miércoles, 29 de junio de 2011

Gora Donostia-San Sebastián!

El pasado 31 de mayo cuatro miembros del jurado que debía decidir la ciudad que se convertirá en Capital Cultural Europea en 2016 visitaron San Sebastián. Se trataba de Manfred Gaulhofer (presidente del jurado), Jordi Pascual Ruiz, Emilio Cassinello y Danuta Glondys. El objetivo de la visita era, según declararon a los medios, comprobar sobre el terreno si la idea de la cultura como instrumento para superar la violencia y contruir la convivencia -eje del proyecto donostiarra- estaba "bien arraigada" en la ciudad.
Tuve ocasión de participar en la reunion que los miembros del jurado celebraron en el Palacio de Aiete, sede de la Casa de la Paz y los Derechos Humanos, con una veintena de personas que, en diversas circunstancias, hemos tenido algún protagonismo en la lucha por la paz, la libertad y los derechos humanos en Euskadi.
En aquel momento tuve la certeza de que el proyecto presentado por Donostia-San Sebastián sería el ganador si en la deliberación no interferían criterios políticos asociados al cambio producido en el consistorio donostiarra tras las elecciones del 22M.

La exclusión del nuevo alcalde, Juan Karlos Izagirre, de la I Conferencia Internacional sobre Víctimas del Terrorismo promovida por el Gobierno español, la Organización de Estados Americanos y el Consejo de Europa, me hizo temer lo peor. Tal exclusión, en mi opinión incomprensible (lo lógico, en su caso, sería que fuera él mismo quien se retratara), enviaba al jurado de la capitalidad un mensaje poco tranquilizador: si nos fiamos del nuevo regidor, ¿por qué vais a fiaros vosotros?

Afortunadamente ha triunfado el proyecto, las olas de energía ciudadana que lo han impulsado.

Por eso me asombra, no, me indigna, escuchar a los alcaldes de Zaragoza, Burgos o Córdoba, o al exalcalde de Las Palmas, cuestionar la elección aduciendo supuestas contaminaciones políticas. Disparate el suyo.
Y estrechez de miras, y mezquindad, que no representan, seguro, al valor de los proyectos presentados por sus respectivas ciudades.

En noviembre de 2010 me declaré rendido admirador del proyecto. Hoy me emociono al pensar que ese proyecto será realidad en 2016.

Mila esker, Santi, gidaria hain trebea eta argia izateagatik. Eskerrik asko, Odon, zure handitasunagatik.

sábado, 25 de junio de 2011

Negativas y subversiones para construir más y mejor democracia

Robando horas al fin de semana con el fin de satisfacer su inmoderada gula, el librívoro da buena cuenta del último Vattimo y del último Bensaïd. Y entre otras cuestiones de enjundia, cree descubrir en los escritos de ambos reflexiones que parecen pensadas desde/para/en/según el rizomático 15M/DRY.

Cita Bensaïd un fragmento de "Le Refus" (La negativa, 1958), de Maurice Blanchot:
En cierto momento, frente a los acontecimientos públicos, sabemos que debemos rechazar. El rechazo es absoluto, categórico [...]. Lo que rechazamos no carece de valor o de importancia. Es justamente a causa de ello que el rechazo es necesario. Hay una razón que ya no aceptaremos, hay una apariencia de sensatez que nos produce horror, hay un ofrecimiento de acuerdo y de conciliación que no escucharemos. Se produce una ruptura. Hemos sido llevados a esa franqueza que no tolera la complicidad. A lo que añade el recientemente fallecido filósofo y militante francés:
¡Indignación en mediaticolandia! Despecho de los fabricantes de opinión, abofeteados por lo que pensaban que eran sus dóciles criaturas. Fractura social abierta. Intensa herida narcisista de las vacas sagradas. ¡El "no" al referéndum sobre el tratado constitucional no sabría qué sí defiende! ¿Y qué? No hay necesidad de definir en positivo la justicia para rebelarse cotra la injusticia. ¿Por qué siempre "positivizar"? Lo negativo también tiene sus virtudes [Daniel Bensaïd, Fragmentos descreídos, Icaria, Barcelona 2010].

