viernes, 16 de diciembre de 2011

Amaiur en el Congreso: regalo o conquista

La historia nos enseña que cuando las distintas organizaciones políticas de la izquierda abertzale (o la izquierda abertzale encarnada en distintas formaciones políticas) se ha encontrado en situaciones jurídicamente ambiguas o discutidas solo caben dos salidas:


  1. Actuar con flexibilidad, de manera que la resolución de esa situación ambigua pueda presentarse como un acto de inteligencia y generosidad de la mayoría política democrática, como una concesión que pone en el tejado de la izquierda abertzale la tarea de corresponder adecuadamente a la misma.

  2. Optar por la inflexibilidad y el rigorismo, lo que supone poner en bandeja la posibilidad de que la izquierda abertzale puede presentarse como víctima de la cerrazón política (si la resolución final del caso no es acorde con sus aspiraciones o demandas) o como luchadora esforzada que ha conseguido arrancar lo que le era debido (si la resolución final responde a esas demandas).
En esas volvemos a estar ahora, con el debate sobre la posibilidad o no de que Amaiur cuente con grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados. El dictamen de los servicios juridicos del Congreso ha sido calificado de "contradictorio", ya que abre la posibilidad tanto de considerar que el 15% de votos necesarios para formar grupo parlamentario debe referirse a cada una de las circunscripciones en las que se han presentado candidaturas (requisito que Amaiur no cumple en Navarra) como de entender que han de tomarse en cuenta no los votos de los diputados en cada circunscripción, sino del conjunto de la formación política (en cuyo caso Amaiur estaría porcentualmente sobrado).
También se tacha de contradictorio el informe jurídico porque incluye dos precedentes que servirían para respaldar la petición de Amaiur. Uno, idéntico al actual, es el caso de ERC en 2004, que en la Comunidad Valenciana no logró el 15%, pero a pesar de esto pudo conformar grupo. Otro precedente, en 1986, es aquel en el que la Mesa del Congreso tuvo en cuenta los votos obtenidos en todas las circunscripciones en las que el PNV presentó candidatura, aunque no hubiera obtenido escaño en una de ellas; en aquel caso se hizo la media en todas las circunscripciones, y dado que el PNV superaba el 15%, se permitió que conformara gryupo parlamentario.

Desde esta perspectiva no entiendo la posición mantenida en la Mesa del Congreso por el PSOE. Su representante en la misma, Javier Barrero, se abstuvo en la votación al considerar que el dictamen de los servicios jurídicos era en realidad una simple nota informativa, al carecer de conclusiones operativas claras. Visto lo visto, ¿acaso podía haberlas? Lo que resulta contradictorio no es el informe juridico, sino la práctica parlamentaria que se ha llevado en las dos cámaras, acostumbrada a "salvar" los obstáculos reglamentarios cuando parecía oportuno hacerlo así. La cuestión es: ¿qué piensa el PSOE que hay que hacer en este caso? Ramón Jauregui se ha mostrado partidario de una interpretaciíon flexible del Reglamento que posibilite la conformación de grupo tanto a Amaiur como a UPyD. ¿Por qué no se ha defendido con claridad esa posición en la Mesa?

Durante mi paso por el Senado ha visto hacer cosas con el Reglamento de la Cámara Alta que no creeríais. He visto ceder temporalmente senadores socialistas (más de uno y más de dos y más de tres) al PNV para que este partido pudiera conformar grupo parlamentario. Lo recordaba con gracia el que fuera presidente del Senado entre 1989 y 1996, Juan José Laborda: "Durante muchos años prestamos por un día a senadores socialistas para que los del PNV pudiesen constituir el grupo nacionalista vasco. Y el pago de ese préstamo, ese pequeño fraude de ley, consistía en que el grupo nacionalista nos pagaba una cena en el restaurante Currito de Madrid, en donde los que habían sido vascos por un día y nosotros dábamos cuenta de una buena chuleta". Algo similar (no sé si con chuleta o sin ella) a lo que acaba de ocurrir con UPyD, que ha superado el límite del 5% de votos en toda España exigido por el Reglamento del Congreso para conformar grupo parlamentario (el partido de Rosa Díez sólo llegaba al 4,69%) gracias a la cesión temporal delúnico diputado del Foro Asturias Ciudadano, la formación parida hermafrodíticamente por Álvarez-Cascos.

