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viernes, 29 de mayo de 2026

La edad experimental

Erri de Luca / Inès de la Fressange
La edad experimental
Traducción de Carlos Gumpert
Seix Barral, 2026

"La historia empieza conmigo, quien desde hace unos años me adentro en el altiplano de los setenta, avanzando a tientas con experimentos de estimulación.
Inès no tiene en absoluto la extravagante edad del título, pero tiene la mirada jardinera que escamonda, poda, injerta y se centra en lo esencial de la forma.
Hemos llevado vidas dispares y, por lo tanto, predispuestas a un interés por la escucha recíproca.
Antes de estas escrituras, hubo conversaciones, visitas, lugares, hospitalidades.
Cuando se está a la par como impares, sientes que no tienes nada que demostrar.
La regla de la aritmética, la suma de dos números impares da como resultado un número par, aplicada a la vida a veces da buenos resultados.
Aquí sumamos dos escrituras impares".


Erri De Luca e Inès de la Fressange construyen un breve y delicado diálogo sobre la vejez, entendida no como una etapa de repliegue o simple balance vital, sino como una condición nueva en la historia humana. Nunca antes tantas personas habían llegado a edades avanzadas disfrutando de niveles de salud, autonomía y esperanza de vida semejantes, lo que convierte esta fase de la existencia en una auténtica experiencia colectiva de exploración.

Fiel a su estilo, De Luca aporta una voz sobria y poética, poblada de montañas, bosques y horizontes abiertos. A través de esas imágenes sugiere que el paso de los años no tiene por qué estrechar el mundo, sino que puede ensanchar la capacidad de observarlo y comprenderlo. Lejos de ignorar la fragilidad física o la proximidad de la muerte, propone una manera distinta de habitar el tiempo: menos sometida a la prisa y más atenta a aquello que verdaderamente importa. La contribución de Inès de la Fressange introduce una perspectiva más cercana a la experiencia cotidiana, celebrando la amistad, la autenticidad, el intercambio entre generaciones y la posibilidad de seguir viviendo con curiosidad y gusto por el presente.

El resultado es un libro ligero en sus formas, pero sugerente en sus planteamientos. Bajo la apariencia de una conversación sencilla late una pregunta de fondo: cómo aprender a envejecer cuando ya no disponemos de modelos heredados capaces de orientarnos. Más que ofrecer recetas o certezas, La edad experimental invita a contemplar la vejez como un espacio abierto a nuevos descubrimientos, aprendizajes y deseos. Un libro sereno, luminoso y lleno de humanidad, ideal para acompañar la espera -ojalá que sea breve- hasta la próxima obra de Erri De Luca.

lunes, 18 de agosto de 2025

El Club del Crimen de los Jueves

Richard Osman
El Club del Crimen de los Jueves
Traducción de Claudia Conde
Espasa, 2020
 
"El sol de la mañana empieza a iluminar el cielo de Kent.
    -Ibrahim, si sigues conduciendo a cuarenta y seis kilómetros por hora, todo el esfuerzo será inútil -dice Elizabeth, tamborileando con los dedos sobre la guantera.
    -Y si nos estrellamos en una curva cerrada, será todavía más inútil -responde Ibrahim con los ojos centrados en la carretera y concentrado en mantener el rumbo.
    -¿Alguien quiere una galletita con sabor a queso cheddar? -ofrece Joyce.
    Ibrahim está tentado de decir que sí, pero le gusta tener siempre las dos manos apoyadas en el volante. En la posición de las diez y diez. 
    Ron es el único de los cuatro que tiene coche, pero han tenido que discutir quién de ellos conduciría. Joyce no renueva el permiso desde hace treinta años, por lo que inmediatamente quedó descartada. Ron insistió brevemente en ser elegido, pero Ibrahim sabía que había perdido la confianza en los giros a la derecha y que en el fondo estaría encantado de que lo rechazaran. Elizabeth batalló con más entusiasmo por ser quien llevara el volante y hasta llego a mencionar que todavía tiene un permiso en vigor para conducir carros de combate. Hay que ver lo negligente que llega a ser a veces con la Ley de Secretos Oficiales. Pero al final todo se redujo a un pequeño detalle. Ibrahim era el único de los cuatro que entendía cómo funcionaba el GPS".
 
