viernes, 24 de septiembre de 2021

Lectura crítica de la Carta Social Europea

 SEMINARIO ONLINE: “POLÍTICAS EUROPEAS Y ESTRATEGIAS DE LUCHA CONTRA LA POBREZA”

EAPN - ES

24/09/2021

https://www.eapn.es/actividades/159

 

Panel: “El potencial para los derechos sociales de la Carta Social Europea revisada”

 

 

[I] No soy jurista y hasta hace unos días, cuando empecé a preparar esta intervención, no me había preocupado por conocer nada de esta Carta Social Europea. Carmen Salcedo sabe mucho más que yo de esto. He leído con mucho interés sus artículos “La Constitución Social de Europa (Carta Social Europea): realidad y efectividad de la defensa de los derechos” y “La Carta Social Europea y el protocolo de reclamaciones colectivas: fortalecimiento de los derechos sociales y sus garantías”, publicado en Gaceta Sindical, la revista del sindicato en el que milito desde hace treinta años.

Pero, como decía Mario Onaindia, si contratas a un mariachi es para que cante rancheras. Así que yo voy a cantar sociología. Y lo haré utilizando como pórtico dos reflexiones:

ü  El jurista italiano Pietro Barcellona denunciaba hace años la conversión del derecho en una mera técnica de control social y lamentaba que “cada vez más, esta sociedad necesita ser regulada jurídicamente; y cada vez más, la justicia aparece lejana e indecible”. Es decir, que producción jurídica y justicia real no van necesariamente unidas.

ü  El activista comunitario Saul Alinsky dijo en alguna ocasión, confrontándose con el maximalismo de los Black Panther, que es un terrible error estratégico proclamar que el poder está en la boca del fúsil cuando es el adversario el que tiene todos los fusiles. Lo mismo ocurre con el derecho.

 

[II] En el webinario 'La Carta Social Europea revisada, más y mejores derechos sociales", organizada por el CERMI y EAPN-ES el pasado mes de julio, el Secretario de Estado de Empleo y Economía Social del Ministerio de Trabajo y Economía Social, Joaquín Pérez, calificaba la Carta Social Europea revisada como el tratado social “más importante para el reconocimiento de los derechos sociales”.

Unos meses antes, Confederación Europea de Sindicatos hacía pública una resolución sobre el 60º Aniversario de la Carta Social Europea del Consejo de Europa y del 25º Aniversario de la Carta Social Europea Revisada, en la que señalaba lo siguiente:

Las Cartas Sociales Europeas del Consejo de Europa son las piedras angulares de la protección de los derechos sociales fundamentales en Europa. […] Sin embargo, los derechos sociales fundamentales siguen considerándose en Europa como derechos humanos de "segunda clase". Los derechos sindicales, laborales y sociales fundamentales siguen siendo socavados, en particular en tiempos de crisis económica, financiera y ahora de pandemia. La efectividad de los derechos sociales fundamentales no es suficiente. El número de casos de disconformidad sigue siendo elevado, en particular en ámbitos sensibles como el derecho a la libertad de asociación, la negociación colectiva y la acción colectiva. Además, problemas que a veces han sido criticados durante décadas siguen sin ser resueltos por las respectivas Partes Contratantes debido a la mera falta de voluntad política.

¿Con qué nos quedamos?

 

[III] Valoro enormemente contar con textos políticos y jurídicos creados con la intención de proteger los derechos fundamentales: no renuncio en absoluto a la Declaración de Filadelfia adoptada por la OIT en 1944, ni a la Declaración Universal de Derechos del 48, ni el Pacto internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales del 66, ni a la Constitución del 78. Pero no las mitifico.

Por cierto: no se me ocurre decir que la Carta Social Europea sea más relevante que ninguno de estos tratados desde la perspectiva del reconocimiento y defensa de los derechos sociales.

Pero no deberíamos caer en el espejismo constitucionalista.

“La socialdemocracia –escribía Habermas (1993)– se ha visto sorprendida por la específica lógica sistémica del poder estatal, del que creyó poder servirse como un instrumento neutral, para imponer, en términos de estado social, la universalización de los derechos ciudadanos. No es el estado social el que se ha revelado como una ilusión, sino la expectativa de poder poner en marcha con medios administrativos formas emancipadas de vida”.