En cuanto a Vattimo, dos reflexiones originalmente publicadas en 2002, al calor de aquellos girotondi de cuya experiencia nuestras indignadas e indignados bien pudieran aprender:
Naturalmente, no pensamos renunciar a la lucha parlamentaria, al esfuerzo de ganar las elecciones. Pero el futuro de la democracia, si todavía lo tiene, pasa por una combinación aún inédita de esta acción política institucional con la presión "subversiva" que, aquí y ahora, resulta cada vez más indispensable para garantizar, justamente, la supervivencia de las instituciones.
Y más adelante:
Nadie quiere encomendarse sólo a la calle, evidentemente. Pero tampoco se puede aceptar una actitud que al final se resume en un "dejad trabajar en paz" a los parlamentarios y sesudos reformistas. ¿Basta con la acción parlamentaria para obtener leyes que respeten los derecho de los trabajadores y los valores fundamentales de la Constitución (de la libertad de información a la división de los poderes del estado, del derecho a la instrucción a la libertad de investigación científica y la propia libertad del mercado frente a los monopolios y la corrupción)? [Gianni Vattimo, El Socialismo, o sea, Europa, Bellaterra, Barcelona 2011].

martes, 21 de junio de 2011

Ser político y no enterarse

Aunque ya tengo seleccionado entre mis favoritos el blog de José Andrés Torres Mora, de manera que basta con pinchar en el link para poder leer su última entrada, quiero destacarla. Irónica, divertida, inteligente y, también, con su puntito de humilde pero necesaria reivindicación, con la que está cayendo.

Ser político y no enterarse
José Andrés Torres Mora
Publicado en La Opinión de Málaga el 21 de junio de 2011


El sábado leí una entrevista a un conocido periodista y escritor, en la que afirmaba: «Los políticos viven en un limbo, sin contacto con la gente». Según esta idea, un día te eligen concejal o diputado, y a partir de ese momento tus padres ya no se hacen mayores, no se quedan solos y tristes en sus casas, no enferman, y así ya no te enteras de la situación de los mayores, ni de las carencias de los servicios sociales o de la sanidad pública. Desde que eres elegido, tus hijos ya no tienen los males de la adolescencia. Se acaba así la experiencia de los problemas del sistema educativo, de la seguridad de la noche y de todas esas cosas que hacen tan entretenida la vida de los padres. Según parece, un día te votan tus conciudadanos y tus primos, vecinos y amigos, ya no se quedan en paro, sino que todos tienen empleo, y de los buenos. Así que, según esta doctrina, te entregas a la causa de los que tienen dificultades, y el día que te eligen dejas de ver las dificultades.

Cruzas la puerta de Cedaceros del Congreso de los Diputados, y se te olvida tu vida anterior: la emigración de tus padres, los internados, la adolescencia en el barrio, la carrera, el paro, los primeros trabajos precarios, los años de profesor universitario, todo se esfuma de tu cerebro. Todos los políticos nos volvemos iguales, pero para bien. Quiero decir, que un día vuelves a casa de tus padres, y al asomarte a la ventana, en lugar de ver el sádico y gris paisaje urbano de un bloque de viviendas en el Camino de San Rafael en Málaga; de pronto ves, pongamos por ejemplo, la bahía de la Concha, en San Sebastián; porque desde que te eligen ya eres igual que, por ejemplo, el hijo diputado de un industrial vasco. O sales de casa, y en lugar de un pasillo oscuro con diez viviendas, te encuentras en el luminoso jardín del chalet de un notario de Madrid, que es papá de un diputado al Congreso. Por supuesto, las conversaciones con padres, tíos y demás familiares, varían una barbaridad. En lugar de contarte por enésima vez en qué condiciones tenían a los inmigrantes españoles en las granjas francesas de comienzos de los sesenta, si sales elegido, tu tío te hablará del ambiente nocturno de la Costa Azul, de Sartre y del mayo del 68 en la Sorbona, como si fuera el vástago progre de una rica familia catalana, ahora tío de un diputado. ¡Ah, París!

