sábado, 5 de enero de 2013

Hora prima


En otras ocasiones he manifestado mi pasión librívora por Erri de Luca y mi agradecimiento a Txetxu por descubrírmelo, es verdad que más por serendipia (es un término más elegante que "chamba") que como ejercicio consciente de coaching librero (fue así, Txetxu, gracias pero fue así). Aquel primer libro fue El día antes de la felicidad, y desde entonces voy buscando todo lo publicado por este autor, en editoriales muy diversas.
Militante sesentayochista, trabajador manual, escritor tardío pero ubérrimo, alpinista igualmente tardío pero arrojado, Erri de Luca es alguien con el que puedo identificarme como escritor, pero también como persona. No son sólo sus libros, también su vida (sus vidas) la que me atrae.
Estos días he leído y releído el último de los libros de Erri de Luca que me ha llegado a las manos, titulado Hora prima. De nuevo gracias a Txetxu, esta vez sí como recomendación personalizada.


Pensemos en un albañil napolitano que todos los días dedica una hora, antes de ir al atrabajo, para leer el Antiguo Testamento en su lengua original, el hebreo antiguo, aprendida precisamente para poder leer las Escrituras en el idioma en el que fueron escritas: "Cada mañana, con la cabeza despejada y serena, acojo las palabras sagradas. He llegado a entender que acogerlas no significa aferrarlas, sino ser alcanzado por ellas, estar tan tranquilo que me deje agitar por ellas, tan indiferente y sin planes personales previos que pueda recibirlos de ellas, tan soso que me deje salar por ellas. Así he hospedado en mi casa las palabras de la Escritura sagrada". 
De Luca no es creyente: "No llego a la fe, me detengo en la belleza de sus historias que leo y releo cada día". Pero tampoco se considera ateo, en la medida en que no renuncia a comprender la experiencia de quienes sí creen: "El a-teo, pues, se priva de Dios, de la enorme posibilidad de admitirlo no tanto para sí mismo cuanto para los otros. Se excluye de la experiencia de vida de muchos. Dios no es una experiencia, no es demostrable, pero la vida de los que creen en él, la comunidad de los creyentes, sí es una experiencia. El ateo la juzga fruto de una ilusión y, de este modo, se niega a sí mismo la relación con una vasta parte de la humanidad. No soy ateo. Soy uno que no cree".
Es este vínculo inmemorial a una tradición que alimenta tanto a creyentes como a no creyentes el que impulsa a este albañil a salvar, cada día, esa hora prima, "como un pastor rescata de la boca del león dos patas o la punta de una oveja" (Am 3, 12).  Ese es el espíritu con el que de Luca afronta la lectura del Antiguo Testamento:
"Cada uno de nosotros que hojea las Escrituras sagradas es el último incorporado entre los lectores; cada uno de nosotros recorre sus líneas como aquel que pasa por las viñas ya vendimiadas, las cuales no nos pertenecen, pero se nos permite aprovecharnos de ellas porque, como últimos, somos los más pobres.
Aún así, se nos reserva todavía un resto de sabiduría que será recogida por quien siga atento los pasos que los vendimiadores y las generaciones precedentes han recorrido. También al último llegado se le concede hallar de rebusco el fruto que ha quedado, de modo que puede añadir su propia nota al final del infinito comentario".

Con ese mismo espíritu rebusco yo en los libros de Erri de Luca.

2 comentarios:

Txetxu Barandiarán dijo...

Sea 'A' o 'B' el medio parece que el resultado ha sido siempre gratificante.
No diré que el fin justica los medios como principio, pero, en este caso ¡qué más da! ;-)
Abrazos

Imanol dijo...

Totalmente de acuerdo, por eso: ¡gracias de nuevo! Por cierto: ¿el coaching libresco se considera trabajo, y por ello ruptura del sabatiquismo? Sólo lo pregunto, sin más...