martes, 25 de junio de 2013

Crisis e inmigración

El Observatorio Vasco de Inmigración, Ikuspegi, acaba de hacer público su Barómetro 2012 sobre percepciones y actitudes hacia la inmigración extranjera. Los datos que han centrado la atención de los medios de comunicación han sido aquellos que abonan una idea que, en principio, puede parecer autoevidente: que la mayor o menor tolerancia social hacia la inmigración depende grandemente de la coyuntura económica, de manera que resulta “lógico” que en la actual coyuntura de crisis prolongada la sociedad vasca exprese opiniones sobre la inmigración cada vez más críticas. Así, entre 2011 y 2012 el porcentaje de vascos y vascas que defienden la expulsión de los inmigrantes que carezcan de permiso de residencia ha crecido desde el 8,8 hasta el 21,3%, al tiempo que ha disminuido sensiblemente el porcentaje de quienes creen que todos los inmigrantes, al margen de su situación legal, deberían tener derecho a la asistencia sanitaria (del 72,9 al 57,5%) o a la educación (del 71,1 al 52,8%). También ha disminuido el índice de tolerancia, del 57,17 al 53,62. Por decirlo a las claras: si hace un tiempo parecíamos ser una sociedad más tolerante era solo porque la crisis no había dejado sentir plenamente sus efectos en Euskadi.


Es esta una perspectiva que permite alimentar un discurso despreocupadamente optimista: si la asociación entre crisis y actitudes hacia la inmigración es tan evidente, cabe esperar que cuando pase la crisis se reducirán también las expresiones más evidentes de rechazo, intolerancia o incomprensión, volviendo la sociedad a posiciones anteriores a la crisis. Pero los riesgos que se derivan de un planteamiento así no pueden ignorarse. Evidentemente las crisis económicas ocurren, son cosas que nos pasan, situaciones que sufren las sociedades y que muchas veces resultan impredecibles, pero las sociedades afrontan y experimentan las situaciones de crisis de distinta manera en función de cómo se han ido construyendo antes y al margen de la crisis.

viernes, 21 de junio de 2013

Austericidio político


Evidentemente Alfredo Pérez Rubalcaba no puede permitirse el lujo de reproducir el admirable gesto de protesta contra el ministro Wert protagonizado por esos jóvenes excelentes que no venden su dignidad por un premio extraordinario. Pero, ¿qué sentido tiene prestarse a esa mascarada de pacto sobre la política europea que no modificará un ápice ni la estrategia austericida de la troika ni la política de desmontaje de lo público del PP? "A Europa rogando mientras en España seguimos recortando".
La justificación de Rubalcaba no puede ser más banal:
“Yo pedí la dimisión del presidente del Gobierno por el caso Bárcenas. Mi posición es esa. Y sigue siendo la misma. Pero la suya es distinta. Él cree que no que no tenía que irse. A partir de ahí hay dos opciones, o pasar la legislatura pidiendo el váyase señor Rajoy”, ha dicho Rubalcaba recordando el famoso váyase señor González de José María Aznar, “o buscar acuerdos en un asunto como el de Europa porque es importante para España”. Y ha remachado: “Yo he optado por lo segundo”.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Pues muy bien. Rodríguez Zapatero desjarretó al PSOE con aquel "cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste" de julio de 2010; ahora Pérez Rubalcaba se dispone a apuntillarlo.
Rubalcaba considera que un partido de gobierno como el PSOE debe dar pruebas de responsabilidad, sentido de Estado y voluntad de acuerdo. Sin duda, pero con algún límite: se trata, esencialmente, de virtudes secundarias. La socialdemocracia europea no deja de debatirse en la contradicción que enfrentó en 1982 a Helmut Schmidt y a Oskar Lafontaine. 
La práctica política de los partidos socialdemócratas muestra preocupantes síntomas de agotamiento; no han sabido actualizar la lucha por la igualdad en las nuevas condiciones históricas, particularmente cuando gobiernan, pero también cuando aspiran a gobernar. El ejemplo más reciente lo tenemos en el Laborismo, que anuncia su intención de “congelar el gasto social para ganar el centro político”. ¿No hemos aprendido nada de la etapa Blair-Schröder?
Con estos planteamiento el PSOE volverá a gobernar, claro que sí, pero con un apoyo ciudadano cada vez menor, impulsado más por el rechazo al PP que por la adhesión a su proyecto, y sobre todo, con un programa que no va a ser el suyo propio, sino uno tomado prestado de la derecha neoliberal.
Siempre me he situado en el espacio del realismo político, pero el recorte al que los dirigentes actuales del PSOE vienen sometiendo a la realidad y a sus potencialidades es demasiado severo.
Al igual que un exceso de austeridad económica frustra cualquier expectativa de crecimiento, un exceso de austeridad política frustra cualquier expectativa de transformación social. Y el reformismo pactista de Rubalcaba es un auténtico austericidio político.

