domingo, 2 de mayo de 2010

Chapurreos

El español se habla, las demás lenguas cooficiales... se chapurrean. Esta es la idea que el diario ABC tiene de la diversidad cultural y lingüística de España.
Su crónica sobre la sesión del Senado en la que se aprobó la toma en consideración de una propuesta de reforma de su Reglamento con el fin de permitir el uso de las lenguas cooficiales en el trabajo de la Cámara alta es una triste muestra de estulticia nacionalista monolingue:

"El debate de ayer se convirtió en un prólogo de lo que puede ser la actividad de la Cámara si finalmente sale adelante la iniciativa. La mayoría de los portavoces habló en alguna de las lenguas oficiales e incluso la senadora socialista, Leire Pajín, que asumió la defensa del voto socialista, se descolgó con un «Visc a Benidorm...» («Vivo en Bernidorm», en valenciano), después de hacer un guiño al euskera y al gallego, chapurreando en cada una de ellas".

Y en otra página:

"Entre el esperanto de Zamenhof y la interlingua de «Blade Runner», Leire Pajín recurrió ayer a una estrafalaria remezcla idiomática para ensayar en directo y sin subtítulos las presuntas virtudes de un servicio de traducción en la Cámara Alta. La intrépida Pajín chapurreó en vascuence, gallego y valenciano para defender la iniciativa que los senadores nacionalistas han impulsado con la intención de que, de espaldas al castellano, cada cual se exprese en su lengua regional y el resto lo escuche con auriculares. El futuro del Senado resulta tan grotesco que, para que la gente se vaya haciendo una idea, sólo Pajín podía representarlo con ciertas garantías".

Puedo comprender a quienes argumentan contra la iniciativa desde criterios económicos o de eficacia, aunque no los comparta. Pero lo del "chapurreo" simplemente no lo aguanto. Esa prepotencia idiota.


El 12 de octubre de 1492, Cristobal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

[Eduardo Galeano, Ser como ellos y otros artículos, Siglo XXI, Madrid 1992, p. 18]

viernes, 30 de abril de 2010

Una Nueva Internacional de la Humanidad

Billy Bragg. Una nueva Internacional. Sin perder nada del poder de evocación y protesta de la original, pero actualizando su mensaje:


"Pongamos fin a la ignorancia racista ... La libertad es mero privilegio salvo que sea disfrutada por todos y cada uno".
"No construyamos muros que nos dividen ... O vivimos juntos o moriremos sólos"
"Cuando luchemos, provocados por su agresión, inspirémonos en la vida y en el amor"
"El ideal internacional une a la raza humana".

Hoy el internacionalismo sólo puede expresarse como universalismo.





Stand up, all victims of oppression
For the tyrants fear your might
Don't cling so hard to your possessions
For you have nothing if you have no rights

Let racist ignorance be ended
For respect makes the empires fall
Freedom is merely privilege extended
Unless enjoyed by one and all

So come brothers and sisters
For the struggle carries on
The Internationale
Unites the world in song

So comrades come rally
For this is the time and place
The international ideal
Unites the human race

Let no one build walls to divide us
Walls of hatred nor walls of stone
Come greet the dawn and stand beside us
We'll live together or we'll die alone

In our world poisoned by exploitation
Those who have taken, now they must give
And end the vanity of nations
We've but one Earth on which to live

So come brothers and sisters...
So comrades come rally...

And so begins the final drama

In the streets and in the fields
We stand unbowed before their Armour
We defy their guns and shields

When we fight, provoked by their aggression
Let us be inspired by life and love
For though they offer us concessions
Change will not come from above

So come brothers and sisters...
So comrades come rally...

