martes, 23 de junio de 2015

¿Sustituir a Maroto? Yo también digo “no”, si…

Empezaba un artículo anterior diciendo que la sustitución de Javier Maroto como alcalde de Vitoria-Gasteiz podía ser objeto de muy diversos análisis y valoraciones. Así ha sido, como es normal. Lo que no esperaba es que, entre esas valoraciones, ocupara tan poco espacio la cuestión que, al menos yo, considero central en todo este caso: la decisión del exalcalde de Vitoria-Gasteiz de utilizar un tema tan sensible como el de la inmigración con el objetivo exclusivo de obtener réditos electorales. Javier Maroto ha sido el único político vasco que escogió la opción de explotar electoralmente un tema tan delicado. El único. Candidatas y candidatos del PP en Bilbao y del PNV en Sestao, en distintos momentos, han incurrido en el mismo lamentable error de Maroto pero, a diferencia del político vitoriano, no se han regodeado en el. Por cierto, debo decir que en el caso de Bilbao al que me he referido, la actuación para reconducir la situación de la persona que en aquel momento lideraba a los populares vascos fue ejemplar.
Alcalde y parlamentario, si su pretensión hubiera sido la mejora de los procesos de gestión de las ayudas sociales y, en general, de integración de las personas inmigrantes, Javier Maroto debería haber optado por utilizar los muchos recursos que su posición política le permitían, en lugar de actuar como un torpe agitador vecinal. Y hacerlo en el marco de obligaciones y responsabilidades que distintas recomendaciones, declaraciones y programas vienen proponiendo desde hace años a las autoridades locales en el seno de la Unión Europea. Es el caso de la Declaración de Zaragoza, fruto de Conferencia Ministerial Europea sobre Integración celebrada en la capital aragonesa los días 15 y 16 de abril de 2010, de la que cito el siguiente texto:

Dado que las ciudades y sus barrios son zonas privilegiadas para impulsar el diálogo intercultural y promover la diversidad cultural y la cohesión social, es importante que las autoridades municipales creen y obtengan capacidades para gestionar mejor la diversidad y luchar contra el racismo, la xenofobia y todas las formas de discriminación. Para ello, tendrían que intentar poner a punto herramientas que les ayuden a elaborar políticas públicas adaptadas a las diversas necesidades de la población. En este contexto, hay que tener presente los aspectos espaciales de los retos de la integración, como son los barrios segregados. Para luchar contra la desigualdad, es preciso invertir en los barrios con una alta concentración de inmigrantes. La diversidad puede gestionarse adecuadamente si se parte de una metodología de base que garantice la eficacia de los servicios. Esta idea se recoge también en el Principio Básico Común n.º 6 cuando señala que el «acceso de los inmigrantes a las instituciones y a los bienes y servicios tanto públicos como privados, en las mismas condiciones que los ciudadanos nacionales y sin discriminaciones es un requisito esencial para una mejor integración». Además, los Principios Básicos Comunes 7 y 9 destacan la importancia de contar con mecanismos de participación que asocien a inmigrantes y a ciudadanos de los Estados miembros. Hay que plantearse un concepto de sociedad civil ampliado, en el que las asociaciones de inmigrantes tengan un papel destacado. El proceso de integración puede verse facilitado por la participación conjunta de inmigrantes y de la comunidad anfitriona en las organizaciones de la sociedad civil, al tiempo que la creación de asociaciones con las comunidades locales puede contribuir a asentar un clima de entendimiento mutuo, confianza y cooperación.
 