No me parece mal que se hagan estas cosas. De lo que se trata es de que el reglamento facilite el funcionamiento de la institución. Y es evidente que UPyD tiene una voz claramente propia, que debe poder ser escuchada en el Congreso sin las limitaciones que supone formar parte del Grupo Mixto. ¿Qué también Geroa Bai, Compromis, BNG o ERC tienen voz propia y diferenciada? Sin duda. Pero UPyD tiene 5 parlamentarios, mientras que el resto de fuerzas que compondrán el Mixto no pasan de 3. Algún límite es razonable.

Lo que no es razonable es que Amaiur, voz diferenciada donde las haya y con 7 diputados, se vea impedido de conformar grupo parlamentario con argumentos tan endebles como la moralina estomagante del "es que no son como nosotros, los buenos: ¡es que ellos son malos!". No estamos hablando de eso. Superados los filtros legales correspondientes, Amaiur está en el Congreso de los Diputados como una fuerza política más. Y de lo que se trata es de que a partir de ahora las Cámaras funcionen.

Amaiur acabará teniendo grupo parlamentario propio. Porque es más eficaz y porque es más justo que así sea. Ya veremos si lo logra como consecuencia de nuestra inteligencia democrática o si consiguen presentarlo, cuando sea, como una muestra más de su empecinada lucha contra un sistema poco democrático.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Pacto Social por la Inmigración en Euskadi

Un centenar de personas provenientes de distintos sectores y entidades (administración pública, organizaciones sociales, empresa y sindicatos, partidos políticos, universidad) estamos en estos momentos dialogando en torno a la propuesta, impulsada por el Departamento de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno vasco, de alcanzar un pacto social por la inmigración y la diversidad en Euskadi. Pienso, y así lo he expresado en la presentación de la jornada, que estamos ante una oportunidad histórica para afrontar desde una perspectiva constructiva e incluyente una cuestión esencial para el futuro de la sociedad vasca.


Ayer, Daniel Innerarity y yo mismo firmamos un artículo al respecto publicado en EL CORREO. Lo reproduzco a continuación.


No es fácil hacer previsiones de futuro; sin embargo, una cosa es segura: que la Euskadi de mañana va a ser una sociedad aún más diversa de lo que ya lo es en la actualidad. Euskadi ha sido siempre un país plural, en el que han convivido a lo largo de la historia religiones, lenguas y culturas diferentes. La diversidad es parte esencial de nuestra historia y de nuestra identidad colectiva. Por eso las nuevas diversidades asociadas a la inmigración no deberían suponer una extrañeza para la ciudadanía vasca. En el corto plazo esta nueva realidad puede ser una fuente de dificultades: no debemos ocultar este hecho, sino reconocerlo y asumirlo como algo normal en todo proceso de cambio social. Es preciso atender a la expresión de estas dificultades y acompañarlas con el fin de que puedan afrontarse y superarse de manera constructiva. Esto es, precisamente, lo que pretende la propuesta de Pacto Social por la Inmigración impulsado por el Gobierno Vasco: enmarcar, definir un espacio ampliamente consensuado para la reflexión colectiva sobre el fenómeno de la inmigración y sobre la mejor manera de abordarlo en el seno de nuestra sociedad.


No abordamos el fenómeno de la inmigración en términos utilitaristas, sino en términos de humanidad y de justicia. Nos inspira la perspectiva de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el convencimiento de que los derechos recogidos en ella son patrimonio de todas y cada una de las personas. La ambición que inspira este Pacto es la de ser capaces de caminar como sociedad en la dirección de una ciudadanía plural e inclusiva, que haga pivotar en la práctica las libertades, los derechos y las obligaciones fundamentales de todas y de todos sobre el hecho de la residencia, y no sobre la condición de nacionales o extranjeros. No cabe integración sin reconocimiento y garantía de todos los derechos para todas las personas.


