Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
sábado, 6 de enero de 2018
Cuando la calle era nuestra
Luchas obreras, vecinales, estudiantiles, feministas… Todas ellas reflejadas en las fotografías seleccionadas del fondo documental de la Transición en Euskadi del fotógrafo bilbaíno Mikel Alonso, y del Archivo Municipal de Bilbao de la Gaceta del Norte, con textos de Gaizka Fernández, Soldevilla, Antonio Rivera, Santiago Burutxaga y la coordinación de Mikel Toral.
miércoles, 3 de enero de 2018
Encuentro mañanero con un zorro
"Y en ese zorro, en su mirada hay algo más que una súplica. Me está mostrando algo, me está dando algo que aunque no quiera debe entregarme...".
Joseph Smith, El lobo, Debolsillo, 2010 (Traducción de Cruz Rodríguez Juiz).
Me he encontrado con este zorro cuando apenas empezaba a amanecer. Luego, la montaña ha seguido regalándome bellos encuentros...
martes, 2 de enero de 2018
Los árboles y los toraya
Cerca de un pueblo toraya situado en un claro, me mostraron un árbol peculiar. Imponente y majestuoso, se alza en una pendiente del bosque, a unos cientos de metros de las casas. Es una sepultura reservada a los niños de muy corta edad, fallecidos durante los primeros meses de vida. En el tronco del árbol se excava un hoyo. En su interior se deposita el pequeño cadáver envuelto en una sábana. El sepulcro leñoso se cierra con un entramado de ramas y tela. Lentamente, con el paso de los años, la madera del árbol vuelve a cerrarse y guarda el cuerpo del niño en su propio y enorme cuerpo, bajo su corteza soldada de nuevo. Comienza entonces el viaje que lo elevará poco a poco al cielo, al pausado ritmo del crecimiento del árbol.
Nosotros enterramos a nuestros muertos. O los quemamos. Nunca se nos habría ocurrido confiárselos a los árboles, aunque no nos falta bosques ni imaginación. Pero nuestras creencias se han vuelto vacías, carentes de eco. Perpetuamos rituales que a la mayoría nos costaría mucho explicar. Nuestro mundo vive de espaldas a la muerte. Los toraya la han convertido en el centro del suyo. ¿Quién tiene razón?
Lo pensaba esta mañana, mientras caminaba bajo la lluvia por el bosque hibernante.
Nosotros enterramos a nuestros muertos. O los quemamos. Nunca se nos habría ocurrido confiárselos a los árboles, aunque no nos falta bosques ni imaginación. Pero nuestras creencias se han vuelto vacías, carentes de eco. Perpetuamos rituales que a la mayoría nos costaría mucho explicar. Nuestro mundo vive de espaldas a la muerte. Los toraya la han convertido en el centro del suyo. ¿Quién tiene razón?
Philippe Claudel, Bajo el árbol de los toraya, Salamandra, 2017
[Traducción de José Antonio Soriano Marco].
Lo pensaba esta mañana, mientras caminaba bajo la lluvia por el bosque hibernante.
jueves, 28 de diciembre de 2017
Alpinismo y filosofia, según Claudel
Estoy terminando de leer el último libro de Philippe Claudel, Bajo el árbol de los Toraya (Salamandra, 2017). Una hermosísima reflexión sobre la vida y la muerte, y cómo vivir (sí, vivir) plenamente ambas experiencias, que en realidad son dos dimensiones de una misma experiencia.
Volveré sobre este libro en otros comentarios. Sus páginas sobre la enfermedad y, en concreto, sobre el cáncer, me han tocado muy hondo: este ha sido un año en el que el cáncer ha estado muy presente.
Pero ahora quiero detenerme en una faceta de Claudel que desconocía: su relación con la montaña y con el alpinismo, sobre las que escribe cosas como esta:
El alpinismo no sólo es un deporte, es un deseo de medir la disparidad de las proporciones, tanto espaciales como temporales. [...] Allí abajo, allí arriba, no somos nada. Y nuestros esfuerzos por hacernos la ilusión de que por un breve instante somos los dueños del lugar, con el pretexto de que hemos abierto una vía y alcanzado una cima, dejan indiferentes a las inmensas masas de hielo y piedra ante las que nuestros cuerpos sufren, nuestros dedos se despellejan, nuestros labios se agrietan y nuestros ojos arden.