For this is the time and place
The international ideal
Unites the human race

http://www.youtube.com/watch?v=Zk69e1Vcmvg

miércoles, 28 de abril de 2010

Víctimas en las aulas

[I] Seguramente le sobra razón a José Luis Zubizarreta cuando señala que la manera en que se ha presentado el Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la violencia elaborado por el Gobierno vasco puede servir, ya como argumento ya como disculpa, para que quienes, por la razón que sea, no estén muy por la labor de llevar a las aulas el testimonio directo de las víctimas de ETA se entretengan en discutir el continente con el fin de tener que retratarse ante el contenido del plan (“Un plato bueno mal aderezado”, El Correo, 25 de abril).
También acierta Kepa Aulestia al advertir que en política no basta con plantear objetivos de convicción, por más justos y razonables que estos sean, sino que deben acompañarse siempre de una correcta estrategia encaminada a hacerlos realidad, fundamentalmente procurando ganar para la causa a sectores en principio alejados (“Educar en paz”, El Correo, 24 de abril).
Como acierta Izaskun Bilbao al advertir de la imprescindible necesidad de que el cómo de la presencia de las víctimas en las aulas cuente con la participación y el acuerdo, no sólo de los partidos representados en el Parlamento, sino también del conjunto de la comunidad educativa (“La importancia de llamarle «nuestro»”, El Correo, 25 de abril). Acertar en la manera de elaborar, presentar y aplicar un proyecto tan delicado como este resulta fundamental. No hay duda. Y los tres artículos a los que me acabo de referir insisten con acierto y rigor en esta cuestión.

[II] Pero es muy importante, cuando reflexionamos sobre cualquier asunto, diferenciar entre el qué y el cómo. Son términos que en demasiadas ocasiones se mezclan, complicando sobremanera la reflexión.
Cuando preguntamos “cómo” estamos planteando una reflexión orientada hacia la práctica. Pensamos en medios, en modos, en herramientas, en instrumentos, en procesos, en metodologías, en sujetos, en instituciones... Ya sabemos que tenemos que trabajar en el espacio educativo formal para deslegitimar el terrorismo y educar para la paz y la convivencia: esto es algo que ni se plantea; incluso sabemos, mejor o peor, qué tenemos que hacer. De lo que se trata es de buscar la mejor manera de hacer eso que sabemos que tenemos que hacer.
Pero en demasiadas ocasiones nos planteamos problemas aparentemente técnicos (aparentemente son “cómos”) que, en realidad, encubren problemas sustantivos (realmente son “qués”). Parecen problecómos, pero de hecho son problequés. O probleporqués. ¿Por qué llevar a las aulas la voz y la presencia de las víctimas de ETA? ¿Qué sentido tiene hacerlo?

[III] “Plantar a las víctimas en los colegios podría crear un conflicto en la comunidad educativa”, advierten desde el sindicato nacionalista ELA (Lorena Gil, "La asignatura de la paz divide las aulas", El Correo, 18 de abril). Yo afirmo que sembrar en los colegios el testimonio de las víctimas puede ser la única manera de que la comunidad educativa vasca se convierta en un semillero de paz que, con el tiempo, permita repoblar una sociedad que ha sido durante décadas un secarral ético a la hora de afrontar la cuestión del terrorismo de ETA.



[IV] Necesitamos urgentemente constituir un ámbito vasco de compasión. El camino hacia la compasión es tortuoso, pero es lo único que tenemos si de verdad queremos reconstruir la convivencia. Percibir y articular el sufrimiento de los otros es la condición necesaria de toda política humana. Sólo si somos capaces de ponernos en el lugar del otro llegaremos a comprender las consecuencias de nuestros actos. Sólo si llegamos a sentir al otro como un “yo mismo” podremos imaginar una nueva comunidad vasca edificada sobre la base de la aceptación mutua. Un espacio ético, pero también político en el que el padecimiento de todos sea objeto de comunicación, de comunión, y no de enfrentamiento.
Necesitamos transformar nuestras pasiones en compasiones, en pasiones compartidas. Nuestros dolores, nuestros sufrimientos, nuestros miedos, los de cada uno, deben configurar la más inmediata agenda política de la sociedad vasca con el objetivo explícito de lograr, en serio, su socialización (que no es lo mismo que su multiplicación). Tal vez así, algún día, podamos las vascas y los vascos decidir con libertad y responsabilidad lo que queremos ser, una vez experimentado lo que debemos sentir.

[V] Todos los sufrimientos, claro que sí. No sólo los de las víctimas de ETA. Pero esta perspectiva universal no se cuestiona en el Plan del Gobierno vasco, no es el problema.
Desde los sindicatos nacionalistas se objeta que el plan es parcial, peor aún, que es partidista, y reclaman un plan “más amplio” que no “priorice exclusivamente a las víctimas de ETA”. Poner en marcha el ventilador de la victimización generalizada tiene las mismas consecuencias que poner en marcha el ventilador de la corrupción generalizada, y se hace por las mismas razones: para enturbiarlo todo.

