viernes, 4 de junio de 2021

Pido saber la verdad sobre los GAL

Hoy se ha presentado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la plataforma B-Egiaz. Lo han hecho dos mujeres generosas y fuertes, Pilar y María, la primera hermana de José Ignacio Zabala, asesinado por los GAL, la segunda hija de Juan Mari Jauregi, asesinado por ETA. 

El 3 de abril Pilar me escribió un correo electrónico (¡gracias de corazón, Pilar, por tu confianza!) en el que me informaba de la iniciativa, me enviaba un primer borrador del Manifiesto y me invitaba a considerar mi apoyo al mismo: "Estoy muy interesada en conocer tu opinión y recibir cualquier sugerencia de mejora. Me encantaría que te unieras a nosotras en este camino en búsqueda de la verdad". No lo dudé ni un instante.

El 29 de agosto de 1996 publiqué en el diario El Mundo un artículo titulado "Los papeles del CESID". Lo firmaba como profesor de la UPV/EHU (aún faltaban unos meses para que accediera a la titularidad) y miembro de Gesto por la Paz. Porque hay que recordar que Gesto por la Paz fue siempre militantemente claro en la demanda de investigación de los crímenes de los GAL. Aquel artículo decía así:

Vivimos en una sociedad caracterizada por la obsolescencia programada del pensamiento, de modo que recuerda cada vez menos cosas y olvida cada vez más de prisa. Nuestra sociedad está enferma de olvido. Jugar a sembrar el olvido en relación con aquellos hechos cuyo recuerdo, por la razón que sea, nos molesta, sólo sirve para fortalecer las tendencias a la desmemoria de nuestra sociedad: con el tiempo, tendremos una sociedad en la que sólo recordaremos lo que nos conviene, o en la que simplemente no recordaremos nada.

El Gobierno de Aznar ha negado la posibilidad de desclasificar los papeles del CESID solicitados por el juez Gómez de Liaño para proseguir sus investigaciones en relación con los asesinatos de Lasa y de Zabala. Como consecuencia inmediata, es más que probable que personas incursas en el sumario por el asesinato de ambos jóvenes queden en libertad al quedar bloqueada la investigación judicial. Y lo ha hecho enarbolando su vocación de gobernar para el futuro, no desde el pasado. Invocación vacía, que vale tanto para un roto como para un descosido. Discurso hueco cuya única función es legitimar una decisión que a muchas personas nos ha parecido inaceptable. Cualquier día, para justificar otra decisión del mismo Gobierno, se nos dirá que un pueblo que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo, y se quedarán tan anchos.

Pretenden que, como los imbéciles del proverbio, nos limitemos a mirar el dedo que señala a la luna en vez de mirar a la propia luna. Pretenden que nos enredemos en discusiones bizantinas sobre la «seguridad del Estado» (principio que, divorciado de la disciplina democrática, corre el riesgo de asemejarse cada vez más a la para-fascista Doctrina de la Seguridad Nacional), sobre la «responsabilidad» de la función de gobierno (que, al parecer, se construye sobre la irresponsabilidad de la función de oposición, pues donde decía «digo» ahora se dice «Diego»), etc.

Pero, a mi entender, las cuestiones fundamentales no son esas sino otras. A lo largo de la anterior legislatura el PP, desde la oposición, no dejó de afirmar que el PSOE y el Gobierno de González estaban implicados en la creación y actuación de los GAL De hecho, esta argumentación resultó determinante a la hora de inclinar la balanza electoral a su favor. Cuando el PP ha llegado al poder y ha conocido los papeles del CESID sólo caben dos posibilidades: a) o ha confirmado lo que anteriormente eran sospechas y conjeturas, es decir, la implicación del Gobierno del PSOE en el asunto GAL, y lo ha ocultado; b) o ha comprobado que no existía tal implicación, y no ha rectificado sus acusaciones anteriores. Esta es una cuestión fundamental

Otra más. Cuando los diputados y diputadas que formaban la Comisión de Secretos Oficiales en la legislatura anterior conocieron los documentos del CESID: a) o comprobaron la implicación del Estado con los GAL y lo callaron, con lo cual resulta insultante escuchar ahora a alguna de sus señorías, en un repentino ataque de moralidad, afirmar su disposición a comparecer ante el juez para dar una lección al Gobierno; b) o tras la revisión de tales documentos no advirtieron implicación alguna del Estado, con lo que su posible declaración debería estar exenta de alharacas.