Claro, que esto no pasa por casualidad, sino que exige un esfuerzo carísimo y un trabajo inmenso de un montón de gente para confundir a los políticos y así cargarse la democracia representativa. Lo más barato debe ser lo de los periódicos, es decir, hacer una edición especial para los políticos, aunque no sé como lo hacen para que en los kioscos cojamos los que han hecho exclusivamente para nosotros, sólo con buenas noticias. Luego está lo de los telediarios y los informativos radiofónicos. También especiales para nosotros. Tampoco imagino cómo harán lo de cambiar nuestra vida vivida y nuestros recuerdos, y los de nuestros padres, familiares, amigos y conocidos, pero se me antoja que debe ser lo más difícil, incluso para el mismísimo mago Ury Geller.

Después de siete años de parlamentario, mi entorno sigue igual que antes, también mis recuerdos. Quizá por eso, algunas personas me dicen: «Es que tú no eres un político como los demás». Yo les pregunto «¿conoces a los demás?», y esas personas responden: «no, la verdad es que tú eres al único que conozco en persona». Otros muchos políticos me han contado que les pasa lo mismo. Al final va a resultar que de lo que no nos hemos enterado es de que somos políticos.

jueves, 16 de junio de 2011

Real o realista: ¡más y mejor democracia!

"Asediados", "Ataque a la democracia", "Democracia secuestrada"...
No. No se refieren al ataque que los mercados llevan ejecutando contra los gobiernos y las sociedades desde hace tres décadas, ataques que en los últimos tiempos se han convertido en guerra sin cuartel, toque a degüello mediante, contra todo lo que signifique redistribución social o solidaridad pública. Tampoco se refieren al prolongado secuestro por esos mismos mercados de todas las herramientas democráticas para la organización colectiva de la vida social, secuestro que no termina por más que se pague rescate una y otra vez.

"La tutela de los mercados, el endurecimiento de la coerción que se impone a los gobiernos nacionales, la reducción de sus pretensiones redistributivas, son otros tantos elementos que vienen a modificar el sistema equitativo de nuestras sociedades, por un retorno a los principios teóricos y por una desaparición progresiva del terreno democrático. La globalización no sólo incrementa en el sistema equitativo la parte correspondiente al mercado y reduce la de la democracia, sino que lo hace en nombre de la eficacia del mercado, de un orden superior al de la democracia. Eso es lo que se ha dado en llamar impotencia de la política. El cambio del sistema equitativo no procede, en efecto, de una decisión política -en cuyo caso correspondería al deseo de los pueblos-, sino de la coerción exógena que se impone a la democracia. La legitimación de esa coerción sería la eficacia -muy discutible, como ya he mostrado-, pero entonces eso contribuiría a invertir la jerarquía normal de los valores: primero, la eficacia; y después, a título testimonial, la democracia.
Este sentimiento de tener que ratificar una decisión que no han querido, que no les conviene, es lo que ha provocado tanta acritud contra la globalización".

[Jean-Paul Fitoussi, La democracia y el mercado, Paidós, Barcelona 2004, pp. 91-92; las cursivas son mías]

No se refieren a esto. ¿Por qué no han sonado antes estas alarmas? Cuando las agencias de calificación descalifican, cuando los secuestradores exigen rescate, cuando los capitales actuan contra la polis, cuando los mercados compran democracias a la baja...

"La 'gran conspiración de la derecha' no es una metáfora producto de una mente calenturienta, sino la realidad pura y dura, y funciona de un modo muy semejante al de cualquier grupo de presión con intereses específicos. [...] ¿Llegarán los intereses económicos de los medios de comunicación a socavar el tratamiento objetivo de las informaciones?".


[Paul Krugman, El gran engaño, Crítica, Barcelona 2004, pp. 241 y 251]




















Por supuesto: la violencia ejercida contra el Parlament es injustificable. O mejor no darlo por supuesto, y afirmarlo tantas veces como sea necesario, y una más.
Cuando no se sosiega, la apoteosis participativa encierra, entre tantos valores democráticos (que son mayoría) un riesgo de camisapardización. Tanto en la esfera física como en la blogosfera: imposible plantear un debate razonable, sin que el anonimato mate la discusión.