[VI] En Euskadi hay algunas ecuaciones que adquieren naturaleza de ley física. Una de ellas es esta: a más nacionalismo más distanciamiento ante las víctimas del terrorismo.
Se desconfía de las víctimas del terrorismo, de su capacidad de "distanciamiento" frente a su injustísimo drama, de su voluntad de "reconciliación", incluso de su "capacidad pedagógica".
Y yo pienso en Buesa, en Uria, en Cuesta, en Carrasco, en Pagazaurtundua; pienso en Casas, Tomás y Valiente, Korta, Becerril, Puelles, Totorika, Lidón, Garrido, López de la Calle, Torrano, Peña… Pienso en decenas de nombres, víctimas del terrorismo de ETA. Pienso en quienes han tenido que cargar con el peso de su brutal ausencia, en su ejemplar reacción democrática, en su dignidad cívica... Pienso en todo eso y no entiendo el debate suscitado por el nacionalismo vasco ante la posibilidad de su presencia en las aulas.
Yo quiero que mi hija pueda escucharlas y conocerlas, como escucha y conoce a escritoras o a deportistas que de vez en cuanto se personan en su escuela. Con la misma naturalidad, pero con muchísima mayor trascendencia.
La reacción del nacionalismo vasco en su conjunto (repito, con dolor: en su conjunto) se parece demasiado a plantear dudas no sobre el cómo sino sobre el mismo qué de la propuesta del Gobierno.

martes, 27 de abril de 2010

Dime cómo adjetivas y te diré cómo eres

El vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, en el ejercicio de su cargo, tuvo ayer una intensa actividad adjetivadora.
Por un lado, adjetivó de "radicales" las movilizaciones y actos de apoyo al juez Baltasar Garzón desarrolladas en días pasados. "El artículo 1 de la Constitución dice que España es una monarquía parlamentaria. En la manifestación se vieron banderas republicanas. ¿No es radical el que pide un cambio del modelo de Estado?", declaró el portavoz del PP.
Por otro lado, González Pons adjetivó de "extremadamente desafortunadas" las palabras del concejal del PP en Badalona, Xavier García Albiol, por las que justificaba la inclusión de una foto con una pancarta con la frase "No queremos rumanos" en los dípticos repartidos por el edil popular/populista y por la presidenta del PP en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho.

"Radicales"... "Extremadamente desafortunadas"... ¿Cuál es el adjetivo más fuerte? ¿Ya nos lo explicaría González Pons?
Hasta entonces, acérrimo constitucionalista español como es, sospecho que con el primer adjetivo hace referencia a un pecado político mortal -"¿No es radical pedir un cambio del modelo de Estado?", ¡por Dios!- mientras que con el segundo, a pesar de su mayor dimensión aparente, no pretende otra cosa que apartar a un lado un pecado político en todo caso venial.
Como es sabido, nuestra Constitución no dice nada sobre querer o no querer a los rumanos. Para saber algo al respecto habría que leerse la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Tal vez otro día.

miércoles, 21 de abril de 2010

El hiyab de Najwa

En la cultura europea descubrirse la cabeza en determinados lugares ha sido un gesto de cortesía y de respeto. Cuando el sombrero era una prenda de uso cotidiano -entre los varones- la norma era quitárselo al entrar en un recinto cerrado. Quienes seguimos usándolo en la actualidad conocemos bien esta costumbre, y no se nos ocurre infringirla.
Este es, supongo, el sentido de la norma que prescribe que las alumnas y los alumnos no deben llevar la cabeza tapada en el interior de algunos centros educativos. Aunque el significado de la práctica de llevar gorras o sombreros haya cambiado mucho en la actualidad, seguimos aplicando la vieja norma del respeto.