En cuanto a la obligación de guardar el secreto de lo expuesto y conocido en la Comisión, el límite de la misma habría de estar en los contenidos de los temas abordados. No se trata de caer en la dinámica irresponsable del «hágase justicia y perezca el mundo», pero: ¿cabe aca­so mantener la obligación del secreto, incluso ante los jueces, en el caso de que se tuviera conocimiento fundado de la realización de gravísimos actos delictivos'?

Durante la pasada legislatura unos y otros se hartaron de expresar su convicción de que el caso GAL debía sustanciarse en los tribunales. Estos días. con ocasión de la excarcelación de Rodriguez Galindo, se vuelve a entonar el estribillo del «respeto escrupuloso a las decisiones judiciales», al tiempo que se toman decisiones políticas que, de hecho, intentan abortar la tarea judicial de profundizar en el esclarecimiento de los crímenes de los GAL. ¿Puede alguien, por favor, explicamos todas estas contradicciones?

Y una cosa más. ETA y su entorno utilizarán el asunto de los papeles del CESID y su no desclasificación del mismo modo que utilizarían su desclasificación: si con la misma no se demostrara la implicación del Estado en el terrorismo de los GAL, dirían que no se han mostrado todos los documentos y se ha ocultado información: si se demostrara tal implicación, dirían que a un Estado que recurre a la «guerra sucia» sólo cabe hacerle la guerra (¿limpia?). Todo este lamentable asunto no «da alas a ETA», como machaconamente se está repitiendo estos días. Todo este asunto recorta las alas de quienes intentamos trabajar por la paz y la normalización en Euskadi. No las de la convicción y la legitimidad. Las alas del entusiasmo. Por eso es tan importante que, de una vez por todas, se haga lo necesario para aclararlo según las reglas de un Estado de Derecho. Aunque, a la luz de la nueva ley de Secretos Oficiales -¿he dicho «luz»? quería decir «tinieblas»- parece que nos esperan 50 años de oscuridad.

Han pasado 25 años. 
¿De verdad vamos a tener que esperar otros 25 para conocer la verdad, toda la verdad, sobre los GAL?

jueves, 3 de junio de 2021

Lo que estábamos buscando: la pandemia como mito

Alessandro Baricco
Lo que estábamos buscando: 33 fragmentos
Traducción de Diana Agámez
Anagrama, 2021 

"Las criaturas míticas son productos artificiales con los que los seres humanos se dicen a sí mismos algo urgente y vital. Son figuras en las que una comunidad de seres vivos organiza el material caótico de sus miedos, creencias, recuerdos o sueños".


Sobradamente conocido como novelista (no solo es el autor de la inspirada y delicadísima Seda, también de Tres veces al amanecer o Novecento),  Baricco es también un consumado ensayista, como demostró con Los bárbaros o Next.

Este segundo Baricco es el que firma esta breve pero enjundiosa reflexión sobre la pandemia como mito, lo que no significa que no sea real. La Pandemia (Baricco escribe con mayúscula) toca tanto los cuerpos individuales como el imaginario colectivo, alineándose así "con las otras grandes criaturas míticas de las que se tiene memoria y se acepta por lo que realmente es: un contagio de mentes antes que de cuerpos".

