miércoles, 30 de junio de 2010

La España plural

Si el fallo del Estatut es prueba de que "la España plural ya no existe", ¿quiero eso decir que sí existía antes de ayer?

[1] España lleva tiempo siendo una nación en estado. Si durante los tensos últimos meses del gobierno de José Mª Aznar España parecía una frutería (se hablaba entonces de la posibilidad o no y, en cada caso, de las consecuencias de abrir el “melón” constitucional) con la presidencia de Rodríguez Zapatero España es un paritorio.
Habrá quienes, seguramente con argumentos sólidos, teman lo que de verdad pueda traer consigo un debate nacido menos de la virtud que de la necesidad, menos de la decisión de todos que de la urgencia de parte. Habrá quienes hagan notar su incomodidad ante una situación que, hoy por hoy, no es (no puede ser) otra cosa que un monumental follón. Sea como sea, haciendo buena aquella afirmación de Marx según la cual los seres humanos construimos nuestra historia, sí, pero no elegimos las condiciones en las que tal construcción debe afrontarse, sería una irresponsabilidad histórica negar la realidad de una España que, como señaló Maragall, “ha cambiado más su cuerpo que su mentalidad”.

[2} Hace unos años el único debate posible era aquel que se entablaba entre quienes conciben a España como demasiado una y quienes la piensan como demasiado otra. Era este un debate sin salida alguna, un demencial juego de suma cero en el que una grosera aritmética política de pérdidas y ganancias no hacía otra cosa que espesar una indigesta olla podrida rebosante de agravios, sospechas, miedos, deslealtades, amenazas y egoísmos. Hoy, por el contrario, se abre la posibilidad de pensar una España orientada a resolver su problema histórico de identidad pensándose a sí misma como espacio imprescindible de derechos y libertades, de paz y de solidaridad. No es más que un esbozo, apenas un par de trazos, tal vez más voluntad que proyecto: pero es más de lo que hemos tenido en nuestra historia reciente; y es infinitamente mejor que el choque de trenes al que nos abocaban Aznar y los nacionalismos autoproclamados históricos.

[3] El destino del autogobierno de vascos y catalanes está inexorablemente ligado al proyecto de desestatonacionalización de España que parece querer impulsar el PSOE de la mano de Rodríguez Zapatero. Siendo, los nacionalismos denominados históricos deberían abandonar definitivamente la estrategia de free rider que los ha caracterizado -más al vasco que al catalán-para comprometerse lealmente en la gobernabilidad del hoy por hoy (Europa es futuro muy lejano) único marco incluyente que permite la protección de los derechos y las libertades de todas y todos sin por ello sacrificar la pluralidad de pertenencias que nos caracterizan.

[4] En un Estado plurinacional caben varias naciones, pero no varios nacionalismos. El problema de la transformación plurinacional de España no es el de la existencia de varias naciones, sino de varios nacionalismos. De hecho, uno sólo ya está de más.
No se trata de abonar discursos rancios sobre unidades o esencias nacionales, sino de apostar por un proyecto moderno de ciudadanía definida por los derechos y las libertades de todas y cada una de las personas, en un marco de estabilidad jurídica garantizado por las distintas instituciones del Estado. Como ha dicho Claudio Magris, “nadie se enamora de un estado pero hace falta el Estado para que podamos exaltarnos tranquilamente por lo que nos dé la gana y para que nuestra libertad, según la vieja definición liberal, sólo termine donde comienza la libertad del otro”.

martes, 29 de junio de 2010

Tontos/as del país

En su ensayo sobre las leyes fundamentales de la estupidez humana Carlo M. Cipolla reflexionaba con humor sobre las dañinas consecuencias que comporta el hecho de tener que compartir nuestra existencia, de manera inexorable, con un número indeterminado pero numeroso de personas estúpidas. La primera de estas leyes nos advierte, precisamente, contra la tentación de subestimar ese número.
La segunda ley, por su parte, asegura que la estupidez "es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y que tal prerrogativa está uniformemente distribuida según una proporción constante".


Viene esto a cuento de dos noticias que hoy publica la prensa.
La primera en PÚBLICO: Un juez de Getafe (Madrid) examina de historia de España a los extranjeros que solicitan la nacionalidad española, con preguntas como estas: "¿Cuántas dinastías de reyes han dirigido España? Cite tres escritores españoles del siglo XVIII o poetas de la posguerra. ¿Qué nombre recibió la primera Constitución Española? ¿Quién fue Murillo? ¿Qué ocurrió en España en 1868? ¿Sabe usted quién es Rafa Nadal? ¿Y Calderón de la Barca?".
La segunda, en EL MUNDO: El portavoz de política interior de la CDU en Berlín, Peter Trapp, ha propuesto efectuar pruebas de inteligencia como filtro para admitir en Alemania solamente a los extranjeros de mayor potencial intelectual.