En el marco de propuestas como esta, el alcalde y parlamentario Javier Maroto hubiese podido plantear cuantas iniciativas de mejora de la situación actual hubiera querido. Pero no lo hizo. Al contrario, eligió la peor manera de actuar: manipulando los datos, abonando estereotipos, extendiendo prejuicios, alimentando agravios… ¿Es todo esto importante? Puede que las cuestiones relacionadas con los procesos migratorios les resulten a muchas personas no demasiado relevantes, de manera que apenas movilicen su interés, preocupación o compromiso al respecto. No es mi caso. Para mí es un tema esencial, al que dedico mucha de mi actividad investigadora y de mi compromiso ciudadano. Digo esto con la única intención de mostrar desde dónde abordo el tema que nos ocupa: no pretendo afirmar que la mía sea la posición correcta, ni que otras aproximaciones no sean igualmente adecuadas; pero sí me sorprende que, para la mayoría de las personas a las que he escuchado o leído cuestionar la decisión adoptada en el consistorio vitoriano, la actuación de Maroto, motivo primero y último de toda la situación vivida, haya pasado a un segundo o quinto plano. Como sí alimentar la extranjerización de nuestras convecinas y convecinos o enfrentar a la sociedad desde claves etnoculturales no fuese grave.
Si el asunto hubiera ido de “ambiciones del PNV”, de “conquistar el último bastión del españolismo en Euskadi”, de “maniobra orquestada por la izquierda abertzale para tapar sus propias miserias morales”… yo también estaría en contra. Si la cosa fuera de eso, yo también diría no a la sustitución de Javier Maroto al frente del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Pero el asunto, el asunto central, iba de otra cosa.
Por cierto: el miércoles pasado Javier Maroto y el resto de parlamentarias y parlamentarios del PP se sumaron sin mayor problema a la iniciativa antifracking liderada desde hace tiempo en la calle y en las instituciones por EH Bildu y a la que tanto el PSE como el PP vasco se han añadido muy al final y con muchas contradicciones. En este caso, ni un problema; lo que a mí me parece muy bien. Pero alguien podría haber recordado, es un decir, pasados conflictos ecológicos como Lemoiz o Leizaran y la forma en que la izquierda abertzale actuó al respecto. Pues nada, en este caso la memoria de pasadas infamias no se ha activado. Me alegro. Pero parece que hay temas y temas; y de esto, ya, me alegro menos.
 

domingo, 14 de junio de 2015

Aprender del "caso Maroto"

La sustitución de Javier Maroto como alcalde de Vitoria-Gasteiz puede ser objeto de muy diversos análisis y valoraciones. Hay quienes la cuestionan, quienes la rechazan y quienes la aplauden. Yo me encuentre entre estos últimos, por razones que ya he expuesto tanto en este medio como en otros. Su poco creíble intento de recomponer su discurso presentando un “compromiso ético” como respuesta al gesto demandado por el PNV para garantizarse la reelección es la mejor demostración de que Maroto había salido de las elecciones absolutamente quemado y en una evidente situación de debilidad política.

Pero la sustitución de Javier Maroto al frente del consistorio gazteiztarra no es más que el primer paso -el menos agradable- de lo que debe ser un proceso acordado y explícito de recomposición, en unas condiciones socioculturales y económicas distintas, del gran acuerdo por la solidaridad, la inclusión y la integración social formulado en 1989, tan relevante para la construcción de la Euskadi moderna.

Y lo cierto es que ese primer paso a punto ha estado de fracasar por la desafortunada decisión del PSE de no apoyar a Gorka Urtaran en protesta por el incumplimiento del PNV de apoyar a los socialistas en Andoain. ¿Y por qué no, en lugar de en Vitoria, haber votado en blanco en Bilbao, en Durango, en Oion, o en cualquiera de los muchos ayuntamientos en los que el acuerdo PNV-PSE ha funcionado como un bien engrasado reloj? Pues no, en Vitoria tenía que ser. Alguien en la dirección del socialismo vasco no se ha enterado de qué va lo del “caso Maroto”. La decisión de sumar votos en Vitoria para sustituir a Maroto debía ser una opción extraordinaria de carácter normativo, no meramente táctico; utilizar la plaza vitoriana para representar una rabieta política resulta particularmente errado y pone de manifiesto una cortedad de miras que asusta. Por lo que conozco al cabeza de lista del PSE en Vitoria-Gasteiz, pienso que esta decisión le habrá supuesto un enorme disgusto.