Como señala Gray (1998), “una de las principales flaquezas del pensamiento socialdemócrata está en su espejismo constitucionalista: creer que simplemente por instaurar instituciones jurídicas deja de ser necesario proseguir con la negociación del equilibrio entre los intereses en conflicto y con la definición política del modus vivendi entre las distintas comunidades. El verdadero quehacer político consiste, más allá de las reformas constitucionales, en buscar el esquivo hilo de la convivencia en el laberinto de unos intereses y de unos ideales irremediablemente opuestos”.

 

[IV] El objetivo de la carta no es comprometer y asegurar derechos sino establecer las condiciones en que puedan hacerse efectivos los derechos (¿o principios? No es lo mismo, en absoluto). Se trata, por tanto, de derechos condicionados. Y acepto desde el realismo más prosaico que, en la práctica, hasta los derechos fundamentales acaban por verse condicionados. Pero el problema es: ¿condicionados a qué o por qué?

Un ejemplo: el derecho (o principio) 4: “Todos los trabajadores tienen derecho a una remuneración suficiente que les proporcione a ellos y a sus familias un nivel de vida decoroso”. Dejo a un lado el lenguaje sexista que atraviesa todo el texto y la sospechosa vaguedad del término “decoroso” (aunque hay formas que dicen todo del fondo). Vamos al debate sobre la subida del SMI: la CEOE lo rechaza “por la situación delicada de las empresas”. Confrontadas la situación delicada de las empresas y la situación delicada de las familias trabajadoras para sostener un nivel de vida decoroso, ¿qué hacemos en el marco de esta Carta?

Y si vamos a la Parte III, la que indica las OBLIGACIONES de los estados que la ratifiquen, el escepticismo se apodera de mí:

Art. A.1a) [Cada una de las Partes se compromete] a considerar la parte I de la presente Carta como una declaración de los objetivos que tratará de alcanzar por todos los medios adecuados […].

1b) a considerarse obligada por al menos seis de los nueve artículos siguientes de la Parte II de la Carta: artículos 1, 5, 6, 7, 12, 13, 16, 19 y 20.

è Quedan fuera, me gustaría saber por qué, el 31 (derecho a la vivienda), el 30 (derecho a protección contra la pobreza y la exclusión social), 27 (conciliación familiar-laboral), 26 (derecho a la dignidad en el trabajo), 23 (protección social de las personas de edad avanzada) o el mencionado 4 (derecho a una remuneración suficiente).

Que se vuelven “adicionales” u opcionales, y entre los que los Estados firmantes tendrán que escoger al menos 10 artículos, para sumar 16.

De verdad que me resulta moralmente insoportable encontrar este lenguaje de mercadeo en un texto que, supuestamente, pretende garantizar derechos fundamentales.

 

[V] Los derechos económicos, sociales y culturales deben abandonar definitivamente el ámbito de las declaraciones y convertirse en efectivas obligaciones de las comunidades políticas.

è Siguen sin ser derechos exigibles, a diferencia de los civiles y políticos

 

è Seguimos entrampadas en la tensión entre las famosas dos libertades de Berlin: negativas y positivas, libertad de y libertad para.

 

è Es imprescindible pensar en términos de égaliberté (Balibar), de igual-libertad.No hay ejemplos de restricción o de supresión de las libertades sin que se produzcan desigualdades sociales; ni desigualdades sin restricción o supresión de las libertades, incluso cuando se puede hablar de grados, tensiones secundarias, fases de equilibrio inestables, situaciones comprometidas en las cuales la explotación y la dominación no se distribuyen de manera homogénea sobre todos los individuos. Étienne Balibar (1992). Les frontières de la démocratie. Paris: La Découverte, p. 137.

Entre otras cosas, esto sólo será posible si pasamos de una simple política de reivindicación de derechos sociales a una nueva política de construcción de poderes sociales. Las políticas de conquista o defensa de derechos sociales muestran en nuestros días toda su fragilidad.