 
En el tranquilo retiro para jubiladas y jubilados de Coopers Chase, la vida transcurre entre partidas de ajedrez, caminatas y clases de yoga. Pero Coopers Chase es también el escenario en el que un pequeño grupo de residentes cultiva una afición inesperada: resolver asesinatos. Se hacen llamar el Club del Crimen de los Jueves porque este es el día de la semana en la que la sala de los puzzles, donde se reúnen, está libre, y sus integrantes -Elizabeth, Joyce, Ibrahim y Ron- no son detectives profesionales, sino personas jubiladas con pasado variopinto, ingenio agudo y tiempo libre. Lo que empieza como un pasatiempo -revisar viejos casos sin resolver- se convierte en una investigación real cuando un crimen sacude su propia comunidad. De repente, este club excéntrico se enfrenta a sospechosos de carne y hueso, policías desbordados y secretos que llevan décadas enterrados.

Además de la intriga policial, perfectamente construida con giros, falsas pistas y un manejo astuto del suspense, lo más destacable de la novela es la mirada que ofrece sobre la vejez. Las cuatro personas protagonistas no son caricaturas más o menos entrañables sino personajes complejos: Elizabeth, con un pasado misterioso en los servicios de inteligencia; Joyce, cuyo diario íntimo da voz y frescura al relato; Ibrahim, metódico y cerebral; Ron, un ex sindicalista combativo que aún conserva su fiereza. Osman les brinda humanidad y humor, pero también fragilidad: la soledad, la pérdida, la enfermedad, la conciencia de la muerte, aparecen con naturalidad en la vida de las y los protagonistas, entrelazadas con la trama.

Como novela de misterio bebe de la tradición británica de Agatha Christie y los detectives amateurs. Pero aunque el caso criminal sea el eje de la historia lo que realmente importa es la dinámica del grupo, el modo en que estas cuatro personas, aparentemente frágiles, desafían los prejuicios y se convierten en un equipo formidable. Hay diálogos divertidos, observaciones cómicas, situaciones que arrancan una sonrisa, reflexiones sobre la amistad, el paso del tiempo y el derecho a seguir siendo relevantes más allá de los ochenta. 

Otra recomendable lectura inesperada gracias a Re-Read.

viernes, 21 de marzo de 2025

Lo que somos ahora

May Sarton
Lo que somos ahora
Traducción de Blanca Gago
Bamba Editorial, 2024 

"Estoy aprendiendo que todo lamento de una persona mayor crea una confusión insoportable en el oyente, es demasiado perturbador porque no hay nada que pueda hacer para ayudarnos en este camino cuesta abajo. Así, mencionar el horror de envejecer en soledad se convierte en una carga intolerable".


Publicada en 1973, cuando la autora acababa de inaugurar su sexta década de vida, es una novela breve pero profundamente conmovedora en la que reconozco algunos de los temas tan familiares ya para quien, como es mi caso, tiene a May Sarton como una de sus autoras de referencia: la vejez, los vínculos profundos entre mujeres, la lectura, la belleza de un jardín, la compañía que ofrecen los animales... Pero, en este caso, con una narrativa íntima y poderosa la autora ofrece una amarga reflexión sobre el envejecimiento, la soledad y la deshumanización en las instituciones de cuidado para personas ancianas, muy alejada de la luminosidad que desprenden sus diarios, incluso cuando en los mismos se abordan los problemas de la depresión, la desaparición de los seres queridos o el declive físico..

La protagonista de la historia, Caroline Spencer, es una maestra jubilada de 76 años ingresada en una residencia para personas ancianas tras haber sufrido un ataque al corazón. A medida que se adapta a su nuevo entorno, Caroline experimenta la crudeza del sistema en el que se encuentra: es tratada con frialdad y negligencia por el personal y se ve rodeada de otros residentes que han sido abandonados por sus familias o cuya lucidez se desvanece. "Estoy en un campo de concentración para viejos, un lugar donde la gente arroja a sus padres o parientes exactamente igual que a un basurero", proclama al inicio del libro. En un acto de resistencia, Caroline decide documentar sus experiencias en un diario, narrando sus pensamientos y sentimientos con una honestidad desgarradora. Es también una forma de combatir la pérdida de contacto con la realidad, de discernir lo real y lo imaginado, fruto tanto de la edad como del espacios gris y deprimente en el que habita; el diario se convierte, así, en un "sostén temporal contra la confusión", la única manera de preservar su humanidad en un entorno opresivo.

A lo largo de la novela, la protagonista encuentra consuelo en la compañía de algunos residentes, en la presencia temporal de una enfermera amable o en las visitas del pastor de la cercana iglesia metodista y de la hija de este, pero su situación se vuelve cada vez más insoportable. La falta de dignidad con la que es tratada la lleva a tomar una decisión drástica que le permita recuperar el control sobre su vida y su destino, aunque de una manera inesperada y trágica.