Esta perspectiva normativa no nos lleva a desconocer el hecho de que la inmigración ya está teniendo efectos muy positivos para nuestra sociedad. Efectos que pueden medirse y objetivarse, y que contrastan con los discursos que se empeñan en presentar el hecho migratorio exclusivamente como un problema. Las personas inmigrantes vienen a Euskadi para trabajar. La inmigración tiene efectos económicos netamente positivos para las sociedades receptoras al favorecer el aumento de la población activa y la elevación de la tasa de actividad femenina, contribuyendo a las arcas públicas a través de los impuestos directos e indirectos y las cotizaciones a la seguridad social, favoreciendo el incremento del consumo y creando nuevas iniciativas empresariales. Es importante recordar en estos momentos de crisis que la inmigración no solo ha contribuido hasta ahora a la prosperidad general de la sociedad, sino también que será parte esencial de la solución a esta crisis. En un tiempo en el que todas las sociedades más desarrolladas se interrogan sobre su futuro demográfico y sobre sus consecuencias sociales y económicas, debemos mirar con esperanza el hecho de que personas procedentes de otros lugares del mundo escojan vivir sus vidas en Euskadi, aportando y compartiendo su energía y su vitalidad.


La inmigración es un fenómeno que ejemplifica como pocos la realidad glocal de la mayoría de procesos sociales contemporáneos: en última instancia, los flujos migratorios siempre acaban por localizarse en un lugar concreto, en un barrio determinado, en un portal, una escalera de vecinos, una escuela o un centro de trabajo. Es en estos lugares donde nos jugamos la posibilidad de convivir y de encontrarnos de tú a tú, más allá de prejuicios y estereotipos. Pensar la inmigración en términos extraordinarios conlleva el riesgo de mirar a las personas inmigrantes como si estas fueran esencialmente distintas de las autóctonas. Y no es así. Ganarnos la vida decentemente, poder vivir con las personas a las que amamos, contribuir responsablemente al bienestar y al desarrollo de las comunidades en las que habitamos, tener capacidad de decisión sobre los procesos que afectan a nuestra existencia, gozar de autonomía y de respeto… todas estas son vivencias y aspiraciones que, cuando se cumplen, nos permiten experimentar nuestra pertenencia plena a una determinada sociedad. Lo expresaba con la mayor sencillez Abdellah El Mekaoui, ese joven natural de Marruecos que desde hace siete años vive y trabaja en Bilbao y que hace unos días devolvió un sobre extraviado con 400 décimos de lotería de Navidad: “Si te encuentras algo que no es tuyo, lo normal es devolverlo”.


La integración es un proceso bidireccional y dinámico de ajuste mutuo por parte de todas las personas que habitamos en esta sociedad, un compromiso social dinámico y prolongado en el tiempo que tiene que ser continuamente reproducido y renovado, y que requiere un esfuerzo permanente de adaptación a la nueva realidad, tanto por parte de la población inmigrada como de la sociedad receptora. Si echamos la vista atrás comprobaremos que ya ha habido otros momentos en nuestra historia de los que podemos aprender para responder adecuadamente a los tiempos que ahora nos toca vivir. Euskadi ha sido siempre tierra de migración y de inmigración. Tenemos tiempo, pero no para perderlo sino para aprovecharlo. Partimos de un porcentaje relativamente reducido de personas extranjeras en Euskadi. Personas que, además, manifiestan activamente su voluntad de integración, contribuyendo como unas ciudadanas y unos ciudadanos más a la mejora de esta sociedad. Las personas inmigrantes no son el “Otro entre Nosotros”. Son ya, de hecho, parte del “Nosotros” vasco del futuro que estamos construyendo desde ahora entre todas y todos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Un Día de la Memoria... para olvidar

"Aunque jamás sea posible fundir en un mismo espíritu a hombres cuyos sufrimientos son diferentes, no hagamos nada al menos que pueda enfrentarlos".


(Albert Camus, 1945)



El denominado "Mapa (incompleto) de conculcaciones del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica en relación a la violencia de motivación política relacionadas con el caso vasco" elaborado por ARGITUZ dibuja, con la parca frialdad de la contabilidad, los trazos esenciales de una historia del sufrimiento injustificable sobre la que deberíamos hacer memoria.



Resumen

- Personas muertas por ETA y otras organizaciones: 829.

- Personas heridas por ETA y otras organizaciones: 2.600.

- Personas muertas por “incontrolados”, grupos fascistas, GAL, BVE y otros grupos parapoliciales: entre 72 y 76.
- Personas heridas por “incontrolados”, grupos fascistas, GAL, BVE y otros grupos parapoliciales: entre 324 y 339.

- Personas muertas por la Policía: entre 93 y 122.

- Personas heridas de consideración por la Policía: entre 629 y 666.

- Personas torturadas: número por determinar.


