sábado, 25 de noviembre de 2023

La credibilidad de las víctimas de la violencia machista



El pasado 4 de noviembre este diario se hacía eco de las XIV Jornadas estatales de Psicología contra la Violencia de Género, organizadas en Bilbao por el Colegio de Psicología de Bizkaia, en concreto sobre una mesa redonda en la que miembros de diversos órganos judiciales reflexionaron sobre el tratamiento de la violencia machista en el ámbito jurídico y “lo delicado que es valorar la credibilidad de una víctima de violencia sexual”. El titular de la noticia era: “Para un juez es difícil valorar el silencio de una víctima de violencia sexual”.

Se trata de una cuestión fundamental, de la que se han ocupado numerosas autoras y que incide particularmente en los itinerarios de las mujeres víctimas de violencia machista en los procedimientos judiciales. Itinerarios que se ven afectados por la persistencia de lo que la filósofa Miranda Fricker denomina “injusticia epistémica”, el hecho de que las declaraciones de ciertas personas, por efecto de imaginarios y estereotipos socioculturales profundamente asentados, muchas veces inconscientes, sufren un déficit de credibilidad frente al de otras: es el caso de personas anónimas frente a otras conocidas públicamente, el de personas racializadas frente a personas autóctonas, el de personas pobres frente a otras acomodadas y, muy especialmente, el de las mujeres frente a los hombres. No tener en cuenta la existencia objetiva de esta distribución desigualitaria de la credibilidad acaba produciendo situaciones de “injusticia testimonial”, caracterizadas por la desigual atribución de credibilidad a unas y otras personas al margen del contenido de sus declaraciones.

Las mujeres sufren sistemáticamente lo que Deborah Tuerkheimer llama “descuento de credibilidad”. En el contexto judicial la credibilidad implica mucho más que valorar la verdad de la acusación formulada. Cuando una mujer presenta una denuncia por violencia sexual está haciendo tres afirmaciones: esto sucedió, lo que sucedió está mal y eso tiene importancia. El oyente puede decidir que la conducta denunciada no ocurrió, o que, si ocurrió, no fue culpa del acusado sino (al menos en algún grado) de la denunciante, o que el hecho denunciado no es lo suficientemente grave como para merecer preocupación. A menos que las tres afirmaciones (sucedió, está mal, importa) sean aceptadas, la acusación será desestimada como falsa, ausente de culpa o sin importancia. Estos tres mecanismos de descuento de credibilidad pueden superponerse y a menudo se confunden, pero cada uno por sí solo es suficiente para hundir una declaración.

A principios de los años noventa Kathy Mack escribió: “Creer en las mujeres representa un paso radical hacia adelante porque el mundo en general, y la ley en particular, consideran a las mujeres menos dignas de ser creídas que a los hombres por la única razón de ser mujeres”. No negaremos que se han dado pasos positivos en esta dirección, sobre todo gracias a la ley de garantía integral de la libertad sexual, tan trabajosamente impulsada por la ministra de Igualdad Irene Montero. También hay que valorar que la Sala de lo penal del Tribunal Supremo (sentencia de 6 de marzo de 2018) haya reconocido que muchas veces las víctimas de violencia machista pueden declarar en una situación de "revictimización", lo que deriva en “dificultades que puede expresar la víctima ante el Tribunal por estar en un escenario que le recuerda los hechos de que ha sido víctima y que puede llevarle a signos o expresiones de temor ante lo sucedido que trasluce en su declaración”. Pero son pasos muy recientes, limitados en su implementación práctica y, sobre todo, cuestionados por un machismo que es estructural y estructurante.

La violencia sexual no es una forma más de violencia, es una violencia muy específica que expresa y encubre un sistema de poder con el que las mujeres víctimas vuelven a chocar cuando transitan por las instituciones judiciales, donde se enfrentan a la ardua tarea de hacer comprensible su experiencia luchando contra sesgos androcéntricos y estereotipos de lo que es y no es una “buena víctima”. Por eso la violencia sexual debe ser analizada como una realidad procesual: la policía, los tribunales de familia, los juzgados de infancia y los equipos psicosociales, a menudo hacen que las mujeres violentadas no se sientan creídas.