Finalmente el camino se ha iniciado, pero ahora debe orientarse. El nuevo consistorio se justificará por sus políticas: por las generales o normales en cualquier municipio, buscando resolver los problemas de las vecinas y vecinos en los ámbitos del empleo, la educación, la vivienda, la cultura, el medio ambiente, etc.; pero también, y sobre todo, el consistorio presidido por Gorka Urtaran se legitimará en la medida en que sea capaz de convertirse en un referente a la hora de abordar la cuestión de la convivencia en la diversidad y de la incorporación plena de las personas inmigrantes en la ciudad de Vitoria. Y en este camino, creo que el nuevo alcalde dispone de un instrumento aún por desarrollar, pero que ya ha demostrado su capacidad para concitar acuerdos transversales y para animar diversas actuaciones en varios municipios vascos: todo el trabajo realizado desde hace ya cinco años para impulsar un Pacto Social por la inmigración y la diversidad en Euskadi.

Iniciado durante el gobierno presidido por Patxi López, recuperado e impulsado de nuevo por el actúal gobierno de Iñigo Urkullu, apoyado de manera expresa por las principales organizaciones sociales que trabajan en el ámbito de la inmigración, aplicado en mayor o menor medida por varios municipios… Desde un planteamiento más pedagógico que aplicado, más performativo que propositivo, lo que se buscaba era consensuar un marco de diálogo y entendimiento, un acuerdo que trace las líneas rojas que nos comprometemos a respetar cuando abordemos, cada cual en el ámbito de su responsabilidad y de su actividad, el fenómeno de la inmigración. De lo que se trataría es de alcanzar un gran acuerdo, institucional y social, para abordar como sociedad la cuestión de las nuevas diversidades y toda la complejidad que añaden a la gestión política de nuestra ya muy compleja y diversa sociedad vasca.

Vitoria-Gasteiz puede y debe ser la ciudad en la que un acuerdo de ese tipo se haga realidad. Y desde ahí empujar, junto con otras localidades que ya han dado pasos en este sentido, al conjunto de nuestra sociedad, de manera que “el caso Maroto” pueda ser recordado como la última ocasión en la que, desprovistos de un marco adecuado para hacerlo, no supimos como encauzar un debate que jamás debía haber transcurrido en los términos en los que lo hizo.


martes, 9 de junio de 2015

De nuevo, el PSOE se equivoca: el capitalismo neoliberal no quiere negociar




Cuando accedemos a la página web de la Comisión Europea con el objeto de buscar información sobre la negociación del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido por el acrónimo en inglés TTIP) nos encontramos con la siguiente advertencia: “The European Commission is negotiating TTIP as openly as posible”, es decir, la Comisión Europea está negociando el TTIP tan abiertamente como es posible. ¿Puede haber algo más desasosegante?
Juan Moscoso, diputado del PSOE, fue uno de los perpetradores de aquella reforma-exprés del artículo 135 de la Constitución, y uno de los que intervinieron para apoyarla con fervor en aquella reunión plenaria celebrada por el PSOE el 29 de agosto de 2011 en una sala del edificio del Congreso de los Diputados. También estuvo en aquel ajo Pedro Sánchez, que luego se ha desdicho de aquella decisión. Y con él todo el partido. También Moscoso. En ambos casos, tanto al reformar el artículo 135 como al renegar de aquella reforma, seguro que Moscoso tuvo excelentes razones y argumentos para hacer una cosa y su contraria. Marxismo tendencia Groucho.
Ahora firma en El País un artículo en el que defiende paladinamente la necesidad del TTIP. En la línea de otros social-liberales insignes (la historia del PSOE está llena de héroes de la clase trabajadora, pero a este paso van a ser muy pronto minoría) como Boyer, Solchaga, Solbes, Barón, Sebastián, etc., sus argumentos son de este estilo:

¿Creemos que la economía de mercado, con un estado social que corrija sus fallos y redistribuya adecuada y justamente, es la mejor forma de garantizar el progreso económico de las naciones?
¿Creemos que el comercio internacional estimula el crecimiento y el empleo, que la competencia permite a los productores especializarse en lo que mejor saben hacer y a los consumidores disfrutar de mejores productos y servicios a mejor precio?
¿Creemos que Estados Unidos es un país con unos estándares socio económicos elevados en comparación con otras áreas del mundo con las que la UE tiene Acuerdos de Comercio e Inversiones?
La respuesta a estas tres preguntas, desde una perspectiva socialdemócrata, es, sin lugar a dudas, afirmativa.
Respetamos a quienes no creen en la economía de mercado, a quienes no creen en el comercio como un instrumento a favor del crecimiento o a quienes creen que Estados Unidos está al otro lado del telón de acero, pero debemos resaltar que tales planteamientos no responden a los principios de la socialdemocracia europea.