Sin embargo no es de esto de lo que estamos hablando en el caso de la joven Najwa Malha. Su decisión de vestir el denominado "hiyab" nada tiene que ver con ninguna transgresión de las costumbres asociadas en nuestra tradición al hecho de cubrirse o descubrirse la cabeza. Usarlo no puede interpretarse de manera análoga a portar en el interior de una clase sombreros o gorras. Es otra cosa.
Por supuesto que cabe discutir sobre esa "otra cosa": sobre su significado, sobre su adecuación a las normas vigentes, sobre la mejor manera de actuar ante ello... Pero tengo la convicción de que en el caso de Najwa, como en otros casos antes que ella, confundimos demasiadas cosas como para que esa discusión pueda desarrollarse de manera satisfactoria.
Y en todo caso, mientras lo discutimos, yo digo que Najwa debería seguir asistiendo a clase con toda normalidad.
Porque expulsarla del aula no es sólo expulsarla del aula: también es expulsarla de la deliberación. Es reducirla a problema, cuando también Najwa debe formar parte de la solución.

domingo, 18 de abril de 2010

Sobre memoria, olvido, mafia y capitalismo

Placer de domingo primaveral: lectura temprana de la prensa sentado en la calle y abundante café.
Como el Eyjafjalla islandés, que ha cubierto de ceniza el espacio aéreo europeo, en España hay dos vólcanes político-judiciales cuya erupción amenaza con ahogarnos entre cenizas de corrupción y de olvido. ¡Genial Forges!



Leo el reportaje titulado "Corrupción a la sombra del poder" y pienso en lo que escribe Hans Magnus Enzensberger en su ensayo La balada de Al Capone, publicado originalmente en 1964 y reeeditado en español por Errata Naturae:

La historia de la guerra de gángsteres es tan instructiva y tan aburrida como la del ramo de la alimentación en cualquier ciudad de provincias: un tema para disertar sobre economía política. Sus figuras son mediocres; el que vayan siempre con ametralladoras en lugar de letras de cambio no acredita su estatura [...]. Un empleado de la sección de impuestos, encargado de investiar el caso Capone aseguró a su biógrafo Pasley: "Era sorprendente la capacidad comercial de Capone. Hubiese medrado en cualquier ramo". Frederick Sondern, un redactor del Readers's Digest, enjuicióna Capone del modo siguiente: "Con sus facultades organizadoras hubiese llegado a ser un excelente jefe de empresa" [...]. Es asombroso ver cómo se ajusta la auoevaluación de Capone con estos juicios:

"Soy un hombre de negocios y nada más. Gané dinero satisfaciendo las necesidades de la nación. Si al obrar de este modo infringí la ley, en tal caso mis clientes son tan culpables como yo... Todo el país quería aguardiente y yo organicé el suministro de aguardiente. En realidad quisiera saber por qué se me llama un enemigo público... Yo sirvo a los intereses de la comunidad. Hago esto tan bien como puedo y procuro que los daños sean tan pequeños como sea posible. No puedo cambiar la situación del país. La afronto. Eso es todo".

[...] Obedeció a la ley todopoderosa de la oferta y la demanda. Se tomó trágicamente en serio la lucha por la cometencia. Creyó de todo corazón en el libre juego de fuerzas. Lo que es bueno para los negocios, es bueno para América: Capone estaba convencido de ello. Daba vía libre al más apto: él mismo. El secreto estaba en la calle, entre algunos cadáveres.


Leo también el reportaje "Los jueces del punto final". Y en este caso es Zygmunt Bauman quien se pone a leer el periódico sobre mi hombro:

La memoria ha quedado recientemente encuadrada dentro de esa categoría de "cosas" de las que uno adquiere súbitamente conciencia: cosas que se han roto o que el ojo de la sabiduría no ha detectado desde que empezaron a fundirse con la oscuridad de la noche y dejaron de ocultarse en la deslumbrante luz del día. Si hoy volvemos, compulsiva y obsesivamente, sobre el tema de la memoria, es porque se nos ha transportado desde una civilización de la duración (y, por ello, del aprendizaje y la memorización) a una civilización de la fugacidad (y, por ello, del olvido). Disfrazada de baja colateral, la memoria es, en realidad, la principal víctima de ese cambio.


martes, 13 de abril de 2010

Egunkaria

Siete años después, la Audiencia Nacional ha absuelto a los cinco imputados en el denominado caso Egunkaria, clausurado por el juez Juan del Olmo por su presunta integración en ETA y contra los que la fiscalía, finalmente, no presentó acusación alguna al estimar que no estaba acreditada su vinculación a la banda terrorista.
Me alegro enormemente. Y me permito recordar algo que escribí, a ese respecto, hace siete años...