Un “derecho social” no es más que la atribución al Estado de la tarea de gestionar determinados intereses expresados por la ciudadanía. Pero la gestión de los derechos sociales por el Estado se ha visto zarandeada por el impulso del globalismo capitalista, que rechaza tales derechos como obstáculos para el desarrollo económico.

Por eso, no podemos limitarnos a adoptar una estrategia de simple “conquista de derechos”, sino de constitución de poderes sociales para que sean las ciudadanas quienes participen en la definición de las políticas de solidaridad.

è Construcción social de las políticas públicas.

 

[VI] En cuanto al Protocolo Adicional a la Carta Social Europea en el que se establece un sistema de reclamaciones colectivas. A través de este mecanismo, las organizaciones sindicales, empresariales y sociales pueden acudir ante el Comité Europeo, sin necesidad de agotar las vías judiciales internas, para presentar reclamaciones colectivas por vulneración de los derechos contenidos en la Carta. Las organizaciones autorizadas son, por ejemplo, aquellas organizaciones no gubernamentales con estatuto consultativo en el Consejo de Europa o las organizaciones de empleadores y sindicatos que actúen en el Estado en cuestión.

 

Riesgo de bascular cada vez más del activismo ciudadano al lobismo, debilitando en última instancia la democracia social y política que queremos defender. Y riesgo de deslegitimación de esas organizaciones sindicales y sociales que, con la mejor voluntad, jueguen solo en ese terreno. Por sus magros resultados. ¿No hemos aprendido nada desde la crisis de 2008?

No es nuestro campo de juego, aunque haya que jugar en él. En esto del lobismo nos gana de largo Iberdrola, entidad que, por cierto, aspira a meter una cuchara de 30.000 millones en los fondos europeos de la Next Generation. Desconozco a qué cantidad aspira el tercer sector de acción social.

Y hablando de fondos europeos. Reviso el listado de proyectos presentados por el Gobierno Vasco   para el fondo europeo Next Generation -Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y me lleno de dudas (y sospechas). Por ejemplo, en el apartado “Hábitat urbano” aparecen estos dos proyectos: Plan "Zero Plana". Descarbonización y digitalización del parque público de alquiler del Gobierno vasco y Electrificación renovable nuevo parque de vivienda social en alquiler CAPV. No tengo nada contra la descarbonización, la digitalización o la electrificación renovable, pero, ¿de verdad está garantizado el derecho a la vivienda en Euskadi como para priorizar este tipo de proyectos? ¿no sería más adecuado, desde una perspectiva de recuperación y resiliencia, disponer de un parque suficiente de vivienda pública para garantizar el derecho número 31 de la Carta Social Europea? Porque el próximo día 13 está previsto el desahucio en Atxuri de Pilar y Ramón

 

Por tanto. A pesar de mi escepticismo, no renunciar a ninguna herramienta. Al contrario, usarlas todas, también esta. Pero no caer en el espejismo constitucionalista ni en el lobismo aristocrático. Nosotras, con nuestra organización y nuestra lucha, somos el mejor instrumento para asegurar los derechos sociales y económicos de todas y de todos.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Niadela

Beatriz Montañez
Niadela
Errata naturae, 2021

"He aprendido que la vida es un constante tanteo, no debe haber certidumbre en ella, pues si perdiera su esencia inestable no habría vida, sino hábito.
Rodeada de naturaleza he aprendido a entender su lenguaje. He llegado a conocer cada centímetro de las trescientas hectáreas de montaña que describo como si fuera mi piel; he vivido cada estación como si fuera la última, recalibrado el universo sin medida conocida; he vivido libre de ataduras y me he asido al mundo a través de una onza de chocolate y un vaso de vino".


He leído y disfrutado todos y cada uno de los títulos que conforman la colección "Libros salvajes" publicada por Errata naturae, pero confieso que me costó decidirme a comprar este libro y, una vez comprado, empezar a leerlo. Prejuicios: por la falta de una auténtica tradición de nature writing de calidad en España, pero también por la autora, una "famosa" embarcada en una campaña de promoción a ratos morbosa, en el transcurso de la cual tuve la sensación de que lo menos importante era el contenido del libro. Pero Errata es una editorial seria, una de mis editoriales de referencia y no podría haberse equivocado tanto al publicarlo.
 
