miércoles, 6 de enero de 2010

Elogio del falibilismo


Las tradiciones religiosas vivas no son monolíticas. En realidad, no existe algo tal como la comprensión religiosa del bien y del mal. No existe la concepción cristiana, la judía o la islámica del bien y de mal. Y esto sucede en todas las tradiciones religiosas vivas. La pluralidad y la diversidad no son amenazas para las tradiciones religiosas; son lo que las mantiene vivas. Los conceptos religiosos del bien y del mal son conceptos esencialmente controvertidos. Afirmar que son, en esencia, controvertidos no significa decir que "todo vale". Por el contrario, significa que uno se encuentra en la obligación de explicar y justificar la comprensión religiosa personal del bien y del mal. Hay una gran tradición religiosa de la fe en busca de la comprensión. Y esa búsqueda conlleva los cuestionamientos, el pensamiento y la lucha tendintes a aclarar y profundizar la propia fe [...] Por consiguiente, traicionamos lo mejor de una tradición religiosa viva cuando identificamos la religión con el dogmatismo o el fanatismo acríticos. Cuando alguien sostiene saber qué es el mal porque es creyente, y que no se necesita más explicación o justificación, peca de soberbia.


Richard J. Bernstein, El abuso del mal. La corrupción de la política y la religión desde el 11/9, Katz Editores, 2006, pp. 162-163.

martes, 5 de enero de 2010

Petardos en la boca



No, no ha sido Laporta.

Por cierto: el insensato gano la apuesta. Pero ¡a qué precio!

No, no hablo de Laporta.

domingo, 3 de enero de 2010

Seguridad y libertad

El primer ministro británico, Gordon Brown, confirmó hoy la introducción gradual de escáneres corporales en los aeropuertos británicos, entre otras medidas de seguridad para minimizar el riesgo de embarque de explosivos.
En una entrevista con un programa televisivo de la BBC1, Brown insistió en que había que actuar "con rapidez" tras la llamada de alerta que supuso el atentado fallido perpetrado el pasado día de Navidad en un avión con rumbo a Estados Unidos
[PÚBLICO].


¿Puede la libertad ser defendida utilizando tan sólo medios compatibles con ella? La cuestión no es nueva. Hace referencia a una de las tensiones más intensamente presentes en el pensamiento y en la práctica política en Occidente: la tensión entre libertad y seguridad.

En las primeras páginas de su obra Liberalismo y democracia escribe Norberto Bobbio que, en contraposición con el Estado absoluto o autoritario, el presupuesto filosófico del Estado liberal se encuentra en la doctrina de los derechos humanos, de acuerdo con la cual “el hombre, todos los hombres indistintamente, tienen por naturaleza, y por tanto sin importar su voluntad, mucho menos la voluntad de unos cuantos o de uno solo, algunos derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad”, derechos que el Estado debe respetar y garantizar. Quiere esto decir que en principio, en teoría, no existe contradicción entre esos dos bienes, la libertad y la seguridad. En teoría, libertad y seguridad se refuerzan mutuamente: soy más libre en la medida en que gozo de mayor seguridad. Y una sociedad de personas libres será, en principio, más segura.

Pero esto es cierto sólo en principio. Sin un mínimo suficiente de seguridad es imposible, en la práctica, la libertad. Por el contrario, la seguridad es, al menos durante un tiempo, perfectamente compatible con la ausencia de libertad. Pensemos en cualquiera de los muchos regímenes autoritarios que en el mundo son o han sido, y en cómo todos ellos han tenido a gala hacer ostentación de la situación de orden público característica de sus sociedades. Además, la libertad supone enfrentarse a determinados riesgos. La libertad es, en un sentido muy profundo, asumir importantes niveles de incertidumbre. De ahí que muchas personas manifiesten, en determinados momentos de su vida o en determinadas coyunturas históricas, un incontrolable miedo a la libertad. De ahí, también, que se muestren dispuestas a reducir los niveles de libertad de sus vidas a cambio de ver incrementados sus niveles de seguridad.

