Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
martes, 8 de enero de 2013
A propósito del voluntariado
Buscando información para un trabajo que tenemos entre manos, he dado con esta entrevista que FEVAS me hizo en el marco del XV Encuentro estatal de Voluntariado. Aquí la dejo, ya que está...
domingo, 6 de enero de 2013
La memoria de los vencidos
"Basta con unos pocos para que la memoria de los vencidos no se hunda en la nada".
Lo tenía entre mis "reservas" desde hace más de un año; creo recordar que fue una de mis últimas compras en La buena vida. Lecturas más recientes, más urgentes o más fáciles iban relegándolo, hasta que en estos días he podido disponer del tiempo y la calma necesarios para acometer su lectura.
Publicado por primera vez en Francia en 1990, en La memoria de los vencidos acompañamos a su protagonista, Alfred Barthélemy, entre los años 1899 y 1985. Huérfano, niño de la calle, acogido por una joven comunidad de militantes anarcosindicalistas, educado a través de las lecturas realizadas en una vieja librería de la Rue Monsieur-le-Prince (su primer libro será Los Miserables), por sus páginas transitan Lenin, Trotsky, Bujarin y Stalin, Alexandra Kollontai y La Pasionaria, Kropotkin, Durruti, Andreu Nin y Federica Montseny, Jaurès y Sorel. Pero también Péguy, Gorki, Berdiaev, Aragon y Malraux.
Siguiendo los pasos de Fred asistiremos en primera persona a la Revolución Rusa y a la Guerra Civil española, escenario de una lucha feroz entre dos maneras de concebir y practicar la revolución: el comunismo y el anarquismo.La victoria de los primeros significará la derrota de los segundos, esos vencidos a cuya memoria se consagra la novela de Michel Ragon; y significará, sobre todo, la derrota de la posibilidad misma de una revolución libertaria en Europa. Fred será testigo de esta derrota y cronista temprano de la deriva saturniana del bolchevismo soviético, cáncer del proyecto emancipador:
"Ahora, cada noche, una vez acostada Mariette, Fred ponía un cuaderno en un rincón de la mesa y escribía; describía todo lo que había vivido en Rusia, el entusiasmo de los primeros años de la revolución, el desencanto que le sucedió, la instalación del habitual aparato de Estado, la burocratización, la militarización, el universo carcelario, las rivalidades entre los jefes del Politburó, la marginación de la oposición... Recordaba lo que Vergniaud, el líder de los girondinos, había dicho de la Revolución Francesa cuando llegó el Terror: 'Saturno devorando a sus hijos'. Quería titular así su libro. La revolución rusa también era como Saturno devorando a sus hijos. El ogro bolchevique, después de haber engullido voraz a todos sus adversarios, devoraba ahora a quienes le habían hecho ogro. El ogro se devoraba a sí mismo".
La novela contiene una segunda línea argumental, una historia de amor fou que vincula a lo largo de todos los años en los que transcurre el relato a Fred y a Flora.
Y contiene, también, un mensaje de esperanza que surge entre tanta derrota y tanta traición a los ideales revolucionarios: "Habría que esperar todavía mucho para que naciera una nouvelle gauche, una nueva izquierda en los años 60, pero ahí estaba la brecha".
Recomiendo su lectura. No es una lectura sencilla, pero se trata de un ejercicio de memoria que une, a su calidad literaria, una reivindicación apasionada de la libertad y la moral como señas de identidad de cualquier proyecto de transformación de la realidad.
Lo tenía entre mis "reservas" desde hace más de un año; creo recordar que fue una de mis últimas compras en La buena vida. Lecturas más recientes, más urgentes o más fáciles iban relegándolo, hasta que en estos días he podido disponer del tiempo y la calma necesarios para acometer su lectura.
Publicado por primera vez en Francia en 1990, en La memoria de los vencidos acompañamos a su protagonista, Alfred Barthélemy, entre los años 1899 y 1985. Huérfano, niño de la calle, acogido por una joven comunidad de militantes anarcosindicalistas, educado a través de las lecturas realizadas en una vieja librería de la Rue Monsieur-le-Prince (su primer libro será Los Miserables), por sus páginas transitan Lenin, Trotsky, Bujarin y Stalin, Alexandra Kollontai y La Pasionaria, Kropotkin, Durruti, Andreu Nin y Federica Montseny, Jaurès y Sorel. Pero también Péguy, Gorki, Berdiaev, Aragon y Malraux.