La victimización secundaria en los juzgados de las mujeres víctimas de violencia machista es un hecho probado por numerosas investigaciones y comprobado cada día por las mujeres que trabajan en asociaciones como Bizitu Elkartea o Guerreras del Alto Deba, asociaciones de mujeres supervivientes de esa violencia. Si la judicatura quiere avanzar en la tarea de valorar el silencio de las víctimas de violencia machista en los tribunales no hay mejor manera de hacerlo que escuchar a las mujeres supervivientes fuera de los tribunales: en sus organizaciones, reivindicaciones, y luchas. No sabrán interpretar los silencios de las mujeres en un tribunal hasta que no escuchen sus voces en la calle.

Amaia González Llama es socióloga y activista en Bizitu

Imanol Zubero es profesor de Sociología en la UPV/EHU
 
El Correo, 25 de noviembre de 2023 


jueves, 16 de noviembre de 2023

Todos los cuerpos

Olivia Laing
Todos los cuerpos
Traducción de Montserrat Asensio Fernández
Paidós, 2022

"Este libro trata de cuerpos en peligro y del cuerpo como una fuerza para el cambio. Comencé a escribirlo durante la crisis de refugiados de 2015 y lo terminé justo cuando se empezaba a informar de los primeros casos de COVID-19. La nueva plaga ha revelado el aterrador alcance de nuestra vulnerabilidad física, mientras que el movimiento global Black Lives Matter del último año sugiere que la larga lucha por la libertad aún no ha llegado a su fin".


Descubrí a Olivia Laing con su libro La ciudad solitaria: aventuras en el arte de estar solo (Capitán Swing 2017; traducción de Catalina Martínez Muñoz), una obra muy sugerente en la que la autora sorprendía con su mezcla de autobiografía, sociología y crítica cultural. En las páginas finales de este libro Olivia Laing escribía lo siguiente:

"Estamos viviendo un proceso de gentrificación en las ciudades y también en las emociones, una homogeneización progresiva que produce un efecto de blanqueamiento e insensibilización. En el esplendor del capitalismo tardío, se nos inocula la idea de que todos los sentimientos complicados -la depresión, la ansiedad, la soledad, la ira- son simple consecuencia de una alteración química, un problema que hay que solucionar, en lugar de la respuesta a una injusticia estructural o, por otro lado, a la textura original de la encarnación corpórea, al hecho de cumplir condena, por utilizar esa memorable expresión de David Wojnarowicz, en un cuerpo alquilado, con todo el sufrimiento y la frustración que eso conlleva".

En el libro que ahora reseño es el cuerpo -alquilado o asumido como propio y apropiado, sufrido pero también disfrutado, frustrante pero también satisfactorio y satisfaciente- el protagonista absoluto. El cuerpo de la autora, en primer lugar ("si mi infancia me enseñó que el cuerpo es un objeto cuya libertad se ve limitada por el mundo exterior, también se me enseñó que es, en sí mismo, una fuerza para la libertad"), y desde ahí todos los cuerpos: cuerpos marcados por normatividades, cuerpos amenazados por la violencia, cuerpos enfermos, cuerpos marchando juntos protestando en las calles, cuerpos encerrados, cuerpos amados y deseados. El cuerpo, los cuerpos y sus diferencias se han vuelto omnipresentes y centrales en la política actual: el derecho a amar, a emigrar, a manifestarse, a reproducirse o a no hacerlo, a transformarse, a alimentarse... son derechos que se practican con/en/desde/para el cuerpo, objeto de luchas y de ejercicio de poder.