Y el caso es que el desarrollo de la libertad precisa, ya lo hemos dicho, de una seguridad básica, tanto individual como social. Como señalara Aldous Huxley, “la libertad, como todos sabemos, no puede florecer en un país que esté permanentemente en guerra o aun en pie de casi guerra”. Si reducimos la seguridad a su dimensión más fáctica, a la ausencia de violencia física, armada, organizada o no, legalizada o no, entre grupos sociales o entre naciones, debemos reconocer que esta ausencia es una condición absolutamente necesaria, aunque no suficiente, para el desarrollo de la libertad y los demás derechos humanos. La historia más reciente, los últimos años del pasado siglo XX sin ir más lejos, nos ha enseñado (en Somalia, Bosnia, Ruanda, Congo, Kosovo, Afganistán) lo que supone la guerra, en particular esas “guerras harapientas” (tal como las ha definido Ignatieff) en las que se violan hasta las más básicas leyes de la guerra. Cuando la guerra estalla todo lo demás queda necesariamente en suspenso. De ahí el valor intrínseco de la ausencia de violencia, de la seguridad en su sentido más físico.

Sin embargo, el énfasis excesivo en la seguridad (¡ojo!, carecemos de una escala que permita definir cuando este énfasis es excesivo; sólo podemos tomar decisiones ad hoc, en cada situación) puede acabar, paradójicamente, amenazando no sólo a la libertad sino a la seguridad misma.

“Los seres humanos que habitamos el mundo global somos como aquellos desgraciados que trabajaban en las torres y que cinco segundos antes del impacto del primer avión creían que el conflicto entre israelíes y palestinos era una imagen más en las pantallas de la CNN que sólo les concernía indirectamente” (F.A. Iglesias, Twin Towers. El colapso de los estados nacionales). Así es. El 11-S fue el más espectacular ejemplo de que la suerte de la humanidad no se dirime ya en los estrechos márgenes de los estados nación. Sin una visión integral, sin una conciencia de responsabilidad universal, cada vez más viviremos en una situación de riesgo global. Pensar que nuestra seguridad puede construirse al margen del destino del resto de la humanidad no es más que una falacia.

Los aviones del sida, el hambre, la guerra y la injusticia despegan del Sur y vuelan imparables hacia el Norte. La libertad, nuestro bien político más preciado, depende de que todos gocen de seguridad suficiente. En un mundo global, la libertad y seguridad de unos resultan inviables sin las de todos los demás. Esta es la lección que deberíamos aprender.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Milagros


"Para mí cada una de las horas de la luz y de las tinieblas, es un milagro.
Cada una de las pulgadas cúbicas del espacio, es un milagro.
Cada una de las yardas cuadradas de la superficie de la tierra, está sembrada de milagros.
En cada pie del seno de la tierra, pululan los milagros".


[Walt Whitman, "Milagros", HOJAS DE HIERBA]



Deseo que en el 2010 todas y todos podamos presenciar alguno de esos milagros.
Milagros o, si preferimos decirlo con palabras de Paulo Freire, inéditos viables.
Tal vez incluso no sólo presenciarlos, sino contribuir a realizarlos.
¡Qué se yo!
El milagro del reconocimiento y la empatía; el de la justicia igual para todos. El milagro de la convivencia. El de la paz, aunque sea con minúsculas.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El bosque en invierno

"Durante el período de reposo e inmovilidad de finales de diciembre, enero, febrero y marzo, los robles, hayas y alerces permanecen desnudos y pelados, con un aspecto desolado como si su espíritu les hubiera abandonado, de modo que no resulta fácil distinguir a los vivos de los muertos. Cuando las primeras brisas anuncian nuevos temporales, las ramas se mecen a regañadientes y aparecen grietas en las capas de hielo que cubren sus cortezas.


Cuando llegan los vientos fuertes, algunas ramas se desprenden y caen al suelo con potentes golpes sordos. El arroyo queda helado durante semanas enteras, las cascadas lucen sus lágrimas heladas como esculturas de extrañas formas y unos carámbanos de casi dos metros cuelgan como estalactitas sepulcrales de los miles de pequeñas placas heladas que bordean la cañada.


