martes, 18 de agosto de 2026

Reserva de musgo

Robin Wall Kimmerer
Reserva de musgo: Una historia natural y cultural de los musgos
Traducción de David Muñoz Mateos
Capitán Swing, 2023

"Estos patrones de la reciprocidad, la labor con la que el musgo teje una comunidad forestal, nos permiten entrever nuevas posibilidades. Los musgos no toman más de lo que necesitan y dan en abundancia. Su presencia permite la vida de ríos y nubes, árboles, pájaros, algas y salamandras. La nuestra, en cambio, los pone en peligro.. Los sistemas diseñados por el hombre, que toman sin dar a cambio, no se parecen en nada a esta creación constante, a esta forma de generar salud para los ecosistemas. Los claros talados pueden satisfacer los deseos a corto plazo de una única especie, pero sacrifican las necesidades igualmente legítimas de musgos y mérgulos, de salmones y píceas. Me aferro a la idea de que, pronto, alguien encontrará valor en la autocontención, la humildad para vivir como los musgos. Ese día, cuando nos levantemos para dar gracias al bosque, tal vez oigamos un eco, una voz que nos contesta. La del bosque, que da las gracias a la gente".


Hay libros que nos descubren cosas que ignorábamos y otros que nos enseñan a prestar atención a aquello que siempre había estado delante de nuestros ojos sin que fuéramos capaces de verlo. En sus libros Robin Wall Kimmerer es plenamente capaz de hacer ambas cosas. Reserva de musgo no es un tratado científico ni una guía para identificar musgos, sino una sucesión de ensayos entrelazados en los que la botánica, la experiencia autobiográfica, la reflexión ecológica y el conocimiento indígena se van encontrando hasta configurar una determinada manera de estar en el mundo.

El punto de partida resulta aparentemente modesto: los musgos. Esos organismos diminutos que cubren piedras, troncos y suelos, presentes casi por todas partes y, sin embargo, habitualmente ignorados. La autora, botánica especializada en briófitas, nos obliga a detenernos ante ellos y, sobre todo, a cambiar de escala: para conocer el musgo hay que aproximarse, agacharse, mirar despacio, hay que abandonar esa posición erguida desde la que contemplamos el paisaje como si estuviera dispuesto ante nuestra mirada y acercar los ojos a una forma de vida cuyo mundo se desarrolla apenas a unos centímetros del suelo.

Este gesto físico acaba convirtiéndose en una hermosa metáfora epistemológica y moral. Para comprender el mundo no siempre necesitamos ampliar nuestra perspectiva; a veces necesitamos exactamente lo contrario: reducir la escala, acercarnos, demorarnos en aquello que parece insignificante. Los musgos viven en los límites de nuestra percepción ordinaria y precisamente por eso pueden enseñarnos mucho acerca de nuestra manera de mirar. 

No estamos ante una fábula o un relato que convierte a los musgos en simples pretextos para ofrecer pequeñas enseñanzas morales. Robin Wall Kimmerer se toma  muy en serio su condición de científica para explicar cómo los musgos almacenan agua, cómo se reproducen, cómo colonizan determinados espacios, cómo compiten y cooperan, cómo participan en los procesos de sucesión ecológica y cómo establecen relaciones con árboles, insectos, aves y muchos otros seres vivos. Quienes leemos el libro acabamos descubriendo que aquello que parecía una sencilla alfombra verde constituye en realidad un universo extraordinariamente complejo.

Pero la autora nunca acepta que la descripción científica agote el significado de lo observado. Como científica formada en la tradición académica occidental y como integrante de la Citizen Potawatomi Nation, se mueve entre distintas formas de conocimiento sin que una anule a la otra. Los musgos pueden ser simultáneamente objetos de investigación científica y seres con los que establecemos relaciones. Podemos preguntarnos cómo funcionan, pero también qué podemos aprender de ellos. La precisión científica y el asombro no son incompatibles, sino que se enriquecen mutuamente:

"Erizados, achicharrándose en el roble bajo el sol del verano, ¿cuál es el arte de la espera que practican los musgos? Se retraen sobre sí mismos, rizándose, como inmersos en un sueño despierto. Sospecho que, si sueñan, lo hacen con la lluvia".

De ahí que una de las ideas esenciales que construyen el libro sea la crítica de una relación exclusivamente instrumental con la naturaleza. Frente a una cultura acostumbrada a preguntarse para qué sirven las cosas, Robin Wall Kimmerer propone aprender a preguntarnos qué relaciones mantenemos con ellas. De este modo el bosque deja de ser una suma de recursos y aparece como una comunidad de seres interdependientes. El musgo retiene humedad, ofrece refugio, prepara el terreno para otras especies y participa en redes ecológicas cuya complejidad desborda cualquier consideración exclusivamente utilitaria. Nada vive en soledad:

"Cuando los musgos cubren el tronco de los árboles, estos continúan empapados mucho tiempo después de que la lluvia haya cesado, liberando gradualmente el agua que cayó una semana atrás. Si un haz de luz atraviesa el dosel y alumbra un cojín de musgo, puede verse el ascenso del vapor. Las nubes dan las gracias a los musgos".

Esta atención a la interdependencia conduce a otra cuestión central: la reciprocidad. No basta con reconocer todo lo que recibimos del mundo natural, además es necesario preguntarnos qué devolvemos a cambio. Como en sus otros libros, Robin Wall Kimmerer cuestiona la figura moderna de la humanidad como propietaria de la naturaleza. El problema ecológico no procede únicamente de que extraigamos demasiados recursos, sino de haber convertido nuestra relación con los demás seres vivos en una relación fundamentalmente unilateral. Recibimos continuamente -alimentos, agua, materiales, belleza, protección- y hemos llegado a considerar que todo ello nos pertenece por derecho. Los musgos representan lo contrario. Su existencia se caracteriza por la modestia, la adaptación, la paciencia y una extraordinaria capacidad para habitar los límites. No necesitan dominar el espacio para prosperar. Aprovechan pequeñas cantidades de agua, ocupan grietas y superficies aparentemente inhóspitas y crean condiciones que permiten vivir a otros organismos. En una cultura obsesionada con crecer, acumular y competir, resulta difícil no percibir en ellos una silenciosa impugnación de nuestra idea de éxito.

Reserva de musgo es mucho más que un hermoso y sorprendente libro sobre briófitas. Es una reflexión sobre la atención, la humildad y nuestra pertenencia a una comunidad de vida que desborda ampliamente lo humano. Frente a una civilización que identifica el progreso con la aceleración, la expansión y el dominio, Robin Wall Kimmerer nos invita a agacharnos, reducir la velocidad, observar con atención y, desde esa posición humilde, descubrir un mundo inesperadamente inmenso. Los musgos terminan enseñándonos que vivir bien no consiste en ocupar cada vez más espacio, sino en aprender a habitarlo de otra manera: recibiendo sin apropiarnos, dependiendo sin avergonzarnos de nuestra dependencia y dejando, a nuestro paso, condiciones que hagan posible la vida de todos los demás seres.

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