La pandemia (la Pandemia) se convierte en epifanía, acontecimiento-revelación que nos ofrece la ocasión para detenernos y reflexionar sobre nuestra manera dominadora de estar en y con el mundo. Porque, como advierte Baricco, si bien "sería trágico considerar la enfermedad que mata como un castigo, [...] será imperdonable pensar, a partir de ahora, que algún tipo de inmunidad nos mantiene a salvo de las consecuencias de nuestros actos".

sábado, 29 de mayo de 2021

Zona a defender

Manuel Rivas 
Zona a defender
Alfaguara, 2020 

"La desesperación genera rechazo, es una manifestación de hastío, vergüenza y asco. Solo cuando se levanta del suelo, cuando se pone en danza, como una esperanza indócil, crítica, se transforma en una operación de rescate, un movimiento de deseo".


He aprendido mucho sobre las ZAD o Zone à Defendre leyendo el libro Ser bosques, de Jean-Baptiste Vidalou (traducción de Silvia Moreno Parrado, Errata naturae, 2020), que me llevó a conocer la página zad.nadir.org, sitio de referencia de las luchas de quienes se han instalado de manera permanente en el sotobosque de Notre-Dame des Landes en respuesta al llamamiento lanzado en 2008 por el colectivo de “habitantes que resisten” para ocupar y defender lor terrenos amenazados por el proyecto de construcción del tercer aeropuerto más grande de Francia. Por cierto, Silvia Moreno Parrado traduce Zone à Defendre como "Zona por defender".
 
Manuel Rivas se inspira en las ZAD para reivindicar una actitud y una práctica  que, sobre la base de la "decencia común" orwelliana (para profundizar en la relevancia de este concepto en el pensamiento de Orwell: Jeffrey Meyers, ed., George Orwell: The Critical Heritage, Taylor & Francis e-Library, 2002; Bruce Bégout, Sobre la decencia común, Marbot Ediciones, 2010, traducción de Elisenda Julibert) y la "esperanza indócil", multiplique las zonas a defender, hasta convertir al conjunto del planeta en una ZAD defendida frente a un "capitalismo impaciente [que] no contemple la hipótesis del freno".

El resultado es un ensayo luminoso, resistente, activador, que propone un "Manifiesto Mayday" que nos saque del letargo para construir "una internacional de las conciencias indóciles que ya no dejará dormir a las conciencias tranquilas".

 

domingo, 23 de mayo de 2021

Vuelteando por Alonsotegi: Sasiburu, Tellitu, Arroletza y Ganeroitz

La niebla cubría la cordillera de Sasiburu a las 8:00, cuando me he puesto en camino. Pero luego el día ha levantado. Una vuelta muy repetida, pero que no me cansa, Para alargarla, hoy ha tenido un poquito de revuelta, hasta completar 19 kilómetros y medio.



 
 

 

Hacia Sasiburu, primer pico de la mañana.
 
 

 Sasiburu.
 
 Ahora hacia Arroletza, pasando por Tellitu.
 
 
 Alonsotegi.

Tellitu.
 
 Arroletza.
 
 
 Vuelta para atrás. Ahora, hacia Ganeroitz (el de la izquierda).
 
 
Ganeroitz.
En el buzón, una piedra pintada. Llevo tiempo escuchando hablar sobre esta actividad: mejor que buscar Pokemons. También por Alonsotegi se han distribuido piedras pintadas. Pero, ¿qué se hace cuando encuentras una? Tras la pertinente consulta con Naia, está claro: dejarla donde la has encontrado. Hecho.


Regreso a Zamundi y desde ahí hasta Alonsotegi. Con degustación de metras.


 

jueves, 20 de mayo de 2021

La montaña blanca

Robert Twigger
La montaña blanca. Viajes reales e imaginarios por el Himalaya
Traducción de David Paradela
Península, 2019
 
"Apaguemos el teléfono, alejémonos de la multitud, dejemos el iPad y el GPS en casa y salgamos a dar una vuelta solos por la montaña. De repente se nos presentan toda suerte de impresiones extrañas: destellos de miedo, pero también de maravilla, de humildad ante la inmensidad de las montañas, de profundo placer al ver una flor entre la nieve y, un momento, ¿es posible que esa oveja tenga la cola azul? Aceptar que el yeti pueda ser real significa que poseemos su concepto, que nuestra vista está más alerta y que, quizá por eso mismo, empezamos a ver cosas. ¿A quién no le ha parecido, estando en la montaña, ver algo sin estar seguro de qué es: un hombre, un animal, una roca?".
 
