EL PAÍS publica hoy el reportaje titulado "¿Es insano el cine de terror sádico?". La calificación como película X del filme Saw VI ha reabierto un debate sobre el cine de terror, cada vez más alejado de los personajes, los escenarios, las estructuras y las reglas clásicas del género para deambular por los oscuros caminos de la crueldad y el sadismo. Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
sábado, 31 de octubre de 2009
Terror, sadismo, diversión
EL PAÍS publica hoy el reportaje titulado "¿Es insano el cine de terror sádico?". La calificación como película X del filme Saw VI ha reabierto un debate sobre el cine de terror, cada vez más alejado de los personajes, los escenarios, las estructuras y las reglas clásicas del género para deambular por los oscuros caminos de la crueldad y el sadismo. jueves, 29 de octubre de 2009
Globalización sobre ruedas
Por primera vez en la historia, el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información está permitiendo la unión de los antes dispersos o mal comunicados charcos, estanques, lagos y mares de las economías locales, provinciales, regionales y nacionales en un único océano económico global (Veltz). Las tecnologías de la información son los canales que vinculan todos esos espacios económicos locales en un gran espacio global.
Las empresas transnacionales son los agentes principales de esa interconexión. Se trata de empresas sumamente móviles, que adoptan una estructura en forma de red, constituidas por centros de trabajo diseminados a través de distintos países y regiones de todo el planeta, que se articulan entre sí respondiendo únicamente a criterios de rentabilidad y productividad. Empresas que sólo conservan un carácter nacional en su marca de fábrica, pero que por lo demás se desvinculan absolutamente de cualquier ligadura territorial.
Robert Reich presenta un buen ejemplo del complejo funcionamiento de estas redes empresariales transnacionales:
“Cuando un norteamericano compra un Pontiac Le Mans a General Motors, inconscientemente está realizando una transacción internacional. De los 10.000 dólares que paga a General Motors, cerca de 3.000 van a Corea del Sur, donde se efectuaron los trabajos de rutina y las operaciones de montaje; 1.750 dólares van a Japón por la fabricación de los componentes de vanguardia (motores, eje de dirección e instrumentos electrónicos); 750 dólares a Alemania por el diseño y el proyecto del prototipo; 400 dólares a Taiwan, Singapur y Japón por los pequeños componentes; 250 dólares a Gran Bretaña por los servicios de marketing y publicidad; y cerca de 4.000 dólares pasan a los intermediarios estratégicos de Detroit, a los abogados y banqueros de Nueva York, a los «lobbistas» en Washington, a las aseguradoras de todo el país, y a los accionistas de General Motors –la mayoría de los cuales son norteamericanos, aunque hay un número creciente de extranjeros”.
Otro ejemplo es el caso de las empresas japonesas Mazda y Nissan, cada vez más relacionadas con la norteamericana Ford: desde 1991 producen los vehículos Ford Probe en la fábrica Mazda de Flat-Rock, Michigan. Algunos de estos coches son exportados a Japón y vendidos con la marca Ford; por su parte, un vehículo utilitario Mazda se construye en la fábrica Ford de Louisville, Kentucky, y es vendido inmediatamente en los almacenes Mazda en Estados Unidos. Mientras tanto, Nissan diseña un nuevo camión ligero en San Diego, California. Los camiones serán montados en una fábrica Ford en Ohio, con componentes fabricados por Nissan en su planta de Tennesse, y comercializados a continuación por Ford y Nissan en Estados Unidos y en Japón.
De ahí la inquietante pregunta de Reich: “¿Quién es Ford, Nissan, Mazda...?”.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Books & coffee
Otra joyita para los amantes del libro de segunda mano: J&J.
Libros en inglés: de ensayo (bastantes) y de ficción (montones), a mayoría en excelente estado de conservación.
En mi última incursión he encontrado libros como Postmodern Geographies, de Edward W. Soja (en castellano puede leerse su Postmetrópolis, en Traficantes de Sueños), The Quest for Community de Robert Nisbet y una novela de la serie "Spenser" -Potshot- de Robert Parker.
Libros, sí, pero también café, como reza el letrero. O cerveza. Y hasta una ajustada pero resultona carta, por lo del primum vivere.

