sábado, 8 de diciembre de 2018

Mañana de letra pequeña

Aunque familiar, un mismo paisaje cambia cada día en función de la luz, la perspectiva... ¿el estado de ánimo?
He caminado por estas peñas una veintena de veces, en todas las estaciones del año. Conozco bien sus senderos. He disfrutado de sus vistas desde lo alto. Sin embargo, esta mañana me parecía estar recorriéndolas por primera vez.

Escribe John Burroughs en El arte de ver las cosas (Errata Naturae, 2018) que  "uno rara vez se da un paseo sin tropezar con alguna línea de esa letra pequeña en la página de la naturaleza". Se refiere Burroughs a las distintas realidades que podemos observar en la naturaleza: vistosas y evidentes unas, ocultas y desapercibidas otras:
"El libro de la naturaleza es como una página sobrescrita o impresa con caracteres de distintos tamaños y en muchos idiomas diferentes, intercalados y cruzados, y con una gran variedad de notas al pie y referencias. [...] Todos leemos la letra grande con mayor o menor entendimiento, pero solo los estudiosos y los amantes de la naturaleza leen la letra pequeña y las notas al pie. Es un libro que lee mejor el que va mas despacio o incluso el que se eterniza por el camino. El que va corriendo quizá pueda llegar a leer algo...".

Tal vez porque esta mañana he vagado sin rumbo fijo, sin un objetivo definido, la letra pequeña se ha manifestado con particular claridad: las sombras del amanecer, las trazas de los aviones en el cielo, el color ocre del bosque, las grandes cumbres asomándose tras otras más humildes, la fauna esquiva...


 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 7 de diciembre de 2018

Helada, niebla y cielo azul (y una breve reflexión de John Burroughs)

Mañana de frío helador que con el paso de las horas se ha ido convirtiendo en un día soleado, de cielos azules. Esto, en la montaña: por debajo de los mil metros, la niebla lo cubría todo. Abundancia de ciervos, pero encamados como estaban entre los brezos era muy difícil hacer una buena foto.

 
  
 
 
 
 
 
  

 
 
 
 
 
 
 
 
 

"El caminante  no necesita un territorio extenso. Cuando te subes a un vagón de ferrocarril, quieres un continente, y el hombre en su carruaje precisa un municipio; pero un caminante como Thoreau encuentra tanto y más en las orillas de la laguna de Walden. [...] El caminante tiene el privilegio de los campos, los bosques, las colinas, los senderos" (John Burroughs).






domingo, 2 de diciembre de 2018

La investigación

La investigación
Philippe Claudel
Traducción de José Antonio Soriano Marco
Salamandra, 2018

Me declaro admirador devoto de la obra de Philippe Claudel. Todas sus obras me parecen excelentes: Bajo el árbol de los Toraya (y aquí y aquí), Aromas y, sobre todo, El informe de Brodeck, La nieta del señor Linh y Almas grises (publicadas y leídas cuando aún no tenía esta otra vida digital). En El informe de Brodeck, escribe:

"Qué extraña es la vida... Quiero decir, las corrientes de la vida, que nos arrastran, más que nos llevan, y tras un curioso recorrido nos dejan en una orilla, la de la derecha o la de la izquierda".

En esta frase encontramos, creo, una clave esencial de la perspectiva literaria (y vital) de Claudel: una mirada sensible y empática a la existencia frágil y azarosa de personas que tienen (que tenemos) un control muy limitado de su existencia, que en la mayoría de las ocasiones son víctimas de las circunstancias en las que les toca vivir: almas grises zarandeadas por una guerra atroz que legitima la carnicería en las trincheras y pretende que esta no afecte a la vida de un pequeño pueblo; un anciano migrante que cuida a su nieta en un país extraño y entrelaza su vida (y su muerte) con otro solitario... Pero siempre rescatando la humanidad de esas mismas personas: "Siempre me ha parecido admirable el tesón del ser humano para 'durar'", proclama en Bajo el árbol de los Toraya.





La investigación, la última y más reciente novela de Claudel, recoge y sintetiza todas estas claves características de su mirada ética. Pero, en este caso, abandona la perspectiva realista que caracteriza a sus anteriores obras para introducirnos en una ficción pesadillesca de tintes abiertamente kafkianos.

Su protagonista es "el Investigador", enviado a una extraña ciudad para investigar los suicidios que han tenido lugar en "la Empresa", en torno a la cual parece girar toda la existencia de la población: 
"La Ciudad entera parecía reducirse a la Empresa, como si poco a poco -en un proceso de expansión que nada ni nadie había podido frenar- la corporación se hubiera extendido más allá de su límites iniciales, tragándose toda la periferia, digiriéndola y asimilándola  hasta infundirle su propia identidad".