Yo he firmado en contra del TTIP. Creo que no hay posibilidad ninguna de contemporizar con este capitalismo desatado. Ninguna. Creo que el PSOE se equivoca, una vez más, al desconocer la verdadera naturaleza de lo que está en juego: no estamos en el viejo escenario socialdemócrata del pacto capital-trabajo tutelado por el Estado sino en otro muy distinto, en un escenario de juego de suma cero donde el capital busca la derrota total de cualquier adversario.
El PSOE parece creer que es posible abrazarse a la cintura del turbocapitalismo y obligarle a bailar otra danza que no sea la suya. Se equivoca totalmente. La única posibilidad es negarse a bailar.

Me temo que, dentro de no mucho, alguien con mando en plaza dentro del PSOE (si es que dura tanto) volverá sobre esta penosa decisión y nos dirá, como ya ocurrió con la reforma del 135, que fue un error. Y a otra cosa, mariposa.

domingo, 7 de junio de 2015

Desmontando a Maroto: ni xenofobia ni "xenobobia"

El viernes pasado fui entrevistado por Naiara López de Muniain, del programa Hoy por hoy Vitoria de la SER, en el transcurso de un programa en el que analizaban los éxitos en las pasadas elecciones locales de Xavier García Albiol (Badalona) y de Javier Maroto (Vitoria-Gasteiz). Puede escucharse AQUÍ.

A partir de lo hablado, ayer me puse a escribir unas líneas sobre el tema, dando lugar a un artículo que hoy publica EL DIARIO.

DESMONTANDO A MAROTO

A pesar de haber obtenido 10 de los 27 concejales en juego en las pasadas elecciones locales Xavier García Albiol, alcalde de Badalona desde el año 2011, ha visto evaporarse toda posibilidad de repetir mandato como consecuencia del acuerdo adoptado entre Badalona en Comú (5 concejales), PSC (4 concejales), Esquerra Republicana (3 concejales) e Iniciativa per Catalunya (2 concejales). Una “alianza de perdedores” -como la ha descalificado un desnortado Albiol- que sin embargo suma bastante más que un político que ha hecho de la división su seña de identidad.

Me ha alegrado mucho el desenlace de Badalona: Garcia Albiol es el político español que ha explotado de manera más abierta y constante al discurso xenófobo para impulsar su carrera. Ya en 2003 empezó reclamando que se impidiera el empadronamiento de las personas extranjeras en situación irregular, pero fue sobre todo su bochornosa campaña a partir de 2007 contra la comunidad de gitanos rumanos residentes en el municipio (a los que calificó de “plaga” dedicada exclusivamente a delinquir) la que lo impulsó hasta la alcaldía en 2011, pasando de 7 a 11 concejales y de 16.200 a casi 27.000 votos.

Tengo claro que Javier Maroto no es como García Albiol, aunque es cierto que cuando logró la alcaldía de Vitoria-Gasteiz en 2011 entre sus mensajes ya aparecían los relacionados con las ayudas sociales y las mezquitas, con afirmaciones tan irresponsables como esta, criticando el anteproyecto de ley del Gobierno vasco para regular la presencia y apertura de centros de culto: “va a propiciar que surjan mezquitas como champiñones. Donde hoy hay una frutería mañana habrá un oratorio”. Así y todo, quiero creer que en su triunfo de 2011 -por cierto, sin mejorar apenas ni los votos ni el porcentaje de sufragios respecto de las anteriores elecciones de 2007- pesó más su experiencia de gestión como concejal de Hacienda entre 1999 y 2007 que salidas de tono como la indicada.

Y lo mismo pienso de su triunfo en estas pasadas elecciones, triunfo que habría que objetivar un poco más de lo que tantos comentarios vienen haciendo. Si partimos de constatar que el PP obtuvo en 2007 y en 2011 poco más de 32.000 votos, cabe sostener que el supuesto “rédito” electoral que le haya podido reportar su desgraciada campaña sobre la RGI y las personas inmigrantes, desarrollada fundamentalmente a partir del mes de octubre de 2014, tendrá que ver no tanto con la totalidad de votos obtenidos el pasado 24 de mayo cuanto, en su caso, con los votos “de más” conseguidos en esta ocasión. ¿Cuántos han sido estos votos nuevos potencialmente movilizados por el discurso “xenobóbico” de Maroto?