Resultaría conmovedora la preocupación de ambos, juez español y político alemán, por mantener el nivel intelectual de sus respectivos países si no fuera por la unidireccionalidad de esa preocupación. Como si la estupidez o la tontería se importaran.

Lean a Capella, ambos dos. La estupidez no es una prerrogativa de ningún grupo humano en particular, y cada colectivo carga con su propia cuota. Políticos y jueces incluidos.

domingo, 27 de junio de 2010

El camino largo y sinuoso

No ese no: no es el camino en el estás pensando.
Me refiero a otro.
Me refiero al long and winding road de los Beatles.
Mejor cuanto más largo y sinuoso.

miércoles, 23 de junio de 2010

Incómodo

Diga lo que diga el ministro de Trabajo, yo no me siento cómodo con esta reforma. Me lo preguntan una y otra vez, todos los cercanos y algunos que no lo son tanto. Me lo preguntan en mi universidad y en mi sindicato. Y yo tengo que responder con honestidad: no, no me siento cómodo.
No me siento cómodo ni por su contenido ni por la manera en que se ha elaborado. No me siento cómodo por la ausencia de otras medidas fiscales, de regulación del mercado bursatil y hasta culturales que deberían haberla precedido y, en todo caso, acompañado. Tampoco me siento cómodo por la ausencia de una narrativa progresista -un frame o marco, que diría Lakoff- que contradiga la retórica libertariana que ha conquistado la agenda pública: el problema es el sector público, los funcionarios, el Estado, los políticos, los liberados sindicales, los perceptores de rentas mínimas, los inmigrantes...
Comprendo perfectamente, por ello, la posición que al respecto ha adoptado Antonio Gutierrez en la votación de ayer en el Congreso. Una posición que no puede discutirse en los términos estrechos de la lealtad a un grupo parlamentario que soporta a un gobierno, de la disciplina de partido o del carácter, origen y legitimidad de la representación que ostenta un diputado en virtud del sistema electoral español.
Cuando un partido incorpora a sus listas a personas como Antonio Gutierrez, lo hace porque son quienes son, por su trayectoria. Esperar que esa identidad y esa trayectoria van a anularse una vez elegidos es, primero de todo, una barbaridad antropológica (sería como querer pasar por una clonadora política que homogeneice hasta volver indistinguibles a las personas que se sientan en un escaño), pero también es una torpeza en términos estrictamente electorales: un partido que no sepa incorporar a su proyecto a personas identificadas sólo en parte con el mismo es un partido que acaba convirtiéndose en tribu.

Pero, sobre todo, no me siento cómodo por estar donde actualmente estoy. No es que no me sienta cómodo, eso es muy suave: lo que siento es que me han hecho una gran putada. Con perdón.
Con lo a gusto que estaría yo en mi despacho de la universidad, opinando con toda la libertad del mundo desde la barrera de mi blog o mis artículos de prensa sobre estas cuestiones, manifestándome con mi sindicato de toda la vida...
Pero no estoy "allí", estoy "aquí". Esta situación me obliga a hacer un delicado ejercicio de responsabilidad.


Responsabilidad, obligación, comodidad, identidad...
No es la primera vez, desde que estoy en el Senado, que me veo confrontado a moverme entre el Escila de la responsabilidad y el Caribdis de la convicción. En dos ocasiones anteriores he escogido orientar el timón hacia Caribdis: me jugaba mi identidad. Gracias, también, a la pasión por la libertad que se respira en mi grupo parlamentario, la travesía ha podido continuar hasta hoy.
En esta ocasión voy a dirigir mi nave hacia el rugiente Escila. Espero que tampoco en esta ocasión la decisión adoptada termine en naufragio.
Y no estoy pensando en mi naufragio, evidentemente.


viernes, 4 de junio de 2010

Apaciguamiento

"Nada garantiza que los mercados se contenten con la reforma laboral". No le falta razón al secretario general de UGT, Cándido Mendez. Más bien le sobra.
Ya sabemos en qué acabó la política de apaciguamiento impulsada por el primer ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain, con la pretensión de evitar la guerra con Hitler.