viernes, 14 de junio de 2013

Lo insostenible es la desigualdad, no la igualdad

Según el Informe de Riqueza Global 2012 elaborado por Credit Suisse, el número de millonarios en España (quienes tienen más de un millón de dólares, más de 775.000 euros) crecerá un 110%, hasta alcanzar los 616.000 en 2017.

Según otro informe más reciente, realizado por Deloitte y Oxford Economics, la previsión es que el número de supermillonarios, aquellos que declaran unos ingresos superiores a los 20 millones de euros, se duplique prácticamente hasta 2020. Ese año habrá oficialmente en España, 20.000 super ricos. Según este estudio, España es actualmente el noveno país del mundo por número de millonarios, aquellos que declaran ingresar más de 1 millón de dólares al año, algo más de 700.000 euros, excluyendo la primera vivienda y los bienes consumibles. Por delante, aunque también con mucha más población, aparecen Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá y China.


¿Y cuál es la previsión para los próximos años? El informe concluye que habrá un crecimiento exponencial en las economías emergentes. Sus estimaciones son que en 2020 España sea superada en el ranking de millonarios por Canadá, Corea del Sur o Australia. Pero eso no quiere decir que haya menos ricos en España: habrá 600.000 más en los próximos nueve años que alcancen esos 700.000 euros.


"El número de millonarios pasará en el caso español de 1,02 millones en 2011 a 1,6 millones en 2020, lo que supone un crecimiento del 57%", asegura la consultora. Y el dato más significativo está en la parte alta de la tabla: "El número de personas que disponen de un patrimonio de más de 30 millones de dólares (algo más de 21 millones de euros) se incrementará un 84%, hasta un total de 20.000 grandes fortunas, casi el doble. Habrá asimismo 140.000 españoles que tendrán entre 5 y 30 millones de dólares (entre 3,5 y 21 millones de euros aproximadamente)". Evidentemente, el número se extiende conforme se baja en la tabla. Y aunque ya no se puede hablar de grandes fortunas, habrá 1,44 millones de personas con un patrimonio entre 1 y 5 millones de dólares (entre 700.000 y 3,5 millones de euros).

Un estudio del Congressional Budget Office señala que entre 1979 y 2007 se ha producido en Estados Unidos una drámatica concentración de la riqueza. Durante este periodo el 1 por ciento más rico ha visto aumentar su riqueza un 275 por ciento.





Nos encontramos ante la que Paul Krugman denomina en su libro de 2007 The Conscience of a Liberal, traducido al castellano con el título Después de Bush (Crítica, Barcelona 2008), la gran divergencia, una época iniciada a mediados de los Setenta caracterizada por el incemento constante de las desigualdades en Estados Unidos:
"Únicamente el 1 por 100 con mayores ingresos del país ha visto mejorar su situación económica desde ladécada de 1970 en mayor medida que en el periodo posterior a la segunda guerra mundial. No obstante, si seguimos ascendiendo por la escala de distribución de ingresos, podremos comprobar que las ganancias han resultado espectaculares. En efecto, el 0,10 por 100 con mayores ingresos ha visto como éstos se quintuplicaban desde 1973, y el 0,01 por 100 más rico lo es ahora hasta siete veces más que en aquel año".