Y ahora dejamos un tiempo antes de continuar con este comentario. Para que no parezca que establecemos odiosas comparaciones. La condena de esa violencia, que inmediatamente evoca imágenes igualmente condenables de la constitución del consistorio en Elorrio -esa anormal normalidad vasca de la que ninguna normalización nos va a salvar-, debe hacerse sin ninguna otra consideración.

Y ahora, pasemos a otra cosa distinta, aunque sea una faceta más de la misma realidad poliédrica que desde hace un mes conforma la sociopolítica española.

El Parlament era antesdeayer el palacio de Versalles asediado por los sans-culottes.
Tampoco es normal seguir haciendo política institucional como si nada ocurriera en la calle (en las calles) desde hace un mes (desde hace años).
¿No estamos cayendo en el mariantonietismo de ofrecer retóricamente comer brioches -Qu’ils mangent de la brioche- a quienes protestan indignados por la falta de pan?

"La revuelta contra las desigualdades realmente existentes se alimenta así de estas tres fuentes: del desacoplamiento entre rendimiento y ganancia, de la contradicción entre legalidad y legitimidad, así como de las expectativas mundiales de igualdad. ¿Es ésta una situación (pre)revolucionaria? Absolutamente. Carece, sin embargo, de sujeto revolucionario, por lo menos hasta ahora. Porque las protestas proceden de los lugares más distintos. La izquierda radical acusa a los directivos de los bancos y al capitalismo. La derecha radical acusa una vez más a los inmigrantes. Ambas partes se corroboran mutuamente en que el sistema capitalista imperante ha perdido su legitimidad. En cierto sentido, son los Estados nación los que se han deslizado involuntariamente hacia el rol de sujeto revolucionario. Ahora, de repente, éstos ponen en práctica un socialismo de Estado sólo para ricos: apoyan a la gran banca con cantidades inconcebibles de millones, que desaparecen como si fueran absorbidas por un agujero negro. Al mismo tiempo, aumentan la presión sobre los pobres. Semejante estrategia es como querer apagar el fuego con fuego".

[Ulrich Beck, "La revuelta de la desigualdad", El País 04/05/2009]

Real o realista, el caso es que la democracia, más y mejor democracia, es la única solución. Es decir, más y mejor política. En la calle y en los parlamentos. De ida y vuelta.
Lo que no puede ser es que la una y la otra, la callejera real y la parlamentaria realista, sólo se encuentren para encontronarse.

lunes, 13 de junio de 2011

Corleone en Alicante

P. Y lo de escarbar en el pasado del socialista Ángel Luna para denunciarle...
R. Puede parecer poco ético, pero lo es bastante menos de lo que él le estaba haciendo al presidente de la Generalitat. Y Ángel Luna sabe que, de lo que sabemos, solamente ha salido una tercera parte. Lo sabe perfectamente. Si hubiera estado tranquilo, si no hubiera intentado hacer daño, posiblemente nadie se habría movido.


Sonia Castedo, alcaldesa de Alicante

De lo que sabemos, solamente ha salido una tercera parte... Si hubiera estado tranquilo nadie se hubiera movido...

domingo, 12 de junio de 2011

Semprún, hace veinte años

Estos días he vuelto a releer Federico Sánchez se despide de ustedes (Tusquets, 1993), libro en el que Jorge Semprún reflexiona sobre su paso por la política institucional entre 1988 y 1991, como ministro de Cultura con Felipe González.
Semprún accede al ministerio en un momento de "creciente tensión en la sociedad española. Mejor dicho: entre esta última y el PSOE", en una coyuntura política particularmente delicada (recordemos la huelga general del 14D). Retrospectivamente, Semprún hace un juicio extremadamente duro de la situación interna del PSOE en aquellos momentos, sumido en derivas que no hacía sino alejarle cada vez más de la sociedad... ¡a pesar de haber ganado las elecciones casi por mayoría absoluta! Tan duro es su juicio que llega a lamentar, desde la perspectiva de la renovación interna, ese triunfo electoral:

El PSOE, en todo caso, mientras caía el Muro de Berlín, había vuelto a ganar en 1989 las elecciones generales. Tras recuentos e impugnaciones diversos, sólo le faltó un escaño para una tercera mayoría absoluta. Podía seguir gobernando sin problemas, al menos desde un punto de vista aritmético. Desgraciadamente, en mi opinión: mejor hubiera sido tener que plantearse ya desde entonces una estrategia de pactos, romper con la mitología y la práctica de un hegemonismo cada vez más despolitizado, más burocrático. O sea, más alejado de la sociedad. Ya que la reforma o renovación [...] no podía surgir dentro del propio PSOE, cerrado a cal y canto por el aparato, sólo la pérdida de la mayoría absoluta hubiera forzado una reflexión, un cambio de estrategia. En el otoño de 1990, en cualquier caso, y a pesar de la apretada victoria electoral del año anterior, seguía desarrollándose la crisis de la hegemonía.

El detonante de la salida de Semprún de aquel Gobierno fue una larga entrevista para El País, publicada el 29 de julio de 1990 con el título: "Este gobierno discute poco de política".
Apoyado por Félix Pons, por aquel entonces presidente del Congreso de los Diputados, y por Fernando Morán, ex ministro de Asuntos Exteriores y eurodiputado; criticado por el denominado "sector guerrista" o por el secretario general del SOMA-UGT y miembro de la ejecutiva del PSOE, José Ángel Fernández Villa, quien acusó a Semprún de que, aprovechando la "generosidad del partido" y sin estar afiliado, había opinado sobre la vida interna del mismo

No afirmo que Jorge Semprún tuviera razón en lo que decía. Sólo digo que lo decía. Hace veinte años.




Pimpinela escarlata del franquismo,
limón que no estrujó la policía,
lo tildaron de agente de la CIA
cuando descarriló su carrillismo.

Montmatre, Dolores, Buchenwald, abismo
del Kremlin en obscena epifanía,
tan Federico Sánchez que sufría
por intentar ser otro siendo el mismo.

Un mal día, por ignorar la gloria
de Di Stéfano, al borde del talego,
lo puso el crucigrama del destino.

La liga que jugaba a sangre y fuego
se ganaba en la cancha de otra historia
más innoble que el gol de Marcelino.

En la semana negra del buenismo,
burla burlando el don de la utopía,
lo conocí en Gijón con Luis García
Montero, qué cartel para el turismo.

Con devoción ayuna de cainismo
blasfemaba contra la idolatría,
le embestían los toros y sabía
torear, sin hacer dontancredismo.

Cómplice de Montand y de Pradera,
de Costa-Gavras, de la primavera
que enfangaba el villano de Verdún.

El siglo veinte cabe en su estatura,
nunca habrá otro ministro de cultura
más culto y sin cartera que Semprún.

domingo, 5 de junio de 2011

La muchacha del siglo pasado... y de este

Tenía pendiente desde hace más de un año la lectura de la autobiografía de Rossana Rossanda, titulada La muchacha del siglo pasado. He aprovechado este fin de semana para hacerlo. La autora se presenta a si misma como la ragazza del siglo pasado, pero sus experiencias y sus reflexiones no han dejado de señalarme cuestiones de la máxima actualidad.

"Yo me hice comunista en octubre de 1943 -escribe-, cuando me descubrí como una rama en un mundo que se despeñaba, y Marx, Laski y Lenin, por más distintos que fueran entre sí, me mostraron asimismo que aquel despeñarse había sido determinado por fuerzas en las que casi nada respondía a una fatalidad. Y que si no se cambiaba el dispositivo no habría alternativa a la barbarie [...]. Es una elección de la razón. Puede ser que habiendo vivido en mi infancia el proceso que llevó a la ruina a mis padres tras el terremoto de 1929 se me creara una intolerancia hacia la heterodirección de las existencias que nunca me ha abandonado. No es una teoría, es una parte de mí. ¿Cómo soportar que la mayoría de las personas que nacen no tengan ni siquiera la posibilidad de pensar quiénes son, qué harán con sus vidas, que hayan perdido la aventura humana antes de emprender el viaje? O hay un Dios tremendo que te pone a prueba y te compensa en el más allá, o es inaceptable. No tengo fe y lo único que puedo hacer es intentar cambiar -incluso reducir, aplacar- un estado de cosas que no puedo tolerar. No es una elección, es una condición".