Desde el primer momento, el Investigador se verá superado por una realidad inesperada y caótica, donde nada funciona como cabría esperar: un entorno urbano laberíntico y aparentemente cambiante, unos personajes imprevisibles a pesar de estar construidos como estereotipos (el Camarero, la Giganta, los Turistas, el Policía, el Psicólogo -¡a pesar de ser una mujer!-, el Vigilante Nocturno, los Desplazados, el Fundador...). Y "la Sombra", el último y definitivo encuentro del protagonista.


La novela denuncia la conversión de nuestro mundo en una realidad mecánica e impersonal, donde cada ser humano concreto es absolutamente y literalmente prescindible. Para ello nos introduce en una distopía oscura, con imágenes poderosas, desasosegantes, que nos hacen sentir la angustia del atormentado Investigador. Sin embargo, es este aire tan de familia con el universo de Kafka lo que, a mi juicio, peor resulta de la novela. Pero la firma Claudel, y esto es una garantía.

Eso sí: si no has leído nada de este autor, no empieces por aquí.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Pagasarriko basozaina

"Nun hago, zer larretan, Pagasarriko basozaina. Mendi hegaletan gora, oroitzapen den gerora, ihesetan joan hintzana".
Esta mañana Rafa nos ha reunido de nuevo en su querido Paga. Nos hemos abrazado, hemos reído, llorado y cantado.
 
"Adiskide bat bazen..."

sábado, 24 de noviembre de 2018

Nuestras riquezas: una librería en Argel


Kaouther Adimi
Nuestras riquezas
Traducción de Manuel Arranz
Libros del Asteroide, 2018


En 1936 el veinteañero Edmond Charlot abre en Argel la librería "Las Verdaderas Riquezas", tomando para sí el título de la obra homónima de Jean Giono -publicada en castellano por Errata Naturae- y, junto con el título, el espíritu que anima esta obra:

"La sociedad construida sobre el dinero destruye las cosechas, destruye a los animales, destruye a los hombres, destruye la alegría, destruye el mundo auténtico, destruye la paz, destruye las riquezas verdaderas" (Jean Giono, Las riquezas verdaderas, p. 30).

De ahí la intención de Charlot: fundar una librería y una editorial, pero no como un negocio, sino como un espacio consagrado al pensamiento, la creación, la amistad, la inteligencia, el entendimiento:

"Una librería que vendiese novedades y libros antiguos, que prestara obras y que no fuera únicamente un negocio, sino un lugar de encuentros y de lectura. Un lugar de fraternidad, en cierto modo, y con un toque mediterráneo: invitar a escritores y lectores de todos los países del Mediterráneo sin distinción de lengua ni de religión, gente de aquí, de esta tierra, de este mar...".

La novela de la igualmente joven Kaouther Adimi (Argel, 1986) cuenta, con un lenguaje sencillo y directo, la historia de esa librería y de las personas y personajes que tuvieron relación con ella.

Para ello, recurre a dos planos temporales. El primero, el día a día de la librería, a partir de las anotaciones de los diarios de Edmond Charlot, entre 1935 y 1961. Una época histórica excepcionalmente agitada: la guerra civil de España, la segunda guerra mundial, la revolución argelina contra la colonización francesa, influirán sobre la librería tanto como las dificultades económicas que su fundador deberá sortear recurriendo a la complicidad de sus amistades. Es en este plano en el que se mueven los personajes que constituyeron el universo de "Las Verdaderas Riquezas" (como Antoine de Saint-Exupéry o André Gide), entre los que destaca la presencia constante de Camus: su nombre aparece en al menos 26 de las 166 páginas de la historia.

El segundo plano temporal, actual, se construye a partir de la experiencia de Ryad -veinte años de edad y estudiante de ingeniería en París- que en 2017 es enviado a Argel para desmontar el viejo local que en su tiempo acogió la librería de Charlot, deshacerse de su mobiliario y de los libros que aún quedan y limpiar y pintar el local, destinado a acoger una buñolería. Es aquí cuando conocemos a las personas que habitan el barrio donde se ubicaba la librería y que, en algunos casos, la conocieron abierta y en pleno funcionamiento: Moussa el de la pizzeria, el tendero que no le vende pintura a Ryad, el camarero de Chez Saïd, la vendedora de perfumes de imitación, el ciego Youcef ("capaz de reconocer cualquier libro con solo tocar la cubierta y de recitar uno de sus pasajes de memoria"), la joven Sarah y, sobre todo, el viejo Abdallah, que trabajó en "Las Verdaderas Riquezas" y que ahora custodia el local como un fantasma.

