martes, 26 de febrero de 2013

Beppo y Berlusconi: no son lo mismo

Proliferan desde ayer los análisis de las elecciones italianas en las que se califica a Berlusconi a y a Grillo de amenazas a la democracia y de obstáculos para la gobernabilidad del país. Como si fueran lo mismo. No lo son. En absoluto.

Como señala Pierre Rosanvallon, hay una contrademocracia que no es lo contrario de la democracia, sino otra forma de democracia: "la democracia de los poderes diseminados en el cuerpo social, la democracia de la desconfianza organizada frente a la democracia de la legitimidad electoral". Frente a la tesis de la ciudadanía pasiva y desafecta, esta contrademocracia se manifiesta como una democracia de expresión, de implicación y de intervención.


Beppo Grillo es la cabeza más visible de un movimiento de vigilancia cívica, que no se resigna al "desnivel de capacidades" que constituye el elemento clave del sistema representativo. Un emergente poder de control organizado en torno a acciones de vigilancia, denuncia y calificación.

Hay otra forma de contrademocracia que Rosanvallon califica de impolítica, entendiendo por tal aquella que no aspira a la aprehensión global de los problemas ligados a la organización de la existencia colectiva, disolviendo en la práctica "las expresiones de pertenencia a un mundo común". Es la cara sombría de la contrademocracia. En esta perspectiva, "el ciudadano se ha transformado en un consumidor político cada vez más exigente, renunciando tácitamente a ser productor asociado del mundo común".
Rosanvallon presenta como ejemplo más acabado y extremo de esta contrademocracia impolítica el populismo, "que pretende resolver la dificultad de representar al pueblo resucitando su unidad y su homogeneidad de un modo imaginario, en una toma de distancia radical con aquello a lo que se supone que se le opone: el extranjero, el enemigo, la oligarquía, la élites".

En todo caso, me parece relevante atender a una reflexión de Rosanvallon: "El hecho dominante del período actual reside precisamente en la degradación de esa soberanía crítica, que participaba de manera constructiva  en la vida conflictiva de la democracia, en una soberanía puramente negativa. La soberanía efectiva del pueblo se afirma, en adelante, mucho más en la modalidad de una sucesión de rechazos puntuales que a través de la expresión de un proyecto coherente [...] En todas partes, una democracia de rechazo tiende a sustituir la antigua democracia de proyecto".

Espero que el apoyo recibido por el MoVimento 5 Stelle no sea un ejercicio de votantes simplemente "rechazantes", que estas no sean unas "deselecciones".
Por ahora ya han servido para expresar el rechazo democrático a la tecnocracia de Monti. Gracias.

miércoles, 13 de febrero de 2013

¡Es la estructura, estúpido!

El pasado lunes 28 de enero comenzó el segundo cuatrimestre y mi regreso a la docencia de grado, después de cuatro años. He vuelto con tres asignaturas nuevas, que nunca antes había impartido: "Instituciones y procesos sociales" en 1º de Sociología y de Ciencia Política; "Estructuras y procesos sociales en el País Vasco", en 2º de Sociología; y "Bienestar y políticas sociales", en 3º. La preparación de estas asignaturas, con sus correspondientes prácticas según el modelo Bolonia, me ha mantenido desde entonces retirado de este blog. 
Instituciones y procesos, estructuras y procesos... Como hemos trabajado estos días en las clases, se trata del núcleo mismo de la ciencia social: ¿los agentes sociales son totalmente libres a la hora de actuar o están constreñidos por condicionantes estructurales? Cuando de explicar los fenómenos sociales se trata, ¿hay que buscar las claves en los comportamientos individuales o en las instituciones en cuyo seno actuamos las personas? Evidentemente, la respuesta no puede ser sólo estructural ni sólo individual. Somos y actuamos en el marco de estructuras e instituciones. Como señalara Pierre Bourdieu, "hay una fuerte correlación entre las posiciones sociales y las disposiciones de los agentes que las ocupan". Sin embargo, en condiciones normales somos más estructura que acción individual, y nuestros comportamientos se explican más adecuadamente por nuestras circunstancias que por nuestro yo más personal.