El PP ha obtenido en Gasteiz 3.182 votos más que en las elecciones de 2011. ¿Es esto un triunfo? Según con qué lo comparemos. Comparado con los resultados generales del PP en el País Vasco se trata de un resultado excepcional. También es un excelente resultado en comparación con los datos del PSE en la ciudad de Vitoria, donde ha perdido casi 6.500 votos. También es un resultado bueno, aunque no tanto, en comparación con los votos del PNV en la ciudad (1.317 menos que en 2011), y empieza a no ser un resultado tan extraordinario si tenemos en cuenta que EH Bildu ha logrado en Vitoria 1.076 votos más que en 2011 (habiendo perdido tantos en Gipuzkoa); que Ciudadanos ha tenido 3.800 votos; o que casi 14.000 vitorianas y vitorianos, el 12% de las y los votantes, han optado por otras candidaturas (en 2011 sólo lo hicieron 2.247).

Con esto no pretendo negar la evidencia: la lista liderada por Javier Maroto ha sido la más votada en Vitoria-Gasteiz. Pero si, como han venido señalando diversos analistas y el propio Maroto, este supuesto éxito se explica por su posición ante el tema de la RGI y las personas inmigrantes, hay que concluir que nos encontramos ante una de las operaciones electorales más perversamente inútiles de nuestra historia política. ¿Todo eso para movilizar, en el mejor de los casos, tres mil miserables votos? Maroto no ha hecho nada por mejorar las ayudas sociales, y sí mucho por estropear la convivencia. No es un xenófobo pero sí un “xenóbobo”, un idiota moral (en el sentido que el filósofo Norbert Bilbeny da a este término): un individuo sin duda inteligente que, sin embargo, se muestra incapaz de tomar en consideración las implicaciones éticas de sus actos.

Maroto no es como García Albiol, pero su irresponsable estrategia electoral puede tener los mismos efectos sobre el tejido cívico de Vitoria. Por eso, sería bueno que su destino político fuera el mismo que el del ex alcalde de Badalona: pasar a la oposición. No es cuestión de frentes ni de “cordones sanitarios”. Se trata de construir un pacto social y político contra la extranjerización y el extrañamiento de algunas de nuestras vecinas y vecinos; se trata de lanzar un mensaje claro a quienes, como la secretaria general del PP vasco, Nerea Llanos, consideran que su partido debe aprender de su correligionario Maroto y del peneuvista Bergara, alcalde de Sestao: “La gente quiere que les cuenten las cosas tal y como son”, declaró tras conocer los resultados del 24 de mayo. ¿Y por qué no, mejor, aprender de Aburto, de Torres, o de la inmensa mayoría de alcaldesas y alcaldes vascos que han evitado la irresponsabilidad y la demagogia en sus propuestas electorales? ¿Y por qué no, mejor, aprender de esa inmensa mayoría de vitorianas y vitorianos que han votado a otros partidos, o incluso al mismo PP al que votaron en 2011 o en 2007, antes de que Javier Maroto se equivocara tanto al abordar la cuestión de las ayudas sociales?

Desgraciadamente, la lectura que el candidato del PP a alcalde de Vitoria-Gasteiz hizo a los pocos días de las elecciones no anima a la esperanza: “Si alguien quiere venir a trabajar e integrarse tiene todo mi apoyo, como lo tuvieron extremeños, andaluces y gallegos que vinieron a trabajar, ninguno se puso en la ventanilla de Lanbide para cobrar 1.200 euros sin pegar un palo al agua. Por eso me ha votado mucha gente del PNV o del PSE”, declaró en una entrevista al Correo. ¿Esta va a ser su actitud en los próximos cuatro años? Lo único que le salva es que la segunda fuerza del ayuntamiento es EH Bildu (¡maldito terrorismo, que todo lo ensució!). Pero su salvación puede ser la condena de un proyecto de País Vasco abierto, integrador, cohesionado y solidario. Aún estamos a tiempo de poner en la balanza lo que podemos ganar y lo que podemos perder. Y de actuar en consecuencia.