Uno de los protagonistas de este libro es Wilhelm Reich, acaso el primer freudomarxista al vincular, ya desde su temprana obra La función del orgasmo: sobre psicopatología y la sociología de la vida sexual (1927), el malestar psicológico de sus pacientes, objeto de atención del psicoanálisis, con factores estructurales señalados y analizados por el marxismo:
 
"Muchos de los pacientes a los que Reich atendía en Viena eran de clase trabajadora y, a base de escuchar sus historias, se dio cuenta de que los problemas que referían, el malestar psicológico, no eran consecuencia únicamente de las experiencias vividas durante la infancia, sino también de factores sociales como la pobreza, las malas condiciones de las viviendas, la violencia familiar y el desempleo. Era evidente que las personas estaban sometidas a fuerzas intensas que podían causar o más dolor que el objetivo de interés principal para Freud: la familia. Reich, que nunca se dejó amilanar por lo abrumador de las empresas que acometía, dedicó los años de entreguerras a intentar fusionar dos grandes sistemas de pensamiento con el objetivo de diagnosticar y tratar la infelicidad humana y quiso transformar las obras de Freud y Marx en un diálogo productivo, para gran desazón de los seguidores de uno y otro".

Olivia Laing reivindica la obra de Reich más allá de sus muchas derivas extravagantes (y de su paradójica homofobia: "Consideraba la homosexualidad un producto dela represión sexual, un tipo de desviación. Años después, en Nueva York, se negó a tratar a Allen Ginsberg porque era gay"). También transitan por el libro Susan Sontag (representada en buena parte a través de la biografía de Moser, ya reseñada aquí), Angela Carter y Andrea Dworkin debatiendo a propósito de Sade (y que me ha llevado a empezar a leer a ambas autoras, empezando por La mujer sadiana de Carter), o la artista cubano-estadounidense Ana Mendieta con su provocadora y desasosegante obra, en la que su propio cuerpo se convierte en material de trabajo. También Malcolm X (su cuerpo encerrado en la Colonia Penal de Norfolk, su mente liberada mediante la lectura casi obsesiva de la amplia oferta de libros de la biblioteca de la prisión), Martin Luther King y (¡qué descubrimiento!) Bayard Rustin, negro, gay, cuáquero, pacifista gandhiano encarcaledo por negarse a combatir en la Segunda Guerra Mundial, uno de los principales artífices del movimiento por los derechos civiles y mentor de King en su educación no violenta, pero invisibilizado por su homosexualidad.

Un libro complejo pero imprescindible. Un libro para releer y revisar. Un libro que es también una advertencia: el cuerpo, los cuerpos, continua siendo un campo de batalla en la actualidad y afrontamos el riesgo de perder esa batalla:

"Digamos que queremos un mundo mejor. Digamos que luchamos por él y que se viene abajo, que la gente sufre daños irreparables, que hay muertes. Digamos que el sueño era la libertad. Digamos que soñamos con un mundo en el que no se coarte, odie o mate a nadie por el tipo de cuerpo que habita. Digamos que creemos que el cuerpo puede ser una fuente de poder o de placer. Digamos que imaginamos un futuro en el que no se hace daño. Digamos que fracasamos. Digamos que fracasamos a la hora de materializar ese futuro.
En el fondo, todas las luchas del siglo pasado, del feminismo a la liberación homosexual o el movimiento de derechos civiles, trataron del derecho a acabar con la opresión basada en el tipo de cuerpo que se habita: la libertad para vivir donde se quiera, para trabajar donde se quiera y para pasear por donde se quiera sin arriesgarse a ser víctima de violencia o a morir;  la libertad para abortar, para besar en público o para mantener relaciones sexuales consensuadas sin la amenaza de una condena a prisión. Se obtuvieron victorias a base de grandes esfuerzos, pero no se consiguieron para siempre y ya están empezando a desvanecerse".

Lo corporal es político. Aquí, una entrevista de la autora por Carmen Sigüenza para Efeminista.

domingo, 12 de noviembre de 2023

Ganguren: monte urbano, pero monte

Esta mañana he subido hasta el Ganguren saliendo desde la plaza de Unamuno, por las calzadas de Mallona y las empinadas callejas de Zurbaran (coincidiendo con el Camino de Santiago), para continuar por el camino del Monte Avril, con el precioso mirador de Iturritxualde y los restos de trincheras de la Guerra Civil. La vuelta la he hecho bajando por Otxarkoaga y Santutxu. Un paseo montañero muy urbano pero que exige afrontar algunas fuertes pendientes, tanto al subir como al bajar.
 

