La explicación fundamental está en que el sistema electoral español establece dos lógicas muy diferentes para elegir el Congreso y el Senado. Esa diferencia hace que una candidatura conjunta de PSOE y fuerzas situadas a su izquierda pueda tener una justificación electoral especialmente clara en el Senado, mientras que en el Congreso los incentivos para la unidad son más complejos y dependen mucho de cada circunscripción.
Pero hay una segunda cuestión, de naturaleza política, que me parece
igualmente importante, y es la diferencia entre construir una alianza para evitar la
pérdida de representación y construir un proyecto político compartido. La
distinción permite entender por qué puede alcanzarse un acuerdo para el Senado
sin que exista una candidatura común para el Congreso.
1. El Senado: un sistema que incentiva fuertemente la
concentración electoral
En la mayoría de las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores o
senadoras mediante un sistema mayoritario de voto limitado. Cada persona electora
puede votar hasta tres candidaturas individuales, y las cuatro personas más
votadas obtienen los escaños.
En la práctica, cuando el voto se concentra en dos grandes bloques, el
resultado habitual es que el bloque más votado obtiene tres escaños y el
segundo consigue uno.
Esto tiene una consecuencia decisiva: la fragmentación entre fuerzas
próximas puede permitir que un bloque obtenga tres escaños, aunque sus
adversarios sumen más votos.
Imaginemos una provincia con estos resultados hipotéticos:
- Derecha: 43 % de los votos.
- PSOE: 35 %.
- Izquierda alternativa: 15 %.
- Otras candidaturas: 7 %.
Si el PSOE y la izquierda alternativa concurren por separado, la derecha
podría conseguir tres escaños y el PSOE uno. En cambio, una candidatura
conjunta que consiguiera reunir el apoyo de ambos electorados podría obtener
los tres escaños mayoritarios.
Ejemplo ilustrativo de reparto de cuatro escaños
·
Izquierda separada: Derecha 3 · PSOE 1
·
Izquierda conjunta: Coalición 3 · Derecha 1
La unidad puede traducirse en un cambio considerable en el reparto de
escaños sin que cambie el número total de personas que votan a las fuerzas
implicadas.
Este mecanismo explica el interés por las candidaturas conjuntas al Senado,
incluso entre partidos que mantienen diferencias políticas importantes.
2. El Congreso: un sistema proporcional, aunque con
importantes distorsiones
En el Congreso la situación es distinta, ya que los 350 escaños se reparten entre
circunscripciones provinciales mediante el sistema D'Hondt, con listas cerradas
y bloqueadas.
Aunque se trata de un sistema proporcional, la existencia de muchas circunscripciones pequeñas introduce efectos mayoritarios. Esto significa que la unión electoral puede tener efectos diferentes según el territorio.
Imaginemos una provincia que reparte cinco escaños y presenta estos
resultados:
|
Candidatura |
Votos |
|
PP |
38 % |
|
PSOE |
32 % |
|
Izquierda alternativa |
12 % |
|
Vox |
12 % |
|
Otras |
6 % |
Aplicando D'Hondt, el reparto sería:
|
Escenario |
PP |
PSOE |
Izq. alternativa |
Vox |
|
Separados |
2 |
2 |
0 |
1 |
|
PSOE + izquierda alternativa |
2 |
3* |
— |
0 |
*Los tres escaños corresponderían a la coalición, no exclusivamente al
PSOE.
En este ejemplo, una candidatura conjunta permite obtener un escaño
adicional.
Es verdad (creo que es la única verdad que se ha dicho desde el espacio
ERC-Podemos) que, en circunscripciones grandes, como Madrid o Barcelona, donde
se reparten muchos escaños, la proporcionalidad es mayor y la unión puede
aportar ventajas más reducidas de modo que aunque dos candidaturas obtengan representación por
separado, su suma puede resultar muy próxima a la que alcanzarían juntas.
De aquí se desprende una diferencia importante: mientras que, en el Senado,
la unidad puede alterar radicalmente la distribución de los escaños, en el
Congreso, su rentabilidad electoral depende del tamaño de la circunscripción y
de la distribución del voto.
Hay, además, un matiz referido al umbral legal del 3 % que, en el caso del Congreso, no debe
confundirse con el porcentaje efectivo necesario para obtener representación. De hecho, en las provincias pequeñas, una candidatura puede superar ampliamente el 3 % y
quedarse sin escaño.
3. ¿Por qué una candidatura conjunta de izquierda al
Senado, pero no al Congreso?
Aquí entramos en el terreno de la estrategia política.
El acuerdo alcanzado ayer, 16 de octubre, entre PSOE y Frente Amplio para
las elecciones del 29 de noviembre se denomina Senado de Progreso. Incluye distintas fuerzas, entre ellas IU,
Movimiento Sumar, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista y Batzarre, con
acuerdos territoriales específicos y excepciones. Podemos no forma parte del
acuerdo general.
Creo que hay cuatro factores que ayudan a comprender esta diferencia.