No lo ha hecho. Beatriz Montañez ha escrito un libro realmente sugerente, nature writing de gran calidad, en el que las reflexiones personales, casi siempre de interés, se combinan con descripciones de la naturaleza bellamente dibujadas:
 
"Me despiertan los graznidos de los cuervos. Tacaños, caen como mercurio de sus picos, sin desperdiciar una sola gota. Ráfagas cortas y pesadas que hacen eco en la parábola del acantilado. Tres aletas negras, brillantes, sondean el mar grisáceo. Me levanto y miro el cielo. Me siento en uno de los bancos de madera que hay frente a la casa. El bochorno me aplasta y sepulta. Los pájaros no cantan. Solo el río susurra entre bandadas de mosquitos. Las nubes rugen, encrespadas en un horizonte espumoso, metálico, y como azul acero en nebulosas rozan las copas llenas de los pinos. Las hojas parpadean incrédulas. Se acerca una tormenta.
Hasta mis fosas nasales llega ese olor de ozono previo a la lluvia. Olor frígido y turquesa. Nada se mueve. La tierra sedienta se postra ante el agua. Las nubes avanzan con rapidez desde el norte, pero no siento el aire que las empuja. Aquí abajo, ahora, no hay nada, ni aire ni voluntad de vida, nada; solo unas pocas cosas momificadas bajo la gasa constreñida del delirio de agosto".

He disfrutado mucho leyendo este libro, que recomiendo sin duda.

sábado, 18 de septiembre de 2021

La parábola del sembrador

Octavia E. Butler
La parábola del sembrador
Traducción de Silvia Moreno Parrado
Capitán Swing, 2021 

"Yo soy Semilla Terrestre, Cualquiera puede serlo. Algún día, creo que seremos muchos. Y creo que tendremos que sembrarnos a nosotros mismos cada vez más lejos de este lugar moribundo".

 
California, año 2024. Una pavorosa combinación de crisis ecológica, crisis económicas y crisis políticas ha provocado la ruptura de cualquier atisbo de orden social y un escenario hobbesiano ("Así son las cosas ahí fuera. Si tienes una pistola, eres alguien. Si no la tienes, eres una mierda. Y ahí fuera hay mucha gente que no tiene pistola") condena a las escasas comunidades que han tenido éxito a la hora de mantener las bases fundamentales de una vida civilizada a sobrevivir emparedadas entre una minoría de personas poderosas viviendo en enclaves protegidos por las armas, propietarias de todos los recursos en un mundo-mercado en el que las corporaciones compran ciudades enteras, y masas desesperadas de gentes sin hogar, enfermas, hambrientas, que luchan entre sí y amenazan a las pequeñas comunidades. Es la pesadilla de las clases medias expropiadas del sueño meritocrático, la distopía de una segunda generación condenada a vivir peor que sus padres: "No voy a poder pagarme la universidad. No voy a encontrar trabajo ni irme de casa de mis padres, porque en ningún trabajo que pueda conseguir ganaría lo suficiente y además no hay sitios seguros a los que mudarme. ¡Joder, que mis padres siguen viviendo con los suyos!".
 
La protagonista de esta novela (parábola de la sembradora), la joven de quince años Lauren Olamina, afectada por la hiperempatía ("Siento lo que veo sentir a los demás o lo que creo que sienten. Hasta mí llega muchísimo dolor que ni es mío ni es de verdad. Pero duele"), es la creadora de un ecléctico sistema de creencias denominado "Semilla Terrestre". Cuando su comunidad y su familia son destruidas inicia un arriesgado viaje en el transcurso del cual va encontrándose con algunas personas que se suman a su proyecto al descubrir en este, más allá de sus fundamentos espirituales, la vía para construir "una especie de comunidad en la que la gente se cuide entre sí".

Octavia E. Butler tenía la intención de que La parábola del sembrador fuera la primera obra de una trilogía que quedó inconclusa con su fallecimiento en 2006, a la edad de 58 años. Butler pudo publicar la continuación a "el sembrador", titulada La parábola de los talentos, pero no la que sería la culminación de la serie, que se titularía The Parable of the Trickster, en la que conoceríamos el resultado final de esa siembra iniciada por Lauren Olamina. Nunca lo sabremos. Pero sí podemos, creo, adivinar de qué dependería ese resultado: de extender o no esa cultura del cuidado.
 