En fin: se trata de una obra breve pero intensa, evocadora, un canto de amor a los libros y las librerías. Yo hubierra sido feliz teniendo cerca una librería como "Las Verdaderas Riquezas".

"Irás a Las Verdaderas Riquezas, ¿verdad? Tomarás las callejuelas en cuesta, las descenderás o las subirás. Te protegerás del sol que pega con fuerza ... te detendrás en la terraza de un café y no dudarás en sentarte un momento para charlar con unos y con otros. Aquí no hacemos diferencias entre la gente que conocemos y la que acabamos de conocer...".


domingo, 18 de noviembre de 2018

El peregrino

 
El peregrino
J.A. Baker
Traducción de Marcelo Cohen
Editorial Sigilo, Madrid 2018


Día tras día John Alec Baker (1926-1987) recorre la zona rural de Essex observando a los halcones peregrinos que por ahí anidan y cazan. Un espacio plenamente humanizado -hay granjas y tractores, puerto de mar y cargueros fondeados, pueblos, cazadores...- pero repleto de vida natural. Cada día el mismo paisaje -los mismos bosques, campos, pantanos, arroyos y marismas- y los mismos lances de caza; y, sin embargo, la inmensa capacidad de observación y descripción de Baker nos descubre cada jornada un mundo nuevo.

"Llegúe tarde al amor por las aves", reconoce Baker al principio del libro. "Por años solo las vi como un temblor al filo de la visión". Pero su capacidad de observación y comunicación asombra y a veces hasta abruma. Sus descripciones de lo que observa mientras se mueve, andando o en bicicleta, como una criatura más de la naturaleza. Un ejemplo esplendoroso de estas descripciones:

"Lo más emocionante de un halcón es cómo puede crear vida de la tierra quieta conjurando bandadas enteras. A medida que el halcón lo sobrevolaba, del gran campo que se extiende entre la carretera y el arroyo surgió una multitud de gaviotas, palomas torcaces y avefrías. Tan apretadas se alzaron las gaviotas que fue como si una sábana de agua blanca tapase la granja. Oscuro entre las gaviotas blancas el halcón descargó su filo, dispersándolas como agua que estalla en espuma. Al bajar los prismáticos me di cuenta de que también los pájaros que me rodeaban habían estado atentos al halcón. En los árboles y arbustos había muchos gorriones, estortinos pintos, mirlos y zorzales que miraban al este y no paraban de parlotear y reñir. Y por todas las sendas, mientras apuraba el paso hacia el este, los setos estaban revestidos de pajaritos acurrucados que trinaban su prevención al cielo vacío".

¡No me digáis que al leerlo no se escuchan los trinos y los aleteos, que no se ven los movimientos espasmódicos o armónicos de las bandadas de aves!

"Aunque todo lo que describo sucedió mientras lo observaba, no creo que con la observación honrada baste. Las emociones y el comportamiento del observador también son hechos y hay que registrarlos con fidelidad". En efecto, Baker combina magistralmente capacidad de observación (lo que exige distanciamiento) y capacidad de identificación con la realidad observada (lo que exige cercanía). 
Tanto, que en ocasiones, el observador se transforma en el ave que observa: "Parado en un campo, cerca del huerto del norte, cerré los ojos y traté de cristalizar mi voluntad en el prisma embebido de luz de la mente del peregrino. En la calidez del sol, bien plantado en su olor a hierba alta, me sumergí en la piel, la sangre y los huesos del halcón. El suelo se hizo rama para mis pies, el sol me pesaba en los párpados y los calentaba. Como el halcón, oí y odié el sonido del hombre, ese horror sin rostro de los lugares rocosos".

En fin: es este un libro de escritura hermosa, compleja, trabajada; literatura mayúscula, que ha debido exigir un esfuerzo de traducción igualmente mayúsculo. Sólo dos ejemplos de esta calidad literaria, que convierte El peregrino en muchísimo más que un texto de o para naturalistas:

"Molidos por el lento mordisco del arado, grandes terrones negruzcos se curvaban en surcos, rebanados, sólidos hasta el brillo, con destellos de sol en los bordes netos. Gaviotas y avefrías sondeaban los largos valles marrones y las oscuras grietas en busca de gusanos, como águilas buscando serpientes".

"En medio de ese viento, el sol en una zanja seca, de pronto un chichín pareció divino como un curita marrón en una parroquia de hojas muertas y setos invernales, devoto hasta la muerte".