Son sólo aquellas personas que han sufrido físicamente el terrorismo y la violencia, pero más que suficientes para hacernos reflexionar sobre monstruosa anormalidad que hemos vivido en este pequeño país. No hemos salido moralmente indemnes de esta experiencia. Aún no nos damos cuenta plenamente, pero no hemos salido indemnes.


Hay quienes, torpemente, tiran de calculadora: "Ochocientos muertos los ha generado ETA, pero otros cuatrocientos no", proclama Pello Urizar, para a continuación racalar una vez más en el cenagoso y hediondo pantano de los "afectados de primer y segundo grado". Mentalidad de actuario de seguros, completamente inapropiada en este caso, que lógicamente provoca la misma reacción aritmética: ¿de dónde sacas esos 400 muertos?


Pello Mindegia perdió la visión en 1983 como consecuencia del impacto de un bote de humo: "No se trata de equiparar, sino de reconocer", afirma, con mucho mayor acierto. De eso se trata. De reconocer a todas las víctimas, no para equipararlas, pues tal equiparación no pretende otra cosa que totumrevolutumarlo todo para que todo sea parecido, para que todo sea igual, para que todo sea, al fin y al cabo, nada. Para jugar a empatar, en suma. Para manejar el sufrimiento al peso.


Frente a la mirada aritmética necesitamos una mirada ética y anamnética. Que no enfrente, aunque no sepa aún como fundirlos en un mismo espíritu, los sufrimientos diferentes.

martes, 25 de octubre de 2011

Detener la máquina de fango


Gomorra me impresionó como ejercicio arriesgado de investigación, pero no fue hasta los relatos recogidos en Lo contrario de la muerte que Roberto Saviano no entró a formar parte de mi canon literario particular. Luego vino La belleza y el infierno, colmando mis expectativas.

Estos días he leído su ultimo libro, titulado Vente conmigo. Subrayado, subrayadísimo. Contiene reflexiones sobre la potencia de las narrativas que en los próximos días rumiaré y rumiaré, ya que conectan con algunas de las cuestiones que en los últimos tiempos más me están preocupando e interesando. Además, hay algunas otras cosas de mucho interés, entre ellas dos de evidente actualidad.
Vuelve Saviano en este libro a una cuestión de la que en su momento ya nos hicimos eco en este blog: la supuesta/la posible relación de ETA con el tráfico de drogas:

- Nosotros la coca la traíamos de Asturias -me dice Prestieri-. Teníamos contactos con los vascos.
Le recuerdo que, cuando expliqué en España que ETA tenía contactos con la Camorra, se armó un alboroto.
- Ya lo sé; todos quieren hacer las paces con ETA, y, por lo tanto, no pueden admitirlo. Con una organización política puedes sentarte a negociar, pero ¿qué haces con una implicada en el narcotráfico? Sea como sea, nosotros les comprábamos a los vascos, eran narcos vascos que ETA autorizaba y respaldaba. Luego dejamos de acudir allí, porque Raffaele Amato, Lello 'o Spagnolo, nuestro referente en España, empezó a tratar directamente con los sudamericanos.
En fin, que nada emborrone el nuevo tiempo. Aunque desde la perspectiva de las narrativas...

Me interesan más en este momento las reflexiones de Saviano sobre lo que denomina la máquina de fango y su principal consecuencia: la indiferencia hacia la política.
El mecanismo de la máquina de fango, en el fondo, es esto: poder decir "Vosotros también lo hacéis", "Todos lo hacemos". Y ese método funciona muy bien, porque en el fondo es lo que la gente quiere oír. Porque si somos todos iguales, nadie necesita sentirse mejor, hacer algo para ser mejor. La máquina de fango quiere decir: todos tenemos las manos sucias, todos somos iguales. Se trata de un despiadado mecanismo de deslegitimación universal cuyo objetivo no es otro que la indiferencia hacia la política y, en consecuencia, la retirada ciudadana de la participación: Hacer que se llegue a decir: "Todos son iguales", "Todos somos iguales". Responder al fracaso de la política generalizando, diciendo "todos somos iguales", es el mejor modo de hundir el barco en el que vamos todos.

Leía estas reflexiones de Saviano y pensaba en la encuesta electoral que ayer ofrecía el diario PÚBLICO. Según la investigación, dirigida por José Luis de Zárraga, el PSOE sólo contaría en estos momentos con la fidelidad de voto de la mitad de quienes lo apoyaron en las anteriores elecciones generales, muchos de los cuales, un 33%, se muestran indecisos.








