jueves, 17 de octubre de 2013

Canadá, de Richard Ford


Canadá - Portada

Dos breves fragmentos de la última novela de Richard Ford nos permiten, creo, captar el tono de una historia tan sencilla como profunda y hermosa:

"La vida se nos da vacía. Tenemos que inventar la parte feliz".

"No siempre vamos a sitios. A veces acabamos en ellos".

No me extraña que la decisión de abrir a partir del año que viene a narradoras y narradores estadounidenses el Premio Booker, reservado hasta ahora a obras escritas en inglés publicadas en Gran Bretaña por autores con pasaporte británico, irlandés, de algún país de la Commonwealth o de Zimbabue, haya generado inquietud. Como ha dicho John Banville, ganador del Booker en 2005: “Es una tontería que el premio no esté abierto a todos. Pero que Dios nos ayude a nosotros, porque la ficción estadounidense es muy, muy buena”.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Romper en caso de mafia

Anteayer me acostaba alucinando con la historia trapacera de los falsos paralímpicos de Sidney 2000, y ayer la dosis diaria de cabreo me llegó con la noticia de la detención, en una nueva operación vinculada con el caso ERE, de un alto cargo de la Diputación de Sevilla, del secretario provincial de UGT de Cádiz, de los exsecretarios de Desarrollo Industrial y de la Federación de Industrias Textil-Piel, Químicas y Afines de CCOO en Andalucía, de dos sindicalistas de CCOO en Córdoba y de varios empresarios. No me satisface en absoluto el planteamiento al respecto del secretario general de UGT, Cándido Méndez, "Si ha habido algún error, lo reconocerán y lo corregirán", ha dicho, mostrando su confianza en "que, en general, las cosas se han hecho de manera correcta". En cuanto a la posición de CCOO, espero que esta no se quede sólo en lo dicho en abril, ya que a día de hoy resultaría absolutamente insuficiente.

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Y hoy sale lo de la infanta Cristina y sus tejemanejes con los dineros de esa estafa que se llama Aizoon.
Si: es urgente abrir un proceso (re)constituyente que airee y limpie el conjunto del sistema político español.

domingo, 6 de octubre de 2013

El retroceso democrático de Europa

Según señala Le Goff en su ensayo La vieja Europa y el mundo moderno, Europa ha sido siempre un espacio humano no limitado por su geografía –desde esta perspectiva no deja de ser “más que la punta del inmenso continente asiático”-, construido mediante “la mezcla étnica que resulta de la creación de la Cristiandad y de los reinos cris­tianos: a los celtas germanos, galo-romanos, an­glo-romanos, ítalo-romanos, ibero-romanos y judíos se mezclaron normandos, eslavos, hún­garos y árabes mediante aculturaciones que anuncian lo que será una Europa abierta a las olas de inmigración: una Europa de la diversi­dad cultural y del mestizaje”. Aunque protagonista a lo largo de su historia de muchas y buenas cosas, en demasiadas ocasiones, también en épocas no muy lejanas, Europa puede sacar lo peor de sí misma, haciendo aparecer esa “Europa negra” sobre la que escribe Mark Mazower: antiliberal, nacionalista y autoritaria. Este es uno de esos momentos.

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viernes, 4 de octubre de 2013

El muro de agua (perdón por repetirme)

Conmocionado por la tragedia de Lampedusa, recupero un artículo que publiqué en EL PAÍS del País Vasco el 21 de agosto de 2001. Pido perdón por repetirme, pero me temo que en realidad son la historia y la inhumanidad las que se repiten.

