sábado, 2 de mayo de 2009

Ponyo en el acantilado

Hemos empezado el día con cine y con cine lo terminamos. He visto con mi hija Naia la película de animación Ponyo en el acantilado. Su director, Hayao Mizayaki, lo es también de la fascinante El viaje de Chijiro.
Ponyo en el acantilado nos habla de muchas cosas: de amistad, de responsabilidad para con la naturaleza y para con los demás; de tantas que, seguramente, al espectador adulto le queda la sensación de un guión en exceso abierto, que inicia diversos caminos pero que no acaba de recorrer totalmente ninguno. Sin embargo, se trata de una película visualmente tan hermosa que acabará literalmente sumergido en la historia. Muy recomendable.



Y como si la visión de esta película me hubiese empujado a viajar en el tiempo, hacia el pasado, mientras escribo este post el primer canal de la televisión pública vasca, ETB 1, ofrece un concierto que recupera a intérpretes y canciones que he cantado, he bailado y he gritado hace más de 30 años. Intérpretes como Txomin Artola, Urko o Gontzal Mendibil. Canciones como Goizeko euri artean, Maite maitia o Kapitalismoak.

"Kapitalismoak dakarren katai ta zapalketa izan dadila guretzat indar askatzailea". Las cadenas y la opresión que nos trae el capitalismo serán para nosotros fuerza liberadora... ¡Qué tiempos, buenos tiempos! ¿Viejos tiempos? O no...

Audrey Hepburn: el encanto

Leo en EL PAÍS de hoy que el lunes a las 20:00 se estrena en el canal digital BIO el documental La historia completa no autorizada, que recoge la trayectoria personal y profesional de la actriz Audrey Hepburn. A falta de conexión digital, leer esa noticia me ha impulsado a programar mi propia retrosprectiva sobre esa fascinante actriz. Así que sacaré tiempo para poder revisar en los próximos días al menos dos de sus películas más hermosas. La primera, faltaría más, la archiconocida Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961). Y me detendré especialmente en esa escena en la que Audrey Hepburn canta Moon river sentada en la ventana de su apartamento. También volveré a ver otra película, seguramente menos conocida, protagonizada por una Hepburn más madura, pero igualmente encantadora. Me refiero a la hermosísima Robin y Marian (Richard Lester, 1976). Con su declaración de amor final: "Te amo. Te amo más que a todo, más que a los niños, más que a los campos que planté con mis manos, más que a la plegaria de la mañana o que a la paz, más que a nuestros alimentos; te amo más que al amor o a la alegría o a la vida entera. Te amo... más que a dios".

viernes, 1 de mayo de 2009

1 de mayo en Bilbao




No éramos Prieto, Unamuno y Largo Caballero. Pero esta mañana hemos recorrido animosamente la Gran Vía de Bilbao, hasta llegar al Arenal, entremezclados con las gentes de Comisiones Obreras y de UGT. Charlando con Fernando, con Javi, con Eskolunbe, con Andoni. Saludando al anterior secretario de CCOO, Josu Onaindi, y al actual de UGT, Dámaso Casado.
El sol ha acompañado. ¡Gora Maiatzaren Lehena!