Fiat iustitia, ruat caelum
El País, edición País Vasco
28 de febrero de 2003

Qué es más condenable, ¿atentar contra el habla o contra el hablante? Qué tiene más mérito, ¿abrir un periódico al día siguiente de su cierre judicial o abrir una sede política al día siguiente del asesinato de uno de sus dirigentes? Qué es peor, ¿rechazar con enfado un diario o utilizar ese mismo diario para simbolizar una nueva ruptura en los escaños del Parlamento vasco? Seguramente es injusto pretender establecer comparaciones entre hechos tan distintos, pero parece que estos días hay que volver a recordar en qué país vivimos: un país donde cada día, todos los días, se amenaza de muerte a la libertad de expresión y asociación de miles de nuestros conciudadanos. ¿Que es posible condenar el terrorismo, solidarizarse con las víctimas y cuestionar el cierre de Egunkaria? No sólo es posible sino que, en mi opinión, todo ello es imprescindible.
Pero me disculparán el desahogo: más aún que el cierre de este diario me molesta, como ciudadano vasco, la agónica condena que de tal cierre hacen estos días personas e instituciones (algún día, estoy seguro, el mundo de la cultura y el deporte vasco tendrán que mirarse en el espejo de su historia) que jamás han dicho nada cuando ETA ha atentado contra tantos y tantos lectores de periódicos, y hasta contra unos cuantos periodistas.
Y dicho esto, vamos con lo otro. El cierre de Egunkaria es un despropósito, y más con el precedente de Egin. Se ha dicho que la organización terrorista intervino (cómo, cuánto, cuándo, hasta cuándo) en la creación, dirección y sostenimiento financiero del diario. Habrá que probarlo. Mientras tanto, puedo entender la adopción de medidas precautorias para evitar que individuos presuntamente implicados en un delito grave puedan escapar de la acción de la justicia, pero un diario no puede darse a la fuga. Por definición un diario ha de estar ahí, a disposición del público, todos los días. ¿Qué sentido tiene, entonces, decretar su cierre? ¿Pero es que están reñidas la justicia y la inteligencia? ¿No es posible, no es incluso necesario, sopesar las decisiones judiciales a la luz de consideraciones extrajudiciales tales como, por ejemplo, la alarma social que los hechos juzgados puedan generar?
Una cosa es evidente: la decisión de la Audiencia Nacional de suspender la publicación del diario Egunkaria ha generado una amplia y profunda alarma social. La justicia ha tocado el nervio del mundo euskaltzale, que se ha echado a la calle, y ha colocado en una situación de extrema incomodidad a todo el mundo (político, sindical, cultural, mediático) no nacionalista.
Estoy dando muchas vueltas a un comentario del escritor Anjel Lertxundi recogido en el libro de entrevistas de Hasier Etxeberria Cinco escritores vascos: "La violencia nos ha robado la energía para decir que lo que no es justo no es justo. La sociedad vasca, sin embargo, no ha aceptado que el mal es de naturaleza moral, porque tiene miedo a mirarse en el espejo y decir: estoy enferma. No hemos aprendido a poner la política bajo la lámpara de la moral por eso, nuestro conflicto actual es moral, no político".
Esta dificultad para decir, sin ambages, que lo que no es justo no es justo, puede extenderse desde el corazón mismo del horror hasta salpicar espacios muy alejados del mismo. De igual modo que si uno camina y camina en dirección norte llegará un momento en que se encontrará avanzando hacia el sur, hay un antiterrorismo que acaba por volverse terrorífico. Fiat iustitia, ruta caelum. Fiat iustitia et pereat mundus. Hágase justicia aunque se hunda el cielo, aunque perezca el mundo, pase lo que pase. Como si la justicia fuese algo absoluto. Como si la justicia no estuviese sometida a las mismas incertidumbres y miserias que cualquier otra obra humana.
La bushificación ha alcanzado la política antiterrorista del Gobierno de Aznar. El ataque preventivo, la unilateralidad, la ruptura de las alianzas y el desprecio de los efectos colaterales son la expresión de esta deriva. El cierre de Egunkaria es como bombardear Bagdad sin enviar previamente inspectores. O peor aún: bombardearlo con los inspectores dentro.