 



jueves, 9 de noviembre de 2023

Casas de cristal

Louise Penny
Casas de cristal
Traducción de Patricia Antón de Vez
Salamandra 2023

"La fotografía de Three Pines en una mañana gris de noviembre fue reemplazada por lo que, al principio, parecía un test de Rorschach: manchones en negro y gris, figuras borrosas.
Hasta que, finalmente, acabó convirtiéndose en una imagen.
- ¿Es esa?
- Sí -dijo Gamache.
- ¿Y coincide con el personaje que se había plantado en la plaza de Three Pines?
Gamache miro fijamente la imagen del recaudador de deudas morales y notó aquel escalofrío de nuevo.
- Sí, así es."


En la mañana después de la fiesta de Halloween una de las personas que había asistido a la misma disfrazado con un hábito negro y una capucha de igual color cubriendo totalmente su rostro aparece inmóvil en mitad de la plaza de Three Pines. No hay forma de identificarla, nadie sabe quién puede ser: ¿es alguien del pueblo, es alguien de fuera? Su presencia, prolongada a lo largo de todo el día, se cierne como una sombra de amenaza sobre la tranquila comunidad. No responde a ninguna interacción, ni siquiera al intento del superintendente Gamache por conocer su identidad y su propósito. Desaparecida durante la noche sin que nadie la haya visto irse, la desasosegante figura vuelve a aparecer en el mismo lugar, en la misma actitud, al día siguiente. Hay quien ve en ella una imagen de la muerte y hay quien, como Reine-Marie, ha empezado a verlo como "algo" despojado de cualquier rasgo de humanidad:
 
"Al igual que Reine-Marie, [Gamache] se daba cuenta de que, conforme avanzaba el día, le parecía cada vez menos un ser humano y más una cosa.
Y él, más que nadie en el pueblo, sabía lo peligroso que era deshumanizar a una persona.
Porque lo único cierto era que, bajo aquel disfraz, había una persona".
 
Así empieza la última novela de Louise Penny, una potentísima historia que, con el trasfondo de la denominada "guerra contra las drogas", incluye más escenas de acción que cualquiera de sus anteriores novelas pero sin perder el fondo de relato moral que caracteriza la particular mirada de esta autora, una de las clásicas en este blog.

Y es que, como dice la autora en la nota que cierra el libro: "Three Pines es un estado de ánimo. Cuando escogemos la tolerancia en lugar del odio, la generosidad en vez de la crueldad, la bondad en lugar del acoso, cuando decidimos mostrarnos optimistas en vez de cínicos, entonces vivimos en Three Pines".

Maravillosa Louise Penny.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Gorbeia por la senda de Murua

Lo más complicado de esta ruta es llegar a su punto de partida, el pequeño aparcamiento de Parrachi, junto a la carretera que lleva al área recreativa de las Canteras de Murua. Una vez ahí todo consiste en seguir una ancha pista hasta casi la cima, que se puede acortar en dos o tres atajos. No tiene pérdida. Los cruces estás perfectamente indicados y hay marcas de pintura amarilla que nos acompañan durante el ascenso. Son alrededor de 18 kilómetros, ida y vuelta, he empezado a caminar sobre las 8:25 y he regresado al aparcamiento a las 12:10.
 
Al principio el camino transcurre por el paisaje más bonito, en medio de un bosque de robles y hayas trasmochas.
 
Superado el bosque en continua y casi siempre suave ascensión se llega a una zona de praderas y brezales, elevándose hasta los rellanos de Baltzolaga y Gonga. Las vistas hacia el embalse de Ulibarri-Gamboa son espectaculares.
También hacia el Gorbeia, que parece más alejado de lo que realmente está. Aunque hay que andar para llegar a la Cruz.
El primero de los atajos.

Sierra de Anboto.
Ya se distingue la Cruz.
La Cruz desde el alto de Pagazuri.
Llegando. Mucho viento y mucho frío.
Mirada hacia Lekanda.
Sin que sirva de repelente 😅
Descendiendo por el mismo camino el día ha despejado un tanto.
Un buen y natural asiento.
Hay muchas páginas que describen con todo detalle esta ruta. Ánimo, no es que sea muy "montañera", desde luego lo es menos que la subida desde Pagomakurre, pero es el Gorbeia y las vistas durante el ascenso y el descenso son espectaculares.