¡Es la estructura, estúpido! Dicho sea sin intención de ofender. Pero el socorrido eslogan acuñado por James Carville, asesor de Bill Clinton en la exitosa campaña presidencial de 1992 -It´s the politics, stupid!resulta más que oportuno en estos momentos.

El PP se ha desecho de Jesús Sepulveda, ese peculiar "funcionario de esta casa" según la peregrina declaración de ese bobo solemne que actúa como vicesecretario de organización y mamporrero vocacional del PP. También caerá Ana Mato, no me cabe ninguna duda. Caerá, porque esa es la estrategia sacrificial a la que recurren los partidos con el fin de obviar sus responsabilidades institucionales y orgánicas en los casos de corrupción. Es la estrategia del "había un golfo que [nos] estaba engañado y los golfos salen inmediatamente del partido", en memorable expresión de otro secretario de organización.
Pero el problema no es individual, sino estructural. Lo señala correctamente José Antonio Gómez Llano en un artículo en EL PAÍS:

No son casos individuales de alcaldes o concejales que se forran con un plan urbanístico o una licencia; presidentes de diputación o alcaldes que colocan decenas de clientes para garantizarse su apoyo; desaprensivos (Gürtel) o financiación ilegal del partido (Filesa o Naseiro). Son metástasis en las sedes centrales abonadas por el descontrol del dinero, utilizado para “engrasar la maquinaria” o llevárselo. Es la estación término de la política de la Transición que, para estabilizar los partidos, concentró en sus cúpulas los resortes sobre el acceso, ascenso y exclusión de la política. O sea, para incluir y ordenar candidatos en listas electorales, excluir a los disidentes de los órganos del partido —controlando las elecciones internas con listas cerradas para todo—, repartir cargos en las Administraciones y satélites, dilatar el periodo entre sus congresos (cada cuatro años: solo Berlusconi y el Partido Comunista Chino lo superan), escapar al control de sus parlamentos internos (anulándolos en la práctica) y sobre sus cuentas. 

domingo, 27 de enero de 2013

Negar toda consideración social a los bellacos

Si se negase toda consideración social a los bellacos habría muchos menos. Algunos ocultarían con gran diligencia su rastro en las sendas desviadas de la iniquidad, pero otros violentarían sus conciencias lo bastante para renunciar a las desventajas de la bellaquería en favor de las de una vida honrada. Una persona indigna no teme nada tanto como la negativa de una mano honrada, el golpe lento pero inevitable de una mirada despectiva.
Tenemos granujas ricos porque tenemos personas "respetables" que no se avergüenzan de darles la mano, de que les vean con ellos, de decir que los conocen. En los tales es deslealtad censurarlos; gritar cuando los roban sería confesar su delito y declarar contra sus cómplices.
Uno puede sonreír a un granuja (la mayor parte de nosotros lo hacemos muchas veces al día) si no sabe que es un granuja; pero sabiendo que lo es, o habiendo dicho que lo es, sonreírle es ser un hipócrita, un simple hipócrita o un sicofante de la hipocresía, según la situación en la vida del granuja a quien se sonríe. Hay más hipócritas simples que sicofánticos, porque hay más granujas sin importancia que granujas ricos y distinguidos, aunque cada uno de ellos recibe menos sonrisas. El pueblo norteamericano será saqueado mientras el carácter norteamericano sea como es: mientras sea tolerante con los bellacos afortunados; mientras el ingenio norteamericano haga una distinción imaginaria entre el carácter público de un individuo y su carácter privado, entre su carácter comercial y su carácter personal. En suma, el pueblo norteamericano será saqueado mientras merezca serlo. Ninguna ley humana puede impedirlo, porque eso derogaría una ley más elevada y más saludable: "Recogerás lo que siembras."

Ambrose Bierce, The Collected Works of Ambrose Bierce, Neale Publishing Company, New York/Washington,  1912, vol. XI.
Citado por Robert K. Merton, Teoría y estructura sociales, Fondo de Cultura Económica, México 1992 (3ª edición)



viernes, 25 de enero de 2013

El problema ya estaba en las ideas

Cuando saltó la noticia del rocambolesco caso de la Fundación Ideas mi amigo Fernando me envío un mensaje de correo electrónico que decía así: .