Blues del refugiado

Dicen que esta ciudad llegó a los diez millones,
unos en agujeros y otros en mansiones;
pero no tiene sitio, mi amor, para nosotros.

Tuvimos una patria que creíamos bella;
todavía en el atlas te encontrarás con ella,
pero ir no podemos, mi amor, ya no podemos.

Allá en el cementerio del pueblo sigue el tejo
dando flor cada año aunque sea muy viejo.
No hacen igual, mi amor, los viejos pasaportes.

El cónsul golpeó la mesa de repente:
"Sin pasaporte, están muertos oficialmente".
Pero estamos aún vivos, mi amor, estamos vivos.

Los de aquel comité me atendieron corteses
y me dijeron: vuelva dentro de doce meses.
¿Pero hoy dónde iremos, mi amor, hoy dónde iremos?

En el mitin oí al orador gritar:
"Nos quitarán el pan si consiguen entrar";
hablaba de nosotros, mi amor, sí, de nosotros.

Me pareció que el cielo retumbaba muy fuerte:
era, en Europa, Hitler pidiendo nuestra muerte;
nos tenía en la cabeza, mi amor, en la cabeza.

Vi un caniche con ropa que un broche sujetaba,
vi una puerta entreabierta por la que un gato entraba;
pero no eran, mi amor, judíos alemanes.

Bajé al puerto; en el muelle me puse a contemplar
que nadaban los peces con total libertad,
solamente a tres metros, mi amor, sólo a tres metros.

Vi, en el bosque, a los pájaros posados en las ramas;
no tenían políticos y a sus anchas cantaban:
no eran la humanidad, mi amor, la humanidad.

He soñado con casas que tenían mil pisos;
mil ventanas, mil puertas tenía un edificio,
pero ninguna nuestra, mi amor, ninguna nuestra.

Bajo la nieve estaba de pie yo en un gran llano
que miles de soldados andaban rastreando:
iban a por nosotros, mi amor, a por nosotros.


("Blues del refugiado" - W.H. Auden, Otro tiempo, Editorial Pre-Textos, 2002, pp. 194-197)

Tan sólo cambiemos "judíos alemanes" por "sirios"... 

martes, 26 de mayo de 2015

Elecciones locales 2015: un primer vistazo desde Euskadi

En unas elecciones locales los resultados, nunca mejor dicho, siempre van por barrios. Y estas en concreto, que además de locales se han mostrado un punto “locuelas” (según el DRAE: “Dicho de una persona: De corta edad, viva y atolondrada”), hace que el análisis pormenorizado exija dedicar más tiempo que en otras ocasiones. Así pues, tómese lo que sigue como una primerísima y muy general reacción a lo ocurrido ayer. Todos los datos proceden de la web del Ministerio del Interior.

1.- Empezando por lo obvio, el PNV se consolida como referencia política central en Euskadi. Si en 2011 obtuvo el 30% de los votos y 872 concejales, en 2015 ha aumentado su porcentaje de votos hasta el 33% y el número de concejalías a 1.017; en total, casi 34.000 votos más. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? Como hemos visto en diferentes convocatorias electorales, no sólo en el escenario nacional sino también en el internacional, ser partido de gobierno en época de crisis no es precisamente contar con una carta de triunfo; al contrario, es algo que pasa factura. Pero no en el caso del PNV. ¿O tal vez habría que decir “de este PNV”? Bajo el liderazgo de Iñigo Urkullu, el partido jeltzale ha sido capaz de presentar su mejor cara al electorado vasco: la de un partido responsable, centrado en la gestión, que no genera conflictos, con una clara dimensión social: extraditado el seny de Cataluña, este ha encontrado un nuevo oasis de sensatez en Euskadi. ¿Y lo de la corrupción?, dirán algunos. Comparado con lo que ocurre en España, lo de aquí parece simple menudeo.
 