Esta es, como puede comprobarse en el gráfico, la principal vía de agua por la que al PSOE se le escapa a borbotones su caudal electoral. Son pocos los que optan por votar a otras fuerzas políticas o por la abstención. Un tercio de quienes hace cuatro años apoyaron al PSOE parecen en estos momentos paralizados por la máquina de fango. No encuentran incentivos suficientes para movilizarse. No ven diferencias sustanciales entre el hecho de volver a votar al PSOE o no hacerlo. Aquí está la clave: ¿se está acertando en transmitir la diferencia que supone votar una cosa u otra, o no votar, el próximo 20N? Porque, según Saviano, esta es la única manera de contrarrestar los efectos de la máquina de fango:



Hay que saber ver las diferencias. La diferencia es lo que la máquina de fango no quiere que intuya el espectador, el lector, el ciudadano. Una cosa es la debilidad que todos tenemos, y otra el delito. Una cosa es el error, y otra la extorsión. Los políticos pueden equivocarse: significa que actúan. Pero una persona que se equivoca es muy distinto de una persona corrupta. En realidad, frente a la máquina de fango no hay que responder diciendo: "Nosotros somos mejores". Hay que decir: "Nosotros somos distintos". Hay que subrayar la diferencia, no meterlo todo en el mismo saco.

Aún tenemos tiempo para detener la máquina de fango. Porque hay diferencias, claro que las hay. A ver si somos capaces de exponernos y exponerlas.

jueves, 20 de octubre de 2011

El final de ETA... tan al final

¿Cómo no va a ser buena la noticia? Por favor... Lo es, es una buena noticia. Es la noticia que esperábamos. Pero, sobre todo, es la noticia por la que tanto hemos luchado. ETA ha reconocido su derrota. Mañana puede ser el primer día de nuestra vida sin ETA, después de tantos días; después de toda la vida. ¿Que por qué entonces no salto de alegría? ¿Te parezco escéptico?
Creo que si Brassens hubiese incluido en su Mala reputación una estrofa referida al terrorismo, diría algo así: "En el día del final definitivo del terrorismo, yo recuerdo a todas sus víctimas".
Es una noticia maravillosa, que solo tiene un "pero": que se haya producido ahora. Claro que sólo "ahora" podía producirse. Lo que quiero decir es que debía haberse producido ahora-hace-mucho-tiempo.




En el año 2000 tuve la ocurrencia (y Luis Haranburu la locura) de publicar un librito titulado Columnas vertebradas. Reproduzco un fragmento de su introducción, pues tal vez así me pueda hacer entender mejor:




Suele decirse que no hay nada más viejo que un periódico del día anterior. También suele recomendarse no pensar o, en caso de no poder aguantarse las ganas, nunca poner por escrito lo pensado. La primera es una advertencia a los lectores; la segunda, a los autores. Este libro desafía ambas advertencias.
Tengo que decirte, lectora o lector que ojeas esta introducción antes de tomar la decisión de llevarte contigo el libro, que todo lo que en él vas a encontrar ha aparecido ya en los periódicos de días anteriores. Se trata de una selección de columnas de opinión escritas desde principios de 1997 y publicadas por el diario El País en su edición para el País Vasco. He escogido sólo colaboraciones relacionadas con lo que en alguna ocasión en que el hartazgo hacía mella en mi ánimo he llamado la cosa nostra: todo eso que, por recurrir a denominaciones que más adelante serán convenientemente matizadas pero que de entrada nos permiten entendernos, se ha conocido como la cuestión vasca o el conflicto vasco. He dejado fuera aquellas otras columnas en las que abordaba cuestiones sobre economía, empleo, exclusión, cultura, ecología, etc.; cuestiones, por cierto, no menos nuestras.
En cuanto a la segunda advertencia –no pensar o, por lo menos, no escribir-, llevo veinte años largos haciendo lo contrario. Victor Urrutia, amigo y compañero de fatigas universitarias, suele decir que, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los lugares, el hecho de vivir en este querido país nos ha obligado a muchos a pagar un peculiar impuesto reflexivo vasco, nos ha forzado a intervenir en unos debates y a utilizar unas herramientas (el artículo periodístico) a los que, seguro, en unas circunstancias distintas no nos hubiésemos acercado.
En mi caso hace ya veinte años que recurrí al periódico para expresar mi opinión sobre algunas de las cosas que ocurrían en nuestro país. Concretamente, fue un 23 de octubre de 1979 cuando el diario Deia tuvo a bien publicarme una carta al director en la que criticaba algunos aspectos de la campaña de prensa organizada por HB pidiendo la abstención ante el referéndum estatutario que se celebraría dos días más tarde. Por lo que parece, lo que motivó aquella carta fue la indignación que sentí ante el eslógan que acompañaba la referida propaganda: “Recuerda, la luz sólo sale de la confrontación civilizada”. En un año tan terrible como aquel, cuando ETA asesinó casi a 80 personas, la apelación a la confrontación civilizada fue la gota que colmó mi particular vaso. A esa carta siguieron otras.
Años después (no sé exactamente cuando, aunque aparecen en un cuaderno fechado en diciembre de 1986), escribía unos torpes versos en los que volvía a insistir en algo que me ha atormentado siempre: ¿cómo se puede convivir con la violencia, cuando esa violencia es ejercida en nuestro nombre? El poema, sin título, decía:

y así mi tierra se volvió de sangre
sirimiri rojo
nuevo condimento
plazas encharcadas
katiuskas
paraguas
paladar que cambia
sangre tinta al vaso
de los txikiteros
sangre roja al verde
de nuestras praderas
sangrería enorme
sangruna tremenda
sangrena caníbal
santa sangre madre
de los niños muertos
sangría profunda
regando la calle
sangre se hizo sangre
mi gente
por quedarse en casa
bajo los tejados
cuando las primeras gotas
comenzaban

¡Mira por dónde! Rebuscando entre mis papeles han ido apareciendo viejos escritos. Bueno, rectifico: los escritos no son viejos, nada de eso, son muy jóvenes; hay escritos casi adolescentes. El que empieza a estar viejo soy yo. De hecho, creo que no he conseguido finalizar un poema desde hace diez años, aunque también es verdad que en todo este tiempo son pocos los que he comenzado. Pero por aquellos años escribía cosas como esta:

Nunca es pronto para decir basta / pues decirlo / tenerlo que decir / implica / que ha ocurrido ya lo que no debió ocurrir / lo que debió evitarse. / Nunca es pronto para decir basta. / Si hay que decirlo / ya es tarde.

O como esta otra, un largo poema titulado "A pesar de tu muerte (o tal vez por ella)", dedicado a Yoyes, del que entresaco algunas estrofas:

Ya está llegando el día de los días / el día del cuchillo enmohecido / el día de las deudas perdonadas / el día del disparo detenido.
Venceremos el miedo / te aseguro / que ese día venceremos el espanto / y a un día despejado dará paso / esta noche asesina del futuro.
Y no habrá ya disculpas para nadie / para el cobarde ni para el tirano / para el que ordena ni para el que calla / para el que elige ni para el que ejecuta.
Volveremos a vernos sin caretas / nos reconoceremos en las plazas / y mantendremos lo que nos distingue / sin convertirlo en lo que nos separa.

Te pido disculpas, amiga o amigo lector. Te has acercado con cautela a mis columnas periodísticas y si te descuidas te endoso un centón de mediocres poemillas. Pero descuida, este será el último; titulado "Ronda de la bala", tómalo como una concesión a la nostalgia:

A la rueda rueda / de la bala fría / rueda que te rueda / la bala asesina.
La bala no queda / parada en un sitio / no queda, que vuela /
buscando lo mismo.
Bala voladora / verdugo de niños / cruel balita ciega / esclava de instintos.
Bala de la tregua / nunca respetada / bala siempre presa / de la misma rabia.
Bala compañera / del café con leche / bala mañanera / noticia de muerte.
Feroz bala vieja / ¿no habrá quién te enfrente / a la historia negra /
que hasta hoy te mantiene?

En fin: no sé si este país habrá ganado un mediano columnista, pero de lo que estoy seguro es de que no ha perdido un buen poeta. He traído a colación todas estas historias sólo para indicar que siempre he procurado tener opinión y, cuando he podido y como he podido, la he hecho pública. Lo he considerado un precioso deber ciudadano. Y así han pasado veinte años.