Primero, el Senado facilita un acuerdo instrumental, desde el momento en que las organizaciones
pueden compartir el objetivo de modificar el reparto de escaños sin necesidad
de construir una identidad política común. La alianza puede presentarse como un
compromiso circunscrito a una institución concreta, no como un compromiso programático más o menos cerrado.
Segundo, el Congreso concentra la disputa por el Gobierno ya que, en España, la
investidura y la responsabilidad política del Gobierno dependen del Congreso.
Presentar una candidatura conjunta de PSOE e izquierda alternativa supondría
negociar un programa electoral, una dirección política y una distribución de
puestos mucho más compleja. También difuminaría las diferencias entre partidos
que aspiran a representar electorados parcialmente distintos.
Tercero, las organizaciones situadas a la izquierda del PSOE necesitan
mantener su autonomía política. Su relación con el PSOE combina cooperación y
competencia y una candidatura común al Congreso podría reducir su visibilidad
como alternativa diferenciada y complicar su capacidad para defender propuestas
propias. Naturalmente, también podría facilitar una representación más amplia
en determinadas circunscripciones, pero son efectos que deben valorarse
conjuntamente.
Cuarto, la unidad de la izquierda alternativa tampoco es automática. El
fracaso de las negociaciones entre Frente Amplio y Podemos para el Congreso
muestra que, incluso cuando existe una proximidad ideológica considerable, las
diferencias organizativas y las disputas por la representación pueden impedir
acuerdos. Según la información publicada esta mañana, concurrirán por separado
en buena parte del territorio, aunque existen acuerdos específicos en Canarias
y la Comunidad Valenciana.
4. Una paradoja política especialmente interesante
El acuerdo del Senado permite formular una pregunta que va más allá de los
cálculos electorales. Si el PSOE y varias fuerzas situadas a su izquierda han
podido ponerse de acuerdo para concurrir conjuntamente a una institución, ¿por
qué las organizaciones de la izquierda alternativa no han conseguido un acuerdo
general para el Congreso?
La respuesta no puede reducirse a la fórmula electoral. En el Senado, ya lo hemos dicho, existe un incentivo especialmente poderoso para concentrar el voto, pero ese incentivo no elimina las diferencias políticas ni organizativas. Lo que hace es facilitar que las organizaciones las dejen temporalmente en segundo plano. En el Congreso, las diferencias adquieren más importancia porque están en juego la composición del Gobierno, la capacidad de negociación parlamentaria y la continuidad de los proyectos partidistas.
Hay, además, otra cuestión que merece atención, y es que la unidad electoral
no garantiza por sí sola la transferencia íntegra de los votos porque una parte
del electorado puede rechazar una alianza determinada, abstenerse o apoyar otra
candidatura. Esto vale tanto para el Senado como para el Congreso.
Por tanto, sumar los porcentajes de dos partidos permite ilustrar el
funcionamiento del sistema, pero no basta para calcular el resultado real de
una coalición.
5. ¿Qué nos dice todo esto sobre la unidad de las
izquierdas?
El acuerdo para el Senado demuestra que organizaciones diferentes pueden
establecer una cooperación electoral cuando identifican un objetivo
institucional compartido. La propia plataforma ciudadana Senadoras y Senadorespor la Democracia, impulsora de la iniciativa, ha destacado la importancia de
la movilización social para alcanzar el pacto.
Pero el caso también permite distinguir tres dimensiones que con frecuencia
aparecen confundidas en el debate público:
- Unidad electoral: concurrir bajo una misma candidatura para mejorar la
conversión de votos en escaños.
- Unidad parlamentaria: cooperar después de las elecciones para sostener
determinadas políticas o mayorías.
- Unidad política y social: construir un proyecto reconocible, con
propuestas, prioridades y vínculos con la sociedad organizada.
Las tres pueden relacionarse, pero ninguna garantiza automáticamente las
otras.
El pacto alcanzado para el Senado es una muestra
de cooperación electoral entre organizaciones que mantienen su autonomía y su
existencia demuestra que es posible alcanzar acuerdos parciales sin resolver
todas las diferencias. El fracaso de una candidatura general de la izquierda
alternativa para el Congreso revela, por su parte, las dificultades de
trasladar esa cooperación a una institución donde se juega directamente la
representación política de cada partido.
La cuestión de fondo es hasta qué punto la cooperación
electoral puede contribuir a construir un proyecto político compartido (que es
lo que se buscaba con la unión de la izquierda alternativa para el Congreso), y
hasta qué punto se limita a gestionar las consecuencias de la fragmentación
existente (que es lo que se busca con el acuerdo entre PSOE y Frente Amplio
para el Senado).
Me parece que esa distinción es especialmente pertinente para analizar las
negociaciones de estas últimas semanas, porque una cosa es ponerse de acuerdo
para no perder escaños y otra bastante más complicada, pero también más relevante,
es ponerse de acuerdo sobre qué hacer con ellos. En esto hemos fracasado.


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