2.- A pesar de la pérdida de algunas de sus plazas fuertes, especialmente Donostia-San Sebastián, EH Bildu apenas ha disminuido su porcentaje de voto en dos puntos porcentuales (del 25,45% de 2011 al 23,40% de ayer), aunque esta brevísima diferencia ha supuesto bajar de 954 a 896 concejales y perder 22.000 votos en toda Euskadi. Lo más importante, en mi opinión: la izquierda abertzale ha abrazado definitivamente la democracia representativa, con todo lo que ello supone. Al fin se han convertido en aquello que combatían hace cuarenta años.
 
3.- El PSE continua su lento pero implacable descenso: del 16,34% del voto y los 235 concejales de 2011 al 14,55% y los 203 concejales de hoy; en conjunto, 19.000 votos menos. En este caso, sería muy necesario bajar al nivel de los “barrios”, pues las dinámicas del voto socialista dibujan realidades muy curiosas: los casos tan distintos de Barakaldo y Portugalete, o de Bizkaia y Gipuzkoa. ¿Por qué en unos se pierde y en otros se gana? Otra cuestión de mucho interés: estas elecciones han dejado claro que aunque el PSE es el partido de la izquierda-no nacionalista que más votos recibe, ya no recibe la mayoría de estos votos de izquierda. La “constelación-Podemos” suma más votos, aunque su dispersión minimice su presencia en Euskadi.
 
4.- El PP vasco se ha estrellado contra el PP español y ha pagado la factura del fiestorro del austericidio y la corrupción al que se han entregado con frenesí sus camaradas: una caída del 13,53 al 9,41% de votos (44.000 votos menos que en 2011) y una pérdida de más de 80 concejalías. Poco más hay que añadir.
 
5.- En cuanto a “los nuevos”, Euskadi desberdina da. Ciudadanos no cuaja y el Podemismo se enfrenta contra sí mismo. Su división suma aritméticamente, pero resta políticamente. No tiene pinta de que esto se vaya a volver Barcelona o Madrid, lo cual es una lástima, pero al menos las nuevas agrupaciones han roto el bipartidismo nacionalista (PNV/Bildu) característico de muchas localidades costeras, como Bakio o Bermeo, y recogen un voto de izquierda que el PSE no ha sabido atraer, evitando su desaparición por el agujero de la abstención.
 
6.- Por último, una breve referencia a los casos de Vitoria y de Sestao, donde dos alcaldes denunciados por sus actitudes hacia la inmigración (no entro ahora a valorar los casos) han conseguido unos resultados sobresalientes. ¿Es que acaso la sociedad vasca está derivando hacia escenarios tan preocupantes como los que se vienen delineando en otros lugares, con un electorado crecientemente orientado hacia discursos formalmente xenófobos? No lo creo. De hecho, Juan Maria Aburto ha cosechado unos excelentes resultados en Bilbao a pesar de que en su momento hubo quienes quisieron utilizar en su contra su firme apuesta a favor de la RGI y en contra de la estigmatización de determinados colectivos de personas inmigrantes. Más bien creo que: a) los responsables políticos tienen una enorme capacidad de construir la “zona de aquiescencia” (Pippa Norris), es decir, el espacio de los que se puede/debe o no decir en el debate sobre la imigración; b) que cuando los responsables políticos optan por un discurso o por otro, están pulsando unas teclas que existen en la sociedad: tanto la tecla compasiva como la implacable; y c) que las organizaciones que trabajan en favor de las personas inmigrantes deben ser más conscientes de que su oposición a los discursos y comportamientos susceptibles de generar aquiescencia hacia la xenofobia debe ser frontal, sí, pero también inteligente, ya que hay formas de plantear esta oposición que pueden dejarnos internamente muy satisfechos, pero que desde una perspectiva estratégica resultan nefastas.

lunes, 25 de mayo de 2015

Pecas contra Esperanza

Mañana empezaremos con los primeros análisis de las elecciones de ayer.
Pero hoy quiero compartir esta foto, que yo he visto en EL CORREO, y que desmiente ese dicho de que "tarde o temprano el perro acaba pareciéndose al amo".
Pecas tenía muy claro que la nefasta Aguirre no es de los suyos.
¡Cómo se resiste el animalito! Igualito que la mayoría de las madrileñas y los madrileños.
¡Una alcaldesa progresista para Madrid ya!