En su artículo de 1997, La amenaza capitalista, George Soros advertía de los riesgos que el capitalismo entraña para las que él denomina sociedades abiertas, si bien rechazaba la mera posibilidad de relacionar el capitalismo con ideologías y proyectos totalitarios como el nazismo o el comunismo: "Totalitarian ideologies deliberately seek to destroy the open society; laissez-faire policies may endanger it, but only inadvertently", escribía. Es decir: mientras que las ideologías totalitarias persiguen deliberadamente la destrucción de esas sociedades abiertas (democráticas), las políticas de libre mercado pueden dañarlas, pero sólo como resultado de consecuencias no queridas.
No estoy de acuerdo.



Hoy asistimos al despliegue deliberado de un proyecto de reducción de los sistemas democráticos hasta limitarlos a sus aspectos más formales.
El capitalismo no necesita ciudadanos, le basta y le sobra con productores y consumidores.
Del mismo modo, su democracia ideal es aquella en la que tampoco haya ciudadanos, tan sólo electores ocasionales.

¿Apaciguar estos mercados? No lo creo.

sábado, 15 de mayo de 2010

Ajustar cuentas

No sería honesto si en este primer comentario tras el anuncio de ajuste económico -de durísimo ajuste económico- realizado por el presidente del Gobierno me refiriera a cualquier otro asunto que no fuera precisamente ese. Desde la responsabilidad, pero también desde la indignación y la mirada constructivamente crítica.
La responsabilidad me viene exigida por mi actual situación; pero esa responsabilidad no puede anular la reflexión personal, menos aún cuando uno desea ser tomado en serio cuando manifiesta sus opiniones ya sea a través de este blog, ya de otros medios de comunicación. Antes que a ninguna otra cosa, uno se debe a sí mismo.

Precisamente, considero que el principal problema que lastra hoy a la democracia de partidos en España es la teología del unanimismo: la falsa idea, convertida en dogma, de que la única manera de acuerdo posible es el acuerdo sin fisuras, de que la única forma de apoyo aceptable es el apoyo incondicional; la idea de que el militante político debe ser siempre un librador de cheques en blanco. En suma, la conversión de los partidos políticos en instituciones tayloristas, en las que impera una férrea división del trabajo entre los que deciden -pocos, poco variados, poco contrastados y poco evaluados- y los que no tienen otra función que aplicar lo decidido. Pero de esto hablaremos con más detenimiento en otra ocasión.

Hoy toca hablar del ajuste. O empezar a hablar, pues también tendremos que volver al tema más de una y dos veces en las próximas semanas. ¿Mi impresión general?
Diferenciando entre necesidad y virtud, no dudo de que el ajuste se ha vuelto necesario. Ningún político toma decisiones que pueden suponerle un alto coste si no es porque no tiene otro remedio. Y esto, al menos, hay que valorarlo.

Otra cosa es plantearse por qué se ha vuelto imprescindible el ajuste, así como las medidas concretas que se han tomado. Y las que no.

El ajuste se ha vuelto imprescindible -no sólo en España, no sólo en Grecia, también en Gran Bretaña, también en Francia e Italia- porque un capitalismo de casino nos hechizó con la promesa de un círculo virtuoso que ha acabado convertido en un círculo infernal:

"El aparente círculo virtuoso, que llevaba del endeudamiento al consumo y desde éste a la producción, que demandaba más crédito, había dado paso al circuito infernal: de la escasez de crédito a la abstinencia de consumo que paralizó la producción; de esa paralización, a la morosidad y al endurecimiento del crédito" [M.A. Lorente y J.R. Capella, El crack del año ocho].


El problema no está en el sector público, ni en la supuesta rigidez del mercado de trabajo. El problema está en un modelo económico basado en la acumulación por desposesión; un sistema en el que, como denuncia Martine Aubry, "para salvar a los pueblos, como en el caso griego, nadie es capaz de ponerse de acuerdo. Pero cuando peligran las bolsas y los mercados, sí".

Y ahora hay que ajustar cuentas. Y el Gobierno, como es su obligación, se pone a ello. Y lo hace intentando minimizar sus consecuencias. Y lo hace intentando repartir proporcionadamente sus costes. No tengo ninguna duda de la orientación y el objetivo generales de las medidas adoptadas. Pero, ¿tocar las pensiones, generando incertidumbre en un colectivo al que lo único que le queda es, muchas veces, un futuro sin sobresaltos? ¿Y recortar la ayuda oficial al desarrollo? Si la solidaridad sólo puede ejercitarse en tiempos de abundancia, apaga y vámonos.