El muro de agua

En la madrugada del 13 de agosto de 1961 se inició la construcción del Muro de Berlín. Era de madrugada cuando alguien puso la primera piedra de lo que con el tiempo sería conocido, entre otros calificativos, como el muro de la vergüenza. Un muro que dividió Alemania, sí, pero también Europa y, más aún, el mundo en su totalidad. Eran los tiempos del eje Este-Oeste, tiempos de guerra fría por aquí arriba y de guerras calientes por allí abajo (guerras de baja intensidad como las denominaron estrategas de por aquí, ya que los muertos los ponían los de allí). Veintiocho años de muro dejaron un total de 267 muertos directos, asesinados cuando buscaban la manera de atravesarlo. Muertos llorados y recordados, como es de ley. Víctimas del totalitarismo, elevados contra su voluntad a mártires de la democracia. En fín, víctimas.
Pero ya fue derribado el muro que dividía Europa y con su caída, parece, se acabaron los tiempos de la vergüenza. Sin embargo la división persiste; una división que, acaso, estrategas de por aquí consideren, siguiendo la costumbre, de baja intensidad: al fin y al cabo, los muertos siguen poniéndolos los de allí. Y es que un nuevo muro de la vergüenza se alza en nuestros días, un muro de agua y de indiferencia que divide Norte y Sur.
La preocupación ética, entendida como preocupación por las consecuencias que nuestras acciones tienen sobre otras personas, es un fenómeno que tiene que ver con la aceptación de esas otras personas como legítimos otros para la convivencia. Pero la preocupación ética nunca va más allá de la comunidad de aceptación mutua en que surge. La mirada ética no alcanza más allá del borde del mundo social en que surge. Por eso las fronteras nacionales son, sobre todo, fronteras éticas. El 2 de agosto de 1999 fueron descubiertos en el tren de aterrizaje de un avión belga los cadáveres de dos niños guineanos. Se llamaban Yaguine Koita y Fodé Tounkara. Sólo querían encontrar en Europa aquello que en África no encontraban: educación, alimento. Entre sus ropas se encontró una carta en la que suplicaban ayuda apelando, sobre todo, "al amor que tienen ustedes por sus hijos a los que aman para toda la vida". No sospechaban que ese amor incondicionado se agota en los nuestros, y ellos son (eran) los otros.
Escribían Quintanilla y Vargas-Machuca en esa contribución a la autodefenestración del socialismo español que fue La utopía racional: "El socialismo del futuro no debe esperar nada de los profetas ni exigir de nadie que esté dispuesto a dar su vida por los demás. Más bien habrá que dedicar todos los esfuerzos a descubrir los procedimientos más eficaces para esa ingeniería de la igualdad que constituye el núcleo de la utopía socialista". Ciertamente, eso de dar la vida por los demás suena muy fuerte, y probablemente sea cierto que se trata de una exigencia extraordinaria y excepcional. Pero lo terrible no es que seamos reacios a dar nuestra vida; lo terrible es lo mucho que nos resistimos a introducir en ella los cambios necesarios para que todas las personas puedan disfrutar de lo imprescindible para llevar una vida humana.
Lo terrible es que pensemos que es posible seguir manteniendo nuestra propia humanidad cuando vivimos comodamente instalados en la parte buena de Auschwitz, en la parte de los salvados, contemplando al otro lado de la alambrada la lenta agonía de los hundidos. Lo terrible es que nos empeñemos en ennoblecer aquello que Primo Levi descubriera horrorizado en los campos de exterminio nazis: "Ofrézcase a algunos individuos en estado de esclavitud una posición privilegiada, cierta comodidad y una buena probabilidad de sobrevivir, exigiéndoles a cambio la traición a la solidaridad natural con sus compañeros, y seguro que habrá quien acepte".
Tengo sobre mi escritorio un trozo de hormigón pintado procedente del Muro de Berlín que me trajo mi amigo Carlos. Tengo también un trozo de madera que arranqué yo mismo de una patera destrozada en Tarifa. Más dura es el agua...

domingo, 29 de septiembre de 2013

I´m basque... and a lot of things more

Es vascohablante, pero no sólo vascohablante. Es varón. Y sol­tero sin intención de casarse. Alto, chato. Es heterosexual, y no lo avergüenza reconocer que en sus tiempos de estudiante mantuvo relaciones homosexuales con un amigo íntimo. Dice que le gustan las chicas normales, pero despliega una especial habilidad para ligar con las más sofisticadas. No concede gran importancia al hecho de comer, no es uno de esos refinados gastrónomos. Prefiere la cerveza al vino. Domina tres idiomas, y es capaz de defenderse en otros dos. Su grupo sanguíneo figura en su carné de identidad, pero no recuerda cuál es. Realizó sus primeros estudios en un colegio religioso y en castellano. Es agnóstico. Apenas se relaciona con sus padres: cumple con ellos en las festividades señaladas. Cursó la carrera de psicología, pero trabaja en una empresa de importa­ción. Es un analfabeto absoluto en cuestiones científicas y técnicas. Durante un par de años jugó sumas considerables en la bolsa, y con los beneficios se compró una furgoneta, para practicar el surf en verano y el esquí en invierno. La crisis lo ha disuadido de jugar en la bolsa, y no conserva más que unas cuantas acciones y ciertos seguros. Ideológicamente, es de izquierda moderada, pero su vida cotidiana es idéntica a la de un burgués de derechas. Está pagando una hipoteca. La empresa lo envía a menudo al extranjero, y los aeropuertos le resultan muy familiares. No le gusta la televisión, pasa sus horas libres solitarias en Internet y oyendo música. Su amigo más estable es el ordenador portátil. Es muy aficionado al flamenco y adora a Mayte Martín. El cine de hoy no lo atrae de­masiado, pero sí el clásico. Su voto no es fijo, sino cambiante según la situación. Sabe que la política es necesaria, pero no la sigue, no le gusta. Vive los problemas del País Vasco a veces como un buen ciudadano, a veces con incomodidad, a veces con gran enojo; vive la relación con España a veces como un buen ciudadano, a veces con incomodidad, a veces con gran enojo. Odia la violencia, pero no tanto como para manifestarse en público contra ella. Preocupado por la vertiginosa autodestrucción del mundo, paga la cuota de una organización ecologista, pero no participa en las actividades que ésta organiza. Lee Marca, es hincha del Athletic de Bilbao, se alegra con los triunfos de la selección española. No le gusta el versolarismo, apenas sabe jugar al mus. De niño quisieron que aprendiera a tocar el chistu, y desde entonces odia tanto el instrumento como su penetrante sonido...
Etcétera.
Es vascohablante. Además de vascohablante, es muchas otras cosas más.