1º de mayo: Por el trabajo decente


Estamos acostumbrados, cuando hablamos del trabajo, a utilizar adjetivos tales como “justo”, “digno”, “con derechos”. Todas estas son expresiones ya familiares para el mundo obrero, forman parte de su tradición. Pero, ¿decente? La primera referencia al trabajo decente la encontramos en la Memoria del Director General de la Organización Internacional del Trabajo con ocasión de su 87.ª reunión en junio de 1999, donde se nos presenta la que a partir de ese momento va a ser la renovada posición de esta organización en relación al trabajo: “La OIT milita por un trabajo decente. No se trata simplemente de crear puestos de trabajo, sino que han de ser de una calidad aceptable. No cabe disociar la cantidad del empleo de su calidad”. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua ofrece seis definiciones del término “decente”: 1) honesto, justo, debido; 2) correspondiente, conforme al estado o calidad de la persona; 3) adornado, aunque sin lujo, con limpieza y aseo; 4) digno, que obra dignamente; 5) bien portado; 6) de buena calidad o en cantidad suficiente. Algunas de estas definiciones –la 2, la 4 y la 6- se adaptan como un guante al ideal de trabajo reivindicado históricamente por el movimiento obrero: hablamos de trabajo decente cuando existe en cantidad suficiente, es de buena calidad y puede definirse como digno, fundamentalmente porque su realidad se corresponde con la dignidad intrínseca de la persona humana. Se va clarificando el término. Sin embargo, aún puede quedar una duda: ¿por qué no hablar, directamente, de trabajo justo, digno o con derechos? ¿No estaremos utilizando un circunloquio que, en última instancia, no hace sino bajar un escalón en el nivel de exigencia que la reivindicación del trabajo precisa, especialmente en tiempos como estos? Es esta una sospecha que no cabe echar, sin más, en saco roto. Atendamos, si no, a lo que está ocurriendo con el discutido concepto de flexiseguridad. Por otro lado, si una organización como la OIT respalda la reivindicación del trabajo decente, convirtiéndola en centro de su actividad, tampoco podemos ignorarla sin más. Para llenar de contenido la propuesta de la OIT debemos referirnos a la reflexión realizada en 1996 por el filósofo judío Avishai Margalit en su libro La sociedad decente: “¿Qué es una sociedad decente? La respuesta que propongo es, a grandes rasgos, la siguiente: una sociedad decente es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas”. Las instituciones son modos de comportamiento considerados normales y, por lo mismo, aceptados como tales, dados por supuesto, por la mayoría de los miembros de una sociedad. Son algunos de estos comportamientos institucionalizados los que están en el origen de muchas formas de discriminación y de desigualdad que, por ser consideradas “normales”, pasan desapercibidas. Pues bien: el mercado de trabajo es una institución social. Trabajar no es, sin más, producir, o vender la fuerza de trabajo; es hacerlo en un marco de normas sociales que definen lo que es empleo y lo que no es, lo que es y no es un buen empleo, lo que es ser un buen trabajador o un buen empleador, etc., y en un marco de regulaciones legales que organiza en la práctica la actividad laboral. Es esta norma social la que ha cambiado profundamente en las últimas dos décadas, de manera que hoy lo normal es estar precarizado. Lo es, desde luego, para las nuevas generaciones de trabajadoras y de trabajadores –mujeres, jóvenes e inmigrantes, principalmente- incorporadas al mercado de trabajo desde los años Noventa. En este contexto institucional, bajo el dominio de esta nueva norma social de empleo, es el funcionamiento normal del mercado de trabajo el que genera hoy las mayores indecencias. De ahí la importancia de atender a las condiciones institucionales que permiten o facilitan la humillación de las y los trabajadores. Pensar el mercado de trabajo como institución social, necesariamente normativizado, es fundamental en estos tiempos en los que la ortodoxia dominante apuesta de manera abierta por la desinstitucionalización del trabajo, forzando a la individualización más extrema de las relaciones laborales. El Secretario General de la Confederación Sindical Internacional, Guy Ryder, señalaba en una entrevista lo siguiente: “En los años venideros, el trabajo decente podría perfectamente figurar en otras ocho o diez declaraciones internacionales sin que por ello lleguen realmente a promoverlo los principales actores de la gobernanza mundial. Es necesario que esas mismas instituciones hagan un giro de ciento ochenta grados. Deben renunciar al dogmatismo y reconocer que las ortodoxias neoclásicas no constituyen una panacea para el desarrollo social. La prosperidad económica y el progreso social no son un resultado del tan mentado efecto de goteo. Para que todos puedan acceder a ellos se requieren derechos habilitantes, amplios sistemas de protección, efectivas políticas laborales y prioridades macroeconómicas que estimulen la creación de empleos”.

Esta es la situación. La propuesta del trabajo decente supone un indudable avance en nuestra capacidad de diagnóstico sobre la realidad del mundo del trabajo. Se trata, también, de una poderosa herramienta para fortalecer nuestra capacidad de análisis de las situaciones reales de trabajo. Pero por sí misma no modifica en nada nuestra capacidad de intervención sobre esas mismas situaciones. Esta sigue dependiendo de los viejos recursos de siempre: de la unidad solidaria entre mujeres y hombres que, partiendo del hecho de que comparten condiciones de trabajo, no se resignan a dejar de compartir, también y sobre todo, humanidad. Pues, como ya quedó proclamado allá por 1871, el género humano es la internacional. O no será.

jueves, 30 de abril de 2009

¿De Ortuzar? Ni hablar

No pienso comentar las últimas declaraciones -es un decir- de Andoni Ortuzar, presidente del PNV en Bizkaia, sobre la composición del futuro gobierno de Patxi López. Como dejaron dicho los Siniestro total, ante todo mucha calma. Y hablando de calma: ahí os dejo con un video que me ha enviado mi amigo Sama.


miércoles, 29 de abril de 2009

Cultura y nuevos soportes

Tres apuntes sobre cultura y nuevos formatos y soportes tecnológicos: (1) Una librería de Londres estrena una máquina -Espesso Book Machine- que imprime libros a solicitud del cliente. (2) La Red y los trabajos de clase: todo un mundo nuevo. (3) Declaraciones de la Ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, en el Senado: "Me comprometo a aliviar el miedo y la inquietud. Me comprometo a no imponer y escuchar y construir juntos el futuro". Una excelente manera de empezar a romper la alianza de neuróticos de la que hablábamos hace unos días.

Sostiene Saviano

Saviano: "La Camorra ve a ETA como una banda de imbéciles" Las intervenciones públicas de Roberto Saviano son siempre reveladoras y atrevidas. El periodista y autor del libro Gomorra, en el que se detalla el funcionamiento de la mafia napolitana y sus conexiones internacionales, inauguró ayer un curso sobre crimen organizado, blanqueo de capitales y financiación del terrorismo impulsado por el Ministerio del Interior. Y, como es habitual, no se mordió la lengua. "La Camorra considera a ETA una banda de imbéciles, aunque es beneficiosa para sus intereses ya que mantiene distraída a la opinión pública", aseguró. Y de una banda de imbéciles a una entrañable banda. No perdais la ocasión de ver la película La banda nos visita (The band´s visit, 2007). La película se inicia con esta frase: “Una vez, hace poco, una pequeña banda marcial egipcia llegó a Israel. No muchos lo recuerdan, no fue tan importante”. Una delicia.