Imanol:
Parece que, una vez más, tu olfato funcionó mejor que el mío:
http://www.elcorreo.com/vizcaya/20130123/mas-actualidad/politica/jesus-caldera-destituye-director-201301231616.html
Bastante mejor.
Un abrazo.

Mi respuesta fue esta:   La verdad es que lamento que sea algo tan cutre. Me preocupaba y me preocupa más que la Fundación Ideas hiciera (y me temo que seguirá haciendo) seguidismo de planteamiento tan liberales como los que Mulas defendía.
Un abrazo.
Imanol

El PSOE debería aprovechar la situación para revisar las ideas que genera su think tank, las alianzas que promueve y las propuestas que defiende; además, por supuesto, de la gestión que hace de los trabajos que encarga. Lo de su ya ex director es una desgracia personal. Lo de mantener la misma dirección sería una desgracia política.

Actualización:

Me temo lo peor, si todo se va a dar por resuelto con la declaración del secretario de Organización, Oscar López: "Había un golfo que estaba engañando al PSOE y los golfos salen inmediatamente del partido". ¿Ya está resuelto el problema?
Ya vimos lo que ocurrió tras las autonómicas de Euskadi y de Galicia. "Dos de cuatro", dijo entonces Oscar López, tampoco es para tanto. Pero luego vino Cataluña.

domingo, 20 de enero de 2013

Veinte años sin Audrey

Veinte años ya sin Audrey.

Hoy recuerdo, ¡cómo no!, a la Holly de Desayuno con diamantes. Su imagen adorna una de mis estanterías.











Pero me quedo con su serena madurez en la maravillosa revisión del mito de Robin Hood realizda por Richard Lester en 1976.







Y con su hermosa escena final:



sábado, 19 de enero de 2013

¿Cuánto es suficiente? Tres libros sobre la insaciabilidad

 






Robert Skidelsky, catedrático de Economía Política de Warwick y uno de los mejores conocedores de la obra de Keynes, firma junto con su hijo Edward, profesor de Filosofía, ha publicado el libro titulado ¿Cuánto es suficiente? (Crítica). Un libro de lectura imprescindible en estos tiempos de sobresueldos, de viajes a Andorra con mochilas llenas de billetes de 500 euros y de áticos de lujo.
Como señalan en la introducción, "este libro es un argumento contra la insaciabilidad, contra la disposición psicológica que nos impide, como individuos y como sociedades, decir 'ya es suficiente'".Una disposición que, alentada sin ningún tipo de control por el capitalismo, ha pasado de ser un comportamiento aberrante exclusivo de los más ricos a proponerse como modelo "normal" de comportamiento, al que todas y todos debemos aspirar. La "parishiltonización" del mundo.
Esta insaciabilidad se expresa tanto en el nivel micro de los comportamientos individuales como en el macro de los objetivos de las políticas económicas de todos los estados: es la obsesión por el crecimiento del PIB. La manipulación de los deseos, la competencia por el estatus, la monetarización de cada vez más ámbitos vitales, la confusión de medios y fines y, sobre todo,  la falta de una concepción compartida de lo que debe ser la buena vida, están en la base de esta situación. Esta ausencia de proyecto de vida endosa a las instituciones política una responsabilidad que no pueden rehuir.
En una entrevista Robert y Edward Skidelsky reclaman una decidida intervención de los poderes públicos destinada a modificar una realidad que, en su opinión, debe ser transformada tanto por razones morales como de estricta eficiencia: "Uno de los mayores mitos que tenemos que sufrir es que el Estado es neutro. Pero sucede que cuando se reclama la intervención del Estado para poner barreras a la insaciabilidad aparecen los liberales [económicos] y niegan esta participación porque se rompería la libertad de elección del mercado o la neutralidad del Estado. Pero no es así. En realidad, el Estado está promoviendo la insaciabilidad económica de los mercados y los individuos y nos empuja hacia ella. Un ejemplo más: el Estado regula la publicidad, ¿por qué no promueva una publicidad diferente a la de consumir productos todo el rato?".