Una novela intensa y emocionante, que en algún momento me ha recordado a Las gratitudes, como cuando Caroline escribe: "Ni siquiera puedo imaginar cómo sería recibir una caricia suave, tengo la piel reseca como un desierto por falta de contacto físico". No es una lectura alegre, pero sí una invitación a la reflexión sobre la vejez y cómo la sociedad puede abordar esta etapa de la vida con mayor compasión y respeto.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

lunes, 10 de enero de 2022

Yo, vieja

Anna Freixas
Yo, vieja
Prólogo de Manuela Carmena
Capitán Swing, 2021

"En realidad, de lo que trata el libro es de los derechos humanos en la vejez y, concretamente, de los derechos de las mujeres en la edad mayor, sintetizados en tres principios que me parecen fundamentales: la libertad, la justicia y la dignidad. Por tanto, estos apuntes de supervivencia -que también podrían considerarse propuestas de resistencia- están pensados para la nueva generación de viejas que van estrenando libertades, pero sobre todo para las que mantienen su dignidad -en la forma y en el fondo-, para las ancianas que mientras se desplazan por el calendario son capaces de escudriñar la vida y las relaciones cotidianas con perseverancia y agudeza, con la clarividencia que dan los muchos tiros pegados, y no están dispuestas a pasar ni una".


Anna Freixas vuelca en este libro mucho de lo investigado y reflexionado en sus trabajos sobre gerontología y feminismo a lo largo de cuatro décadas. Algunos de estos trabajos pueden leerse aquí gracias a la Fundación Dialnet. 

Es un libro escrito con humor y con amor, con gracia y con rabia, con "la libertad y el desparpajo" que la autora reclama para sí y para todas las mujeres viejas. Viejas, sí, veteranas de la vida y de sus luchas, orgullosamente plantadas frente a los estereotipos patriarcaledadistas que imponen unos "imposibles estándares de belleza" contra los que solo cabe rebelarse:

"Luzcamos a los 50 cuerpos de 50, a los 70 cuerpos  de 70 y a los 90 cuerpos de 90; lo demás es pornografía y tortura. Si no poseemos nuestro cuerpo y respetamos nuestra edad, ¿cómo podemos esperar que los demás nos respeten?".

Es cuestión de dignidad, uno de los valores más reivindicados por Anna Freixas.

Sobre esta base, la autora reflexiona y nos invita a reflexionar sobre las militancias feministas de ayer y de hoy, sobre los cuidados propios y ajenos, sobre los vínculos de amistad y vecindad, sobre el (mal)trato que reciben las mujeres viejas en el sistema de salud, la medicalización y la institucionalización en residencias, la vida autónoma (que no solitaria), la muerte, la sexualidad posmenopausica o los pactos de sororidad.

Varios de los capítulos finalizan con un listado de sugerencias (p.e., "No presumas de lo muy ocupada que estás desde que te has jubilado, tratando de confirmar que sigues ahí. Ya lo vemos"), insinuaciones (p.e., "Reconócete en los cuerpos de otras mujeres que, como tú, han vivido con intensidad"), argucias (p.e., "Supera la tentación de quedarse en casa más de la cuenta. Procura salir y andar un rato todos los días y, de paso, mantenerte informada de la vida del barrio"), inspiraciones (p.e., "Revisa las ideas culturales que limitan tu erótica. Identifica tu deseo, nómbralo, legitímalo y ponlo en práctica. Si te apetece"), iniciativas (p.e., "No arrojes la toalla hasta el fin de tus días. Mantén tu dignidad y exígela a los demás"), "tretas" (p.e., "Cultiva tu red social enmarañada"), atrevimientos" (p.e, "Cuida a quien merezca tu desvelo"), trucos (p.e., "Considera la línea femenina para preservar tu legado. De madres a hijas y nietas y, si no hay hijas, a las hijas de los hijos. Y por qué no a alguna mujer/amiga que te llevará en su corazón y no lo venderá a la primera de cambio"), componendas (p.e., "Ríete de todo lo ridículo y absurdo que te rodea: la risa es un elemento antiestrés fenomenal") y mañas (p.e., "Informa al médico o médica que conversa con tu acompañante sobre tus dolencias de que estás ahí presente, que se trata de tu cuerpo y tus decisiones") que, junto a los 24 deseos y demandas apuntados en las páginas 148-151, conforman un auténtico programa tanto para una política de la vida como para una política pública que vaya mucho más allá de los tópicos del envejecimiento activo.
 
Gracias, Anna Freixas: yo también quiero ser vieja.