Se encuentra en la calle Espíritu Santo 47, entrada a Malasaña desde San Bernardo. En Madrid, sí.
jueves, 22 de octubre de 2009
Ni siendo de Bilbao
Me refiero a la baldosa de El Ejido. La de los 2.100 euros.
Una empresa de El Ejido cobró 2.100 euros por cambiar una baldosa
Un anónimo alertó a Hacienda de la trama encabezada por el alcalde
Los paseantes que a diario cruzan la Plaza Mayor de El Ejido (Almería) ignoran que están pisando sobre la que quizá sea la baldosa más cara del mundo. La losa, de mármol blanco y un metro cuadrado, fue colocada el 25 de septiembre de 2003 para sustituir a otra que se encontraba dañada. Para la operación fueron necesarios dos peones ordinarios, un peón especial, dos oficiales de primera y otros dos de segunda, que estuvieron trabajando 27 horas. Además, se utilizaron dos retroexcavadoras, una furgoneta, un camión basculante, así como 35 kilos de hormigón y 250 metros de cinta de señalización. Total a pagar, IVA incluido: 2.134,66 euros [EL PAÍS]
miércoles, 21 de octubre de 2009
Menos discusión y más deserción
La propuesta ha llegado a las bases de Batasuna para su debate
hay estrategia entrista que pueda hacer moverse a ese mundo. Dentro de ese abertzalismo no hay salvación. lunes, 19 de octubre de 2009
Corona los 2.913 metros del Puigmal para hablar de independencia [EL MUNDO, 19 de octubre].
La cuestión es si podemos identificar el derecho al autogobierno (me da lo mismo si prefieren decir a la autodeterminación), que es indisponible, con el derecho a constituir un Estado independiente, al considerar esta particular institucionalización como la forma más perfecta del autogobierno, en realidad la única institucionalización que expresaría un autogobierno “de verdad”.
"Las funciones primarias del estado, que han justificado históricamente su nacimiento y que en Europa se han realizado en gran parte, han sido principalmente dos: la unificación nacional y la pacificación interna (...) En la era de la globalización ambas funciones no sólo no han dejado de realizarse, sino que se han vuelto irrealizables a través de la fundación de nuevos Estados. El Estado no sólo ha dejado de ser un instrumento de la unificación y de la pacificación interna, sino que se ha convertido en un obstáculo tanto para la una como para la otra. La globalización, en efecto, está haciendo surgir, precisamente a causa de la creciente integración mundial, el valor tanto de las diferencias como de las identidades. Y está revelando, a veces de manera explosiva y dramática, el carácter artificial de los Estados, sobre todo de aquellos de formación reciente, la arbitrariedad de sus confines territoriales y lo insostenible de su pretensión de subsumir pueblos y naciones dentro de unidades forzadas que niegan las diferencias, así como las identidades comunes. Es así que la forma del Estado –en cuanto factor de inclusión forzada y de indebida exclusión, de unidad ficticia y de división- ha entrado en conflicto con la de “pueblo”, convirtiéndose en una fuente permanente de guerra y de amenaza a la paz y al derecho mismo de autodeterminación de los pueblos.
Por eso, la pretensión de los pueblos de constituirse, de todos modos, en Estados es, en un mundo cada vez más integrado y en sociedades civiles cada vez más caracterizadas por la mezcla de culturas y nacionalidades diversas, una pretensión insostenible, no sólo no implicada sino incluso en contradicción con el derecho a la autodeterminación (...) Se puede, pues, afirmar que el último legado envenenado de la colonización, contra la que dicho derecho fue reconocido, ha sido, precisamente, la exportación a todo el mundo de la idea de Estado como única forma de organización política".
