explicación de nada importante, Eagleton aclara que "el cristianismo jamás pretendió ser una explicación de ninguna cosa. Eso sería como afirmar que, gracias al tostador eléctrico, podemos olvidarnos de Chéjov". Y continua: "La ciencia es y debe ser atea. La ciencia y la teología no hablan casi nunca del mismo tipo de cosas, o, al menos, no más de lo que puedan hacerlo la ortodoncia y la crítica literaria. He ahí uno de los motivos que explican los grotescos malentendidos que surgen entre ambas". Malentendidos que la jerarquía católica alimenta cuando se empeña en repetir, tozudamente, el error galileano de pretender tener, no ya una última palabra, sino la primera palabra sobre cuestiones (como la reproducción, el nacimiento, la enfermedad, la educación, la sexualidad o la muerte) que presentan y exigen la autonomía necesaria como para ser objeto de discusión en el marco de la razón.



"La diferencia entre Ditchkins y los radicales como yo -proclama Eagleton- también gira en torno a si el significante último de la condición humana es el cuerpo torturado y asesinado de un criminal político, y cuáles son las implicaciones de tal hecho para nuestra vida". ¿Por qué? Esta es su respuesta: "La esencia primordial de la fe cristiana, desde mi punto de vista, no estriba en el hecho e adherirse a una proposición afirmando la existencia de un Ser Supremo, sino en adquirir la clase de compromiso manifestado por un ser humano que ya no puede aguantar más, que se hunde en la oscuridad, el dolor y el desconcierto, y que, aun así, se mantiene fiela la promesa de un amor transformador".



En El espejismo de Dios, Dawkins escribía con infantil alborozo: "Imagine, con John Lennon, un mundo sin religión. Imagine que no hay terroristas suicidas envueltos en bombas, que no existe el 11-S o el 7-J, que no hay cruzadas, caza de brujas, ni el Complot de la Pólvora, ni la partición india, ni las guerras árabe-israelíes, ni las masacres serbo-croatas-musulmanas, ni la persecución de los judíos como 'asesinos de Cristo', ni los 'problemas' de Irlanda del Norte, ni las 'muertes de honor', ni telepredicadores con vestidos brillanes y cabello cardado (...). Imagine que no hay talibanes para volar estatuas antiguas, ni decapitaciones, ni blasfemias públicas, ni azotes en la piel de mujeres por enseñar una pulgada de esa misma piel".



Seguiríamos teniendo el Congo de Leopoldo, la masacre de los nativos norteamericanos, Dresde, Hiroshima y Nagasaki, Auschwitz, Vietnam, el Chile de Pinochet y la Argentina de Videla, la eugenesia y el racismo "científico", Wall Street y las agencias de calificación, el neoliberalismo, los yuppies, el calentamiento global y la biopiratería, la precarización de las condiciones de existencia, la degeneración de los servicios publicos... Y no tendríamos a Dietrich Bonhoeffer, ni a Simone Weil, ni a Gandhi, ni a Martin Luther King, ni a Daniel Berrigan, ni a Ernesto Cardenal, ni a Ignacio Ellacuría...



"Probablemente dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida". Esta invitación en autobús no difiere en lo esencial de lo que nos propone el capitalismo neoliberal: probablemente dios no existe, ni el hambre en el mundo, ni la dependenci, ni la vulnerabilidad, ni la codicia, así que déjate de preocupaciones y disfruta de la vida, aunque sea en formato low cost. "El problema para el momento presente -lamenta Eagleton- es que la religión, siendo como es uno de los escasos lugares en los que algunos de los valores espirituales expulsados por el mercado pueden hallar refugio, se vuelve por eso mismo defensiva, paranoica y semipatológica".



En esas estamos.