De día el bosque parece vacío, completamente solitario, como un gran teatro al que se hubieran quitado las puertas y el techo; apenas algún que otro petirrojo revolotea sobre las hojas del suelo; algún reyezuelo busca en las hendiduras entre las raíces cubiertas de musgo y un tordo solitario corretea en silenciosas y cautas carreras cortas, deteniéndose a escuchar con atención y esperanza el esforzado avance de un gusano que se abre paso bajo tierra".

Mike Tomkies, El último lugar salvaje, Ediciones Martínez Roca, Barcelona 1988

martes, 29 de diciembre de 2009

Dos e-futures posibles para el e-book

El primero, según Javier Calvo: el libro universal:

"El actual sistema de implantación del libro electrónico no es solamente una transición del papel al soporte digital, sino básicamente una extensión del modelo tradicional de edición. Una extensión insostenible y en última instancia perjudicial para el autor y el lector. La meta para la nueva década, en mi opinión, debe ser la distribución gratuita del libro por Internet. Y por una vez, lo ideal es también lo que tiene más números de ir a suceder".


El segundo, según Lawrence Lessig: el control total.

"Hoy, cuando el lector compra un libro, puede hacer una serie de cosas: puede leerlo una vez o cien veces; puede prestárselo a un amigo; puede fotocopiar algunas páginas o escanearlo en su ordenador; puede quemarlo, usarlo como pisapapeles o venderlo; puede colocarlo en la estantería de su casa y jamás llegar a abrirlo.
El lector puede hacer algunas de estas cosas porque la ley reconoce su derecho a hacerlas -por ejemplo, el lector puede vender el libro porque la legislación de derechos de autor limíta explícitamente el derecho del propietario del copyright a controlar el uso que el lector haga del libro físico después de la primera venta. Otras cosas las puede hacer porque no existe un modo efectivo de impedírselo. Un librero podría venderle el libro al lector a un precio si este promete leerlo sólo una vez, y a otro precio si desea leerlo cien veces, pero aquel no tiene modo de averiguar si éste ha obedecido el contrato. En principio, el librero podría vender con cada libro un agente de policía para seguir la pista al lector y asegurarse de que usa el libro tal y como prometió, pero los costes de este control excederían claramente cualquier posible beneficio.
Ahora bien, ¿qué sucedería si cada uno de estos derechos pudiera controlarse y ser disgregado y vendido por separado? ¿Qué sucedería si el propio software pudiera regular si leemos el libor una o cien veces; si podemos copiar y pegar fragmentos de él o simplemente leerlo sin copiarlo; si podemos enviarlo adjunto a un amigo o simplemente conservarlo en nuestro ordenador; si podemos borrarlo ono; si podemos usarlo para otra obra, con cualquier fin, o no; o si podemos simplemente dejarlo en la estantería o también tenerlo y usarlo?".





Seguramente el e-futuro del libro electrónico se situará en algún punto entre la utopía de Calvo y la distopía de Lessig.
O será una mezcla de ambas: habrá accesos y distribuciones universales coexitiendo con accesos y distribuciones restringidas.
Pero el debate es, no me digan que no, fascinante.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Inmortal y asesinado

El PP pide explicaciones por el "ridículo mundial" de la fosa de Lorca [PÚBLICO]

El vicepresidente ejecutivo del PP, Antonio Ayllón, ha dicho que la Junta de Andalucía ha convertido el parque de Alfacar, en el que se realizaron los trabajos de excavación, "en un teatro en el que no hacían falta tantos georadares ni consejeras" y ha añadido que en la zona, lo único que se ha localizado han sido "dos latas de atún, ni siquiera de melva, y una botella de refresco". También ha asegurado que estos trabajos se han hecho por "los intereses económicos de unos hispanistas e historiadores que no merecen estar en Granada pese a que se declaran personas preparadas para hablar de Lorca". Para finalizar diciendo: "García Lorca es un símbolo de Granada y se lo están cargando al hacerlo una figura mortal, algo a lo que nosotros nos negamos".

Lo de las latas de atún es una frivolidad.
Lo de los hispanistas una maldad.
Pero lo peor es lo del "cargarse" a Lorca.
No, mire: a Lorca ya se lo cargaron, o por mejor decir: lo asesinaron. Fascistas españoles.
De ahí toda esta "ridícula" operación.
Que, por cierto, tiene un hermosísimo nombre: memoria histórica.