Pero Ferrajoli va más allá y cuestiona la aspiración a ejecutar el autogobierno mediante la constitución de un Estado no ya por razones prácticas, sino por razones teóricas. En su opinión, el derecho a constituir un Estado –aspiración política en principio plenamente legítima- no puede considerarse un derecho fundamental debido a “su no universalizabilidad, esto es, la imposibilidad, en contradicción con nuestra noción teórica de este tipo de derechos, de que el mismo sea reconocido igualmente a todos los pueblos”.
sábado, 17 de octubre de 2009
Un imbécil social (con perdón)
Según parece, Leeson se ha convertido en una brillante estrella neoliberal en el universo de la economía a resultas de la publicación de su libro The Invisible Hook. The Hidden Economy of Pirates (El garfio invisible. La economía oculta de los piratas), en el que sostiene que los corsarios del siglo XVIII "fueron pioneros del libre mercado y de la democracia". El propio Leeson ha publicado un extenso artículo en la New York University Journal of Law & Liberty en el que resume sus planteamientos.
A la luz de la multitud de reseñas y entrevistas realizadas, el libro ha sido todo un éxito. Habrá que pagar el impuesto reflexivo universitario y leerlo, si bien la entrevista que hoy publica EL MUNDO me hace temer que nos encontremos no ya ante un hayekiano, ni siquiera ante un neoliberal anarcocapitalista, sino simplemente ante un rational fool derivado en auténtico imbécil social, que es como Amartya Sen denomina a quienes desconocen las estructuras sociales (morales, culturales, políticas, históricas) en las que necesariamente se desenvuelve la disciplina económica, contexto social del que no le salva ni el ceteris paribus ni las ilusiones de equilibrismo perfecto y perfectamente informado.
Veamos un fragmento especialmente significativo de la entrevista en cuestión, por cierto, excelentemente llevada por el entrevistador, Pablo Pardo:
P.- En su libro usted destroza a los gobiernos.
R.- No. Lo que hago es decir que la gente depende mucho de la idea de que el gobierno produce un orden social, cuando el orden social está alrededor nuestro, sin que el ejecutivo intervenga. Creo que la mayor parte de la cooperación que se da en la sociedad no tiene nada que ver con el gobierno.
P.- A los países sin gobierno ni estado, como Somalia, no les ha ido demasiado bien.
R.- Eso es cierto. Pero hay otros factores. Esas sociedades no funcionaban muy bien con gobierno tampoco. De acuerdo con el Índice de Estados Fallidos, la mayor parte de los gobiernos del mundo son un fracaso. Puedo mostrarle una tabla que revela que cuanto más grande es un ejecutivo, menor es el PIB per cápita.
P.- Esas clasificaciones son a menudo un chiste. Hace unos años, en el Doing Business Report del Banco Mundial, Afganistán salía como un país más favorable a las empresas que India. Y era cierto: en Afganistán sólo necesitas un arma para abrir un negocio. No hace falta pedirle permiso a nadie, con la posible excepción del tipo que controle el pueblo en el que vives.
R.- De acuerdo, si no te sientes a gusto con eso olvidémoslo. Pero mi tesis es que un gobierno más pequeño tiene unos ciudadanos más ricos. Por supuesto, la gran excepción son los escandinavos. Pero muchos de sus logros son totalmente falsos. El paro, por ejemplo, es bajo porque sus estadísticas cuentan a gente que estaba recibiendo subsidios del estado como si estuviera trabajando.
P.- Pero eso pasa con todas las estadísticas. Si España midiera el PIB como EEUU, la economía crecería un 0,75% más cada año. Y si California midiera el paro como España, su tasa de desempleo sería el doble, con lo que se aproximaría, precisamente, a la de España.
R.- De acuerdo, olvidemos los datos y vayamos a la cuestión: ¿está Somalia mal porque no tiene gobierno desde 1991? Mi respuesta es que Somalia estaba mal antes. De hecho, cuando tenía gobierno estaba peor. Porque era tan corrupto y depredador que no servía para nada. Mi tesis es que Somalia tiene que decidir entre el peor presidente posible y la peor anarquía posible, y si ese es el caso, la anarquía les funciona mejor. Hay que tener en cuenta que a Somalia no se le presenta una elección fácil. No se trata de optar entre el gobierno suizo y la anarquía, sino entre el gobierno somalí y la anarquía. Y en ese caso, la segunda opción es la mejor.
Leeson tiene patente de corso para decir eso y lo que quiera. Está del lado del garfio que mece la economía, y eso es lo que importa.