El alpinismo es una dura lección de filosofía. Siempre he creído que en esos territorios, en relidad "inhumanos", pueden experimentarse en toda su plenitud los sentimientos "humanos" que sostienen y justifican nuestras vidas, milagrosamente liberados del burdo lastre con que los carga el mundo.
Esta mañana, mientras caminaba con dificultad entre la nieve blanda, he pensado en ello.
Volveré sobre este libro en otros comentarios. Sus páginas sobre la enfermedad y, en concreto, sobre el cáncer, me han tocado muy hondo: este ha sido un año en el que el cáncer ha estado muy presente.
Pero ahora quiero detenerme en una faceta de Claudel que desconocía: su relación con la montaña y con el alpinismo, sobre las que escribe cosas como esta:
El alpinismo no sólo es un deporte, es un deseo de medir la disparidad de las proporciones, tanto espaciales como temporales. [...] Allí abajo, allí arriba, no somos nada. Y nuestros esfuerzos por hacernos la ilusión de que por un breve instante somos los dueños del lugar, con el pretexto de que hemos abierto una vía y alcanzado una cima, dejan indiferentes a las inmensas masas de hielo y piedra ante las que nuestros cuerpos sufren, nuestros dedos se despellejan, nuestros labios se agrietan y nuestros ojos arden.
El alpinismo es una dura lección de filosofía. Siempre he creído que en esos territorios, en relidad "inhumanos", pueden experimentarse en toda su plenitud los sentimientos "humanos" que sostienen y justifican nuestras vidas, milagrosamente liberados del burdo lastre con que los carga el mundo.
Esta mañana, mientras caminaba con dificultad entre la nieve blanda, he pensado en ello.
domingo, 24 de diciembre de 2017
Fallo de sistema
No podía resultar otra cosa. No me refiero a los detalles: dos escaños arriba o abajo, el aumento en la participación, o la quiebra entre la Cataluña interior, aplastantemente soberanista, y la costa urbanizada. Si de lo que se trata es de diagnosticar la realidad, estas elecciones no han hecho sino confirmar lo que ya sabíamos.
Si el unionismo sin matices ni cautelas (¡Todo por la patria!) es la esencia del nacionalismo, tras las elecciones resulta más que evidente la falacia de los dos bloques enfrentados. Bloque no hay más que uno, el que agrupa bajo la estelada desde 'anticapis' a burgueses pata negra. Si Seguí o Pestaña levantaran la cabeza. El resto, el mal llamado “bloque del 155”, no suma; pero no ya aritméticamente (que tampoco), sino políticamente. Y esto, que es una desgracia a la hora de gobernar, es una bendición desde la perspectiva de la pluralidad constitutiva de una sociedad compleja como es la catalana.
Si el unionismo sin matices ni cautelas (¡Todo por la patria!) es la esencia del nacionalismo, tras las elecciones resulta más que evidente la falacia de los dos bloques enfrentados. Bloque no hay más que uno, el que agrupa bajo la estelada desde 'anticapis' a burgueses pata negra. Si Seguí o Pestaña levantaran la cabeza. El resto, el mal llamado “bloque del 155”, no suma; pero no ya aritméticamente (que tampoco), sino políticamente. Y esto, que es una desgracia a la hora de gobernar, es una bendición desde la perspectiva de la pluralidad constitutiva de una sociedad compleja como es la catalana.
Así y todo, los partidos abiertamente independentistas han obtenido apenas 175.000 votos más que los que defienden expresamente el mantenimiento de Cataluña en España. Una cifra ínfima, que aún se reduce más si tenemos en cuenta los 10.000 sufragios obtenidos por Recortes Cero, que durante la campaña se ha mostrado abiertamente contraria al proceso soberanista. No sé lo que al respecto planteaba el PACMA (38.500). Pero rascando votos de aquí y de allá, siempre con la incógnita ya insostenible de los Comunes, llegaríamos a donde estábamos: al empate entre identidades y proyectos de futuro. Donde ya estábamos, insisto. Y donde vamos a seguir estando. Si acaso, lo que estas elecciones han certificado es que Cataluña es un (proyecto de) Estado fallido. Un país en el que una de cada cuatro personas de las que han votado lo han hecho por una fuerza tachada de extranjera, anticatalana o directamente fascista…, pues ya me dirán. Una cosa es pensar que en una Cataluña independiente tan sólo habría que considerar la posible secesión en cadena del hermoso pero diminuto Valle de Arán, y otra muy distinta es comprobar la desafección 'procesista' de Barcelona, Tarragona, Lleida, L’Hospitalet, Badalona, Mataró… Esto se empieza a parecer sospechosamente a una carlistada.