La insaciabilidad es también el argumento de dos libros de ficción publicados originalmente hace 127 y 52 años, respectivamente, editados en castellano en 2011.


El primero de estos libros es ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, de Lev Tolstoi (Nórdica). Narra la historia de Pajom, un campesino ruso que sueña con ampliar cada vez más la tierra que posee. Cuando el pueblo de los bashkirios, habitantes de una remota región, le ofrecen por mil rublos tanta tierra como pueda recorrer en un día, su ambición incontrolada jugará en su contra.
"Marcaré una parcela muy grande. En una jornada puedo recorrer unas cincuenta verstas. En esta época un día dura tanto que parece un año. Y en cincuenta verstas hay un montón de tierra. La peor la venderé o se la dejaré a los mujiks y yo me quedaré con la mejor y la cultivaré con mis propias manos. Compraré dos bueyes para el arado y contrataré a menos dos trabajadores; sembraré medio centenar de verstas y dejaré el resto para que paste el ganado". Al final no será tanta la tierra que necesite...
Una preciosa parábola, excelentemente editada y acompañada de las ilustraciones de la donostiarra Elena Odriozola.



El segundo libro es una novela del australiano Kenneth Cook titulada Pánico al amanecer (Seix Barral). La historia se desarrolla en la Australia interior, despoblada y desértica, y empieza cuando John Grant, un joven profesor del pequeño y aislado pueblo de Tiboonda, se dispone a viajar hasta Sidney para disfrutar de sus vacaciones estivales. Tiboonda es para Grant "una versión del infierno", un lugar en el que aún habrá de pasar un curso más antes de poder aspirar a un destino alejado de "esa burla de pueblo donde él no era más que un marginado en una comunidad que se sentía en casa en ese inhóspito y desolador territorio que se extendía a su alrededor: ardiente, seco y abandonado ante sí y ante aquellos que decían ser sus propietarios".
El primer tramo del viaje le lleva hasta Bundanyabba, una ciudad minera donde debe hacer noche antes de continuar su camino hacia Sidney. "¿Primera vez en Yabba?"; es la pregunta que le hace cada persona con la que se encuentra, todas deseosas de explicar a Grant las excelencias del que para sus habitantes es "el mejor lugar de Australia". Lugareños para quienes invitar a una ronda de cervezas es la mejor forma de acoger al forastero. Así ocurre con Crawford, un policía con el que coincide en un bar. Una ronda llevará a otra, de allí Grant pasará a participar en un extraño juego de apuestas, y a partir de ahí su existencia se convertirá en un desasosegante ejercicio de autodestrucción.

Tres lecturas bien interesantes, cada una a su manera. Las tres nos invitan a reflexionar sobre la ambición  descontrolada y el deseo de acumular bienes, dinero o tierra.

jueves, 17 de enero de 2013

Patria S.A.



Un hijo de Pujol admite que ha regularizado dos millones de euros que tenía en un paraíso fiscal [EL PERIODICO].

La juez de Estepona Mariana Pelegrina Blanco ha decidido investigar la propiedad del ático de lujo del que disfruta en Marbella el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. La titular del juzgado de instrucción número cinco de la localidad malagueña ha reclamado a la Delegación Provincial de la Agencia Tributaria que le remita “toda la información fiscal” sobre la empresa Coast Investor LLC, una sociedad del paraíso fiscal de Delaware (Estados Unidos) [EL PAÍS].

Luis Bárcenas, extesorero y exsenador del PP, ha dispuesto hasta 2009 de una cuenta en Suiza que entre los años 2005 y 2009 llegó a tener un saldo medio (entre dinero líquido y valores) de unos 15 millones de euros; y que en uno de esos ejercicios, a finales de 2007, alcanzó incluso los 22 millones [EL PAÍS].

El duque de Palma, Iñaki Urdangarin, era la “cara visible” de la trama que encabezaba el Instituto Nóos  y estuvo ligado a las maniobras de “salidas invisibles” de dinero a paraísos fiscales y a "singulares operaciones de valores" que se efectuaron a través empresas pantalla [EL PAÍS].