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martes, 11 de mayo de 2010

Más cosas sobre el velo

Cada vez más compleja, cada vez más interesante, cada vez menos susceptible de aproximaciones cerradas, la cuestión del velo islámico se ha asomado ayer y hoy a las páginas de los diarios mostrando en algún caso insospechadas facetas. Para seguir pensando...

[I] Isabel Romero (Madrid, 1957), directora general del Instituto Halal, creado por la Asociación Junta Islámica con el fin de certificar que restaurantes, mataderos o carnicerías que así lo deseen cumplen la ley islámica.
Conversa, casada con un cristiano animista -"Cuando me convertí ya estaba casada. ¡No iba a cambiar de marido!"-, sus hijos estudian ética en el colegio. Considera que en relación al velo estamos planteando un falso debate: "España no ha hecho la transición religiosa y ya está debatiendo el hiyab. Nosotros apoyamos a la que lo lleva y a la que no. Si te obligan, rebélate".


[II] José María Ruiz Soroa aborda la cuestión en un artículo a mi juicio muy riguroso, "Catolaicismo" y tolerancia. "La sociedad española -escribe Ruiz Soroa- se siente insegura y, hasta cierto punto, agredida en su identidad cultural cuando una alumna de origen islámico exhibe públicamente un signo que ella considera religioso. E invoca el laicismo como defensa ante esta obscura amenaza, porque sabe que hoy en día no se puede ya invocar la exclusión del diferente. Pero mucho me temo que el laicismo es sólo una excusa, y la defensa del casticismo es la verdad oculta. Que el nuestro es un catolaicismo, de igual manera que, como se ha escrito autorizadamente, «en Francia la laicidad es puro nacionalismo francés con un disfraz»".


[III] "El velo físico no tiene por qué ser un velo mental", declara la fotógrafa camerunesa Angèle Etoundi Essamba (Douala, 1962) y afincada en Amsterdam al presentar su exposición Desvelos, colección de 42 imágenes de gran formato expuestas en el cruce entre las calles de Sevilla y Alcalá de Madrid. Hace tres años Etoundi viajó a Zanzíbar y allí quedó fascinada por "la elegancia y la sensualidad" con la que las mujeres de este país llevaban la polémica prenda. "Así nació la idea de romper con el estereotipo de que el velo es algo necesariamente negativo, un símbolo de encierro y opresión. Quería mostrar que hay otras cosas detrás". "Para mí era importante mostrar esta sensualidad. Normalmente el velo se asocia con algo feo, no elegante. Estas mujeres quieren ser contempladas, admiradas, demandan una visibilidad. Es un signo de coquetería", afirma.


[IV] El problema, como siempre, está en la imposición. En el no reconocimiento de la libertad personal. En el intento de troquelar la conducta de las personas más cercanas.
La Liga Pro Derechos Humanos ha reunido en Madrid a Karima, belga de 34 años y de origen marroquí, que reniega del hiyab y del machismo con el que su padre interpretó el Corán imponiéndola el uso del velo y un matrimonio forzado, y a Amina El Mejanaoui, marroquí que vive en España desde hace 20 años y que dice llevar el hiyab porque quiere. "El pañuelo no hace daño a nadie, no es nada malo, las musulmanas lo llevamos porque queremos", insiste Amina, que preside en Madrid la Asociación por la Igualdad y Apoyo a la Mujer Árabe. "A partir de los 18 años, que las jóvenes hagan lo que quieran, responde Karima. Pero antes, el pañuelo islámico tiene que estar prohibido en clase, porque muchas niñas lo llevan obligadas, como me pasó a mí. Yo he visto en Bélgica a pequeñas con 3 y 4 años con hiyab. No creo que lo hayan elegido". Amina se separó de su marido, también marroquí, "porque se acabó el amor", Karima, a pesar de todo, se confiesa "practicante musulmana".
Como para dejarse llevar por los estereotipos...


[V] La última noticia: El Ministerio de Justicia destituye a Juan Ferreiro, subdirector general de Coordinación y Promoción de la Libertad Religiosa. Ferreiro fue quien redacto el informe apoyando el uso del hiyab en las aulas cuando la joven Najwa Malha fue expulsada de su instituto. El ministerio dice que la destitución no tiene nada que ver con esto, sino con "desavenencias" y "pérdidad de confianza". Por su parte, portavoces de la comunidad musulmana en España lamentan la decisión: "Con su cese, los musulmanes de España nos encontramos más desamparados".

Continuará... Sin duda, continuará...






















miércoles, 21 de abril de 2010

El hiyab de Najwa

En la cultura europea descubrirse la cabeza en determinados lugares ha sido un gesto de cortesía y de respeto. Cuando el sombrero era una prenda de uso cotidiano -entre los varones- la norma era quitárselo al entrar en un recinto cerrado. Quienes seguimos usándolo en la actualidad conocemos bien esta costumbre, y no se nos ocurre infringirla.
Este es, supongo, el sentido de la norma que prescribe que las alumnas y los alumnos no deben llevar la cabeza tapada en el interior de algunos centros educativos. Aunque el significado de la práctica de llevar gorras o sombreros haya cambiado mucho en la actualidad, seguimos aplicando la vieja norma del respeto.






Sin embargo no es de esto de lo que estamos hablando en el caso de la joven Najwa Malha. Su decisión de vestir el denominado "hiyab" nada tiene que ver con ninguna transgresión de las costumbres asociadas en nuestra tradición al hecho de cubrirse o descubrirse la cabeza. Usarlo no puede interpretarse de manera análoga a portar en el interior de una clase sombreros o gorras. Es otra cosa.
Por supuesto que cabe discutir sobre esa "otra cosa": sobre su significado, sobre su adecuación a las normas vigentes, sobre la mejor manera de actuar ante ello... Pero tengo la convicción de que en el caso de Najwa, como en otros casos antes que ella, confundimos demasiadas cosas como para que esa discusión pueda desarrollarse de manera satisfactoria.
Y en todo caso, mientras lo discutimos, yo digo que Najwa debería seguir asistiendo a clase con toda normalidad.
Porque expulsarla del aula no es sólo expulsarla del aula: también es expulsarla de la deliberación. Es reducirla a problema, cuando también Najwa debe formar parte de la solución.