No hay más remedio que ajustar cuentas. Vale. Habrá que hacerlo. Pero yo también quiero ajustar cuentas con quienes han hecho del desastre su beneficio.
Y en este otro ajuste todavía no hemos hecho nada.

martes, 11 de mayo de 2010

Más cosas sobre el velo

Cada vez más compleja, cada vez más interesante, cada vez menos susceptible de aproximaciones cerradas, la cuestión del velo islámico se ha asomado ayer y hoy a las páginas de los diarios mostrando en algún caso insospechadas facetas. Para seguir pensando...

[I] Isabel Romero (Madrid, 1957), directora general del Instituto Halal, creado por la Asociación Junta Islámica con el fin de certificar que restaurantes, mataderos o carnicerías que así lo deseen cumplen la ley islámica.
Conversa, casada con un cristiano animista -"Cuando me convertí ya estaba casada. ¡No iba a cambiar de marido!"-, sus hijos estudian ética en el colegio. Considera que en relación al velo estamos planteando un falso debate: "España no ha hecho la transición religiosa y ya está debatiendo el hiyab. Nosotros apoyamos a la que lo lleva y a la que no. Si te obligan, rebélate".


[II] José María Ruiz Soroa aborda la cuestión en un artículo a mi juicio muy riguroso, "Catolaicismo" y tolerancia. "La sociedad española -escribe Ruiz Soroa- se siente insegura y, hasta cierto punto, agredida en su identidad cultural cuando una alumna de origen islámico exhibe públicamente un signo que ella considera religioso. E invoca el laicismo como defensa ante esta obscura amenaza, porque sabe que hoy en día no se puede ya invocar la exclusión del diferente. Pero mucho me temo que el laicismo es sólo una excusa, y la defensa del casticismo es la verdad oculta. Que el nuestro es un catolaicismo, de igual manera que, como se ha escrito autorizadamente, «en Francia la laicidad es puro nacionalismo francés con un disfraz»".


[III] "El velo físico no tiene por qué ser un velo mental", declara la fotógrafa camerunesa Angèle Etoundi Essamba (Douala, 1962) y afincada en Amsterdam al presentar su exposición Desvelos, colección de 42 imágenes de gran formato expuestas en el cruce entre las calles de Sevilla y Alcalá de Madrid. Hace tres años Etoundi viajó a Zanzíbar y allí quedó fascinada por "la elegancia y la sensualidad" con la que las mujeres de este país llevaban la polémica prenda. "Así nació la idea de romper con el estereotipo de que el velo es algo necesariamente negativo, un símbolo de encierro y opresión. Quería mostrar que hay otras cosas detrás". "Para mí era importante mostrar esta sensualidad. Normalmente el velo se asocia con algo feo, no elegante. Estas mujeres quieren ser contempladas, admiradas, demandan una visibilidad. Es un signo de coquetería", afirma.


[IV] El problema, como siempre, está en la imposición. En el no reconocimiento de la libertad personal. En el intento de troquelar la conducta de las personas más cercanas.
La Liga Pro Derechos Humanos ha reunido en Madrid a Karima, belga de 34 años y de origen marroquí, que reniega del hiyab y del machismo con el que su padre interpretó el Corán imponiéndola el uso del velo y un matrimonio forzado, y a Amina El Mejanaoui, marroquí que vive en España desde hace 20 años y que dice llevar el hiyab porque quiere. "El pañuelo no hace daño a nadie, no es nada malo, las musulmanas lo llevamos porque queremos", insiste Amina, que preside en Madrid la Asociación por la Igualdad y Apoyo a la Mujer Árabe. "A partir de los 18 años, que las jóvenes hagan lo que quieran, responde Karima. Pero antes, el pañuelo islámico tiene que estar prohibido en clase, porque muchas niñas lo llevan obligadas, como me pasó a mí. Yo he visto en Bélgica a pequeñas con 3 y 4 años con hiyab. No creo que lo hayan elegido". Amina se separó de su marido, también marroquí, "porque se acabó el amor", Karima, a pesar de todo, se confiesa "practicante musulmana".
Como para dejarse llevar por los estereotipos...


[V] La última noticia: El Ministerio de Justicia destituye a Juan Ferreiro, subdirector general de Coordinación y Promoción de la Libertad Religiosa. Ferreiro fue quien redacto el informe apoyando el uso del hiyab en las aulas cuando la joven Najwa Malha fue expulsada de su instituto. El ministerio dice que la destitución no tiene nada que ver con esto, sino con "desavenencias" y "pérdidad de confianza". Por su parte, portavoces de la comunidad musulmana en España lamentan la decisión: "Con su cese, los musulmanes de España nos encontramos más desamparados".

Continuará... Sin duda, continuará...