Siguiendo los pasos de Fred asistiremos en primera persona a la Revolución Rusa y a la Guerra Civil española, escenario de una lucha feroz entre dos maneras de concebir y practicar la revolución: el comunismo y el anarquismo.La victoria de los primeros significará la derrota de los segundos, esos vencidos a cuya memoria se consagra la novela de Michel Ragon; y significará, sobre todo, la derrota de la posibilidad misma de una revolución libertaria en Europa. Fred será testigo de esta derrota y cronista temprano de la deriva saturniana del bolchevismo soviético, cáncer del proyecto emancipador:
"Ahora, cada noche, una vez acostada Mariette, Fred ponía un cuaderno en un rincón de la mesa y escribía; describía todo lo que había vivido en Rusia, el entusiasmo de los primeros años de la revolución, el desencanto que le sucedió, la instalación del habitual aparato de Estado, la burocratización, la militarización, el universo carcelario, las rivalidades entre los jefes del Politburó, la marginación de la oposición... Recordaba lo que Vergniaud, el líder de los girondinos, había dicho de la Revolución Francesa cuando llegó el Terror: 'Saturno devorando a sus hijos'. Quería titular así su libro. La revolución rusa también era como Saturno devorando a sus hijos. El ogro bolchevique, después de haber engullido voraz a todos sus adversarios, devoraba ahora a quienes le habían hecho ogro. El ogro se devoraba a sí mismo".
La novela contiene una segunda línea argumental, una historia de amor fou que vincula a lo largo de todos los años en los que transcurre el relato a Fred y a Flora.
Y contiene, también, un mensaje de esperanza que surge entre tanta derrota y tanta traición a los ideales revolucionarios: "Habría que esperar todavía mucho para que naciera una nouvelle gauche, una nueva izquierda en los años 60, pero ahí estaba la brecha".
Recomiendo su lectura. No es una lectura sencilla, pero se trata de un ejercicio de memoria que une, a su calidad literaria, una reivindicación apasionada de la libertad y la moral como señas de identidad de cualquier proyecto de transformación de la realidad.
La memoria de los vencidos, de Michel Ragon
sábado, 5 de enero de 2013
Hora prima
En otras ocasiones he manifestado mi pasión librívora por Erri de Luca y mi agradecimiento a Txetxu por descubrírmelo, es verdad que más por serendipia (es un término más elegante que "chamba") que como ejercicio consciente de coaching librero (fue así, Txetxu, gracias pero fue así). Aquel primer libro fue El día antes de la felicidad, y desde entonces voy buscando todo lo publicado por este autor, en editoriales muy diversas.
Militante sesentayochista, trabajador manual, escritor tardío pero ubérrimo, alpinista igualmente tardío pero arrojado, Erri de Luca es alguien con el que puedo identificarme como escritor, pero también como persona. No son sólo sus libros, también su vida (sus vidas) la que me atrae.
Estos días he leído y releído el último de los libros de Erri de Luca que me ha llegado a las manos, titulado Hora prima. De nuevo gracias a Txetxu, esta vez sí como recomendación personalizada.
Pensemos en un albañil napolitano que todos los días dedica una hora, antes de ir al atrabajo, para leer el Antiguo Testamento en su lengua original, el hebreo antiguo, aprendida precisamente para poder leer las Escrituras en el idioma en el que fueron escritas: "Cada mañana, con la cabeza despejada y serena, acojo las palabras sagradas. He llegado a entender que acogerlas no significa aferrarlas, sino ser alcanzado por ellas, estar tan tranquilo que me deje agitar por ellas, tan indiferente y sin planes personales previos que pueda recibirlos de ellas, tan soso que me deje salar por ellas. Así he hospedado en mi casa las palabras de la Escritura sagrada".
De Luca no es creyente: "No llego a la fe, me detengo en la belleza de sus historias que leo y releo cada día". Pero tampoco se considera ateo, en la medida en que no renuncia a comprender la experiencia de quienes sí creen: "El a-teo, pues, se priva de Dios, de la enorme posibilidad de admitirlo no tanto para sí mismo cuanto para los otros. Se excluye de la experiencia de vida de muchos. Dios no es una experiencia, no es demostrable, pero la vida de los que creen en él, la comunidad de los creyentes, sí es una experiencia. El ateo la juzga fruto de una ilusión y, de este modo, se niega a sí mismo la relación con una vasta parte de la humanidad. No soy ateo. Soy uno que no cree".
Es este vínculo inmemorial a una tradición que alimenta tanto a creyentes como a no creyentes el que impulsa a este albañil a salvar, cada día, esa hora prima, "como un pastor rescata de la boca del león dos patas o la punta de una oveja" (Am 3, 12). Ese es el espíritu con el que de Luca afronta la lectura del Antiguo Testamento:
"Cada uno de nosotros que hojea las Escrituras sagradas es el último incorporado entre los lectores; cada uno de nosotros recorre sus líneas como aquel que pasa por las viñas ya vendimiadas, las cuales no nos pertenecen, pero se nos permite aprovecharnos de ellas porque, como últimos, somos los más pobres.
Aún así, se nos reserva todavía un resto de sabiduría que será recogida por quien siga atento los pasos que los vendimiadores y las generaciones precedentes han recorrido. También al último llegado se le concede hallar de rebusco el fruto que ha quedado, de modo que puede añadir su propia nota al final del infinito comentario".