Veinte años que ahora son 31. Aquel libro contenía también esta dedicatoria:



El 10 de abril de 1999 nació nuestra hija Naia. Naia (nahia) significa voluntad, deseo, intención. En dialecto suletino, el hablado en Zuberoa, significa (esta vez sin “h”) ola y, la verdad, mirar a un bebé es como mirar el mar: siempre parece igual pero en cada momento es diferente. Aunque dejar atrás la violencia no es lo mismo que superarla, quiero creer que Naia ha nacido en un País Vasco que mira definitivamente hacia la paz. A ella va dedicado este libro.
Y de una existencia que nace a la vida a otra que se consagró a la defensa incondicionada del derecho a la vida durante los peores tiempos de la violencia. También se lo dedico a todas esa buenas gentes que han creado y sostenido, desde aquel lejano 1986, la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria. Si las sociedades tienen algo así como una ética colectiva, Gesto por la Paz ha sido la más clara emanación ética de la sociedad vasca.


Hace ya 31 años. Tal vez ahora me comprendas cuando te digo que es una noticia maravillosa, pero que...

sábado, 15 de octubre de 2011

Con Txema, este 15-O

Esta tarde, el mismo día en que tantos miles de personas se movilizan en todo el mundo reivindicando y anticipando ese otro mundo posible, pero sobre todo imprescindible, unas cuantas personas nos hemos reunido en Santutxu para recordar a Txema Fínez. Un año ya de su resurrección.
No puede ser casualidad.

He vuelto a casa con el libro nacido del amor de Susana y del afecto de tantas personas: "He sido feliz en todo lo que he hecho", proclama Txema desde su portada. Y se le nota en la foto que la ilustra.

En mi despacho tengo una estantería en la que acomodo autobiografías y biografías. Ahí están Rossana Rossanda con La muchacha del siglo pasado, los Años interesantes de Eric Hosbawm, Robert Graves y su Adiós a todo eso, De senectute de Bobbio, los Orígenes de Maalouf, el Elogio de la imperfección de Rita Levi Montalcini, Rumbo al Sur, deseando el Norte de Ariel Dorfman, El peso de una vida de Bettelheim o El refugio de la memoria de Tony Judt.
Junto a ellos, las biografías de Camus (Herbert H. Lottman), de Simone Weil (dos: la de Simone Pétrement y la de Gabriella Fiori), de Orwell (Jeffrey Meyers), de Isaiah Berlin (Michael Ignatieff), de Raymond Williams (Dai Smith) y hasta de Tom Waits (Barney Hoskyns).

Entre estas obras descansa ahora el libro de/sobre/con/para Txema.

Y de la autobiografía de Judt reproduzco una reflexión que parece escrita para nuestro querido amigo:

"La seriedad moral en la vida pública es como la pornografía: aunque difícil de definir, sabes que lo es en cuanto la ves. Describe una coherencia entre intención y acción, una ética de responsabilidad política. Toda política es el arte de lo posible. Pero el arte también tiene su ética".

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Quién crea empleo y bienestar?