Cabe formular lo mismo de otra manera: es vascohablante, pero lo que lo hace único, individuo, es todo lo demás que es además de vascohablante.

Anjel Lertxundi. Vida y otras dudas. Alberdania, Irún 2010, pp. 237-238

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Vuelve el Antiguo Régimen

Leo en la página 2 de EL PAÍS un titular que dice: "Holanda considera inviable el bienestar". El artículo así titulado se hace eco del discurso pronunciado por el recién estrenado rey Guillermo de Holanda con ocasión de la apertura oficial del año parlamentario. En su discurso, el monarca holandés afirma que "el clásico Estado del bienestar de la segunda mitad del siglo XX ha producido sistemas que en su forma actual ni son sostenibles ni están adaptados a las expectativas de los ciudadanos” y ha anunciado su sustitución "por una sociedad participativa”. Todo eso, faltaría más, por el bien de la ciudadanía holandesa, ya que lo que la gente realmente quiere es "decidir por sí misma, organizar su vida y cuidar unos de otros”. ¿Solas y solos ante el peligro?

No sé por dónde va el pensamiento del tal Guillermo, si tiene ideas propias y cuáles son estas. El día de su entronización ya dijo algunas cosas que podrían tener cierta relación con esto que ahora dice sobre la "sociedad participativa". Dijo entonces:  “Quiero alentar al pueblo a utilizar activamente los recursos con que cuenta. Por muy diversos que sean nuestros sueños y convicciones, cualquiera que sea la cuna en que nacimos, en el reino de los Países Bajos todos pueden hacer oír su voz en pie de igualdad”. Bueno... El caso es que, siendo ya rey, a Guillermo le ocurre lo que a cualquier rey constitucional: que cuando se pronuncia como jefe de Estado no es otra cosa que un muñeco en manos y en voz de un ventrilocuo que es el Gobierno de turno. Por eso, quien ha dicho que el Estado de bienestar holandés "no es sostenible" ha sido el gobierno de ese país; un gobierno de coalición formado por liberales y socialdemócratas. Sí, socialdemócratas: ¿todavía nos asombramos por la crisis terminal de la socialdemocracia en Europa?

Pero esto de la "sociedad participativa" como alternativa al Estado de bienestar ya lo propuso Anthony Giddens en 1998 con su idea del Estado social inversor (en La tercera vía, Taurus, Madrid 1999, cap. 4). Y a pesar de las cautelas planteadas por el ideólogo de cabecera de Blair -señalando, por ejemplo, que "reducir prestaciones para forzar a los individuos al trabajo les empuja a mercados de trabajo precario ya saturados"-, ya sabemos en qué quedó todo aquello de la tercera vía: en una vía más para que la ideología neoliberal penetrará en las instituciones políticas y en la cultura social europeas.
La política de apaciguamiento no funciona ni con los nazis ni con los plutócratas. Recordemos de nuevo  a Lakoff: "Los conservadores están tomando la iniciativa política y transmitiendo sus ideas. Cuando los progresistas reaccionamos, retomamos los valores y marcos conservadores, y no sólo no hacemos oír nuestro mensaje, sino que, peor aún, reforzamos las ideas conservadoras"¿Hay alguien ahí? ¿Queda algún socialdemócrata en la política europea?


Guillermo de Holanda repitió solemnemente lo que le había escrito el gobierno socialdemócrataliberal después de recorrer el camino entre su palacio y el parlamento en una carroza dorada, rodeado de toda la pompa y circunstancia que suele asociarse a esta cosa tan moderna, sostenible y adecuada a las necesidades de los ciudadanos que es la monarquía. Lo preocupante no es que un rey no sea consciente de la contradicción que supone proclamar la muerte de la solidaridad institucionalizada al tiempo que reivindica la monarquía como un "un símbolo de continuidad y de unidad [que] representa un vínculo directo con nuestro pasado como nación (…) y en la historia encontramos los cimientos de los valores que compartimos”. Qué va a decir él. Lo insoportable es que la muerte del Estado de bienestar la certifiquen con alegría personas cuya única obligación es trabajar por la materialización de los auténticos valores que construyen comunidad, y que no son ni la historia ni la monarquía, sino la igualdad ciudadana, la libertad frente a la miseria y la penuria, y la solidaridad.
De lo de Rato hablaremos otro día. Es otro indicador de ese Antiguo Régimen de privilegios e injusticias que ya está aquí.