Con ese mismo espíritu rebusco yo en los libros de Erri de Luca.
martes, 1 de enero de 2013
Lectura para orientar el año
Las lecturas que hacemos el primer día del año, ¿marcan de alguna manera el tono del resto del año?
Empiezo el año releyendo Cartas a un buscador de sí mismo, de Henry David Thoreau. Recoge las cartas que Thoreau remite a Harrison Blake entre marzo de 1848 y mayo de 1861.
Comparto algunas de su reflexiones, plenamente actuales:
Empiezo el año releyendo Cartas a un buscador de sí mismo, de Henry David Thoreau. Recoge las cartas que Thoreau remite a Harrison Blake entre marzo de 1848 y mayo de 1861.
Comparto algunas de su reflexiones, plenamente actuales:
- "Si de forma plenamente consciente hubiera de unirme a las filas de algún partido, escogería aquel que mayor libertad ofrezca para el pensamiento".
- "Si había alguna institución que se presumía asentada sobre pilares sólidos y seguros, y que como ninguna otra representaba este tan jactancioso sentido común, la prudencia, y el talento práctico, ésa era la banca, y ahora resulta que esos bancos son simples juncos sacudidos por el viento. Apenas ningún banco del país ha cumplido su promesa".
Más sobre este libro.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Huellas y restos
Por las huellas (de lobo) se sabe dónde está el ciervo (muerto).
He tomado las fotos esta misma mañana.
Aprovecho para recordar una noticia de hace un par de años.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Librería Cámara
Re-opening de la Librería Cámara. Una librería de las de siempre, de las que ya quedan pocas en Bilbao, que no deja de repensarse. Esta tarde-noche nos invitaban a acompañarles.
Sólo he podido pasarme un ratito: esta ha sido una tarde dura, tres horas y media de reunión muy poco literaria y demasiado aritmética, con pocos cuentos y muchas pero que muchas cuentas. Por cierto, no todas exactas.
Pero no quería dejar de asistir: es mi librería de referencia.
Mucha gente, gran ambiente, una copa de vino, buena compañía.
Los libros se han contagiado del ambiente y mientras la mayoría se mantenían, como es de esperar, alineados y firmes en las estanterías, otros volaban sobre nuestras cabezas.
Charla con Txetxu, siempre tan agradable. Como en otras ocasiones, en nuestra conversación ha salido Erri de Luca, uno de sus regalos, que tantas satisfacciones me está reportando. No diré nada más... por ahora.
Sólo he podido pasarme un ratito: esta ha sido una tarde dura, tres horas y media de reunión muy poco literaria y demasiado aritmética, con pocos cuentos y muchas pero que muchas cuentas. Por cierto, no todas exactas.
Pero no quería dejar de asistir: es mi librería de referencia.
Mucha gente, gran ambiente, una copa de vino, buena compañía.
Los libros se han contagiado del ambiente y mientras la mayoría se mantenían, como es de esperar, alineados y firmes en las estanterías, otros volaban sobre nuestras cabezas.
Charla con Txetxu, siempre tan agradable. Como en otras ocasiones, en nuestra conversación ha salido Erri de Luca, uno de sus regalos, que tantas satisfacciones me está reportando. No diré nada más... por ahora.
Al marchar me llevo conmigo los poemas de Emily Dickinson que acaba de editar Sabina Editorial.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
La danza de la gaviota
Una gaviota se desploma en la playa, frente a la casa de Montalbano, en Marinella. Estremeciéndose, girando sobre una de sus alas, da vueltas en círculo mientras emite un sonido ronco, desesperado.
"En un abrir y cerrar de ojos, Montalbano bajó a la playa y llegó a su lado. La gaviota no dio muestras de haberlo visto, pero sus giros empezaron a tornarse inciertos, cada vez más tambaleantes, hasta que al final, tras emitir un sonido agudo que pareció humano, perdió el apoyo del ala, se desplomó de lado y murió. 'Ha bailado su propia muerte', pensó el comisario, impresionado por lo que acababa de ver".
Así comienza la última historia del comisario Montalbano, titulada: La danza de la gaviota. Con este ya son 19 los libros protagonizados por el policía de Vigàta que nos ha regalado Andrea Camilleri. ¿Es cosa mía, o en las últimas novelas las historias que nos cuenta son un poco más oscuras?
La danza agónica de la gaviota anticipa otras muertes. Fazio ha desaparecido. Pasada ya la cincuentena, la relación de Montalbano con Livia continua tan complicada como siempre, y hay mujeres más jóvenes que le desvelan.
Menos mal que siempre, en los peores momentos, ahí está la trattoria de Enzo. O la caponatina de Adelina...
Ya estoy esperando la próxima novela. La vigésima.
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