"Si el síndrome de hiperempatía fuera más común, la gente no haría esas cosas. Podría llegar a matar si hacía falta, y soportar ese dolor y quedar destrozada por él. Pero, si todo el mundo pudiera sentir el dolor de los demás, ¿quién torturaría? ¿Quién le provocaría a otra persona un dolor innecesario? Nunca antes había pensado que mi problema pudiera servir para algo bueno, pero, tal como están las cosas, creo que podría ayudar. Ojalá pudiera pegárselo a la gente. Como eso es imposible, ojalá pudiera encontrar a otras personas que lo tengan y vivir con ellas. Una conciencia biológica es mejor que no tener conciencia ninguna".
 
Capitán Swing ha anunciado que en octubre publicará La parábola de los talentos. Estoy deseando leerla.



domingo, 12 de septiembre de 2021

Belleza natural de kilómetro cero

Belleza natural de kilómetro cero: salida y llegada en Alonsotegi. 
Paseo mañanero por Zamundi, Sasiburu, Arroletza, Ganeroitz...  
Repetido, pero no importa: siempre hay algo nuevo. 
Hoy la novedad la ponía la niebla.
 





 









sábado, 11 de septiembre de 2021

Anhelo de raíces

May Sarton
Anhelo de raíces
Traducción de Mercedes Fernández Cuesta
Gallo Nero, 2020

"¿Hay algún otro goce, salvo la jardinería, que pida tanto y dé tanto? No conozco otro excepto, quizá la escritura de un poema. Son muy parecidos, incluso en la cantidad de desperdicio que hay que aceptar en aras a un casual y raro goce, en el caso de que se consiga. También coinciden en que ambas son pasiones que traen con ellas la renovación. Sin embargo, existe una diferencia: la poesía es para todas las edades; la jardinería es uno de los goces tardíos, ya que la juventud es demasiado impaciente y está demasiado absorta en sí misma y, por lo general, carece del suficiente anhelo del arraigo como para crear un jardín. La jardinería es una de las recompensas de la madurez, cuando la persona está preparada para una pasión impersonal, una pasión que exige paciencia, una aguda conciencia del mundo fuera de uno mismo y el poder para seguir creciendo a pesar de la sequía o la cruda nevada, hacia esos momentos de puro goce en que todos los fracasos se olvidan y florece el ciruelo".


En 1958 la poetisa Eleanor Marie Sarton (1912-1995) adquirió una ruinosa casa de campo del siglo XVIII en Nelson, una pequeña localidad de New Hampshire, descrito por la autora en unos términos ("Nelson había congregado en su tranquilo corazón una indecible variedad de personas y formas de vida") que me han hecho recordar al Three Pines de Louise Penny. Allí descubrirá una vida simple pero profunda, construida sobre los pilares del trabajo duro, la ayuda mutua y la comunidad:

"Autosuficiencia, sí, pero aquella primera primavera también tuve que aprender a depender. Al pedir ayuda y ver que la ayuda venía desde varias direcciones, empecé a comprender lo que de verdad es un pueblo: por un lado, respeto por la privacidad; por otro, conciencia de las necesidades del vecino. Así, por más ajeno que algunos de nosotros podamos considerar a un forastero, en realidad somos parte de una red invisible y nos apoyamos en su existencia".

Un libro hermosísimo en el que la descripción del paisaje, de la reforma de la vieja casa, de las relaciones con sus vecinas y vecinos y de su trabajo en el jardín, da lugar a reflexiones como esta:

"En el momento de plantar un bulbo todo es esperanza, no hay zozobra. Entonces hay algo inquietantemente simbólico en el hecho de enterrar un ser vivo pensando en su segura resurrección, en un momento de la estación en que todo lo que había salido se está muriendo".