Josep Fontana, autor de El futuro es un país extraño (Ediciones de Pasado y Presente, Barcelona 2013), libro de lectura obligatoria, hace su propia lectura de esta gran divergencia, que Thomas Piketty y Emmanuel Saez representan en el siguiente gráfico:

Krugman rechaza como explicación de esta divergencia razaones tales como el particular merecimiento de los super ricos, ya sea por au alta cualificación, productividad, o eficacia gestora. Las razones son otras bien distintas: "La gran divergencia en los ingresos obsevada desde la década de 1970 no representa sino el fenómeno inverso a la Gran Compresión. En efecto, en las décadas de 1930 y 1940 se crearon instituciones y se establecieron normas destinadas a frenar la desigualdad, normas cuya abolición a partir de la década de 1970 supondría un crecimiento de la desigualdad". Y, sobre todo, "los sueldos elevados se dispararon no como resultado de una creciente demanda de talento, sino porque una serie de factores provocaron la neutralización del sentimiento de indignación". Ya nos hemos referido a muchos de estos factores en otros comentarios.

Así las cosas, ¿cómo seguir abonando la falacia de la insostenibilidad del sistema público de igualdad? Lo insostenible es la desigualdad, no la igualdad. Para sostener los servicios sociales no hay querebajarlos y recortarlos; la solución a la crisis del Estado de bienestar se encuentra en la creación de empleo y en la fiscalidad. Guerra a los empresarios ladrilleros, clientelares, corruptores, vampiros de lo público (que son legión), a los gorrones evasores de sus responsabilidades cívicas y a los paraísos fiscales, que son infiernos sociales para la mayoría de la humanidad.
Guerra legal y guerra moral: no pasarles ni una. Que sientan el aliento de los inspectores de Hacienda en el cogote. Y que sientan, también, el desprecio de una sociedad que no quiere dejarse embaucar ni un minuto más con las gilipolleces del deportista/artista/emprendedor español-español-español cuya única casa está allí donde cuelga su sicav.

martes, 11 de junio de 2013

Alí Pepe y los 100 presuntos ladrones

Es un cuento popular, y como ocurre con todos los cuentos, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Empieza así:

El PP destinó 28 millones de euros en seis años a retribuciones de 100 dirigentes.
La lista la encabezan Luis Bárcenas y Mariano Rajoy, con más de un millón de euros brutos de salario cada uno en el periodo 2006-2011, según consta en las cuentas entregadas por el partido al juez Ruz.

Buena parte de los beneficiados cobraban ya un sueldo como parlamentarios, pese a lo cual recibieron remuneraciones prohibidas por la Ley Electoral.

Esto ocurría en un reino imaginario, donde la población sufría las consecuencias de una crisis profunda: millones de desempleados, recortes en sanidad y educación, deshaucios, imposibilidad para afrontar las tasas universitarias, problemas de alimentación, incertidumbre sobre el futuro de las pensiones...

No quiero estropearos el final, pero hay un momento particulamente bueno, cuando el protagonista descubre la fórmula mágica para poder acceder a la cueva de los sobresueldos: "¡Ábrete, Génova!"

lunes, 10 de junio de 2013

Plazara



La Kasba en Túnez, Tahrir en El Cairo, Sol en Madrid, Syntagma en Atenas, Zuccotti Park en Nueva York… Ahora es la plaza Taksim en Estambul la que toma el testigo de la revuelta cívica que, desde hace más de dos años, no deja de impugnar la falacia de “la única política posible” proclamada por todos los poderes institucionalizados, la del “se hace lo único que se puede y se debe” enarbolada por los tecnócratas cortesanos al servicio del capital. Más allá de sus diversos detonantes, en todos los casos la razón de fondo de las protestas es la misma: la lucha por la dignidad, la defensa de relaciones sociales alternativas frente al fundamentalismo que pretende reducir la complejidad de la vida social a una sola norma. Si en Turquía el simplificador y recortador de alternativas es el fundamentalismo religioso, en Europa quien cumple esa función es el fundamentalismo de mercado.



Publicado en el espacio Think Bask de eldiario.es (10/06/2013).