Confebask acaba de hacer pública su propuesta para el debate sobre la fiscalidad impulsado por el lehendakari Patxi López. Tal como señalaba este diario al hacerse eco de la noticia, la patronal vasca pide una rebaja de los impuestos que afectan a las empresas (como el de sociedades y las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social), el mantenimiento de los incentivos fiscales y la elevación de impuestos como el IVA o el IRPF (salvo los tipos máximos, es decir, aquellos que se aplican a los salarios más altos). “¿No estarían dispuestos los trabajadores a pagar un poco más para que hubiera más personas trabajando?”, se preguntaba retóricamente el presidente de Confebask al presentar su propuesta. Al fin y al cabo, ¿no son los empresarios los que crean empleo?
En una línea similar, el secretario general de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos , en la presentación de su VII Congreso que se celebrará a finales de este mes en Bilbao, defendía la importancia de “reconocer su mérito, su esfuerzo y su trabajo”, que deben ser adecuadamente “premiados” incluso en la presente situación de crisis. Ambas organizaciones, Confebask y CEDE, consideran que lo que la sociedad debe hacer es procurar que esas personas, empresarios, directivos y ejecutivos, que son quienes generan empleo y riqueza, no se vayan a otros lugares, allí donde se tribute menos o se retribuya más.
En esto coinciden miméticamente con el pensamiento conservador, en una alianza cuyo éxito electoral, en caso de producirse, no solucionará ninguno de nuestros problemas económicos y detonará graves problemas sociales. “A ver si nos vamos a creer que es el Estado el que garantiza ese bienestar”, proclamaba hace unos días el portavoz económico de PP, Cristóbal Montoro, en una entrevista en Los desayunos de TVE. Pues sí, deberíamos creerlo. O cuando menos, deberíamos dejar de militar acríticamente en ese thatcherismo prosaico que continua repitiendo como un mantra aquello que la Dama de Hierro sentenció en 1987 en relación a la sociedad: “¡No existe tal cosa! Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias. Y ningún gobierno puede hacer nada sino a través de la gente; y la gente debe mirarse a sí mismos en primer lugar”. La sociedad no existe, y si existe no tiene demasiado que ver con la creación de empleo. Menos aún cuando se presenta con los ropajes de sociedad política.
Pero se trata de un discurso falso. ¿Son las empresas las que crean empleo? ¿Debe premiarse el mérito de directivos y ejecutivos? Sí y no. Las empresas que crean empleo lo hacen, siempre, en contextos sociales, culturales, políticos y económicos que ellas mismas no generan ni garantizan. Son cientos, miles, los Steve Jobs que nunca surgirán de tantas regiones el planeta donde lo más seguro para un niño o una niña recién nacidos es que su vida se acabe antes de cumplir los cinco años. ¿Y qué sería de Bill Gates en Mogadiscio? Como señala John Rawls, “hasta la disposición a hacer un esfuerzo, a intentar algo, y por lo tanto el tener mérito en el sentido ordinario, depende a su vez de las circunstancias sociales y de haber tenido una familia feliz”. Hay contextos sociales radicalmente tóxicos para el emprendizaje. Y estos contextos no son, frente a lo que sostiene irresponsablemente el dogma neolibertario, aquellos en los que existe un Estado mínimamente intervencionista y débilmente redistribuidor.
Stephen Holmes y Cass R. Sunstein, profesores de Derecho en las universidades de Nueva York y Harvard respectivamente, recuerdan que todos los derechos tienen costos económicos, que todas las libertades privadas tienen costos públicos y que la redistribución de los dineros públicos no sólo se da cuando de garantizar derechos sociales se trata. Todos nuestros derechos –tanto los comúnmente denominados “individuales” como los sociales, tanto los vinculados a la “libertad negativa” como a la “libertad positiva”- dependen de los impuestos recaudados por el gobierno. En este sentido todos los derechos son positivos. En palabras de Holmes y Sunstein, “ningún derecho es simplemente el derecho a que los funcionarios públicos no lo molesten a uno […] todos los derechos son costosos porque todos proponen una maquinaria eficaz de supervisión, pagada por los contribuyentes, para monitorear y controlar”.
El caso más evidente es el derecho de propiedad: aparentemente un derecho para cuyo ejercicio basta con la no intervención del Estado, en realidad un servicio que el gobierno presta a quienes tienen propiedades, pero que es financiado por los ingresos generales obtenidos del conjunto de los contribuyentes. El dinero público que ha costado la defensa del derecho de propiedad en el caso de Kukutza no se limita sólo ni fundamentalmente a esos 140.000 euros en los que el Ayuntamiento de Bilbao ha cifrado los destrozos causados por los actos vandálicos que se produjeron tras su desalojo. Todas y todos hemos pagado a escote no sólo los contenedores quemados, sino también los distintos autos judiciales emitidos en relación al caso, así como el espectacular despliegue policial que permitió la ejecución del derribo.
“Los individuos ricos y exitosos –recuerdan Holmes y Sunstein- deben su riqueza y su éxito a instituciones sociales que exigen la cooperación de todos, pero distribuyen sus recompensas en forma selectiva y desigual”. Esta es una lección fundamental que no parece enseñarse en las escuelas de negocios, ni siquiera en aquellas que dicen aspirar no sólo a la excelencia académica y económica, sino también a la excelencia ética. Confebask, estoy seguro, desea poder seguir desarrollando su imprescindible actividad en el marco de una sociedad razonablemente buena, pacífica, segura y virtuosa.
¿No estarían dispuestos los empresarios a pagar un poco más para que hubiera una sociedad más cohesionada, más comprometida, más atenta a descubrir y desarrollar las capacidades de todas y de todos?

[Artículo publicado hoy en en EL CORREO y DIARIO VASCO]