Como bestias
Traducción de Pablo Martín Sánchez
Las afueras, 2022
"Volvimos al lugar después de que ustedes pasaran por allí. Vimos de nuevo al burro. Nos dio la impresión de que estaba inquieto. Con la niña nos había parecido tan tranquilo. También vimos cabras un poco más arriba, en la zona más escarpada del peñasco. También ellas se pusieron en alerta unos instantes, como el asno. Con la ayuda de los prismáticos vimos cómo nos observaban. Era como si todos los animales del lugar vigilaran a los humanos. Como si estuvieran intranquilos por el ajetreo de los últimos días. O inquietos por la desaparición del Oso y la niña. Percibimos claramente ese ambiente particular, tan nuevo, tan tenso".
Una novela impresionante, breve y perturbadora, que adopta la forma de una fábula rural para explorar los mecanismos íntimos del miedo, la exclusión y la violencia contra las mujeres. La historia se sitúa en un valle de montaña donde la vida transcurre bajo códigos antiguos, entre la dureza del paisaje y la persistencia de rumores y leyendas. Allí aparece una niña pequeña junto a un joven gigantesco y casi salvaje, conocido por los vecinos como “el Oso”, que vive apartado de la comunidad y apenas se comunica con palabras. Ese hecho desencadena una investigación policial, pero el centro del relato no es la resolución del enigma, sino la reacción del pueblo ante aquello que no comprende.
La novela se articula a través de una estructura coral: distintas vecinas y vecinos hablan con la policía, recuerdan, sospechan. Cada voz aporta una versión parcial, teñida de prejuicios, supersticiones o compasión. El joven y la niña no cuentan su propia historia, son narrados por la comunidad, que observa y juzga. De este modo asistimos no tanto a un caso policial como a la radiografía moral de un grupo humano enfrentado a lo diferente, a un joven extraño que parece habitar una frontera difusa entre lo humano y lo salvaje. La novela cuestiona la rigidez de esa frontera: ¿qué define realmente la humanidad? ¿el lenguaje, la convivencia social, el respeto a normas compartidas? Lo supuestamente “bestial” puede contener una forma de inocencia o autenticidad, mientras que lo socialmente aceptado revelar una terrible violencia latente, particularmente de los hombres contra las mujeres.
"Así que las hadas, permitirme creer en las hadas, fue en cierto modo un alivio. De vez en cuando, en lugar de tener pesadillas, veía a las hadas. Se me aparecían. Las hadas de la gruta, las que cuidan de los bebés. Una se aferra a lo que puede. El mundo real se había vuelto demasiado peligroso, el horror podía surgir de cualquier parte, incluso de aquellos cuya conducta parecía irreprochable. Por suerte, estaban las hadas. [...] Puede parecer pueril. Pero no soy en absoluto una chavalita de quince años ni una iluminada. No hay nadie que tenga más los pies en el suelo que yo, nadie más pragmático, los que me conocen pueden confirmárselo. Y sin embargo... A todas las chicas que algún día conocerán ese horror les deseo que encuentren a las hadas, ellas las ayudarán a levantarse".
En el relato resulta central la presencia de la leyenda y lo mítico. En el valle circulan historias de hadas, criaturas del bosque y apariciones, narraciones que se entrelazan con el suceso contemporáneo, creando una atmósfera donde lo real y lo fabuloso conviven. El relato se mueve en ese espacio ambiguo, donde la racionalidad policial no logra disipar del todo el halo de lo inexplicable.
Violaine Bérot deja que las voces, con sus silencios y contradicciones, revelen la tensión subyacente, de manera que cada testimonio añade una capa de significado y nos obliga a participar activamente en la reconstrucción de unos hechos que nunca son plenamente desvelados.
Como bestias es una de las lecturas que más me han impactado en mucho tiempo, tanto por su forma como por su fondo. La recomiendo sin reservas.

















