¿Cabe deducir algo positivo de esta constatación de la imposibilidad sociohistórica de la construcción de un Estado nación catalán? Bueno, mejor tomar conciencia de ello en fase de proyecto que una vez metidos en el lío de intentar realizarlo. A partir de aquí, la cuestión políticamente relevante es cómo plantear un autogobierno suficiente y eficiente, satisfactorio y solidario, en el marco de este Estado español (también en situación de fallo de sistema, como luego diremos). Pero aquí es donde las cosas se tuercen, o no se enderezan, que torcidas ya estaban.
Desde Bruselas, Puigdemont se empeña en seguir proclamando sandeces como esta de que "La república catalana ha ganado a la monarquía del 155". Ni hay república catalana, ni hay monarquía del 155. Lo que único que ha ganado es el personalísimo proyecto de Puigdemont frente a la apuesta de Junqueras por liderar el campo soberanista. El 'turilio' (mezcla de turismo y exilio) ha derrotado a la prisión. La sombra de Tarradellas -"Ciutadans de Catalunya: Ja sóc aquí"- es muy alargada.
Convertido en president de opereta (¡qué personaje si lo pillara Hergé para una de sus historias!), un cada vez más paródico Puigdemont se ha soltado definitivamente el pelo y, convencido de que "La independencia gana de manera rotunda”, considera que “Rajoy, el Ibex, el entorno mediático y Europa deben tomar nota" y emplaza al presidente del Gobierno a reunirse fuera de España. Recuerdo otra vez eso que escribe Sánchez Ferlosio en Campo de retamas: "El fascismo consiste sobre todo en no limitarse a hacer política y pretender hacer historia".
Convertido en president de opereta (¡qué personaje si lo pillara Hergé para una de sus historias!), un cada vez más paródico Puigdemont se ha soltado definitivamente el pelo y, convencido de que "La independencia gana de manera rotunda”, considera que “Rajoy, el Ibex, el entorno mediático y Europa deben tomar nota" y emplaza al presidente del Gobierno a reunirse fuera de España. Recuerdo otra vez eso que escribe Sánchez Ferlosio en Campo de retamas: "El fascismo consiste sobre todo en no limitarse a hacer política y pretender hacer historia".
Pero si Cataluña es un (proyecto de) Estado fallido, España es un Estado nación que está fallando gravemente a la hora de afrontar su realidad plurinacional. El PP de Albiol se ve reducido a su mínima expresión en Cataluña (mira, esta sí es una consecuencia muy positiva del procés), pero son los dos grandes partidos estatales los que experimentan cada vez más dificultades para ubicarse electoral y políticamente en Euskadi y en Cataluña.
¿La salida? Tendrá que ser un referéndum pactado. Pero no de entrada, planteado en el horizonte de unos pocos meses, sino como salida de un proceso de deliberación, de una conversación profunda que ya debía haberse iniciado hace mucho tiempo. Conversación que sólo podrá plantearse si, como se indica en el preámbulo de la Clarity Act del Tribunal Supremo de Canadá a propósito de la secesión de Québec:
a) Los partidarios de la secesión reconocen y aceptan que “no existe el derecho de efectuar una secesión unilateral por parte de la Asamblea Nacional o el Gobierno de Quebec, ni bajo el derecho internacional ni la Constitución de Canadá”.
b) Los defensores de la integridad del Estado reconocen y aceptan que “el gobierno de cualquier provincia de Canadá tiene derecho a consultar a su población mediante referendo sobre cualquier asunto, y puede elegir la formulación de la pregunta”, y que si el resultado de la consulta es claro “tanto en términos de la pregunta empleada como del apoyo que recibe […] tal resultado ha de ser tenido en cuenta como expresión de la voluntad democrática que conllevaría la obligación de entrar en negociaciones que podrían conducir a la secesión”.
a) Los partidarios de la secesión reconocen y aceptan que “no existe el derecho de efectuar una secesión unilateral por parte de la Asamblea Nacional o el Gobierno de Quebec, ni bajo el derecho internacional ni la Constitución de Canadá”.
b) Los defensores de la integridad del Estado reconocen y aceptan que “el gobierno de cualquier provincia de Canadá tiene derecho a consultar a su población mediante referendo sobre cualquier asunto, y puede elegir la formulación de la pregunta”, y que si el resultado de la consulta es claro “tanto en términos de la pregunta empleada como del apoyo que recibe […] tal resultado ha de ser tenido en cuenta como expresión de la voluntad democrática que conllevaría la obligación de entrar en negociaciones que podrían conducir a la secesión”.