Absolutamente recomendable.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Civilizados hasta la muerte

Christopher Ryan
Civilizados hasta la muerte: el precio del progreso
Traducción de Lucía Barahona
Capitán Swing, 2020

"Una vez aceptamos que todos los seres humanos son, efectivamente, humanos por igual, se hace evidente que la naturaleza humana apenas ayuda a explicar por qué las crueldades sistemáticas han sido habituales en las civilizaciones (subyugación de la mujer, esclavitud, disparidades extremas en términos de riquezas, etc.), pero escasas o inexistentes entre sociedades recolectoras".


Si preguntamos a una persona de edad avanzada, es proba­ble que nos diga que "en sus tiempos" había más solidaridad. Había otras formas de agrupamiento humano, otras relaciones comunita­rias, otras estructuras familiares, recordadas hoy con nostalgia por ser realidades que facilitaban la vivencia de la solidaridad. Y probablemente no sea esta actitud patrimonio exclusivo de las personas ancianas. Acaso nos encontremos ante uno de esos mitos primordiales profundamente anclados en el inconsciente colectivo de nuestras sociedades y recogido en los más variados relatos sobre una era remota, feliz y recon­ciliada: el Paraíso perdi­do.

La conocida disputa entre Rousseau y Gautier con motivo del Discurso sobre las ciencias y las artes redactado por el primero sirve como paradigma de un debate atemporal, inscrito en la conciencia colectiva de las sociedades desarrolladas [Rousseau, Discurso sobre las ciencias y las artes, Aguilar, 1980, 4ª; traducción de Luis Hernández Alfonso]. "El restablecimiento de las ciencias y de las artes, ¿ha contribuido a depurar o a corromper las costumbres?". Tal era el tema propuesto en 1750 por la Academia de Dijon en relación con el cual el filósofo ginebrino presentó sus reflexiones.

En su estudio sobre la idea de Progreso, afirma Nisbet que esta alcanzó su cénit en el periodo que va de 1750 a 1900, tanto en la mentalidad popular como en los círculos intelectua­les: "de ser una de las ideas importantes de la civilización occidental pasó a convertirse en la idea dominan­te" [Robert Nisbet, Historia de la idea de progreso, Gedisa, 1981; traducción de Enrique Hegewicz]. Pues bien, se da la circunstancia de que Rousseau va a mantener su teoría sobre el Regreso históri­co precisamente el mismo año en que Turgot -el hombre que, según Nisbet, más estrechamente vinculó los conceptos de liber­tad y progreso en el siglo XVIII- trazaba su famoso esquema del Progreso histórico en la Sorbona [John Bury, La idea del progreso, Alianza, 1971; traducción de Elías Díaz y Julio Rodríguez Aramberri]. Nisbet destaca la coincidencia de todos los historiadores en considerar la conferencia de Turgot como la primera declaración sistemática, secular y naturalista de la idea "moderna" de progreso. Y 1750 es el año, también, en que Diderot redacta el prospecto anun­ciador de la Enciclopedia, cuyo primer volumen verá la luz al año siguiente.

De ahí que Rousseau inicie su discurso curándose en salud: "Preveo que difícilmente se me perdonará el partido que me he atrevido a adoptar. Chocando de frente con cuanto hoy causa la admiración de los hombres, sólo puedo esperar una universal condenación". Aunque la idea base de su ensayo -que el desarrollo social había sido una desgraciada equivocación, que cuanto más se había ido apartando la Humanidad de su estado primitivo tanto más desdichada estaba siendo, que la civilización estaba viciada en su mismo origen- no era nueva, el Discurso de Rousseau va a generar un importante debate.