miércoles, 5 de junio de 2013

Ada

Acaban de comunicármelo: hace unas pocas horas ha fallecido Ada.
Esta mañana, en la tertulia de Radio Popular-Herri Irratia, Koldo mostraba su incomodidad por el hecho de que tras la brutal agresión sufrida por Ada, su rostro había aparecido profusamente en todos los medios de comunicación, contraviniendo cualquier principio de confidencialidad, anonimato o respeto a la intimidad. Entiendo su perspectiva y la valoro sobremanera, especialmente porque es la perspectiva de un profesional de la comunicación capaz de mirar críticamente a su profesión.
Pero yo decía esta mañana que la exhibición pública de la imagen de Ada -exhibición realizada por sus propias compañeras y compañeros, compatriotas o no, pero personas cercanas a ella- podía interpretarse, y así lo hacía yo, como un acto de reivindicación de la humanidad de Ada, de su personalidad completa, en absoluto reducible a la condición de inmigrante, mucho menos de prostituta, ni siquiera de víctima.
La foto más conocida de Ada, esa en la que aparece con una pose perfectamente estudiada, tan hermosa con su cuidado peinado, elegantemente vestida, es la imagen de una mujer joven plena de vida, con todo un futuro por delante, dispuesta a afrontarlo, con todo el derecho a vivirlo en plenitud,como cualquiera de nosotras, como cualquiera de nosotros.
Pero Ada se ha visto obligada a vivir en la vulnerabilidad más radical, en esa tierra de nadie que es la patria de quienes se ven privadas de sus derechos fundamentales por los nacionalismos de Estado y su discriminación entre ciudadanos y habitantes. Antes de ser asesinada ya había sido privada de su derecho a la salud, de su derecho al trabajo, de sus derechos políticos.
Sólo la cercanía de compañeras y amigos y la preocupación atenta y constante de organizaciones como Askabide han mantenido en pie esos mínimos de socialidad y empatía que nos vinculan como seres humanos.
Invisibilizada por ser prostituta, por ser negra, por ser mujer, por ser inmigrante, la exhibición pública de su imagen es, en mi opinón, un acto de afirmación de su auténtica condición: la de un ser humano cuyo derecho a tener derechos (Hannah Arendt) no debería haber sido violado de ninguna manera, ni con su asesinato -por supuesto- ni con su exclusión de la comunidad sociopolítica que conforma la ciudadanía bilbaína, vasca o española.



Como señala Étiene Balibar, Arendt desarrolla sus concepción de unos derechos humanos universales desligados de la siempre restrictiva ciudadanía nacional en el último capítulo de la segunda parte de los Orígenes del Totalitarismo, en el que aborda la "decadencia de la nación estado y el final de los derechos del hombre". En su reflexión,
Arendt desarrolla una tesis provocadora, aunque firmemente fundada en la observación de las trágicas consecuencias de las guerras imperialistas que conllevaron la aparición de masas de refugiados «sin Estado» y de seres humanos « superfluos». Todos esos seres humanos que -de alguna manera- parecen estar «de sobras», pero quienes siguen estando físicamente presentes en el espacio mundial, comparten el hecho de encontrarse tendencialmente privados de toda protección personal a causa de la destrucción o disolución de las comunidades políticas de las que formaban parte; más allá de los esfuerzos de los organismos internacionales -creados precisamente como tentativa de «repuesta» a esta situación sin precedente- y los cuales no dejan de estar permanentemente amenazados de eliminación.[Balibar]
¿Ya somos conscientes del riesgo terrible que se agazapa tras la mirada discriminatoria, esa que milita en la distinción "nosotros-ellos", esa que se apunta alegremente al "primero los de casa", esa mirada presta a alimentar el grito de "aquí no cabemos todos"? El riesgo de la exclusión radical, de la vulnerabilidad radical, el de la total desprotección, el de la eliminación física o social.

No era una inmigrante nigeriana, ni una prostituta, ni una mujer negra. Se llamaba Maureen Ada Otuya. Ada.
Y hoy deberíamos decir, como hemos dicho cuando era otro terrorismo el que asesinaba, que Ada era, es y será una de las nuestras. Y empezar a actuar en consecuencia.

lunes, 3 de junio de 2013

Gesto por la Paz

Acabo de comprar en Cámara los dos libros en los que Gesto por la Paz resume su historia.
No voy a leerlos aún. Por ahora disfruto de su tacto, de su cuidada aunque sencilla edición.
Hojearlos me hace revivir recuerdos que tienen más de 25 años.
Y hoy me inclino a pensar que Emily Dickinson tenía razón...



Temo a la persona de pocas palabras.
Temo a la persona silenciosa.
Al sermoneador, lo puedo aguantar;
al charlatán, lo puedo entretener.

Pero con quien cavila
mientras el resto no deja de parlotear, 
con esta persona soy cautelosa.
Temo que sea una gran persona.