 
Las apenas 490 páginas de este libro conforman una especie de "Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el Himalaya pero... ni siquiera era consciente de que podía interesarle". Su autor, poeta y aventurero, explorador psicogeográfico, practica el détournement ("... que podría traducirse por 'desvío', en el sentido de tomar una idea o una imagen que tiene un uso oficial y retorcerla para que encaje con otros fines que, a nuestro juicio, son más verdaderos") y la deriva ("'Deriva' significa deambular, dar vueltas, caminar sin rumbo, generalmente por una ciudad"), al modo de los flanêurs y las flâneuses que a finales del XIX deambulaban sin rumbo por las grandes ciudades europeas, dejándose sorprender  por el dinamismo imprevisible de la vida urbana.

El resultado es un libro-río o, mejor, un libro-cordillera, donde encajan y habitan la historia y la fisiología, la ciencia y la espiritualidad, la política y la geografía, el Dalai Lama, el yeti y Mallory. Un texto lleno de sorpresas, excelentemente escrito, cuya lectura nos depara horas de disfrute.

domingo, 16 de mayo de 2021

La época de las pasiones tristes

François Dubet
La época de las pasiones tristes
Traducción de Horacio Pons
Siglo XXI, 2020 

"Hay que intentar comprender por qué la ira contra las desigualdades se transforma en expresiones de resentimiento y en indignaciones, que en su mayoría no desembocan en acción organizada alguna, tampoco en programas".


En efecto, este libro analiza las causas del auge actual de los populismos, un género en sí mismo. Sorprende, por ello, que la editorial haya decidido eliminar el subtítulo del original en francés: Inégalités et populisme
 
El debilitamiento de la cuestión social, que a lo largo de los siglos XIX y buena parte del XX sirvió como marco para artícular las luchas del movimiento obrero e impulsar las políticas que conformaron los Estados de bienestar tras la II Guerra Mundial, ha dado paso a un nuevo régimen de desigualdades que ya no se construye y experimenta a partir de la categoría de clase sino que "se difracta en una sumatoria de pruebas individuales y sufrimientos íntimos que nos llenan de ira y nos indignan, sin que de momento tengan otra expresión política que el populismo". Las desigualdades se multiplican a medida que se multiplican las identificaciones que dan sentido a experiencias personales y grupales de exclusión, maltrato y sufrimiento de imposible integración.

Surge así un "régimen de desigualdades múltiples [que] individualiza la experiencia e las desigualdades sociales", construidas menos sobre la base de condiciones objetivas que sobre representaciones subjetivas y marcos morales. El problema político es que "iguales y desiguales 'en calidad de', los individuos sienten la tentación de compararse con quienes están más cerca de ellos", lo que puede dar lugar a una multiplicación de las luchas sociales, pero no de ninguna manera contribuye a su agregación; de modo que, por ejemplo, hay trabajadores que "en calidad de" autóctonos se comparan con y se enfrentan a otros trabajadores definidos como extranjeros. De esta comparación se deriva (Dubet conoce bien el caso francés) un resentimiento generalizado que transforma la cuestión social en una cuestión nacional y moral, terreno abonado para el crecimiento de esos "bancos de ira" que son los partidos populistas.

Escribiendo desde una perspectiva progresista, Dubet no ofrece medidas concretas para que las izquierdas progresistas, paradojicamente las más afectadas por la ola de indignación que afecta al mundo desde 2008, logren recuperar su posición política y navegar con éxito este momento populista; pero sí ofrece una recomendación que la izquierda debería recoger y operacionalizar en términos de política práctica: "Dado que la izquierda no es hoy la mejor banca de la ira, debería ser la de la responsabilidad y la esperanza"

Me ha alegrado comprobar que en este libro Dubet, uno de los sociólogos actuales de los que más aprendo, coincide en lo fundamental con lo que planteamos en 2019 en el capítulo 5 del VIII Informe Foessa.