Bury recuerda cómo el mismo tema había sido planteado en la Fábula de las Abejas de Mandeville, publicada en 1725, con la que se proponía demostrar que los cimientos de la sociedad civilizada no eran las virtudes y cualidades positivas de las personas, sino sus vicios. Pero podríamos remontarnos a varios siglos atrás y traer a colación algunas de las refle­xiones que en torno al Descubrimiento vieron la luz. Así, por ejemplo, las de Pedro Mártir de Anglería, autor de De Orbe Novo, la primera historia del Descubrimiento, cuando describe a los habitantes del Nuevo Mundo: "Tienen ellos por cierto que la tierra, como el sol y el agua, es común y que no debe haber entre ellos mío y suyo, semillas de todos los males, pues se contentan con tan poco que en aquel vasto territorio más sobran campos que no le falta a nadie nada. Para ellos, es la edad de oro. No cierran sus heredades ni con fosos, ni con pare­des, ni con seto; viven en huertos abiertos, sin leyes, sin libros, sin jueces; de su natural veneran al que es recto; tienen por malo y perverso al que se complace en hacer injuria a cualquiera". [Recojo esta cita de la obra de Ramón Tamames, La reconquista del Paraíso. Más allá de la utopía, Temas de Hoy, 1993; que, a su vez, la recoge de un trabajo de Angel Losada].

Pero no constituyendo ninguna novedad, la intervención de Rousseau, tal vez por el momento en que tiene lugar, va a ser objeto de un intenso debate. Su idea de que los denominados avances de la civilización no hacen sino tender "guirnaldas de flores sobre las cadenas de hierro" de que están cargadas las personas que habitan los pueblos civilizados conocerá la inmediata y airada respuesta del físico, matemático e histo­riador José Gautier: "Recordar incesantemente esa sencillez primitiva de la que tantos elogios se han hecho; representár­sela siempre como compañera inseparable de la inocencia, ¿no es trazar mentalmente un retrato para forjarse una ilusión? ¿Se ha visto nunca al hombre sin defectos, sin deseos, sin pasiones? ¿No llevamos en nosotros el germen de todos los vicios?".
 
Dos siglos y medio después del discurso de Rousseau el debate sobre el Progreso sigue disputándose practicamente en los mismos términos, con reivindicaciones como las de Steven Pinker y cuestionamientos como los firmados por Neil Faulkner, Chris Harman y, muy destacadamente, por Riane Eisler, en los que encontramos ecos (actualizados y fundados sobre la investigación histórica, arqueológica y antropológica) del lamento roussoniano sobre el desarrollo de la civilización como pérdida en términos de cooperación e igualdad.
 
Este es el terreno en el que se situa el libro de Christopher Ryan, concebido como una crítica abierta a la "Narrativa del Progreso Perpetuo [que] pretende explicar la superioridad de la civilización y, al mismo tiempo, darla por hecho". Frente a esta narrativa, Ryan cuestiona la justificación hobbesiana de las grandes instituciones dominadoras: que en "estado de naturaleza" la condición humana inexorablemente nos condena a la barbarie. En la línea de las ya citadas Eisler, Harman y Faulkner, Ryan reivindica (sin llegar a suscribir el neoludismo de John Zerzan en Futuro primitivo, Numa Ediciones, 2001; traducción de Hipólito Patón) la recuperación estratégica del "pensamiento recolector-cazador" y su introducción en nuestras sociedades desarrolladas:

"Tres de las características que se hallan de forma constante en las sociedades recolectoras se corresponden más o menos con los ámbitos social, físico y psicológico: el igualitarismo, la movilidad y la gratitud. [...] Históricamente, hasta la puesta en marcha de las transformaciones radicales desencadenadas por la agricultura hace unos diez mil años, la vida humana se caracterizaba por el igualitarismo, la movilidad, el compartir obligatoriamente la propiedad mínima, el libre acceso a las necesidades de la vida y el sentimiento de gratitud hacia un entorno que proporcionaba todo lo necesario. [...] El poder era fluido, no se podía confiscar, heredar ni comprar".

Sin que aporte grandes novedades respecto de todas esas obras citadas, el libro de Ryan permite recuperar una conversación esencial para nuestro futuro, en la línea de lo que también ha planteado Jared Diamond en El mundo hasta ayer (Random House Mondadori, 2013; traducción de Efrén del Valle Peñamil). Como señala Diamond, "las sociedades tradicionales representan miles de experimentos sobre cómo construir una sociedad humana. Han ideado millares de soluciones a los problemas humanos, soluciones distintas de las adoptadas por nuestras sociedades [...] modernas". En estos tiempos en los que la crisis de nuestro modelo de desarrollo es indiscutible, bien pudiera ser que nuestro futuro dependa en parte de recuperar lo que fuimos.