¿No percibimos tras esta reflexión, el eco de un terremoto más reciente, el de la crisis que explota en 2008, igualmente determinada por fuerzas que nada tienen que ver con ninguna fatalidad?

La relación de Rossanda con el Partido Comunista se romperá con motivo de los movimientos de 1968. Su descripción de aquellos días podría servirnos perfectamente para caracterizar la dinámica de los actuales 15M y DRY:

"Todo el mundo hablaba con todo el mundo. [...] No hubo revuelta menos siniestra que la de 1968, más decidida y risueña, como si todas las cosas estuvieran al alcance de la mano, es más, hubieran sido ya conquistadas. La primera noche la pasamos en el Odeón, apretaos como sardinas, conmocionados al ver cómo todo el mundo tomaba la palabra, no sólo miembros de los grupos en formación sino individuos, gente que no lo había hecho nunca, que por primera vez hablaba de sí misma al mundo, a menudo con dificultad. 'Dejadle hablar', era el grito cuando alguien se alargaba o se liaba, anhelando decir su cansancio y su soledad. Dolor por estar solo, y estupor feliz de estar finalmente con otros o, mejor dicho, con todos. La velada no tuvo otro hilo conductor más que este decirse y sentirse, y cuando el micrófono llegaba a algún rostro conocido (no sin haber esperado su turno) no se le prestaba ni mayor ni menor atención: las propuestas de la manifestación consistían en manifestarse, bastaba plantearlas para conseguirlas, el sistema, la autoridad, la norma estaban ya fuera de juego".

De ahí el rápido reflujo de aquel movimiento de 1968. En su riqueza estaba también su debilidad:

"En los días que siguieron vimos el comienzo de un reflujo, no declarado, las calles seguían llenas de gente, pero la atmósfera era distinta. No sólo porque los obreros habían vuelto al trabajo, sino porque los estudiantes no estaban preparados para la larga duración, para la necesidad, que era rechazada en cuanto se presentaba, de darse un objetivo común, aunque no fuera más que preguntarse todos juntos por dónde se podía seguir avanzando a partir del punto en el que se estaba. Toda organización era temida como un sustituto de la autoridad".

Pero fue el Partido Comunista Italiano el que realmente salió derrotado de aquellos días, por su incapacidad para conectar con los nuevos movimientos juveniles:

"A los jóvenes ya los habíamos perdido. Era muy fácil ver lo frágil que era aquel levantamiento de una generación que no se oponía, como nosotros, a la 'reacción', sino a toda la arquitectura del sistema capitalista. Nosotros decíamos derecho a la enseñanza, ellos emprendían el asalto a la escuela en tanto que formadora de consenso, nosotros decíamos derecho al trabajo, ellos querían el fin del trabajo asalariado, nosotros queríamos más justicia distributiva y a ellos les importaba un bledo el consumo [...]. Desde luego, sabían poco de las luchas de clase del pasado y de hasta dónde habrían podido llegar antes de que se invirtieran las relaciones de fuerza. Pero si no se lo decíamos nosotros que teníamos una sobrada experiencia de la larga duración, ¿quién se lo iba a decir? Nos habrían escuchado si estábamos con ellos, a su lado, de su parte. Nuestra presencia o ausencia modificaba la escena. Esto lo sabía a ciencia cierta, no había que irse a buscar muy lejos, bastaba leer a aquel Gramsci que sólo se citaba cuando convenía. [...] Ya no entendíamos las preguntas que habían sido las nuestras, habíamos introyectado un paralizante reflejo de orden desde la década de 1950 [...]. Pero a fuerza de ser razonables habíamos perdido hasta la curiosidad por aquella insurgencia juvenil sin precedentes, hija nuestra y rebelde".

Ya no entendíamos las preguntas que habían sido las nuestras...