El momento para iniciar en serio esa conversación es ahora. Es verdad que los procesos judiciales en marcha no ayudan. Pero tampoco son el principal inconveniente.
martes, 19 de diciembre de 2017
Otros caminos
Ya están disponibles los cuadernillos resultado del Seminario de reflexión promovido por ALBOAN entre febrero 2016 y febrero 2017, en el que un grupo de 20 personas de diferentes ámbitos (social, universitario, empresas y administración pública) hemos dialogado sobre procesos sociales de cambio que se están dando en la actualidad y de qué manera pueden contribuir a la transformación de la lógica económica generadora de injusticias y desigualdades.
Versión en castellano: https://www.alboan.org/es/multimedia/publicaciones/investigaciones
Lo alternativo: el futuro común deseable y posible
Versión en euskera: https://www.alboan.org/eu/multimedia/publicaciones/investigaciones
domingo, 17 de diciembre de 2017
¿Neutralidad en la red?
Fuente: http://kaosenlared.net/olvidarse-internet-tal-lo-conocimos-ya-no-sera-servicio-publico-libre-e-igual-acceso/
Mucho estaban tardando.
[2] Leo en EL MUNDO: "En la Unión Europea, la neutralidad de la Red está garantizada por ley, lo que significa que el acceso a internet es un servicio público que no puede ser alterado en función de criterios empresariales". Pues ya podemos ir preparándonos. No será porque en la UE otros servicios públicos no hayan sido "alterados en función de criterios empresariales".
El artículo termina así: "la decisión es un golpe a la innovación en intenet y un intento de proteger a las viejas productoras de contenido - sobre todo en cine y televisión - y a las telefónicas, que han visto sus ingresos estancarse desde la transición del fijo al móvil, primero, y del móvil al smartphone, después. Es, así pues, una apuesta por 'la vieja economía'". Que no, que no es la vieja economía. Que es la economía de siempre, la de antes y la de ahora
[3] En 2011 se hacía público un manifiesto POR LOS DERECHOS CIVILES, LA UNIVERSALIDAD Y NEUTRALIDAD DE LA RED, en el que podemos leer lo siguiente: "La sanidad y la educación universal fueron las dos grandes conquistas sociales del siglo XX. Hoy, la incorporación de la tecnología es esencial para que esa universalidad sea efectiva". No creo posible equiparar salud y educación con acceso a internet, pero la referencia a la universalidad nos ofrece la clave para comprender lo que está ocurriendo. Que no es otra cosa que el desmantelamiento de cualquier principio universalista y su sustitución por criterios de individualización. Lectura muy recomendable: Martin McKee y David Stuckler, Cómo destruir el Estado de Bienestar, Viento Sur, 30/08/2014. Tan sólo sustituye "servicios sanitarios" o "educación" por "acceso a internet".
[4] El artículo de EL DIARIO al que me he referido más arriba termina así: "El Internet que conocemos ya no volverá a ser el mismo. Al menos siempre nos quedará ese magnífico texto de Martin Niemöller que empieza diciendo eso de "primero vinieron a por los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista...".
Bien traído lo de Niemöller, pero mal aplicado:
- primero vinieron a por los derechos laborales, pero como yo no estaba empleado (o era precaria/o, o creativa/o, o emprendedora/o);
- después vinieron a por la educación pública, pero como yo soy de la concertada;
- luego vinieron a por la sanidad universal, pero como yo tengo seguro privado, o soy joven y tengo salud;
- más tarde vinieron a por las pensiones, pero como la vejez me pilla muy lejos;
- ahora han venido a por la red...
No dejaría de ser triste que sea sólo ahora, cuando el acceso a nuestras series favoritas se vea comprometido, cuando nos percatemos de lo que el capitalismo hace con todos los bienes socialmente producidos: privatizarlos. Pero algo es algo. Tal vez con la lucha por defender la neutralidad de la red sea posible fortalecer y extender otra lucha, más importante, por garantizar la efectiva universalidad de todos los derechos sociales. Desde la cuna hasta la tumba.
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